Es tentador decir que Jan Ullrich fue un juguete roto

Jan Ullrich JoanSeguidor

La historia de Jan Ullrich esconde uno de los grandes talentos jamás visto

En la jornada que nos reprodujeron la victoria de Roberto Laiseka, Tour 2001, en Luz Ardiden volvimos a saborear la figura de Jan Ullrich: su porte sobre la bicicleta, ese perfil agresivo e hiriente, ese corredor que dejó huella profunda, aunque el palmarés que acabara amasando estuviera lejos de lo que un día pudimos proyectar.

Hijo de la Alemana del Este, de Rostock, allá arriba, en las orillas del Báltico, Jan Ullrich fue un prodigio, quizá el que más se pudiera equiparar en cualidades a Miguel Indurain en treinta años de ciclismo.

Un motor de gran cilindrada que sin embargo gripó ante la aventura de la historia y el juicio de los años.

Ese corredor, siendo aún un imberbe pelirrojo, subió al primer podio de un mundial contrarreloj, en Sicilia, para acabar siendo ariete en el fin del reinado de Indurain.

En el Tour de 96 se abrió un periplo de unos diez años en los que Jan Ullrich nos ha regalado grandes momentos, mezclados con sonoros fracasos sociales y personales, que han culminado en la persona que es hoy, un personaje que ha llenado líneas de sucesos, tristes y alejados de aquella grandeza que demostró sobre la bicicleta.

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Una grandeza que no sólo se resumió en la victoria, también en la derrota, como esa meta de Luz Ardiden en la que tendió la mano a Lance Armstrong, manifiestamente invulnerable durante todo el Tour.

Una grandeza que evidenció en la misma subida, un par de años después cuando, después de apretar al americano en el Tourmalet, la caída de éste con Iban Mayo fue suficiente para mandar parar.

Y paró, lo hizo sin temor a las consecuencias que le llegaron acto seguido, cuando Lance se fue a por el quinto Tour, que no sale en los anales, pero que recordamos perfectamente.

¿Cuál fue el mejor Jan Ullrich de la historia?

Si no hablamos de rendimiento deportivo, y sí de fidelidad con lo que fue y consiguió una fotografía general, a entradas y salidas del estrellato, con capítulos de todo tipo.

Su explosión en el Tour que gana su compañero Riis y acaba segundo habla de ese motor que, aunque trucado, fue único.

Un motor que le dio para ganar el último Tour de un ciclo que hoy vemos con escepticismo y me gustaría llegar que con lejanía.

Jan Ullrich JoanSeguidor

Cuando Jan Ullrich sacó las pegatinas a Pantani y Virenque en una subida como Arcalís quedamos alucinados, cuando los lanzó al espacio sideral en la posterior crono, conmocionados, pero lo mismo que al pelirrojo se le daban bien las exhibiciones, también le hacían pupa las lagunas que surgían en algunas carreras.

La jornada aquella de los Vosgos, con medio Festina delante, le salvo la cortedad de miras que muchas veces marcó la carrera de Virenque.

Al año siguiente inició su filtreó con la segunda plaza del Tour, aunque resuenan los truenos de la exhibición alpina de Pantani y los fuegos artificiales posteriores de Armstrong.

Estos fueron los compañeros de viaje de Jan Ullrich, está todo dicho, como le preguntábamos a Haimar hablando del Euskaltel, sobre estos mismos y Vino y Hamilton.

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Fue una generación que queramos o no escribió páginas de ciclismo que quedan en la memoria, páginas intercaladas con esos escándalos que acompañaron este talento sin igual.

Accidentes de coche, problemas de alcohol, de drogas y follones con el vecindario una vez colgada la bicicleta.

Ullrich llegó con estruendo al estrellato, dejó el ciclismo con el pie cambiado, vinculado a un galeno especializado en ginecología identificado en una lista de apodos que no encontró obvias relaciones con otros, y con el escándalo a la espalda.

¿Fue un juguete roto?

¿El ciclismo contribuyó a ello?

