La curiosa defensa de Jakob Fuglsang

Jakob Fuglsang

Andalucía se ha convertido en tierra de reconquista para Jakob Fuglsang

La Vuelta a Andalucía que posiblemente se lleve Jakob Fuglsang por segundo año consecutivo, cae en manos de un ciclista que hace muy poco estaba en el ojo del huracán.

Leía hace poco: Jakob Fuglsang responde con sus piernas.

Andalucía no atrae el nivel de prensa ni presión que otras carreras, esto es un balneario, del que se acordará cuando le acorralen en media Europa con preguntas incómodas.

Responde mientras a todos aquellos que le ponen en duda, en cuestión, ahora que ralla tan alto, con esa temporada que firmó el año pasado y lo que sigue amasando.

 

No cae en saco roto lo que Fuglsang ha hecho esta semana en Andalucía, la llegada a Grazalema, preciosa, batiendo a Mikel Landa, con ataque de lejos.

El control que ha mediado en el resto de jornadas y la etapa de Granada, una metáfora como Jakob Fuglsang se enfrenta a los problemas y detractores,

Dando la cara, tomando el mando, asumiendo riesgos. 

Cruz: todos los portabicicletas

No son pocos los días que el danés de Astana está ahí, viene del ciclismo de Contador y los Schleck, hay que irse diez años allá, y sigue ahí, al corriente de pago.

El camino de minas que le puso a los rivales no fue sólo para ellos, también para su compañero Ion Izagirre, en uno de esos capítulos de morbo que nos gusta despachar cuando vemos a dos del mismo equipo disputándose el trono a la vista de todos.

 

Es muy posible que la Vuelta a Andalucía siga siendo celeste, por Jakob Fuglsang, el corredor que mientras el mundo le cuestiona, sigue haciendo y amasando, de cara, además, a una primavera que viene de dominar no hace tanto, el año pasado mismo.

Imagen: FB Vuelta Ciclista Andalucía 

(*) Permitidnos disculparnos por la irregularidad que ha alcanzado este mal anillado cuaderno en los últimos días, estamos, podríamos decir, de mudanza para tener una plataforma a full en unos días. Stay tuned 😉

Jakob Fuglsang ya tiene escrita su condena

Lieja-Bastogne-Lieja Fuglsang JoanSeguidor

La historia de Jakob Fuglsang con Ferrari la hemos visto otras veces y no suele acabar bien

 

La que se ha liado entre Jakob Fuglsang y Michele Ferrari.

Hace no mucho, veinticinco años, en el pelotón trabajar con Ferrari, con Conconi y otros galenos era prestigio, era estar a la última, saber más que el resto, hacer lo que tocaba hacer.

Hoy esos nombres causan estragos.

A Jakob Fuglsang el año pasado no le iba a salir gratis. 

Dice que no hay caso, que no hay nada que decir, pero la patada adelante no es la mejor forma de hacer las cosas, no en este deporte en el que todos dejan todo… para mañana.

 

 

Que Jakob Fuglsang se haya visto con Ferrari en su día salga ahora en toda su extensión explica lo perverso del sistema, qué y quién maneja esto, quién decide escamparlo y quién no lo de otros.

Sacarlo en vísperas de la campaña que sigue a la mejor temporada del danés no parece casual, que vuelva a sonar el nombre de Astana, menos. 

Los celestes caminan en el filo con tanta asiduidad que nos parece hasta un milagro que mantengan la estructura y el estatus.

El río suena cuando agua lleva, en este caso es celeste, y todo lo que rodea a Alexander Vinokourov es… nebuloso.

Pero la vida sigue, la rueda gira, las cosas siguen su curso.

Mientras unos salen de rositas, otros quedan marcados, Jakob Fuglsang, de quien se han dicho mil cosas mil veces, está marcado.

Su condena no estará escrita en sitio alguno, pero será tangible y notoria, cuando pise una sala de prensa, cuando se le cruce un aficionado, tanto en una carrera como principalmente por las redes.

Tendrá que bloquear gente, aislarse y pensar que lo hace bien, que no le debe explicaciones a nadie.

