Las cinco grandes gestas de Miguel Induráin

De entre muchas, hemos escogido las cinco gestas de Miguel Induráin

No tenemos remedio y es que nunca nos olvidamos de él, ahora vamos a por las cinco gestas de Induráin que vistas ahora lo marcan todo.

Sus hazañas a lomos de una bici por Italia, Francia y España.

Y es que, como siempre decimos, Induráin nunca pasará de moda.

 

Siempre en el candelero y más ahora que a sus 55 años vuelve a la competición, algo que en broma ya vaticinamos en este mal anillado Cuaderno.

Todos recordaremos mientras vivamos a Miguel V de Francia.

También a Miguel II de Italia, al Extraterrestre, al Exterminador, al Rey Miguel, a Big Mig, a Michelone, Indurainator o Tritourador.

Apodos, todos ellos, que definieron con mayor o menor acierto al mejor ciclista del mundo en aquel momento.

El Gran Miguel, Señor de las Carreteras,  que tuvimos la fortuna de vivir la época más dorada del ciclismo español y una de las más bellas del ciclismo mundial.

No fue un sueño y su vida fue también parte de la nuestra.

Las gestas de Indurain nos marcaron.

Como aficionados, quizás muchos no sabríamos decidirnos a la hora de elegir sus momentos más brillantes.

Sus mejores actuaciones. Las más emocionantes.

Pero vamos a intentarlo.

Al menos quedarnos con cinco de sus grandes gestas, las que para nosotros fueron sin duda las jornadas más memorables.

Hay mucho y bueno donde elegir.

Podríamos empezar diciendo que Induráin puso en el escaparate al ciclismo español en el mundo.

Esto ya de por sí fue una hazaña.

 

Seguiríamos hablando de cómo un ciclista, con una fuerza descomunal, fue capaz de sacrificarse permanentemente por este deporte para llegar a la cúspide y alcanzar la gloria.

Porque Induráin era demasiado grande para la bicicleta y tuvo que forjarse a sí mismo.

Bruyneel Indurain JoanSeguidor

Otra proeza.

Y a partir de aquí, la leyenda.

Podríamos narrar sus gestas contra el reloj o como el gigante podía contra todos en la montaña, marcando entonces aquel ritmo con un estilo que todo el mundo llegó a admirar.

Los escaladores apenas le hacían daño.

Como trovadores y poetas medievales podríamos cantar sus hitos más destacados, sus victorias más sonadas.

Haciéndolo de esta manera, seguro que acertaríamos.

Pero todos los que idolatramos a Induráin conocemos sus proezas y narrarlas sería el recurso fácil, un camino demasiado trillado.

Todos sabemos que Miguel ha sido grande en la victoria pero también en la derrota, y es ahí adonde hemos querido ir a parar.

Por eso hemos elegido de entre todos sus triunfos, pero también hemos rebuscado entre sus capitulaciones que, igualmente, han hecho crecer el mito.

Nuestro Top 5

Número 5. La Vuelta del 85: el líder más joven

Corría el año 1985 y Miguel participaba en la Vuelta, su primera gran ronda por etapas. Tenía tan solo 20 años.

En el prólogo de Valladolid da la sorpresa quedando segundo tras un especialista como Oosterbosch, que entonces era el mejor en este tipo de pruebas.

Pero el holandés no podía ni con las tachuelas de tercera y en la segunda jornada se quedó en la primera cuesta.

De este modo Miguel se convertía en el líder más joven de la historia de la Vuelta a España.

Su primer hito.

Número 4. Tour del Porvenir del 86: desmelenado en el Izoard

Su segunda gran empresa, logrando su primera gran victoria como profesional en Turín, en el Tour del Porvenir de 1986, con exhibición incluida en el Izoard, donde dio a conocer al mundo del ciclismo su imponente marcheta tropical cuesta arriba.

Algo que repitió diez años más tarde cuando se impuso en aquel memorable Dauphiné Libéré.

La colección de invierno de Spiuk 

Número 3. Giro del 94: espectáculo en el Mortirolo

Podemos recordar sus épicas actuaciones en el Giro: llegó a Italia en 1992 y arrasó. Casi ni le inquietaron y aunque en 1993 repitió victoria, sufrió como nunca antes lo había hecho.

Él y nosotros, su afición.

Aquel año tuvo que luchar ante la fuerza de los equipos italianos y la dureza de sus montañas.

