La dura vida de un velocista en la Vuelta

Yo crecí, recuerdo, con Alfonso Gutiérrez, Manuel Jorge Domínguez, Antonio Esparza, Jaume Vilamajó –si no me equivoco el último español que ganó en la meta de Madrid-,… vi grandes de la velocidad ganar en la Vuelta una, dos o tres etapas en la misma de edición, cuando no de una tacada: Eddy Planckaert, Guido Van Calster, Stefano Allocchio, Jean-Pierre  Heynderickx, Uwe Raaab, Silvio Martinello… Vimos el gran duelo de los albores de los noventa en terreno Vuelta, el de Jean Paul Van Poppel, el limpio, el veloz, el elegante, frente a Djamolidine Abdoujaparov, el tosco, el sucio. Incluso dos equipos patrios tuvieron a proa dos velocistas de postín: el holandés Mathieu Hermans en el Caja Rural y Malcom Elliot en el Teka.

Esos nombres son también Vuelta, fueron su historia, construyeron etapas, culminaron emociones. Con ellos se abrió el periodo de los Nicola Minali, Jan Svorada, Robbie Mc Ewen, Adriano Baffi, Mario Cipollini, Erik Zabel,… y así hasta los hombres rápidos más recientes.

Este veloz paseo por algunos de los velocistas que pisaron con fortuna la Vuelta a España responde a la total ausencia de estos en la edición que toca a su fin. En esta carrera sólo el bello paraje de Sanabria ha tenido volatta como tal y la ganó un buen ciclista, como Michael Matthews, tras el único trabajo ordenado y exitoso de un equipo en pos de un sprint, el Orica. El resto de llegadas que se presumían en embalaje masivo ha  sido arruinado por la mera inexistencia de una apuesta por el triunfo parcial y el control que supusiera un sprint al final.

Es obvio que siempre hemos considerado las jornadas con final al sprint como meros hilos conductores entre etapas de perfil montañoso. Se trataba de un tedioso transitar hacia la meta de turno mientras la gente de la general guardaba armas de cara a Cerler, Lagos o Naranco, como cimas de referencia en la época. Eran etapas consideradas “minutos de la basura” pero redondeaban las tres semanas de competición, las completaban y daban un sentido circular y equitativo.

Ahora nada de eso ocurre. La presencia de velocistas en la carretera de la Vuelta ha sido nula, se aportado todo a finales complicados, no todos igual de justificados, y se marginado esa especie de ciclista que siempre ha dado espectáculo y servido buenos duelos. Una pena por que una carrera moderna tiene que apostar por escenarios nuevos –la Vuelta lo hace- y finales que escruten el espectáculo pero también por un grado de equilibrio que al menos dé la sensación de que los casi doscientos tíos que toman la salida han tenido cada uno su momento para brillar.

Foto tomada de Forocoches 

Las vainas inoxidables del Lampre

Los días que la luz del Euskaltel se apagaba, en una cabecera vasca, no recuerdo cuál, hablaban de lo inoxidable del patrocinio de Lampre, una empresa metida en el trabajo del metal que está involucrada en el ciclismo hasta tal punto que hablamos de unos de los patrocinadores de mayor peso histórico en la actualidad. Lampre se sitúa sin duda en ese estatus de histórico y quizá sólo superado por la firma belga del Lotto.

Lampre entró en el ciclismo con cierto posicionamiento en 1991. El entonces equipo Colnago de Pietro Algeri lucía las siglas de esta empresa en un proyecto que encumbró los primeros años profesionales de ciclistas interesantes como Jan Svorada, Davide Bramati y Gianluca Bortolami. El hombre importante en ese momento fue un polaco, Lech Piasecki, corredor de segundo orden con buen palmarés sobretodo en Italia.

Pero poco duró la aventura compartida pues al año, en 1992, Lampre ya era primer sponsor y por tanto patrocinador principal de una estructura ciclista. El llamativo maillot que combina el azul, fucsia, rosa, y otros colores de similar matiz ya estaba en medio de un pelotón que por aquel entonces poblaban marcas tan legendarias como el Ariostea, Del Tongo, Banesto u ONCE. Sólo mentarlas implica saber del poso histórico que maneja Lampre.

En 1993 el equipo contempla una de las mejores campañas que un ciclista ha rubricado en los tiempos modernos del excampeón del mundo Maurizio Fondriest que se pega un hartón de ganar con el nombre de Lampre en el pecho. Desde San Remo a la Volta a Catalunya, cuando ésta se celebraba en septiembre, pasando por un sobresaliente Giro de Italia, Fondriest fue, números en mano, el mejor ciclista de un año en el que Lampre sacaba adelante el que posiblemente fue su mejor corredor históricamente hablando: Pavel Tonkov.

Aquel ruso histriónico, serio pero de pedalada trabada, redonda y elegante le dio a esta casa gestionada por auténticos locos del ciclismo el Giro de Italia de 1996 como botín más preciado en una dura pugna con un Abraham Olano, entre otros, enjutado en el maillot de arco iris. También venido de más allá del telón de acero, Djamolidine Abdoujaparov aportaría buenos éxitos.

Panaria y Polti fueron compañeros de viaje, por esos controvertidos años. Compañeros que luego acabarían por volar solos. Luego vendría Daikin en el ciclo en el que Oskar Camenzind fue campeón del mundo, casi nada. Entrados en el siglo XXI un español aterrizó para traer pocas pero buenas victorias: Juanma Gárate. Lampre llegó a subir al podio del Tour, en 2002, con un ciclista que ofrecía muchísimas dudas como fue Raimundas Rumsas. Luego tuvieron otro que corrió como emblema de las ganas y el coraje: el belga Ludo Dierckxsens.

La italianización de Lampre pasó por varios nombres que vistieron esta elástica. Francesco Casagrande, uno de ellos, Gilberto Simoni, otro. El doble ganador del Giro se despidió del ciclismo en la arena veronesa con los colores de la histórica marca. Y ya que hablamos de Verona, hacerlo del príncipe de la zona, el ciclista que posiblemente más íntimamente se ha insertado en este equipo que vio como el paso de muchas de sus estrellas fue efímero, hablamos de Damiano Cunego, el pequeño veronés que ganó un Giro a muy tierna edad, no ha alcanzado el nivel que se le presumía pero sí al menos ha dado muy buenos momentos al equipo que le ha sido más fiel.

Con Cunego guardándole las espaldas, Alessandro Ballan se hizo campeón del mundo en Varese el día que ambos fueron oro y plata para goce de la hinchada. En 2011 la descalificación de Alberto Contador le dio al equipo otro Giro, éste de la mano de Michele Scarponi, segundo en la carretera pero aupado al primer lugar un tiempo después en una de esas victorias que si bien lucen en el palmarés no gustan como si las ganaras de primera mano.

Por que en una travesía tan larga los compañeros de maillot son cambiantes. Si del Lampre surgió el Panaria y el Polti, con Lampre también entró en ciclismo el Vini Farnese, hace tres años y con el anotador por antonomasia a su cobijo, el velocista Alessandro Petacchi más el talentoso Filippo Pozzato, acompañados de quien hace tiempo se señala como hombre importante en la estructura que en esta Vuelta dirige Matxin, es decir Diego Ulissi. Nacido los días que Lemond, Fignon y Perico luchaban por el Tour, el toscano es el último eslabón de una familia a la que deseamos otras dos décadas en el pelotón.