Con Valverde, la Flecha es un spoiler

Cada año que vemos la Flecha Valona acabamos con la misma sensación. Una carrera preciosa por el paisaje, por el paisanaje, por el ruido, por su configuración. Una carrera tremenda, una joya en el porfolio de ASO que cuando compite Alejandro Valverde Belmonte tiene la espada de Damocles sobre su cabeza

Confianza, fuerza y un gran equipo
Miedo no, respeto sí. Tengo una gran condición física y hay que aprovecharla
Esto es naturaleza
Es una carrera que le tengo bien cogida la medida
Me quedo con hoy. Ya se verá en Lieja
El año próximo, si Dios quiere y no pasa nada, volveremos

Este tipo está tocado por la una varita, algo mágico que le hace irrepetible. Tiene el estado físico que a muchos se les niega a su edad y encima lo hace fácil. Valverde ha convertido Huy y su capilla en un paso de la semana santa murciana, cuando Escámez, su incondicional auxiliar hace eso de “al cielo con ella” mientras le da el primer abrazo tras ganar una Flecha, otra más, cinco ya.

Sólo un segundo marca la clasificación entre Alejandro y el resto, Dan Martin y Dylan Teuns a su estela. Ni siquiera el yorugín francés Gaudu pudo pasar de susto efímero, probando la amarga medicina que te da el murciano de azul cuando te pasa cual rodillo en la recta que lleva a la coronilla de Huy. Alaphilippe ya tiene sucesor en la amargura de saberse derrotado.

La antesala al muro fue eso, un entremés, un previo al desenlace que no es un desenlace, es un callejón sin salida, un spoiler si Valverde está en liza. Su equipo controló bien y aunque al final pareció algo solo, sólo fue eso, un efecto óptico, Valverde se bastó, cogió la manija casi desde abajo, y vio rotar los nombres por la punta, personajillos que asomaban la cabeza por vanguardia, personajillos medio ahogados por el veinte por ciento de la rampa para volver a la panza de grupo: Kwiatko, Wellens, Uran, Dan Martin, Rosa,… si Ulissi acercó el morro y sólo consiguió ir en paralelo.

Es terrible. Cuando en el penúltimo paso por Huy veíamos todos juntos y en comunión, pensábamos si es que los rivales directamente abdicaban. Hubo un rayo, un atisbo de romper el guión, el superclase Bob Jungels que hizo efectiva la superioridad del Quick Step en cualquier terreno, pero el luxemburgués probó que en Huy hay que llegar con un mundo para tener algún tipo de opción.

Dice Valverde que Lieja ya se verá, sería la cuarta, no obstante él es de vivir momentos y cinco Flechas es un monumento en sí mismo. Tal día como hoy, hace once años, ganaba la primera, a saber qué contaremos a nuestros nietos cuando dentro de un tiempo nos pregunten si vimos correr a Valverde.

Imagen tomada de @flechewallonne

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Tour de Francia #3, la contracrónica

El que la configuración de la tercera etapa que condujo a los corredores a la cima del Muro de Huy, que se situaba en territorio belga, tuviera un perfil más o menos duro con cuatro ascensiones a salvar, no dejaba de ser un aliciente que nos prometía una jornada emotiva. Hubo una fuga de un cuarteto de poca identidad, protagonizada por el checo Barta, el suizo Elmiger, el belga Pauwels y el francés Nauleau, que fue debidamente neutralizada a su tiempo por el pelotón, cuando restaban por recorrer 60 kilómetros hasta la línea de meta.

Caída dramática

El gran grupo plenamente compacto respiraba hasta aquel momento una tranquilidad casi absoluta. Se circulaba por una carretera relativamente estrecha. De repente, en un abrir y cerrar de ojos, acaeció una aparatosa y desagradable caída que afectó en gran manera, por lo menos, a una docena de corredores.

Entre los más perjudicados estaba el holandés Dumoulin, que figuraba en el tercer puesto en la tabla de la clasificación general, y el australiano Gerrans. Los dos se vieron obligados a abandonar la prueba entre algún otro. El suizo Fabian Cancellara, maltrecho también, siguió en carrera sin poder evitar la pérdida de su cotizada prenda de líder, lo que supuso pisar la meta con un apabullante retraso de casi doce minutos con respecto al vencedor de etapa y posterior confirmación de rotura ósea, la misma que en la pasada primavera.