En la ronda italiana del 1994 fue derrotado, pero todos recordamos la etapa Merano- Aprica: en el Mortirolo Miguel ofreció un espectáculo grandioso.

En nuestra memoria colectiva quedó cómo Pantani atacó nada más comenzar su ascenso. Berzin le siguió. Miguel parecía que no podía.

El ruso se había cebado a rueda de Marco y lo pagaba caro: se quedaba.

Por detrás, un Induráin imperial que había impuesto su ritmo, lo atrapó y lo soltó a dos kilómetros para la cima.

Le metió 1’30’’ en esa corta distancia. Parecía que la maglia rosa estaba a su alcance.

Lo que pasó luego, en el Valico de Santa Cristina, fue otra -triste- historia.

Mundial Colombia JoansEGUIDOR

Número 2. Mundial de Colombia del 95: un oro y una plata, con sabor a oro…

En sus participaciones en los Mundiales, Miguel Induráin consiguió un oro, dos platas y un bronce.

Oro en el de contrarreloj de Colombia (Duitama) en 1995: el segundo campeón del Mundo de la especialidad, después de Boardman (1994).

Plata en Oslo en 1993, detrás de Lance Armstrong, y Colombia’95, que ganó Abraham Olano y Miguel, dando una magistral lección de ciclismo, de señorío, fuerza y de conocer las reglas del juego, hizo de auténtico secante disuasorio a todos aquellos que osaran ir en persecución de su compañero de equipo.

Por último recordar su medalla de bronce en Sttutgart en 1991.

 

Número 1. El Tour del 95: su obra maestra

Lo que hizo Miguel en sus cinco Tours consecutivos victoriosos daría para escribir varios libros.

Fue un lustro de oro y podemos recordar multitud de hazañas como la etapa Jaca-Val Louron, en 1991, cuando bajando el Tourmalet, Miguel ataca bajo un calor sofocante. Entre él y Chiappucci destrozan la carrera en la subida final a Val Louron. El italiano gana la etapa y Miguel se convierte en el nº1 del ciclismo mundial.

¿Y quién no recuerda la crono de Luxemburgo del Tour del 92?

Armand de las Cuevas, el segundo clasificado, a 3 minutos. Bugno, el que tenía que ser su gran rival, tercero a 3’41’’, Lemond a 4 minutos, Delgado a casi 5, Chiappucci aún más distanciado…

Una auténtica escabechina.

En Luxemburgo, Induráin infundió el terror entre sus rivales.

En el Tour del 93, Miguel llega enfermo a los Pirineos. Rominger y Jaskula le atacan en el Tourmalet y le meten casi un minuto.

Descendiendo el coloso, Induráin da una nueva lección y atrapa, llegando por detrás como una exhalación, al suizo y al polaco: les acababa de enjugar, en diez kilómetros de bajada, los 55” de ventaja que le llevaban.

Rominger, cuando lo vio a su lado, no se lo podía ni creer.

De 1994 nos habríamos de quedar sin duda con la etapa Cahors-Hautacam: Miguel ya era líder de aquel Tour, pero decidió mover el manzano en la última ascensión.

Resultado: Rominger se quedó y nadie fue capaz de seguirlo a excepción del francés Luc Leblanc que, a rueda, se impuso al sprint en meta. Quedaba media carrera por delante, pero el suizo, segundo en la general, estaba ya a casi 5 minutos.

Terrorífico.

Y llegamos al 5º Tour. Para nosotros el mejor, sin duda, la mejor de las gestas de Induráin.

En esa edición tenemos tantos buenos momentos para elegir… Podríamos citar la etapa Charleroi-Lieja, en la que Induráin atacó en el clásico terreno de cotas que jalonan la monumental Lieja-Bastogne-Lieja.

Sólo Bruynnel, sin darle un puñetero relevo, fue capaz de aguantarle la rueda. Ni los Riis, Zulle, Jalabert, Gotti o Rominger fueron capaces de dar caza a un Induráin desatado que realizó una de las mayores demostraciones de toda su carrera, a pesar de que la victoria de etapa fue para su compañero de fuga.

 

Un hecho que siempre fue una constante en toda su carrera deportiva: para su acompañante de escapada, la etapa, y para él, la general.

Pero lo mejor estaba por llegar en la 9ª jornada entre Le Gran Bornand-La Plagne.

