#Top2016 El clásico es Imanol Erviti

Mirad el listado del dream team de Cyclingnews para las clásicas. En el equipo de ocho están los que son, y entre ellos Imanol Erviti, el cazador de fugas. ¿Quién lo habría dicho hace un año? El ciclista navarro, abnegado compañero, fijo capitán de ruta en las citas de tres semanas, aquellas que realmente motivan en “chez Unzue”, ha sido una de las notas más destacadas del año, un salto que no sabemos dónde le llevará, porque el primero en no tenerlo claro es él, pero que al menos le ponen en esa modesta historia que es la del ciclismo español en las grandes clásicas del norte.

Las cosas no obstante han cambiado. Las pruebas de adoquines, que si os dais cuenta las tenemos otra vez a la vuelta de la esquina, pues en marzo están aquí, han mejorado mucho en seguimiento a este lado de los Pirineos. No tienen la mejor cobertura, no al menos desde el ente estatal, pero sí hay formas de seguirlas y lo que en los noventa era un desierto, casi una anécdota mientras se esperaba que entraran en accion Indurain y cia, ahora se tiene a bien seguir y comentar.

Hubo unos cuantos que cambiaron las tornas, Flecha, Horrillo, Freire,… Erviti coincidió con ellos y siempre las ha corrido, pero quedar sexto en Flandes y repetir puesto en Roubaix, a la semana, es un motivo para felicitarnos. En esta entrevista, Erviti admite el valor mediático de lo logrado, al punto que muchos meses después de conseguirlo, la gente se lo sigue recordando y admite que para el nuevo año acudirá con otra mentalidad.

Y es que la mentada entrevista me gusta mucho porque es complicado ver un ciclista azul hablar con la naturalidad de Erviti sobre cuestiones tan farragosas como las estrategias de equipo. Entiende, y es que es así, que quienes somos críticos con el equipo y su “savoir faire” es porque en verdad pensamos que podrían sacar petróleo de situaciones que malgastan ya no sólo por ser conservadores, y sí por errar a los ojos de todos la decisión final.

Erviti habla desde la dimensión moral de quien ha sido, y es, todo en este equipo, es el clásico, con hojas de servicio intachables para diversos líderes y en especial a los dos que tiene ahora mismo en cartera, Nairo y Valverde de quienes habla de forma sorprendente a nuestro juicio. Nairo es joven e impulsivo, corre para comerse el mundo y sin embargo lo disimula muy bien en carrera, donde a veces parece no tener sangre. Valverde es al revés, es tranquilo y veterano, con el control de los tiempos a resguardo, sin embargo en carrera demuestra habmbre y ambición, es omnipresente y no deja migajas.

Sea como fuere en unos meses estaremos ahí, pendientes de la suerte que corra ese navarro de azul, entre Vanmarcke, Sagan y Van Avermaet,… será interesante.

Imagen tomada del FB de Movistar Team

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#Top2016 Los cien mejores kilómetros del año

En el circo del ciclismo moderno el espectáculo es una cuestión de píldoras. Pequeños momentos de emoción, cuñas de pasión y ciclismo desenfrenado que sumadas todas, por trozos y por separado dan el conjunto de una campaña sobre ruedas. Pero hete aquí que a veces las cosas se desbordan, las gotas que rebosan el vaso, un zas, un momento, el pico de adrenalina suficiente para que todo se precipite.

A más de cien kilómetros de Roubaix, Tom Boonen, amante de las escaldas de largo radio, armó el ataque del año que daría por resultado los cien mejores kilómetros del año. Sí la Paris-Roubaix que acabó en manos de un ciclista por el que pocos habrían apostado, Mathew Hayman, fue la mejor de entre todas las grandes careras del año, y buenos momentos hubo, sobre todo cuando hablamos de la primavera.

Roubaix fue un cuento, una desenfrenada melodía de emociones que Boonen inauguró convirtiendo a carrera en un acto de supervivencia en el filo, en el equilibro imposible de dos ruedas, finas como hojas de afeitar sobre húmedos adoquines que ponen trampas a cada paso.

