Aún no sabemos qué pasó en el Euskaltel

Euskaltel Euskadi JoanSeguidor

Esta mañana he leído que Igor González de Galdeano añoraba los tiempos que un equipo naranja trepaba por el pelotón. Hablaba de ese color, de las ikurriñas por medio mundo, de la gente buena que quedó en el camino y de la presencia de profesionales surgidos del entorno de Euskaltel que ahora están corriendo al máximo nivel, cuando no liderando grandes equipos en las mejores pruebas.

Sólo cabe verlo, ver a Ion Izagirre en el Bahrain y a su hermano Gorka en Movistar, a Mikel Landa haciéndose un hueco en el competidísimo Sky, donde brilla, y mucho, el otro Mikel, Nieve, a Samu siendo valorado en el BMC, a Igor Antón quemando días en Dimension Data,…

La calidad de aquel conjunto y lo que significó, la marea naranja, siguen resonando hoy en muchas mentes y sobre todo en corazones. Igor retomó hoy esa nostalgia y lamentó que todo se devaneciera y hace un ejercicio de realidad, admitiendo que volver a aquello será muy difícil y cada vez más mientras los días pasen penosamente desde aquel otoño de 2013 cuando todo se quedó en el camino.

La carta de Igor vuelve sobre lo que muchas veces hemos pensado, en el tema del Euskaltel hubo, dicen todos los protagonistas, una mano negra, una especie de “aire” o algo místico que se lo llevó todo por delante. Madariaga se enciende hablando del tema, él que lo sacó de cero, sólo dice que le quitaron un hijo y se lo devolvieron muerto. Dice que no hubo derecho, que es una puñada, habla constantemente de los “hijosputa”,… habla, habla y habla, pero nunca le escuché autocrítica.

Igor es más sutil, emplea la frialdad que le elevó en su periplo ciclista, es distante y esconde las cartas. Sí que es cierto que admite errores, o quizá dar cosas por hecho, pero empredió un camino que desarriagó el equipo y lo consumió en un año. Hablar ahora es sencillo, muy sencillo, pero entonces se veía claro y meridiano y el final sería el que el propio protagonista describe.

Y luego está Jon Odriozola, que quiere que lo que fue naranja sea verde matizado en el futuro. No es nada sencillo, las cosas están como están, su equipo es semillero de buenos ciclistas, pero el panorama que nos describió Guillem Cassú hace unas semanas, la del sub23 desmotivado por lo complicadísimo que es sacar la cabeza, se ha calcado, supongo que con sus peculiaridades en el caso de Imanol Estévez que ha colgado los hábitos siendo uno de los más prometedores ciclistas del panorama.

Como siempre decimos, y me repite un amigo calvo como yo, nada es lo que parece y no nos enteramos de la misa a la media. Los protagonistas de esta historia hablan de manos negras, de palos en las ruedas, de mil cosas, pero no concretan, esto es como el sexo de los ángeles o los billetes de 500 euros, algo de lo que todos hablan, pero nadie palpa.

Y esto pasa en Euskadi, el vergel, la cuna, la cantera donde se endurecen los talentos y dan el salto, si lo han de dar, pero algo se debe estar haciendo mal, de verdad lo creo, cuando con la bolsa de afición y interés que despierta este deporte nadie es capaz de sacarle algo mejor que voluntarismo, ganas e ilusión, esos ingredientes de una ensalada invisible, esos que condimentan pero no dan sabor. Se perdió el Euskaltel, o el equipo WT de la Fundación Euskadi, llamadlo como queráis, y deshacer el camino puede ser una tortura que acabe con la salud de más de uno.

