La inédita sinceridad de Ilnur Zakarin

Giro Zakarin joanSeguidor

A Ilnur Zakarin no le costaría dejar de ser ruso por estar en Tokio 2020

 

El otro día, charlando con Andrey Amador, nos admiró la forma que tenía de decir las cosas, valorando la sinceridad como algo poco frecuente en el máximo nivel… ahora leemos a Ilnur Zakarin sobre la sanción olímpica a Rusia:

“Quiero dejar muy claro que, si se ha tomado esta decisión, es porque está justificada. Se han hecho cosas mal y, por lo tanto, hay que aceptar y asumir esta sanción”

 

Lo cierto es que hace cuatro años el ruso ya no estuvo en Río 2016, en una carrera que le podía haber venido bien y que llegó en los mejores momentos de un corredor que parece haberse estancando.

Sea como fuere una segunda ausencia olímpica para Ilnur Zakarin ya sería demasiado.

No duda en decir que no le importaría cambiarse la nacionalidad, vive en Chipre desde hace tiempo.

Lo dice por eso el año que deja Katusha, no sé si lo mismo habría tenido la misma valentía de estar en el equipo de casa.

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Sin embargo llama la atención su sinceridad, una sinceridad que lleva a todo el sistema ruso.

Se felicita porque le ha controlado la AMA y no la agencia rusa contra el dopaje.

El golpe es duro y hablar así tiene su mérito estando las cosas como están porque al final lo que les están haciendo a los rusos puede estar cargado de razón, pero cuesta mucho creer que el mal empiece y acabe con ellos.

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De todas las maneras, siempre nos ha gustado Ilnur Zakarin, incluso con su sorpresiva irrupción en aquel Romandía que le disputó al mismo Froome.

Ha sido valiente, ha tenido sus momentos, un susto enorme aquel día que Kruijswijk se estampó contra una nevera y verle de nuevo arriba nos gustaría, aunque pensar que pueda optar a una grande es mucho pensar.

El triste final del Katusha

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En diez años Katusha ha pasado por todos los estadios del ciclismo

Hay un lema en la gorra del Katusha de este año que provoca casi llanto: «Race to win».

Leemos, prende como la pólvora, el rumor que el Katusha deja el pelotón a finales del año.

No vamos a decir que es la crónica de una muerte anunciada, pero se veía venir.

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En la carrera invisible, pero latente, de los equipos del World Tour por ir sumando triunfos en el máximo nivel, siempre hemos visto dos equipos muy por debajo de la media.

Si el Dimension Data, que ya realizó una inversión importante, inversión tan vacua como el rendimiento de Michael Valgren, una de las decepciones de la campaña, sabe que va a continuar, todo apunta a que el Katusha no.

Recuerdo unas palabras de Purito, el corredor que ha dado los laureles más destacados a Katusha, y cuya ausencia ha pesado, cuando decía que «hubo un tiempo cuando Dani Moreno, Vicioso y Losada se ponían a tirar del pelotón, cuando Katusha tomaba el mando, todos ponían las orejas tiesas«.

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El Katusha que surgió alrededor del catalán fue el equipo que tocó el cielo, era temido por donde pisaba y caminaban con paso firme.

Pero desde la retirada del que fuera mejor ciclista del mundo tres años, en una salida que fue rara, triste y llena de equívocos que quizá algún día alguien podría contar, el equipo de matriz rusa, estos días alemán por el patrocinio saliente de Alpecin, es una sombra.

Una sombra que por cierto es el maillot más bonito del World Tour.

Purito y todo eso: Aquello fue historia, y la historia, historia es.

Katusha nació hace diez años con la intención de sacar adelante el talento ruso que quedaba en el camino por ausencia de un equipo eminentemente ruso.

Fue un proyecto que curiosamente nunca cumplió su función.

Porque capos rusos, el equipo ruso no ha tenido muchos.

 

Cuando Ilnur Zakarin, un ciclista que se hace querer a pesar de poner los pelos como escarpias a más de uno, se descuelga en los primeros puertos del Tour de Francia es la imagen propia de un equipo que no va, cuyo líder, y principal motivo de ser no camina y las cosas no salen.

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Y es que la vista atrás revela una realidad triste para este equipo en la recta final.

