60 años de excesos y ciclismo en el Gavia

Entre los colosos del Giro el Gavia es la joya de la corona

¿Qué contar del Passo di Gavia?

Estas fotos las separan cuarenta años .

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Leemos que el Passo di Gavia cumple sesenta año en la historia del Giro y por ende del ciclismo.

 

Su primera incursión fue en 1960, cuando se insertó en una maratón de 220 kilómetros con tres nombres del calibre de Nencini, Gaul y Anquetil jugándose los cuartos.

El joven italiano Imerio Massignan fue el primero por la cima, lejos de amedrentarse ante tales rivales, el ciclista de 23 años cumplió con algo que nunca imaginó acabaría siendo tan icónico, el primero en una cumbre de leyenda.

«Poco sabíamos del Gavia y ni si siquiera quisimos reconocerlo por adelantado. De repente me vi en pistas de tierra y en medio de paredes de seis metros de nieve. Me sentí como Fausto Coppi»

Así habló el escalador italiano, y así recordó la figura de Coppi, fallecido meses antes.

Coronó con un par de minutos sobre el ángel luxemburgués Gaul pero los pinchazos del descenso le dejaron sin opción.

El Gavia pasó a la historia aquella etapa de 1988, cuando Andrew Hampsten se abrió paso entre la tormenta de nieve para sentenciar el primer Giro ganado por un estadounidense.

Gafas de esquí, ciclistas ateridos de frío… el camino nunca fue más difícil, el Gavia quedó maldito desde aquel día en la memoria del ciclismo.

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En la jornada final del Giro del 96, Abraham Olano no pudo con el Gavia y el Mortirolo 

Sábado 8 de junio de 1996. Estamos en la estación de esquí de Cavalese, situada en la región del Alto Trentino, en Italia, al pie de los majestuosos Dolomitas.

Un lugar tranquilo en verano y bullicioso en invierno, un precioso destino rodeado de bellas y sugerentes montañas.

Pero esto hoy no será así para los supervivientes del Giro de Italia.

Ni será un día de calma ni tampoco tendrán demasiado tiempo para recrearse con las vistas del pintoresco paisaje.

Desde este turístico sitio parte la penúltima etapa de la gran ronda transalpina dirección Aprica.

Por delante, 250 kilómetros de recorrido con las ascensiones a Mendola, Tonale, Gavia (Cima Coppi) y Mortirolo.

Casi nada.

Segundo día de dos jornadas genuinamente dolomíticas, un “tappone” que va a ser decisivo para el desenlace final de la corsa rosa.

Es el día del juicio final y estas montañas dictarán sentencia.

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Situemos la carrera.

Los corredores están muy castigados por la etapa del viernes: 220 kilómetros entre Marostica y Pordoi, en los que los sufridos ciclistas han tenido que enfrentarse al Passo Manghen, el Pordoi, el terrorífico Passo Fedaia (la terrible Marmolada) para finalizar la carrera con una nueva ascensión al mítico Pordoi.

Nuestros protoganistas son los Berzin, Tonkov, Ugrumov, Zaina, Gotti, Bugno y Olano, que son los que se están jugando la maglia rosa.

En estos momentos, la lleva a sus espaldas el teniente ruso Pavel Tonkov.

Olano tan sólo está a 1´´ y Berzin, tercero, a 14´´.

La general está en un pañuelo después de la cronometrada de Marostica en la que ha vencido el otro joven rubio ruso, Berzin, sacándole también un sólo 1´´ a Abraham Olano.

Faltan 72 horas para finalizar el Giro de Italia y la maglia rosa no tiene dueño

La incertidumbre se masca en el ambiente.

Va a ser un desenredo no apto para cardíacos.

La corsa rosa guarda el suspense hasta el final.

En la etapa de la Marmolada muchos corredores han reventado: una cinta asfaltada diabólica.

El desenlace no llega hasta la ascensión definitiva al Pordoi.

Gana Zaina, seguidos de Gotti, Bugno, Olano y Tonkov, todos dentro de un minuto.

Berzin paga su exhibición del día anterior y pierde 3’45´´, quedando descartado.

La etapa había resultado durísima y aún quedaba lo peor.

El Giro se va a resolver 24 horas antes de su conclusión.

Volvemos a Cavalese.

La etapa en el día del caos va a tener 80 kilómetros de puertos.

Ochenta mil metros pavimentados mirando al cielo.

Llega el momento de la verdad.

Empieza la ascensión al Gavia.

