El dopaje es un tema de ciclistas, según el fútbol

Dopaje futbol JoanSeguidor

En el fútbol, dicen, creen que el dopaje no va con ellos

Esta lunes, El País en su edición impresa llevaba una contraportada firmada por Carlos Arribas que me ha llamado la atención no se haya comentado mucho.

La pieza, que lleva por título «¿Dopaje? Por favor, somos futbolistas», es el retrato empírico de una realidad que nos podíamos imaginar.

Se basa es un estudio de Mikel Zabala, ahora en el Movistar, y deja verdades que por muy sabidas, mejor tenerlas constatadas con datos.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

A saber, el estudio se lleva por delante 1000 futbolistas y queda patente que casi ninguno sabe qué significa el acrónimo AMA -Agencia Mundial Antidopaje-.

Y si el 90% largo no sabe eso, casi el 100% no sabe de los productos que componen la lista de sustancias prohibidas.

Es decir, que si un día uno da positivo puede agarrarse, aunque sin fortuna, a eso de desconocer la norma.

Pueden argumentar lo que los primeros ciclistas que cuando eran cazados, tenían ciertas cosas tan por la mano que decían desconocer estar violando la ley.

Se sorprendían cuando les suspendían un par de semanas o les caían unos minutos de sanción.

 

Pero no sólo eso, el futbolista medio sin embargo sí que es consciente de que su deporte es tratado de forma diferente a otros, como el ciclismo y el atletismo.

De hecho cuando se les habla de dopaje, dicen que eso es de otros deportes, que en el fútbol el dopaje no es necesario, no marca la diferencia, cosa que hace reír, porque la realidad nos ha demostrado que hay un dopaje para cada situación y el fútbol, que mueve mil veces más que la bicicleta, seguro que tiene más trapos sucios aunque sólo sea por volumen.

 

Dicho esto, no hace bien el ciclista, el ciclismo, en caer en el victimismo.

Lo dicen en el propio artículo y lo pensamos aquí desde siempre.

El ciclismo ha pasado su desierto porque se lo ha buscado, porque a algunos se les ha ido la mano y las consecuencias se pagan.

Como me dijeron el otro día: «No cometas un delito si no estás dispuesto a cumplir la pena».

SQR – GORE

 

El ciclismo ha purgado por sí mismo y quizá por otros, pero la realidad es la que es, y es más, incluso diríamos que poner la mano en el fuego, como que no.

Dicho todo esto, el artículo se cierra con una «futbolización» del ciclismo, es decir: preguntas cada vez menos incómodas en las zonas mixtas y respuestas en ingles estándar repletas de monosílabos.

Como cuenta Arribas, a Ciccone le tuvieron que sacar medio agobiado el otro día, vestido de amarillo, de la rueda de preguntas por responder casi siempre lo mismo en el mismo inglés.

Catalunya, destino cicloturista 

El ciclismo parece que aprende, los trapos se levan en casa.

¿Omertá? pues claro que la hubo, la hay y la habrá

¿Dónde no hay omertá?

El mundo es imperfecto y un reflejo suyo es el deporte, al final para que las culpas vayan siempre al mismo y el deporte se quede en el alambre, pues qué queréis que os diga, patada adelante…

La lectura ciclista del cese de Lopetegui

Julen Lopetegui ciclismo

El ciclismo está acostumbrado a sustos más gordos que los de Lopetegui

Sinceramente, cuando supimos ayer por la tarde de la decisión de Julen Lopetegui de fichar por el Madrid, no vimos otra opción que la que al final se ha dado.

Fuera, a casa.

Ni siquiera que el Mundial arranque en menos de 24 horas puede servir para explicar que la acción de Lopetegui no tuviera consecuencias.

El fútbol, la madre del cordero, el Dios del deporte, se estremece, y con él, un país, cuando pasan cosas así.

Pero sinceramente a cosas traumáticas como lo de Lopetegui, en ciclismo estamos más que acostumbrados.

