El ciclista urbano más célebre de la historia

En el Campo de Marte de París el paisaje es líneal, simétrico. A nuestras espaldas los cuatro pilares de la Torre Eiffel, sustentando el arco que enmarca las barandillas del Sena y la escalonada mole de Trocadero. Al otro lado la vista, es horizontal, la Academia Militar, hasta que nuestra vista topa con un bastión vertical, negro y desafiante. “C´est la Tour Montparnasse”, una aberración para el parisino de a pie, tan celoso de su sky line, siempre horizontal, con sus mansardas y arbotantes góticos caprichosamente sembrados por el callejero. Los rascacielos a la Defensa.

A la sombra de la torre de Montparnasse, en el enredo de calles que la circunda, tenía un pequeño taller de restauración Jean Robic, otrora el ciclista más célebre de Francia, y durante muchos años ciudadano ilustre y cotidiano de París.

Robic fue de todo en su vida posterior al ciclismo. Como cuentan en “Cumbres de Leyenda” tuvo un bar, una empresa de mudanzas, repartidor de diarios e incluso fue árbitro de lucha americana. Hizo de todo, vio de todo, porque su mente estaba muy por delante de los tiempos, los cincuenta, los sesenta, tiempos en los que había que amarrar y conservar lo logrado.

Robic no, Robic trepó por la suerte de esos tiempos y se entregó a ella. Y lo hizo siempre en bicicleta, ni un taxi, ni un autobús, mucho menos el suburbano, el metro. Robic siempre iba en bici y se le distinguía. Su endeble físico, su cara risueña, su luz. “Ese es Robic” oída a su paso, y le encantaba.

Iba en bici a todos los lados, en una ciudad que vivía la motorización a doble velocidad, al declive de la bicicleta en los años que el coche le tomó la plaza en el puzzle de las familias francesas, se añadía la potentísima industria francesa del motor, que declaraba infeliz la vida de todo aquel que no fuera a los sitios sobre cuatro ruedas.

Robic convivió con ese boom, lo vio a lomos de su flaca con calapiés Lapize. Robic iba y venía, hacía surplaces en los semáforos, cosa que consideramos el sumum de cualquier ciclista urbano que se precie y haga equilibrios sobre una filie.

Como ciclista le llamaron muchas cosas, “Trompe-mort, porque burló la muerte varias veces, también lo hizo en las atestadas calles parisinas, esquivando coches, conviviendo con una sociedad que veía de pobres ir en bicicleta por la urbe, un auténtico atraso.

Pero Robic estaba de vuelta, tenía “el culo pelado”. Su vida ciclista le curó de espantos, ganó el primer Tour tras la Segunda Guerra Mundial y fue el último en desistir de la rueda de Fausto Coppi en los virajes de Alpe d´Huez. Su relación de lesiones fue increíble: fracturas de nariz, omoplato, cráneo, mano, fémur,… sumadas a ceja hundida y otro traumatismo craneal. Esos golpes le obligaron a ser recordado como “tête de cuide”, cabeza de cuero, por la endeble chichonera que siempre llevaba compitiendo para evitar que la próxima caída acabara con él. Curiosamente falleció en accidente de coche.

Imagen tomada de alchetron.com

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Fixies y todo lo necesario para ponerlas guapas

El ciclocross necesitaría de la complicidad de los grandes nombres

El ciclocross asturiano

El pasado fin de semana el ciclocross asturiano tuvo a su ciclista más ilustre de los últimos tiempos. Samuel Sánchez, el ciclista que dijo no a la oferta de renovación del BMC, corrió una carrera en La Tenderina, un barrio ovetense. Samuel, cuya biografía en breve publicará Nacho Labarga bajo el título de “El ciclista de oro”, quedó más o menos por mitad de la tabla.

La presencia de Samuel en la carrera de su ciudad fue anecdótica, un paréntesis dentro de su plan invernal que si no me equivoco ya ha consumido su ciclo de descanso.

Por esa excepción que hizo Samuel, nos hemos vuelto a preguntar por esa cantidad de grandes ciclistas que un día, haciéndolo bien en carretera, se prodigaron también por los campos de esta bellísima modalidad que el pasado fin de semana llegó a pisar el territorio británico con la Copa del Mundo.