Triki Beltrán, compañero de Abraham Olano en el Mapei, se acuerda muy bien de aquella apocalíptica etapa:

Subimos el Gavia un sábado en vísperas del final del Giro. El día antes, en el Pordoi, Abraham salió de líder. Fue un Giro al que veníamos con la vitola de favoritos después del triunfo de Rominger el año anterior”.

Mendola y Tonale sólo hicieron que ablandaros.

Sí, en efecto, sirvieron para calentar las piernas y seleccionar el pelotón. Trabajamos toda la carrera para Abraham, que llevamos muy controlada hasta el pie del Mortirolo”.

Y llegó el Gavia, 18 kilómetros y medio de puerto, de exigente «hors catégorie».

Así es. A mí me tocó trabajar en el Gavia con Andrea Noé y pasamos con los favoritos”.

El Gavia conserva un tramo de unos 5 kilómetros sin asfaltar: tierra, piedras y baches, que permanecen inalterables desde los años 60…

Los ciclistas dábamos botes en las bicis en los tramos de tierra en la subida. Es un puerto donde se acusa mucho la falta de oxígeno, te va quemando y te deja vacío. Ese año estaba sin asfaltar en muchos tramos, con muchos boquetes que tenías que ir esquivando. Entre polvo, barro de la lluvia del día anterior, fue un puerto complicado. Una ascensión muy mala. Llegamos arriba y en la cima estaba nublado y en sus cunetas había nieve”.

Si la subida era mala, el descenso no nos lo queremos ni imaginar…

Sí, llegas roto arriba, muy fatigado y con los sentidos confundidos lo que puede suponer tener un accidente. Pasé mil penurias para no quedarme y de esta manera poder trabajar en el tramo anterior al Mortirolo, que eran nada menos que 40 kilómetros entre los dos puertos”.

Después de 6 horas y media de pedaleo, llega el «juez único».

Sí, el Giro estaba en juego en esos momentos. Tiramos con Abraham, con Lanfranchi y Fernández Ginés. Yo llegué muerto al Mortirolo. Pensaba que no acababa. Ese día subí tramos del Mortirolo descolgado con Andrea Noé, agarrado a una moto de un carabinieri. Ni me lo pensé agarrarme a su hombrera, lo agarré tan fuerte que casi se la arranco”.

Las rampas del Mortirolo son mortales…

La gente también nos ayudó. Nos jugamos la descalificación a 24 horas del final. Veías a gente muy cascada, arrastrándose por la carretera”.

Olano nada pudo hacer con el endiablado ritmo de los escaladores…

Eran 77 kg contra los 63 de Zaina y Ugrumov. Recuerdo que pasando estas penurias preguntábamos a los aficionados vascos por la suerte de Abraham. Según subíamos nos iban diciendo que cada vez iba más descolgado. Zaina y Tonkov le reventaron y perdió el liderato”.

En estos puertos, cebarte para intentar seguir a los escaladores es un suicido.

Sí, como corredor intentas que no haya ningún cambio de ritmo y vas a la marcheta, dejando un punto de más y ser conservador, pero con esas rampas iba parado. Ni llegaba a 12 km/h y sin embargo las pulsaciones las llevaba disparadas a 186. Reventado. Iba reventado. Llegué cerca del fuera de control, en una de las grupetas”

Abraham Olano quedó tercero y salvó al menos el podio.

Por delante Tonkov se fue con Gotti y pactaron la victoria: para el ruso la maglia rosa y para el italiano la etapa. Abraham no se rindió en la bajada, a pesar de ir acalambrado llegó 5º a Aprica”.

¿Qué recuerdos te quedan del Gavia?

Es un lugar para quien le guste la bicicleta. Un escenario único en el mundo. Desde entonces no he podido volver a este lugar en bici de carretera, pero sí he competido cerca, en un mundial BTT de Selva di Val Gardena”.

Explícanos la anécdota del Fir, Fir, Fir…

Los ojos me daban vueltas y yo venga leer Fir, Fir, Fir… en mi llanta de lo despacio que giraban las ruedas subiendo el Gavia. La gente se reía cuando lo explicaba”.

Fotos: Ciclo21

Giro de Italia: hora de la verdad para Marc Soler y el «método Unzúe»

Marc Soler Mallorca Joanseguidor

En el Giro Marc Soler tendrá la opción de desplegar las opciones que siempre reivindicó

Del reparto de objetivos en el Movistar Team, a Marc Soler le ha tocado el Giro de Italia.

