La Flecha Valona que cambió el ciclismo

Nada fue igual tras la Flecha Valona de 1994 y los azules haciendo pleno

La primera parte de los noventa se tiene como la época más oscura de la historia del ciclismo y muchos toman la Flecha Valona del 94 como el cénit.

No son pocos los testimonios que hablan de un ciclismo psicodélico, de corredores que no corrían, volaban, de cosas raras, de podencos hechos caballos de carreras,…

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Testimonios no faltan.

Dos son elocuentes. Greg Lemond justifica parte de su declive por las dos velocidades de aquel ciclismo, un salto de rendimiento que apuntaba una sustancia cuyas siglas eran EPO. David Millar habla en su libro de sus primeras carreras como algo inalcanzable, no había ni roto a sudar que el pelotón ya les había dejado de rueda.

#DiaD 20 de abril de 1994

En el año 94, la Vuelta a España seguía disputándose en abril.

En la antesala de la misma estaba el tríptico de las Ardenas, pero en orden diferente al actual. Una semana después de Roubaix, se corría la Lieja, luego la Flecha Valona y finalmente la Amstel, posteriormente vendría la Vuelta que en esa ocasión dominaría a placer Tony Rominger.

La Flecha Valona se presentaba como la reválida para Eugeny Berzin. El ruso de rubia cabellera había ganado en Lieja días antes y era la punta de lanza del potente Gewiss. Por nombres el equipo celeste copaba las apuestas, sin embargo, los italianos no querían ganar, querían sencillamente coparlo todo.

En el llano que precedía el muro de Huy, Berzin, que iba insultantemente fácil, tomaba unos metros sin que nadie osara seguirle, salvo sus dos compañeros Moreno Argentin y Giorgio Furlan. En la cima de Huy Argentin culminaba la masacre, siendo primero por delante de sus dos colegas.

Ellos ruedan y nosotros nos quedamos. Hacen que ir en bici parezca sencillo, no necesitan ni preparar estrategia alguna” dijo Gérard Rué, el gregario de Miguel Indurain, preso de la incredulidad.

Los peores temores que circulaban por el pelotón se hacían realidad y las sospechas no tardaron en plasmarse cuando al día siguiente en una conversación entre Michele Ferrari y varios periodistas, en una pedanía de Lieja, el galeno afirmaba sin pudor:

Si yo soy ciclista y sé que hay una sustancia que mejora el rendimiento y otros la usan, yo también la utilizaría. La EPO no es mala, sólo lo es si abusas de ella, como si te atiborras de zumo de naranja”.

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En efecto, el ciclismo de dos velocidades ya era un secreto publicado y público, la caja de pandora se había abierto, estallaría en pocos años…

Imagen tomada de www.vavel.com

 

Más de un cuarto de siglo del Giro de Miguel Indurain

Miguel Indurain y el Giro de italia

Dijo Claudio Chiapucci en un Bicisport que guardo: “Cuando atacamos a Indurain me viene a la mente la imagen de los aviones luchando contra King-Kong, subido al Empire State. Y Chioccioli, Giovanetti y yo somos los aviones”

Así fue ese Giro, el del 92, el olímpico de Barcelona. Qué recuerdos. Miguel iba a probar, lo decía de puertas hacia fuera, por dentro era consciente que el ganador del Tour estaba obligado a todo cada vez que se enganchara un dorsal a la espalda.

Giro del 92, salida desde Génova. Prólogo veloz que Thierry Marie, el gran especialista del momento, ventila por tres segundos sobre Miguel Indurain. No ocurre nada especial. En la tercera jornada, arribando al bellísimo Arezzo, esa plaza que quita el sentido, Chiapucci busca la sorpresa en un pequeño puerto de tercera, por donde el Giro del año pasado pasaría en la jornada del sterrato. Claudio hace la selección, Miguel con él, y tras ambos 28 unidades de las que sale victorioso el italobritánico Max Sciandri, quien acompaña en la primera prenda rosa al navarro en el podio.

Miguel Indurain es líder, pero lo será más al día siguiente cuando deja entrever que éste no es un ciclista cualquiera cuando sube a su cabra. Entre Arezzo y Sansepolcro gana una crono casi 40 kilómetros, corta para la época, en la que intimida: dos minutos a Hampsten, dos medio a Giovanetti y más de tres a Franco Chioccioli, “Copinno” el ciclista de torso alargado, asomando el morro más allá del umbral del manillar, que “vestía” el dorsal uno.

Imagen & post inspirados por @lavuelta_stats

El daño estaba hecho y empezaron las pamplinadas de la prensa. Lo llamaban la “Santa Alizana”, una conjura secreta, cuasi masónica entre los capos italianos, para derrocar al líder extranjero. Aquello fue agua de borrajas, efectos literarios, en la práctica, cada uno iba a la suya.

En la subida al Terminillo, el encantador Roberto Conti busca etapa y la maglia. Ni lo uno, ni lo otro. Indurain le da caza en el último kilómetro: “Siento actuar así Roberto, pero debo controlar”. Ganaría lucho Herrera. “Ni se merecen las disculpas, Miguel” responde el sacrificado escalador romagnolo. Aquel día un tipo sale herido en su orgullo, vuelve a ser Franco Chioccioli. En una semana ha perdido toda opción de mantener la corona y eso le duele, le duele a tal punto que al día siguiente pone la carrera patas arriba camino Imola, a donde llega con Roberto Pagnin, el guaperas del momento, con el tiempo muy maltratado por la vida, y Marco Lietti.