En la actualidad en el pelotón de carretera no hay grandes nombres de ciclocross. No los hay al menos alternando las dos modalidades. Posiblemente sólo encontremos a Francis Mourey, el francés más consistente de los últimos años, que en carretera se hizo con el Tro Bro Léon el año pasado.

Al margen de Mourey, John Gadret, hoy en el Movistar Team, es otro de los nombres que lo ha alternado.

Se da la circunstancia de Zdenek Stybar, el vigente campeón del mundo que en su día dijo que el ciclocross pasaba a ser secundario a pesar de ser el coco de la modalidad.

Y es que en el checo vemos un problema también extrapolable a la pista y no es otro que al final casi todas sus grandes figuras –si no incluimos a los velocistas- acaban partiéndose la cara en la carretera.

 

Barro en el ciclocross

Y es una pena que ciertos ciclistas no se prodiguen porque en el fondo, navegando por los barrizales del ciclocross encontrarían argumentos ante las crecientes dificultades que ponen las grandes vueltas más allá de las montañas o las cronos.

Miremos por ejemplo la última etapa del adoquín del Tour de Francia.

La ganó un campeón del mundo de ciclocross como Lars Boom y entre otros protagonistas tuvo a Jakob Fulsang, ciclista que no se prodiga en ciclocross, pero sí viene del moutain bike. Como Cadel Evans, ganador de aquella mítica etapa de Montalcino en el Giro de 2010, llegó desde las ruedas gordas.

Recuerden que aquel día también estuvo delante el mentado John Gadret. Otro nombre del ciclocross actual que ha anunciado que la carretera le ocupará más tiempo es el holandés, y vigente ganador de la Copa del Mundo, Lars Van der Haar.

Los protagonistas del CICLOCROSS

Pero tuvimos años en que los grandes nombres se batieron en ciclocross. Nuestro querido “cabeza de cuero” Jean Robic fue campeón del mundo en lodazales y ganador del Tour.

En otro escalón está Oscar Pereiro, que ganó la mejor carrera del mundo y había sido campeón de España de ciclocross en categorías interiores. Como Pereiro, buenos routiers agrandaron su calibre en el ciclocross: Iban Mayo, Mikel Artetxe, Oscar Pereiro, Igor Astarloa pero también José Antonio Garrido, Tino Zaballa, Julen Zubero y Unai Yus sin obviar a los actuales Javier Ruiz de Larrinaga ni Aitor Hernández, el rey sin corona del ciclocross español pues domina el largo y ancho de la temporada sin haberse proclamado campeón de España.

Quien fue campeón del mundo de Ciclocross

Volviendo sobre Robic, sus pasos los siguieron los hermanos De Vlaeminck.

Roger fue una vez campeón del mundo de ciclocross y cuatro ocasiones ganador de la París-Roubaix y su hermano Eric se mueve en registros inabordables: siete veces campeón del mundo y ganador de carreras en ruta, entre otras una etapa del Tour de Francia.

El ganador de la Vuelta a España del 65 Rolf Wolfshohl también fue campeón del mundo de ciclocross y nombres como Adri Van der Poel, Dominique Arnould y Mario De Clerq nos suenan a leyenda en los dos campos.

Como veis fueron pocos, pero grandes, y con aureola atrajeron gente e inversión a esta modalidad llamada ciclocross que es preciosa pero sufre un cuello de botella que le impide crecer. Que los grandes nombres le prestaran una ayuda sería valiosísimo.

Imágenes tomadas de www.biciciclismo.com (@GloriaAlvarezz) y  www.sport.be

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Algo que marque la diferencia puede ser “sencillo”

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El guardabarros “sencillo” protege de las salpicaduras de la rueda trasera de la bicicleta sea cual sea la disciplina y se instala sin herramientas en la mayoría de sillines.Usado en todas las disciplinas, mountainbike, carretera y ciclismo urbano. Y cuando no se usa puede plegarse y llevarse cómodamente en el bolsillo.

