#Top2016 Tres días que quedan en la retina

El ancho y largo de la campaña tiene de todo, tedio, más tedio y días que merece la pena haber visto. Yo me quedo con tres, tres destellos, tres momentos, que hacen que la espera valga la pena. Ahi van.

#DiaD 13 de marzo Contador no renuncia en Niza

Lo dijimos entonces, lo repetimos ahora, nos gusta el Contador que habla sobre la carretera. Nos gusta el ciclista inconformista, que no renuncia, que no se conforma. Habrá tiempo de valorar su campaña, pero por el momento el retazo que nos ofreció el día final de la París-Niza enciende nuestra admiración.

Con Geraint Thomas en amarillo, todo quedaba para el final. Contador dibujo el esquema mil veces hecho y otras tantas logrado. Se fue por delante y puso en un brete al lider galés. Sólo le siguió Richie Porte, mientras que Wellens se les acopló por delante para ganar la etapa. Contador tuvo su carrera talismán a tocar durante varios kilómetros, pero Geraint es ducho en el arte de perseguir y en el descenso salvó los muebles.

#DiaD 8 de abril Diego Rosa y el ciclismo de héroes

Subir a Arrate se se puede hacer por varios sitios. En esta Vuelta al País Vasco quisieron sacar todas las vertientes del monstruo eibarrés. Como dijimos aquella húmeda tarde de abril, las etapas reinas se dibujan sobre el papel, pero las hacen los corredores.

Y hay veces que el ciclismo se viste de grandeza mayúscula, emulando aquellos ancestros que hicieron celebre este deporte, alcanzando una de esas victorias de uno entre un millón.

Porque en el penoso transitar por las cuencas del alto Deba, los ciclistas probaron todo tipo de agua, esa que hiela, esa que agujera el alma, que quiebra las fuerzas y pule las mejillas. Diego Rosa ha sido uno de los corredores que más ha crecido en Astana, ahora vestirá el negro Team Sky y si alguien quieren saber cuáles son sus cualidades, que vea ese día, y entienda lo que es un trotón.

#DiaD 26 de mayo Trentin y la estrategia redonda

Sinceramente Matteo Trentin es un ciclista que me encanta. Su palmarés no es el más abundante del pelotón pero, la verdad, es un privilegio escrutarlo. Es un Pablo Lastras, un ciclista que apunta alto pocas veces y cuando puede hacerlo, tiene el dedo presto a acertar en la dinana.

El Giro de este año ofreció un show por etapa y la semana final el espectáculo se desmelenó. Hubo un día, el de Pinerolo, en las llanuras piamontesas que anteceden a los Alpes que la carrera tocó el cielo de la emoción cuando en las cuestas que llevaban a meta se destacaron Moser y Brambilla sin que Trentin, el compañero del segundo, les perdiera nunca la aspiración.

Trentin, desplazado, parecia fuera de carrera, hasta que Brambilla empezó a racanear. Ahí el tema se acabó. El sobrino de Francesco experimentó la pinza en sus propias pieles. Brambilla miró al cielo, y Trentin apareció. El éxtasis, cuando a poco de meta superó a Moreno. Una de esas historias que sólo se ven en el Giro.

imagen tomada de EITB

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El final feliz

Corre cierta euforia, totalmente justificada a mi juicio, sobre la belleza del Giro. Dicen las redes, personas individuales que crean opiniones colectivas, que no hay día que no pase nada, que no hay jornada sin emoción, etapa que no nos deje ojipláticos. Totalmente de acuerdo, insisto, y añado, si a todo eso lo envuelves de ciudades increíbles, arcadas irrepetibles, basílicas de vigías y avenidas que trazaron los maestros barrocos junto a los pedruscos y nieves dolomíticos, tienes el Giro, la carrera más dura en el país más hermoso.

La jornada de Pinerolo era especial porque marcaba el último ciclo de la carrera, la antesala de los Alpes. En medio de la llanura piamontesa, a medio camino entre Turín y Sestriere, la ciudad de Pinerolo, de donde partió la cronoescalada triunfal de Indurain en 1993, tenía la llave de los Alpes, era un antipasto y caso nos ha ofrecido un plato principal.

Tan mal avenidos durante la primavera, y tan centrados en este Giro, los Etixx han dado una lección de correr en equipo, otra más, al estilo de la de Brambilla y Jungels el día que vimos una maglia rosa trabajar para una maglia bianca.