Imagen tomada de El Referente

INFO

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10 x 13. La demolición no controlada del Euskaltel

A raíz del anuncio de Fernando Alonso sobre las negociaciones con la estructura del Euskaltel, la ETB realizó un reportaje sobre el equipo de bandera vasco en el que Igor González de Galdeano hace un breve repaso de lo mucho e intenso que la ha dado para vivir la vida en este último año. El fallecimiento de miembros del equipo, el cambio de las bases sociales del mismo, la enorme discusión que el mismo originó, las complicaciones en la gestión diario, el progresivo desarraigo de las instituciones, la no aparición de un segundo patrocinador, la ausencia total de resultados,…

No fue, desde luego, sencillo el último año para el vitoriano que en las páginas de El Diario Vasco repasa con medida dosis de sinceridad los muchos avatares que la vida le ha deparado estos doce meses. Muchos e interesantes datos de una realidad que en este cuaderno ya describimos y acertamos a revelar como caótica. El ciclismo vasco se ha convertido en un sumidero de desunión y desconfianza. Igor habla de actores que no dudan en fastidiarle un patrocinio al de al lado por el mero gusto de hacerlo. Situaciones dantescas que en la región donde el ciclismo es cuestión de estado suenan a susto.

No cabe duda que la verdad verdadera de la desaparición del Euskaltel dista mucho de ser sabidas con exactitud. Los movimientos propios del mercado, la propiedad de la institución, muy lejos de las fronteras de Euskadi jugaron su influencia. A la gente que firmó la titularidad de la empresa poco menos que les importaba un rábano la marea naranja y los pasillos que armara en las cunetas del Tour. Aquí se supo de resultados, no de arraigo, aquí se quisieron dividendo y buen precio, y si para ellos iba el coste del equipo, fuera equipo. Sencillo y abrumador, tanto como las leyes del mercado.

Si en algo nos atrevemos a opinar en este tinglado es la gestión deportiva, muy tangible a nuestros ojos. Euskaltel estos últimos tiempos no guardó nada del ese fragor naranja que siempre marcó el desenlace de las grandes carreras. En la carretera hemos apreciado ciclistas inapetentes, en muchos casos. Pocas ganas y menor presencia en esos momentos en los que el naranja era parte del paisaje.

Igor González de Galdeano no tiene palabras amables para Amets Txurruka en la entrevista referenciada, sin embargo el carismático ciclista del Caja Rural es el vivo ejemplo del carácter almohadillado que se había instalado en el cuadro naranja. Amets se pasó la Vuelta a España de 2012 tirando de carro, encabezando las persecuciones, trabajando para otros que, rara vez, cogían el corte bueno. Fuera de Euskaltel, Amets ha inaugurado su palmarés en Caja Rural, en la Vuelta a Asturias, y se ganó el calor y cariño en la Itzulia, esa carrera en la que él se escapaba y Euskaltel tiraba para que luego ganaran otros.

Sobre el desmonte del equipo, la opacidad ha sido una máxima. Desde que se supo que el equipo estaba en barrena poco o nada de claro se sondeó en los medios. Todo eran manos negras y sombras. Había hechos consumados, como la desaparición del equipo, pero ningún culpable confeso, todo se achacó a la crisis y las circunstancias, esas que no trascendieron cuando Fernando Alonso se interesó y desinteresó por la estructura. Luego historias para no dormir. Historias como la de Jon Odriozola y Ner Group, historias como las de la Federacion Vasca. Historias que no culminaron más allá de la supervivencia de la flor de Madariaga, el hombre que lo arrancó todo, el hombre que con su peculiar estilo sigue ahí, en el tajo, salvando los mínimos, con la esperanza de que el vaticinio de Igor no se cumpla y que Euskadi recuerde lo que es, una tierra de ciclismo fecunda y grande y que en ello se entierren las diferencias y surja algo tan bello como lo que fue Euskaltel estos veinte años.

#13×13 es el relato de perfiles, paisajes y momentos que describen el año que se nos escapa.

Foto tomada de www.euskalteleuskadi.com

Hay ciclismo después de Euskaltel

Con un ERE, uno de los trámites administrativos más tristes y cotidianos de nuestros días, se cierran veinte años de peripecias en Euskaltel dentro del pelotón. Un ERE, una palabra mundana, manoseada que ahora forma parte de la vida de actores destacados de esa elite que es el deportista de alto nivel que con sus viajes, concentraciones y demás quehaceres vive muy al margen de lo mundano. Un ERE que afecta a Igor Antón, Egoi Martínez, Gorka Verdugo, Jon Aberasturi, Rubén Pérez y Miguel Mínguez. Sí Igor, Egoi, Gorka y Rubén, cuatro de los fijos cada año en las grandes carreras, con todo el respecto para Jon y Miquel. El membrete también incluye el nombre de Samuel Sánchez, que tenía firmado hasta 2015. Cómo hemos de vernos. 

