El ancestral amor holandés por la bicicleta

Poned un pie en Amsterdam, en los Países Bajos. Si usamos la vía normal será a través del principal aeropuerto del pequeño pais que ganó terreno al mar, Schiphol. Luego cogeréis un tren dirección estación central y allí accederéis a la vida normal de una ciudad que parece no dormir nunca. Y lo veréis, un parking de varios pisos de altura donde se sitúan encajadas que digo cientos, miles de bicicletas, perfectamente acopladas, situadas y alineadas en grandes hileras. Un espectáculo de civilización. Daréis dos pasos y os pitarán por izquierda y derecha, quizá hasta por arriba y abajo, son bicicletas que van y vienen. Gente de todas las edades, chicas con falda, ejecutivos con traje. Todo armonía. Todo simple.

Apreciaréis riadas, continuos movimientos informes de personas sobre su bici, también que el tráfico es menos denso, como más fluido. Atascos habrá, como en todas las grandes urbes, pero mucho más llevaderos. Coger un bus, llamad a un taxi. Comparadlo con Madrid o Barcelona. Aquello va como más ligero.

Coged un tren e id a La Haya, o Delft, ciudades preciosas, modernas con sus enclaves de siempre, acanaladas en algún caso y sembradas, auténticamente trufadas de bicicletas. Disfrutad de los bajos de las estaciones de tren con bicis que van y vienen, mirad el parking para bicis en Delft. Acercaros a la que dicen ser la más católica de las ciudades de los Países Bajos, id a Utrech, la que vio la salida de Tour de 2015. Es una ciudad por y para ciclistas.

Sincemante las flacas abruman aqui, es terrible, son las reinas del paisaje, de la calzada y casi de las aceras, los coches frenan al verlas pasar, son el auténtico motor del lugar y del país. Una isla en medio de países fuertemente motorizados, porque en sus senos crecieron grandes industrias automovilísticas. Al norte Suecia, donde el respeto al ciclista no es la norma, al oeste Francia, al sur Alemania. Ahora estos países y otros se quieren subir a los beneficios de la la bicicleta, pero estos ya se respiran en los Países Bajos desde hace tiempo ¿por qué? ¿de dónde viene ese arraigo?

Pues le viene de lejos, de tan lejos que hay que irse al 1870. Mientras Alemania sueña en grande con Bismarck, los neerlandeses adoptan la bicicleta como elemento propio y diferenciador, un instrumento que además perdura ante la inexistente industria del coche del país, lo que le confiere autonomía en la planificación de las ciudades. En esas fechas surgen las primeras asociaciones de velocipedistas, que hacen un ímprobo trabajo en la promoción de la bicicleta, esa máquina que entroncaba con la época de los grandes navegantes que yacen en las iglesias de Amsterdam, tiempos de esplendor que se recrean a través del equilibrio, libertad e independencia, valores que transmite la bicicleta, hoy la reina del lugar.

Y si no mirad lo que era Amstedam en los años setenta, una utopía que casi cincuenta años después muchas ciudades europeas sueñan con ser. Ellos ya lo eran entonces, nos llevan mucha ventaja.

Foto tomada de Amsterdam Bikes

Los aciertos de llevar la Vuelta cinco días a Holanda

Mientras la Vuelta 2012 rodaba por su ondulado trazado surgió la opción de que Holanda acogiera la salida de la carrera el año 2015. Luego, con el caso Lance Armstrong emergiendo, las autoridades holandesas dieron un paso atrás sobre la posibilidad de que la Vuelta saliera de sus límites geográficos. Aducían cuestiones de imagen, las mismas que en el sinsentido de Luis León Sánchez y el Team Blanco.

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Sin embargo aparece ahora la noticia de que finalmente Holanda acogerá la salida de la carrera, como ya hiciera en 2009, y lo hará nada menos que con cinco etapas. Según reza una nota de un medio local de la región de Drenthe, la carrera saldrá con una crono por equipos en Emmen y le seguirán cuatro etapas para llegar a un lugar del simbolismo de Breda, un emplazamiento de obvia afinidad entre España y los Países Bajos.

Aunque parezcan muchos, cinco días de carrera por Holanda, lo que implica que la prueba no pise España hasta el primer viernes de competición, me parecen escasos para los que tendrían que disputarse por esas latitudes. Obviamente surgen protestas de gente que no ven bien tantas etapas en Holanda, sin embargo, Unipublic, como empresa meramente privada, es muy libre de realizar el recorrido que le plazca y sobretodo rentabilice su trabajo.

Pero al margen del dinero, quiero pensar que esa excursión en sí les arregla el presupuesto en bloque, hay otra cuestión relacionada con la sensibilidad que en ese país demuestran con este deporte. Cuando la Vuelta salió desde Assen en 2009, la expectación que creció alrededor de la carrera fue excepcional. Tanta gente acudió a la llamada de la carrera, que muchos se preguntaron si una vez la prueba llegara a España el nivel de público sería similar y obviamente no lo fue. La carrera entró por Tarragona y vivió etapas en medio de un desierto de público como aquella que ganó Hesjedal en Velefique, donde el canadiense seguramente tuvo la impresión de ir entrenando con un par de coches a su estela.

Pero además se añade la propia inercia de la carrera y el reparto de las jornadas de descanso. Irse a miles de kilómetros de tu casa para emprender dos o tres etapas a lo sumo implicaría una jornada descanso lo suficientemente temprana como para que la organización recibiese lo que no está en los escritos en relación al cuidado que le dispensa al ciclista. De esta manera, el día de reposo se retrasa, al sexto día. Algo es algo.

En resumen, y a mi juicio, Unipublic hace bien por tres motivos: proyecta la carrera al exterior, gana un buen dinero y lleva ciclismo allí donde se le aprecia y no hace falta buscar morbo y cuestarracas para hacerlo atrayente.