Zulle andaba escapado por delante. Induráin empieza a poner su ritmo infernal por detrás.

Aquello fue un destrozo brutal y todos sus grandes rivales se fueron descolgando uno a uno: un espectáculo tremendo.

Los mejores habían quedado reventados por el paso militar de Miguel.

Zulle ganó, pero el 5º Tour estaba ya en su mano.

Para finalizar este repaso de las grandes hazañas de Miguel Induráin, llegamos a lo que para nosotros sería su mejor gesta, la mejor de las mejores.

Por eso, queremos permitirnos esta pequeña licencia y otorgarle a esta hazaña la calificación “fuera de categoría”.

Al fin y al cabo, en esta proeza, Induráin no luchó contra ningún rival que no fuera él mismo, desafiando las leyes de la naturaleza.

Entre las gestas de Induráin está fue la total.

 

Hors Catégorie. Récord de la hora de Burdeos (1994)

Lo que vivimos el 2 de septiembre de aquel año lo gozamos y disfrutamos como nunca.

Fue algo completamente distinto a lo que habíamos visto antes: el mayor espectáculo ciclista del mundo.

Todo, absolutamente todo, fue espectacular: empezando por su bicicleta, la famosa Espada, pasando por su estratosférica indumentaria, el ambiente que se vivió aquel día en el velódromo de Burdeos, la puesta en escena, el impacto mediático…

Una jornada inolvidable que perdura en nuestra memoria.

Otra de las gestas de Induráin.

Ahora os toca vosotros.

Decidnos… ¿cuál sería vuestro Top 5 ideal?

Entre clásicas y vueltas, lo primero por favor

En las clásicas entra el ciclismo sin margen de error, la decisión final, el momento clave, en las vueltas hay margen, equipos y otros elementos

Miró el calendario que no puede ser y recuerdo porqué la primavera nos tenía robado el corazón, un camino entre clásicas y vueltas.

San Remo, hoy sábado, la Volta debería empezar el lunes, en unos días Harelbeke y Wevelgem, al final de la ruta Flandes y Roubaix, por medio la Itzulia.

Miro eso, y estoy abrumado, siento nostalgia.

Pero las clásicas fueron antes de todo, antes que nada.

La más vieja dicen que es la Milán-Turín, cuando el Giro siquiera era un sueño.

Eran carreras de pesado desarrollo y heroico desenlace.

Luego vinieron los monumentos, la más decana, la que va de Lieja a Bastogne y vuelve al cogollo valón, San Remo, Roubaix, Flandes, las hojas muertas de Lombardía que muda de verde a ocre…

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Todas las grandes clásicas son centenarias, no sólo eso, son mas que centenarias, diseñaron el ciclismo que conocimos, sugieren leyenda, despiertan recuerdos, inspiran hoy como inspiraban hace cien años, crean riqueza, cincelan iconos, catapultan lugares y establecen tradiciones.

No son carreras al uso, en lo estrictamente futbolístico, son partidos del KO, a eliminatoria única, sólo puede quedar uno.

NEWSLa plantilla de Gobik da un paso al frente.De forma espontánea y voluntaria nos sumamos al esfuerzo de nuestra…

Publicada por Gobik en Viernes, 20 de marzo de 2020

No hay segundas oportunidades más allá de volver al año que viene, algo que cuando cruzas la meta segundo te parece una eternidad que no sabrás esperar.

Son adoquines y colinas, se visten de naturaleza: caminos vecinales de Flandes, los pendones de Valonia, las rutas imperiales y mineras hacia Roubaix, las tierras que vieron crecer a Coppi para tomar el camino de San Remo,…

Tienen iconografía propia, una personalidad transversal.

Integran a gente que las ama en paisajes del siglo XIX, cuando el mal tiempo las viste de barro y despojo, son terribles, una pesadilla.

Entonces el batiburrillo de dureza y tensión deriva en espectáculos inmateriales, que van más allá de los tiempos y nos adentran en los despojos del ciclismo que nos enamoró, de ese que se corre con el riesgo de perderlo todo en cualquier momento y sin poder, en muchos casos, ni echar mano del equipo ni del coche de recambios.

Porque en ciertos escenarios, la incidencia de los equipos super profesionalizados del siglo XXI se diluye, queda en testimonio. Equipos enteros llevados a la cuneta. Mirad el Team Sky el año 2016 en Roubaix, copaban la cabeza y en dos malas curvas, adiós, se acabó.

