#LeCahier Le Tour de Barguil

Warren Barguil KOM

«Toujours Barguil». Warren Barguil es un bretón que hace cuatro años se llevó, sorpresivamente, dos etapas en la Vuelta a España. Lo recuerdo, una en Castelldefels, otra en Andorra, in extremis sobre Rigoberto Uran. Desde entonces Warren persigue aquella gloria, repetirla cuanto menos. Volvió a la Vuelta, hizo top ten, debutó en el Tour, abandonó el Giro y el casillero siguió a cero.

Pero la vida es de los que insisten y los bretones tienen fama de concienzudos. Warren, cuyo nombre tiene una curiosa etimología, siguió a lo suyo y ahora tiene dos etapas del Tour y el maillot a topos, un premio que supera con creces aquel de la Vuelta. Atención porque fue segundo en Chambery y ganador en Foix e Izoard, eso significa estar arriba en las etapas más duras de la carrera. Eso es un antes y un después para el corredor, un ciclista que ha estado siempre en la pomada, con los mejores, alentando su íntimo amigo Romain Bardet, saliendo en el momento justo, siendo efectivo, cuajando un Tour memorable.

Barguil hoy no cogió la fuga buena, ésta fue antes del Vars y llegó a tener, increíble, más de cincuenta. No la cogió, pero salió en el momento de los campeones, en el «prime time» de la etapa, a seis de meta, tomando el mando y sacando de punto a los restos de la escapada, el último Darwin Atapuma, un corredor que nada y nada y siempre muere en la orilla.

Barguil nació en otoño del 91, no tiene ni 26 años y es la punta de lanza de un ciclismo, el francés, que poco a poco tiñe de tricolor su carrera, una reconquista de mano de seda, pero inapelable, una generación dorada, que hace unos años ya nos despertaba interés y que cubre varios frentes. Tienen de todo, hacen de todo y un día darán con el premio gordo.

Bardet, en el umbral. Esa reconquista tiene una meta, recuperar el cetro en su mejor carrera, en la mejor del mundo y en ese camino al revés, nadie ha logrado lo que Romain Bardet, ni Fignon, ni Bernard, ni Jalabert,… Virenque se le aproxima. El de la Auvernia ya es segundo y no llega más arriba porque simplemente no tiene más. Bardet lo ha puesto todo, pero sus ataques no es que no hagan daño es que no hay donde rascar pues no le queda que dar y sus rivales están muy a la par.

Tres tíos en medio minuto. No he mirado los anales del Tour porque seguramente alguien lo habrá hecho y lo habrá divulgado, pero el Tour está probando algo que parecía reservado a las otras dos grandes, que varios ciclistas lleguen con opciones y “on time” cerca del final. Medio minuto entre Froome y Uran, con Bardet de por medio, es la mejor manera de explicar esta llegada al Izoard que prometía mucho y nos ha dejado con ganas de más.

Si el ciclismo se ha vuelto un deporte moderno es por esto, porque hay igualdad y quizá las grandes jornadas de rompe y rasga sean reliquias del pasado. No ha habido jornadas de antaño porque sencillamente no caben en este guión y cabrá acostumbrarse a esto. Lo que la Vuelta probó, el Tour lo extiende y lo mejora. Es lo que hay.

¿Ya ha ganado Froome? Yo creo que sí, pero en este ciclismo de apreturas no hay nada escrito ni un final claro. Con todo Froome es el mejor de los mejores, aunque no le haya hecho falta descolgar a nadie en tres semanas, sólo con estar ahí siempre y dosificar, ojo lo que voy a decir, la ventaja inicial de Düsseldorf, le ha valido. Si miramos el resto del Tour no hay nada que haya distinguido a Froome respecto a Bardet y Uran. En las distancias cortas el inglés también se maneja.