No es poca cosa, la italiana ya no es esa grande que se veía lejana, sin cobertura televisiva por esos lares, como la nota exótica entre Vuelta y Tour, en aquellos años que la española era la grande de la primavera.

Así las cosas, prever a Marc Soler en el Giro de Italia ha sido la gran sorpresa en la rueda de prensa que los azules han hecho, ahora que parece que ese calendario tomado con pinzas se va acercando sin novedad.

Dice Soler que le gusta la idea del Giro, cabrá creerle, más cuando la grande que le vemos más de su perfil es el mismísimo Tour, aunque no quizá este Tour y sí esa carrera con pies y cabeza que acostumbraba a ser la francesa.

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Entre este Giro y ese Tour, lo primero es lo que parece más adecuado a un Marc Soler que ha tenido la desgracia de ver como pasa casi en blanco el año que marcaba un antes y un después en su carrera.

Sin Nairo, ni Landa, ni Carapaz, el catalán emergía para ser vértice de ese triángulo con Valverde y Mas, en el liderazgo del Movistar

Será interesante ver qué hacen murciano y mallorquín en Francia en una temporada extrañísima donde tengo el convencimiento que veremos cosas que no esperamos.

De cualquiera de las maneras retomamos lo que dijimos de Marc Soler hace unos meses, cuando nadie podía imaginar la pandemia que tomaba forma en la puerta de nuestra casa…

El revolcón de nombres en Movistar, con una limpia de nombres en el liderazgo -Landa, Nairo y Carapaz, fuera- le deja el camino limpio, porque la llegada de Enric Mas le puede condicionar, a priori, pero cabe no olvidar que el catalán ya tiene recorrido en el equipo y razones para esperar que le devuelvan lo mucho que les ha dado.

Pero liderar el Movistar, creer que se lo ha ganado y esas cosas no implica que Marc Soler lo vaya a tener sencillo.

En cualquier lista que hagamos para el Tour, entenderíamos que Marc Soler no estaría en la órbita de los posibles, y no sé si en una segunda línea.

Y no es que no nos guste su ciclismo, nos parece admirable, hecho desde la experiencia de quienes creen que el corredor se hace poco a poco, paulatinamente, es que ahí fuera cada vez hay más rivales, cada vez más jóvenes, cada vez más irreverentes.

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Marc Soler es el líder para el Giro, ya no tiene a Valverde ni nadie que le desplace de la opción del triunfo, una sensación que ha cundido entre su hinchada, pero que esconde una verdad y es que al murciano nadie ha sido capaz de desplazarle.

En el Giro, el catalán tiene la reválida él, y de paso «el método Unzúe» ese que habla del envejecimiento lento, madurez trabajada y liderazgo ganado en el tiempo.

Lo hará con uno de los fenómenos imberbes en la salida, Remco Evenepoel, como contrapunto a ese manual sostenido en el tiempo tantos años.

Las opciones personalizadas de Kalas 

El Giro le va mejor sobre el papel, etapas durísimas de montaña, Marc Soler ha demostrado tener fondo y buena recuperación, pero dos cronos que le garantizan 50 kilómetros para acercarse a los escaladores

Si Soler debe mirar a alguien que se fije en Tom Dumoulin, el gigantón que le sopló un Giro en los Dolomitas a todo un Nairo.

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¿Por qué nos gusta el Giro?

Giro de Italia - George Bennett JoanSeguidor

¿Pasión? Nos gusta el Giro porque es la carrera más bonita en el país más bello

Porque su recorrido atravesando hermosos pueblos medievales, renacentistas… nos traslada a la épica, al mito, a la historia.

Porque el mejor ciclismo del planeta es el italiano.

Se trata de la prueba más importante del año para las firmas, marcas y corredores italianos.

Es una carrera espectacular desde el principio.

El Giro de Italia siempre se corre de forma nerviosa, buscando los equipos solucionar la papeleta lo antes posible.

Aunque esa forma de correr entrañe riesgos para los corredores, que han de llegar lo más enteros hasta el final.

Porque nos gustan sus volatas, donde los esprinters tumban sus bicis a más de 70 km/h.

La ronda italiana se vive bajo el signo del descontrol. Y eso nos entusiasma.

Lleva a los corredores al límite.

Porque el ritmo en Italia es siempre muy fuerte. La carrera siempre es movida.

Y es ciclismo de ataque, con escapadas constantes.

Porque su victoria se disputa en las montañas del juicio final.

Como los Dolomitas.