Trampas que te aíslan, que te llevan al suelo y te sacan de carrera, como los Team Sky cuando copaban el grupo de cabeza, qué carrera de Gianni Moscon, y vio sus piezas caer como un serpentín, como Fabian Cancellara, probando el polvo dos veces en su despedida del infierno.

Cancellara se cayó en el velódromo, como antes se hacía caído rodando a mil por hora, en un polvoriento adoquín, obligando a Peter Sagan a la pirueta imposible, al salto propio de un ciclocrossman en el tramo de tablones. Un requiebro que no le dio la victoria, pero que acrecentó esa aureola de incorruptibilidad que deja al eslovaco como el ciclista más apreciado de la actualidad.

Roubaix nos dio cien kilómetros pegados al sofá, sin aliento, sin tregua, con el corazón de parte de Tom Boonen, la admiración por Imanol Erviti y la incredulidad ante Hayman, el corredor que dio en la diana como casi siempre ocurre cuando hay un Orica en liza.

Eso fue Roubaix en 2016, para nosotros la mejor carrera, el día que demostró que el ciclismo puede seguir sorprendiéndonos.

Imagen tomada del FB de Paris-Roubaix

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Mínguez y la lección olímpica

En dos semanas y poco estaremos ya con la vista lejos del Tour, Francia y la vieja Europa. El nuevo mundo, el trozo que le correspondió a los portugueses en esa negociación que el Católico hizo para repartirse América, acoge los Juegos. Estos meses llevamos varios apuntes sobre lo que será el circuito de Río de Janeiro, una trampa en toda regla, bien conocida por casi todos, pero sumamente dura, tanto que los resultados de desnivel, metros salvados y kilómetros previstos se comparan con una etapa reina del Tour.

Javier Mínguez ha anunciado el quinteto español para la carrera de ruta, y por ende para la crono, y sinceramente me gusta. Sí, otras veces hemos creído que la selección llevada por Mínguez pudo aspirar a más, recuerdo el año pasado en Richmond donde dio la sensación de querer jugárselo todo a un sprint muy complicado con la teoría de meter cuanta más gente delante mejor, aunque ello no significara moverlos. Una superioridad inútil. Tambén el mundial de Florencia, tristemente célebre. Ese día si no se le sujeta, Purito se come a Valverde. La edición de Ponferrada fue un poco desastre, con Kwiatkowski más listo que nadie y Dani Moreno mirando para otro lado.

Esta vez para Río, creo que el seleccionador ha aprendido las lecciones de los mundiales que le ha tocado vivir. Mejor una baza, a lo sumo dos claras y el resto a trabajar, aunque controlar unos juegos con un líder y cuatro corredores es una quimeramirad lo que les pasó a los ingleses en Londres– pero al menos que quien acompañe a tu líder no sea otra figura.

Salvo que me equivoque mucho, Purito no tendrá problema en trabajar para Valverde o controlar para él, al menos, como en sus buenos años del Caisse, aunque ojo, porque la labor del catalán podría ser importante si ejerce de Samuel Sánchez, el ciclista que en Pekín iba como un tiro y acabó demostrándolo. Vinokourov fue campeón en su retirada. Nunca se sabe.

Para que no haya confusiones bicéfalas, ni nada similar, el resto de equipo será telefónico. Capitán de ruta llamado Imanol Eviti, la polivalencia de Ion Izagirre y un corredor que me encanta, Jonathan Castroviejo que tan buena labor hiciera en favor de Valverde y Luisle en Londres. Por cierto, estos dos harán la crono, y si el podio es complicado, será posible un diploma porque son excelentes especialistas, aunque en las habituales sorpresas de estas carreras, no sería de extrañar verles más arriba. Veremos.