La victoria aquel día fue para un australiano de tercer rango, que corría solo y escapado desde que el pelotón afrontó el primer pavés.

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Hubo un día que los grandes patrones de los medios quisieron darle una vuelta de tuerca a la mecha de pasión que prendieron las clásicas y pensaron en las vueltas por etapas, y nació el Tour, y nació el Giro, e incluso nació por aquí la Volta y entendedme, esto es otra cosa, es el ciclismo de la suma de esfuerzos, del fondo físico que cae en saco roto cuando el cuerpo te dice basta.

Es el ciclismo de equipos que bien llevados y atiborrados de talento pueden blolquear la carrera hasta convertirla en un sopor.

A mi me gustan las grandes, la París-Niza esta última, alguna Tirreno, algún Dauphiné, pero entendedme lo que te da una clásica, eso, no está pagado.

 

En el Pordoi de Fausto Coppi

En el Pordoi Fausto Coppi goza de memoria eterna

«Escenario inmortal«. Así definían nuestros amigos Juanto y Ander el mítico Passo Pordoi en un artículo publicado en Pedalier tras ver la senda que abrió Fausto Coppi.

Un puerto que lo describían como épico más por su historia y belleza que por su dureza contenida.

En efecto, estar en esta cima legendaria, a 2239 metros de altura, uno tiene la sensación de formar parte de la historia del ciclismo y más concretamente de la del Giro de Italia.

Si entras en el hotel Savoia, el primer refugio que hay subiendo desde Arabba, podrás contemplar en su interior, colgados de la pared, fotos y recortes de periódicos antiguos con las crónicas de las hazañas de Fausto Coppi en el Pordoi.

Y muy cerca de aquí está el reciente monumento dedicado a Gilberto Simoni, inaugurado el 3 de julio de 2011, con motivo del «Gibo Simoni Pordoi Day», una fiesta en su honor, como homenaje por su reciente retirada de la competición y en su puerto preferido: el Pordoi.

Lo más curioso es que el monumento es una bici auténtica de Gibo (una Wilier), protegida por una estructura metálica con forma de ciclista y asentada sobre una gran roca, que además contiene una placa con la lista de todos los corredores del Giro que han ganado la Cima Coppi en los años que el Pordoi era el punto más alto de la carrera.

Y ahí está la bici y nadie osa ni tocarla.

Pero el auténtico tesoro para el cicloturista es pararse y hacerse una foto junto al magnífico monumento a Fausto Coppi que hay en la cima, tanto para el que lo ha ascendido por la vertiente de Arabba, la más bella, con sus 33 tornanti, vueltas y revueltas marcadas en orden numérico y señalando siempre la altura, o bien por el que lo ha hecho por la de Canazei también con sus 27 curvas, eso si no tiene que esperar su turno y hacer fila ante la cantidad de grupos de ciclistas que quieren inmortalizar el evento.

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La escultura está enmarcada con un telón de fondo magnífico: las montañas del Grupo del Sella y es obra del joven maestro italiano, artista y restaurador, Lorenz Martino. Nacido en mayo de 1976 y con sólo 23 años recibe el encargo de la Comune di Canazei (Val di Fassa) de crear un monumento dedicado al «Campeón de Campeones» en el Pordoi.

Sin duda, por su gran habilidad artística, ya demostrada desde su infancia, le confían esta gran obra, aunque su especialidad es la madera, al joven Lorenz le gusta experimentar con diferentes materiales y decide que su trabajo será en bronce.

Se lanza de cabeza con mucha ilusión en esta nueva experiencia y se pasa un mes entero dibujando el proyecto, modelando y creando, hasta que después de varios meses, en julio del año 2000, completa su obra, una prueba de la capacidad artística de este joven maestro.

Creada con 600 kg de arcilla y después fundida en bronce, la escultura tiene unas dimensiones de 2.30 por 2.20 metros y descansa sobre un enorme bloque de piedra, con un peso total de más de dos toneladas.

El monumento a «Il Campionissimo» representa a Coppi en el centro del plano con una perspectiva elipsoide, saliéndose de la escena en plena carrera, flanqueado por el público, los tifossi que le dan alas entre la multitud. Grazie mille, Lorenz!

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo, sueños ciclistas 

¿Qué día supimos de Chris Froome?