En ciclismo hemos visto salir Tours de Francia con los grandes favoritos en casa, porque en días previos una operación llamada Puerto, les estigmatizó, aún no sabemos muy bien el porqué, sacándolos de carrera.

Y de ello va a hacer ya doce años.

En el ciclismo hemos presenciado como grandes nombres han caído del atril, torres altas, de esas que pensábamos intocables.

Se le quitó un Tour a Landis, otro a Contador y cabrá ver qué pasará con Chris Froome.

En el ciclismo estamos acostumbrados a imágenes bizarras y situaciones hilarantes.

A directores de equipo discutir con patrones de carreras, a borrar de todo sitio el nombre de Lance Armstrong, a…

El respeto de Lopetegui por el público

Sin embargo, el ciclismo tiene algo que Lopetegui y el fútbol no tienen, la decencia de ser cercano al aficionado.

Incluso en el ciclismo ultramoderno actual, de vallas altas y efectivas en salidas y llegadas, el buen aficionado siempre podrá sentir la agonía del ciclista como propia en cualquier punto del globo.

Nuestros estadios son a cielo abierto y en cuneta libre, el primero que llega, el primero que se sienta y… espera.

El ciclista al menos sabrá que cuando se deja el alma en cualquier sitio, en cualquier viraje, alguien sentirá como suyo el esfuerzo y se habrá ganado su admiración.

El ciclismo no será ni el más rico ni el más seguido de los deportes, pero al menos le cabe ese honor, y eso, sinceramente compensa los no pocos sinsabores que nos da el deporte más bello del mundo, sinsabores de esos que hablando de fútbol seguro que dejará con insomnio a más de uno.

Imagen tomada de FB de Giro d´ Italia 

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La vergüenza del futbol que no quiero para el ciclismo

No podía dejar de reflexionar sobre lo que pasó en la previa de un partido de fútbol en Bilbao

El fútbol es una moneda común en el argumentario entre los aficionados ciclistas sobre lo que no debe ser el deporte.

Les asiste la razón a medias.

Aunque en este mal anillado cuaderno, el fútbol no es objeto de opinión, lo ha sido esporádicamente, y casi nunca para bien, tengo que decir que el fútbol me encanta.

Me gusta por su mística, leyenda, escenarios, camisetas, estrellas, pero sobre todo el juego en sí, la pizarra, el campo, la estrategia, los 4-4-2, ah, y su historia, especialmente la de los mundiales.

El fútbol es mucho más que escudos y banderas

Más allá de la ignorancia de escudos y banderas, aprecio el buen fútbol como el ejemplo de que once pueden ser uno, jugar como uno e intentar ganar como uno.

Por eso, por esa magia e irracional atractivo, no puedo estar más triste y darle vueltas a lo que pasó el jueves en Bilbao, como el ejemplo de lo que no quiero para el ciclismo.

El fútbol es también un engendro para envenenar masas y su conciencia. En su día hablamos de los tontos del fútbol opinando de ciclismo, y se lió.

Es el instrumento de unos desarrapados para decir que la van a liar, y acaban liándonla.

 

Si mucha gente se ha tomado la libertad de opinar de los males, a la vista están, del ciclismo, de la mierda que rodea muchas veces nuestro bello deporte, lo haremos nosotros del “deporte” rey.

Porque el fútbol hace tiempo, mucho, muchísimo que se dejó de ser deporte y se convirtió en una máquina de ignorancia que esquiva todo lo que sea cultura, deporte, y mejora para verter sus fobias y frustraciones como no logran hacerlo en otros foros.

Y vemos padres haciendo el ridículo en la grada, pensando que tiene en su hijo todo aquello que no fue en su día lograr.

Chillando a árbitros, espoleando a niños, discutiendo con otros, rozando el bochorno.

Y eso llevado al extremo nos da como resultado lo de Bilbao, donde, al margen de la tristísima muerte de un Ertzaina, los niños no pueden ir a la extraescolar del jueves porque coincide con la llegada de unos bárbaros que se llaman aficionados.