Yo no sé si se ha visto con Ferrari, en todo caso, si lo hubiera hecho, que se vaya a donde hay que ir… no a un diario primero de todo.

Esa es la realidad, la tremenda realidad en la que convive este ciclismo que dicen diferente al de hace veinte años, al de diez a lo sumo, pero que guarda tics y personajes que nos recuerdan que los cambios parecen cosméticos.

Por que esa información que mancha a Fuglsang viene por varias fuentes y las mismas sitúan a Michele Ferrari de nuevo en el pelotón.

Él lo niega, como otras tantas cosas… ¿a quién creer?

#Top2019 Jakob Fuglsang, el danés de colección

Calor público ciclismo Fuglsang JoanSeguidor

En el año de los prodigios Jakob Fuglsang está en el top cinco

 

Cuando hablamos de Jakob Fuglsang, lo hacemos de un corredor que viene de largo, de aquellos duelos, hace diez años, que se dijo marcarían la década de Contador y Schleck, de esos Tours en los que el bien plantado danés corría para los hermanos dejando espacio a la imaginación sobre su margen y progresión.

Diez años después Jakob Fuglsang es uno de los corredores más sólidos de pelotón, acoplado a la perfección a ese engranaje ganador que es el Astana, sacando la cabeza entre López, Luisle, Gorka y compañía y siendo uno de los corredores del año.

Sacar la coronilla por la chepa de los celestes no es sencillo, Vinokourov, podemos imaginarlo, no pide cosas pequeñas, pide entrega, salir a cuchillo de inicio y romper desde la primera carrera.

Andalucía, febrero, albores de la primavera en flor, paisajes mestizos, playa y montaña Jakob Fuglsang puso la primera muesca del año.

Luego será la tónica, el comodín en todos los paisajes.

Su primavera es una de las más sólidas jamás apreciadas, sólo mejorada por la versión plus de Julian Alaphilippe, su sombra, su condena, también su lastre.

Compañeros en Strade Bianche, cuando Wout Van Aert dimitió en las carreteras blancas, también en la Amstel que les rebañó Van der Poel, desde muy atrás.

Francés y danés fueron pareja de baile, con la certeza de que si llegaba juntos, el mosquetero haría diana.

 

Pero ello no corta a Jakob, cincelado por el esfuerzo sincero, no escatima, el despliega su ciclismo, de culto, exquisito y tira millas.

Cuando Alejandro Valverde dijo basta camino de Lieja, su candidatura emergió.

Nacex, la bicicleta al fin del mundo 

La victoria en el regreso al corazón de la capital del Mosa, el corazón valón, fue un hecho de justifica refrendando con esa pizca de suerte que merece toda hazaña, porque esa salvada, camino en cogollo liejense, una curva mal trazada, un traspiés, casi todo pudo irse al garete.

Dicen muchos que en la vida casi todo es trabajo, pero la suerte es mucho, muchísimo, ¿qué le hubiera reportado de grande esta primavera a Jakob Fuglsang si esa curva acaba en caída?

La justicia es ciega, pero a veces también justa. 

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Su asignatura pendiente, y creo que para siempre, será el Tour de Francia, a donde aterriza con Dauphiné en bajo el brazo, pero ni con esas.

Hay carreras que no se dan insistir no tiene lugar, ni se justifica, el Tour y Fuglsang son un binomio imposible, mejor dejarlo, y sacar rédito a las jornadas que van como anillo al dedo, con la etapa que gana en la Vuelta para poenr guinda al año más sóldo de Jakob Fuglsang, la temporada en la que más se aproximó a ese corredor que hace diez años imaginábamos muy arriba.

Jakob Fuglsang: en el Tour siempre pasan cosas

Lieja-Bastogne-Lieja Fuglsang JoanSeguidor

Este Tour nunca se le ha dado a Fuglsang y la retirada era una evolución casi natural

A unos veinticinco kilómetros de la meta en Nimes, Jakob Fuglsang se cae, se retira el casco con cara de circunstancias y se mete en el coche.