Mientras en la acera de enfrente Miguel Madariaga trabaja para que a finales de mes tengamos un regalito de Papá Noel en forma de supervivencia de Euskadi. Está bien. Tras mucho ir y venir, el ciclismo vasco está cerca de cerrar un pacto de mínimos. Que lo celebren, otras regiones no tienen eso ni por asomo. No obstante la imagen que queda es de una desunión supina. El ciclismo vasco, el espejo de este deporte a nivel nacional, parece una lucha de bandas y corrientes.
Con todo es llamativa la retórica que ha rodeado todo lo ciclista en Euskadi desde que Euskaltel dijo que no seguía. Desde morder la mano que te ha mantenido, eso es hablar no muy bien de las administraciones públicas que poco o nada debieran pintar en estos proyectos, a lanzarse recados, bombas y puñales entre las partes implicadas.
En esa paradigmática desunión, el ciclismo en Euskadi es lo que es en el resto del mundo, se ha transmitido un completo desbarajuste y nula coordinación en la defensa de los intereses ciclistas de una zona que dicen vive esto como casi una religión. Dudo que fueran pocos los que no se alegraran por el tropiezo mortal de Igor, ni esbozaran satisfacción ante la soledad de Jon Odriozola, ni por la poesía que salió de la boca de Madariaga.
Sin embargo, como siempre hemos defendido, Euskadi es tierra de ciclismo, de Ciclismo, sí con mayúsculas. Y como tierra de Ciclismo dudo mucho que Euskaltel signifique el final de algo más que no sea la propia historia del equipo naranja. Esto es un capítulo aparte. Porque de ese color, o verde, o rojo, o del que gusten de citar, seguirán las cunetas tiñéndose de pasión, sabiduría y admiración. De gritos para éste, aquel y el otro. De empeños con nombre y apellido, porque conocen y admiran al corredor más que aquellos que se justifican en el casco y las gafas para sacar a pasear su desconocimiento.
En los años treinta del pasado siglo, el Tour de Francia era ya asiduo en los Pirineros. Despuntaba entonces un ciclista pequeño que apodaban “la pulga”. Era Vicente Trueba, cántabro y avispado en las subidas. Año 33, en la España de la segunda República, muchos cruzaban el umbral de Francia para animarle. Eran cántabros, astures y vascos, muchos vascos. Ni por asomo se esbozaba Euskaltel y esa región que se meció en los brazos de la bicicleta por la crisis de la industria armera ya respiraba ciclismo.
Siento decirle a los agoreros que, ochenta años después, esa pasión sigue intacta.

Las ingenuidades del Euskaltel

“Yo creo que tenemos un gran equipo, pero tenemos que apretar” le dijo un día Miguel Madariaga a Igor González de Galdeano

 

Hace tres semanas corría la euforia por twitter, facebook, titulares, prensa, televisión y hasta en las cunetas de la Vuelta a España que por esos días frecuentaba rutas granadinas. Fernando Alonso confirmaba que estaba cerrando un acuerdo, repito cerrando que no cerrado, para comprar la licencia del Euskaltel. Se habló mucho, de relaciones personales entre piloto y ciclistas, de la nueva ubicación de la escuadra, de los patrocinadores, de los compromisos adquiridos por Euskaltel… se habló mucho sin saber de nada. Y mira por donde tres semanas después el acuerdo peligra en diferentes grados dependiendo que medio se consulte: los hay que lo dan por inexistente hasta quienes opinan que hay opciones de arreglar el desaguisado. Euskaltel ya ha lanzado un comunicado hablando de cierre ordenado del equipo. Sólo recordar que en agosto lanzó otro similar.

Sea como fuere anoche pude ver este programa de ETB que nuestra amiga Helena Dias movió por twitter. Son poco menos de sesenta minutos pero sinceramente creo que se narra bien la historia del equipo y mejor aún, se retrata cada uno de los personajes que intervienen en el relato y dan muchas pistas de porqué a Fernando Alonso se le han hinchado las pelotas de tratar en un mundo gestionado con los pies. Y ojo que no digo que el asturiano sea un santo, pero me da que las cosas no le han resultado sencillas a pesar de lo que se argumente.

