No todos los que dicen ser profesionales son profesionales

Muchas veces hablas con corredores, mascullas opiniones por ahí y corre un denominador común entre muchos de ellos y es que sus años de equipo continental los consideran como si fueran ciclistas profesionales, cuando, nada más lejos de realidad, cabe ver el puñado de verdades que dice este artículo, para calibrar cuán equivocados están muchos.

El mismo viene a incidir en algo que en este mal anillado cuaderno nos han explicado, la motivación y las ganas reales de seguir adelante con la bella e incierta aventura que es el ciclismo a full time. No nos engañemos, detrás de cada gran historia hay de todo, grandes instantes, alegrías, emociones, pero también miserias, tristezas y ratos en lo que apetece echarlo todo a pastar, sobre todo cuando levantas la mirada y ves engañifas como la del Bolivia, donde algunos esperan buenamente cobrar.

Pero la vida aquí es otra cosa. Imanol Estévez, ahora rumbo a su destino soñado, ser piloto comercial, nos lo explicó, una cosa es lo que se ve y otra la realidad. Ser miembro de un equipo continental no es ser un pro, a veces todo lo contrario, no implica cobrar y sí pagar, en el colmo de la desvergüenza, tu plaza en la categoría. Eso ocurre, nos lo dicen por varias vías, pero nadie habla, nadie comenta. Si no lo hacen los damnificados, no esperéis que señalemos a alguien aquí.

Ser continental es una moneda al aire, una escala que es como el chicle, que se adapta y acopla a la realidad de quien maneja y no de quien correr, hablan de sueldos, que van a caballo entre los de Francia, idílicos, y los suizos, inexistentes. Yo soy de los que cree que a la mínima oportunidad hay que pagar, porque la gente no vive del aire, hasta el momento no, y creo que sigue siendo así.

La gran baza de los continentales es el calendario, pero ¿qué calendario? La Vuelta a Madrid, con todos los respetos, es la alternativa, la Vuelta a Asturias,… hablamos de carreras que con un poco de suerte veremos en un enlatado tras un zapping diagonal por Teledeporte, habitualmente, cuando no en otros canales. ¿Eso es lo que se vende a los chavales?

Cuando el ciclismo mundial dio el paso al vacío, a lo desconocido, que es el World Tour rubricó la muerte de una parte importante, y sobrante, de ese calendario. Acabó por enterrar Urkiola, Montjuïc, Aragón, Luis Ocaña, los Puertos, Galicia, Galera,… integró Naranco en Asturias y Arrate en País Vasco, previa desaparición de Bicicleta Vasca y redujo a la mínima expresión otras carreras, dígase Murcia o La Rioja.

Todo ese calendario de serie B que relatamos, todas esas carreras que ahora vemos lejanas, eran la palanca de los equipos tipo continentales, les daba la vida, les abría la puerta a competir en casa, les dejaba la opción de sacar a los chavales que mostraran lo mucho que podían dar de sí. Ahora les queda ir a Portugal y a Francia, donde muy bien, extraordinariamente bien, lo han de hacer para que se fijen en un españolito con cientos de franceses llamando a la puerta.

Con un ciclismo, el español, que vive de la inercia de los buenos tiempos, la creación de un equipo tamaño Caja Rural es fundamental, dos ya sería la hostia, pero la recuperación del calendario o creación de uno nuevo debería acompañar, porque una cosa al final no se entiende sin la otra.

Pasan los años, el ciclismo en España se enfría, quienes podrían tener el recurso de remover la tierra para que ésta diera fruto parecen ajenos, pero quizá un día su competición se quede sin atractivo local si no potencian lo de casa. Entretanto, ya les va bien, que algunos continentales se sigan proclamando pros.

Imagen Murias Taldea

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Si la cabeza no acompaña, no hay nada que hacer

El ciclismo lo descubrí con siete años, animado por mi padre y comencé mi andadura en escuelas apuntándome en el equipo Iturribero.

Los entrenamientos y actividades que hacíamos eran muy divertidos y el hecho de ir a correr o entrenar era el momento más esperado de la semana. Aunque no creo que sea algo decisivo ni esencial a esas edades, por suerte se me dieron bien esas categorías y siempre estaba en la lucha por la victoria.

Hasta la categoría juvenil vi el ciclismo como un hobby, aunque salía a entrenar y hacía buenas carreras tanto con el equipo como con la selección de Euskadi, ni mucho menos tenía en cuenta la mejora con la alimentación, entrenamiento específico, descanso, etc. Era todo despreocupado

En mi dos primeros años de Sub23, en la Fundación Euskadi, llegó el momento de pulir esos detalles y empezar a tomarse las cosas en serio mientras estudiaba un ciclo superior de Actividad Física y Deportes. La mejora en el rendimiento fue considerable y en mi cabeza empezó a rondar la idea de: ¿Por qué no intentar ser profesional?

Personalmente me hizo mucho daño, igual que a otros muchos, la desaparición del Euskaltel y la duda de si el actual Orbea iba a seguir o no. Pero nosotros teníamos que mirar adelante.

Necesitaba un cambio de aires, y recibí una llamada de Gorka Beloki. Iba a sacar un equipo elite y sub23 y me quería en sus filas. En ese momento que dije que sí no lo sabía, pero iba a ser el mejor año de mi vida en el ciclismo, tanto por resultados como por el gran ambiente que conseguimos entre compañeros y directiva. Acabé el año con doce victorias, convocatorias a carreras de nivel mundial con la selección y lo más importante, un pase para el recién creado equipo profesional Murias Taldea.