¿De verdad no se puede asegurar que esta gente se quede en su casa y queme su cuidad?

¿De verdad que se puede jugar un partido como si tal cosa cuando ha fallecido una persona?

¿Hemos perdido el norte y la noción de la realidad con tal de mantener vivo el negocio?

Somos conscientes de que el post no es muy ciclista, que digamos, pero su hilo entronca con lo que muchas veces hemos dicho de nuestro querido ciclismo y de esos padres que ven una estrella en ciernes en su casa, cuando la realidad es mucho más complicada que eso.

De esos padres, de su obsesión, salen futuros fanáticos.

El aficionado ciclista además se distingue porque anima a todos más o menos por igual, entiende en muchos casos las penurias que pasan los pros y no mira tanto las puñeteras banderas.

En eso, al menos, sí que somos un ejemplo para el fútbol y para el resto de mortales, porque hooligans y descerebrados los hay por doquier.

Por cierto que fútbol y ciclismo están íntimamente ligados. 

Imagen tomada de Groupon

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Las eternas e inútiles comparaciones entre fútbol y ciclismo

Fútbol y ciclismo JoanSeguidor

Mal que nos pese hay un abismo entre fútbol y ciclismo

La primera comparación entre fútbol y ciclismo, la tenemos reciente. Una de las imágenes del fin de semana deportivo fue la de Cristiano Ronaldo mirándose en un móvil, a modo de espejo, los destrozos que la patada de un rival en la cara.

La imagen dice mucho de lo que es este deporte pero sobre todo retrata quienes lo pueblan: jugadores consentidos con valores espurios, carentes de amor por lo que dicen defender y con poquitas virtudes que enseñarles a nuestros hijos.

Ya sé que es una generalización, pero es la primera sensación que recorre nuestro cuerpo cuando les vemos.

Uno de los tópicos de la gente del ciclismo es la comparación del deporte de las dos ruedas con el fútbol.

Y obviamente, la imagen de Cristiano sangrando y mirándose en el móvil se mezcló con la de ciclistas que cruzaron un día a línea de meta sangrando.

La sangre es sin duda escandalosa, llamativa, pone dramatismo en la fotografía y sugiere heroísmo, pero ¿son justas estas comparaciones?

A mí personalmente no me gustan.

Las diferencias entre fútbol y ciclismo empiezan en lo físico

Hace un tiempo Roberto Solozábal, jugador del Atlético de Madrid y de la Selección Española en los noventa, nos escribió un hermoso post en el que narraba su paso de futbolista pro a ciclista aficionado.

Hete aquí la comparación entre fútbol y ciclismo:

Las diferencias entre fútbol y ciclismo son evidentes y creo que cualquier preparador físico lo pudiera explicar mejor que yo. Lo que está claro es que para el fútbol hacen falta unas características especiales, dependiendo del puesto que juegues. En el ciclismo está claro que importante la capacidad de sufrimiento de los corredores, algo que no es necesario en el futbolista, y eso no quiere decir que los futbolistas no la tengan, pues hay muchos que tienen esa virtud. Creo que no es tan determinante, cosa lógica pues en el fútbol influyen habilidades técnicas en un grado superior que en el ciclismo.

Una cosa es obvia, el ciclismo como deporte cada vez tiene más seguidores pues cada vez somos más los practicantes de todas las modalidades. En el medio urbano y como elemento de transporte, soy ciclista habitual en la ciudad, creo que deberíamos ser más respetuosos con las normas de tráfico, si queremos que nos respeten los demás. En ese sentido admito que tendríamos que empezar nosotros dando ejemplo.


En El Velódromo…


La aportación de Solozábal creo que es perfecta para decir que son dos deportes que no se pueden comparar y que utilizar uno para denigrar al otro, es tan injusto como cuando se hace al revés.

Puedes ser ciclista y que te guste el fútbol. Y al revés.