Chris Froome

Aún recordamos la jornada de La Covatilla que puso a Chris Froome en el mapa

Permtidnos irnos siete años atrás, entonces estábamos en la antesala del primer monumento, Milán-San Remo.

Mientras Brad Wiggins corría en el anonimato alimentando su esperanzada de ganar el Giro y hacer una digna defensa del Tour, el otro gran puntal del Team Sky había despertado rápido esa temporada.

Con la general, más etapa del Tour de Omán, y una segunda plaza, y otra etapa de la Tirreno-Adriático, Christopher Froome sí que era un producto cien por cien Team Sky.

Los compañeros suyos que ganar y dotan de prestigio al equipo venían de otros lares donde ya dieron la nota por su rendimiento, en el caso de Froome empezó, creció y llegó a lo que es dentro del mismo equipo.

Lo que son las cosas, aquella Vuelta de 2011 le supuso una especie de ultimátum para el ciclista de origen keniano.

Llegó a esa carrera en un mar de dudas y la certeza de que podría ser su última carrera con los ingleses y salió de la misma como rutilante estrella y potencial ganador de cosas grandes.

Gran Fondo World Tour: un circuito de ciclismo que nos espera x medio mundo

Supimos de Froome, al menos el gran público, ese día de La Covatilla, donde su líder de equipo, siempre Wiggo, realizó el primer test de fuerza que evidenció madera de vueltómano en ese pistard. Froome apareció raudo al día siguiente en la crono de Salamanca y entonces se solapó a la vanguardia de la carrera.

Las estrecheces tácticas de su equipo le condenaron a la segunda plaza.

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Si en el equipo rival, Matxin tuvo la certeza de que Cobo era su hombre frente a nombres más consagrados, el Sky dudó y para cuando quiso apoyar a Froome, una vez superado el Angliru, era demasiado tarde.

Ocho años después le darían aquella Vuelta. 

La campaña 2012 fue para Froome muy diferente a la 2013.

Ausente durante el primer tercio, sólo asomó el morro en el Dauphiné, antesala del Tour.

Luego en éste corrió frenado por Wiggns.

En esta ocasión los galones pesaron y los momentos de incertidumbre que no les propinaron los Sky, llegaron desde dentro.

Aquel Chris Froome nos recordaba mucho a aquel talento desbocado y furibundo llamado Alex Zulle.

Sus requiebros y torcido gesto en el umbral del esfuerzo marcaban el carisma de un corredor que en los descensos ofrecía dudas.

De aquel Froome al actual han pasado muchas cosas, siete grandes, siete años, visto ahora es un regalo de corredor.

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Giro vs Tour ¿qué recorrido os pone más?

Miguel Angel López JoanSeguidor

La comparativa Giro vs Tour descubre las dos grandes tendencias del ciclismo moderno en grandes vueltas

 

Es complicado, pero cada año nos surge la misma pregunta, ¿qué preferimos Giro o Tour? o ¿quizá la Vuelta?

Las tres grandes: el esfuerzo llevado al extremo, estirado por tres semanas, arrastrando alambres por media geografía…

Por el momento conocemos el recorrido del Giro de Itala y del Tour de Francia.

Tour ciclismo JoanSeguidor

Los dos tienen su trampa, una dureza bestial, la tercera semana del Giro saca los colores, y una diferencia importante.

Mientras en Italia se abonan a las llegadas en contrarreloj, incluso poniendo otra durante el trazado, en Francia lo fían todo a las encerronas y la montaña, sin darse cuenta que esa concatenación de dureza no favorece a nadie como a los que llevan siete de las últimas ocho ediciones ganadas.

Ya están disponibles las inscripciones para la próxima Ciclobrava 

Pero los recorridos tienen más, mucho más, Nacho nos ha preparado una pieza que pone negro sobre blanco los recorridos poniendo acento en lo que la experiencia nos dice, y ésta no cuenta otra cosa que, por mucho que nos empeñemos, las carreras las hacen los corredores.

Y la prueba está que en muchos de los parajes que cruzarán Giro y Tour han pasado cosas grandes porque en su día hubo gigantes de la ruta que así lo quisieron.

 

¿Qué nos depararán las grandes el año que viene?

De momento tenemos esa comparativa Giro vs Tour…

Tercera semana del Giro: ¿Se les ha ido la mano?

