Los consejos del Dr. Hecker a las mujeres ciclistas

Un manual lleno de sandeces para las primeras mujeres ciclistas

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Con el cambio de siglo, la bicicleta seguía siendo casi fruto prohibido para las mujeres.

En 1912 el Dr. Francis Hecker publicó un libro titulado “El ciclismo”.

Detrás de este poco original nombre se escondía todo un manual de intenciones dirigido a la mujer que se atreviera a subirse a una bicicleta.

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Todo un terrorífico compendio de juicios, prejuicios, estereotipos y consejos variados, a cual más disparatado, encaminado a orientar a las mujeres ciclistas del primer cuarto del siglo XX.

Un penoso texto, visto desde la perspectiva de hoy en día, claro está, pero que por aquel entonces, y por desgracia, era una opinión generalizada entre los hombres.

El susodicho doctor Hecker, entre otras perlas, soltaba instrucciones como las que citamos a continuación:

“Al margen de raras excepciones, las mujeres deben rodar a velocidad moderada y no hacer jamás una marcha que exceda la hora de duración sin un descanso de diez minutos. El entrenamiento de la mujer en la bici deberá ser a la vez particularmente cuidado y progresivo”.

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Aviso para nuestras queridas lectoras: este es el principio de una serie de sandeces escritas por el “ínclito” doctor.

Si sois de piel muy sensible, igual es mejor que dejéis la lectura de esta entrada aquí y busquéis otros posts más agradables publicados en este mal anillado cuaderno, porque el cabreo que podéis pillar puede ser monumental.

Aunque, todo hay que decirlo, tenemos que situarnos bien en su contexto histórico porque estamos en los albores del siglo pasado en los que los hombres aconsejaban a las mujeres que si querían montar en bici “para aprovechar las ventajas de la práctica del ciclismo, tenían que tomar ciertas precauciones”.

¿Seguimos, pues?

El doctor Hecker recomendaba la bicicleta, sin duda alguna, a “aquellas mujeres con problemas de varices, porque lejos de ser una contraindicación, paran su progresión” y seguía hablando, desatado, que “en dosis moderadas tiene en las mujeres muchas otras ventajas, como la disminución de la gordura”.

¿Seguimos?

Pues Hecker decía, por ejemplo, que “con ella se combate de una forma particularmente efectiva el legendario estreñimiento de la mujer. Esta acción especial se produce por un verdadero masaje del intestino, comprimido por el cinturón muscular que forman los músculos de la parte delantera del abdomen y el más profundo que constituyen los músculos psoasilíacos”.

Y se quedaba tan ancho.

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Por fortuna, muchas mujeres practicaban ciclismo para mucho más que aliviar su estreñimiento.

Sin embargo, el afán de algunas de ellas por competir al máximo nivel fue tal que no dudaron en hacerse una mastectomía.

Mucha culpa tenía la normativa que prohibía a la mujer llevar maillot o mostrar sus piernas.

Sí, como lo leéis.

De esta manera sus senos no les molestaban cuando pedaleaban. Fue el caso, por ejemplo, de Violette Morris una de las mejores ciclistas francesas en el año 1924 que optó por tan drástica decisión.

Alucinante ¿verdad?

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Otras, como la reconocida Alfonsina Estrada, todo un fenómeno de la naturaleza esta italiana nacida en Bolonia en 1891, dominaba de tal manera y con tanta autoridad las carreras de mujeres que los organizadores le prohibieron finalmente tomar la salida en ellas, y la mandaban a correr con los hombres.

A pesar de todas estas trabas y según escribió en sus páginas un periódico como Le Miroir des Sports: “la demostración está hecha y bien hecha de que la mujer puede hacer esfuerzos eficaces y prolongados, pero era difícil de creer que los pudiera hacer de forma tan brillante”.

Las cualidades del Suunto 9 

Como hemos comentado más de una de vez, hemos avanzado mucho en este sentido, por supuesto, pero esperemos que esta “memoria histórica” retrógrada, machista y heteropatriarcal, no sea reciclada por supuestos miembros neoliberales y firmada de nuevo por individuos muy posicionados a la derecha, a la extrema derecha.

