¿Quién no querría ser Gianni Bugno?

Gianni Bugno JoanSeguidor

Cuando ir con Gianni Bugno molaba más que hacerlo con Indurain

Leaderboard Canarias

 

Siempre he pensado, al calor de aquella etapa de Val Louron, Tour 1991, qué habría sido de Gianni Bugno si hubiera salido a a rueda de Indurain en el descenso del Tourmalet o de Chiapucci en el tramo hacia el Aspin.

Pero Gianni no les tomó la rueda se quedó con Lemond, un gato panza arriba ese día, Motter, ni frío ni calor, Fignon eléctrico, entrando y salidno del grupo importante, y Leblanc, al límite.

Gianni Bugno nos privó en esos gloriosos instantes de lo que podía haber sido. 

 

Guillermo Ortiz no pasó por alto ese momento, no, lo grabó y lo pasaría en bucle en su cabeza.

Poco importa ahora esa decisión, porque bien podemos decir que si Indurain tuvo un rival magnético, ese fue Gianni Bugno, el tío cuya elegancia es el canon del humanismo sobre una bicicleta, como el David que Miguel Angel vio de aquel pedazo de piedra lo es la historia arte.

Es por ello que el libro que firma Guillermo y publica Contra Ediciones no cayó en nuestras manos como cualquier cosa, su lomo ancho, tapa dura y rugosa y el forro de la contra interior, un estampado de Gianni repetido mil veces cuando cogía el manillar por la parte plana, tirando de Miguel, en amarillo, aquella tarde de Alpe d´ Huez, hace casi treinta años.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

«Qué cabrón, recuerdo que pensé. Gianni tenía un punto de exnovia, pero exnovia con la que se acaba bien. Nada de separaciones traumáticas no relaciones imposibles. Nada de distancias kilométricas y cartas empalagosas, Buen rollo y punto. A Bugno, una vez le has querido y le has querido tal y como es, es imposible dejar de alquilarle de vez en cuando un rinconcito de tu corazón«

Así relata Guillermo en su libro, rememorando el instante en el que Bugno le rebañó a Abraham Olano unos segundos importantes en el sprint por la maglia rosa aquel día que el vasco estuvo tan cerca de ganar el Giro.

Así retrata Guillermo su adolescencia, algo plasmado en el sentimiento de «ir con el que nunca gana». 

Un homenaje, con la excusa de Bugno, de un cuarentón, como quien esto firma, de esos años de efervescencia en lo que todo nos parecía lo más.

Bugno es el hilo que lo cose todo, el amor, las ilusiones, los estudios, los campamentos de verano, Bugno como Rubicón de ese ciclismo de los noventa que tan presente estuvo en nuestras vidas.

WD-40 400×400
Gran canaria 400×400
Cruz 400×400

 

Un viaje despreocupado, sin cuestionarse el porqué de las cosas, de ciertas actuaciones algunos rendimientos y el estrato de algunas hazañas.

Todo iba bien, lo bien que el tiempo tardaría en contradecir.

Felicidades a Guillermo por llevarnos en historia ligera y amena a esos años que estos días tan extraños tanto echamos de menos, y vestirlo tan bien, con buena música y cine, y otras varietés de la época para lograr un todo que nos ha dejado un excelente sabor de boca.

En este agosto raro, de tardes interminables, con la espada de Damocles sobre la cabeza de todos nosotros, quizá mejor viajar a través de la prosa treinta años atrás y ver que eso que nos dicen tantas veces es cierto: «Que los malos son la antesala de los buenos momentos».

Poneros la tricolore italiana que Gianni inmortalizó y notar que ir con «el que nunca gana» también tiene glamour.

Imagen: Ride Shimano

Gore 400×100 MArzo2020

 

 

Si hay un ciclista de culto, hablemos de Gianni Bugno

Gianni Bugno JoanSeguidor

Clase, talento, velocidad, certero, Gianni Bugno es un ciclista imperecedero

De Gianni Bugno siempre tenemos una etapa, un momento en la retina.