Que el ciclismo es más duro es obvio, pero que también tiene mucha menos repercusión también. Entre los treinta programas deportivos más vistos de 2017 domina amplísimamente el fútbol. Contador en el Angliru fue lo más visto entre el ciclismo y creo que no está ni en el top 20 de lo más visto.

Dicho esto, entendemos la diferencia de prebendas entre fútbol y ciclismo, y por prebendas hablo en interés, seguimiento, afición, publicidad, notoriedad y en definitiva, dinero.

¿Por qué nos acordamos del fútbol cuando un ciclista da positivo?

Otra opción es el dopaje y la continua alusión al fútbol que tenemos por normal realizar cuando un ciclista pita, como si el de la pelotita tuviera la culpa. Cierto es que la vara de medir causa estupor, pero la vida es esto, una suma de imperfecciones y agravios que mejor llevar con estoicismo en la mayoría de los casos si no queremos caer en depresión. Mejor solucionar lo de casa primero.

Al final, el tiempo coloca cada uno en su sitio, y nunca tengo por norma poner un deportista profesional como ejemplo de nada, porque en definitiva creo que los quehaceres de su profesión están alejados de la ejemplaridad que les atribuimos.

Mirad lo que hemos escribo esta semana sobre la imagen del ciclista en la sociedad e incluso tenemos pros que se indignan cuando se les inquiere por grabarse en plena ruta a carretera abierta.

¿Es eso ejemplar?

Me quedo con la gente del ciclismo, gente que aprecia el esfuerzo de su ídolo porque en muchas ocasiones ha subido por esa rampa, gente que entiende lo que cuestan las cosas y lo que muchas veces deciden que algo sea como es. Recordad la que se lio en la etapa final de la París-Niza y la victoria de De la Cruz sobre Contador. No necesitamos los «tontos del fútbol».

Fútbol y ciclismo, mal que nos pese, caminan por esferas muy distintas…

Imagen tomada de @CaracolDeportes

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El triste concepto que tenemos de deporte

En ocasiones ocurre que miro alrededor y en lo que veo no me reconozco. Uno crece con una idea de las cosas, va madurando y al final se agarra a una opinion, que acertada o no, es la que intenta hacer coherente con su vida y forma de hacer las cosas.

Una de las grandes contradicciones que me encuentro cuando arrojo alguna letra sobre este mal anillado cuaderno es el concepto que tienen las personas del deporte y de como lo siguen y viven. Es obvio que la sociedad actual es muy diferente a la de hace treinta años. No sé si es una moda o si ha venido para quedarse, pero el deporte y la vida activa forman parte de la rutina de muchas personas. Cada uno hace lo que puede, en función de su tiempo, disponibilidad y ganas, pero lo hace, cosa que no hace tanto era más complicado encontrar.

Ocurre que con esta situación, la persona de a pie se pone muchas veces en la piel del deportista, pues cada vez somos más los que sabemos lo que significa hacer deporte de cierta intensidad, lo que se sufre y lo complicado que es pensar en circunstancias en las que el cuerpo está siendo exprimido al 110%. Es decir, verte como se ven tus ídolos casi a diario, te da un visión nueva, desde el respeto, la complcidad y hasta compresión.

Sin embargo, y a pesar de esa masa creciente, sigo viendo que los personalismos siguen vigentes y acaban siendo la clave para que un deporte tenga éxito en este lado de los Pirineos. ¿El ejemplo? lo tengo cercando, el otro día sacamos un post sobre lo que nos parecía la nueva generación del ciclismo español y cundió tal desánimo en ciertos círculos que a mí, como admirador del ciclismo y el ciclista, me apena y entristece.

Porque incluso en una sociedad que como digo es más deportiva, vemos que no hay forma de cambiar el cliché. Poco menos que se anima a no seguir este deporte en los años venideros, pues las perspectivas no parecen tan halagüeñas, cuando nada más lejos de la realidad, el ciclismo sigue siendo el departe más bello del mundo gane quien lo gane, vista la bandera que vista.