Con un peso apenas superior a 12 grms, se mantiene de forma consistente en el sillín gracias al diseño de sus formas y al material empleado. Sencillo parte de un sistema de anclaje simple, se instala sin herramientas, bajo el sillín en los railes de este, se mantiene firme, actuando como guardabarros de protección de salpicaduras de a rueda trasera de nuestra bicicleta .

Mira los tuyos aquí

La biografía del Tourmalet (y II)

Steinès, nuestro héroe de hoy en estas páginas, una vez cumplida su misión encomendada, envió un escueto telegrama a Henri Desgrange, el impulsor del Tour, anunciándole: “He cruzado el Col del Tourmalet, a pie, de noche y sin nieve. Era un piadoso mensaje que no delataba toda la verdad, especialmente en referencia a la nieve que cubría aquellos contornos carentes de vegetación, sin árboles y dominadas por unas  rocas de material granítico. A Desgrange, todo genio y figura, no le tembló el pulso al tomar la decisión de involucrar e introducir el Tourmalet en la configuración del Tour con evidente presteza. Lo hizo al año siguiente: en 1910. Se cumplía aquel designio tan perseguido y hasta codiciado. Fue un acontecimiento renovador que marcó una época y un futuro.

El puerto de montaña que el Tour de Francia por más veces ha hollado, el que se lleva la palma, ha sido precisamente el Tourmalet, coronado en 81 ocasiones. Dentro de la cadena  pirenaica, cabe  destacar  otros puertos cercanos de alta consideración y rango, tales como el Aubisque, cruzado 69 veces, el Aspin, con 66, y finalmente el Peyresourde, con 62. Estos dos últimos puertos que citamos son calificados de categoría inferior. Lo más chocante se da  cuando la etapa en cuestión se desarrolla pisando paulatinamente  los cuatro puertos de una sola tacada, en una misma jornada. Entonces el protagonismo de las ascensiones cobra una mayor relevancia. Hoy en día, por lo general, ya no acostumbra ser así. Se ha aligerado la cuestión para paliar en algo su acentuada dureza.

La baza de los ciclistas españoles

Centrando nuestra consideración en torno a los corredores españoles que suelen distinguirse cuando la carretera se enfila cuesta arriba, no podemos por menos que destacar sus actuaciones en el Col del Tourmalet que  ahora recordamos. Hemos podido contabilizar, por ejemplo,  que en nada menos 18 ocasiones tuvieron la oportunidad de transitar en primera posición por su cima, lo cual constituye un buen logro si tenemos en cuenta que este puerto del Tourmalet ha contabilizado hasta la fecha, repetimos, el paso de los ciclistas en nada menos 81 ocasiones. Así se hace constar en los libros históricos dedicados al deporte del pedal.

No podemos inhibirnos tampoco al mencionar las cuatro veces que el toledano Federico Martín Bahamontes, cruzó destacado en esta cima que lleva acumulado tanto prestigio. Lo hizo en los años 1954, 1962, 1963 y 1964 (meta), gesta que fue coronada con tres, por el corredor abulense Julio Jiménez, en 1964, 1965 y 1967. Se debe advertir que en el año 1964 el Tourmalet fue afrontado en una misma jornada por dos veces: un paso intermedio y una llegada como final de etapa.

Ampliando esta proeza, es bueno mencionar que hubo otros dos ciclistas que también pisaron por tres veces este collado en posición de vanguardia.  Debemos anotar en este cometido al corredor francés Jean Robic, al que se apodaba “El cabeza de cuero” por cubrirse la testa con un casco de material de piel.  Igualó esta misma marca el belga Lucien Van Impe, que cruzó también en cabeza este coloso de los Pirineos: el Col del Tourmalet, un pico que es casi leyenda.

Así de pasada es digno recalcar que Robic fue el primer ciclista en protegerse como consecuencia de un grave accidente sufrido con fractura de cráneo en una competición, concretamente en la clásica París-Roubaix del año 1944. Quisiéramos hacer hincapié en señalar que en los anillos de los velódromos sí que se pedaleaba protegiendo la cabeza. En la actualidad, todos lo sabemos, los ciclistas se valen de sendos cascos tanto en las actividades de pista como en las competiciones de carretera.

