El espejismo del ciclocross español

El palpito nos decía que estos Mundiales de ciclocross en Luxemburgo no iban a ser igual que otros para la delegación española. Ese pálpito hablaba de nombres concretos y gente desacomplejada que no sabía del tremendo vacío hispano en la cita con el barro. Años y años de presencia testimonial, en los que si uno de los nuestros asomaba cerca del top ten ya había motivos de celebración y descorche de cava, años en los que íbamos sin alma, a ver qué pasaba, a coger y coger experiencia, islas en medio del océano, que no sabían muy bien para dónde tirar. Incluso, en lo peor de la crisis, aquí llegamos a cuestionarnos si merecería la pena el desembolso para una cita en la que no había mucho en juego.

Pero como digo había pálpito. Los juveniles se dejaron sus opciones en la lotería del hielo pero no así Felipe Orts que hizo la carrera perfecta para colgarse una plata a todas luces histórica. La de Felipe es para mí la respuesta a las muchas preguntas que siempre nos hemos hecho por aquí respecto al ciclocross hispano y qué debería hacer para llegar al nivel de las potencias. Está claro que queda mucho para ello, pero ojo, que la cantidad de carreras que ha florecido en el territorio, las participaciones masivas en muchas de ellas, algunas con listados de veteranos y masters realmente abultados, no podía traer otra cosa que no fuera un salto en la calidad de los nuestros más allá.

El ciclocross vive una edad dorada en España. Esa proliferación de carreras ha traído consigo que nos preguntáramos por lo que al final ha pasado. Incluso creo que, si no me equivoco, que hay quien ha metido en su escuela el arte de trazar en el prado y los barrizales entre sus lecciones. Eso significa mucho, a mi entender todo.

Orts ha torcido la vara, pero ahora viene la segunda parte de esta historia ¿nos quedamos aquí o miraremos con ambición lo que ha de venir? Sinceramente esto es ahora una pelota en el tejado de federaciones y entes públicos. Si a la experiencia me he de remitir, no podemos ser optimistas. Hay un precedente clarísimo de modalidad ciclista que triunfó y fue dejada de la mano de Dios: el ciclismo en pista que cosechó cuatro medallas en Atenas 2004. Pero si al año siguiente no se pudo ir al mundial de Los Angeles porque hubo flagrantes errores en la inscripción por parte de la española. Jaume Mas, el seleccionador entonces, siempre dice que tendría para escribir un libro.

Cuando ves este antecedente no puedes ser optimista y menos en un sistema de becas y ayudas que se vuelca en el deporte olímpico como ocurre en España. A ello se le añade la nula cobertura mediática, algo que por esperado no significa que no duela y que complique, un poco más, la situación. Por todo ello celebramos el éxito de Orts y el talento de Feijoo y Jofre, que seguro que inspirarán a más de uno, pero con todas las reservas lo que les hace falta para crecer –lo que hacen los ingleses– no sé yo si lo tendrán y sin ello, creo que esto puede ser un espejismo, uno de esos sueños que fue bonito mientras duró.

Imagen tomada del FB de Felipe Orts

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Haciendo grande el ciclocross

Me llamo Iván Feijoo y me encanta el deporte y estar con los amigos. También me gusta estudiar, pero sobre todo me apasiona el ciclismo y todo lo que hay detrás de él. Ahora ando en el momento clave de la campaña de ciclocross, una modalidad que se me ha dado muy bien desde el primero año que probé, pues me encantan los circuitos y correr con barro.

Hasta el momento la temporada esta yendo como esperábamos, de menos a más, con el campeonato de España que logré ganar en Valencia como logro más importante. Ahora mi próximo objetivo será el Mundial.

Allí las cosas no son nada sencillas, el nivel es altísimo. Cuando vamos allí y logramos buenos puestos somos muy conscientes de lo que significa y sabemos que esto que estamos haciendo está provocando que el ciclocross crezca mucho en nuestro país, cosa que hacía mucha falta, pues hasta la fecha los resultados españoles a nivel internacional no eran muchos.

Creo de verdad que al ciclocross español le falta muy poco para equipararse a las grandes naciones, si me apuras tal vez dos o tres años para empezar a dar guerra de verdad, pero siempre con cabeza y centrados, porque en Europa hay mucho nivel. Lo que es indiscutible es que cada vez estamos más y más cerca.