Imagen tomada de www.plazadeportiva.com

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Erviti y su amor a las piedras

¿Es Imanol Erviti un clasicómano? Esa es la gran pregunta que muchos aficionados al ciclismo se hacen después de sus actuaciones en el Tour de Flandes y la París-Roubaix, donde ha conseguido dos ‘top-ten’ que lo han convertido, de golpe, casi inesperadamente, en un referente para las piedras de la próxima temporada.

¿Puede ser Erviti un referente para unas carreras que casi nunca han entusiasmado a los corredores españoles salvo unas pocas excepciones (Juan Antonio Flecha, Pedro Horrillo y Pello Ruiz Cabestany)? Imanol tiene 32 años y, lógicamente, está en la madurez ciclista. Siempre ha sido un corredor fiel aunque formado en la escuadra de Eusebio Unzué –en sus inicios también con José Miguel Echávarri- en el oficio de gregario. Quizás sea el ciclista que mejor ha protegido a Alejandro Valverde en las etapas llanas, tanto del Tour como de la Vuelta. Tal es la confianza de Valverde hacia Erviti que el murciano no contempla afrontar una gran ronda sin tenerlo a su lado.

Erviti nunca le ha fallado, como tampoco a Nairo Quintana, con quien ahora debe repartir sus funciones como gregario. Pero es a la vez una alternativa para un equipo que, gracias a él, puede comenzar a entusiasmarse con las piedras francesas y belgas.

Imanol es el último navarro en un equipo navarro, porque navarro es Unzué como también lo es Echávarri. Erviti es el último descendiente de una estirpe de corredores que crecieron a la estela de Miguel Induráin y en lo físico el que más se le parece: alto y fuerte, tal cual era el pentacampeón de Villava en sus años de gloria, ahora principalmente dirigido por dos paisanos, José Luis Arrieta y Chente García Acosta, que también fueron compañeros suyos.

Erviti jamás se planteó las clásicas del norte como una asignatura que le obligaba a estar entre los grandes especialistas encabezados por Peter Sagan y Fabian Cancellara. Él fue por libre, casi a divertirse en un terreno prácticamente imposible para disfrutar, como hizo en el 2008 cuando ganó, camuflado en una fuga, en Las Rozas, su primera etapa de la Vuelta. Y como volvió a repetir en el 2010, el día en el que el Rat Penat se presentó ante la sociedad de la ronda española.

¿Estamos ante un clasicómano? Ni él lo sabe. Ni su equipo se lo plantea. Atrás, sin embargo, ha quedado olvidada la época en la que ser alineado para la Roubaix e incluso para Flandes era un castigo. Solo iban aquellos que no habían rendido. Ahora se busca la sorpresa con Erviti mientras se lleva a jóvenes como Dayer Quintana y Juanjo Lobato y hasta se piensa en Marc Soler para que vayan familiarizándose con un terreno, con unos adoquines, que ya no son una lacra, sino una llamada a la gloria.

Si algún día sale un clasicómano del ‘pavés’ al sur de los Pirineos seguramente será formado con los profesores de la antigua escuela navarra, porque por aquí han pasado todos o casi todos los que han tenido algo que contar en este deporte si exceptuamos a Alberto Contador, en grandes vueltas, a Óscar Freire, en las clásicas y a Samuel Sánchez en diferentes terrenos.

De momento, y esta es la marca, el estilo de Erviti, su grado para triunfar, solo piensa en regresar a su oficio, que no es otro que el de gregario, el de ayudar ahora a su amigo Valverde a repetir victoria en la Flecha Valona y la Lieja-Bastoña-Lieja, las dos clásicas; esas, sí, las dos carreras de un día de las que se enamoraron Echávarri y Unzué. Primero trataron de cautivar a Pedro Delgado, casi lo lograron con Induráin, pero hasta que llegó Valverde el sueño no se hizo realidad. “¿Esto es más grande que ganar la Vuelta a Murcia, verdad?”, fue la primera frase, a modo de pregunta, que le dijo Valverde a Echávarri al bajar del podio tras imponerse en su primera Lieja.