Puertos de leyenda, cumbres sin piedad, que no saben de compasión y hunden a los más débiles para coronar a los más fuertes.

Rampas envueltas de odio y sentimientos. Maravilla de paisajes, de éxtasis mirando a todos lados, pero también de sufrimiento atacando a las viles anacondas grises que surcan estas colladas.

Puertos de montaña que componen una sinfonía de belleza y angustia.

 

Etapas de altísima montaña, los tappone, como se denominan en Italia, que acaban por reventar totalmente la carrera en una borrachera de espectáculo deportivo y agonía.

Jornadas matagigantes. De miedo.

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Paredes. Cortafuegos asfaltados. Cicatrices que dejan huella en sus laderas.

Puertos que revientan los cuerpos.

Muros. Cuestas. Subidas que hacen daño.

Carreteras con vertiginosos barrancos en sus flancos, sin protecciones, escenarios grandiosos para vivir épicas batallas en bicicleta.

Descarnados y polvorientos ascensos como el Gavia.

Salvajes pendientes como las del Mortirolo.

Obras de ingeniería como el Stelvio, porque nos gustan los tornanti.

Pasos de montaña bajo la nieve, ofreciendo un espectáculo digno de figurar en una antología.

Escenarios inmortales como el Passo Pordoi, una cima legendaria.

El paisaje irreal de las Tres Cimas de Lavaredo y su rampa infernal al 16% donde atacó Merckx en el Giro del 68.

Recorridos confeccionados para la mayor gloria de los escaladores.

Los hachazos en el pelotón lo rompen en mil pedazos.

Y es cuando escasean las fuerzas y comienza el sálvese quien pueda.

Porque las grandes dificultades están situadas en el tramo final de la carrera. Gran emoción.

En cualquiera de estas etapas se puede ganar el Giro pero también perderlo.

Porque los héroes, sufren, se desvanecen y al final sólo puede quedar uno.

El Giro de Italia es Girardengo, Binda, Bartali, Coppi, Gimondi, Moser… pero también Bugno, Chioccioli, Gotti, Garzelli, Simoni, Chiappucci y Pantani.

Y Nibali.

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Y los nuestros: Poblet, Fuente, Angelino Soler, Julio Jiménez, Perurena, Chozas, Cubino, Lejarreta y también Induráin, Ángel Edo, Rubiera, Ventoso, Nieve, Purito y Contador.

Entre otros, muchos.

Una carrera pródiga en mantener la tensión hasta sus momentos finales.

Porque al final de la carrera los organismos suelen estar muy castigados. Muchos explotan.

Y pueden ser jornadas para la debacle, que pueden llevar a 20 ó 30 corredores para casa.

Nos gusta el Giro porque la corsa rosa siempre se nos muestra abierta y sorprendente.

La ronda italiana cada año se muestra insidiosa, inexplicable y peligrosa.

Porque es veneno puro en forma de ciclismo, deporte de infarto, vaticinio difícil.

Y nos gusta el trofeo de los campeones, como dijo Nibali: “la sua belleza equivale al peso, è davvero spettacolare”.

Porque nos va el rosa, la maglia rosa, el color que da personalidad a la carrera, la luz que todo lo ilumina.

¿Por qué nos gusta el Giro?

Porque amamos el ciclismo.

Porque somos unos tifosi más.

Y nos emociona.

Foto: FB Giro d´ Italia

El Giro en Telecinco

Giro de Italia Telecinco JoanSeguidor

En Telecinco el Giro tenía a Miguel Induráin, el cuero negro, un compresor y una música espacial

Las dos ediciones de Giro en Telecinco, los años 1993 y 1994, fueron los de Induráin, Ugrumov, Berzin y Pantani, pero también los de J.J. Santos, Oswaldo Menéndez, Jaime Ugarte, JuanjoLobato, un compresor y una chica buscando a un tal Jacq´s, todo aderezado con la inolvidable sintonía de “Chronologie” nº 4.

¡Vaya tiempos!

Muchos comentaban, y las siguen recordando así, que fueron unas retransmisiones penosas, que eran malísimas.

Yo no lo voy a negar, pero tampoco voy a decir que fueran tan nefastas.

Por muchos motivos.

Primero, porque es lo que había y al menos pudimos disfrutar aquellos años del Giro de Italia por televisión con una emisión revolucionaria, más atrevida y dinámica, y se le suponía más moderna, con invitados que comentaban la etapa desde el plató con pasión, con nostalgia y a la heroica.

Como era el caso, por ejemplo, de nuestro estimado Federico Bahamontes.

