La realidad del ciclismo español

Dani Moreno en el podio con peter Sagan

Lo que son las cosas, Carlos Arribas escribe esta pieza en Bergerac, no sé si desde el mismo pabellón, local o colegio que entonces, no se si desde la misma silla y pupitre, pero sí desde Bergerac, justo 23 años después de que Miguel Indurain diera uno de sus mejores recitales de siempre en la ruta hacia su cuarto Tour de Francia.

Hoy, como entonces, Arribas escribe del Tour, pero hoy, a diferencia de entonces, no canta victorias y sí la triste realidad, a su juicio del ciclismo español.

En su pieza Arribas habla con Javier Mínguez, el míster de la española, sobre los problemas que tiene para reunir un cuadro competitivo para las siguientes grandes citas de la selección, los europeos de Dinamarca y los Mundiales de Noruega. Como si en un invierno polar se encontrara, el ciclismo español está empezando a probar lo que hace tiempo que habíamos comentado. Ahora bien, que Mínguez recuerde, el primer mundial de Freire fue aquel al que se fue a ver qué pasaba, sin líder claro y libertad de movimientos. Fue el Verona, hace 18 años, qué grandes nos hacemos.

Y es que no hay más ciego que quien no quiere ver. Ahora todos atribuirán a la crisis y sus demoledores efectos los grandes males del ciclismo español. Que la crisis ha hecho daño es un hecho, tangible y doloroso, tanto que no sólo hay que ver lo que compete al ciclismo y sí a la sociedad en general, para comprobarlo.

Sin embargo reducirlo a ella es injusto. En ese fragil escosistema que es el ciclismo de competición, un triángulo de tres vértices -equipos, organizadores y ciclistas- hubo extremo que empezó a sufrir antes que llegará el tsunami de la crisis, hablo de los organizadores y las muchísimas carreras que se han ido perdiendo en los tiempos que “España iba bien”. Unipublic, como empresa que responde a sus resultados, sólo mira la Vuelta… aunque la salud del ciclismo español pueda acabar repercutiendo en ella. Ojo que la de este año no tendrá ni a Valverde ni a Purito y de Contador «no news».

Ahí empezó todo, finales de los noventa e inicios del nuevo milenio (Galicia, Aragón, Setmana, Escalada,..): sin carreras no hay donde correr y si no hay donde correr el siguiente vértice que sufre es el de los equipos, que van a menos (ahora mismo un WT el Movistar, más el Caja Rural, un peldaño por debajo) y sin equipos los chavales lo dejan, simple y llanamente, pues no tienen ni perspectiva ni horizonte.

Y ¿quién es el causante de todo esto?, yo creo que todos en general y nadie en concreto. Espero que de todo esto haya quedado en historia esa manía tan española de pedir una subvencion por todo, y pensar en sacar el patrocinio privado, y que nuestros queridos medios, esos que se llenaban la boca con la “edad de oro” vean qué trato le han dado al ciclismo que muchas veces, en las grandes jornadas de Contador y Valverde, despacharon la hazaña en la columna de salida. Pero hemos visto Flechas y Liejas en diferido.

Ahora cabe el lamento, la lágrima fácil, se sigue hablando de la generación que se va, del vacío que deja, nada se dice de los que vienen, que tienen una calidad inmensa y en muchos casos un bagaje internacional que hace treinta años era impensable. No quiero dar nombres, los tenéis en mente, no serán muchos, pero son buenos y pueden ayudar a pasar el sapo del desierto que algunos auguran.

Lo importante es mirar más abajo y ver qué se hace realmente por la base, cómo “se vende” el ciclismo a los críos, en qué se ayuda a la gente ed abajo que se escuerna por sacar adelante la estructura que alumbre los futuros campeones. Si no hay relevo inmediato esto es una mierda, pero nadie urga en el quid de la cuestión.

Mirad los franceses y el orgullo que exhiben con su Tour, como salen a la carretera, como respetan y admiran a los corredores, llevan 32 años sin ganar el Tour, en este periodo, España lo ha hecho diez veces y qué nos queda, lamer las heridas, buscar el titular sencillo y decir que esto está fatal con la misma inercia que cantábamos los grandes días.

El ciclismo no es una ciencia exacta, pero no se diferencia tanto de lo que pasa en la vida, las cosas van y vienen, todo son ciclos… las cosas para el ciclismo español no son sencillas, pero tampoco lo son por ahí fuera, cabe apoyar a quien realmente puede cambiar las cosas, y es en la base, aunque lleve tiempo, acabará dando resultados. Ocurre aquí y en la China popular, mirad lo ingleses por ejemplo y cómo cambió su suerte el día que convencieron a la lotería entrar en los velódromos. De aquellos lodos, vinieron estos barros…

Imagen tomada de la UEC

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Un monumento a Moncho Moliner

Cuando yo nacía allá por 1979, un tal Mocho Moliner, ya era todo un referente del ciclismo en Castilla León, Galicia, Asturias, Cantabria, País Vasco… He oído y leído mil historias sobre este señor de aspecto serio y gran corpulencia, todos los jóvenes de la época querían correr en el equipo de Moncho. Un director que era muy recto, chaval que no realizaba bien una carrera o no cumplía órdenes, volvía a casa en bici o si estaban muy lejos se chupaba una buena kilometrada.