Fue aquel día de Sestriere, Tour del 92, una jornada que yacen en la memoria colectiva, pero también estadística, como de las más duras del ciclismo moderno.

Al nivel de aquella que ganó Mikel Nieve en el Giro 2011.

Aquella jornada partió a mil por hora, gentileza de Chaudio Chiapucci, que antes del Iseran, incluso, ya había lanzado la caballería contra Miguel Indurain, en un órdago de esos que se ven cada generación.

Para hacernos una idea de la locura propuesta por Claudio, él atacó a 200 kilómetros de meta, Chris Froome, de quien escribimos maravillas el pasado Giro, lo hizo a menos de noventa.

Nos es que la kilometrada sirva para dimensionar la hazaña, pero sí al menos para ubicarla en nuestra mente.

El movimiento de Claudio Chiapucci, cabalgando por los Alpes y entrando en Italia por el Mont Cenis, descolocó a Gianni Bugno, el otro gran rival de Indurain esa edición.

Abelardo Rondó, fiel escudero de Perico, primero, de Miguel posteriormente, había sido fichado por Gianni Bugno para lograr ese nivel de compromiso que el moreno colombiano era capaz de asegurar.

En el Mont Cenis, en las puertas mismas de Aosta y la gran Italia, Rondón abrió gas, Gianni Bugno, arcoíris en ristre, le siguió, e Indurain con ellos.

Empezaba un contraataque que moriría en los contrafuertes mismos de Sestriere, cuando Franco Vona, en aquel grupito también, arrancó para llevarse sólo a Indurain.

En ese momento, en ese mismo instante comprendimos que Gianni Bugno no iba a ganar nunca el Tour de Francia.

Era algo que teníamos mascado, cierto, pero en ese descubierto de Vona, a Gianni Bugno se le cayó careta.

Un momento que recordamos limpio, certero, Gianni Bugno siguió como si nada, subiendo.

Los demonios le comerían por dentro, pero él, a lo suyo, acoplado, perfecto sobre la bicicleta.

Gianni Bugno era la clase sobre la máquina

Mov_Gore

Un corredor que para muchos quedó en el camino de ser uno de los más grandes, pero que en ese viaje sacó grandes réditos.

Réditos de la historia escrita con mayúsculas con gestas sordas que merecen ser recordadas.

Su sapiencia para ganar dos mundiales seguidos, ambos con Indurain como rival, para hacerse con un Giro de Italia de inicio a fin, culminando una de las grandes exhibiciones del ciclismo moderno.

Endura & aerodinámica, nunca es suficiente 

La trepada de San Remo, rompiendo el pelotón en el Poggio, donde los grandes, donde hoy rara vez se decide algo, porque el rodillo de lo colectivo se impone al talento individual.

Dos veces ganador en Alpe d´Huez, etapas en las tres grandes, un Flandes ganado a Johan Museeuw. Id tomando nota.

Cuando oigáis Gianni Bugno, esbozar una sonrisa, porque hablamos de un corredor de culto, casi tanto como ese maillot de Italia que llevó en el primer Tour de Miguel Indurain

 

¿Cuál fue el sexto Tour de Indurain?

Cuánto nos gusta especular, cuánto disfrutamos sacando conclusiones propias, personales que luego compartamos o no, nos llenan el rato de forma más tonta. Una de las preguntas generalmente más socorridas para los amantes del ciclismo de mi quinta es Miguel Indurain y qué habría pasado si en 1990 hubiera liderado el Banesto.

En el imposible del sexto Tour, siempre ha habido algo que lo ha impedido. En el caso del campeón navarro, quien 19 años después de su retirada sigue estando tan vigente como entonces, la pregunta reside dónde perdió el que pudo haber sido su sexto Tour y como estas largas horas de invierno nos dejan tiempo libre, qué mejor que emplearlo en hacer cábalas y conjeturas sobre lo que no fue.