Landa, versión tercera semana. Mal que nos pese, Mikel Landa no estaba por desobedecer, como algunos reclamaban. No hay otra, este mundo es pequeño y más vale dar un paso atrás cuando corresponde y no generar mar de fondo. Landa vino a trabajar para Froome y eso hizo, incluso cuando atacó a más de dos de meta. Landa jugó la baza de la excelencia, dos Sky en el podio de París, pero donde las piernas le daban camino de Foix, ya no llegaban en el Izoard. Es la ley de la oferta y la demanda, Landa lleva un Giro en el cuerpo y ahora el Tour casi entero, incluso con esa facilidad que se le percibe, es humano, sufre y padece. Que quede cuarto, por eso, habla de su potencial.

#LaProchaine Este Tour que tiene dureza pero no la acumula en exceso se vuelve a tomar un respiro antes de la crono de Marsella. Una etapa con sentido descendente hacia la Provenza, a Salon-de-Provence, exactamente: 222 kilómetros para tostar las piernas “un poquito más”.

Imagen tomada del FB de Le Tour de France

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Tu bici siempre controlada…

El más difícil para Chris Froome

Froome Aru Uran Bardet

¿Repetirá Chris Froome? Hace una semana, en los prolegómenos pirenaicos, hablábamos del big four de este Tour, cuatro tipos en un pañuelo que siete días después están, si cabe, más apretados, e incorporan un quinto, Mikel Landa, que también puede influir en la quiniela. Si nos permitís esto es lo que vemos cuando la carrera está afilando cuchillos de cara a Serre Chevalier, o lo que es lo mismo, la primera etapa alpina.

Arriba casi siempre Chris Froome. Es sin duda el hombre a batir, y no sólo porque porte el dorsal número uno, que eso ya le hace especial, también porque ejerce de líder de la carrera porte o no el amarillo, aunque se le vea al nivel de otras veces, ni mucho menos en el peldaño de ese corredor que hace un año podría haber perdido tiempo en el caos del Ventoux y recuperarlo en el tramo final.

Sin embargo Froome es 110% comeptitivo, un tipo que todo lo da en el empeño de ganar su cuarto Tour, no olvidéis que este año lleva la cuenta a cero. A su favor está el tremendo respeto que infunden él y su equipo, que sabe lo que es ganar esto y una crono final que puede poner todo en orden. En su contra que no sabe lo que es ganar una carrera en el alambre y para eso siempre hay una primera vez.

Voluntarioso Aru. Cuando vemos a Fabio Aru vemos las vueltas que puede dar la vida. Iba para el Giro cien y ha acabado haciendo el Tour de su vida. Además de haber portado el amarillo, es, no olvidemos, el único de los favoritos que ha dejado al resto, en la La Planche des Belles Filles. No le veo sobrado, pero tampoco creo que se descuelgue, si ambiciona el Tour realmente, puede desestabilizar, en caso contrario, si quiere atar un podio, pieza golosa, es probable que hasta pueda caer de él, porque en la crono tiene rivales muy complicados.

La atención de Bardet. Dicen que pudo haber rematado a Froome en la etapa de Le Puy, que debió haber quitado a sus gregarios en el puerto para tomar él mismo el comando y forzar más aún al inglés en su remontada, dicen… yo lo que creo es que aquí no sobra un gramo de fuerza y ponerse a ello tan lejos de meta debe pesar en el ánimo y la moral.

Con todo Bardet tiene los elementos para hacer daño, el único equipo con garantías de desgajar el Sky, una primera llegada en descenso, cosa que a él le va bien, y un país que le va a remolcar hasta lo más alto. Desde Fignon 1989 que uno de los suyos no se ve tan cerca. Para mí es el favorito número dos, aunque no esperéis locuras, es un tipo racional y sensato que hará un DAFO en cada paso que dé la carrera. Si le viene de cara, hasta puede romper la maldición.