Por Sergi López-Egea 

Todo lo que oísteis de Roubaix era cierto

Hace 120 años un par de hiladores de Roubaix, dos empresarios de textil, dijeron que querían una carrera que uniera la capital, París, con el deprimente entorno de la última metrópoli francesa antes de pisar terreno belga. Nació la París-Roubaix, la carrera que pudo con todo, con guerras mundiales, con la modernidad, con el automóvil. “Sans pave, par de course”.

Hoy, 120 años después el ciclismo se ha citado en esos más de 250 kilómetros para ofrecernos la mejor carrera en mucho tiempo, una carrera de la que hablaremos por décadas, rememorando las muchas, muchísimas estampas, situaciones y embrollos que nos regaló durante más de 150 kilómetros. Una carrera de grandes, de gigantes, que no tuvo respiro, que no dio tregua. Una CARRERA con mayúsculas.

Los astros se alienaron y dieron buena luz en la senda hacia Roubaix, no cayó el agua que las apps pronosticaron hace unos días, pero sí regaron de sabios charcos el recorrido. Ay, ese recorrido, un nido de trampas donde el peligro acechó en cada momento, de tal manera, que cuando menos lo imaginabas, un castillo de naipes se derrumbaba frete a ti, un desastre.

Cayeron casi todos, algunos más que otros y en algunas de esas caídas estuvo la clave. Aunque si hemos de buscar el momento que torció la historia, cabrá irse a más de cien de meta, cuando los Etixx hastiados de tanta crítica e infortunio, resolvieron que lo mejor para ganar a ciclistas que son superiores a ti, léase Cancellara & Sagan, principalmente, es adelantarse.

Y eso hicieron, mientras rodaba una inofensiva, en apariencia, fuga por delante, Tom Boonen dijo basta, basta a tanta racanería, a tanto papel mojado, a tanto ataque a su persona y equipo. Le dijo a Tony que “para adelante” y precipitaron los acontecimientos. Una bola de nieve rebotando por los pavés.

Y la carrera encloqueció a ciento y pico de meta, sí, a más de dos horas de Roubaix y su velódromo y las situaciones se hicieron inestables, y donde mandaba Sky se fue todo al garete porque en sendas caídas se precipitaron al vacío, y donde parecía mandar el Jumbo tampoco valió porque la mejor carrera posible del mejor Sep Vanmarcke de la historia no fue suficiente, hizo corto, como en el caso de Boasson Hagen, el corredor que vino para comérselo todo, que pareció el más entero en muchos pasajes pero que no tuvo suficiente.

La carrera fue como una de esas margaritas deshojadas tramo a tramo, perdiendo hojas, perdiendo prestancia, corredores. Y quedaron cinco, cinco de los que surgió un australiano, que venía con Imanol Erviti, top 9, de la primera fuga, para ganar en dos tiempos, primer intimidando en las pedanías de Roubaix y luego ganando Tom Boonen al sprint. No le contemplan más de cinco triunfos en una longevísima trayectoria profesional y tiene una Roubaix, algo que si miramos atrás veremos que no es la primera vez que pasa: Knaven, Backstedt y Van Summeren me vienen a la memoria,

Mathew Hayman arruinó las estadísticas de Tom Boonen y prorrogó su retirada. Si Boonen, excelso, hubiera ganado esta edición podéis tener por seguro que su registro hubiera pervivido mucho tiempo. El belga se despidió de Roubaix desde el podio, no pudo Cancellara, que estuvo a prueba de todo salvo de caídas, la ultima en la despedida del velódromo, aunque no os perdáis el “salto” que le hace Peter Sagan en la que eliminó al suizo, sencillamente sublime, la técnica de Sagan gana carreras, una pincelada más en una jornada que pasa a los anales, sin duda, de la historia del deporte más bonito del mundo.