Hace un tiempo, ya hablamos del danés que impidió el sexto Tour de forma cronológica. Riis en 1996, consideraciones farmacológicas, fue el verdugo que impidió un registro que muchos veíamos plausible, tras verle ganar la Dauphiné semanas antes, pero que el mal tiempo y cuestiones que un día Miguel quizá cuente, enfriaron, toda vez que la carrera se hizo imposible con el paso de las etapas.

Sin embargo en el análisis de las causas de lo que pudo ser y no aconteció el año 1990 se sitúa de forma privilegiada. Para que nos hagamos una idea, en esas fechas Indurain tenía 26 años, era un tremendo ciclista, con un intersante palmarés en ristre pero muchas lagunas aún en las grandes vueltas. Había ganado su primera etapa en el Tour, Cauterets 1989, pero en el escalafón del equipo era el segundo de abordo con Perico en la capitanía.

En el reparto de roles, Indurain debió disputar la Vuelta, pero ésta, en abril, con frío, más violenta y todo lo que queramos añadirle, nunca le fue bien. Desde la jornada de Ubrique, aquella que situó a Marco Giovanetti lejos de sus rivales, Indurain fue a contrapié, agravado por una gripe que le mermó en la cronoescalada de Valdezcaray. Perico tuvo que tomar el mando, pero se le hizo corto el recorrido y acabó segundo superado por italiano.

En el Tour era al revés, Perico en líder, Indurain en segundo. Las cosas ocurrieron al contrario que la Vuelta. El segoviano en apuros constantes y Miguel socorriéndole. La jornada clave fue Alpe d´ Huez donde Indurain se dejó once minutos tras tirar fuerte del grupo de escapados en el que estaba Perico para acabar con la resistencia de Claudio Chiapucci, líder sólido tras unas fuga bidón.

Indurain lo dio todo, pero Perico no remató. Bugno, Breukink y sobretodo Lemond andaban más, mucho más. A los pocos días camino de Saint Etienne Indurain cogió el corte bueno que Perico no enganchó. Miguel a esperarle. Las cosas se clarificaron en los Pirineos. En Luz Ardiden, con Lemond desmelenado al asalto del amarillo de Chiapucci, Perico reventó e Indurain fue el único en seguir al americano para, no contento con ello, ganarle la etapa.

¿Concusión? Que sin la minutada de Alpe d´ Huez, ni las ayudas varias a Perico, Indurain habría estado en el podio cuando no, complicando el tercer triunfo de Lemond. Eso es algo tangible y demostrable con números en la mano, pero aventurar que hubiera ganado es otra cosa, el ciclismo son muchas cuestiones, y entre otras no es lo mismo ser líder de partida, que sobrevenido y Miguel hasta la fecha no había demostrado lo que Perico llevaba años siendo, uno de los corredores más importantes del pelotón internacional. Por eso, y aunque aquel Tour fue  frustrante para el equipo navarro, hablar a toro pasado nos traiciona a muchos.

INFO

2Escapada Enamorate de Peñiscola en Bicicleta.

Estancia en régimen elegido en Habitación Doble Estándar (Habitación sin vistas al mar)

·Bicicleta Vintage de Paseo para disfrutar de Peñiscola 1 dia completo durante tu estancia para que disfrutes de un bonito paseo por la playas, las fabulosas calas de Sierra de Irta y los rincones mas bonitos de Peñiscola.

·Parking Gratuito* Solo para reservas con salida antes del 17.03

·Late Chek Out. hasta las 18.00 de la tarde, (Previa Consulta en Recepción) *Solo para reservas con salida antes del 17.03

“La clase” por Gianni Bugno

Una de las cosas buenas que me atraen de Facebook son esos grupos nostálgicos que meten fotos por todo el morro en tu pantalla que te generan recuerdos y sensaciones. El otro día, colgaron esta de Gianni Bugno, vestido de campeón del mundo, con los colores del Gatorade. Fue una foto tomada desde arriba, en cenital, una posición poco prodigada en el pelotón, pero suficiente para saber que estamos en el verano del 92, Juegos Olímpicos, crono de Lumxemburgo, la histórica travesía de Sestriere.