 

 

Salvo la etapa que gana el mentado Zakarin en Lago Serrú, durante el tramo alpino del Giro, el resultado más destacado del equipo fue esa plaza de plata en Roubaix del ahora mismo posiblemente el único ciclista cotizado del equipo, el alemán Niels Politt, quien cuando dice que las grandes clásicas entran en su radar.

Curioso, mientras Zakarin purgaba penas por detrás, Politt cerraba el grupo delantero camino de Colmar.

SQR – GORE

 

Bagaje pobre, ¿el motivo?

Jose Azevedo sabrá, lo que está claro es que los errores emergen todos de golpe y en manada.

Tanto, que el triunfo esquiva un equipo que puede dejar el pelotón sin lograr su objetivo original -un ruso ganando grandes cosas- y dibujando un declive que no le hace justicia a su historia.

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Tomaos en serio a Dumolin

Cuando hace unos días comparamos Tom Dumolin con Miguel Indurain, el simple hecho de hacerlo ofendió a muchos. “Dios con un gitano” proclamaban. Comparar ciclistas, separados por un cuarto de siglo, por casi 25 años, mucho tiempo, una eternidad, es un ejercicio casi burdo, salvo que se haga en otros aspectos, no centrándose en palamrés, logro, trayectoria y resultados.

Claro que Miguel Indurain hubo solo uno, pero quienes le vimos dominar el ciclismo mundial durante más de cinco años vemos su reflejo en Tom Dumolin por la forma de afrontar y gestionar los tiempos. Son ciclistas que abren las carreras con su forma de correr, las ensanchan y las ensanchan, parece que no están, hasta que dicen basta, y sacan la artillería en la contrarreloj.

Hecho el hueco, llega la gestión de la renta y ésta puede pasar por momentos de angustia, como cuando hace unos días, en la etapa que ganó Fraile, parece que la carrera se le escapa, y no hace otra cosa que dejar hacer lo suficiente para que él no se incomode.

Oropa yo creo que tenía un valor simbólico en este Giro. Diría incluso que un doble valor simbólico. Era la puerta de acceso a a última semana, y con las diferencias establecidas no se podía esperar mucho. Nairo necesitaba moverse, y lo hizo, nada que objetar, pero Dumolin es mucho ciclista, ahora mismo evidentemente más fuerte y mejor.

El otro valor es por la historia que encierra el lugar, por los ecos de la remontada de Pantani, por los problemas que Indurain tuvo que pasar ante Ugrumov y ahí se demuestra que Dumolin sabe qué terreno pisa.

El líder del Giro no se puso nervioso, no perdió el paso, mantuvo el ritmo, limitó el daño de Nairo, lo sobrepaso e incluso cuando vio que la etapa podía ser suya, no dudo y murió matando. Ha ganado la etapa, algo que en las apuestas se habrá pagado bien, ha dado un golpe, un puñetazo en la mesa, algo que por cierto Miguel nunca tuvo a bien hacer.

Cabe hacer borrón en Movistar, pensar que esto es solo un paso más hacia el deseado doblete de Nario y pensar que con el plan actual no hay manera. Nairo y muchos se escudan en que las etapas importantes hasta la fecha han sido monopuerto, y tienen razón, pero es que Dumolin en jornadas de dureza extrema tampoco se maneja mal, recordad Andorra en la Vuelta de 2015, por eso los azules tendrán que hacer algo a lo que no nos tienen acostumbrados, a tirar de épica y resolver de lejos, buscando aislar al líder y poniéndolo en aprietos.

Hay un problema por eso, las diferencias de Dumolin empiezan a ser importantes, es decir que centrándose en Nairo, aunque falle el Sunweb, puede tener suficiente. Pinot, Nibali, Zakarin, Mollema…. pueden estar pensando en atar el podio y eso sería fatal para Movistar, pues al final el trabajo que no haga Sunweb lo pueden suplir Bahrain, FDJ , Trek o Katusha. Lo vimos en la etapa de los Apeninos toscanos, donde hizo falta un maratón para meter a Amador en carrera y ahora el costarricense muestra flaqueza.

Como dicen los sabios cuando alguien lidera el Giro a la dos semanas de carrera y lo hace con esa solvencia en tiempo, es por algo, tomaros en serio a Dumolin, es un ciclista más hecho, con hechuras de grande y muy motivado. Si Nairo quiere volver a ser rosa, tendrá que cambiar el paso, de otra manera, su doblete no podrá ser. Ahora bien, tranquilidad, hace seis días, cuando Nairo arrasó en el Blockhaus, pensábamos en el colombiano como favorito único o unánime y la realidad es tozuda. La última semana del Giro es un regalo, está envuelta en purpurina y Nibali aún no ha dicho la suya.

