Hammer Series: ¿Por qué se cancelan?

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El conflicto UCI-equipos se lleva x delante las Hammer Series

En la suerte de las Hammer Series creo que estaba parte de la necesaria renovación del ciclismo de carretera.

No sabemos si las mentadas carreras eran la clave sobre la que asentar esa renovación, pero está claro que algo tenían que contribuir:

Hace tiempo que pedimos innovación, I+D en ciclismo, algo nuevo, algo que llevarse a la boca que no sea lo de siempre, que a algunos ya nos va bien, y han llegado las Hammer Series, un invento que sin entrar en particularidades ni detalle de su gestación, más que nada porque los desconocemos, nos ha gustado.

Y nos gusta porque es en definitiva adaptar a un terreno de juego, más o menos amplio, un deporte cuya gran definición, el campo sin puertas, es a veces su principal hándicap, pues no es sencillo seguir una carrera ciclista in situ, salvo que te ubiques en el último puerto de una grande o vayas directamente en el coche de organización, ni siquiera equipo, porque a veces algunos ni ven a los ciclistas.

Eso lo escribimos el día que supimos de las Hammer Series, hoy las cosas las vemos ya sobre el terreno, y creo que el evento tiene su qué, aunque como leemos no sigue adelante.

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No habrá Hammer Series en 2020, y Velon, la agrupación que da cobijo a varios equipos, acusa directamente a la UCI.

En los tres vértices que forman el ciclismo (organizadores, equipos y ciclistas) nunca parece haber ni equilibrio ni consenso y ello perjudica al deporte en general.

Al parecer, dice Velon, las Hammer Series 2020 no tendrán lugar por que la UCI les imponía una competición femenina con los mismos premios, formato y cobertura mediática mientras contraprogramaba con otras carreras en el mismo fin de semana.

Eso es cuadrar el círculo.

Una vez más emerge el problema de los equipos, su rentabilidad y sostenibilidad.

Oleg Tinkov lo advirtió hace un tiempo, y en esto, tenía razón.

Vemos que la realidad camina diferente a lo que la gran UCI tiene a bien.

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Si el otro día nos quejamos de la invisibilidad de la gran federación en la coordinación del coronavirus, ahora esto para redondear una triste fotografía: la del ciclismo perdiendo eventos por el camino, por tanto músculo y por ende cercanía con el público.

La Hammer Series, dice Velon, programada para Limburgo, Países Bajos, en junio iba a ser el evento de ciclismo de carretera joven más grande de un país que vive sobre la bicicleta.

Ese proyecto queda en el cajón, como si el ciclismo pudiera permitirse estos lujos,

Posiblemente las Hammer Series fueran mejorables, pero era un inicio, un inicio que ahora se ha interrumpido.

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Qué curioso es Carlos Betancur

Esta mañana he podido leer la entrevista con uno de los fichajes más singulares, y mira que tienen unos cuantos, del Team Movistar. El foco estaba sobre Carlos Betancur, cuando se cumple una semana de su sonora exhibición en las subidas de las Hammer Series, una exhibición que vino además aliñada por la presencia de Tom Dumolin, aún con el viento a favor del Giro.

Las declaraciones de Betancur son un poema, y más en pleno siglo XXI. Viene a admitir que nunca pensó que el peso podría ser tan importante en el rendimiento de un ciclista. La sola aseveración de esto, por parte de un profesional del ciclismo, ensancha las órbitas de cualquier aficionado y medio entendido.

Que el peso es capital lo podemos ver en cualquier cena de un equipo ciclista en un hotel en una carrera cualquiera, después de una jornada cualquiera. Ver esas personas, que se apagan con el paso de los días, pierden el ánimo por los kilómetros, el sol y la lluvia, y se quedan en alambres andantes, es la mejor foto para entender esa realidad.

Dice Betancur que Alejandro Valverde es su referente, pues el murciano está fino fino, al punto que a veces da pena. Como lo recoje Escámez en la meta de Eibar o en la cima de Huy y lo aúpa como los entrenadores lo hacen con sus gimnastas en las paralelas, es un vivo testimonio de lo que decimos, y nos asombran aún más las palabras del colombiano.

Dice Betancur que le dicen que sus números impresionan, se agarra al argumento científico, a la ciencia pura y dura, sin tener claro que esa tez afilada que lucía en la entrevista de las Hammer Series era la clave de su grandísimo rendimiento: a más vatios y menos peso, eso implica que cada vatio arrastra menos lastre y por ende se avanza más.

Sabemos que el ciclista, en una amplia mayoría de casos, no es un derroche de intelectualidad, pero este paisaje la verdad es que tiene tela, no sé si alguien puede o no asesorarles cuando hablan o a quien les escucha debería hurgar en ese pensamiento, pero es terrible que un llamado pro se sorprenda de esto ahora.

Por cierto, que parece que no correrá el Tour. La selección de un nueve como el Movistar para la mejor carrera no es tarea sencilla, Unzue necesita nueve miuras “finos” y motivadísimos, en una carrera que te funde por dentro y por fuera. Betancur está muy fuerte, pero el respeto a quienes han llevado el plan trazado desde un principio tienen prioridad. Faltaría más.

Imagen tomada de Hammer Series

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El martillo es Betancur

Curioso ciclista este Carlos Betancur y por curioso me refiero a incalificable, porque hablamos sin dudarlo de uno de los talentos más abrumadores del panorama que por lo que sea, aunque nos lo podemos imaginar, no explota.