Demasiado.

En nuestras manos está el evitarlo.

Foto: https://elblogdeleternofemenino.wordpress.com

Cuando el ciclismo femenino era sinónimo de morbo

La primera carrera ciclista de mujeres fue todo un evento

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Antes de que alguien se me lance al cuello por este titular, situémonos.

Trasladémonos en el tiempo hasta la segunda mitad del siglo XIX que, en términos ciclistas, es hacerlo a la prehistoria de este deporte.

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Estamos en Francia en el año 1868. Concretamente en Burdeos.

Una época próspera con el auge de la industria, el comercio y el transporte en ferrocarril.

También para la bicicleta o, mejor dicho, para el velocípedo.

Pero no para todo el mundo.

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No para las mujeres.

Esto era así porque había mucha gente que veía con malos ojos que… ¡las mujeres montasen en bicicleta!

Esta era la mentalidad de una sociedad que se suponía era adelantada a su tiempo, floreciente y moderna.

 

 

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Bueno, esto es lo que ellos creían, claro.

Pero el caso es que por aquel entonces se alzaban muchas voces en contra de que las mujeres se subieran a un velocípedo y, por supuesto, mucho peor, si sus intenciones eran participar en carreras sobre la pequeña reina.

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Pero el morbo del gran público por ver a las señoras competir entre ellas superó ampliamente al puritanismo que, finalmente, acudía en masa a contemplarlas.

De esta forma se celebró la primera carrera para mujeres que se recuerda en la historia del ciclismo en la capital del Garona.

Fue un 1 de noviembre de 1868.

El recorrido era muy corto, muy breve, apenas 500 metros de distancia que crearon una expectación inusitada por ver a cuatro pioneras montadas en velocípedos dándose palos por ser la primera en una carrera que fue apenas un suspiro.

Aquella jornada estas cuatro mujeres fueron consideradas auténticas heroínas, ya no tanto por sus “prestaciones” encima de las bicis y sí por el hecho de que sus vestimentas llamaron la atención del personal allí presente, llegando para algunos incluso a ser algo escandaloso.

Pero como siempre el morbo pudo con lo indecoroso y aquellos hombres que abarrotaban la pista, y se arremolinaban entorno a ellas, se sintieron atraídos por los provocativos vestidos que lucían sin complejos aquellas avanzadas a su tiempo.

Ataviadas con disfraces de mosqueteros de fantasía e incluso alguna llevando una falda roja tan sugerente como molesta para el pedaleo, aquella carrera provocó el delirio del público.

La prueba la ganó miss América que se impuso “por una nariz de ventaja” (tal y como definió el desenlace de aquella galopada un cronista local) a la rusa miss Olga, una bella moscovita de 20 años que aquel día atrapó con su mirada a más de un “caballero”.

En tercera y cuarta posición quedaron las francesas Parisiana y Fátima, respectivamente, pero que fueron igual de vitoreadas por el “respetable” allí asistente.

De esta manera nació el ciclismo femenino y al año siguiente fueron cinco las mujeres que se presentaron para participar, volviendo a ganar miss América que, según testimonios de la época, “aquella pequeña mujer rubia de ojos azules ganaba todas las carreras en las que participaba”.

La bicicleta eléctrica acorta las distancias 

Dicen que detrás de este sobrenombre quien realmente se escondía era la señora Turner, la esposa del reconocido fabricante de ciclos inglés que siempre la acompañaba en todas sus carreras.

Podemos considerar que ella fue la “primera reina de la bicicleta”.

Pero primero fue el morbo.

Foto: Primera carrera ciclista de mujeres en Francia, celebrada el 1 de noviembre de 1868 en Burdeos.
Es un clásico que podemos encontrar en cualquier libro sobre los orígenes del ciclismo.
Esta en concreto está sacada del libro de Beeley, S. (1992)
A History of Bicycles. Studio Edtions. London. p. 26

Fuente: www.roquetasciclismo.com