Giro de Italia tercera semana montaña JoanSeguidor

La tercera semana del Giro de Italia 2020 promete ser memorable

La entrada de un par de cronos, antes de la final, llegadas de media montaña, otras para velocistas, que también merecen vivir, son piezas de un puzle que pinta bien y que mejor va a pintar cuando el Giro de Italia entre en su tercera semana.

El recorrido que el Giro presentó hace unos días ha reconciliado los más puristas con el ciclismo, recuperando en el trazado esos elementos que creemos sal y pimienta en toda gran vuelta que se precie.

Y la tercera semana ha sido el premio que el próximo Giro de Italia nos tenía reservado.

Ya sabemos que hay que correrla, que pobres corredores, pero como decían entonces «la fama cuesta» y quien quiera ganar el Giro tendrá explotar en los adentros del sufrimiento y la agonía del gran fondo.

 

La tercera semana del Giro de Italia es ciclismo de grandes vueltas en esencia y apariencia, una alquimia de dureza exagerada llegando a leer en varios sitios que posiblemente sea el epílogo más duro confeccionado en los tiempos recientes.

Tras la llegada a Piancavallo, una semana antes del final en Milán, la carrera se meterá de lleno en los caminos de la leyenda, haciendo buena aquella frase de Ennio Doris, el fundador de Mediolanum, sobre «el mañana también existe«.

Porque lo que suceda un día influirá en el siguiente y así sucesivamente, pensando en guardar siempre, hasta la misma catedral milanesa.

Si Piancavallo marca el punto de inflexión, la distancia pondrá su parte, todas las jornadas en 200 o más kilómetros.

La experiencia de etapas cortas y explosivas no va con este Giro de Italia, que pone toda la carne en el asador para la tercera semana.

 

Una semana que arranca con el circuito que podría ser mundialista, el de San Daniele del Friuli antes del mítico lugar de Madonna del Campiglio, ojo que ese día en el menú hay otra subida de esas que destilan leyenda, el monte Bondone donde Charly Gaul desató la tormenta.

Azul como el cielo que espera en la cima, allí donde el oxígeno escasea.

Azul como el torrente que baja nítido hasta el mar

Azul, pero no oscuro, como el agua del deshielo

Es la maglia Azzurra del mejor escalador del Giro de Italia

Donde la maglia azzurra tomará otra dimensión es en dos jornadas por encima de las nubes, dos jornadas separadas, además, por otra de 250 kilómetros, el encefalograma plano de Asti, que será la última llegada para velocistas.

Primero la etapa del parque del Stelvio, con su majestad abriendo el paso hasta Laghi di Cancano.

El Stelvio, su vértigo, sus curvas de época imperial, es al Giro lo que la tuerca a la rueda.

Es un puertaco de 2700 metros que seguramente corone la maglia azzurra o alguien que se le acerque, una subida que un premio para el aficionado, siempre un alto en el camino, que enfila la dureza y la belleza y dibuja los límites del ciclista con trazo grueso,

Como dice el lema de maglia azzurra by Mediolanum aquí el azul es intenso, se ve de cerca, casi se toca, pero sobretodo se sufre…

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Más cuando a las 48 horas se sabe que espera el coloso del Agnello.

Si en el pie del Stelvio, Tom Dumoulin casi pierde un Giro, apeado de su bicicleta por un apretón, como suena, en el Agnello, Chaves y Nibali mermaron, mermaron y mermaron tanto a Kruijswijk que el descenso acabó siendo una trampa entre neveras y muros de nieve.

El Agnello abre el paso del Izoard y Montgenevre antes del final en Sestriere y no más arriba, como se apuntó, por caminos de tierra allí donde acaba el mundo conocido.

Stelvio y Agnello se han adueñado de la escena, todo paso que un grande quiera da en el próximo Giro, caerá en la cuenta de que ambos colosos están ahí, al fondo, esperando.

La tercera semana del Giro de Italia es el ejemplo: la montaña es al Giro la sangre que fluye por sus venas, sangre azul, como el cielo que espera ahí arriba.

En ella está la gloria para siempre.

Imágenes: FB de Giro d´Italia

El tarro de las esencias está en el Giro de Italia

Richard Carapaz Giro de Italia joanSeguidor

Este Giro de Italia está lleno de recuerdos, buenos recuerdos… y tanta dureza como equilibrio

Cada grande construye su imagen, forma su marca y la del Giro de Italia, no es la primera vez que lo decimos, creo que es la más acertada.