Cuántos chavales habrán pasado por el bar la farola en Valladolid, a dormir y a comer el filete de ternera a la plancha «vuelta y vuelta» y a pernoctar antes de una carrera. Como todos bien sabemos un amigo suyo Manolo Jiménez, le llevó a una carrera ciclista y Moncho quedó hipnotizado por el mundo del pedal, quedó tan prendado, que fue el primero en España en sacarse el carnet de director deportivo en 1971, por cierto aquella primera carrera ciclista que visitaba, la ganaba un crío de nombre, Javier Minguez.

Tuvo equipos como el Sava, que primero era de juveniles y después también de categoría aficionado. Después pasó a llamarse Mobilette, para luego en 1969 pasar a denominarse Volvo, donde militó, Jesús Suárez Cuevas o Alberto Fernández. En todas las carreras los ciclistas de Moncho siempre se colocaban en primera fila en la salida, la táctica era, «atacar de salida» siempre. En 1974 el equipo cambia de sponsor y pasa a llamarse Granier, donde corría un tal Angel Arroyo, entre otros.

En 1975, Moncho se involucra del todo en el ciclismo y el equipo se convierte en Moliner, por donde pasan los mejores, Cabrero, Delgado, Cubino, Arroyo, López Carril, Ruiperez, Camarillo, Machin, Nistal, Rivas… Así un largo elenco de ciclistas, todos de gran calidad, ya que Moncho siempre quería a los mejores en su equipo.

También pasa por sus manos un chaval cántabro, Manolo Saiz, de que llegó a decir «qué malo era» así como años después le felicitaba por ser uno de los mejores directores del mundo. En 1977 crea el equipo Moliner de aficionados para poder dar continuidad a los juveniles con Javier Minguez de director y un jovencísimo José Luis López Cerron.

Difícil era el día que un Moliner no recogía un premio siempre estaban en los puestos de cabeza. En 1979 incluso llega a tener al Moliner-Vereco en profesionales. Luego después volvería a las categorías de juveniles con él A+DI, Gruas Bellver y aficionados con él Frinca, Cadalsa Sport, descubriendo talentos que luego más tarde darían grandes éxitos al ciclismo español. En marzo se fue un pedazo muy grande del ciclismo español, alguien que siempre ponía todo de su parte sin esperar nada a cambio, solo el respeto y buen trabajo de sus chicos, no tuve el honor de conocerte, una lastima, pero si el poder rendirte este pequeño homenaje con unas cuantas palabras, Moncho donde quiera que estés, GRACIAS Y HASTA SIEMPRE AMIGO!

Por David Martín

SANTI BLANCO (Exciclista profesional y corredor de Moncho)

-Yo conocí a Moncho cuando yo corría en la escuela de ciclismo bejarana en categoría cadete. El venia con el mejor equipo que había en esa categoría en la comunidad.Al año siguiente paseé a correr en su equipo, un paso muy importante en el mundo del ciclismo. En primer lugar, pasé a tener un director deportivo, el cual en cada carrera nos decía como debíamos actuar, a correr como un equipo. Me enseñó moverme dentro de un pelotón, a esperar el momento donde se podía decidir la carrera. También pasé a correr las mejores carreras a nivel nacional. Allí por donde íbamos era una persona admirada y querida por todos dada su trayectoria. Al ciclista nunca le faltaba de nada, para él éramos siempre los primeros. Ese cariño que le procesamos la mayoría que pasamos por sus manos, se vio en una comida que hicimos en Valladolid y en el día de su funeral. Por ser como era y por lo que me enseño, sólo tengo palabras de agradecimiento hacia su persona y siempre estará con nosotros.

LALE CUBINO ( Exciclista profesional y corredor de Moncho)

-Los ciclistas castellanos le debemos mucho a Moncho. Moncho era una persona acomodada de Valladolid, soltero y sin hijos, sus hijos fuimos los ciclistas. Su devoción por nuestro deporte y su buena situación económica propiciaron que se convirtiera en el gran mecenas del ciclismo castellano. La táctica de Moncho siempre fue igual, atacar, atacar… No concebía el ciclismo de otra manera. El nos inculcó el ciclismo de ataque que siempre le gustó tanto. Fue un hombre valiente y por eso le apreciábamos tanto.

JAVIER MINGUEZ (Seleccionador nacional de ciclismo)

Ramón Chamorro Moliner, pero Moncho para todos, ha sido muy importante en la vida de muchas generaciones ciclistas, él empezó por casualidad con un amigo suyo que le llevó a ver una carrera allá por el año 64 y donde yo gané por primera vez. Aquello le gustó y se convirtió en su gran pasión, junto con los amigos del Club Valladolid Ciclista formaron el famoso equipo Sava, a nivel de Valladolid y el año 66 a nivel nacional. Por ahí pasaron infinidad de ciclistas y aquello dio vida a otros equipos y ayuda indispensable para muchos ciclistas de Castilla León. Luego formó su propio equipo Moliner-Vereco, del que fui director de aficionados los años 77 y 78 y con el que dimos el salto a profesionales, conmigo como director y José Luis López Cerron de corredor. Moncho ha sido un padre para los ciclistas y un amigo en general, y para mí en particular alguien con quien compartí parte de mi vida ciclista y al que le debo muchas cosas que él ha transmitido a todas las generaciones, luchar por ganar pero con respeto y educación algo que él había heredado de su familia.

PEDRO DELGADO (Exciclista profesional y corredor de Moncho)

Hola Moncho, aunque te hayas empeñado en dejarnos, me temo que no lo conseguirás. Unos soñábamos con ganar la carrera y tú, con sacar un campeón. Está claro que lo conseguiste en muchos casos, pero en otros les permitiste pasar posiblemente la mejor época de su vida, regalándonos a todos momentos únicos. Con esa edad de los dieciséis a los dieciocho años, tan vulnerable, nos enseñaste a descubrir el mundo, a hacernos hombres y a sufrir para conseguir algo. Tu táctica «atacar de salida» me hizo coger más de una pájara. No conocí otra manera de correr como juvenil. Y para animar el cotarro esas canciones de cante jondo, María Dolores Pradera o Concha Piquer en los viajes que tantas polémicas provocaban frente a nuestros Pink Floyd y compañía. Te amenazabamos con un «así no vamos a ganar», pero nuestras cintas siempre volaban desde la ventana del coche a la cuneta. Gracias por todo Moncho y que te vaya bien!

MANOLO SAIZ (Manager del equipo Aldro Team y exdirector del equipo ONCE y corredor de Moncho)

Yo conocí a Moncho con dieciséis años en una Vuelta a Ampuero, aquí en Cantabria, él siempre venía con su equipo y los chavales y siempre hacían primero o segundo o metía cuatro o cinco corredores en el top ten. Todos queríamos correr con él. Yo tuve la suerte de estar bajo su mando un par de temporadas y aprender mucho, nos trasmitía una filosofía de padre, para mí era más que mi director, era mi amigo, un confidente, recuerdo incluso escribirle cartas personales. Anécdotas podria contar miles, unas simpáticas como los huevos crudos que se comía por la mañana antes del desayuno o aquel día que me llevó a la estación de tren, cuando iba a hacer las pruebas del INEF y me dijo que aprendiera todo lo que pudiera, por qué decía que yo era muy listo y tenía cabeza para el ciclismo, quizá lo decía por qué me podría considerar el patito feo del mundo del ciclismo por mi manera de actuar y revolucionar este deporte. Sin duda ninguna consideró a Moncho mi padre ciclistico, él me enseñó a perder el miedo y saber actuar. Nunca olvidare sus palabras siempre antes de salir a competir «atacar de salida» creo que todos los ciclistas que estuvimos con el, lo tenemos grabado a fuego, sinceramente, nunca te olvidare Ramón, hiciste mucho sacrificio por el ciclismo base llegando incluso a tener un equipo profesional, hoy día algo muy difícil, allá donde estés gracias, gracias y gracias por todo Moncho.

ANGEL ARROYO (Exciclista profesional y corredor de Moncho)

Yo con Moncho aprendí a ser ciclista y persona, él era nuestro padre. anécdotas podría escribir un libro. Pero hay una que aunque me entrara Alzheimer, seguro que no iba a olvidar en la vida. Fue el primer año que corría en Granier y fuimos a Salamanca a hacer la vuelta de los 33 y claro era una carrera llana. No hubo manera de llegar en solitario, que era lo que le gustaba el, llegamos en el pelotón y yo hice entre los primeros y estaba ilusionado y me dice con aquel vozarrón, «¡Estarás contento!». Yo le dije que cuál había entrado y me contestó: «Una patada que te pegue y te pongo en lo alto de aquella antena. Al próximo domingo te vas a quedar en casa por ir todo el día a cola de pelotón sin hacer nada». Así fue, la siguiente carrera me dejo en casa. Fue una lección que aprendí aquel día, nunca más volví a ir a cola de pelotón, siempre a «atacar de salida». Como persona parecía muy recio, pero luego muy humilde y siempre decía que «a mí chicos no les falte de nada». Muchas veces poniendo de su propio bolsillo, sin duda alguna un gran tipo que dio mucho por el ciclismo base, te echaremos de menos Moncho.

JOSE MANUEL CABRERO (Exciclista profesional y corredor de Moncho)

Hablar de Ramón Chamorro Moliner «Moncho”, es para todos los que a lo largo de su trayectoria como director de sus distintos equipos, hemos formado parte de esa familia ciclista, un gran honor. Todos hemos sentido la emoción y el protagonismo de estar entre los mejores y de su mano no pocos llegaron a la cima, siendo grandes en este bello y duro deporte como es el ciclismo. Pedro Delgado, Lale Cubino, Ángel Arroyo, Santi Blanco, por nombrar algunos…
Hablar de Moncho es retroceder en el tiempo, cuando en época de juvenil todo era esperanza, ilusión, motivación, cuando te comías el mundo y nada se oponía en nuestro camino. Moncho nos inculcaba disciplina, respeto y coraje, nos hizo ver lo que era el compañerismo, el trabajo en equipo y tantos valores de los que goza y a los que te obliga este deporte. Eso lo sentíamos todos y cada uno de los que de su mano procuramos y logramos una victoria en algún momento y todos recordamos frases legendarias y típicas suyas como, «atacar de salida» o «los buenos no pinchan»
Yo no grane el Tour, la Vuelta o el Giro, pero recordando a Moncho, sólo siento agradecimiento y orgullo por haber estado entre los grandes y poder decir, «yo estuve allí». Gracias Don Ramón Chamorro Moliner!!

JOSE MIGUEL ORTEGA (Presidente de prensa deportiva de Castilla y León)

Fue en una Vuelta a España de los años ochenta. Habíamos estado cenando unos cuantos colegas y salió Moncho Moliner como tema de conversación. A alguno se le ocurrió hacer un recuento de los corredores que tomaban parte en aquella edición y que, en sus etapas previas al profesionalismo, habían pasado por las manos del director vallisoletano.
Salían cerca de 40: Pedro Delgado, Lale Cubino, Jesús Suárez Cueva, Alberto Fernández, Ángel Camarillo, Isidro Juárez, Carlos Machín, Jesús Hernández Úbeda, Jesús Rodríguez, Ángel Arroyo, Eduardo Chozas, Faustino Rupérez, Guillermo de la Peña…
Ramón Chamorro Moliner, que nos dejó hace unas semanas, cuando iba a cumplir 80 años, le dio al ciclismo mucho más de lo que recibió. Número uno de la primera promoción de directores deportivos, Moncho vivió este deporte con pasión y con generosidad. Lo primero eran los corredores, por encima de otros intereses comerciales o personales.
Dirigió durante casi tres décadas a los mejores cadetes, juveniles y aficionados del país, a figuras que fueron referente mundial cuando pasaron a profesionales. Pero por encima de otras valoraciones, todos ellos coinciden en algo que demuestra que la huella de Moncho ha ido mucho más allá del deporte. “Fue como un padre”, “No sé que hubiera hecho yo en la vida si no hubiese conocido a Moncho”, “Nos enseñó a ser personas antes que ciclistas”…
Muchos de sus antiguos corredores estuvieron presentes en el sepelio y esas valoraciones eran el común denominador en la reunión que mantuvimos después, y a la que también asistieron otros alumnos suyos, que han brillado más como directores, Javier Mínguez y Manolo Sáiz. Incluso Julio Jiménez, el mítico relojero de Ávila, también formó parte de aquella familia deportiva de Moncho Moliner, el día triste de su adiós definitivo.
Personalmente, yo perdí a un amigo especial, con quien me unían cuarenta años de estrecha relación, siempre con el ciclismo como telón de fondo. Durante todo ese tiempo, Moncho Moliner ha estado yendo a comer a mi casa todos los jueves, y cuando ya no podía hacerlo por sus limitaciones, era yo quien le visitaba en la residencia donde vivió sus tres últimos años de vida. Siempre se ha dicho que Moliner se fue del ciclismo desencantado, pero durante esta última parte de su vida, el ciclismo era el tema recurrente de nuestras conversaciones, y se le iluminaba la mirada cuando hablábamos de alguno de sus chicos, como le gustaba seguir llamándoles.
El día que recibió sepultura en el cementerio de Valladolid, muchos de ellos estaban allí, formando parte de su familia. De su auténtica familia.

Imagen tomada de http://masters.abloque.com

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Mira los portabicicletas de techo de Cruz

La dignidad de la selección española

No nos ilusiona este mundial”. Desconozco en qué momento de Javier Minguez decidió desechar toda esperanza española para el Mundial de Qatar. No sé si fue en el momento de la elección del lugar, el anuncio del recorrido o en el preciso momento de pisar el suelo del emirato… No era la mejor cita, pero había ciclistas para intentarlo, al menos estar, no borrarse. Recordad el primer Mundial de Freire, iban a verlas venir y pam.

Hablaba, repetía mucho Miguel Angel Iglesias en la retransmisión de Teledeporte la palabra “dignidad”. La utilizaba para hablar de los holandeses, de los noruegos, de aquellas selecciones que tienen buena cuota en el corte que los belgas estaba claro que iban a armar. No oí autocrítica ni palabra dignidad para hablar de la selección española, ni se mencionó. Tanto Carlos de Andrés, como su compañero de retransmisión, afrontaron la carrera como el seleccionador, con los brazos caídos.

Yo por dignidad entiendo no ponerse la venda antes de la herida, descartar cualquier opción y transmitir a tus corredores que poco menos que están en medio de unas vacaciones retribuidas en Qatar, en medio de engendros de cemento ganados al mar, disfrutando de un calorcito que en Europa empieza a escasear.

Yo por dignidad entiendo tener a tus corredores “on fire”, atentos y expectantes ante lo que era obvio que iba a pasar, que iba a haber selecciones que no estaban por bajar los brazos e intentarían, en medio del más crudo desierto, armar algo, no sé, intentar romper la carrera, como al final hicieron los belgas.

Yo por dignidad entiendo a Sagan, Van Avermaet, Boonen, Cavendish,… quienes en un nada claro pronóstico ponen toda la carne en el asador. Ganaran o no, pero corren para ello y la grandeza de su palmarés se explica también desde sus fracasos.

Yo por dignidad entiendo ser más autocrítica y si en Alemania y Francia, arde Troya porque sus ciclistas no estuvieron donde su caché les demandaba. Prensa , afición e incluso corredores, Tony Martin habló de completo desastre, al unísono criticando a los suyos, sacando conclusiones de un fracaso con letras gruesas porque Bouhanni, Greipel, Kittel y Demare saben que pocas más tendrán como ésta.

Menos mal que hubo atisbo de dignidad en Imanol Erviti, la isla en el océano, como en Roubaix, como en Flandes,… como casi siempre.

Imagen de RFEC

Mínguez y la lección olímpica

En dos semanas y poco estaremos ya con la vista lejos del Tour, Francia y la vieja Europa. El nuevo mundo, el trozo que le correspondió a los portugueses en esa negociación que el Católico hizo para repartirse América, acoge los Juegos. Estos meses llevamos varios apuntes sobre lo que será el circuito de Río de Janeiro, una trampa en toda regla, bien conocida por casi todos, pero sumamente dura, tanto que los resultados de desnivel, metros salvados y kilómetros previstos se comparan con una etapa reina del Tour.

Javier Mínguez ha anunciado el quinteto español para la carrera de ruta, y por ende para la crono, y sinceramente me gusta. Sí, otras veces hemos creído que la selección llevada por Mínguez pudo aspirar a más, recuerdo el año pasado en Richmond donde dio la sensación de querer jugárselo todo a un sprint muy complicado con la teoría de meter cuanta más gente delante mejor, aunque ello no significara moverlos. Una superioridad inútil. Tambén el mundial de Florencia, tristemente célebre. Ese día si no se le sujeta, Purito se come a Valverde. La edición de Ponferrada fue un poco desastre, con Kwiatkowski más listo que nadie y Dani Moreno mirando para otro lado.

Esta vez para Río, creo que el seleccionador ha aprendido las lecciones de los mundiales que le ha tocado vivir. Mejor una baza, a lo sumo dos claras y el resto a trabajar, aunque controlar unos juegos con un líder y cuatro corredores es una quimeramirad lo que les pasó a los ingleses en Londres– pero al menos que quien acompañe a tu líder no sea otra figura.

Salvo que me equivoque mucho, Purito no tendrá problema en trabajar para Valverde o controlar para él, al menos, como en sus buenos años del Caisse, aunque ojo, porque la labor del catalán podría ser importante si ejerce de Samuel Sánchez, el ciclista que en Pekín iba como un tiro y acabó demostrándolo. Vinokourov fue campeón en su retirada. Nunca se sabe.

Para que no haya confusiones bicéfalas, ni nada similar, el resto de equipo será telefónico. Capitán de ruta llamado Imanol Eviti, la polivalencia de Ion Izagirre y un corredor que me encanta, Jonathan Castroviejo que tan buena labor hiciera en favor de Valverde y Luisle en Londres. Por cierto, estos dos harán la crono, y si el podio es complicado, será posible un diploma porque son excelentes especialistas, aunque en las habituales sorpresas de estas carreras, no sería de extrañar verles más arriba. Veremos.

Imagen tomada de www.plazadeportiva.com

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Mira el abanico de portabicicletas de Cruz

Con Moncho Moliner se fue el último romántico

Sinceramente, no tenía idea alguna de quién fue, ni qué hizo Moncho Moliner. Entiendo que a algunos os parecerá inconcebible, pero uno tiene la edad que tiene y hay épocas que se nos escurren. Por eso, ni corto ni perezoso, quise saber más sobre esta persona que nos dejó hace unos días y sobre la cual el mundo del ciclismo, la plana mayor, no ha omitido elogios.

Y llamé a Perico, que pasó por sus manos hace ya cuarenta años y me contó cosas, algunas realmente interesantes: “No recuerdo cuándo fue o cómo supe exactamente de Moncho Moliner. Sí que recuerdo un campeonato provincial en Segovia. Corría el mes de octubre de 1975. Estaba en categoría junior, mis primeros años de ciclista. Recuerdo que vino el equipo de Moliner, muy temido por todos esos años, y que atacaban de forma tan coordinada que acabaron por reventarme. Con el tiempo supe que el entonces profesional segoviano del Kas, Carlos Melero, le habló de mí a Moncho. Éste se acercó a verme competir y me fichó al momento. Entré así en el Moliner, su equipo, el equipo con fama que iba más allá de Castilla, de él sabían en Asturias, Cantabria y Galicia”.

Aquel equipo era temido más allá de la vieja Castilla, para Moncho existía una táctica sobre las otras: “Atacar de salida, no había otra. Recuerdo que le decía que corriendo así entendía porque cuando era juvenil siempre llegaba apajarado a meta” me explica el segoviano.

Siempre había estado vinculado a categoría inferiores, principalmente juvenil –prosigue-. Pero su equipo creció y recibió ofertas de montar algo grande, algo que llegara a profesionales al calor de boom de equipos que se vivía en España. Y así montó el Moliner de pros, una estructura que también tenía equipo cadete, junior y amateur”.

Pero aquella inversión fue muy fuerte para un empresario de su tamaño y acabó literalmente arruinado. Sí, arruinado por el ciclismo ¿puede haber algo más romántico? Tuvo que trabajar de operario en una gasolinera, dicho sea con todo los respetos por su nueva situación económica.

Siempre soltero y un poco desorganizado, su pasión era la buena mesa y el ciclismo Un “bon vivant” ciclista. Le gustaba el cante jondo. “¿Cuántas veces nos quitó las cintas de Leds Zeppelin o Pink Floyd por las suyas cuando íbamos en el coche?” me cuenta Perico con una sonrisa de cortina.

Con los años vemos que pasaron por sus manos el propio Javier Mínguez, Angel Arroyo, Faustino Rupérez, Lale Cubino, Santi Blanco,… incluso “un ciclista muy malo” llamado Manolo Saiz, durante esos treinta años que estuvo tuvo lo mejor de Castilla en sus manos y nos enseñó el oficio. Hace unos años Perico le homenajeó en su marcha. Hoy todos, los que supieron y no supimos de él, le decimos adiós.

DEP maestro.

Imagen tomada de www.pedrodelgado.com/

Mínguez confundió cantidad con calidad

Con el regusto mundialista recorriendo el paladar conviene un balance somero de lo que ha sido la participación de la selección española en la cita de Richmond, un mundial por el que nadie daba un duro y que al final resultó, como viene siendo habitual, un espectáculo sublime.

Quiero antes de meternos en harina sacar estos tres entrecomillados de seleccionador y dos líderes del combinado hispano:

 “Cuando hemos visto que no llovía, que era muy difícil hacer una selección, sabíamos que la única baza era Alejandro al sprint. He decidido ponerme a arrancar, era la única opción, intentar hacer la carrera más dura, hacer un corte pequeño y que se fuera hacia adelante” dijo Purito

Los otros son más rápidos y ya está, no hay que poner excusas, aunque quizá he arrancado un poco atrás” añadió Alejandro Valverde.

No era nuestro terreno y sí hay especialistas que dominan ese terreno. La selección ha estado en su sitio, ha guardado la ropa, ha nadado y hemos esperado a la parte final porque había dos carreras, si llovía o no. Al final ha aguantado mucha gente de lo normal y ha llegado mucha gente al sprint” concluyó el seleccionador Javier Mínguez.

Aunque lo sencillo ahora, sería hacer leña, no creo que aquí nos hayamos preciado de ser carroñeros, o no en la medida que muchas veces se nos cree, no estamos de acuerdo con las versiones que oímos. Sinceramente las palabras de los protagonistas españoles en el Mundial estadounidense no me convencen porque al final, y con Sagan regodeándose, quedó la sensación de que España corrió a ver qué pasaba y con la vaga expectativa de si llovía o no, escasa ambición para un equipo que ha pisado el podio en innombrables ocasiones en los últimos veinte años.

Por un lado se dice que la baza era Alejandro Valverde al sprint, pero al mismo tiempo éste admite que había otros más rápidos. El murciano no sprinta como antaño, tampoco Sagan, y se movió antes. Si Valverde iba fundido es otra historia, pero admitirlo no está de más. Paralelamente existe la confusa teoría de que en el Mundial mientras más ciclistas lleves en vanguardia hacia el final mejor, cuando lo que consigues es acabar la carrera con la sensación de que podrías haberlo hecho mejor o al menos haberte tomado la molestia de mover algo más tus peones, mucho más allá del salto de Dani Moreno en la penúltima vuelta.

España clasificó cinco corredores en el lapso del minuto respecto a Sagan. Valverde fue quinto, a tres segundos del nuevo campeón, pero acto seguido llegaron el mentado Dani Moreno, Luisle Sánchez, Juanjo Lobato y Jon Izagirre. Cantidad, sí, pero calidad, no. Sagan estaba solo y ganó.

Si miramos alrededor vemos que otras selecciones en lugar de bajar los brazos ante un circuito engañosamente fácil hicieron los deberes, no les resultó, pero dieron la talla. Holanda endureció la carrera llevando el grupo al borde de su elasticidad, Alemania quemó las naves cuando Degenkolb no pudo coger el corte bueno, Italia tiró en la última vuelta y los australianos, que colgaron la medalla en el cuello de Matthews, relevaron a los alemanes. Bélgica movió sus ciclistas en un recorrido que les era familiar, los daneses se movieron por Breschel e incluso Polonia volvió a exhibir autoridad defendiendo el título de Kiatkowski.

España quiso estar ahí, “nadando y guardando la ropa” como diría Mínguez, como si esto fuera una carrera por etapas en la que lo que pasa hoy se puede enmendar mañana, cuando fue una clásica con todas las letras, esa modalidad ciclista que algunos en este país ignoran por sistema. Hace diez años la baza era Freire y se actuaba en consecuencia, desde entonces hemos visto como un ciclista como Valverde ha quemado una década en el vacío objetivo de ganar un mundial.

El murciano quizá se consuele sabiendo que Laurent Jalabert y Sean Kelly fueron grandes sin corona… La quinta plaza del murciano es un buen puesto, pero escaso cuando queda la sensación de que se corrió con los brazos bajados, confundiendo cantidad con calidad. La cuarta posición de Castroviejo fue todo lo contrario, a un pasito del podio, unos maltidos segundos lo impidieron, pero el de Getxo lo dio todo, como siempre.

Foto tomada de FB de la UCI

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Mira las bicicletas urbanas Orbea

El motivo de Contador

Habemus lio” podríamos decir, buscando, hurgando el sensacionalismo, como hacen ciertos medios con el vídeo de la bicicleta del Movistar, que si la esconden, que si el sillín, que si llevaba un motorcillo. Estad seguros que Valverde gana desde hace doce años gracias a un puto motorcillo.

Dicho esto, cada vez que se acerca el Mundial en España hierven las sangres de algunos. Javier Mínguez ha dado su preseleccion que incluye a un contendiente claro y conciso para la Vuelta que nos ocupa estos días: Joaquim Rodríguez. Quiero pensar que el líder del Katusha no tendría opciones en Richmond, pues hasta allí se llevan el tinglado mundialista, pero aún y así por galones y responsabilidad Purito creo que debe ir aunque muchos dan por segura la caída de la convocatoria final.

Exactamente igual que hace un año, cuando pensaba que Alberto Contador debía haber estado en Ponferrada. Entonces el madrileño, recién proclamado ganador de la Vuelta a España en Santiago de Compostela, declinó su presencia. El seleccionador Javier Minguez, cuyos modos podrán gustar o no, acaba de reconocer que aquello le sentó como “una patada” sin especificar en qué zona, aunque aventuro que el lugar está entre la boca del estómago y los testículos.

Sobre la ausencia de Contador entonces opinamos. La vimos injustificada en toda regla. Recuerdo incluso en el circuito berciano a Fabio Aru trabajar denodadamente para la selección italiana en lo que podría considerarse una hoja de servicio similar a la que podría haber realizado Contador.

Sin embargo, no nos engañemos, la mejor generación del ciclismo español es una generación de egos enormes, tanto que es difícil casarlos a todos bajo un mismo paraguas. Con Freire se logró consenso comprando voluntades –cosa muy legítima- pero poner a los “tres magníficos” en un barco común tras perrerarse durante tres semanas por España era una ardua labor.

No obstante, con los meses oyes a unos, escuchas a otros, e imaginas  los verdaderos motivos para que Contador no estuviera en Ponferrada y estos entroncan directamente con la “insuficiente” defensa que el ciclista recibió desde instancias deportivas cuando el «caso chuletón». Es triste pero es así. Las quemaduras de aquello son tan graves que será difícil verle en otro mundial con España, de hecho a Estados Unidos no esta ni “pre” convocado.

Otra cosa son los juegos de Río, donde hay consenso en que son muy duros. Ahí el madrileño quiere ir y cualquiera omite su persona si le va bien en el Tour de Francia. Alguien con personalidad debería recordar que hubo un tiempo que no quiso estar con la selección, en el mundial de casa,  Con todo, lo de siempre, el ciclismo son entretelas, rebotica y reservados. Ahí se produce mucho de lo que después vemos en la pequeña pantalla. Esto siempre ha sido así y siempre será.

Imagen tomada de roadandmud.com

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¿Cómo se monta un piñón fijo?

El día que Javier Mínguez vio ganar a Jöel Pelier

El Tour de 1989 se significa como uno de los más intensos de la historia. Su hilo nos lleva por algunos de los pasajes más inverosímiles, siendo bueno, como el increíble despiste de Perico en Luxemburgo, la explosión de Miguel Indurain en los Pirineos o la victoria de Greg Lemond en los mismos Campos Elíseos para depresión de Laurent Fignon.

Aquella edición también encerró historias interesantes y hoy traemos una, a pocos días del Mundial, pues implica al que lleva el coche y las riendas de la selección española, obviamente hablamos de Javier Mínguez.

El técnico de Valladolid estaba en esas fechas al frente del equipo BH, si la memoria no me falla en el que fue el penúltimo año que esta mítica marca patrocinó un equipo profesional. Entre sus integrantes un francés de historia curiosa llamado Joël Pelier. Aquel equipo de perfil medio tenía una meta, que Laudelino Cubino, hoy metido a labores de comercial como pudimos verle en el Unibike madrileño, ganara una etapa.

A ese objetivo confió Mínguez todo el percal: que Lale repitiera la victoria de etapa de Luz Ardiden un año antes. Sin embargo en sus filas Pelier guardaba ciertas ambiciones más allá de su rol de gregario. Corría la primera semana, ese viacrucis para los equipos de escaladores. Hablamos exactamente de la sexta etapa. Se llegaba al entonces inconcluso parque temático de Futuroscope, cerca de Poitiers, ese lugar que guarda la iglesia románica perfecta. Entre bastidores Pelier le dice a Mínguez que tiene buenas piernas, que le gustaría intentarlo. Contrariado en un primer momento, el técnico le recoge el guante, “si tan seguro te ves, adelante”.

Y así fue, a 180 kilómetros de meta Pelier ya viaja en solitario. Iba sin saberlo camino de la leyenda. En el horizonte la fuga de Albert Bourlon, la más larga jamás lograda en 1947, de más de 250 kilómetros, la de Pelier empieza más modesta pero gana terreno, minutos y cuota según avanza. Durante cuatro horas y media surca los enormes campos del noreste galo. Con paciencia y un sufrimiento extremo va recibiendo cada una de las noticias que se generan desde atrás donde una jauría le persigue sin descanso. Sin saberlo, en meta le esperaban sus padres, que ese día dejaron a su hermano discapacitado en una residencia, para sorprender a su otro hijo en medio de la nada francesa.

Pelier ganó la etapa. Fue la única que se llevó el BH en ese Tour. No cupo la necesidad de esperar a Cubino. Sin embargo Pelier siempre recuerda con cariño a Mínguez pues dos meses antes una terrible caída le provocó una fractura de sacro. Entre dolores hilarantes y jornadas interminables de hospital y recuperación, Mínguez le fue a ver y le confió “si alguien debe estar en el próximo Tour, debes ser tú. Así fue y así ocurrió. La vida y el ciclismo a veces son justos.

Pelier apostó por el BH  porque su compatriota Philippe Bouvatier le habló bien del equipo. Con problemas de encontrar acomodo en el siempre poblado pero generoso pelotón francés, no hizo ascos a la aventura española y las cosas le salieron bien. Este ciclista metido a funcionario con los años se las tuvo también con Bernard Hinault, cuando recién escapado recibió el aviso del “caimán” para que volviera al pelotón y dejara de molestar. “No me toques” le espetó Pelier al gran capo. Con los años cosecharían una buena amistad.

Esta historia es uno de los veinte capítulos que Richard Moore recoge en su libro “Étape”, una obra que recoge la intrahistoria de otras tantas etapas en el Tour de Francia. Con los testimonios de los implicados (Cavendish, Armstrong, Kuiper,… entre otros) Moore escogió estas veinte jornadas como podría haber escogido otras tantas, sin embargo la obra nos deja la intriga de tantas y tantas cosas que desconocemos del ciclista para que el resultado fuera el que fue. Recomendable.

 Imagen tomada de ledicodutour.perso.sfr.fr

INFO

Desde Vic Sports Afers queremos agradecer la visita de nuestros clientes y a todas las personas que se acercaron a nuestro stand

Del 19 al 21 de septiembre se celebró en IFEMA (Madrid) la primera edición de «La Feria de la Bicicleta» UNIBIKE 2014, certamen fruto de la lógica unión entre las dos ferias más importantes del sector, y que ha obtenido un notable éxito de participación, tanto de marcas exhibidoras como de público asistente ansioso de conocer personalmente las novedades para la próxima temporada.

Ante la importante cita, Vic Sports proyectó un stand de diseño exclusivo en el que expuso y presentó también las novedades para la temporada 2015.

Northwave y PowerBar, las principales marcas del catálogo de representadas de Vic Sports, obtuvieron un importante reconocimiento por parte de los asistentes, así lo demuestran la gran cantidad de visitas recibidas, tanto de clientes habituales, muchos de ellos concretando programaciones para la próxima temporada, también tiendas que solicitaron la apertura de cuenta como clientes, y un incontable número de usuarios finales, bikers, triatletas, runners, etc.