Ese día, recuerdo, era un sábado, de esos que empiezas a ver la etapa del Tour a las doce del mediodía y a las cinco de la tarde sigues pegado, solapado, por la emoción, a la pantalla. Fue una jornada larga, tremenda, recuerdo que los ciclistas caían a plomo cuando atravesaban la meta de la cima piamontesa.

Cinco puertos por el camino, Claudio Chiapucci atacando desde lejísimos, y Gianni Bugno tensando en el Mont Cenis. Aquello fue ciclismo de enjundia. Indurain le tomó la rueda y luego en Sestriete, pom… Bugno se queda, sin pestañear, sin ruido, suave y finamente. El campeón del mundo se quedó por el camino y un pedacito de nuestro corazón, de nuestro buen gusto, se murió.

Porque Bugno, en eso hay consenso, fue posiblemente un ciclista frágil, de esos que tuvieron la mala suerte de competir contra monstruos que marcan épocas. Sin embargo, la trascendencia del varesino fue más allá. Fue derrotado varias veces por Indurain, quizá la más dolorosa fue esa vez en Sestriere, pero su figura, su perfil trascienden al tiempo y el palmarés. Cuando hablamos de categoría sobre la bicicleta, casi nadie le omite. Ser eterno en sus circunstancias quiere decir algo…

¿Quién rompe San Remo?

Hace unos días Vincenzo Nibali, medio hastiado, se borró de San Remo. La clásica en la que más lució el año pasado, quizá la única, se cayó de entre los objetivos del vigente ganador del Tour porque acusa la falta de dureza. Ni Pompeiana, el puerto no subido más famoso del mundo, ni Manie, ni le leches. Se mantiene el perfil de siempre, el digno de un monumento que se distingue por quemar los años lozano y reconocible: tras los capos que Miquel Poblet simulaba en sus entrenamientos, vendrá La Cripessa y luego el Poggio. Subidas sencillas si se quiere, pero subidas a mil por hora y con 280 kilómetros en las piernas. Ahí reside en encanto de San Remo.

La piu facile, la piu difficile” repite Eduardo Chozas cada vez que habla de una carrera que conoce en primera persona, y a través del dolor de sus piernas. Es la más fácil de acabar, pero la más complicada de ganar. Parece sencillo, sobre el papel lo es, pero la historia demuestra lo contrario.

Tu primer recuerdo con Orbea, lo recuerdas???
Tu primer recuerdo con Orbea, lo recuerdas???

Hubo un tiempo por eso que había ciclistas capaces de romper la dinámica grupal que domina la primera gran carrera de la temporada. No hace tanto de estos nombres y ciertamente era un espectáculo verles reventar el pelotón, casi siempre antes o durante el Poggio, cuando no en el descenso. Imaginen las andanzas de Laurent Fignon, Gianni Bugno, Claudio Chiapucci, Maurizio Fontriest o Giorgio Furlan. Otros ganaron mano a mano como Laurent Jalabert a Fondriest, o Sean Kelly a Moreno Argentin, en un descenso que trasciende los tiempos. También quienes sembraron el caos para recoger su corona en el último suspiro: Paolo Bettini por ejemplo o Filippo Pozzato, en el primer y único gran triunfo que corona su tremenda clase, ese día que Pedro Horrillo lo tuvo a tiro de piedra cuando se debía a Oscar Freire.

Fabian Cancellara es otro que también rompió el sprint en San Remo y no sólo el año que ganó, también el que le ganó Simon Gerrans, ese desagradecido australiano que aprovechó el rebufo del expreso suizo, o en la de Gerald Ciolek, cuando la nieve obligó a recortar el Turchino.

