La pocas pero grandes victorias de Lale Cubino

Luz Ardiden fue la cima fetiche de Laudelino Cubino

Trasteando esta mañana me salió el montaje sobre las victorias de Laudelino Cubino en las tres grandes vueltas, hoy en Teledeporte dan su triunfo en la cima fetiche de Luz Ardiden.

Nacido en Béjar, explotó joven en el ciclismo en el seno del BH de Javier Mínguez cuando recuerdo que ganó una etapa en Cerler.

Hablamos de la Vuelta de 1987, cuando la carrera estaba insertada entre abril y mayo, digan lo que digan la época más bonita y digna para la carrera.

Luego al año Lale perdió el maillot amarillo de líder en Cerler, curiosamente.

Seguía en el BH y pasó un mal día.

Su compañero Anselmo Fuerte, uno de los ciclistas con menos sangre que he visto nunca, cogió la primera plaza que le rebañaría Sean Kelly en el tramo final.

Aquel día Lale Cubino voló hacia Luz Ardiden, mientras Perico seguía ampliando diferencia en la antesala del susto.

Lale Cubino repitió ese año en Luz Ardinen, la cima de su carrera, pues en ella se impuso en un Tour del Porvenir, en el citado Tour y en la primera Vuelta a España que se atrevió con los puertos del Tour, la de 1992, en una jornada de niebla y frío extremo que Tony Rominger utilizó para posicionarse de cara al final.

En 1994 vino la etapa del Giro de Italia. Ataviado ya de Kelme creo que ese año Lale Cubino anduvo como los ángeles en muchos momentos. Le recuerdo especialmente bien en el Mundial de Sicilia, magistralmente resuelto por Luc Leblanc ante los italiano Chiapucci-Girotto.

Lale muchos años después tiene quien le recuerde.

Su ciclismo era ese perfil irregular que siempre marcó al ciclista español. Capaz de lo mejor y de lo peor, como en Cerler, donde pasó de ganar a perder la prenda de líder. En su caso vale también sus problemas físicos, que no fueron pocos y le lastraron. Lale, veinte años después, sigue en nuestro pensamiento.

Imagen tomada del FB Lale Cubino Collections

26 años sin Antonio Martín Velasco

Antonio Martin Velasco JoanSeguidor

Antonio Martín Velasco se nos fue muy rápido

 

Stefano Della Santa, ciclista italiano de segundo orden pero con un curioso palmarés, dominaba esos días la escena. Eran días de frío. El ciclismo se desperezaba. Recuerdo la etapa de la Vuelta a Andalucía subiéndose por entre paredes de nieve. Días fríos, repito, días espantosos. Antonio Martín Velasco, el mejor ciclista joven español del momento, coetáneo de otro buen corredor Mikel Zarrabeitia, perdía la vida entrenando. El retrovisor de un camión golpeó al excelente ciclista madrileño provocándole la caída y posterior fatal desenlace. No andaba lejos de su casa.

Antonio Martín es un corredor que muchos recuerdan por lo poco pero tan bueno que nos dejó. Algo similar a lo que lograría Mariano Rojas a los dos años. Rojas también falleció, aunque en este en accidente de tráfico. Ambos fueron libros con páginas en blanco del ciclismo español. Ambos dejaron huella por su trabajo, enorme talento y su tamaño humano.

Ese invierno, de 1993 a 1994, el ciclismo español vivió cambios profundos. El Clas por ejemplo entró en connivencia con Mapei. El equipo liderado por Tony Rominger era el germen del gran Mapei, una estructura con alma asturiana para siempre. En la acera de enfrente la ONCE mantenía sus posesiones, el incipiente Alex Zulle –segundo en la anterior Vuelta a España- y Laurent Jalabert, a punto de permutar hacia el ciclista maravilloso que todos recordamos.

 

Luego estaban las otras dos grandes estructuras, el Banesto de Miguel Indurain y el Amaya, gestionado por Javier Mínguez. Ambos equipos se fusionaron bajo la tutela del banco. Todo el Seguros Amaya entraba en casa de Echávarri y Unzue. Antonio Martín fue uno de los argumentos que justificaron esa operación. Venía de ser el mejor joven del Tour de Francia con una actuación sostenida y sólida. En esa época no se vestía de blanco al corredor,  pero si se le distinguía con un emblema blanco en un costado del pecho. Recordamos así al siempre joven ciclista, fino, moreno, quebrando el cielo azul y la marabunta en las cimas alpinas, mirando arriba, buscando la cima.