Cada uno tiene su opinión, la verdad sólo la sabrá él, otra cosa es que su image nos trae el recuerdo de uno de los ciclistas más dotados de los últimos treinta años.

VDB, el valón mágico

Hubo un ciclista valón, insolente, talentoso, desde bien pronto pretendido por grandes equipos. Primero le recuerdo en el Lotto, el mismo año pasó al gigante del momento, el Mapei GB, el de Ballerini, Taffi, Museeuw, Peeters,… un equipazo en toda regla, de esos que marcan sello y dejan huella. Ese equipo en el que Oscar Freire aterrizó años después con su modesto Corsa en medio de las máquinas de alto rendimiento y diseño de Bartoli y cia.

De Frank Vandenbroucke se supo rápido. No era uno más. Su perfilada perilla, el pelo perfectamente alineado, rubio de pote. Le llamaban “l´ enfant terrible”, lo era dentro y fuera. De él escribe David Millar en su obra-denuncia que creía saberlo todo, como Philippe Gaumont, otro corredor de largo ego que no acabó bien.

Vandenbroucke vivió a 200 kilómetros por hora y los radares no saltaron, no al menos como para evitar su prematuro final. Fallecido joven en Senegal. Sin embargo cada primavera nos obsequia con imágenes, recuerdos, retazos de un ciclista que era inimitable. Con 25 años recaló en Cofidis, un equipo que en 1999 era ampliamente sospechoso de todo. Llegaba con un CV enorme. Había ganado a sus mayores en la Het Volk, en Niza, en los Tres días de La Panne.

Ese año son dos las escenas de VDB, pues así se le “abreviaba”. En La Redoute, carrera lanzada hacia Lieja, toda vez se dejó Bastogne a las espaldas. Las Árdenas hierven. Subida recta, arbolada, exigente, el viaducto al fondo. Estampa familiar. Salta un coco, Michele Bartoli, dorsal uno cosido a la espalda. Es el ganador saliente de dos ediciones memorables. las dos anteriores. A Bartoli se le consideraba favorito cinco estrellas.

Manos en la parte baja del manillar. morro asomando por delante del mismo. Vista baja, horizonte plano. Arranca una vez y nadie le sigue. ¿Nadie?. Un obús surge, es VDB, le toma la rueda, se le pone en paralelo y empieza un pulso de vida o muerte, aunque quede una eternidad para meta. Mano a mano, ninguno cede, quién la tiene más larga. VDB sale vivo y entero, Bartoli, tocado, roto. Poco después el belga saldría volando solo. Poco antes había sido podio en Flandes.

Pedro Delgado, sobre Desafío Guadarrama: “Ideal para introducirte en este tipo de eventos”

Ciclista de momentos, meses después deja a su mujer embazada y suenan vínculos con el doctor Mabuse. Vida desordenada, dentro y fuera de la carretera. En una Vuelta marcada por el plomo de Jan Ullrich, protagoniza un destrozo en Navalmoral que pasa a los anales como unas de la exhibiciones del ciclismo moderno. Ciclismo de monstruos, de actuaciones imposibles. Mikel Zarrabeitia aún trata de adivinar por dónde le adelantó que ciclista rubio e imposible en el empedrado de la muralla de Ávila.

Podio también en Flandes -ganado por leyendas como Van Petegem y Museeuw- VDB volvería, a fogonazos, como Claude Criquielion, el otro valón de cabecera hasta que llegó Philippe Gilbert. En números su palmarés no es de los mejores, en arraigo y sentimientos pocos calaron como él. Su nombre emana del recuerdo que viene de los mejores días que nos dio la Primavera.

Imagen tomada de www.wielerteamgirodelmondo.be

 

Jan Ullrich no se ha comido un niño

Jan Ullrich JoanSeguidor

La trifulca de Ullrich en Mallorca ha degenerado en comentarios nada edificantes para el ciclismo

  

Leer las noticias estos días sobre Jan Ullrich no es sencillo.

Y no lo era porque quienes vimos a este exciclista en su esplendor, su clase, su categoría, resulta triste verle así.

