Demasiado duró Radio Shack en el pelotón

Si en esta religión que es el ciclismo existiera un templo, el sr. Radio Shack debería tener un busto en la rotonda de entrada, pues pocas veces vimos mejor fidelidad ante peor maltrato de un deporte a uno de sus mecenas, como ha ocurrido con esta franquicia estadounidense embarcada en un mundillo que a la postre ha acabado por echarle a patadas.

Radio Schack fue el rimbombante nombre que el grupo de proscritos de Astana tomó como sponsor una vez la relación de Lance Armstrong y Alberto Contador hizo aguas, allá por el Tour de 2009. Desde entonces su logo rojo ha sido una constante de las conjeturas e intrigas con grandes gastos y pingües beneficios tanto en imagen como en resultados. No podía ser de otra manera. Sus patrocinados no fueron trigo limpio.

Entiendo que la entrada de dicha cadena de bazares respondió a una gestión personal y directa de Lance Armstrong. El tejano, años antes de confesarse como el mismísimo diablo, tuvo en su tiempo poder e influencia suficientes para atraer la inversión que por ejemplo en la vieja Europa nadie estaba dispuesto a desembolsar.

Lazando el patrocinio, su gran valedor decide retirarse harto de un Tour, el de 2010, donde nada le salió. No sabemos cómo debió sentarle aquello al señor norteamericano que firmó los compromisos de mecenazgo, pero creemos que la idea le debió sentar poco bien, más cuando al año escaso Johan Bruyneel culminó el engendro que les unió con los Leopard, ese grupo de indisciplinados ciclistas a la sombra de los Schleck y un multimillonario llamado Becca.

Desde entonces todo ha ido de mal en peor. Ni siquiera lo que tuvo visos de salir bien, surtió resultados satisfactorios. El costalazo de Fabian Cancellara fue todo un presagio y casi una broma frente a los problemas mayores de Johan Bruyneel, el positivo de Frank Schleck, el declive deportivo y personal de su hermano Andy y la paupérrima imagen colectiva en competición cuya principal víctima se llamó Haimar Zubeldia.

Sin embargo el tiro de gracia llegó en el otoño ciclista con las cada vez más certeras pesquisas sobre Lance Armstrong, a cuya persona se vincula de forma indisoluble la imagen de Radio Shack. Para Radio Shack todo esto ha resultado un pozo negro. Ahora, tres años después de entrar en liza, la firma anuncia que se va. Lo hace a nueve meses del final de temporada. Han sido respetuosos con lo pactado. El ciclismo, si fuera mínimamente agradecido, debería no sólo darle las gracias, sino que postrarse. Se va una empresa, otra, que ha dado mucho más de lo que ha recibido en  este deporte.

Serie 12×12: Schleck Bros, tanto monta…

El balance 2012 de los hermanos Schleck no puede ser deportivo. Esta faceta brilló por su ausencia. Hace un año concluíamos una temporada cuya revista tenía como hito la presencia de dos corredores de idénticos apellido y grupo sanguíneo en el podio del Tour. Aquello fue un hito que no sé si tuvo antecedentes, pero un hito al fin. Y en ello no pesó su penosa forma de correr. Quizá ahí encontremos el nivel de la concurrencia de aquel Tour.

Hubo un día de Jonhny, el padre de la tierna parejita, le dijo, creo, a Eddy Merckx: “Sueño con el día de ver a mis dos hijos en el podio del Tour de Francia”. Eddy, muy pragmático él, no se anduvo por las ramas: “Lo importante es que uno de los dos suba al podio vestido de amarillo”. Pero las teorías del viejo Eddy no calan en la casa de la estirpe luxemburguesa y siempre hay un balance conjunto de estos dos hermanos cuya contribución a este deporte contribuye a banalizarlo un poco más, si cabe.

Veamos. Andy, el pequeño y dicen los entendidos genio de la saga. Completa una temporada en blanco con una difícil convivencia con su ya exdirector Johan Bruyneel. Aquejado de problemas físicos colgó el maillot en la Dauphiné. Prescindió del Tour y luego de la Vuelta. Volvió en Pequín para hacer felices a las quinceañeras chinitas. Poco más.

Aunque muchos tengan a bien recordarnos su lesión, no podemos obviar que ésta llega once meses después de la más completa e insultante ausencia de las primeras planas, si hacemos salvedad con el Tour que le cayó del cielo por la sanción a Contador y que ni siquiera él se atribuye. Palmarés desnaturalizado. Claro, cuando uno anuncia una dolencia de alcance tras una desidia tal, se hace difícil la digestión de tal eventualidad más cuando has unido tu suerte a la de tu hermano, tanto o más desaliñado que tú.

Sigamos. Frank, el mayor. A mi juicio uno de los ciclistas más sobrevalorados de la historia reciente de este deporte. Poseedor de raras virtudes. Sube bien, pero no desborda, “contrarrelojea” de pena. Este año escupió sobre un sponsor y una gran carrera como el Giro dándose de baja sin motivo aparentemente grave. Otra cosa es que se explique fatal. Tanto como en la nunca respondida relación que se le atribuyó a Eufemiano Fuentes y que nos vino a la mente el día que el Tour le dijo “fuera” a raíz de un positivo que apunta en convertirse en serial.

2013, perspectivas. El mayor esperar que la justicia sea con él lo rápida que no lo ha sido con muchos. El pequeño jugarse todo su crédito a una carta, como siempre el Tour pero esta vez a pelo y no sólo con Alberto Contador, también frente a Froome, Wiggins y otros muchos sobre el papel muy superiores a él. Complicada papeleta.