Las comunicaciones, eso que equipos de sello telefónico dicen que a veces no funciona, han sembrado el camino del equipo belga para que un killer con todas las palabras, Matteo Trentin, gane en un desenlace fantástico. “Me dijeron que venía Trentin y dejé de colaborar”. Eso es Brambilla, eso es hacerlo fácil, sencillo, sin complicaciones, ciclismo sin tonterías. Luego, eso sí, había que sufrir, y Trentin lo hizo en el empedrado previo a la meta. Moreno Moser estaba jodido sí o sí.

La victoria de Trentin llega un día después de dos hechos relevantes, que quizá os hayan pasado desapercibidos. El primero en la órbita del propio Etixx, cuyo magnate, Patrick Lefevere ya ha fijado sus ojos en la perla del ciclismo belga, Wout Van Aert, campeón jovencísimo de todo en ciclocross que ganó el prólogo de la Vuelta a Bélgica, algo que no puede pasar desapercibido. Ojo porque tenemos “un Stybar” en ciernes.

El otro hecho es que mientras un ciclocrossman como Van Aert ganaba un prólogo, un pistard, Roger Kluge, como bien me apuntó el seleccionador Salva Meliá, ganaba en otro final antológico del Giro a nada menos que Pozzato de quien pensaábamos que sólo quedaban los tatuajes. Kluge va a ir a Río, estuvo ya en Pekín. Tanto el alemán como el belga demuestran que hay vida más allá de la carretera y que ésta, “manque” les cueste entenderlo a muchos, puede picotear fuera de sus límites porque quien es buen ciclista, puede serlo todos los terrenos.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

¿Quién fue quién en la crono del Giro?

Expectación había por analizar los resultados que nos iba a deparar la 9ª etapa individual de contrarreloj (CRI) que se desarrolló en las cercanías de la población de Greve in Chianti, emplazada en la provincia de Florencia, región de Toscana, que obligaba a cubrir a los participantes la distancia de 40,5 kilómetros de acusada dureza, con una carretera más bien estrecha y adicionalmente salpicada por unas condiciones climatológicas más bien lluviosas y arremolinadas, que constituyó de todas a todas la pesadilla de la jornada, especialmente al atormentar más agudamente a los corredores que realizaron el recorrido en las postrimerías del día, adentrada la tarde, un indudable perjuicio que se dejó notar en la tabla de la clasificación anotada.

El ciclista esloveno Primoz Roglic, ante una sorpresa mayúscula, se llevó la palma de la victoria, pisándole los talones, con 10 segundos de desventaja, el austríaco Matthias Brändle. A continuación irrumpió el noruego Vegard Stake Laengen, que lo hacía a 17 segundos. En tanto que el popular suizo Fabián Cancellara, imbatible en otros tiempos y hombre brillante que fue en esta modalidad del cronómetro, nos dio una actuación más bien mediocre. Fue el cuarto en la cinta de llegada. Cabe reconocer que el peso de los años viene atenazando al corredor helvético, el gran perdedor de la citada etapa en liza.

La etapa en una palabra dio poco de sí. Fue algo así como un limón sin jugo frente a los acontecimientos registrados. En el balance final de la clasificación general, que es lo en verdad interesa a los lectores, se advierte que ciclista transalpino Gianluca Brambilla salvó los muebles por un solo segundo de ventaja sobre el luxemburgués Bob Jungels, un atleta del pedal que es por ahora poco conocido en los anales de la bicicleta. En tercera posición encontramos al costarricense Andrey Amador, que se sitúa a medio minuto del líder de la prueba.

Oscilando alrededor del minuto de tiempo, por este orden, nos encontramos con el holandés Kruijswijk (4º), el italiano Nibali (5º), una pieza recuperada, y el español Valverde (6º), que perdió dos puestos de resultas de la cabalgada contrarreloj. A continuación se colocan el otro holandés, Tom Dumoulin (7º), y el vasco Mikel Landa (8º), que parece que encuentra el golpe de pedal apropiado para dar guerra tras el futuro que se le avecina en los Alpes. Lo suyo aparece como un buen presagio.

Cabe señalar a un corredor que esta vez frente al cronómetro, no tuvo la suerte de cara. Nos referimos al ruso Ilnur Zakarin, que ha ido sonando con progresiva frecuencia en este Giro. Frente a las manecillas del reloj iba a por todas, con la lluvia o sin ella. Dominaba y comandaba en los cronometrajes parciales de la etapa con cierto ímpetu y hasta valentía. Sin embargo, a última hora, se vio asediado por dos aparatosas caídas provocadas, casi seguidas, por el suelo resbaladizo a raíz de la persistente lluvia, y, además, con el consiguiente cambio de bicicleta que debió efectuar. Esos contratiempos fueron suficientes para apartarle definitivamente de una victoria que parecía asegurada y que hubiera supuesto un justo premio a su trayectoria y su combatividad desplegada de manera casi constante. Lo cierto es que su nombre ha quedado relegado a la onceaba posición a poco más de dos minutos de Brambilla, el primero de la general, un privilegio que por lo demás se sostiene por los pelos.