Sin entrar en comparaciones con las otras dos, el Giro de Italia consigue una cosa que no es sencilla en este ciclismo que cambia al ritmo que esa hornada de jóvenes y las nuevas aficiones impone, y no es otra que conjugar tradición, grandes mitos y leyendas, ahora que se acerca la noche de muertos, con esas servidumbres que el ciclismo actual también solicita.

Y en esas que el Giro de Itala incorpora Hungría a su porfolio de países, añadiéndolo a Dinamarca, Israel, Holanda, Irlanda del Norte…

La mancha rosa crece por Europa, sondea nuevos horizontes, ¿se atreverá algún día fuera de Europa?

 

Pero mientras eso se decide, pisamos sobre un recorrido que rara vez decepciona.

Es un recorrido de abajo arriba, con su dosis siciliana, la isla luce espectacular en mayo,

Es un Giro adriático para trepar hasta el meollo, el gran norte, las etapas vénetas y piamontesas, especialmente.

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Un Giro sobre el que planea la sombra de Marco Pantani, un corredor que sólo ganó una edición, pero que irradia esa magia que un día se marchitó en Madonna del Campiglio.

Ese día cambió todo, se derrumbó el mito y empezó el ocaso, pero el Giro rendirá visita, como a Pinacavallo, donde ganó el romagnonlo, y plantea una etapa íntegra en Cesenatico, la ciudad que le vio nacer, con la inclusión de las montañas que descubrieron el primer Marco Pantani.

Es curiosa esa relación amor-odio del Giro de Italia con Pantani, que salió con los pies por delante del mismo, cuando tenía la carrera a su merced, causando un agujero de proporciones colosales.

Pero aún, y así, veinte años después y mil crónicas publicadas sobre aquellos días, Italia ama a Marco.

No lo entendemos, pero así es.

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El recorrido es una trampa de montaña, desde el primer minuto que se pisa terreno italiano, porque las jornadas húngaras se prevén como criteriums en línea, con un recuerdo a aquel Mundial del 94 que ganara Luc Leblanc, por los templos sicilianos, qué grandísima carrera aquella tórrida tarde de agosto.

El Etna en la primera semana es otro clásico de «manual Giro», como alguna dificultad que se alterna en ese tipo de etapas que seguro tendrán a Ewan, Viviani, Gavira y Sagan, sí Peter, en la puja.

La entrada del tres veces campeón del mundo es sin duda la gran noticia a nivel participación, no sé si sacrificando la temprana primavera o las Árdenas.

Así las cosas el Giro 2020 será coherente con el compromiso con el equilibrio con esa crono de más de treinta kilómetros, que no es aquella de más de sesenta en la que Menchov diera una estocada, pero que ya es algo.

Ésta sumada a los dieciséis de Milán, al cobijo de la catedral con más agujas del mundo, conforman un bonito panel de crono, que podría ser más, seguro, pero que es mucho, teniendo en cuenta lo que se cuece en el Tour, especialmente, porque la Vuelta al menos mantiene la sana costumbre de un test en solitario para alargar diferencias.

 

Entendemos que lo de Miguel Indurain y sus tiempos, con más de cien kilómetros contra el reloj, es impensable, el destrozo que provocarían bestias como Roglic en esa longitud no se enjuaga con toda la montaña del mundo, pero en el medio está la virtud, y para los puristas en la montaña que resulta del gran fondo.

Porque la semana final del Giro es de traca, de piernas caídas, no, muertas, de no dejar un gramo en el cuerpo, ni buen pensamiento en el celebro.

Hay etapas y etapas pero la de Sestriere, ese día, doscientos kilómetros, el Agnelo dejando ridículo el Izoard en el gráfico… tras todo lo subido, Stelvio entre otras cosas, a puertas de una crono final.

Es un canto a la épica y el ciclismo de toda la vida, el de fondo y agonía, un colofón acorde a esta gran carrera.

 

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Un servidor no es especialmente contrario a kilometrajes de juveniles, como fórmula de innovación, pero ello no implica que limpiar de gran fondo una vuelta de tres semanas, cuando el fondo, la gestión de la fatiga y la acumulación de esfuerzos son la clave de estas carreras.

Este Giro de Itala gusta, y es más bello cuando hurgas en su entraña y ves lo que significa, el calambre rosa que recorre la bota.

Mayo volverá a ser mes de ciclismo, gentileza del Giro de Italia.