La ilusión de Uran. Era el tercer o cuarto colombiano en la lista de concurrentes y ahora es la única carta. Es la grandeza del ciclismo. Creo que tiene algo guardado, de todos los que están ahí tiene experiencia y bagaje para realizar algo grande si realmente lo valora. Está igualado sí, pero no se ha exhibido mucho, ha estado agazapado y pendiente de sus rivales. No ha tomado la iniciativa. A todo ello se le añade que es el mejor croner, tras Froome. Veremos dónde encuentra su tope en este Tour, ni qué decir tiene que es nuestra apuesta y nuestro favorito.

Landa es juez y parte. Lo dijimos, es el ciclista del Tour, el corredor que creo sale más revalorizado y en el seno del Team Sky, un arma de doble filo, porque si bien no esconde su subordinación a Froome, tampoco omite la palabra líder en su discurso. Esto es la tercera semana, y él ha hecho el Giro, puede influir, como el hecho que Froome sea amarillo y no Aru, la necesidad de enviarle adelante para hacer un destrozo como el de Foix es, sobre el papel, menor. Ahora mismo la horquilla posible de puestos para Landa es amplia, habla también abiertamente de podio, eso significa que cuenta con la crono de Marsella, porque no olvidéis que ha mejorado mucho también en esta disciplina.

Esto es todo amigos, que no es poco, son dos etapas hollando sitios míticos, el Galibier, por su vertiente influyente, y el Izoard, un sitio trascendente. Luego la crono de Marsella, llana totalmente salvo la acensión a la parte trasera a su vigía, Notre-Dame de la Garde, mildoscientos metros más posterior descenso que acabarán poniendo orden en este Tour de locos.

Imagen tomada del FB de Le Tour de France

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Si queréis vestir ropa ciclista «made in Spain»

Una de ciclismo ficción

Y Louison Bobet, empezado a ser considerado por muchos eterna promesa, se armó de valor y cogió la responsabilidad del Tour. Envió a su gregario Deledda por delante y luego arrancó. Arrancó en el Vars, acompañado de Jesús Lorono, el bilbaíno rival de Bahamontes, y Sena. Luego vino el Izoard y ahí Bobet ya iba solo. Dejó atrás a sus compañeros, aprovechó la cabeza de puente de su compañero Deledda y voló, contra él mismo, como los grandes campeones sólo pueden hacer. Bobet coronó el Izoard, el puerto que muestra sus fauces, luce colmillos, dentelladas de piedra, y sacó una eternidad a sus rivales.

El Tour caminaba torpe, espeso. El Leopard lanzó la carrera de lejos. Andy Schleck tenía un plan: doble o nada. Iba fugado Maxime Monfort. Schleck saltó a una eternidad. Solo en medio del Izoard y con los 2600 metros del Galibier por superar. Su gregario también le esperó.  Andy puso contra las cuerdas a Cadel Evans cuando la carrera parecía franca para el australiano. Otro día mayúsculo de ciclismo.

Dos momentos, separados por medio siglo. Dos  momentos, los anteriormente descritos, de antología ciclista en el Izoard, ese alto cuya subida en el presente Tour no ha deparado más que los puntos y euros embolsados por Purito Rodríguez al coronarlo primero. El Izoard en este Tour fue Souvenir Henri Desgrange y pasó con más pena con gloria sobre la historia de la carrera.

Este año el Izoard fue interesante en el descenso. Pero la subida, la subida fue otra historia, una anodina historia. Llevamos unos años en el Tour donde grandes cimas son mancilladas en su leyenda e historia. Años en los que hemos visto grandes pelotones coronar el Tourmalet, el Aubisque, la Croix de Fer. Grandes nombres, auténticas enseñas del ciclismo mundial pasando de puntillas por la modernidad.

Hay en el pelotón dos corrientes de actuación ante la superioridad de Vincenzo Nibali. El director del AG2R decía en Chamrousse que Bardet lo hizo bien, pero que debería haberlo hecho mejor. El director del Movistar aplaudía la segunda plaza de Valverde admitiendo con la boca pequeña que el líder se les va. Dos actitudes, dos formas de ver la carrera que en Risoul se vieron plasmadas. El murciano a ramalazos, atacando para quedarse, queriendo y no pudiendo. Adujo un incidente mecánico, pero se le ve justo y sus rivales no son pocos. Bardet de menos a más, culminando la faena de su equipo. Coherencia frente a improvisación. Se estrecha la lucha por el podio y se ensancha el liderato. Si alguien no le empuja, Nibali lo tiene en su mano.