“El Águila de Toledo” se dedicaba, casi en exclusiva, a explicar sus batallitas encima de la bici y, sobre todo, a cambiar el nombre de manera caprichosa a los corredores extranjeros (“ahí va Ugrumon” -decía) y se quedaba tan pancho, claro.

Si es que al buenazo de Bahamontes le teníamos que perdonar todo.

Aquel Tele5 era el de Berlusconi, Valerio Lazarov, las “Mammachicho” o las “Chicas Chin Chin”.

En una palabra, era la cadena “Teleteta”.

Dando por bueno este desacreditado apodo, los anuncios del Giro tampoco se libraron de mostrar explosivas chicas como cuando el pobre J.J. Santos -apodado “el cojo”- daba paso a la publicidad con aquel “volvemos en unos minutos”, que siempre era en el momento más electrizante de la etapa, por supuesto.

Porque además, sabíamos que el corte sería para largo y sufríamos por si llegarían a tiempo para conectar al menos con el último kilómetro de carrera.

Porque eran así. Todo por la publicidad.

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Pero yo reconozco que la primera vez que vi aquel anuncio casi me caigo de la silla.

No me lo podía creer.

En aquel momento, y creo que a todos nos pasó lo mismo y así lo recordamos, cuando vi a aquella chica con aquella voz tan sugerente anunciando un compresor (sí, sí, un compresor), quedé descolocado por completo y en estado de shock.

¿Pero esto qué es?” -pensé enseguida.

No sabía si me habían cambiado de canal, si me habían puesto en ese momento una película erótica, o si aquello era un anuncio porno.

¿Te gusta el compresor?”, -decía la chica, mientras aparecía en pantalla un trasto que parecía haber salido directamente del atrezzo de una sala bondage de una peli estilo “50 sombras de Grey”.

Así fue, y a partir de entonces con un “llama a este número”, la popular chica nos machacó en aquella peculiar retransmisión del Giro del 93 que se nos aparecía, como por arte de magia, cada cinco minutos en pantalla, algo que, cada vez que pasaba, no dejaba de ser un pequeño susto el verla con aquel posado.

El chiste fácil de algunos fue el llegar a decir que habían llamado a aquel número de teléfono para interesarse por la compra del “compresor” y, en efecto, lo que vendían era nada menos que un tremendo compresor.

Bromas aparte, todas estas anécdotas hicieron que fuera una de las carreras más excitantes que podemos recordar.

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Entre tantos anuncios y cortes publicitarios que solían meter estratégicamente faltando pocos kilómetros para meta, tampoco olvido el de aquel famoso “busco a Jacq’s”, en el que otra chica espectacular, enfundada en cuero negro y montando en moto, se bajaba la cremallera de su bodi hasta límites insospechados, nunca antes vistos en un anuncio de colonia.

Telecinco era así, el Giro no se escapaba 

Fueron memorables retransmisiones porque coincidieron quizás con dos las ediciones más épicas y recordadas de todos los tiempos: los Giros del 93 y del 94, con sus “tappone” dolomíticos, que aún lo parecían más escuchando los acordes del álbum de estudio de Jean-Michel Jarre.

La música cósmica y futurista del nº 4 de “Chronologie” sin duda mantenía la tensión, le daba tintes épicos y toques heroicos a aquellas batallas que se disputaban en aquellas montañas dolomíticas.

El responsable en elegir este tema acertó de pleno ya que contenía todos los ingredientes que una buena banda sonora ciclista ha de tener.

Aún hoy en día, cuando la escucho, me traslada de manera inequívoca a aquellos años, a aquellas etapas, a aquellos Giros y a mis salidas ciclistas a cuchillo, siempre con aquella electrónica melodía que no paraba de sonar en mi cabeza.

Aquellos inolvidables Giros eran los de los “hachazos definitivos” de J.J. Santos, frase que podía repetir hasta la saciedad durante todas las etapas, y los de la voz en off de Jaime Ugarte, que era la voz de aquel ciclismo con aires de leyenda.

La opinión generalizada era que Ugarte no lo hacía tan mal, pero que estaba mal asesorado por J.J. Santos y Lobato, dando como resultado una retransmisión lamentable y por momentos deplorable.

Efectivamente, los comentarios podían ser patéticos… pero teníamos Giro.

Tele5 triunfó con la emisión de aquellos Giros y alcanzó audiencias millonarias, obteniendo una media de más de tres millones de teleespectadores y de casi cinco en las etapas más decisivas, sobre todo las dolomíticas, como la recordada Merano-Aprica de 1994.