No obstante nos da mucha envidia lo que vemos por ahí. Por ejemplo el ambiente. Lo describiría como simplemente increíble. Es muy recomendable asistir a una de las carreras de la Copa del Mundo si se tiene la oportunidad, o mejor aún, a un Campeonato del Mundo. Allí corres entre miles y miles de personas de todo el mundo gritando y animando a su ídolo. Es espectacular.

También admiras el nivel de los rivales y te impresionas con lo que hacen. En mi caso, me sorprende su facilidad de pasar obstáculos y zonas técnicas, sobre todo en la Copa del Mundo donde todos ponen unas ganas terribles. En España estamos más igualados y al salir fuera se nota mucho el nivel técnico.

Para mí la campaña se extiende durante todo el calendario de BTT. Estos meses me centro en ciclocross que me ayuda a cultivar un punto de explosividad, al tratarse carreras muy cortas y explosivas. Vas todo el tiempo a tope. Ahora, tras el final de la Copa del Mundo, ya sólo pienso ene Luxemburgo y su mundial.

Por Iván Feijoo

Imagen tomada del FB de Manuel Domínguez

La justicia del ciclocross

Nunca he estado en un ciclocross en Bélgica, y es una de esas cosas que uno que dice amar este deporte debe hacer una vez en la vida. Como ir a Arenberg, pisar Alpe d´ Huez, disfrutar de la velada de pista en Londres o perderse en Lieja en la previa de la Doyenne. Son esas cosas que sobrepasan a los gustos, que no tienen que ver con que el ciclismo te atraiga o no, son esas cosas que son un espectáculo tan humano, tan real, que te atraen por defecto.

Zolder fue una fiesta casi completa para los anfitriones. Lo han ganado casi todo, han copado podios y en su particular duelo con los «orange» han salido victoriosos. Obviamente, con tanta, con tantísima gente hay de todo, grandes manifestaciones de pasión e incondicionalidad, por otro lado hay actos deleznables, de auténticos forofos de la peor calaña, como quienes chillaron, increparon y arrojaron cerveza a Lars Van der Haar cuando le disputaba el mundial a Wout Van Aert.

Pero como Gerardo nos recordó ayer, Van Aert tiene sangre de emperador, es de Herentals, como Rik Van Looy y eso en esas tierras es decir demasiado. No había pronóstico que no lo situara en segundo escalafón para ganar, ante la gran prestación de Van der Poel en enero. Van Aert es joven pero tiene la dimensión de los grandes, de un corredor que no se rinde, que no quiere favores, que deja su categoria natural, la sub 23, por batirse en la absoluta. Su premio es merecido.

Y lo es también porque cuadra el círculo, siempre con el debate de qué cuenta más, una temporada regular, abnegada y entregada a la modalidad o una victoria puntual en el mundial. Pues Van Aert lo tiene todo, lo primero y lo segundo. Diecisiete victorias. Ha ganado todo, no ha dejado nada y desde octubre lo viene haciendo, incluso con su edad demuestra madurez para reahacerse de los malos tragos que el deporte te propina. Excelente.

Pero el día cumbre de los mundiales nos dejó otros momentos, la fragancia eterna de Sven Nys, que por mucho que los De Vlaeminck mareen, es una leyenda entre nosotros y no sabemos si el mejor de la historia, y sobretodo la excelente carrera sub 23 y la mil veces repetida historia del ciclista que celebra la victoria la penúltima vuelta. Esta vez lo hizo el checo Toupalik, celebraba y celebraba mientras los belgas que llevaba detrás seguían a full. Les cogió y les disputó el triunfo hasta el final, pero su tirito ya lo había dado. Ganó el favorito de nuestro amigo Jon, Iserbyt. Jon por cierto incluyó al checo, aunque al final no saliera por error de quien esto escribe. Sorry amigo.

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Y no podía acabar sin hablar de Felipe Orts quien se vació diciendo que quería el top ten y le salió un sexto, incluso con alguna pirueta -mirad la foto- en el resbaladizo firme. Con Orts me vale la misma lectura que con Van Aert, tiene lo que se merece porque apuesta a esta bellísima modalidad contra pronóstico en un país que no sabe de la belleza de la misma. Para muchos el ciclocross existe por la belga que corrió con un motorcillo, son los mismos que ven en un lapo de Cristiano una portada. Esperemos que esto, volviendo con Felipe, no sea un espejismo, como lo de Ivan Feijoo en juveniles, que ahora sí estemos ante el verdadero cambio del ciclocross en este bendito país.

Imagen tomada del Facebook de Pep González y UCI

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