Imagen tomada de FB de Giro de Italia

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#Profile2017 El reto de Zakarin es mayúsculo

Nada es común en Ilnur Zakarin. Su tez pálida con ojos de niño asustado por lo que le rodea. Su irrupción en el ciclismo, en Romandía, en ese trecho francófono en el rectángulo suizo en el que un día un chaval ruso, desconocido, se hizo con una general de una carrera del World Tour, dejando rivales importantes en el camino. Era ruso, desconocido, y de repetente aparece como un obús. Como en el día de Imola, en el circuito de velocidad en el que ensayó sus dotes del triunfo. Se estrenaría en el Giro.

Zakarin, como decimos, es ruso y eso significa mucho, ahora mismo muchísimo. Es geopolítica por un lado, cuestiones vinculadas a esferas que no aspira a entender ni él mismo, cuestiones por las que le dejaron fuera de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro días después de ganar una etapa alpina en el Tour.

Zakarin, repetimos, es ruso y eso ahora mismo marca porque pertenece al equipo que un día nació como catalizador del talento de la gran madre patria y que casi nunca ha tenido un ruso entre sus arietes. Retirado Purito Rodríguez, ahora mismo el Katusha mira con lupa la evolución de su introvertida estrella, al fin una estrella de la gran Rusia, con todo lo que ello implica de satisfacción pero también presión, que no será poca, pues el lenguaje del equipo que viste de rojo no entiende de matices. Quieren resultados.

Hay otras bazas, el estibador Kristoff, el zancudo Tony Martin, pero en Katusha quieren que uno de los suyos triunfe, y ya, y en ese sorteo, Zakarin lleva muchas papeletas. No sé si habrá cultivado su gestión de las expectativas mejor que su paupérrimo inglés, pero el 2017 se antoja clave en la trayectoria de un corredor con estigma, sí, pero con una admirable forma de correr, siempre delante, dando la cara y supongo que conviviendo con suspicacias de todo tipo, incluso sin haber hecho pitar la máquina y quizá, crucemos los dedos nunca pite, no lo va a tener fácil.

Por el momento pasa página sobre el Tour y sigue la senda que su excompañero Purito marcó: Zakarin estará en la puja por la general de Giro y Vuelta, yo le veo verde, aún, pero no dudéis que no escatimará. Sus detractores tendrán mil argumentos contra él, pero uno de ellos no puede ser que no dé la cara y este año él es la punta de lanza.

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Las cadenas que siempre arrastrará Zakarin

La marejada rusa del atletismo ha llegado en réplicas al resto de deportes y como no podía ser de otra manera al ciclismo. Ilnur Zakarin ha sido vetado en Río de Janeiro. Aducen historial vinculado con el dopaje en categorías inferiores, algo de lo que, en este mundo presente ya nunca se podrá desprender, por mucho que quiera.

Este veto es otro torpedo a la linea de flotación del ciclismo. Una manera de emborronar las cosas, el historial y los resultados. Zakarin estuvo en el Giro, dando el callo, siendo protagonista hasta que nos dejó sin aliento en su terrible caída bajando en el Agnello. En el Tour el ruso volvió a ser de los más combativos, disputando un triunfo que al final logró al cobijo del celebérrimo Mont Blanc.

Días después de todo eso, Zakarin no es apto por el positivo que dio de joven. Ahora no es apto para Río, como sí lo fue para el Tour. Curioso rasero. La UCI carga de forma sutil y con el amparo de los Juegos contra el cuadro de ganadores del Tour. A la mínima, pam. De paso también contra Katusha, por los viejos tiempos. Ciclistas con positivos en categorías inferiores seguro que habrá en Río. los hubo años atrás. Los dos últimos campeones Samu Sánchez y Alexander Vinokourov, por ejemplo. El primero antes de ser pro, el otro en medio de un Tour de Francia. Si medimos por el mismo rasero, nos quedamos en el hueso. Casi sin deportistas.

Estaba claro que si un deporte tenia visos de sufrir las réplicas de la purga en el deporte ruso, ése iba a ser el ciclismo. También hay un pistard. No sé hasta qué punto habrá pesado en el ánimo que Vinokourov corriera su última carrera pro en Londres 2012 y se fuera con el oro colgado del cuello.