Chioccioli no ganará el Giro a la vista de la solidez de Indurain, pero sí que estaba nuevamente en la puja por el podio y de paso merodeaba las plazas nobles por si surgía algún imprevisto, pues en tres semanas, lo inesperado es lo esperado, más cuando todos aguardaban el mal tiempo en los Alpes y Dolomitas recibiendo a Miguel, alérgico decían, a la lluvia.

Y Chioccioli fue la punta de lanza en días de hielo como chuzos, en el Giau especialmente, intentando lo imposible por dejar a un navarro que salía a por él, a por Giovanetti y a por Chiapucci, sin importar el orden ni lo que quedara para meta. Fabrice Philipot y Armand De las Cuevas gestionaban el ritmo y llevaban en carro a su jefe que no mostraba debilidad aparente, y si la tuviere, la maquillaba, como el día del diluvio universal en el Monte Bondone donde se impone Giorgio Furlan.

Las cimas caían, Monviso, Pila,… tambén la llegada a Verbania, donde Chioccioli se redime. Nada, los rivales bajan los brazos y ven a Miguel encajando una y otra vez, saliendo a por ellos, a veces sentado, otras con leve contorneo, sólido e inabordable y lo que es peor, con una crono de 66 kilómetros que gana por saturación de los rivales en lo que fue el preludio más nítido de lo que haría un mes después en Luxemburgo, porque sin haber empezado el Tour, Claudio ya supo que no podría ganarlo.

Imagen tomada de Movistar Team

 

San Remo salva su esencia

Imperia es una de las ciudades que la Milán- San Remo atraviesa inmisericorde en su recorrido por las quebradas costas de la Liguria. Una ciudad que dura lo que dura un silbido, atravesada a toda hostia, sin tiempo a admirar su excelente avenida porticada, clásica como todo en Italia, que atraviesa una  plaza también porticada de medio punto. Ya saben Italia me confunde, como al cubano ese las noches.

El camino hacia esta Milán- San Remo ha tenido curvas y desprendimientos. Pompeiana es el nombre de la discordia. Una subida que sin llegar a la dureza de la Lieja sí se asemeja bastante a lo que tenemos en la decana. Pompeiana se sitúa cerca de Imperia, en su región. RCS anunció su inclusión, pero las inestables condiciones del terreno invitaron a no subirla. A ver, creer les tenemos que creer, pero esta gente de RCS  mete tantos cambios en sus perfiles que sinceramente, no sabemos qué pensar.

Pero más allá de los motivos objetivos que desaconsejan su tránsito tenemos las consecuencias deportivas. Chris Froome y Alejandro Valverde han sido dos de los que se borraron de correr la grande de primavera a la vista de su ausencia.

Sinceramente, celebro que no se ascienda tal dificultad. Y lo hago porque la esencia, la gracia de San Remo es ser capaz de romper el sprint a mil por hora. Es complicado, resulta obvio, casi nunca se logra, también, pero hay que probarlo.

En Cycle Sport publican un gráfico sobre la cantidad de ciclistas que disputaron el triunfo en los últimos 25 años y ocurre algo sorprendente. Hasta 1997, San Remo corrió entre un o dos ciclistas. Fueron los tiempos de Sean Kelly, Laurent Fignon, Gianni Bugno, Maurizio Fondriest, Laurent Jalabert y Giorgio Furlan. No olvidemos a Gabriele Colombo. Luego la carrera tuvo un dominio de los velocistas, Erik Zabel, Mario Cipollini, Oscar Freire y Alessandro Petacchi, principalmente, hasta llegar a la inconcebible victoria de Mark Cavendish y la posterior de Matt Goss en lo único reseñable de su carrera deportiva. Sólo Paolo Bettini, Filippo Pozzato y Fabian Cancellara, éste por partida doble pues hace dos años le sirvió en bandeja el triunfo a Simon Gerrans, quebraron la disciplina del grupo. No contamos la edición del año pasado porque las circunstancias, acabó siendo una “mini carrera” en medio del diluvio, influyeron decisivamente.

Con todo venimos a decir que el reto, aunque mayúsculo, es posible, y la presencia o no de la Pompeiana no debe ser argumento en una u otra dirección. Es eso lo que valoramos de los monumentos, su esencia y tradición, por encima de las costumbres y usos. Supongo que la cumbre de la discordia entrará en 2015, pero entonces ya no será una San Remo como las de siempre.

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Eurosport presentó este viernes en BCN su programación para el ciclismo. Entre otras novedades se visten de gala para recibir los comentarios de uno de los más grandes de siempre, Greg Lemond, y de un clasicómano recién retirado, Juan Antonio Flecha, quien encontrará entre ola y ola, un rato para acompañar una pareja que he tenido ocasión de conocer en persona, la formada por Antonio Alix y Eduardo Chozas, dos tipos con los que te podrías pasar horas conversando sin repetir tema.

Una vez conocimos la programación de Eurosport, que se hace llamar con razón “la casa del ciclismo”, y llenados generosamente nuestros estómagos, el autor de este mal anillado cuaderno participó del en el programa Planeta Eurosport. En este enlace podéis acceder a los cuatro audios. Como bien le dije a Fernando Ruiz, fue un placer.

Imagen tomada sicycle.wordpress.com