Vale la pena informar que el ganador de esta etapa que nos ocupa, Primoz Roglic (26 años), perteneciente al conjunto holandés Team Lotto-Jumbo, lleva tres años como ciclista en el campo profesional. Mencionemos que en el curso de la pasada temporada fue segundo en la Vuelta a Croacia y ganador absoluto de dos competiciones de renombre: El Tour de Azerbaiyán y el Tour de Eslovenia, corrida ésta en su casa. Este año fue quinto en la Vuelta al Algarve y se hizo notar en la pasada edición de la Volta a Catalunya. Los catalanes bien lo saben y no pocos se preguntaban acerca de sus orígenes.

Pero por encima de todo lo que más nos llama poderosamente a la atención es que antes de engrosar en las filas del ciclismo, se distinguió en las competiciones de saltos en trampolín (de 90 a 100 metros) en la singularidad que nos ofrece el esquí, deporte nórdico por excelencia. En el año 2007, llegó a ser campeón del mundo por equipos, categoría junior. Con todo, lo cierto fue que hubo alguien que le influyó para que dejara aquella arriesgada especialidad y se decidiera por introducirse paulatinamente en el campo ciclístico, en donde le vaticinó como técnico en la materia unos horizontes más lisonjeros por las cualidades físicas que exige el deporte de las dos ruedas.

Todo está en saber si Roglic supo rectificar a tiempo y acertadamente su cambio de rumbo que le podría ofrecer nuevos destellos de esperanza.

Por Gerardo Fuster

Ese Giro es una olla a presión

Coged todos y cada uno de los que opositan a ganar este Giro, meterlos en barrica, dejadlos macerar y caerán por su propio peso. La crono que pone fin al primer ciclo de este Giro, DO Chianti, ha dejado la carrera preciosa, en el punto de maduración perfecto para que esto estalle de un momento a otro. Ganas se tienen, sólo cupo ver a Valverde en la tierra que llevaba a Arezzo.

La crono decisiva de este Giro no lo ha sido tanto porque ha sido pólvora mojada. Sólo así se explica que Gianluca Brambilla, en un terreno que además de hostil le es extraño, salga de rosa con toda la centinela de favoritos cercándole por detrás. Se explica, porque salvo que la vida te fuera en la jornada, todo riesgo se podía multiplicar por mil en cada recoveco y curva que la lluvia minaba para los corredores.

Que se lo expliquen a Ilnur Zakarin, ese incalificable ciclista ruso, en el que Katusha pone todas sus monedas, que hizo buena aquella famosa crono en la que Michael Rasmussen bajó de la segunda a al séptima plaza del Tour porque no paró de caerse. Como el danés entonces, Zakarin pasó de acariciar la maglia a quedarse lejos, muy lejos, tanto que su impredecible forma de correr puede hasta depararnos momentos memorables en lo que ha de venir.

Con Brambilla se ubica un luxemurgues, compañero suyo, maglia bianca a la espalada, Bob Jungels se llama, y viene del ducado centro europeo. ¿Recordáis el último de ese país que vistió tal prenda en las grandes jornadas del Giro?

Sea como fuere la cosa, sigue de acertijos, y la crono ha acentuado el ingenio de los pitonisos, porque si a nosotros nos pedís pronóstico, me parece que lss #marginalgains de Mikel Landa salieron a flote en medio de las cortinas de agua que abrevaban los campos de Chianti. Sinceramente, me pareció excepcional su crono. Si hace un año sepultó sus opciones ante Contador aqui, vemos que el trabajo de los “hombres de negro” ha surtido efecto, nos alegramos, porque Landa empieza a ser ese ciclista que nos gusta, a lo suyo, centrado y ambicioso, muy ambicioso.

Para muchos Landa está sobrevalorado, cabe esa posibilidad, pero las cosas le pintan bien. Ha pasado una semana medio descolgado, pero salvando los muebles y ahora se ve inmejorable ante una ristra de ciclistas que le son asequibles en la montaña. No obstante en la casa británica no son de confiarse, y son conscientes que ese viejo ciclismo, el de Alejandro Valverde y Vincenzo Nibali, sobre todo el de éste último, sabe de triquiñuelas que la tecnología no contempla. Está bonita la carrera entre los tres capos.