A veces, sucede esto, y veces sucede lo que ha pasado tras el partido del Espanyol en el Camp Nou el domingo, cuando el entrenador de los blanquiazules, Quique Sánchez Flores, ha tenido que pedir perdón por alabar lo que es, a juicio del buen gusto, el mejor jugador de fútbol que posiblemente veremos en nuestra vida. Es increíble, que una persona que hace su trabajo y da resultados, tenga que dar explicaciones por felicitar a Messis e Iniesta al acabar el partido. Es el estado de las cosas y de ese concepto triste que tenemos del deporte.

Queremos que nuestros hijos aprendan valores, que los hagan suyos y lo hacemos muchas veces a través del deporte de nuestros ojos, pero lo que ellos ven son personas con los brazos gachos, que vinculan todo juicio al éxito y que piensan que enfrente no hay un rival que quiere lo mismo que tú, enfrente hay un no sé qué…

Imagenes tomandas de LinkedIn y VICE Sports

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Si quieres conocer los paraísos ciclistas de Gandía…

No es justo comparar el fútbol con el ciclismo

El ciclismo popular me parece una manera perfecta de disfrutar de la bici y todo lo que ésta ofrece. Ocurre, no obstante, que en este mundillo nos con muchas y diferentes mentalidades, todas muy respetables. Estamos los que nos gusta la competición y machacarnos porque nos apasionan las carreras, y otra mucha gente que se lo toma más relajadamente. Con todo, creo que el éxito del ciclismo reside en que es un deporte poco lesivo para las articulaciones en general, y que se puede practicar hasta edades muy avanzadas.

Como en general, las personas que me suelo encontrar en las carreras en las que participo son una mezcla de enamorados de la competición, además de los profesionales y gente menos competitiva, si bien he de apuntar que prácticamente sólo corro carreras competitivas. Cuando voy tranquilo en bici, que también me gusta, lo suelo hacer con amigos, pero sin apuntarme a marchas. Una cosa que sí noto por donde voy en todos los corredores, es la pasión por la bici, sea cuál sea la modalidad. Es algo común a la mayoría de gente.

Dado mi pasado futbolista, no son pocas las veces que la gente se acerca para compararme el ciclismo con el fútbol. “¿Esto sí que es duro comparado con el fútbol?” me comentan muy a menudo. Yo le quito hierro y les digo: “No debe serlo tanto, puesto que yo lo practico sin que me den nada a cambio y estoy encantado”.

Lo que yo pienso realmente es que no deberíamos comparar deportes diferentes, porque siempre nos va a llevar al error. Los futbolistas hacen el entrenamiento que los preparadores físicos consideran oportuno para rendir al máximo en su especialidad, exactamente lo mismo que hacen todos los deportistas en sus respectivos deportes.

En mi experiencia personal lo peor del mundo del fútbol son los golpes o lesiones crónicas que no incapacitantes. La gente se sorprendería si supiera, el sufrimiento que para muchos jugadores es el simple hecho de salir a entrenar y no digo ya a competir, debido a diferentes lesiones.

En mi caso, y yo he sido bastante afortunado, he sufrido muchos esguinces de tobillo a lo largo de mi carrera, y te puedo asegurar, que en esos momentos es cuando de verdad he sufrido físicamente, aunque desde fuera no se perciba.

Por ejemplo en el ciclismo, en el nivel que yo lo practico, siempre comento que la dureza verdadera la marcan las inclemencias del tiempo, ¿quién no se ha quedado helado en la bici?, y las caídas.

Si hablamos a nivel físico, son deportes totalmente diferentes, y la resistencia es el ejemplo claro de lo que hablo. En el fútbol priman aspectos técnicos sobre los físicos en una proporción muchísimo más grande que en el ciclismo y eso que estoy convencido que el ciclismo es mucho más que fuerza pura.

A mí el ciclismo profesional me apasiona como espectador, pero está claro que todo lo que lo ha rodeado estos años no ha ayudado a que tenga buena imagen. No obstante no soy tonto y sé que la porquería no es una cosa exclusiva de este deporte. Mi opinión es que en todos los deportes se debería tener clarísimo cuales son las cosas que uno puede hacer o tomar, y luego sería extremadamente duro con los que infrinjan las reglas. Me parece muy injusto que el que respeta las normas se pueda ver perjudicado por los que no lo hacen.