Triste aunque no extraño, porque exdeportistas que acaban mal no hay pocos.

Lo tremendo es leer lo que se dice y se comenta de Jan Ullrich y por ende del ciclismo.

Sobre su adicción y la relación que ésta tiene con el ciclismo… por ejemplo, pero también el desmadre que hubo en el periodo de la rivalidad del alemán con Lance Armstrong.

Las cosas en la vida no son sencillas, ni perfectas, pero eso no significa achacarlo siempre a los mismos.

Jan Ullrich es un ganador de Tour de Francia, de hace 21 años, no es un cualquiera y verle en un lío es noticia.

De hecho no es la primera vez.

Se perdió un Tour por un accidente de coche y alguna vez se le vio conducir bastante pasado.

Paradójico, un ciclista tocado conduciendo.

Pero ello creo que no nos tiene que hacer perder la perspectiva.

Jan Ullrich tiene sus adicciones y deslices, pero no ha matado a nadie.

Ha tenido una trifulca con un vecino y punto.

Ha pasado una noche en calabozo y ha entrado en terapia por sus insanas costumbres.

Y nada tiene que ver que haya sido ciclista, y haber tomado lo que ha tomado, para actuar de esta manera.

Aunque sea de perogrullo, nada tiene que ver una cosa con otra, pero es terrible lo fácil que es vilipendiar en redes y comentarios de diario.

Este deporte ya tiene muchos «expertos».

Los buenos tiempos

Veinte años ya, estoy abrumado por cómo pasa el tiempo. Por suerte, rápido te olvidas de las penurias del momento, de lo mal que lo pasas y los sufrimientos para ganar una carrera como el Tour. Sin embargo, miro atrás y veo que ningún otro ciclista alemán ha sido capaz de volver a ganar el Tour. Vencer en esta carrera tuvo un profundo impacto en mi trayectoria profesional y mi vida personal.

Siendo ciclista pro muchas veces convives con tus límites, pero nunca es suficiente, y generalmente tienes que darle otra vuelta de tuerca y buscar tanto nuevos límites como retos, y eso me mantiene vivo, seguir creciendo y mejorando, con la esperanza de que volverán los tiempos de las celebraciones y los buenos momentos, cosas que tenemos que valorar, porque la desmotivación a veces llega, sin esperarla. De ella, de esos malos días, nos toca aprender, echar mano de la gente de que quiere y de los compañeros, que seguro podrán ayudarte.

Con todo el ciclismo es fundamental en mi vida. Siendo niño y luego adolescente tuve la suerte de convertir mi hobbie en mi profesión y luego desarrollar una carrera deportiva en aquello que me gustaba, pero cuando dejé la alta competición, el ciclismo volvió a ser mi hobbie, como en los años mozos. Ahora mismo el ciclismo lo es todo, pero principalmente una excelente válvula de escape sin la cual no sé qué habría sido de mí.

Entre los parajes que conozco, sin duda, por motivos además sentimentales, mi subida favorita es la de Arcalis, en Andorra, donde me puse de líder en el Tour de 1997 y en la Vuelta de 1999. Subirla me trae grandes recuerdos.

Desde Rose Bikes, me han dado a probar la nueva ROSE X-LITE TEAM una de las mejores máquinas que he conocido, te hace sentir como en plena competición: combina rigidez con una excelente aceleración en los primeros momentos. Lo cierto es que los primeros kilómetros con cualquier bici top de Rose son un placer, te meten en situación de forma cómoda.

Ahora miro el ciclismo desde fuera, pero lo sigo con atención. El ciclismo alemán ha vuelto a ser una referencia, sobre todo en sprints y clásicas. Creo que tendremos que esperar para ver un favorito a una gran vuelta, no obstante la generación que tenemos es de lujo con Greipel, Martin, Kittel,… en ellos está ahora la suerte de nuestro ciclismo y que un día vuelvan los sponsors que traigan las futuras estrellas.