No tengo nada contra los velocistas, pero un triunfo suyo es sinónimo de que el plan B falló en San Remo. No tengo nada contra el tricampeón Oscar Freire, ni Mark Cavendish, ni Alessandro Pettacchi o Mario Cipollini, sólo que su victoria implica el ahogo de aventureros. El año pasado Alexander Kristoff ganó por calidad y porque tenía un genio llamado Paolini merodeando.

Y para esta San Remo qué. Pues un dato clave, que la llegada vuelve a la Via Roma y ello implica un kilómetro menos para perseguir al que pueda ir escapado. Desde el final del descenso del Poggio hasta el arco de meta sólo habrán dos kilómetros y no tres. Parece baladí, pero no lo es cuando todo lo que pasa, pasa tan rápido.

Y en nuestra quiniela de “reventadores” del sprint queremos colocar a Michal Kwiatkowski y a su compi Zdenek Stybar (espero que ambos no se sometan al yugo del inglés que se desvela por ganar y ganar), metemos también a la pareja de Tinkoff Sagan & Kreuziger, que no me digan cómo o porqué pero vuelve a correr. Y a nuestro Van Avermaet, si Gilbert no le molesta, y a Rui Costa, y a Stannard & Geraint, y a Sylvain Chavanel –el auténtico artífice de romper el pelotón hace dos años-, y quizá a un Alejandro Valverde que en principio llega para proteger la baza más obvia: Juanjo Lobato, quien quizá debiera saber que la última vez que se llegó a la Vía Roma, hace ocho años el ganador fue un tal Oscar Freire.

Imagen tomada del Facebook de Milán-San Remo

INFO

Eurosport emitirá el domingo desde las 14:30 la Milán – San Remo, uno de los monumentos del ciclismo conocido con el sobrenombre de “La Clasiquísima”. Esta carrera se caracteriza por ser una de las más propensas a las sorpresas dentro de las pruebas de un día. Además la edición de este año será la gran oportunidad del español Juanjo Lobato (Movistar) de hacerse con su primera “Clásica”, tras estar a punto de subirse al podio el año pasado en su debut en esta prueba. El andaluz llega en un gran estado de forma, como ha dejado patente en el comienzo de la temporada, en el que ya ha logrado tres victorias de etapa. Otro de los grandes protagonistas de la jornada podría ser Peter Sagan. El eslovaco del Tinkoff-Saxo también luchará por hacerse con su primera victoria en un Monumento, después de ser segundo en dos ocasiones en esta misma prueba y otras dos en París-Roubaix.

Tridente de lujo en los comentarios

Juan Antonio Flecha se sumará a Antonio Alix y Eduardo Chozas en los comentarios, aportando toda su experiencia en la retransmisión para llevarle a la audiencia el mejor análisis.
En total, Eurosport y Eurosport 2 emitirán durante 2015 1.800 horas del mejor ciclismo, incluyendo 450 horas en directo, lo que sin duda pone de manifiesto que un año más Eurosport será “La Casa del Ciclismo”. Tras la emisión de la Milán-San Remo, llegarán a Eurosport en el mes de marzo la Volta a Catalunya, el GP E3 de Herelbeke, el Criterium International y los 3 días de la Panne.

San Remo salva su esencia

Imperia es una de las ciudades que la Milán- San Remo atraviesa inmisericorde en su recorrido por las quebradas costas de la Liguria. Una ciudad que dura lo que dura un silbido, atravesada a toda hostia, sin tiempo a admirar su excelente avenida porticada, clásica como todo en Italia, que atraviesa una  plaza también porticada de medio punto. Ya saben Italia me confunde, como al cubano ese las noches.

El camino hacia esta Milán- San Remo ha tenido curvas y desprendimientos. Pompeiana es el nombre de la discordia. Una subida que sin llegar a la dureza de la Lieja sí se asemeja bastante a lo que tenemos en la decana. Pompeiana se sitúa cerca de Imperia, en su región. RCS anunció su inclusión, pero las inestables condiciones del terreno invitaron a no subirla. A ver, creer les tenemos que creer, pero esta gente de RCS  mete tantos cambios en sus perfiles que sinceramente, no sabemos qué pensar.