Jakob Fuglsang dejaba el Tour, otro Tour al que acudía con galones que pasa.

El danés o es nuevo en esto de Francia y el Tour, su presencia en el mismo se remonta diez años atrás, cuando Fuglsang era la niña bonita del equipo de los Schleck, aquel al que todos miraban cuando los luxemburgueses ya no estuvieran.

Los años pasaron y cada vez que Jakob Fuglsang apuntaba al Tour, algo se torcía.

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Este año ha sido más de lo mismo.

Si Julian Alaphilippe fue uno de los hombres de la primavera, Jakob Fuglsang destacó por su omnipresencia, un estado de forma insultante, una victoria en Lieja, con una librada milagrosa en una curva, al final y el Dauphiné para postre.

Le veíamos al fin ahí, pero en el «trámite» de Nimes se ha ido para casa.

Otra vez más Fuglsang no puede con el Tour de Francia.

 

Pero esto es el Tour, y en el Tour siempre pasan cosas, suceden situaciones que suman y liman a los corredores, sus fuerzas y moral.

Poco antes de la salida de Jakob Fuglsang del Tour, Geraint Thomas volvió al suelo.

El otro día nos los preguntábamos, es increíble la querencia de los grandes líderes actuales por el suelo.

Es raro que uno de los capos importantes del pelotón no haya besado el asfalto.

Entonces es cuando piensas en Miguel Indurain y su hoja limpia en el Tour y no crees lo que viste.

Geraint Thomas no tiene en este Tour el papel perfecto que le tocó el año pasado y eso, con las caídas, rivales que crecen… también pesa.

 

Calor, cubitos de hielo entre las rendijas de los cascos, apostados en la nuca de los corredores…

Amenaza de viento en algunos tramos de la jornada, recordemos que aquí mismo, un poco más al sur, en Montpellier Sagan y Froome realizaron un show con el Dios Eolo…

Con todo, siempre pasa algo en el Tour, Jakob Fuglsang puede decirlo, Geraint, también.

SQR – GORE

 

Y mientras crece la figura del velocista de bolsillo, un corredor al que se le tiene cariño sí o sí.

La victoria de Caleb Ewan en Nimes, llegada del Tour, su segundo triunfo, le da la razón a ese joven prodigio que hace un año por estas fechas estaba puteado en casa porque él quería correr el Tour.

Dos etapas, ésta dejando a Elia Viviani con las ganas y eso que el veronés tuvo el tren perfectamente organizado.

Al final, ni tan mal, los velocistas han tenido sus ocasiones y hemos visto llegadas al sprint.

Ese tipo de situaciones que demuestran que en el Tour siempre pasan cosas.

Tour: Mike Teunissen y el fondo de armario del Jumbo

Tour Mike Teunissen JoanSeguidor

Como no podía ser de otra manera, el Tour se abre con caídas, nervios y peligro

El Tour es otra cosa, lo hemos leído mil veces, leído otras tantas.

Jakob Fuglsang lo puede decir, afirmar.

El danés de la campaña, el tío que muchos vemos arriba cuando la carrera llegue en tres semanas a París, ha estado en la cornisa de todo.

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Una caída, esas de la primera etapa, más cuando ésta se resuelve en línea, creo que nos ha encogido el corazón sólo con pensar sobre su abandono o pérdida de tiempo.

👑”Who wants to be the king of the 2019 Le Tour de France?” Take a behind-the-scenes look at our team meeting!👀 #TDF2019 #AstanaProTeam

Publicada por Astana Pro Team en Sábado, 6 de julio de 2019

No sabemos si es que Astana está muy confiado, o que corredor y equipo vienen con deberes hechos, lo cierto, es que solventaron con tino y acierto una situación de esas que, vistas desde fuera, todo son urgencias.

Fuglsang es uno de los outsiders para un Tour que empieza con las habituales cribas de las caídas, y la certeza de que esta primera semana va a ser muy larga para algunos.

DT-Swiss 2019

 

El espectáculo que no vemos es el que sucede.