Aquella carrera fue un juego de niños para el kazajo que ahora decide, no lo olvidemos, sobre la suerte de Astana. Una de esas victorias que dolió en la entraña de los británicos que montaron una juegos cuyo slogan era “inspire new generation” y les ganó uno de los ciclistas más podridos de todo el pelotón. Si les pasara con Zakarin, el COI no se lo perdonaría, aunque mucho me temo que los brasileños, con el puteo que llevan encima, lo que menos les importaría es si un ruso que dio positivo en juveniles gana o no el oro. Aquí es la UCI con ese proceloso proceder cada vez que le interesa marcar territorio. Esa es la tragedia, hoy ha sido Zakarin, mañana quién sabe.

Imagen del FB del Tour de Francia

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Tour #17- Zakarin ya lo tiene

Mucha expectación en torno a lo que pudiera acontecer en el transcurso de la decimoséptima etapa del Tour, que culminó en la cima del puerto de Finhaut-Emosson, que se sitúa en una zona un tanto conocida por la práctica de los deportes de invierno ante la silueta inconfundible y recortada que nos ofrece la montaña del Mont-Blanc, que se divisa a ojos vista.

La labor de Froome y su equipo

Tras lo vivido en la etapa, deducimos que el británico Chris Froome defendió su liderato de manera admirable con la ayuda sólida y eficaz de los componentes de su equipo, el Team Sky. La jornada tuvo un desarrollo, sobre todo en su última fase, que nos deparó emoción, una emoción que nos llegó algo tarde a pesar de que a lo largo de su itinerario se alzaban dos puertos de tercera categoría, un puerto de primera y finalmente un puerto de categoría especial, en cuya cumbre se situaba la línea de llegada en una cota de 1.960 metros de altura y una subida de diez kilómetros con un porcentaje de pendiente del 8,4%; es decir, algo que se dejaba sentir.

Los ciclistas más representativos se mantuvieron hasta entonces muy a la expectativa, acumulando un lastre o retraso de más de nueve minutos con respecto a una escaramuza matinal de varios animosos atletas del pedal. Hubo, como suele ser costumbre en este Tour, una escapada de catorce ciclistas iniciada cuando se llevaban cubiertos 70 kilómetros. Este grupo delantero fue disminuyendo paulatinamente por la dureza impuesta por los puertos de montaña que se cruzaron. Finalmente, quedaron en primera línea nueve unidades con opción para disputar la victoria de etapa, que era lo que para ellos, los fugados, tenía su cuota positiva. Se produjo el consiguiente fraccionamiento ante la dificultad impuesta por el Col de la Forclaz, penúltimo obstáculo del día. En el asalto final, ya cara a la meta, se destacó ya en solitario y en definitiva el ruso Ilnur Zakarin, que cuenta con 26 años, oriundo de la república de Tartaristán, por donde circula el río Volga. El triunfo lo consiguió sin discusión. Tras su estela llegarían espaciados el colombiano Jarlinson Pantano, que hacía un par de días se impuso en la localidad de Culoz , decimoquinta etapa, en las estribaciones que se levantan en la región del Jura, y el polaco Rafal Majka, futuro ganador, ya cantado, del Gran Premio de la Montaña en ese Tour.

El colombiano Quintana sin recursos a mano

Por atrás, mientras, se libró abiertamente la cuestión de la cual el mejor bien parado, lo afirmamos, fue el británico Chris Froome, que tuvo arrestos para reforzar todavía más su posición de líder. En cambio, el colombiano Nairo Quintana decepcionó y debió rendirse sin reparos. Al iniciarse la citada competición, figuraba como digno favorito junto a Froome.

El español Alejandro Valverde tampoco tuvo su día, cediendo dos puestos en la clasificación general, un inconveniente que a estas alturas deberá pesar en sus adentros. Sus esperanzas, cuando estamos a cuatro días para llegar y culminar el Tour de Francia en París, van palideciendo o esfumándose poco a poco. Las fuerzas, sin quererlo, no siempre relucen a lo previsto frente a las intenciones que uno tiene.