Como deporte popular espero que el ciclismo siga en alza, por todo lo bueno que creo que puede hacer a los individuos y a la sociedad en general. Y en cuanto al ciclismo profesional, sin tener una opinión clara, lo reconozco, a hacia dónde debería ir, tengo la misma sensación que en otras facetas de la sociedad: el progreso es bueno a priori, pero veo en muchas cosas, pongamos el futbol por ejemplo, que hemos llegado tan alto, que ocurre que nos olvidamos del deporte en sí y se convierte en otra cosa. No sé quizá se llame nostalgia, pero me pasa muchas veces.

Por Roberto Solozábal

El futbolista que se hizo ciclista

Mi carrera futbolística la desarrollé principalmente en el Atlético de Madrid, donde estuve desde los infantiles. Debuté con 18 años en el primer equipo y estuve nueve temporadas en las que logre tres Copas del Rey y una Liga. Luego continué tres años en el Betis, donde me retiré con treinta primaveras, una edad atípica para un futbolista, si bien siempre tuve claro que quería retirarme joven, quizás porque tanto los años del Atlético como los del Betis fueron muy intensos en muchos aspectos.

Ya en ese momento seguía el ciclismo, no en especial, como cualquier otro deporte. Siempre me ha gustado ver deporte en la tele y si podía practicarlo también. Debido a nuestra preparación, el ciclismo se podía decir que era incompatible con el fútbol.

Del ciclismo me llamaban la atención la grandes vueltas, aunque entonces se retransmitían muchas menos horas de carrera. Las clásicas no entraban generalmente en la televisión. Nunca he tenido ídolos en ningún deporte, pero seguía a los más nombrados de cada época, hace poco he tenido el placer de conocer a Alvaro Pino y Marino Lejarreta que eran dos de los corredores que entraban en ese grupo.

Una de las primeras cosas que hice nada más dejar el fútbol fue comprarme una bici de MTB, incluso tuve una época en la que practiqué montañismo en todas sus modalidades, pero sin grandes pretensiones, además de correr, que es una cosa que nunca he dejado de lado.

Sinceramente no me costó adaptarme a lo que muchos llamáis una “vida normal”, porque siempre he llevado una vida “supernormal”, pues mi única excentricidad había sido ser futbolista. Se puede decir que siempre tuve los pies en el suelo, entonces no me costó nada el cambio.

Volviendo a lo que dije, me compre una bici nada más retirarme y he estado años montando sin mayor objetivo, hasta hace tres años, cuando me surgió la posibilidad de correr un Ironman en Lanzarote. Allí conocí al que hoy sigue siendo mi entrenador «Pablo Cabeza”. Dediqué tres meses a prepararlo con un resultado digno para lo que había entrenado.

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Poco antes me había seducido la bici de carretera y fue gracias al triatlón cuando empecé a entrenar más en serio. Descubrí también la natación y aunque ahora enfoco mi preparación a la bici, nunca dejo de nadar y correr. Desde ese ironman empecé a tomarme todo esto más en serio y decidí correr otro Ironman, pero tenía que ser más “estético”.

Por ejemplo en el ironman de Lanzarote, la maratón no destaca por su belleza, pero sí la bicicleta, cuyo tramo me pareció precioso. Esa “estética” la encontré en Escocia, en el Celtman, una carrera distancia ironman en los Highlands, donde el maratón es de montaña. Estéticamente si no llueve o se cierra por la niebla, yo tuve suerte, es una maravilla de carrera.

La bicicleta me ha dado tres grandes momentos: en mi primera Titan Desert me demostré que podía montar varias horas a un ritmo altísimo seis días sucesivos, eso me hizo enfocar todo de otra manera.