Brad Wiggins desde la moto lo decía «aquí pasan cosas» y es que la tensión de estos días no se describe con palabras.

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No quiero pensar la adrenalina y el sueño cómo se conjugan en una la noche del estío de Bruselas, en la antesala de una crono por equipos que no es decisiva para la general, todos los capos tienen un equipazo para tirar del carro, pero seguro que puede arruinarle el Tour a alguno en un mal paso.

 

 

El Tour de Bruselas, el de Merckx, se abre con una victoria inesperada, la de Mike Teunissen, unos kilómetros después que Dylan Groenewegen se cayera en el remolque hacia meta.

Pensamos, algunos, desde lo lejos, en Wout Van Aert: «Ya la está liando».

Pero fue Teunissen, en una muestra del fondo de armario de uno de los equipos de la campaña, sin duda, este Jumbo, que pone el ciclismo neerlandés alto, muy alto, allí donde la pasión y querencia de este país por este deporte merecen.

SQR – GORE

 

El entremés de Bruselas no deja lecturas significativas, pero sí mella en las piernas de los grandes nombres.

Es el Tour, esa carrera que lima fuerzas, que mina la moral y que cuando te percatas, estás fuera

La segunda batalla de esta guerra pone en juego algo más que la honrilla, el arte de rodar en equipo se pone sobre la mesa… aquí no hay prisioneros.

Imagen: FB Jumbo Visma

 

 

¿Para cuánto le dará esa clase a Jakob Fuglsang?

Lieja-Bastogne-Lieja Fuglsang JoanSeguidor

Jakob Fuglsang no es un favorito top pero puede condicionar el Tour

El Criterium del Dauphiné no es una verdad relativa que se acerca, a veces, mucho a la absoluta.

Jakob Fuglsang es uno de esos corredores que no puede dejar indiferente

Marcado, estuvo siempre marcado, desde que se aupó como la mano derecha de los Schleck, en el Saxo y luego Leopard, siendo un tipo importante en el engranaje de unos de los mejores equipos del mundo hace menos de diez años.

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Desde entonces, nuestra mirada nunca ha esquivado la clase y talento de este danés que nunca dio el tono en las grandes vueltas, y que sin embargo, los 34 años sigue manteniendo la puerta abierta.

Lo hace por cosas como las de este Dauphiné que Jakob Fuglsang se vuelve a llevar a su palmarés, dos años después.

Una carrera que pasará a la historia por el desgraciado accidente de Chris Froome reconociendo una contrarreloj pero que, si queremos hacer justicia, debe pasar por la que sigue completando un año de ensueño de este danés prendado de calidad.

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Jakob Fuglsang, en la tormenta de Pipay, manejando la carrera con esa tibieza en el pedaleo en medio del aguacero, es una de esas imágenes que te reconcilian con el buen ciclismo.

Ha ganado el Dauphiné de la misma manera que lleva maravillando desde inicio de campaña, siendo ariete de un Astana que camina desmelenado esta campaña.

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Ser ariete de Astana da la medida como camina el caballo danés, que progresa en todos los terrenos.

No competía desde el último domingo de abril, el de las elecciones, entonces ganó Lieja.

Ahora le suma este Dauphiné.

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Quizá en la consistencia de su temporada encuentre Jakob Fuglsang el mejor argumento para optar a algo importante en el Tour de Francia.

Ciclista de momentos, destellos interesantes, pero nunca más allá del Rubicón, en Francia, en julio, creemos que podemos tener un ojo sobre lo que haga.

 

 

Porque lleva una campaña cargada, es cierto, pero no menos lo es que ese mayo de descanso activo le ha sentado bien, lo mismo que las tres semanas que quedan hasta que el mejor ciclismo del mundo parta de Bruselas.

Poner a Jakob Fuglsang en la quiniela del Tour más incierto de los últimos años no es una tropelía, al contrario, es de justicia y se lo ha ganado.

Un tipo sin miedo, en una carrera que va a estar abierta, en la que el Ineos tocará la misma música de siempre pero sin la certeza de tener a Froome, puede ser una variable importante.