Carlos Betancur ha hecho historia este viernes ganado el ciclo de subidas de las Hammer Series que han empezado en Holanda. El tiempo dirá si es historia duradera o no, porque cabe ver si la competición acaba siendo lo que sus promotores auguran: un nuevo formato con más ediciones que dé la medida de un nuevo ciclismo, casi de salón, con puntuaciones y clasificaciones novedosas.

Pero volviendo a Betancur, nos dejó impresionados en la primera de las Hammer, el colombiano no era un competidor más, era un martillo a la moral de los rivales, y entre ellos Tom Dumolin, supongo que resacoso de las celebraciones. La facilidad con la que Betancur acumulaba puntos, vuelta tras vuelta para acabar ganando nos remite a ese corredor que hace cuatro años andaba sobrado entre primavera y Giro.

Betancur se descubrió entonces como uno de los nombres marcados en rojo en la agenda colombiana, pero su caída fue sonada. Tras la París-Niza que ganó, esa que no tuvo cronos, no volvió a ser el ciclista omnipresente, que podía brillar en tres semanas, ganar a cabezazos en País Vasco y abrir gas en la Flecha Valona.

Descolgado del imaginario, el Team Movistar se trajo, en uno de esos movimientos que tanto sorprenden en “chez Unzue”, al sudamericano que no era precisamente una sílfide cuando le llevaron a debutar a la Milán-San Remo. Sea como fuere, hay corredores que no deben, o no necesitan, lucir finos para brillar, por eso Betancur debió andar como un tiro en esa Lieja que corría helada.

Ganó etapas en Asturias y Castilla y León, cosa que corriendo en Movistar, no reviste gran mérito, pues los azules tienen monopolio a este lado de los Pirineos. Es decir podemos decir que si los otros ganan, es porque Movistar pierde.

El año corriente para Betancur es curioso por lo poquísimo que ha corrido: el trítptico de las Ardenas, San Remo, donde ya es un fijo, más Romandía. No sé si por lo descansado que debe estar o porque le habrán incitado a ponerse las pilas, lo cierto es que en la apertura de las Hammer estaba que daba gusto, y no sólo eso, en la entrevista posterior, se le veía afilado como un lápiz.

Desconozco si Betancur cuenta para el nueve de Movistar en el Tour. No sé si su mejor versión daría para más ambiciones individuales que ganar una etapa, pero que bien llevado puede serle muy útil a Nairo y Valverde. Betancur no estuvo en ninguna grande el año pasado y ahora se le ve en su mejor momento, que lo plasme dependerá de lo que haga él, demuestre y le confíen. Si este año, que ya es el segundo, el colombiano no asoma por Tour y Vuelta, no sabría entender qué motivó su fichaje.

La dura vida de la innovación ciclística

Hace tiempo que pedimos innovación, I+D en ciclismo, algo nuevo, algo que llevarse a la boca que no sea lo de siempre, que a algunos ya nos va bien, y han llegado las Hammer Series, un invento que sin entrar en particularidades ni detalle de su gestación, más que nada porque los desconocemos, nos ha gustado.

Y nos gusta porque es en definitiva adaptar a un terreno de juego, más o menos amplio, un deporte cuya gran definición, el campo sin puertas, es a veces su principal hándicap, pues no es sencillo seguir una carrera ciclista in situ, salvo que te ubiques en el último puerto de una grande o vayas directamente en el coche de organización, ni siquiera equipo, porque a veces algunos ni ven a los ciclistas.

En este caldo de cultivo, poner equipos más reducidos con estrategias muy diferentes a las de la temporada regular, porque el desarrollo no tiene nada que ver, y situarles en el brete de tener que pensar, echar mano de la calculadora, es atractivo de inicio , y me gustaría que si no este formato, se piensen otros o se evolucione lo ya iniciado.

Porque el ciclismo de carretera es terreno bastante complejo para romper esquemas. De las innovaciones más notables que recuerdo estos años podemos encontrar la incursión del sterrato, tanto en la Strade como en alguna parte del Giro, las grandes pendientes, al punto que si el primero va a ritmo de ir caminando, a saber cómo suben los de atrás, y algún reglamento un poco lioso, como aquel de la Vuelta a Polonia que descolgaba bonus en forma de tiempo por el recorrido y no permitía el respiro.

Vemos que en BTT se ha introducido el eliminator, también algunas cronos, que en ciclocross se ha probado la carrera de relevos y que en pista, se impuso la vuelta más larga –The longest lap-, pero que en carretera cuesta. Se hacen en ese sentido una serie de critériums previos a las carreras del WT en Canadá, creo que en Quebec, que sirven para gozo y disfrute del respetable, mientras calienta motores paras las pruebas mayores, que por cierto son de lo mejorcito del año,…

Pero fuera de ahí, poco o nada. Veremos qué suerte corren estas Hammer Series, con ese nombre tan anglosajón de campaña otoñal de velódromo, veremos si entran en el calendario UCI, y no se convierten en elemento de presión y veremos si las figuras muestran el compromiso de Tom Dumolin, quien recién ganado el Giro, fue el Limburgo, a la versión “climb” y estuvo en la pomada.

Imagen de Trek-Segrafedo

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