En la Klasica Marino Lejarreta de hace unas semanas, disfrute y sufrí como un enano por el formato de contrarreloj de cinco corredores juntos y por los compañeros que me tocaron. Hace unos días corrí en Brunete mi primera carrera de ciclocross, una cosa que venía dándole vuelta años.

En este tiempo he hecho BTT, carretera y ciclocross. Aunque me gustan todas, si tuviera que elegir, sería la BTT por los lugares por donde discurren las carreras.

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Las diferencias entre fútbol y ciclismo son evidentes y creo que cualquier preparador físico lo pudiera explicar mejor que yo. Lo que está claro es que para el fútbol hacen falta unas características especiales, dependiendo del puesto que juegues. En el ciclismo está claro que importante la capacidad de sufrimiento de los corredores, algo que no es necesario en el futbolista, y eso no quiere decir que los futbolistas no la tengan, pues hay muchos que tienen esa virtud. Creo que no es tan determinante, cosa lógica pues en el fútbol influyen habilidades técnicas en un grado superior que en el ciclismo.

Una cosa es obvia, el ciclismo como deporte cada vez tiene más seguidores pues cada vez somos más los practicantes de todas las modalidades. En el medio urbano y como elemento de transporte, soy ciclista habitual en la ciudad, creo que deberíamos ser más respetuosos con las normas de tráfico, si queremos que nos respeten los demás. En ese sentido admito que tendríamos que empezar nosotros dando ejemplo.

Por Roberto Solozábal

Recuperemos el gusto por el fútbol de verdad

Yo conocí el fútbol de Juanito, Santillana, Migueli,… nombres que suenan lejanos pero vestían la camiseta de los grandes, y no sólo eso, morían por la camiseta de los grandes. La identificación con los colores, eso que tan evanescente, era total. En esa sintonía estaba la masa social, el público, los seguidores,… la afición.

Yo conocí el fútbol de patio, de sueños. Nos pedíamos un nombre y lo manteníamos hasta el final del curso. El fútbol del recreo, de las charlas insondables al calor de las chorradas que soltaba Alfonso Arús en su “Força Barça”. El fútbol de andar por casa, el de pasillos y latas de Coca Cola haciendo las veces de pelota. Latas que acaban irreconocibles, al abrigo de una papelera del Paseo de la Estación, en Sants, en Barcelona. Era el fútbol de la Recopa, de la Uefa, el de mi Espanyol en la final de Leverkusen. El fútbol que permitió soñar a los pequeños. El fútbol democrático. El de todos.

Hoy veo el circo del balón desde muy similar perspectiva. Lo vivo por los ojos de mi hijo, y me gusta lo que veo. Incondicionalidad, pasión, estruendos de lo que un día a mí me enamoró. De lo que hoy le gusta a mi hijo que viste los colores del Celta, del Salamanca, de la Juve,… de quién se tercie y lleve una pelota en el escudo.

Pero todo eso está amenazado de muerte. Anteayer al calor de la desaparición del Eusklatel, acuñamos un post que tuvo excelente acogida. El deporte español está en peligro de muerte y el fútbol quizá el primero pues se trata del que más tiene que perder. La desconexión de lo que un día fue una fábrica de sueños y el público es total.

Hace un tiempo que la llegada de extranjeros se fue de las manos por aquella famosa ley Bosman. Desde entonces vivimos una burbuja que ha explotado en gran parte pero no del todo, quedan los dos grandes, Barça y Madrid, a quienes se les cuestiona su forma de hacer desde Europa y desde unas cuentas que no se sostienen.

Y en esto que en medio de un país levantado por cargas de profundidad, se anuncia un megafichaje de 100 millones de euros que posiblemente se concrete en horas. Ante un hecho que me deja sin palabras sólo diré una cosa, yo seguiré con mi fútbol de barrio, de sábado por la mañana, de cuatro críos deshilachando zapatillas, y el de los buenos partidos sin interesar juegue si lo que ve entretiene, enamora y apasiona. Recuperemos el gusto por el fútbol de verdad.