Pero más allá de los motivos objetivos que desaconsejan su tránsito tenemos las consecuencias deportivas. Chris Froome y Alejandro Valverde han sido dos de los que se borraron de correr la grande de primavera a la vista de su ausencia.

Sinceramente, celebro que no se ascienda tal dificultad. Y lo hago porque la esencia, la gracia de San Remo es ser capaz de romper el sprint a mil por hora. Es complicado, resulta obvio, casi nunca se logra, también, pero hay que probarlo.

En Cycle Sport publican un gráfico sobre la cantidad de ciclistas que disputaron el triunfo en los últimos 25 años y ocurre algo sorprendente. Hasta 1997, San Remo corrió entre un o dos ciclistas. Fueron los tiempos de Sean Kelly, Laurent Fignon, Gianni Bugno, Maurizio Fondriest, Laurent Jalabert y Giorgio Furlan. No olvidemos a Gabriele Colombo. Luego la carrera tuvo un dominio de los velocistas, Erik Zabel, Mario Cipollini, Oscar Freire y Alessandro Petacchi, principalmente, hasta llegar a la inconcebible victoria de Mark Cavendish y la posterior de Matt Goss en lo único reseñable de su carrera deportiva. Sólo Paolo Bettini, Filippo Pozzato y Fabian Cancellara, éste por partida doble pues hace dos años le sirvió en bandeja el triunfo a Simon Gerrans, quebraron la disciplina del grupo. No contamos la edición del año pasado porque las circunstancias, acabó siendo una “mini carrera” en medio del diluvio, influyeron decisivamente.

Con todo venimos a decir que el reto, aunque mayúsculo, es posible, y la presencia o no de la Pompeiana no debe ser argumento en una u otra dirección. Es eso lo que valoramos de los monumentos, su esencia y tradición, por encima de las costumbres y usos. Supongo que la cumbre de la discordia entrará en 2015, pero entonces ya no será una San Remo como las de siempre.

——

Eurosport presentó este viernes en BCN su programación para el ciclismo. Entre otras novedades se visten de gala para recibir los comentarios de uno de los más grandes de siempre, Greg Lemond, y de un clasicómano recién retirado, Juan Antonio Flecha, quien encontrará entre ola y ola, un rato para acompañar una pareja que he tenido ocasión de conocer en persona, la formada por Antonio Alix y Eduardo Chozas, dos tipos con los que te podrías pasar horas conversando sin repetir tema.

Una vez conocimos la programación de Eurosport, que se hace llamar con razón “la casa del ciclismo”, y llenados generosamente nuestros estómagos, el autor de este mal anillado cuaderno participó del en el programa Planeta Eurosport. En este enlace podéis acceder a los cuatro audios. Como bien le dije a Fernando Ruiz, fue un placer.

Imagen tomada sicycle.wordpress.com

Fotos que adquieren un significado muy diferente

La semana que Fernando Alonso confirmó su desembarco en el ciclismo nos llega esta foto. No sé si al asturiano le pitará el subconsciente con la cantidad de miradas y sensaciones que ha despertado en un mundo que si algo necesita son noticias que le impliquen inversión y compromiso.

Y hete aquí que tras retratarse con numerosos ciclistas, desde Alberto Contador a David Arroyo, pasando por sus afinidades personales y astures con Samuel Sánchez y Chechu Rubiera, ha recibido la visita de aquel increíble ciclista que fue Gianni Bugno, un personaje por cierto en responsabilidades de representación que quizá debería escuchar las consignas de una persona como Alonso, desde fuera y a partir de una óptica totalmente carente de vicios del ciclismo.

