GP Miguel Indurain: Alejandro Valverde, mejor en casa

Alejandro Valverde- La Vuelta JoanSeguidor

El Movistar tampoco descuida ganar en sus santuarios

Qué bonito el Gran Premio Miguel Indurain, en su nueva acepción y retocado final. Alejandro Valverde lo ha certificado.

Un triunfo de esos que parecía cantado. La obligación moral del Movistar era obvia.

El equipo este año celeste, cuya suerte se dirige desde Distrito Cero en Madrid, pero de espíritu navarro, sabía de antemano que debía ganar en Estella.

Y para ello no han escatimado, Alejandro Valverde ha sido el  dardo en la diana.

Jugar a pleno.

Marc Soler, Andrey Amador, Carlos Betacur y el capo Valverde en el empeño. Un trabajo de copo, ciclista en cada corte, todo controlado.

Y Alejandro Valverde, este Alejandro Valverde no espera al final, no quiere, y quizá pusiera hacerlo.

Alejandro Valverde no necesita esperar al sprint

Si se ve bien, para qué esperar. Carlos Verona fue el último reducto de la resistencia rival.

A partir de ahí, Valverde solo hasta meta y recibir el premio del exciclista cuyo nombre da título al gran premio, Miguelón nada menos.

Alejandro Valverde no estará en Flandes, porque eran muchos los motivos que le empujaban a volver a casa.

El homenaje a un genio como José Miguel Echávarri, la carrera del hogar y quizá la certeza de que, tras la hostia el año pasado en el Tour, no conviene estirar mucho la suerte.

Carlos Verona o el crecimiento que no para

De la jornada por eso nos quedamos con Carlos Verona y el progreso que demuestra.

A pesar de haber parecido siempre adulto, de esa labia, de esa pose y de los muchos años que lleva de pro, con ese salto directo desde juveniles, Carlos Verona tiene todavía 26 años, los 27 este mismo año.

Nos quedamos con él porque ésta es su carrera. El año pasado de comodín para Simon Yates y ahora como punta de lanza de un Mitchelton que siempre brilla en esta carrera, con Power y Haig con él.

Verona encajó y redujo a Valverde en la primera andanada.

Se cosió a su rueda, le relevó pero el segundo ataque fue mucho.

Valverde parecía llevado por una moto remolcándole.

Que Verona aguante a este Alejandro Valverde debe servirle, y de mucho.

Sus opciones pasan por estos terrenos en los que los Yates o Chaves no están. En la Itzulia podrá lucirse en este sentido.

Crece poco a poco este madrileño que surgió en plena crisis del ciclismo español -recuerdo cuando fue el único sub 23 en un mundial-.

Crece con tanta calma que se nos hace hasta largo, pero crece, que es lo que interesa.

Un buen corredor, gran planta, excelente equipo y centrado, un ciclista que lamentamos que no tenga el mismo encaje a las críticas en las redes sobre esos vídeos que se graban sobre la bici.

Será su trabajo, no lo dudamos, pero desde fuera, y tal como están las cosas, protagonizar ciertas acciones, nos parece caminar en el alambre. Él sabrá.

Imagen tomada de @Estebanpegna 

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Orica, ese equipo

Hay una regla no escrita sobre Simon Yates, cuando arranca ya puedes espabilar, porque no lo ves. En la hermosa ruta hacia Estella, pueblo jacobeo de primerísimo orden, el inglés volvió a evidenciar ese olfato, esa forma de hacer que yo creo que un poco de todo: instinto en carrera, leer el momento perfecto, saber contra quién corres, si están los Movistar mirarán a que otros hagan el trabajo, y tu propio equipo, el Orica, que en esto de desnudar carencias rivales con la pizarra son maestros.

Iban escapados tres Movistar -Izagirre, Soler y Rubén- más dos Sky -Henao y Kiryienka- y otros tres Orica -Verona y el mentado Yates. A poco de coronar el último puerto, cuya cima sacaba el descenso hasta la base de Puy, Yates ataca, Verona controla y se acabó la carrera. Miradas, nervios, parón… y otra pieza a la saca de Orica.

Hay algo en Orica que me apasiona, y es que pueden cambiar de peones, de nombre y bazas, que el resultado rara vez les es desfavorable. Incluso cuando avezados comentaristas hacen mofa de sus movimientos, como en el Aubisque en la Vuelta o la etapa que ganó Matthews en el último Tour, los australianos siguen a la suya y se llevan el gato al agua.

Orica tiene un buen equipo, pero no el mejor, sobre el papel, pero cada año nos dejan unas perlitas de las que queda en la memoria como esas lecciones de equipo y pizarra que sobrevuelan sobre las tecnologías y la carencia total de autocrítica. Movistar con tres ciclistas en el corte bueno no ha dado, una vez más, el tono. No es la primera vez, no será la última. Si quieren que la Vuelta al País Vasco caiga para Valverde, con ese recorrido más suavizado, ya pueden estar atentos a estos tipejos que viste de azul y son escurridizos.