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Si este Tour necesita de incertidumbre para romper con un pasado reciente lleno de ediciones tediosas, Jakob Fuglsang puede ser de esos elementos.

Va bien la escasa contrarreloj prevista y como un tiro para arriba, le queda tiempo para afinar y tiene poco que perder.

No es un favorito top, pero puede estar ahí, y de paso igual hasta rompe la mala historia que grandes ciclistas daneses tuvieron con el Tour.

Lieja-Bastogne-Lieja: Jakob Fuglsang es el mejor ganador posible

Lieja-Bastogne-Lieja Fuglsang JoanSeguidor

Jakob Fuglsang gana en Lieja: por suerte el ciclismo ha sido justo

Permitidnos apuntaros un tanto…

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No ganó Alaphilippe porque literalmente se abrió en la subida clave.

Tampoco Nibali, porque le faltó entrar en el corte.

Valverde estaba en reserva: la avería entrenando, el golpe en el sacro, se sumó un estado de forma que no es necesario ser ingeniero para ver que no anda como antaño.

Y Jalabert, Jalabert, ya no opositaba 🙁

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Entre Lieja, Bastogne y Lieja ganó quien el sentido de justicia nos señalaba como el acreedor de un triunfo largamente acariciado y merecido.

Jakob Fugsalng, danés, treinta y tantos, un ciclista que galopa por su mejor momento de siempre

Le recordamos hace tiempo, una década atrás, cuando trepaba en favor de los hermanos Schleck, Andy ganó en Lieja hace diez años, nada menos, en una primavera fría y desapacible.

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Parecida a la de este último domingo de abril.

Frío. lluvia… peligro en cada curva, en cada peralte que llevaba hasta el centro de Lieja.

Jakob Fuglsang era nuestro favorito de corazón, cualquier sentido de la justicia invitaba a ello.

Un danés en medio de un día apocalíptico, no era tan difícil, viendo lo que veníamos viendo.

 

 

Roche-aux-Faucons en esta Lieja gana los enteros que Ans, y hace dos años aquel empedrado, le quitaba.

Lo de llevar la meta de la Lieja-Bastogne-Lieja al centro de Lieja fue un acierto, de arriba abajo, de derecha a izquierda.

Entre otras cosas, porque Jakob Fuglsang, como tipo más fuerte del pelotón en toda la estación verde, estaba obligado a romper sí o sí.

SQR – GORE

 

De quedar Ans para el final, todo se guardaba para Ans.

Pero si uno está en el momento más dulce de una carrera deportiva fecunda, pero quizá un punto por debajo de lo que muchos preveíamos, cabe atacar, sin nada que temer, ni esperar.

Cualquiera que viera la primavera de Jakob Fuglsang, ese mismo corredor que se ha venido abajo cada vez que se le ha cargado de responsabilidad, sabía que era la rueda a seguir.

Una rueda que nos dio un susto importante cuando, en esa curva a cinco cochinos kilómetros de meta, casi se va, porque ese firme era una tarta de nata bajo los tubulares.

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Un susto que no quebró esa justicia poética  ala que aludíamos, a la misma que nos quedó en la punta de los labios en Amstel y Flecha.

321, así ha sido la secuencia de Fuglsang en su camino hacia Lieja.

Un premio que demuestra que el ciclismo, cuando le da, puede ser justo.

 

Con Jakob Fuglsang se cierra una campaña de clásicas que, salgo Van der Poel y Betiol, no ha desentonado con lo visto en el resto de carreras.

Una campaña en la que el azul se ha impuesto en sus diferentes tonalidades, donde un danés de Astana quiso hacer bueno el legado del corredor de pocas pero excelentes victorias, otro nórdico, llamado Rolf Sorensen.

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26 años después de aquel maestro de exquisitez, un danés vuelve a reinar sobre Lieja, sobre el ombligo de las Árdenas, el sitio en el que no haces prisioneros, donde el golpe cae duro, pica y hace daño.