Todo presto para la Epic Gran Canaria 

Veinte años después hacemos acopio de memoria por este excelente ciclista que un día nos dejó sin previo aviso. La desgracia en las carreteras sigue vigente, pocas cosas han cambiado desde entonces. El país que camina hacia el momento más civilizado de su historia sigue viendo imposible la convivencia entre ciclistas y conductores en las carreteras. Algo falla.

Imagen tomada de Movistar Team

La selección española y la servidumbre del ciclismo

Selección española de Ciclismo

Me quedó en la retina un tweet de Andrés Cánovas de esta mañana de miércoles. Decía algo así como “Selección suiza: Cancellara de líder, Albasini como alternativa y el resto gregarios”.

Disculpe el autor si mi precisión no es literal, hablo de memoria, pero volviendo al mismo, me resulta perfecto: pam, pam, pam.
Una regla de tres redonda, tienes un líder sólido, tienes un comodín luego llena el equipo de currantes, de gente que no tenga más ambición inicial que contribuir al triunfo del equipo.

Recuerden las últimas veces que la selección española trabajó como tal, como equipo, como bloque.

Yo no recuerdo nada en ese sentido desde el trabajo impecable que Carlos Sastre desarrolló en los Juegos Olímpicos de Pequín.
De ello han pasado más de cinco años, largos y tediosos, donde el hacer de los nuestros en la carrera más bonita del año no nos ha dado un arco iris y sí alguna medalla.

Un español en el podium del ciclismo nacional

La última vez que un español subió a lo más alto del cajón fue en 2004, nueve años ya, de esa mágica jornada en Verona donde galgos como Isidro Nozal, Luis Pérez y Alejandro Valverde, cuando más se le requería, le pusieron alfombra a Oscar Freire para estar en la antesala de los récords absolutos en la cita.
Desde entonces, por lo que fuera, nada interesante ha caído, a excepción hecha del oro olímpico de Samuel Sánchez, repito cimentado en la incondicionalidad de Sastre, y las medallas de Alejandro Valverde y Joaquim Rodríguez, como muescas individuales y no colectivas.

España no es efectiva en los mundiales de ciclismo

Por que, España lleva años yendo a los Mundiales con tres, cuatro o cinco hombres para ganar. Eso a priori, y propagandísticamente hablando, es interesante, pero efectivo más bien poco.

Aún resuenan las masacres italianas de Ballan y Cunego, el excelente punto de Hushovd en Australia, el golpe final de Gilbert,… los nuestros sí, eran tropel pero mal situados, mal avenidos. Cabe recordar el bronce de Alejandro Valverde el año pasado. Debía estar con Oscar Freire pero a la vez deseaba la rueda de Gilbert, al final ni lo uno, ni lo otro.

Y ojo, que conste que pensar con claridad en los momentos que Gilbert te pone el lactato por las nubes es hartísimo complicado.

Javier Mínguez se lleva una selección mediática donde no emerge el líder con claridad

y sí los nombres que visten en notas de prensa.

No dudo que el técnico vallisoletano tendrá cumplida referencia de sus hombres, pero destaca, en lo sorprendente, por no decirlo de otra forma, el nombre de Alberto Contador, quien al margen de haberse declarado muy alejado del perfil de ciclista de un día, no atesora el bagaje que sí escolta a otros.

Incluso la presencia de numerosos ciclistas que perfectamente podrían liderar otra selección, dígase Dani Moreno, Luisle Sánchez o Samuel Sánchez, responde a criterios que desde fuera evidencian dictado y necesidad imperiosa de agarrarse a estos nombres.

En la Vuelta hemos tenido trotones como Flecha, Aramendia, Vicioso, Txurruka, Piedra,… y fuera de la misma, David López, congraciado en Sky, o el propio Jesús Herrada, con los mejores en Canadá, igual que Ion Izaguirre.