Hemos constatado, pues, que Froome se aprovechó de la refriega final sacando cierto beneficio sobre sus contrincantes más directos en la tabla de la clasificación general. Igualmente, también pagaron las consiguientes consecuencias, los corredores el litigio: el holandés Bauke Mollena y el británico Adam Yates, que son los llamados, por ahora, a ocupar el podio final, un honor que a fin de cuentas nadie olvida así como así. Observamos, así de corrido, que entre los diez primeros de la tabla sus componentes proceden individualmente de diferentes países, salvo los ingleses Froome, el líder, y Yates, que representan al unísono la Gran Bretaña.

¿Qué se sabe del ruso Zakarin?

Es corredor profesional desde el año 2012. Tiene una altura de un metro con 87 y su peso es más bien liviano: 68 kilos. Su victoria en la cima del Finhaut-Emosson, ubicado en el Cantón de Valais, siempre pisando suelo suizo, es algo que se ha dejado notar en esta actualidad de hoy. Señalar que su primer eco lo cosechó en la temporada de 2013, cuando se adjudicó el Campeonato de Rusia en la modalidad de contrarreloj individual. Al año siguiente, fue el vencedor absoluto del Tour de Azerbaiyán, en un recorrido bastante accidentado y más bien despoblado de gentes y de vegetación. En el año 2015, festejó su triunfo también absoluto en la Vuelta a Romandía, sin dejar en olvido una victoria de etapa en el Giro de Italia, la undécima, Forli-Imola, cuyo triunfo absoluto correspondió a nuestro representante Alberto Contador ¡Felices tiempos aquellos!

En el curso de este año, consiguió vencer una etapa en la París-Niza, y, ahora, se acaba de calzar una etapa en el Tour de Francia. Zacarin inspira confianza. Posiblemente ha salvado un buen trampolín cara a su futuro. Sus actuaciones nos muestran un cierto optimismo. Actualmente viste los colores de la escuadra Team Katusha, cuya sede está radicada en Ginebra (Suiza). El catalán Joaquim Rodríguez, sin mucha suerte en esta ronda francesa, figura en el mismo equipo. Zakarin hasta la fecha ha sido su fiel escudero, algo que en verdad nos satisface el patentizarlo.

Como simple curiosidad queremos exponer que, Zacarin, nuestro protagonista dándole a los pedales, nació hace 26 años en la población de Náberezhnye Chelny, que constituye un núcleo muy importante y pujante industrial en su país, cuya baza principal radica en la fabricación de toda clase de camiones que vienen ser exportados en todas las partes de nuestro globo terráqueo. La fábrica en cuestión ocupa la extensión de nada menos dos kilómetros cuadrados, una cifra que delata la magnitud de este complejo dedicado a la elaboración de los más variados vehículos de alto tonelaje.

Por Gerardo Fuster

El nunca bien ponderado Zakarin

En Arrate, el año pasado, en la loma eibarresa, supimos de Ilnur Zakarin por primera vez. Un ruso del Katusha, un equipo que esas carreras de primavera tiene sus propios especialistas como Purito o el propio Spilak. Pero no, era Zakarin, apellido ruso, ruso, que suena a zar, si los bolcheviques hubieran dado con él, pedaleo anárquico, ciclista especial.

No nos engañemos, cada vez que le vemos por la televisión, rechinan los dientes de la mitad de la audiencia. Ruso, Katusha, surgido de forma imprevista. En un ciclismo conde la sospecha es la grasa del engranaje, Zakarin es un caramelo fácil.

Y sin embargo el chaval se esfuerza por quitarse el estigma. Un estigma por cierto que viene justificado por un positivo de joven, como Fran Reyes explica en este fantástico perfil. Tras aquella inclusión en Arrate, Zakarin siguió creciendo y ganó Romandía, primero, y una etapa en el Giro, en Imola, nada menos, feudo de velocistas y de la velocidad.

Este años el ruso es habitual entre los cabeza de cartel. Estuvo con los mejores en la París-Niza, también en Romandía, donde la tropelía arbitral le quitó un triunfo de etapa que hasta Nairo Quitana admitió que estaba fuera de su radio. Otra vez vimos a un ruso haciendo fortuna en Suiza, en la Suiza francófona. Curioso.

El desenlace de aquella etapa fue sintomático de lo que es este ciclista, yo creo que para muchos imponderable, era más fuerte, era más rápido pero hizo un escorzo tan raro con la bici que Nairo se quejó y le dieron el triunfo. Paradójico.