Imagen tomada del FB de la París-Roubaix

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Remolques para llevar tu bici en el coche, en Cruz tienes unos cuantos… 

Flandes: Una imagen, todas las claves

La resaca de Flandes es agridulce, dulce por el regusto que nos dejó, algo amarga, porque es pasado, historia. Sinceramente, siempre habíamos defendido que las mejores clásicas son aquellas que no son monumentos, por el simple hecho de que el prestigio implica presión y con ésta, las estrellas, que no dejan de ser personas, no siempre dan la medida de sus posibilidades por miedo al de al lado.

Sin embargo, la edición cien del Tour de Flandes ha sido fantástica, ha tenido un desenlace memorable, sencillamente el mejor desde hace bastantes años, al nivel de la edición que ganó Nick Nuyens hace cinco temporadas.

Fue una carrera cargada de emoción, de estadios, de escenarios cambiantes, y de entre otros nos quedamos con la recta adoquinada del Paterberg, una cota de 650 metros de longitud que cuando llevas 250 kilómetros en las piernas revienta cualquier previsión.

La imagen tomada muestra el momento clave, es la imagen de la carrera y posiblemente una de las del año y es una imagen que habla por sí sola, da, a mi juicio, todas las claves de la carrera. Por un lado, el pasillo de banderas con la cruz helvética, recordando la última De Ronde de Fabian Cancellara, que curiosamente no sale en imagen, porque como hizo cuando se le fueron los dos últimos campeones, se escondió. Cuánto se habrá arrepentido de no haber ido a por ellos.

Primero, apretando los dientes Sagan, exhibiendo clase, fuerza pero sobretodo técnica, demostrando que los tiempos han cambiado, que para ganar tienes que tener físico y la mente clara, pero también controlar la bici, ser elegante, gozar de una técnica que te da aire en cada descenso, en cada giro. Eso es Sagan una suma de virtudes, vestida de arco iris y ambición. Corre como siente, y se lo agradecemos, pero aunque lo tuvieran a la vista durante los últimos quince kilómetros, todos eran conscientes de que no le iban a pillar.

Tras él cabizbajo, Sep Vanmarcke, subiendo adoquines de pie y agarrando por las manetas, clavado, como dando pedaladas al aire. Otro que va cabizbajo es otro que renuncia, por detrás a lo lejos, medio minuto más allá, Niki Terpstra, destrozado por el acelerón de Cancellara y más atrás los Etixx, tirando vagamente, sin fe, con tantos corredores como líderes, pero sin bazas que jugar en la mano ganadora.

Sobresale de las espaldas de Terpstra, Imanol Erviti, tan excepcional en su prestación que queremos dedicarle un comentario estos días. No obstante, su emergente figura habla de la grandeza de su hazaña, de tal tamaño, que rivales diferentes se lo admitieron en twitter, porque esto es también ciclismo, un deporte donde no hay que salir en calzoncillos en el vestuario para vestir una falsa euforia.

Imagen tomada de Tinkoff

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La introducción del nuevo culote de mujer FS260-Pro SL es una auténtica declaración de intenciones de Endura. Con el claro compromiso de proporcionar ropa de carretera para la mujer ciclista con rendimiento de nivel profesional. Haber sido galardonado con numerosos premios es un elemento clave de la colección de hombre, y por primera vez en el sector, la colección de mujer está en igualdad de condiciones con su contraparte masculina.

El año más gélido del ciclismo

El año más gélido del ciclismo Es obvio que la Vuelta a España en septiembre ha ofrecido días complicados en lo meteorológico, pero creo que el final de Andorra, este sábado, arrojó el balance más duro del frío en la carrera desde que se disputa al final del verano. La imagen es de Imanol Erviti por los valles andorranos y entronca con el año más frio para el ciclismo en mucho tiempo. Si Nibali ganó un Giro helado y arreciado por la nieve en un par de días, en el país de los Pirineos el portador del maillot rojo tuvo que sacar los guantes de invierno para guardar su privilegiada posición.

Foto tomada de @MiguelAbad90