Este fue el momento en el que, teniendo toda la ilusión del mundo, poco a poco ésta fue decreciendo hasta llegar al punto de tener que dejar el ciclismo profesional la semana pasada. No voy a entrar en detalles, pero hay muchísimos aspectos en el ciclismo (en el que yo he vivido) que no los controla el propio ciclista y si no puedes llevar eso en condiciones, psicológicamente hablando, llega un momento en el que todo eso por lo que habías luchado, eso que habías querido y disfrutado no lo puedes ni ver y no eres capaz de sacar fuerzas para hacer tu trabajo en condiciones.

Como bien sabemos todos, hay otros casos como éste, e incluso a edades inferiores a la mía, de ciclistas con gran proyección y unas cualidades físicas grandísimas deciden que esto no es lo suyo. En el ciclismo si la cabeza no funciona, puedes tener las mejores piernas del mundo, que no vas a conseguir nada.

¿De qué sirve tener a un ciclista buenísimo si has ido mermando su mente hasta el punto que les has quitado las ganas de todo?

En los equipos que triunfan saben esto y cuidan a sus corredores, tanto física como psicológicamente.

Para mí el ciclismo ahora es algo que sólo quiero ver por la tele y practicar con mis amigos los días que me apetezca salir a dar un paseo. No hay mñas.

Mi vida profesional ahora se ha centrado en una afición que tengo desde que tengo uso de razón, de la que he adquirido muchas horas de simulador y muchos conocimientos de forma amateur. Ahora esa afición quiero que se convierta en mi trabajo, ya estoy trabajando duro para sacar lo antes posible mi licencia de piloto comercial y con le objetivo de volar un avión para una aerolínea en el futuro más próximo.

Un saludo a todos y os iré enseñando mis progresos en mi nueva vida en las redes sociales.

Por Imanol Estevez

Imagen tomada de FB de Rafa Extebarria

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Carbono o aluminio???

Aún no sabemos qué pasó en el Euskaltel

Euskaltel Euskadi JoanSeguidor

Esta mañana he leído que Igor González de Galdeano añoraba los tiempos que un equipo naranja trepaba por el pelotón. Hablaba de ese color, de las ikurriñas por medio mundo, de la gente buena que quedó en el camino y de la presencia de profesionales surgidos del entorno de Euskaltel que ahora están corriendo al máximo nivel, cuando no liderando grandes equipos en las mejores pruebas.

Sólo cabe verlo, ver a Ion Izagirre en el Bahrain y a su hermano Gorka en Movistar, a Mikel Landa haciéndose un hueco en el competidísimo Sky, donde brilla, y mucho, el otro Mikel, Nieve, a Samu siendo valorado en el BMC, a Igor Antón quemando días en Dimension Data,…

La calidad de aquel conjunto y lo que significó, la marea naranja, siguen resonando hoy en muchas mentes y sobre todo en corazones. Igor retomó hoy esa nostalgia y lamentó que todo se devaneciera y hace un ejercicio de realidad, admitiendo que volver a aquello será muy difícil y cada vez más mientras los días pasen penosamente desde aquel otoño de 2013 cuando todo se quedó en el camino.

La carta de Igor vuelve sobre lo que muchas veces hemos pensado, en el tema del Euskaltel hubo, dicen todos los protagonistas, una mano negra, una especie de “aire” o algo místico que se lo llevó todo por delante. Madariaga se enciende hablando del tema, él que lo sacó de cero, sólo dice que le quitaron un hijo y se lo devolvieron muerto. Dice que no hubo derecho, que es una puñada, habla constantemente de los “hijosputa”,… habla, habla y habla, pero nunca le escuché autocrítica.

Igor es más sutil, emplea la frialdad que le elevó en su periplo ciclista, es distante y esconde las cartas. Sí que es cierto que admite errores, o quizá dar cosas por hecho, pero empredió un camino que desarriagó el equipo y lo consumió en un año. Hablar ahora es sencillo, muy sencillo, pero entonces se veía claro y meridiano y el final sería el que el propio protagonista describe.

Y luego está Jon Odriozola, que quiere que lo que fue naranja sea verde matizado en el futuro. No es nada sencillo, las cosas están como están, su equipo es semillero de buenos ciclistas, pero el panorama que nos describió Guillem Cassú hace unas semanas, la del sub23 desmotivado por lo complicadísimo que es sacar la cabeza, se ha calcado, supongo que con sus peculiaridades en el caso de Imanol Estévez que ha colgado los hábitos siendo uno de los más prometedores ciclistas del panorama.

Como siempre decimos, y me repite un amigo calvo como yo, nada es lo que parece y no nos enteramos de la misa a la media. Los protagonistas de esta historia hablan de manos negras, de palos en las ruedas, de mil cosas, pero no concretan, esto es como el sexo de los ángeles o los billetes de 500 euros, algo de lo que todos hablan, pero nadie palpa.

Y esto pasa en Euskadi, el vergel, la cuna, la cantera donde se endurecen los talentos y dan el salto, si lo han de dar, pero algo se debe estar haciendo mal, de verdad lo creo, cuando con la bolsa de afición y interés que despierta este deporte nadie es capaz de sacarle algo mejor que voluntarismo, ganas e ilusión, esos ingredientes de una ensalada invisible, esos que condimentan pero no dan sabor. Se perdió el Euskaltel, o el equipo WT de la Fundación Euskadi, llamadlo como queráis, y deshacer el camino puede ser una tortura que acabe con la salud de más de uno.

Imagen tomada de El Referente

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