De todos los protagonistas de este programa me quedo sin dudarlo con la afición, me encanta ese que dice “si quieren un equipo 100% vasco que vengan y pongan la pasta”, que al final evidencia que tiene el criterio más fino y certero sobre estos quehaceres.

El resto de partícipes hace gala de una ingenuidad infumable en personas talluditas con no pocos tiros dados. Por ejemplo Julián Gorospe y Miguel Madariaga que atribuyen sus noches de desvelo y defenestración a no sabemos qué fuerzas ocultas. Son nombres, no dicen cuáles, personas, no sabemos si físicas o imaginarias, que les mataron, laboralmente hablando. Quizá en una pitonisa adivinen esas fuerzas malévolas que un día truncaron su sueño y nos digan de una vez quiénes fueron.

Tanto para Gorospe como Madariaga sin Euskaltel no habrá un mañana en el ciclismo euskaldun y no escuchan esa afición que admite en el mismo reportaje querer seguir yendo a las carreras por les enloquece el ciclismo, vistan o no de naranja. Y como no hay más ciego que quien no quiere ver la candidez de Carlos de Andrés, admitiendo a sus colegas que “Euskaltel nunca puede desaparecer”, es de traca cuando la sanidad pública, sin ir más lejos, lleva tiempo cayendo en picado. También sonrojantes los ánimos que Samu Sánchez e Igor Anton le profieren a Madariaga por el micro. “Puedes ir con la cabeza bien alta” le dicen admitiendo con estoicismo la debacle de Euskaltel y lo que es más grave, la complicadísima situación de la Fundación Euskadi, el germen que debería sobrevivir a este tsunami por si un día esto se puede relanzar.

Luego están las razones de Igor González de Galdeano –quien ha tenido el terrible trago de perder un ciclista y auxiliar en menos de un año en un trance horrible-, que una vez desvinculado del proyecto le confieren de primera mano el mismo en un curioso movimiento circular. Igor lo deja bien claro en diferentes pasajes, esto está aquí, en Euskadi y prescindir del legado social y cariño de la afición sería un error. Aviso de navegantes a Fernando Alonso. Curioso, cuando él fue quien plasmó el desarraigo de la estructura y por ende la normalísima desinversión de las instituciones vascas.

Igor, quien admite haber machacado el código de circulación por seguir a sus chichos en un entrenamiento, pone en solfa los fichajes. Como no tenían manera de contratar a Purito Rodríguez, buscan un marroquí, un griego, un ruso, que al final da positivo,… parece que no hay punto medio, o te vas al rango alto o a otros continentes, donde, con todos los respetos, pocas certezas tienes que no te acaben dando un susto, como al final pasó.

Con todo este dibujo, un embrollo monumental, una sensación de provisionalidad terrible, luchas de poder intestinas y subterráneas que asustan y una cuenta de resultados de la que poco queremos saber, qué podría pasar, pues lo que está sucediendo, que el equipo puede pasar a la historia en cuestión de horas. Ellos sabrán, pero el caramelo se lo habían puesto al aficionado…

Las dos carreras de Euskaltel

La primera jornada del Tour por el norte del hexágono recorrió parajes imborrables. Las costas normandas que rodean Saint Malo, verdes, agrestes y recordadas, paisajes en cenital, que desde el helicóptero nos recuerdan a Euskadi. Camino de esos interminables puertos naturales, una carretera recta conduce el pelotón de la mejor carrera en línea recta. Quedaban unos 27 kilómetros y de los fugados saltaba Juanjo Oroz, otro dardo naranja delante. Probó una fortuna que sabía imposible.

Este Tour es una especie de goteo incesante pero tozudo respecto a la realidad del Euskaltel. La realidad lleva todo el año siendo cruda, y el cerco cada vez es más estrecho. Ello además ha parecido tener reflejo en la carretera. Un mal momento que incluso pareció pesar en las piernas de su mejor ciclista de siempre, Samuel Sánchez, que en el Giro corrió encogido, sin brío, aunque se rehiciera con una victoria en la Dauphiné que a día de hoy luce como la única del equipo en el máximo circuito.

Con los deberes sin hacer, llegar al Tour como en una especie de contrarreloj contra el tiempo y la tremenda economía no parece la mejor manera de abordar el test más exigente. Siempre se dijo que si alguien  va mal, el Tour no parece el mejor sitio para levantar cabeza.

Mientras Igor González de Galdeano escucha de Euskaltel que la inversión en un equipo de este tamaño es insostenible si no hay un compañero de viaje, el equipo busca la redención en la carretera. La presencia de los hombres del Euskaltel estos días está siendo buena, muy por encima que equipos con más posibles. A la mencionada acción de Oroz en esta incursión normanda, le sumamos la excepcional prestación de Mikel Nieve en los Pirineos, las llegadas que ven a Juanjo Lobato buscarse la vida y la segura presencia de los Izaguirre en los momentos donde otros caen.

Pero si alguien ejemplifica los problemas de Euskaltel es Igor Anton. De él se ha dicho todo. Una dosis de mala suerte ha influido en su trayectoria. De eso no cabe duda. Pero ha influido en la misma medida la autocomplacencia, suya y de quienes le rodean, y ello le ha acabado jugando una mala pasada. Antón nunca ha dado la medida en un equipo que mucho me temo ha vivido muy a gusto en las manos de las instituciones que ahora dicen no pueden ayudarle.

Y sin las diputaciones ni el gobierno en el presupuesto, esto se hace inviable. Me queda pensar que el SOS lanzado sobre la crítica situación del equipo es como aquel que Ugarte y la organización de la Vuelta al País Vasco activaron el año pasado. Para entonces se sabía en “petit comité” que tanto la vuelta, como la Clásica de San Sebastián, se celebrarían, sin embargo el órdago surtió efecto.

Con todo, cuesta mucho pensar en un pelotón sin Euskaltel, sin el apéndice de esa tierra que hace del ciclismo la costura de su idiosincrasia. Y sí, lo decimos aquí, donde hemos sido muy severos en la crítica con lo que entendemos no ha sido la mejor gestión, si bien nunca quisimos vernos en el papel de Igor González de Galdeano. Esperemos que si el ciclismo artesanal quiere seguir adelante, Euskaltel salga de ésta y celebre sus veinte años como merece.

Foto tomada de www.vavel.com

El feliz cambio de Amets Txurruka

En el descenso que iba de Fiesole a Flonrecia, un par de ciclistas de Euskaltel asomó en la vanguardia del gran grupo. Uno era Samuel Sánchez, a quien alguno ya le atribuía uno de sus legendarios descensos, el otro creo que era Egoi Martínez. Su permanencia en la parte noble del grupo fue efímera pero sintomática. Estaban persiguiendo, cómo no. La carrera estaba decidida a favor de los adelante. Tarde, mal,…

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Al mismo tiempo, a miles de kilómetros, en otro lugar tan bello como Florencia, las laderas del Monte Naranco, Amets Txurruka lograba suceder a Beñat Intxausti en el palmarés de la Vuelta a Asturias en su versión 2.0, es decir disputada  en dos etapas. Amets ganó la inaugural y mantuvo el liderato en la segunda. Ocho años para conseguir inaugurar el casillero en un fin de semana y por partida doble.

Es el sino de Txurruka en Caja Rural. De cola de elefante a cabeza de ratón. No quisimos hacer leña del árbol caído con Igor González de Galdeano cuando no le pudo garantizar su permanencia en Euskaltel. El técnico alavés bastante tuvo con salvar el caché en la máxima categoría para el equipo naranja, pero sí que apreciamos que Amets en Caja Rural iba a ejercer labores muy diferentes, a la par de gratificantes.

Y miren por donde, ahora Amets Txurruka ya tiene puntos. Quizá más que aquellos foráneos que rompieron el tabú de fichar fuera de casa en el equipo vasco. No conozco al vizcaíno personalmente, pero puedo apostar que posiblemente no se alegre de vez las estrecheces que invaden a su antiguo equipo pues no me parece una persona rencorosa. Sin embargo, la satisfacción por el cambio tiene que ser enorme a la vista de los resultados que le ha supuesto. Amets es una mina de puntos en el ranking emocional y eso aunque no calibre en los sofisticados baremos de la UCI sí que le da a la marca que pone el dinero el feeling que precisamente busca del seguidor.

Estos años atrás Amets Txurruka ha sido un ciclista abnegado y ciego en la labor de equipo. Cuando no estaba en fuga, siempre trabajando para otro. Estando en Euskaltel casi siempre persiguiendo por que el tren se marchó. Ahora descubre la carrera desde adelante, como en sus principios, como en ese Tour donde le colgaron el título de ciclista más combativo. Nos alegramos que entre tanto sinsabor este deporte haga justicia.

Amets Txurruka y el laberinto del Euskaltel

Menuda Vuelta al País Vasco le está dando Amets Txurruka a Igor González de Galdeano. Si bien al que fuera ciclista y ahora técnico no conviene depositarle gran parte del descrédito que los aficionados le profieren, al parecer, por las cunetas, sí que es cierto que el peor de los escenarios posibles está dándose para el equipo naranja y por ende para su director, como responsable del mismo.

Veamos. Amets Txurruka es un ciclista desprovisto de palmarés pero admirado por la parroquia. En su persona convergen ambos baremos, pero a la inversa. A menos triunfos, más cariño de la gente. Esa estima se la granjeó hace años cuando culminó un Tour en el podio de los Campos Elíseos por ser el ciclista más combativo. Esa clasificación no daba puntos UCI pero sí calor emocional. Desde entonces lo cultivó celosamente en cada carrera que tomó parte.

Euskaltel ha tenido mala suerte de existir en el momento más frío y estandarizado de la historia del ciclismo siendo, como es, un proyecto de territorio que proyecta las emociones de una zona, Euskadi, en la que el ciclismo es religión. Claro hacer convivir ambas realidades es complicado y ese marrón le ha tocado solventar a Igor.

Obviamente, las reglas del World Tour y los complicados Excels que le dan forma no son cosa de Igor González de Galdeano. La fría lógica se impuso cuando el técnico tuvo que prescindir de Amets por que con cariño no podía garantizar los puntos que el equipo necesitaba. Sin embargo, a Igor se le denotan lagunas en el discurso y dirección del equipo. Lagunas que a mi entender prueban que el tema de Amets le puede superar.

 

Recortamos un par de impresiones que el vitoriano expresa en una entrevista publicada en www.biciclismo.com:

 

“Si hubiese estado en Euskaltel-Euskadi –por Amets- hubiese sido imposible que hubiese hecho estas escapadas porque tenemos un número uno, que es Samuel, tenemos un candidato a ganar y nunca le hubiesen dejado. Tenía que aprovechar su oportunidad y lo ha hecho muy bien y es para felicitarle”

 

“Creo que hay que seguir buscando la victoria. No lo vamos a tener fácil, porque tenemos un ganador nato que es Samuel Sánchez y Samuel va bien en su camino y está haciendo un esfuerzo aquí en la Vuelta al País Vasco, delante de la afición, por estar bien, pero va camino hacia el Giro”

 

Vaya, curioso, contradictorio. ¿Está o no Samuel capacitado para buscar la victoria? En un primer momento, sí. Eso se desprende al afirmar que si Txurruka hubiera estado con ellos le habría tocado trabajar para el asturiano. Luego se desdice, quizá involuntariamente, y admite que Samu está corto de forma, que está para cumplir con la afición –y entiendo también con la carrera y sponsors—. Lo que no es de recibo es que el equipo de la casa no fomente los cortes, busque la escapada e incordie a los grandes como sí hace el Caja Rural de Amets. Si éste hubiera seguido en Euskaltel estaría supurando escapadas.

Quizá lo que no quiere reconocer Igor es que de un tiempo a esta parte el aficionado que sigue el largo y ancho de la temporada detecta que en el equipo vasco las cosas no se hacen lo bien que la situación requiere. Que me corrijan si me equivoco, pero desde que Jon Izaguirre ganara en el Giro, el conjunto no suma nada importante y lo que es peor da la sensación de correr siempre a contrapié, siempre persiguiendo, siempre desde atrás y en eso Igor, creo que los responsables son quienes dirigen el equipo, no el World Tour, ni Amets, ni Samu.

Foto tomada de Zikliamatore