Por Jan Ullrich

El presente de Jan Ullrich

Jan Ullrich JoanSeguidor

Hace veinte años Jan Ullrich era el mejor ciclista del mundo y hoy entra en el círculo de Rose Bikes, la marca alemana de bicicletas localizada en Bocholt, muy cerca de la frontera con los Países Bajos, y con 110 años de tradición ideando bicicletas de alta gama hilando lo fino que sus clientes quieran.

«Jan Ullrich es el ciclista alemán con más éxitos. En 1997, hace 20 años, fue el primer y único alemán en vencer en el Tour de Francia. Además, en su carrera deportiva hay campeonatos del mundo, juegos olímpicos y otras grandes vueltas» recuerda Thirsten Heckrath-Rose, director general de la firma germana, cuya calidad ha prendado al campeón que hoy lleva una vida tranquila y expectante con el resurgir ciclista del país más grande de la vieja Europa.

Después de su primer test en por las “culebrescas” rutas de Mallorca, Ullrich afirmó que siente su Rose X-Lite Team “como una bici de carreras: ligera, rígida y poderosa en las aceleraciones. Mis primeros kilómetros con esta tope de gama fueron realmente un gran placer”.

Con este flechazo se augura una colaboración exitosa para el futuro inmediato. Jan Ullrich es un ciclista entusiasta. ¡Su concepción del ciclismo es pura pasión! El ciclismo es emoción, un modo de vida que combina individualidad y la alegría de la vida. Y esto es lo que Rose Bikes y Jan Ullrich han puesto en común.

En Rose Bikes, el entusiasmo es el motor de mejora y éxito. Lo que empezó como una pequeña tienda en Bocholt, es hoy una empresa con casi 350 trabajadores. La empresa alemana es líder en digitalización en el sector de la bici como lo demuestra con un innovador eCommerce y concept stores unidos a esta idea.

«Jan es un gran estilista y una persona entrañable en su ámbito privado. Al conocer a Jan, te encontrarás a una persona familiar que ha dedicado toda su vida al ciclismo. Está preparado para devolverle a este deporte todo lo que éste le dio. Estamos encantados de trabajar juntos en el año que cumplimos 110 años de existencia, y él 20 años desde que ganó su Tour de Francia. Esto nos va a dar una combinación ganadora” justifica Heckrath Rose sobre su colaboración con Jan Ullrich.

La distancia de Jan Ullrich

Hace veinte años un niño mofletón y poderoso era el mejor ciclista del mundo. Era de Rostock, más allá del telón de acero. Había sido clave en el derrumbe de la fortaleza de Miguel Indurain, ayudando a Bjarne Riis a perpetrar su éxito , y estaba en capilla de tomar los galones él mismo en persona en el Tour.

Diez años después, la realidad se había mascullado de forma muy diferente a como Ullrich y los aficionados imaginaron. Sacado a empujones del ciclismo por la explosión de la Operación Puerto, emprendió una carrera a ninguna parte, para acabar reconociendo que había sido cliente de Eufemiano Fuentes, ese galeno que un día todos presumieron de conocer con la misma rapidez que negaron cualquier vínculo el día que las cosas se pusieron feas.

Recluido en la soledad del lago de Konstanza, un sitio donde por cierto no se debe vivir nada mal, Ullrich buscó en el silencio su mejor cortina de ruido para aislarse de un medio hostil. Tuvo a periodistas, a varios además, pendientes de él, de destriparle ante la opinión pública, de pisotear tanto su imagen, la del primer y único alemán en ganar el Tour, que sumieron al ciclismo en ese país en la peor pesadilla jamás soñada.

Sin equipos, sin carreras, sin casi estrellas, el circo de las dos ruedas penaba una condena quizás excesiva pero en todo caso con cara y ojos, la de Jan Ullrich. Un día Andreas Kloden, ante tanto desfalco contra el que fuera su compañero, le dijo a un aficionado: “¿Te gustaría que Jan acabara como Jiménez o Pantani? ¿te haría feliz?”.