A este Giro Zakarin ha ido como jefe del Katusha en una experiencia inédita para él, afrontar con total responsabilidad el reto de atacar una grande. No lo está haciendo mal, y en la jornada estelar de Alejandro Valverde ha rodado como los ángeles, tanto que igual ese corredor que muchos descartamos el día de la crono, aciaga a todas luces, puede incluso acabar pisando el podio de Turín.

Entonces, como afirma Fran en su artículo, el Katusha tendrá lo que buscaba y que le ha llegado de forma inesperada, el ruso que comande un equipo que nació para dar talentos de ese país al ciclismo y que ha vivido de los éxitos de no rusos, algo que en la madre patria siempre pica.

Imagen tomada de FB de Giro de Italia

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Ese Giro es una olla a presión

Coged todos y cada uno de los que opositan a ganar este Giro, meterlos en barrica, dejadlos macerar y caerán por su propio peso. La crono que pone fin al primer ciclo de este Giro, DO Chianti, ha dejado la carrera preciosa, en el punto de maduración perfecto para que esto estalle de un momento a otro. Ganas se tienen, sólo cupo ver a Valverde en la tierra que llevaba a Arezzo.

La crono decisiva de este Giro no lo ha sido tanto porque ha sido pólvora mojada. Sólo así se explica que Gianluca Brambilla, en un terreno que además de hostil le es extraño, salga de rosa con toda la centinela de favoritos cercándole por detrás. Se explica, porque salvo que la vida te fuera en la jornada, todo riesgo se podía multiplicar por mil en cada recoveco y curva que la lluvia minaba para los corredores.

Que se lo expliquen a Ilnur Zakarin, ese incalificable ciclista ruso, en el que Katusha pone todas sus monedas, que hizo buena aquella famosa crono en la que Michael Rasmussen bajó de la segunda a al séptima plaza del Tour porque no paró de caerse. Como el danés entonces, Zakarin pasó de acariciar la maglia a quedarse lejos, muy lejos, tanto que su impredecible forma de correr puede hasta depararnos momentos memorables en lo que ha de venir.

Con Brambilla se ubica un luxemurgues, compañero suyo, maglia bianca a la espalada, Bob Jungels se llama, y viene del ducado centro europeo. ¿Recordáis el último de ese país que vistió tal prenda en las grandes jornadas del Giro?

Sea como fuere la cosa, sigue de acertijos, y la crono ha acentuado el ingenio de los pitonisos, porque si a nosotros nos pedís pronóstico, me parece que lss #marginalgains de Mikel Landa salieron a flote en medio de las cortinas de agua que abrevaban los campos de Chianti. Sinceramente, me pareció excepcional su crono. Si hace un año sepultó sus opciones ante Contador aqui, vemos que el trabajo de los “hombres de negro” ha surtido efecto, nos alegramos, porque Landa empieza a ser ese ciclista que nos gusta, a lo suyo, centrado y ambicioso, muy ambicioso.

Para muchos Landa está sobrevalorado, cabe esa posibilidad, pero las cosas le pintan bien. Ha pasado una semana medio descolgado, pero salvando los muebles y ahora se ve inmejorable ante una ristra de ciclistas que le son asequibles en la montaña. No obstante en la casa británica no son de confiarse, y son conscientes que ese viejo ciclismo, el de Alejandro Valverde y Vincenzo Nibali, sobre todo el de éste último, sabe de triquiñuelas que la tecnología no contempla. Está bonita la carrera entre los tres capos.

Y por si presión nos faltara, queda la segunda fila que viene cargada y aún con opciones. No creemos que Tom Dumolin, quemada su gran carta, pueda volver a la terna como si ha vuelto Andrey Amador, que vuelve a generarnos esas dudas que un día expresamos. Por su parte colombianos tienen poco que perder, principalmente Rigoberto Uran, que sale muy perjudicado de un test otrora bueno para sus posibilidades. El otro es Esteban Chaves, un corredor magnífico que tarde o temprano habrá de explotar, y no me refiero a ganar solo etapas. Ya no le quedan cronos que le lastren y la montaña es abundante,

Acabar esta tribulacion con el Lotto-Jumbo, un equipo que por ejemplar poco o nada gana. La historia de su ganador, Primoz Roglic, con esos sueños de trampolín de invierno reconvertidos en croner de excepción, me parece un relato de ambición increíble, pero ojo que fijamos el tiro sobre el percherón, sobre Kruijswijk, un tipo que conoce el Giro al dedillo y se ha cascad una crono de excepción. En él pueden estar muchas claves.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

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