En realidad para nosotros no ha sido novedad este accidente que ha venido a enturbiar la contextura del Tour, una competición de indudable prestigio internacional. No pocas veces hemos denunciado en estas mismas columnas qué es una temeridad el inscribir a 198 atletas del pedal en una competición en la cual se alcanzan elevados promedios y se afrontan dificultades de toda índole y con carreteras que poseen sus límites. La concurrencia de ciclistas debería ser disminuida de manera drástica bajo una elección debidamente contrastada. De lo contrario el alto riesgo que existe en la disputa de una etapa tras otra, no desaparecerá de nuestro ámbito ciclista.

Un electrizante final

De manera un tanto sucinta hemos de congratularnos ante el triunfo magnífico llevado a cabo por nuestro veterano representante catalán Joaquim Rodríguez (36 años), que estuvo a todas luces muy acertado con su golpe de audacia llevado a cabo a última hora, cosa que celebramos ahora con alegría y admiración. Nuestro hombre pudo resistir el ataque del británico Froome (2º), muy incisivo, al que siguieron el francés Vuillermoz (3º), un ciclista desconocido, el irlandés Martin (4º), el francés Gallopin (5º), el estadounidense Van Garderen (6º) y el italiano Nibali (7º).

Como consecuencia de esta llegada vibrante en la cima del denominado Muro de Huy, que se eleva a una altura de 204 metros, con un kilómetro y medio de cuesta y una acusada pendiente del 9,6%, resultó que este ciclista originario de Nairobi (Etiopía), nacionalizado inglés, llamado Christopher Froome, un serio candidato a la victoria final, se ha colocado automáticamente como líder de la ronda francesa, aunque sea con una ventaja mínima de un segundo de tiempo sobre el germano Tony Martin.

Alberto Contador, nuestra máxima aportación española en la aludida competición internacional, perdió un poco de fuelle subiendo el Muro de Huy. Pesaron dieciocho segundos con respecto al vencedor. Es si se quiere poco tiempo, pero el suficiente para entrar en alguna divagación cara a sus posibilidades futuras.

Aunque la cuesta era de longitud corta -mil quinientos metros- nos asalta alguna duda, la lógica que llevamos todos dentro. El madrileño Contador llegó en decimosegunda posición tras la estela del murciano Alejandro Valverde, que le faltó también un poco de empuje en las últimas pedaleadas. Quisiéramos decir que la etapa se corrió a un promedio de nada menos 46,3 kilómetros a la hora, una cifra que no puede caer en saco roto y que es de largo alcance.

La clasificación empieza a definirse

Naturalmente bien sabemos que el Tour tiene muchos días por delante para acabar de definirse de todas a todas. Resulta que el germano Tony Martin, más conocido por sus actuaciones frente al cronómetro, ha quedado retratado con un segundo lugar en la clasificación general, a un segundo de tiempo de Froome, que es el actualmente el que comanda la carrera. En tercer lugar, figura el estadounidense Tejay Van Garderen, a 13 segundos. A continuación figuran el francés Tony Gallopin (4º), el belga Greg Van Avermaet (5º), el eslovaco Peter Sagan (6º), el colombiano Rigoberto Urán (7º) y el español Alberto Contador (8º), a 36 segundos. Los demás ciclistas que siguen en la relación tienen una desventaja que va del minuto a más.

Por Gerardo Fuster

Fotografía tomada del FB de Katusha

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El puzle incompleto del Tour de Francia

Miremos el Tour desde la óptica de Purito. Sí, hablo del Tour recién presentado, aunque ampliamente filtrado días antes. Miremos, como digo, el mapa y los perfiles desde la persona de Purito y comprobaremos que el catalán ve plasmada la carrera de sus sueños en el Tour, en efecto, el Tour, ni en el Giro, ni en la Vuelta, en el Tour de Francia nada menos. Hablamos de esa carrera que conoció ya fuera de las huestes de Unzúe, en cuya edición de 2010 ganó una etapa frente a Contador en Mende. Hablamos también de esa carrera cuyo podio pisó en 2013 tras arrancar mal, sortear los Pirineos discretamente y verse el más fuerte de la prueba, junto a Nairo Quintana, en los Alpes. Hablamos de esa carrera que abordó a contrapié hace tres meses y medio quedándose a las puertas de todo: de la montaña, de una etapa,…