Unas cifras impensables hoy en día.

El ciclismo hay que verlo por televisión y aunque sea de perogrullo porque aún es así, no es lo mismo disfrutar de él en abierto que pagando.

Y no lo digo por lo que pueda costar.

Lo comento porque entonces, en este caso el Giro, todo el mundo tenía acceso a este ciclismo de competición, era popular, y seguro que se enganchaban espectadores que no eran aficionados a este deporte, porque cuando contemplaban aquellas bellas imágenes se quedaban allí disfrutando del espectáculo.

«Hace unos cuantos años, y como decía un buen amigo mío, cuando me ponía el culote no conocía ni a mi padre. Ya sabéis todos lo que esto significa: salidas a cuchillo con las pulsaciones desbocadas, llevando las fuerzas al límite»

Fue una manera de que muchos descubrieran estas épicas carreras y a unos corredores que dejaron huella.

Hoy en día, a pesar de que sigue siendo accesible el ciclismo por televisión, pienso que no es lo mismo, porque sólo lo verán los auténticos aficionados, dejando perder de un modo u otro, nuevos seguidores que apoyen la futura evolución de la competición.

Porque ya sabemos que lo que no se ve, no se conoce.

Llegados a este punto y de nuevo mirando al pasado de aquellos Giros, mi pregunta es la siguiente: ¿venderían muchos compresores?

Nairo y el mal de altura en el Stelvio

Nairo Stelvio Giro 2014 JoanSeguidor

Pasara lo que pasara en el Stelvio, Nairo era el mejor del Giro 2014

En estos días de Giro, que deberían ser de Giro, revisamos algunos pasajes del pasado inmediato en a carrera más bonita de la faz de la tierra y empezamos por la curiosa relación de Nairo Quintana con el Stelvio…

«Hemos coronado juntos el Stelvio y en el descenso Europcar y Hesjedal han comenzado a bajar fuerte. Tanto Izagirre como yo hemos seguido su rueda y, cuando hemos llegado abajo, hemos visto que el grupo estaba partido. En ningún momento fue un ataque bajando ni escuché nada de que la carrera fuera a neutralizarse, ni por parte de la organización, ni desde el coche del equipo»

Eso dijo Nairo tras acabar aquella famosa etapa del Giro de 2014 en la que el colombiano asaltaba la etapa y la maglia rosa.

Un ataque en toda regla, de aquel ciclista que había maravillado en el Tour anterior, de blanco impoluto, poniendo en problemas al propio Chris Froome.

Un ataque que dejó víctimas en la cuneta, con Patrick Lefevere lanzando fuego contra todos, especialmente la organización que lanzó un tweet que tuvo que desmentir sobre la propia neutralización.

«Tenemos que demostrar que en la cima del Stelvio la radio dijo que había motos con banderas y que no se tomarían riesgos y que al final del descenso cada grupo podría comenzar con las distancias que tenían cuando coronasen. Entonces, el Giro eliminó su ‘tuit’ y culparon al hombre de la radio. Creo que cambiaron su decisión porque eran felices de que Quintana, Hesjedal y Rolland estuvieran escapados y que era bueno para el Giro»

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¿Qué pasó con Nairo y Urán en el Stelvio?

Creo que en esa historia todo el mundo puso de su parte.

Nairo Quintana dice que se solapó a los Europcar y Hesjedal, que por aquel tiempo hacía de ilustre dinamitero de la corsa rosa, que no oyó nada, pero la foto de la moto con la bandera roja es tan cierta como que ondeó por la niebla de la cima del coloso.

Nairo Stelvio
Ciclismo Internacional

Otra cosa es que en aquel caos, entre unos y otros se hicieron los suecos, cosa que en Movistar sabe hacer muy bien.

Esto es como esas faltas que no se sabe muy bien desde dónde se lanzan y en pleno debate, va uno, saca y gol.

Pero Rigo Urán también puso de su parte, no estando donde se le precisaba, con la maglia rosa en ristre, ¿pecó de ingenuo?

Creemos que sí, para formar el cocktail perfecto: entre unos y otros pusieron en la historia, una vez más el Stelvio, aunque siendo sinceros y haciendo un análisis más a largo plazo, creo que Nairo era el ciclista, de largo, más fuerte de aquella carrera.

Si no hubiera sido el Stelvio y su confusión, hubiera sido después, nunca vimos a Rigo Urán al Nivel de Nairo los días clave.