“No tomé nada que no tomaran los otros” dice Ullrich en una entrevista en Cyclingnews, puesto que ha estado estos días por Londres. Lo cierto es que mientras algunos siguen vinculados al ciclismo, como Danilo Di Luca, y otros han tomado la opción de ser protagonistas en titulares y cotilleos, Armstrong o Rasmunssen, Ullrich eligió un perfil bajo, y con la misma elegancia que se fue, aparece ahora para hablar en boca de un cicloturista regordete, con cuatro hijos y disfrutando del buen tiempo mallorquín que su tierra le niega.

Lo cierto es que la pieza con Ullrich en Cyclingnews es una gozada porque describe el ciclista que impactó por su estilo perfecto y apolíneo sobre la bici tanto como por su discreción. No escurre temas, pues él más que nadie puede dar cuenta de las catacumbas de este deporte, catacumbas que no esconde y que no se atreve a cuestionar en la actualidad: “Miro a Froome como cualquier otro aficionado al ciclismo, disfrutando de él, sin hacerme preguntas”. Eso es, “sin hacerse preguntas”, porque al final como todo en la vida si lo cuestionas o dejarías de verlo o te volverías loco.

Vestido en su prudencia intrínseca, resume que Armstrong quizá haya errado en volverse solo contra el mundo, que apuntó alto y en ese nivel los errores se pagan caros, como hemos apreciado. De aquello que dijo de llevarse él los Tours quitados a Armstrong yo al menos nunca he vuelto a oír nada.

A mí Ullrich fue de los ciclistas que más me ha impresionado en estos últimos veinte años largos de ciclismo, perfecto sobre la máquina, destacó desde joven pero su clase rebasaba la mentalidad. Pudo haber ganado mucho más, pero la vida le puso dos tipos de rivales, los que le ganaron sobre el asfalto, Armstrong y Pantani, y las vicisitudes que han rodeado el ciclismo moderno de redadas, escándalos y operaciones policiales. Todo ello apagó uno de los talentos más brutales que ha tenido este deporte. Diez años después de su retirada, hablar de él es hablar de ciclismo, aunque a muchos les pueda hacer bola este nombre.

Imagen tomada de Parlamento Ciclista

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No cargues tu bici, sólo disfrútala

#BonjourTour etapa 13

Y llegó la crono, una prueba que desde el principio se supo que haría tándem con lo que pasara en el Ventoux y que amenaza con poner tierra de por medio entre Chris Froome y el resto. Con una general aún agrupada por lo poco que ha pasado hasta la fecha, Ventoux inclusive, parece que es el momento idóneo para que el líder lleve las ventajas hasta el umbral de lo imposible para sus rivales.

Salir con opciones y vivo será el principal reto de Nairo Quintana, que podría ver como Richie Porte, en excelente forma, podría acercársele en la general, amenazando los escalones de París. El resto de ciclistas de vanguardia deberá nadar y guardar la ropa, en especial Bauke Mollema que está en la mejor disposición que le recordamos.

El lugar

Por las bancadas del Ródano, no lejos del perfil pelado del Ventoux, transcurrirá una crono que seguramente ofrecerá grandes paisajes de las gargantas del Ardèche que circundan un lugar famoso por sus pinturas prehistóricas, sobre las que hay toda una infraestructura turística.

15 de julio de 1997

Jan Ullrich era un portento de la Alemania del este que dejó más dudas que certidumbres el año que explotó en el Tour, 1996. Sumiso gregario, todo hizo indicar que aquel pelirrojo teutón de generosas mejillas iba un punto por debajo para no ofender el liderato de su calvo jefe de filas Bjarne Riis, fichado por el T Mobile expresamente para ganar el Tour.

Pero 1997, era otro cantar, Ullrich se había ganado los galones y no iba precisamente a responder ante el danés que ya en la primera jornada de montaña, Val Louron, se vio fuera del círculo de los mejores, en ese momento formado por el trío Ullrich, Pantani y Virenque. Sin embargo hizo falta una segunda muesca para que Ullrich marcara las diferencias de verdad, fue en Andorra, también en Arcalis, y aquello quedó como un solar.