Simon Yates es un ciclista con agudo no, agudísimo sentido táctico. Cuando ataca es que ve la pieza, quizá como forma de sacar partido a ese ingenio y cadencia que la pista te sabe dar, más cuando has corrido para el Team GB. Yates fue campeón del mundo de puntuación hace cuatro años en Bielorrusia, pero su pequeño bajaje es como esos regalos llenos de delicatessen con sendas etapas en Vuelta y París-Niza. Ahora le añade el Miguel Indurain. Cuando le vimos saltar, era inconfundible, su rostro trinagular, fino, encajado en el casco, leve zarandeo. Lo pensamos, a éste lo ven en meta. Indurain le ha dado el premio a crío que no había nacido cuando ganaba su segundo Tour. Yates es de agosto del 92, cuando los JJOO de Barcelona.

Orica ese equipo, ese bloque que da sentido al trabajo colectivo hasta las ultimas consecuencias, un cuadro que por cierto nos tiene en vilo ¿dónde está Esteban Chaves? no se le ve hace tiempo, queda aún para el Tour, pero ello no le impidió estar delante en el Down Under. Ya sabéis sin Chavito, la sonrisa no surge igual en ese equipo que vino de las antípodas para sacar punta a todo lo que se le puede sacar punta.

Imagen tomada del FB de Orica-Scott

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En breve DT Swiss nos pasará dónde puedes probar estas maravillas…

Los tesoros de Jon Izagirre

Qué bonita es Estella, Lizarra para los del lugar. Lugar patrocinado por San Andrés, sitio de excelentes iglesias románicas, algunas con entradas memorables, como la escalinata hacia San Pedro de la Rúa, un lugar que dicen frecuentó el famoso ladrón Eric el belga, una iglesia de medio claustro porque cuando la Católica mandó derribar el campanario, se llevó por delante media arcada románica.

Un sitio de tesoros, un tesoro, otro, en el pequeño pero valioso cofre de Jon Izagirre, un corredor de esos que coleccionan lo que le dejan, pero que cuando le dan cuerda, no falla. Mirad su bagaje, Tour de Polonia, una carrera que no es tan sencilla como parece, la etapa en el Giro de Italia, el último gran triunfo del Euskaltel, podio en la Vuelta al País Vasco que compitió ayudando a Nairo,…. esto es la segunda línea del Movistar, capaz de liderar cualquier otro equipo.

Ahora le cae Estella, una carrera que por suerte hemos visto este año, yo al menos por primera vez. Puede estar orgulloso Miguel Indurain del tinglado montado en su nombre. El campeonísimo supo los problemas que tuvo la organización para que esto siguiera adelante y ahora ver esto, una carrera competida, bonita y excelentemente cubierta, desde el helicoptero y la moto, nos sabe a gloria.

Y volviendo a Izaguirre, victoria redonda, labrada desde la colaboración de Giovanni Visconti, al final, pero que se cerró con una superioridad manifiesta sobre un rival nada cómodo, como Sergio Henao, quien ni siquiera le pudo tomar la aspiración en la subida final.

Ojo con Izagirre, se le da poca cuerda, porque en su equipo los galones están muy claro, pero cuando la tiene estamos ante un ciclista que hace honor a la estirpe a la que pertenece.

Imagen tomada de www.eitb.eus

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Prueba hoteles pensados para ciclistas… 

El gran premio de Miguelón

No le gustaba que le llamaran Miguelón. Iba con su ser sencillo y adusto. Escudriñado por las miradas de medio mundo, no dejaba indiferente a nadie. Miguel Indurain consiguió la unanimidad que otros lograron al revés. Todo el mundo le quiso.

Recuerdo sus accesos al podio del Tour de Francia. En el ensordecedor ambiente internacional de la más grande, accedía al lugar de los elegidos a recoger un día y otro ese premio en forma de prenda amarilla de manga larga porque su ínfimo corpachón no soltaba sudor ni con el calor más pegajoso. Se arrimaba a las autoridades, nunca daba la espalda a nadie, nunca de forma consciente, ni mucho menos ofensiva. Su ser era ubicuo. Acababa de firmar alguna página memorable, Luxemburgo, Lieja, La Pagne,… qué más da. Se dejaba abordar con la mejor de las sencilleces.

Crecimos con el ejemplo de Miguel Indurain. Con su perfil bajo pero noble y consistente. Navarro pero de sobriedad castellana y educación suiza. Luego lo que nos vino nos pareció hasta vulgar: Lance y sus desplantes, miren qué caros le han costado. Ganador de cinco Tour, sí. Alguien cuestiona si pudo hacerlo inmaculadamente pero nada más. Con el americano han ido a saco, al de Villaba le respetan –crucemos los dedos- de momento. Crió afinidad y eso le valió el respeto y consenso que hoy ningún campeón se atreven a soñar.

La semana grande del ciclismo vasco se abre en el Camino, en Estella, en el Gran Premio Miguel Indurain. Den plácet a estos siete días de competición del más alto nivel (Gran Premio Miguel Indurain, Vuelta al País Vasco y Clásica de Primavera) que además incluye el Memorial Valenciaga, esa carrera que quien la ganaba tenía segura su presencia en el profesionalismo hasta Eduard Prades, quien al menos encontró acomodo en Portugal como pista hacia lo que sin duda se merece.

Nosotros esperamos a Miguel en el alto del Puy laureando quien mejor homenaje le haga en la carretera.