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Tres años después nuevo capítulo de Nairo en el Stelvio

Si en el primero le salió bien, esa vez no.

En la base del Stelvio, entonces la maglia rosa, Tom Dumoulin, se apea de la bicicleta, se quita la preciada camisola, se retira los tirantes y… el dolor de estómago le estaba matando.

No cazaría ya a sus rivales, apretando la general que finalmente ganaría.

Aquel día Nibali ganaría escapado con Landa, Nairo se pondría a medio minuto en la general, pero a pesar de la pérdida el neerlandés mantuvo la compostura en una situación muy complicada, tanto que incluso llegando descolgado empezó a ganar, aquel día, el Giro de Italia.

Miquel Poblet , un grande en Italia y su Giro

Miquel Poblet JoanSeguidor

Miquel Poblet fue un ídolo de masas en la península itálica

Unos años después de su pérdida cabe recordar que la leyenda de Miquel Poblet fue recurrente para explicar y dimensionar muchos de los éxitos actuales del ciclismo español.

Sin embargo, no le faltaba razón a quien echa mano del genio de Montcada para situar a cada uno en su sitio.

Poblet fue, hasta las últimas consecuencias, un ídolo en Italia. “Corrí seis ediciones seguidas, en tres seguidas fui sexto de la general e incluso en una llegué a ser líder durante seis días” nos contó.

El de los años 50 era un Giro tan sentido por la gente como el de ahora, pero con un grado de imprevisión mucho más elevado: “El Giro es como el  Tour pero en Italia. Hay un gran seguimiento por parte de la afición.

Podíamos decir que a veces se pasa de la mera afición. Cada etapa era impredecible, tenías que ir improvisando sobre la marcha dependiendo de con quien te vieses en la escapada. Era algo muy diferente a lo que vemos hoy”.

Miquel debutó en el Giro en 1956 con el equipo de Girardengo, “gané cuatro etapas en un grupo totalmente italiano con la sola compañía de Miguel Chacón.

Fue una experiencia magnífica” relata.

De todos sus Giros, se queda con un momento…

La victoria del Monte Bondone fue muy bonita. Llegué solo pero no fue fácil. Fue una etapa en la que Gaul y Bobet tuvieron un encontronazo. Gaul se paró a orinar y Bobet forzó la máquina medio en broma pero tanto que Gaul para enlazar tuvo que emplearse a fondo. Una vez cazado tuvieron unas palabras y empezaron a atacarse. Al pie del Bondone llegó un grupito muy pequeño con todos fundidos. Atacó Vito Fabero al inicio de la subida y me enganché a su rueda».

«Al quinto relevo iba solo, seguí hacia arriba esperando que los buenos me cogieran pero nunca llegaban. Pregunté por lo que me faltaba y me dijeron que tres kilómetros pero una vez pasaron me volvieron a decir que quedaban otros tres. Al final llegué solo, Gaul perdió el liderato a favor de Nencini”.

“Miguel Idurain sin duda ha sido el más fuerte. Fuente anduvo cerca de ganarlo, pero fue demasiado impetuoso.

En la penúltima etapa, que tenía varios puertos, atacó en el primero por que Merckx estaba algo resfriado. Al final Merckx le cogió y le sacó un minuto. Si hubiera atacado al final podría haber ganado” concreta el catalán.

Miquel Poblet en el Giro

1956: abandono

1957, 1958 y 1959: 6º

1960: 25º

1961: 41º

20 etapas ganadas

Si el Giro se celebra es que Italia está viva

Giro de Italia meta Como JoanSeguidor

Nunca un Giro de Italia fue tan importante que se dispute como el de 2020

¿Qué es el Giro en Italia?

Lo es todo, un calambrazo rosa que viste y engalana por donde atraviesa, un equilibrio que demuestra que el país funciona, que esta vivo.

Nadie imaginó, hace menos de un año que, cuando Richard Carapaz cruzara el umbral de la Arena de Verona, en rosa y ganador del Giro de Italia 2019, la próxima imagen que veríamos de la carrera iba a ser tan simbólica.

Si una cosa está teniendo esta crisis del coronavirus es un lenguaje bélico que describe una lucha excesiva que nos ha sobrepasado.

Referencias a la Guerra Civil, a la Segunda Guerra Mundial, se suceden por diferentes bocas, con diferentes matices, dando la medida y dimensión de lo que nos estamos jugando.

Hace 100 años, hace 75 años, el ciclismo fue clave en la reconstrucción.