¿Qué es el «Landismo»?

Mikel Landa JoanSeguidor

Si una palabra crece en la familia ciclista, ésa es «Landismo»

«Landismo», palabra curiosa y muy celebrada en el mundo ciclístico.

Se utiliza hasta en tertulias televisivas posteriores a la etapa del Giro.

Dícese de esa corriente que sigue y explica todo lo que rodea a Mikel Landa.

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El «Landismo» vive momentos dulces, el corredor ha vuelto a primera línea en una grande y sencillamente va a más.

En el Mortirolo, dentro del umbral, le vimos bien.

Hace un par de años, cuando Landa casi conquista el podio del Tour, Unai Yus nos escribió esto

Recuerdo a Mikel Landa como lo veo ahora, un tío con una clase descomunal, no como el corredor más autodisciplinado, no era un chico al que le encantara entrenar, pero tenía un don. Un don, una chispa que a día de hoy ha pulido con trabajo.

Mikel Landa es lo que era, un tío al que no le importaba sacrificarse por sus compañeros pero, ojo, tirado para adelante como pocos y que le gustaba ser líder cuando se sentía bien. Un tío con carácter, un líder en el grupo con sus chistes, sus gracias, un crío que no se callaba ni debajo del agua, que a veces se pasaba de la raya, que resultaba irrespetuoso, pero que generalmente lo hacía con un sentido, con un fin. Un tío, que podrá equivocarse o no, pero que no da puntada sin hilo.

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Podemos suscribir cada coma, cada acento, cada matiz de estos dos párrafos.

El «Landismo» es una actitud, una forma de mirar con arrogancia el futuro desde la seguridad y la autoestima

El problema es que la fórmula no siempre funciona, aunque se crea que es infalible.
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Mikel Landa puede trabajar para terceros, lo hizo, porque no había otra, con Chris Froome, a veces con Fabio Aru y cuando es imprescindible con Richard Carapaz…

Pues eso, que con Richard Carapaz trabaja, porque es la norma, y la misma habla de respeto a la maglia rosa. Punto.

Trabaja, pero no como quieren vender algunos, trabaja mirando de reojo y esperando el relevo del propio líder.

En el aguacero del Mortirolo, cuando Antonio Pedrero, excepcional como Jaime Carreterro, se abrió, Mikel Landa tiró, pero no mucho, llevó al líder, pero no del todo, y cuando pudo dejó pasar a Carapaz, com recordando quien llevaba los galones de inicio.

 

El «Landismo» tiene cierto punto trágico, de denuncia casi social

#FreeLanda fue un punto que el propio ciclista se sacó creo que en una cena en la que había que ir disfrazado en sus últimos días del Team Sky.

Un hashtag que sostenía vestido con las rayas de un preso.

Ese victimismo que vemos en tantas cosas en la vida, el «Landismo» lo ha hecho propio.

Y así vemos que este corredor que nació para ganarlo todo, que vuela cuando está en racha, siempre tiene uno por encima.

 

En su día Fabio Aru, cuando ese Giro en el que sinceramente si Landa hubiera estado desprovisto de servidumbres creo que hubiera arrinconado a Contador.

Luego Chris Froome: aquí la polémica acaba rápido, el Team Sky le fichó por y para eso.

Hace poco, Richard Carapaz, ese ecuatoriano que voló en el Giro tomándole la delantera.

SQR – GORE

La tragedia para Mikel Landa reside en eso, que en sus mejores momentos le ha tocado trabajar para otro o compartir galones, y esa historia de desamor con el azar de la vida se traslada al discurso más extendido.

Y en los mensajes hay siempre ese poso de amargura, esa rebeldía ante el capricho de la vida y el destino juguetón.

Gobik, la colección… 

Cambrils Square Agosto

 

Eso es el «Landismo», una forma de ver el ciclismo como el medio para vivir y no con el fin de ganar

No significa que no haya ambición, pero pretende dejar huella, como sea, con esa clase sobre la bicicleta o con una palabra más alta que otra que te hace prisionero de lo que dices.

Y ahora llega este Giro, donde Mikel Landa tiene un valor estratégico que quizá no quisiera de inicio, pero que viendo cómo empezó ya habría firmado hace una semana.

Es la «navaja suiza» del Movistar, y seguidores de todo pelaje proliferan por la red, al punto que el «Landismo» vive el momento más dulce de su joven historia.