Y por si presión nos faltara, queda la segunda fila que viene cargada y aún con opciones. No creemos que Tom Dumolin, quemada su gran carta, pueda volver a la terna como si ha vuelto Andrey Amador, que vuelve a generarnos esas dudas que un día expresamos. Por su parte colombianos tienen poco que perder, principalmente Rigoberto Uran, que sale muy perjudicado de un test otrora bueno para sus posibilidades. El otro es Esteban Chaves, un corredor magnífico que tarde o temprano habrá de explotar, y no me refiero a ganar solo etapas. Ya no le quedan cronos que le lastren y la montaña es abundante,

Acabar esta tribulacion con el Lotto-Jumbo, un equipo que por ejemplar poco o nada gana. La historia de su ganador, Primoz Roglic, con esos sueños de trampolín de invierno reconvertidos en croner de excepción, me parece un relato de ambición increíble, pero ojo que fijamos el tiro sobre el percherón, sobre Kruijswijk, un tipo que conoce el Giro al dedillo y se ha cascad una crono de excepción. En él pueden estar muchas claves.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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El golpe de teatro

Tras las etapas que hemos ido viviendo en el transcurso de esta última semana y que hacen referencia al Giro de Italia, somos sinceros en afirmar que nos ha sorprendido el cambio de timón que se ha experimentado en esta octava jornada que ha mostrado, sobre todo en su última parte, un alto grado de emotividad. Confrontando la configuración de la etapa con un puerto de 3ª categoría, apelado Scheggia, y a continuación otro un tanto singular, denominado Alpi di Ponti, un 2ª categoría, cuya cima estaba emplazada a una altura de 827 metros, nos hacía imaginar que no se producirían serios altibajos en la tabla de la clasificación general. La cosa no fue así y se rompieron los moldes en especial en la última fase de la etapa, cuando la meta de Arezzo distaba a una treintena de kilómetros. Cabe hacer un inciso recalcando que hubo una escapada matutina de varios ciclistas sin mucho nombre que se lanzaron a la aventura sin tener la abierta convicción en su interior de que la aventura llegaría a buen término. Algunos, en verdad, lo consiguieron.

El pequeño grupo de vanguardia compuesto por una veintena de animosos ciclistas fue perdiendo unidades como consecuencia de los esfuerzos dilapidados en la ruta. Entrando en la fase decisiva del día, a su primer paso por la población de Arezzo, se resistieron a abandonar el reto nada menos que cinco corredores, todos ellos transalpinos. Anotamos a Brambilla, Montaguti, Moreno, Marchi y Moser, unidos en perfecto acuerdo para tratar de culminar su gesta.

En la ascensión a Alpi di Poti, una subida de cierta envergadura, se produjo este golpe de teatro que nadie esperaba bajo la batuta final del animoso protagonista, Gianluca Brambilla, que se sintió con fuerzas para empujar los pedales en solitario hasta la línea de llegada. Ya no fue alcanzado y su triunfo inesperado le valió, además, para enfundarse nada menos la codiciada elástica rosa que distingue al líder de la prueba. Brambilla lleva seis años como corredor profesional, y a los 28 años se ha hecho acreedor de una gloria que no aguardábamos ni él ni nosotros. Nació en la localidad de Bellano, que se sitúa en la región de Lombardía, a orillas del Lago Como, no lejos de la nación helvética. Es una población de pocos vuelos que cuenta con tan sólo 3.300 habitantes. En ese pueblo, hoy, de seguro que estará de fiesta para celebrar la hazaña de su paisano ciclista, que siempre fue muy modesto en sus actitudes y de personalidad extremadamente tímida en su porte.

El segundo clasificado de la etapa fue Matteo Montaguti, que llegaría a más de un minuto del vencedor. Le seguiría Moreno Moser, que lo haría a un minuto y medio. Pero a lo dicho, el gran movimiento de última hora fue protagonizado por el español Alejandro Valverde, que no cesó con su empeño y con constancia repetitiva con el objetivo de fraccionar al pelotón ya medio disgregado. Resistieron a su certero ataque una decena de corredores de alto copete. Nombramos entre ellos: el italiano Nibali, el ruso Zacarin, el holandés Kruijswijk, los colombianos Urán y Chaves, entre los más ilustres. Destaquemos también entre estos elementos que citamos al vasco Mikel Landa, que recuperó de nuevo en un día feliz sus posibilidades.