Tras seis puertos y 252 kilómetros el alemán arrancó como un obús en terreno que le era extraño, se le suponía contrarrelojista, sin que nadie salvo Virenque pudiera tomarle la rueda. Al siguiente cambio, el francés también se descolgó. Ullrich ponía la primera piedra de su primer y único Tour, pues entonces pocos imaginaban que ese fenómeno sólo ganaría una edición de la mejor carrera del mundo.

Hoy, como no podía ser de otra manera,el corazón del Tour estará con Niza y la gente normal que falleció por hacer vida normal. DEP.

Imagen tomada de www.letour.fr

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Las dos carreras de Ivan Basso

Ivan Basso es al ciclismo moderno lo que el carbono 14 a la historia. Una suerte en la sima de un tronco que explica la evolución de un deporte en el ojo del huracán desde que fue ciclista, prometedor en sus inicios, y completa estrella con los años.

Supimos de Ivan Basso desde inicios de la pasada década, incluso antes cuando ganó el mundial de Valkeburg, promesa lenta pero segura en el Fassa de Ferreti, ya asomó fuerte en la edición del Tour del centenario, siendo poseedor del maillot blanco, para hacerse sitio en el podio en la Grande Boucle de 2004. Estrella rutilante, Basso creció en todos los aspectos, era el ciclista de moda y se convirtió en el paladín natural de Lance Armstrong, quien dejaba a todos de rueda salvo al italiano de Varese, que en 2005 ya era segundo en Francia, superando incluso a Jan Ullrich en la carrera por suceder al tejano.

Basso tocó la cima en 2006, en mayo. Aquello fue un tsunami, subida brusca y bajada vertical: iba como los ángeles en aquel Giro, ni Simoni despotricando de él pudo medirsele en aquel Mortirolo donde había un tipo que con media sonrisa de esfuerzo dejaba a quien queria dónde se dispusiera. Pero ese ritmo tuvo coste, la Operacion Puerto, una bomba, una quimio, que se lo llevó todo o casi todo por delante. A Basso le identificaron por su perro, a otros, con psedónimos más obvios ni se les tocó, unos terceros, no ciclistas en su mayoría, salieron de rosetas. «Birilo» fue Basso. «Valv Piti» no se atribuyó a nadie.

Y Basso purgó para volver en 2009 con tres grados menos de potencia en sus piernas, suficientes sin embargo para ganar un Giro, el de 2010, que forma parte de la antología del ciclismo moderno por lo imprevisible de su desarrollo y resultado. Ganó Basso, sin abrumar, sin exhibir ni chafar grotescamente a sus rivales, en una edición que será recordada por la inquebrantable fidelidad de Vincenzo Nibali que le guió por el tortuoso descenso de Mortirolo como quien lleva a un crío de la mano. Pero qué mal baja Basso, Si Dumolin perdió la Vuelta por el puñado de metros que le impidieron  enlazar entre puertos por la sierra de Guadarrama, a David Arroyo le condenaron esos mismos metros camino de Aprica.

Y ahí acabó todo. Todo lo reseñable, al menos. Basso circuló en la parte noble de los pelotones, sumó alguna posición de mérito en grandes vueltas, dejó la Vuelta de 2013 tiritando de frío en Andorra cuando mejor se le veía hasta que dijo que quería ser “aún más grande” ayudando a Contador en una temporada que no cuenta porque cuando quiso ayudarle, no pudo, dígase en el Giro, y cuando quizá pudo, la enfermedad no le dejó. Por cierto Contador, rey puesto a rey muerto en 2007, en el Discovery Channel que cometió la ridiculez de fichar un ciclista enfrascado en un proceso. Ay Bruyneel.

Basso lo deja, celebrando haber superado ese mazazo que siempre es un cáncer. No lo dudéis, este ciclista vale más por lo que calla, y si su experiencia se hiciera realmente pública, la catarsis que aun necesita este deporte sería realmente útil.