Obviamente Purito no habrá influido en el trazado de este próximo Tour, pero desde luego le han hecho un traje a medida, donde sólo tendrá una piedra en el zapato, la jornada de pavé, porque el resto, hasta la crono inicial, le favorece. De aquí a julio queda mucho, la eternidad, pero ahora mismo la agenda inicial y normal del líder del Katusha queda marcada por la crono de 60 kilómetros en el Giro para que el Tour le parezca más apetecible.

Porque la carrera que se ha presentado en París rompe los moldes hasta el límite más insospechado. Nadie, en su sano juicio, habría apostado sus euros a este trazado, raro y desequilibrado, que omite la crono pero también grandísimas áreas del hexágono y premia a los escaladores y cazadores de sueños. No sabemos si enajenados por el éxito galo en la última edición, si por un efluvio de inconsciencia, heredado de las últimas ediciones de Giro y Vuelta, lo cierto es que el Tour que se pone sobre la mesa es el más atípico desde las últimas generaciones, sólo apuntar nunca tan pocos kilómetros contrarreloj desde hace 70 años.

La carrera partirá de a bella ciudad neerlandesa de Utrecht, en cuyas católicas calles, las más de todos los Países Bajos, se fraguó, curiosamente, un tratado cuyas consecuencias aún nos estamos bebiendo estos días. Miren la crono de Utrecht, saboréenla porque será el único esfuerzo individual que vean en toda la carrera. Luego de la insumisa Holanda, pasaremos a la católica Bélgica, por su lado valón y la llegada a Huy, el supermuro de la Flecha Valona que esta vez entra en el Tour. Al día siguiente, el acceso a Francia se hace hacia Cambrai, el lugar de la liga medieval que arrinconó la república veneciana. A este lugar arrasado por la Primera Guerra Mundial se llegará tras varios trozos de adoquín. Gustó el espectáculo de esta edición y se ha decidido amortizar algún favorito en repetirlo. Dice Riis que ojala no llueva. Si lo hace desde luego podremos divertirnos.

El primer ciclo de la carrera muere en la Bretaña, primero con una llegada a su muro, el lugar donde Cadel Evans demostró cómo esprintar a Alberto Contador, y al día siguiente una inédita crono por equipos que acaba en el alto de Plumelec, ese lugar donde Alejandro Valverde machacó hace siete años. Tras un largo traslado hasta Pau, similar a aquel de 1991 que tuvo la extraña anécdota de Urs Zimmerman yendo en coche y no en avión –un día la contaremos-, nos metemos en Pirineos con un tridente: la Pierre de Saint Martin, en los límites navarros, Caureterets, tras Aspin y Tourmalet, y Plateau de Beille, en un aluvión de nombres y leyendas que nos invaden. Desde Miguel Indurain a Marco Pantani y Lance Armstrong.

El paso hacia los Alpes se hace por la cima Jalabert, otrora llamada Mende, y un sinuoso Macizo Central, algo marginado en las últimas ediciones. El panteón deportivo de Eddy Merckx, Pra-Loup, abrirá la puerta unos Alpes que vienen fuertes, como en los viejos tiempos, primero con llegada a Sant –Jean de Maurienne, con Glandon a cuarenta de meta, luego a Toussuire y finalmente Alpe d´Huez, con Télégraphe y Galibier antes, en un trazado gemelo a la etapa de la inmolación de Contador hace tres años.

Ahí lo tienen. El Tour 2015, una carrera cuyas líneas maestras siguen el camino de Giro y Vuelta, al tiempo que la primera vuelve a incorporar cronos largas y esas cosas. Por de pronto Chris Froome ha soltado que ve con buenos ojos competir en Italia pues en el Tour que ganó el año pasado no le dan chance. Nibali defenderá corona en un trazado interesante para él, pero quienes deben estar salivando deben ser Contador y Nairo, tanto monta, a ambos les han venido los Reyes con meses de antelación.

Imagen tomada de catenacycling.com 

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