Resulta que Valverde ha subido a la cuarta plaza de la general y que Landa, en buena vena, ocupa actualmente el décimo. Por tal motivo nos hemos de alegrar por la situación con que se encuentran nuestros dos compatriotas. Es una página que nos da cierta esperanza cara a las etapas venideras alpinas que nos aguardan a la vuelta de la esquina. Hemos de esperar una semana de más para afrontar los temibles jueces de paz.

Para terminar el presente comentario, hemos de hacer alusión al ciclista holandés, nacido en Maastricht, Tom Dumoulin, que se desmoronó del ilusionado puesto de líder en la vigilia a pasar a ser el undécimo en la clasificación general. Un golpe bajo que a lo mejor no encuentra remedio en aras a su recuperación y a su flema. Ahora, tendrá lugar una etapa de contrarreloj individual en un recorrido sinuoso que abarca la distancia de 40,4 kilómetros. Sabemos que Dumoulin es un consumado especialista contra las manecillas del reloj. Ignoramos si podrá superar este mal trance que ha sufrido subiendo el puerto Alpe di Poti, que, dicho sea de paso, tenía un trazado de tierra sin asfaltar y con grava por en medio a lo largo de sus casi 9 kilómetros de ascensión. No dejó de ser un duro obstáculo o dificultad a sufrir por parte de los ciclistas concurrentes.

Pero lo más chocante a lo dicho constituyó el de que hubo un desaprensivo o varios, no se sabe, que antes de que transitaran los ciclistas se sembrara o sembraran la aludida carretera de punzantes y diminutos clavos. Suerte hubo de que varios aficionados allí presentes se ofrecieron y contribuyeron en justo momento a colaborar desinteresadamente para limpiar el tramo afectado de esta carretera forestal y presidida por el polvo de los suelos, que a fin de cuentas ha tenido su propio e inusitado protagonismo. El ciclismo nos ha traído esta novedad que tampoco esperábamos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de FB de Giro

La carrera la hacen los corredores

Mirando la clasificación en la bellísima Arezzo podríamos pensar que estábamos ante la Strade. Toscana, tierra, viñedos y… Gianluca Brambilla, un ciclista llamado de segunda fila en el Etixx, que saldrá de rosa en la primera crono del Giro porque este equipo tiene un fondo de armario que pocos poseen.

Nos alegramos de la victoria de Brambilla porque lograr lo que ha logrado en todo un Giro, en todo un Etixx, encierra gran mérito, sin embargo no perdamos el norte, no pensemos que ha sido sencillo, porque la fuga, al margen del nivel que tenía se la jugó contra unos favoritos sencillamente desatados.

Pasó lo que en Rocarasso pero al revés, quienes entonces dieron acabaron escaldados, Tom Dumolin al frente, esta vez tuvieron que tragar el yunque de Alejandro Valverde, en uno de esos días que le pilla inspirado. Valverde ha tardado una vida en venir al Giro, pero seguro que apreciará que ésta es posiblemente su carrera, porque al margen de lo que acontezca en la gran montaña, el Giro se corre como una clásica, un día, y otro y otro, así hasta reventar.

Dicen que la carrera la hacen los corredores y ahí tenéis prueba. Una carrera corrida a cuchillo que venía incendiada por una sombra, en forma de crono larga DO Chianti, que desató los sentimientos de los grandes nombres, agraviados el jueves. Valverde demostró que quiere este Giro, le saldrá bien o no, pero estuvo donde se le espera, sin aguardar a si otros se movían, haciendo uso de su equipo, ese que muchas veces corre a la expectativa y que esta vez tomó las riendas.

En el destrozo de Movistar se cobraron la pieza grande, la cabeza de la maglia rosa, Dumolin, tan alejado en una jornada de este calibre que es complicado imaginarlo delante en los momentos importantes. No obstante, y salvo el holandés, las cosas sigue como estaban con ciclistas como Zakarin, Chaves, Uran y Nibali, ojo con Nibali, delante.

También sobrevivió Landa, el ciclista parco en todo, hasta en su forma de correr en esta primera semana, que sobrevive a episodios que le son hostiles. Dicen que posiblemente Landa ha aceptado demasiado pronto la responsabilidad del Team Sky, pero hasta la fecha, entre lesiones, enfermedades y estados de forma discretos, el alavés va sorteando su camino con suerte. Cabrá verle tras la crono, ahí sí que se escribirá a fuego su destino inminente.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia