Es la imperfección de Thibaut Pinot lo que nos gusta

Thibaut Pinot - Il Lombardia

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En Il Lombardia, Thibaut Pinot logra estatus de ciclista de culto

Lo dijimos el otro día, que Thibaut Pinot ama Italia.

Es curioso, un ciclista de raíz muy francesa, del corazón de los Vosgos, llevado por un director muy francés, Marc Madiot, y en un equipo que es el de la lotería francesa, ahora Groupama.

Thibaut Pinot no ha encontrado su mejor feeling con el fecundo calendario doméstico, y sí con el italiano.

Dice Pinot que toda su trayectoria le ha llevado a este triunfo en Lombardía, yo no sé si tanto, él lo sabe mejor, pero lo que está claro es que este fin de curso tenía que finalizar así.

Thibaut Pinot es un corredor que ha superado sus miedos

Eso demonios que te persiguen y te hacen suyo, Pinot los ha dejado atrás.

Se ha quitado el estigma de los descensos, se ha rehecho tras el abandono del Giro que pudo conquistar desde el podio.

También ha sabido gestionar la presión que otras veces le atenazaba.

DT-Swiss 2019

Porque Pinot es un tipo volcánico en la carretera, pero frágil y trufado de dudas fuera de ella.

No le gusta ser centro de las miradas, ni polo de atracción.

Quiere tranquilidad, la que no tiene por ejemplo en el Tour de Francia, cuyo podio pisó hace cuatro años, para nunca volver.

Y en esa tranquilidad se encuentra.

No había que ser ingeniero para saber que era favorito top para Lombardía.

Era el 1 en las apuestas, el centro de las miradas, la rueda a seguir.

Y se vio con el símbolo, con Vincenzo Nibali, ganándole a domicilio.

En una carrera que exige grandeza Pinot la ha tenido.

Cierra un año de menos a más, conquistando símbolos, desde los Lagos de Covadonga al Lago de Como.

Son símbolos del ciclismo, y también suyos, como Alpe d´Huez.

La íntima relación de Trek con el carbono

Para muchos será otro francés que fracasó en el empeño de suceder a Bernard Hinault tantos años después, para nosotros uno de los corredores más valiosos y apreciados del pelotón.

Un ciclista que en la imperfección, ofrece su mejor atractivo.

Imagen tomada de FB de Il Lombardia

El fin de fiesta que lleva a Il Lombardia

Il Lombardia JoanSeguidor

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En Il Lombardia los sueños se apagan, el ciclismo hiberna, pero cada año la cita llega puntual

Octubre es un mes muy especial en la bella Italia.

Y para visitarla aún más.

Los turistas empiezan a desaparecer con los primeros fríos del norte, los precios de hoteles y restaurantes bajan con la temperatura, aunque el clima italiano aún conserve algo de calor en según qué regiones.

Venir a Italia en octubre es una buena idea precisamente por esta combinación de buen tiempo a buen precio.

Por eso el inicio del otoño es muy querido por los italianos que pueden disfrutar aún de sus playas tranquilamente y, sobre todo, con la llegada de octubre, deleitarse con las numerosas fiestas gastronómicas que se montan por toda Italia, auténticos festivales de comida que se celebran coincidiendo con la época de maduración de muchos productos de la tierra.

Tiempo de ferias, clásicas e Il Lombardia

Tiempo de ferias y también tiempo de clásicas en «La Bota», puro aroma a ciclismo añejo.

El aficionado tiene motivos más que suficientes para acercarse hasta el país más bello del mundo, en su momento más dorado, cuando los árboles amarillean sus hojas, se despojan de ellas y caen con armonía al suelo.

Es el mes de las hojas muertas una sinfonía de olores y colores en toda Italia, descubriendo bellos rincones al paso de los ciclistas que disputan las diferentes clásicas que se llevan organizando en este bonito mes desde tiempos memorables, como pueden ser los amables pueblos que cruzan, con sus casas arremolinadas junto a sus iglesias.

Podemos perdernos por numerosas rutas, siguiendo carreras como el Giro dell’Emilia, en los alrededores de Bolonia, una clásica centenaria de prestigio que era territorio casi exclusivo de sprinters y clasicómanos.

Sin embargo, con el paso de los años, se ha convertido en una exigente y bella prueba para todoterrenos con la inclusión de la explosiva subida al Santuario de la Madonna di San Luca, teatro natural de fin de función de la Emilia con su majestuoso pórtico clasicista.

Alessandro De Marchi lo conoce bien.

DT-Swiss 2019

Y es que el ciclismo en Italia es un deporte estrechamente ligado al catolicismo, como supone otro ejemplo de escalada divina la que se realiza en el Giro de Lombardía, ahora Il Lombardia, el quinto y último Monumento del ciclismo mundial de la temporada.

La ascensión al santuario de la Madonna del Ghisallo, el templo ciclista más venerado en Europa.

Delante de la ermita hay una estatua de Fausto Coppi y en el interior hay bicicletas, maillots, entre otras muchas ofrendas que han donado muchos ciclistas de todo el mundo que han venido hasta aquí en peregrinación para admirar todas estas reliquias que decoran sus paredes.

Es en esta última gran clásica de la temporada donde quizás podamos contemplar los mejores paisajes de todas las carreras de un día.

El recorrido lleva a los ciclistas desde el bello lago de Como, rodeado por montañas que a estas alturas pueden estar ya cubiertas de nieve, pasando por paisajes preciosos pintados con los coloridos otoñales de las hojas muertas.

Un escenario que siempre ha sido sinónimo de batallas emocionantes, como las que aquí se vivieron entre los años 20 y 50 con las hazañas de los grandes ciclistas italianos como Gino Bartali, Fausto Coppi o Alfredo Binda, que le dieron un espaldarazo definitivo a la prueba como gran clásica internacional.

Il Lombardia Sormano JoanSeguidor

La ascensión casi definitiva al Muro di Sormano le otorga unos tintes épicos, con sus casi 2 km con una pendiente media del 15,8% y con rampas de nada menos que hasta el 27%.

Muchos dicen que este tramo de escalada es el más duro del mundo que se puede hacer en bicicleta.

Una trampa brutal.

Las compañeras de Il Lombardia

El Giro di Lombardía, junto a la Milán-Turín y el Gran Piemonte, forman el Tríptico de otoño, casi podríamos decir el epílogo de octubre, ya que las tres carreras se corren como máximo en un intervalo de cuatro o cinco días en esta vibrante semana de octubre.

Desde Milán hasta Turín, podemos disfrutar de la clásica más antigua del mundo, una carrera que se disputó por vez en primera en 1876 cuando 8 pioneros corredores se lanzaron a por esta aventura: sólo 4 ciclistas llegaron a Turín.

La clásica se popularizó enormemente a partir de la postguerra, cuando ciclistas de la talla de Magni, Motta, Bitossi, Binda, Guerra, Bartali y más recientemente con los Battaglin, Saronni, Moser o Bugno, compitieron en esta carrera con salida en los suburbios del sureste de Milán y llegada cerca de Turín.

Castelli, la buena costura italiana 

Ahí afrontan la doble ascensión final a la Basílica de Superga, por su vertiente más exigente con sus 5 km al 9% de media y rampas máximas de hasta el 12%.

Gran Piemonte completa la trilogía de estas clásicas de leyenda, una carrera que recorre seis de las ocho provincias del Piemonte, incluida la metrópoli de Turín, después de haber superado la principal dificultad de la jornada: la ascensión que conduce a Alice Superiore.

Con todos estos ingredientes, hacen que sea una auténtica caricia de otoño disfrutar del ciclismo clásico a final de temporada.

Imágenes: FB de Il Lombardia

 

 

 

Las hojas muertas en la mano de Gino Bartali

Qué grande es Italia. Rara vez me he disimulado tal apreciación. Antes del Mundial el amigo milanés Alberto Celani escribió esta pieza sobre Purito Rodríguez y las admiraciones que despierta en el público transalpino. Hablaba Alberto del carácter casi santoral que rodea al italiano en lo que respecta al ciclismo. Mencionaba santuarios, cultura, mitos, leyenda…

Y en estas que en Il Lombardía el pelotón vuelve a pasar por enfrente de su patrona, la Madonna di Ghisallo, cuya ermita repica campanas cuando el pelotón la frecuenta. Ghisallo es a Lombardia lo que Arenberg a Roubaix o el Poggio a San Remo. Son emblemas, cuñas, auténticas franquicias con cuyo nombre algunos comercian. Y por qué, pues por que la carrera que marca la hibernación del pelotón y su otoño competitivo la frecuenta hasta el punto de encumbrarla a meca de todo aquel que sobre dos ruedas quiera ser algo. Con Pio XII se hizo una especie de peregrinación olímpica desde Roma hasta el lugar próximo al lago de Como en el que sus dos últimos relevistas fueron Gino Bartali y Fausto Coppi.

Y es que la figura de Gino Bartali nos va de perlas para unir lo que era el ciclismo hace unos días, celebrado y llorado en Florencia, y lo que este fin de semana, un deambular por las colinas lombardas. Bartali, el monje, fue un hombre de carácter religioso que se llevaban los diablos cuando competía. Bartali era toscano. Creció en medio de esa maravilla mundial que es el callejero florentino. Aquí conoció el gusto por la vida, el arte. En los esbirros del Ponte Vecchio, que milagrosamente se salvó de la ocupación nazi, se enamoró y subiendo a Moccoli con su hermano Giuli0 se prendó de la bicicleta.

Hace pocos días Gino Bartali fue galardonado por su labor frente a la ocupación nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Con su pedalear, todo un ganador del Tour salvó de la muerte segura a 100 judíos llevando documentos desde la Toscana a la Umbría. Incluso 49 ingleses no perecieron por heroicidades sobre la bicicleta.

Aquellos precedentes fueron silenciados durante años. No quiso Bartali ser entrar en el santoral de la época. Quizá porque entonces su figura ya emanaba la santidad que los años le concedieron. Fue aclamado para la historia recién salidas las tropas alemanas de Florencia desde las escaleras del Palazzo Vecchio, ahí en extremo de la Signoria, a la sobra de un David de Miguel Angel, en el mismo lugar donde la UCI dio un espectáculo dantesco hace diez días. Bartali siempre fue un grande.

En el acceso a la iglesia de Guishallo emerge un busto de Fausto Coppi, también sendos de Bartali y Binda, el primero en el serial y director de ambos. Dicen que él es el faro de los seis kilómetros de subida hasta tan reverente lugar. Bartali ganó tres veces Lombardía por las cinco de Coppi.  Sin embargo el lugar tiene dos patrimonios inmateriales: el recuerdo de Fabio Casartelli, fallecido trágicamente en el Tour de 1995, y el espíritu de Gino Bartali, quien si el ciclismo fuera una creencia él sería su profeta y Gishallo su Vaticano.

Foto tomada de www.enciclika.com

INFO

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