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Por ejemplo, el final de la Guerra Civil española dio paso a un periodo de frenesí organizativo que pasó por recuperar la mayor cantidad de carreras posible en el tiempo que siguió a la contienda.

En la Europa que salió de la Segunda Guerra Mundial la recuperación del Tour de Francia y el Giro de Italia fueron pasos previos para normalizar el paisaje tras la hecatombe.

Una historia que ya vimos entonces, y que se traslado al mapa de la rivalidad entre Bartali y Coppi, sobre los cuales las dos Italias debían reconciliarse.

Hoy vemos que el Giro de Italia busca encaje, aunque sea en formato reducido, en un calendario que de verano en adelante parece imposible.

Sin embargo, hay que hacerlo, hay que buscarle sitio al Giro de Italia, incluso a costa de sacrificar la salida en Budapest.

 

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Son 200 televisiones las que quieren retransmitir la carrera para 800 millones de espectadores, un impacto bestial en momentos de crisis total.

El ciclismo vuelve a ser un deporte trascendente, el escenario para mostrar las excelencias de Italia y la reconstrucción de un país golpeadísimo por esta mierda.

Veremos dónde queda, pero quieren recuperarlo… 

Igual que hace 75 años, igual que cuando Coppi y Bartali, el Giro de Italia será la noticia de la nueva normalidad y su celebración, la mejor prueba… cuando dicen que la historia es cíclica es por algo.

El día que Indurain se cobró a Pantani en Hautacam

Hautacam 1994 fue Indurain vs Pantani que marcó el Tour

En 1994 el ciclismo mundial asistía a varios actos simultáneos. Mientras Miguel Indurain, navarro él, parecía francés porque era algo así como el Rey Sol, en el Giro de Italia que vio la revolución de la chavalería, encabezada por el indescifrable Berzin, explotó un tal Marco Pantani.

Entonces ilusionaban, hoy vemos las cosas muy diferentes.

Fue en dos jornadas dolomíticas, primero en Merano y luego en Aprica, en una de las mejores etapas jamás vista, donde un joven con poco pelo, aunque lejos de ser el pelado total que seria con el tiempo, desbordaba por las cimas, realizaba descensos enormes e incluso se atrevía a ataques lejísimos como aquel del Agnelo, ya en los Alpes.

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Indurain, imbatido desde que iniciara su serial de grandes vueltas en el Tour del 91, mordió el polvo entre alocados jóvenes que le dieron lo que Chiapucci, Breukink, Alcalá, Jaskula, Rominger y Bugno no fueron capaces de darle. Sin embargo el Tour era la prueba del algodón, aquello que justificaba el año, aunque éste, en el caso del navarro, siempre ofrecía algo más que la victoria en Francia.

#DiaD 13 de julio de 1994

Tradicionalmente la primera etapa del montaña del Tour causa estragos. El cambio de desarrollo, las velocidades, el cuerpo, la postura sobre la bici, el olor de las nubes, mil teorías, cientos de excusas, pero lo cierto es que rara vez no se presencia una criba brutal.

Pasaba en tiempos de Indurain, ocurrió en los años de Lance Armstrong, que no existieron, y lo hace Froome.

En 1994 no fue diferente.

La carrera ya venía tocada por la crono de Bergerac, famosa porque fue aquella en la que Indurain doblaría a Lance Armstrong. En ella el de Villaba se puso de amarillo, tras una nueva exhibición que entroncaba con Lac de Madine y Luxemburgo.

Pero llegó Hautacam, e Indurain calló bocas.

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En una etapa monopuerto, Miguel Indurain cambió el paso. Acostumbrados a verle en perfil bajo, reventando la carrera en segunda persona, compartiendo protagonismo con otros -Chiapucci en Val Louron y Rominger en Serre Chevalier-, aunque con la idea del amarillo siempre en el filial del camino, el navarro quiso romper en primera persona la carrera.

Tony Rominger fue la gran víctima, la primera, porque además venía crecido de un inicio de campaña excepcional, luego cayeron todos, uno a uno, fruto de un ciclista que subía varios peldaños por encima del resto, incluso por delante de Marco Pantani, el semicalvo ciclista que intentó cardar la lana y salió esquilado entre la niebla.

Un par de meses después de Arpica, Indurain se cobró la cabeza del primer ciclista que había desnudado sus vergüenzas.

No siempre se podía ganar, pero Indurain lo hacía con tal naturalidad que lo demostró hasta sencillo.

Imagen tomada del FB – Grupo de Miguel Indurain