Que Jakob Fuglsang, con todo lo que ha exhibido estos dos meses, entre Tirreno, Strade y Amstel, gane concilia al aficionado con el ciclismo.

Porque en el fondo, somos unos románticos.

Imagen: FB de Liège-Bastogne-Liège

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Flecha Valona, el calvario más dulce de Julian Alaphilippe

Julian Alaphilippe Flandes JoanSeguidor

La Flecha Valona tiene en Alaphilippe el príncipe aspirante al trono del rey Valverde

La carretera que lleva a lo alto del muro de Huy, el hito de la Flecha Valona y uno de la campaña ciclista, es el camino de capillas que marcan, cuales migas de pan la ruta a la cima.

Una ruta que muere en una iglesia, cuyo campanario marca el momento de darlo todo.

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Una ruta de calvario, agonía y dolor que ha sacado lo mejor de los mejores.

Cuando Julian Alaphilippe cruzó, victorioso, el umbral de la Flecha Valona buscó una valla, dejó la máquina, se agarró y cayó al suelo.

Pidió agua, y según se la dieron cayó media botella al suelo, porque el francés no podía casi sujetarla.

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Una imagen de extenuación superlativa, un hombre roto, quebrado, sin fuerzas para gestionar el éxito que, un año después ha sido capaz de lograr.

Flecha Valona: Otra vez Alaphilippe, otra vez Fuglsang

 

Si miramos la historia reciente de la Flecha Valona, veremos que el ganador entra con margen y respiro para celebrar con cierta comodidad su triunfo.

Cuando muchos emergían en el horizonte, Alejandro Valverde ya celebraba el triunfo.

El año pasado Julian Alaphilippe saboreó el éxito con la relativa tranquilidad que se supone ir echando el corazón por la boca.

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Esta vez no, en esta ocasión, cuando Jakob Fuglsang, posiblemente en el mejor momento de su vida, se puso al frente, intuíamos que no iba a ser sencillo cogerle y superarle.

Así, mientras Alejandro Valverde iba siendo engullido por los primeros, mientras Michal Kwiatkowski apuraba sus escasas opciones, el ataque de Jakob Fuglsang sonaba a enmienda a la totalidad.

Y de esta manera el danés propuso un juego diabólico que casi acaba con los dos en el suelo, medio cruzados y torcidos por la igualdad y el esfuerzo.

 

Ganó Julian Alaphilippe su segunda Flecha Valona y casi no pudo celebrarlo, aturdido por el esfuerzo sobrehumano al que le somerieron.

El calvario que conduce hacia la coronilla de Huy lo experimentó Julian Alaphilippe en toda su extensión.

Alberto Losada conoció bien las bellezas de la Flecha Valona

 

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Una victoria de esas que saben reparadoras en una carrera que se le ajusta a la perfección.

Da igual que hayan veinte o cien en cabeza, el trabajo de selección que le hacen las rampas del muro le separan el grano de la paja. al francés.

Una sacudida en el serpenteo hacia la iglesia de Huy que vino precedida por otra de las cosas que caracterizan esta carrera y muchos le niegan por jugarse en el kilómetro más largo.

 

La Flecha Valona es una preciosidad de carrera, por esas apabullantes Árdenas que, como en tiempos bélicos, esconden trampas a cada paso.

Ritmo endiablado, dardos que Lotto, especialmente, lanza por delante, bordillos, cambios de rasante, giros bruscos, alcantarillas, adoquinados azarosos…

Permanecer vivo hasta el pie de Huy implica un esfuerzo que lima muchas opciones.

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En la aproximación destacó Enric Mas, que impuso un ritmo digno del mejor Team Sky.

La Flecha Valona tiene en Julian Alaphilippe el príncipe que alberga un día ser como el rey Alejandro Valverde, a quien el arcoíris le está sentando como otros antes que él.

Aunque cueste admitirlo, el sol sale y se pone con él en el paraíso del Movistar, y cuando se nubla el cielo, el celeste es un equipo más.

Lo que le pase a Valverde lo sabrá él, los efectos de su campaña, los padece el casillero de su equipo.

Imagen: GettySport

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