¿Tenemos la certeza que gallos en toda la acepción de la palabra venderán sus opciones por el triunfo ajeno? En la selección francesa Sylvain Chavanel ha dado un paso atrás para dar opción a otros, pues él no se ve en la pomada. Como aquel Madrid de “Zidanes y Pavones”, queremos más “Castroviejos”, “Herradas” y “Egois” en esta selección.

Javier Mínguez, me gustaron sus formas hacer ciclismo

Javier Minguez y como es la Real federación española de ciclismo

Con la entrada de Jose Luis López Cerrón y la paupérrima situación de las arcas de la Real Federación Española de Ciclismo, la política de la casa en material de contratación de técnicos se volvió estricta y austera.

La amistad vallisoletana del presidente con Javier Mínguez sirvió para plasmar un acuerdo que dudo se diera en alguna de las selecciones restantes el pasado domingo en Florencia: el seleccionador nacional ejercía sin cobrar un duro.

Esto es el ciclismo en España, el país que pone la mayoría de corredores en el corte bueno de la carrera reina y está bajo las directrices de una persona que no cobra por que la situación económica es horrible.

Javier Minguez

Con esta premisa, nada desdeñable, más otros perfiles dibujados del seleccionador y su afinidad por las grandes vueltas y escaso bagaje en carreras de un día –se adjudica el primer Mundial de Freire cada vez que puede-, lo cierto es que el caldo de cultivo que rodeaba a Javier Mínguez antes del Mundial no era el mejor.

Un entorno enrarecido por la confección de un equipo que no escatimó estrellas y sí trabajadores y que llevó a desdeñar la crono, donde las opciones eran escasas, con un ciclista como Luis León Sánchez que para hacer lo que hizo bien podría haber hecho hueco a algún joven que merece adquirir experiencia.

Pero volviendo al fondo, el devenir de la carrera nos mostró un “savoire faire” muy diferente a sus antecesores.

Si entrar en cada corte, salir a cualquier ataque y controlar la carrera lo máximo hasta el final eran signos del credo de Paco Antequera y José Luis de Santos, la noción de Mínguez hablaba de “laisser faire”, dejar hacer, quemar vueltas y emerger en el momento importante.

Pelotón español

Y así fue. Mientras el desespero por no ver a ningún español con Giovanni Visconti se hizo patente, España tenía hasta siete unidades en un pelotón de donde todos los ingleses ya se habían apeado de la bicicleta.

Luego en el momento clave dos ciclistas de cuatro fue el resultado de tal labor, perfecto, con el añadido de que si el grupo de Cancellara y Sagan entraba por detrás, circulaba Dani Moreno.

Aunque la labor de equipo fuera invisible, aunque España no estuviera con el rol de protagonista que en otras ocasiones marcó su carrera, el resultado fue interesante, tanto como las maneras del técnico.

Mucha gente se ofendió porque señalara a Alejandro Valverde al final de la carrera cuando lo que lamentamos en la mayoría de ocasiones es que lo políticamente correcto se imponga al análisis objetivo.

Javier Minguez dijo que el desenlace del mundial fue culpa de Valverde con toda la razón y sin rodeos.

Obviamente su situación le permite las alegrías que algún antecesor suyo no se habría tomado. Estaba sin cobrar y sin ninguna garantía de que fuera a seguir en el cargo, hablaba como cuando lo hacía por los micros del butano.

Quizá en este nivel algunos prefieran el perfil bajo y ajeno a la autocrítica de Eusebio Unzue, a quien sólo conozco palabras gruesas para otros y nunca para sí mismo. Recuerden la maniobra del Team Sky en Valdezcaray el año pasado. El grado de ofensa que mostró fue tal que no entró en sus errores.

En fin que nunca sabemos lo que queremos, lamentamos que algunas declaraciones atenten directamente contra nuestra inteligencia y cuando se habla claro y en plata nos parece brusco. Como argumenté el otro día: C´est la vie.

José Joaquín Rojas, los privilegios de un ciclista

Campeonatos de España de Ciclismo

El otro día nos felicitábamos por una edición de los Campeonatos de España que por fin tendrían una participación digna de su historia.

Finalmente Contador no pudo estar por un inoportuno resfriado, argumentan, no sé si causado por el fresco mes de junio que ha acontecido por las privilegiadas tierras suizas.

El Giro de Italia, en joanseguidor, clica en el siguiente enlace www.joanseguidor.com/giro-de-italia para descubrir todo sobre una carrera que está a punto de empezar.

El ganador fue el mismo que hace cinco años, José Joaquin Rojas, un ciclista que ni fu ni fa, sinceramente, pues en la ruleta de ganadores azules que optaban al triunfo, podría surgir cualquiera y al final ha sido el murciano, como podría haber sido cualquier otro.

El campeonato de España, dominado por WT

La superioridad del único equipo del WT a este lado de los Pirineos no daba excesivas opciones a la sorpresa.

Ha sido curiosa, en todos los sentidos, la entrevista de Rojas por Biciciclismo al calor de su recién estrenado triunfo en los nacionales alicantinos.

Le gustaría la quimera de vestir un maillot en condiciones, el regalo envenenado para su patrón, pero creo que no se le va a arreglar, a no ser que el filón publicitario del nuevo campeón no se valore al nivel del anterior propietario, Alejandro Valverde.

No obstante el protagonista de las palabras del vigente titular del rojigualada ha sido, asómbrense, el seleccionador nacional, Javier Mínguez, a quien ha criticado directamente de forma que nunca hubiera creído posible por hablar quien habla. Dice que no confía en que el seleccionador se acuerde de él.

Y ¿quién habla? Joaquin Rojas, un ciclista al que le cuesta horrores ganar, que acumula puestos de honor y una expulsión del Tour por, dijeron los comisarios por remolcarse.

Un corredor que toma la delantera en la etapa de Risoul para ayudar a Valverde en el Agnello y se ve superado por su líder sin que haya dado una pedalead por él, un ciclista al que no encontramos argumentos sólidos para que conserve un puesto en un equipo por el que muchos beben los vientos.

No voy al mundial de ciclismo

Pues bien, con este CV, Rojas ha tensando la decisión de Mínguez para la mierda de mundial que se prevé en Qatar, al nivel de la parrafada que soltó Samuel Sánchez cuando no le llevó al mundial de hace dos años.

“Con las piernas que tengo es increíble que no me lleve” vino a decir. La humildad por bandera.

No sé si Mínguez habrá recibido el comentario, pero de haberlo escuchado la carcajada se debió oír por todo el vecindario. Algunos ciclistas, y en general algunas personas, no son conscientes de los privilegios que han heredado en base a no sé qué méritos. En fin él sabrá…

Imagen tomada de la RFEC

Javier Mínguez: ¿Es normal que dirigiera la selección sin cobrar?

Javier Mínguez JoanSeguidor

Mov_Gore

Javier Mínguez dice que deja la selección porque se siente engañado

Como si el día de la marmota planease sobre nuestras cabezas, hace ayer cinco años, comentamos esto sobre Javier Mínguez…

Con la entrada de Jose Luis López Cerrón y la paupérrima situación de las arcas de la Real Federación Española de Ciclismo, la política de la casa en material de contratación de técnicos se volvió estricta y austera. La amistad vallisoletana del presidente con Javier Mínguez sirvió para plasmar un acuerdo que dudo se diera en alguna de las selecciones restantes el pasado domingo en Florencia: el seleccionador nacional ejercía sin cobrar un duro. Esto es el ciclismo en España, el país que pone la mayoría de corredores en el corte bueno de la carrera reina y está bajo las directrices de una persona que no cobra por que la situación económica es horrible.

Aquellas palabras salieron de los borbotones que nos dejó el mundial de Florencia y sus consecuencias.

La gestión de aquello no fue sencilla.

Todo lo contrario.

De vernos con las dos mejores medallas posibles, a quedarnos con las dos peores en unos metros fatídicos, en aquel puente que Rui Costa abre gas y Vincenzo Nibali deja cortado a Alejandro Valverde.

Javier Mínguez capeó aquel temporal

DT-Swiss Junio-Agosto

Aquello acabó en drama griego en la ciudad de las maravillas.

Cinco años después leemos Javier Mínguez esto en Ciclo21.

Lo que leemos esos dos años trabajó a coste cero, mientras otros sí cobraban.

Ser seleccionador de ciclismo, exclusivamente de los pros, es un trabajo que de puertas hacia afuera se resume en las seis o siete horas de campeonato del mundo, más los dos ratos de la crono.

Pero no es tan sencillo.

Javier Mínguez entró en una federación arruinada, en un país en estado de shock por una crisis bestial.

Aceptó el cargo por amistad con el presidente.

Y ahora esto:

«Él me dijo que nadie cobraba y que no había dinero para pagarme. Pero, entonces ¿por qué sí lo había para el seleccionador femenino o para que el director técnico cobrara 40.000 euros? Y yo, sin cobrar porque total el torero sólo sale una vez al año a torear. Las cornadas me las llevo yo, que te dan candela en Twitter; las presiones por llevar a un corredor u otro, las soporto yo. Y los demás, en la barrera«

No nos imaginamos a cualquier otra selección de deportes que son capaces de llenar la portada del Marca en esta situación.

Pero esto es ciclismo, y España ha concurrido a dos mundiales con un seleccionador sin sueldo.

Un seleccionador que no sé si será tonto o no, pero que o ha tardado mucho en darse cuenta de la realidad o no ha querido verla.

Porque Javier Mínguez habla de hace cuatro y cinco años.

No obstante, que auténticos pros, con sueldos que no soñamos corran bajo este tipo de dirección explica el tipo de milagro al que estamos asistiendo.

DT Swiss, con los bujes ganadores

No es ni medio normal que el seleccionador dirigiera sin un euro por medio, en dos mundiales además muy singulares, el de Florencia, por su desenlace y los golpes que le cayeron a Javier Mínguez, y el de Ponferrada, por ser en casa y llevar la batuta del equipo anfitrión.

Como no es normal que se percate ahora de lo sucedido.

Imagen: RFEC

Bergen: la decepción volvió a ser española

Ayer al acabar la carrera de Bergen, me preguntaban:

¿A qué fue Rojas?

¿A qué fue Soler?

¿A qué fue Mínguez?

Preguntas claras, concisas y directas pero cargadas de retórica y segunda lectura. Otro mundial, otra actuación decepcionante de la selección española. Sé que muchos dirán que es sencillo opinar desde el sofá, que hay que estar, que hay que valer y todas esas obviedades, pero como en todo en la vida, se nos faculta la opción de opinar, y no siempre tiene porque ser en tono positivo.

De la panoplia de declaraciones postcarrera me quedo con el tono autocrítico del ciclista español que más rato hemos visto: David de la Cruz. Sincero, no abunda, dijo que el corte en la vuelta final es posiblemente fruto de la mala colocación y que ahí se acabó todo.

Blanco y en botella. Un corte que pilla a toda la selección casi junta, a todos los que quedaban en el grupo en ese momento, es el síntoma de la colocación y de lo que había en las piernas en esos momentos.

El año pasado en Doha, cuando la carretera cambió el sentido de la marcha, y el viento entró por donde los belgas quisieron, se quedó toda la selección atrás, sin opciones, sin nada más que aportar a una eternidad de meta. Esta vez el corte fue más cerca, en el ultimo giro. Cabe un consuelo, porque hace un par de años en Richmond, todos llegaron juntos y delante pero tampoco se vio color español en vanguardia. Esto no se corre a los puntos.

El sábado dijimos que una vez más se ponía la venda antes de la herida, porque se preveía que el resultado era el que acabó siendo, sinceramente, en el siglo XXI, ir con ese discurso a una carrera de este tamaño arroja el resultado por adelantado, sin más lectura que la de a ver qué pasa y a ver qué sale. Luego ocurre el corte y tenemos el lazo para el lote de justificaciones. Creo que, aunque no sea puntera, la selección española tenía buenos nombres para otra cosa.

Mínguez se quejaba de que no tenía rematador. Se acabó Freire, se fue Purito, se inmoló Samu, falta Valverde y se acaba el mundo. Esto gira y gira, anclados en esa generación a la que todos se agarran sinceramente no vamos a progresar, tenemos lo que tenemos y hay que tirar, y si no vale la fórmula convencional, la que vale a los cracks como Sagan, Kristoff, Matthews o Viviani, hay que tirar con otras.

Porque no siempre es tener todos los cracks en la misma cesta. Mirad Bélgica, presentaba un cuadro de impresión y no se comieron un torrado. Van Avermaet se metió en el sprint, porque antes pidieron turno para intentarlo Wellens y Gilbert. Otros se movieron lo que pudieron, pero han quedado en la recámara nombres que son estrellas en su equipo y protagonistas durante la temporada,

¿Qué hicieron?

Poco o nada, se fueron de la carrera con la sensación que nos recorría el cuerpo años atrás con la selección española atiborrada de estrellas. Sagan corre medianamente solo, tiene un físico que le acompaña pero es que además, juega como nadie sus bazas. Tres mundiales seguidos, no cabe decir mucho más.

¿Es tan complicado probar algo diferente? Entiendo que no es sencillo, pero cuando te quedas con la sensación, desde fuera, de poco o nada se ha hecho para torcer el desenlace, poco más cabe añadir a lo que dijo David de la Cruz.

Imágenes tomadas de RFEC

 

Bergen: Nunca hay certezas en un mundial

El mundial de Bergen, el gran día, ya está aquí

Dice Javier Mínguez que le falta un rematador, y no le falta razón. Pero mirad un momento la alineación de la selección española hace diez años, aquel mundial era en Sttutgart y lo ganó Paolo Bettini al sprint entre tres por un corte en el tramo final. En aquella edición la selección española estaba en plena flor de la “edad de oro”, Samu, Purito, Valverde,… el problema no era quién remataba, el problema era que alguien rematase.

Yo creo que un mundial es un libro de hojas de desordenadas, con párrafos en blanco y la incertidumbre cosiendo los lomos de la pieza. Decir esto o aquello en una carrera que rara vez cumple lo esperado, es un riesgo, una tropelía que conseguimos repetir con asiduidad.

La selección española de hace una década es el ejemplo de lo que digo. Y la valoración podía ser la misma en cualquier otra alineación en los tiempos recientes. España ha tenido los mejores, los equipos más completos y con más estrellas, y no se lleva un oro desde 2004, Verora. Claro que entonces estaba Oscar Freire, y las cosas eran diferentes, pues el cántabro sí que era un rematador, un tío que bien rodeado rara vez fallaba, un cuchillo que hacía diana en el momento que se le requería.

No hay un rematador, se dice, pero sí que hay un tío como Jesús Herrada que el otro día fue segundo en Canadá, es decir no hay rematador al uso, killer que se diría en otros círculos, pero hay madera…

España ha sido el faro, la selección a la que todos miraban cuando el caballo se iba y eso ha sido la perdición, incluso en ediciones en las que creímos tocar el cielo, como esa de Florencia, con Valverde haciendo no sé qué, cuando Purito tocaba el arco iris con las manos.

La selección española que está en Bergen, me recuerda, en sensaciones a aquella que pisó el asfalto de Verona, hace 18 años, qué grandes nos hemos hecho. No había figura precisa en aquel combinado, cuyos mejores ciclistas, sobre el papel, se habían caído de la lista por motivos diversos. En esa nebulosa, salió Freire, siempre Freire.

Con ello vengo a decir que lo de poner la venda antes de la herida es un discurso que suena repetitivo en la dirección de nuestro equipo. No hay bazas sobre el papel, pero hay madera, no hay nombres, pero hay hombres, ciclistas en cuyas espaldas se puede confiar una tarea complicadísima pero no imposible.

Porque ojo es complicado para el grupo hispano, pero también para las otras selecciones, porque esto es un maricón el último, es un mundial, en los albores de la campaña, con muchos ya en la prórroga de su estado de forma, pero con la certeza de que alguno puede llegar con vida al final, entre el grupo de dos, cinco, quince o cincuenta que se juegue el título.

Que no pasé lo del año pasado, cuando los celestes belgas, los que han sido fieles a sus colores desde tiempos del grandísimo Merckx, se quitaron de encima medio pelotón y entre ellos a toda a la selección española. Acertar, esa es la clave, evitar ser completamente eliminado al primer cambio de viendo, como en Qatar, tanto como llegar con muchas bazas al final, como en Richmond, donde quedó el sentimiento de que al menos se podía haber intentado.

Llorado, como dijo aquel se viene de casa.

Imágenes tomadas de FB de la UCI y RFEC