#fact Preguntado por la rivalidad de Thiabut Pinot y Romain Bardet, el primer ministro francés Manuel Valls se refirió a la rivalidad Anquetil y Poulidor si bien admitió que su debilidad se llama Tony Gallopin por ser de su zona.

#àdemain El Tour se va la zona taurina por antonomasia. Nîmes es el último alto antes de la llegada de los Pirineos. 222  kilómetros de calor previsiblemente exigente para que los velocistas recuperen protagonismo.

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Eurosport es la casa del ciclismo

1EUROS

Con el Tour afrontando su segunda semana es buen momento para recordar la extensa oferta de Eurosport en el ciclismo. Todos los días LIVE la etapa más las previas y análisis con Greg Lemond, micrófono en mano en las cunetas de la meta, y Juan Antonio Flecha pululando por los buses. En agosto toda la aproximación a la Vuelta a España se dará en bloque a través de este canal. Podéis tener aquí más información.

Serie mitos: El día que Louison Bobet se eternizó en el Izoard

Jean Bobet habla en su libro de “Mañana salimos” del G4. Los grandes de la década de los cincuenta. Una generación irrepetible en todo: palmarés, carisma, rivalidad, glamour, interés. Bartali, el tosco fraile, Coppi, irremediable genio, Koblet, con el peine en el bolsillo del maillot, y Bobet, el primero en casi todo, incluso en armar estadísticas imposibles hasta la fecha.

Hubo un día de julio. Exactamente el 22. Corría el Tour de Francia de 1953. Jean Robic había sido inmisericorde en los Pirineos. En el vientre del pelotón circulaba Bobet. Se hablaban maravillas de él. El gran éxito se le resistía. Tenía ya 28 años, edad de merecer. Era un todo o nada. La jornada partía desde Gap para romper en Briançon. Allí, en su ciudadela de viraje arabesco. La general presentaba aspecto ambiguo. Lo que no pasara en este trecho ya no habría opción de enmendarlo.

Louison Bobet tiró de pizarra. Lanzó por delante, ya en el kilómetro veinte, a casi 140 de meta, a su compañero Deledda con otros dos elementos. Francia se relamía. Bobet no encajaba la situación. Tercero en la general supo que su suerte corría en esa jornada. Armó el ataque a 80 kilómetros de meta. En plena ascensión al Col de Vars, el huesudo potro galo arrancó con Loroño y Sena emparentados a su estela. El líder Mallejac flaqueaba pero mantenía el tipo, por la cumbre sólo cedía 45 segundos.

El descenso fue especialidad de la casa. Bobet se deshizo de sus compañeros en Vars y mandó parar a Deledda. De él sacó el mejor jugo para coger a los de adelante y empezar a hacer decente su hazaña. Sin embargo ésta solicitaba culminar. Bobet cazó y superó a los fugados. Estaba ya en el Izoard. Riscos pelados de paisaje fantasmagórico, caliza piedra que aborda la carretera, una suerte de mal camino de cabras donde serpentean ciclistas al ahínco de los espectadores.

Como diría a continuación, Bobet condujo su máquina en solitario por la Casse Déserte. “Sólo los campeones lo hacen” concluyó. En medio de la muchedumbre, que suponemos no era mucha a esas alturas, emergió un rostro conocido. Fausto Coppi cámara en mano y acompañado de la Dama Blanca, Guilia Occhini, retrató el torcido gesto del francés. Se saludaron en la jerga de los gigantes. En la cima su renta caminaba hacia los cuatro minutos, en meta sorteaba los cinco y medio. El líder llegó a más de diez. Bobet se hizo grande. El Izoard le hizo eterno.