 

Foto tomada del twitter de @EduardoChozas

El humeante puzle humano de Laurent Fignon

Laurent Fignon lo repite varias veces en su biografía “Éramos jóvenes e inconscientes”. “Soy una persona complicada, difícil”. A la luz estaba. Pero su repulsivo carácter, en España era especialmente vilipendiado, algo recíproco, le añadía un plus de encanto que en las palabras que se autodedica que en la última obra traducida por Cultura Ciclista hayamos con total nitidez.

Tensas relaciones

Sin embargo y pesar de lo complejo de su estructura mental, el fenomenal ciclista parisino esboza ciertos comportamientos también en función de las personas que le rodearon. Sí, él que fue un ser humano enorgullecido de su emancipación y fácil éxito, perfila su ego merced a otras personas con nombre y apellidos que se cruzaron en su camino. Hemos querido tomar nota de algunas, que resultaron clave y desde luego moldearon ese tremendo ciclista que fue Laurent Fignon.

Por ejemplo Bernard Hinault, su ídolo y gran figura en sus tiernos amaneceres en pros pero rápidamente superado al año y poco de estar en el equipo. Dado que en 1983 Hinault expuso más de lo necesario para ganar la Vuelta, aquella decidida con la gesta de Ávila, el tejón causó baja en el Tour que acabó ganando de forma imprevista Fignon. Aquella ruptura de guiones, trastocó la naturaleza exaltada y primaria de Hinault. Fignon le soliviantó como nadie supo hacerlo.

De Greg Lemond cabe una lectura rápida y muy gráfica: “Fue un oportunista e instaló en el pelotón el vicio de jugarlo todo al Tour”. A pesar de ser compañeros y coincidir muchas veces en competición, el aprecio por el americano fue escaso. Su convivencia fue fría y distante. Obviamente le dedica gruesas palabras al Tour del 89 y al manillar que Lemond utilizó. Al filo de la norma, el californiano jugó con la misma y los matices que permitía. Aquello le valió un Tour.

Y es que el Tour fue quien le condujo al estatus de bicampeón para arrastrarle a las marismas del horror años después y fastidiarle en su faceta de negocios cuando quiso reflotar la París-Niza una vez colgó la bicicleta. Sale malparado ese mediocre personaje que fue Daniel Baal en contraposición con la mano izquierda que Jean Marie Leblanc siempre supo manejar.

Cómo no, la espina dorsal de la obra la protagoniza un personaje de relieve abrupto: Cyrile Guimard, a quien poco menos describe como el emperador Palpatine de Star Wars. Cuando Hinault ya no le valía le faltó tiempo para sustituirlo por Fignon y tres cuartos de lo mismo cuando éste decayó por Luc Leblanc. A pesar del manifiesto egoísmo que describe del mismo, entre los dos dieron forma a estructuras que hoy alumbraron conceptos como Garmin o HTC. Eso sí, se despacha con contundencia con “la llorona”, ése es Luc Leblanc.

Si desagradables son las palabras que sostiene sobre Lemond, no menos simpáticas mantiene sus apreciaciones ante España, “un país recién salido de la dictadura franquista que en 1983 aún nadaba en las mezquindades del tercer mundo”. No obstante fue un español, Miguel Indurain, quien doblándole en Luxemburgo, tras salir seis minutos después, le demostró cuán lejos estaba de los mejores. A Carlos Sastre lo tacha de ciclista normalito y ejemplo de cuán mediocre es el ciclismo actual y su figuras.

Cuando Fignon fue superado por Indurain en aquella célebre crono, vestía los colores del Gatorade, equipo italiano capitaneado por el frágil Gianni Bugno que le descubrió los sabores del dopaje organizado. Sí, un conocimiento total de esa sigla EPO, sus bondades y facultades. Una substancia que a su entender sacaba caballos de auténticos burros. Una línea marcada entre el ciclismo de los ochenta, donde se abusaba de las anfetas y los noventa, el despipote.

 

Sólo deciros que a mi entender ésta es la mejor obra de la fecunda labor que Cultura Ciclista ha desplegado desde mediados de año.