Si queréis leer la primera parte

Por  Gerardo  Fuster

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El ciclismo, un deporte genuinamente televisivo

La televisión fue sin lugar a dudas el trampolín mágico con que contó la comunicación visual, un hecho sumamente eficaz, sorprendente y hasta instructivo a favor de los aficionados al deporte de las dos ruedas e incluso de los que no lo eran. La ventana de la televisión es un medio que se cuela en todos los hogares de nuestro globo con una facilidad asombrosa, imparable. La televisión fue y es un medio asequible y a la vez atractivo para poder contemplar muy de cerca y en directo las emociones que nos  brinda el deporte de la bicicleta. Quién más y quién menos se inclina pasmosamente ante este artilugio cúbico que se ha introducido en todos los ambientes de la sociedad. El deporte se ha valido mucho de este medio informativo de amplia divulgación. No podemos decir otra cosa.

La televisión en el ciclismo

Las primeras retrasmisiones fueron difundidas en diferido, dado que no se poseían medios suficientes para darlas en directo. Las primeras imágenes difundidas se remontan a aquella ascensión a la montaña mítica del Alpe d´Huez, en el Tour del año 1952, cuyo protagonista del espectáculo no fue otro que el italiano Fausto Coppi, el portentoso campeón de otros tiempos que venció de manera admirable al que fue su contrincante más directo, el francés Jean Robic.  

También se realizaron otros reportajes similares, por ejemplo, al día siguiente, en Sestrière. Más tarde se transmitieron las imágenes en la ascensión al temible Puy de Dôme. Al cabo de tres años, ya se emitieron sendos reportajes en directo cara al gran público, que poco a poco fue cautivándose de aquel ciclismo tan lleno de emociones y de vivacidad. Aquellos acontecimientos transmitidos a distancia fueron un eslabón que colmó las ilusiones de muchos que ya no consideraron indispensable el tener que desplazarse a un punto de la carretera,  o en la misma meta para presenciar la acción deportiva sobre las dos ruedas de los corredores participantes. En nuestro caso nos centramos en el Tour de Francia, la prueba de más prestigio del calendario internacional.

A través de aquella atractiva caja mágica, se aprovechó el tema ciclista para difundir a través de sus antenas algunos sugestivos paisajes y monumentos históricos por donde transitaba la caravana multicolor de ciclistas. Se introdujo en el campo puramente turístico, un hecho que valía la pena motivar y difundir en el corazón de las gentes.

Personalmente recuerdo haber contemplado con anterioridad algunas pioneras imágenes, en blanco y negro, en transmisión algo difusa, la conocida prueba ciclista corrida tras motocicleta titulada Roma-Nápoles-Roma, por etapas. Viendo el espectáculo, lo conservamos muy presente en nuestras mentes. Nos fascinó en gran manera. Hoy como es natural no nos llaman tan poderosamente sus imágenes y sus bellos paisajes. Estamos acostumbrados a la pantalla como la cosa más natural del mundo.

En aquellos tiempos los avances técnicos y la tecnología introdujeron como novedad en el Tour: la “foto-finish”, es decir, ya no habrían más dudas por parte de los árbitros para establecer el orden de llegada de un apiñado pelotón de corredores en la línea de meta, amparados por el vértigo de la velocidad. La fidelidad de la película no daba opción ni a discrepancias, ni a dudas. Los jueces quedaron desde entonces en un plano más bien secundario, en una labor más bien burócrata. Una conquista más en aras al ciclismo y a otros múltiples deportes.

Como punto final podemos afirmar que cualquier aficionado podía hablar o dialogar con sus amigos con más énfasis y más criterio acerca de  lo que había  contemplado a través de la caja televisiva, sentado cómodamente en el sillón de su casa, sin tener que desplazarse a tal punto o a tal otro de la carretera.

Por Gerardo  Fuster

Jean Robic, también llamando “cabeza de cuero”

Al redactar estas líneas quisiéramos exponer a los lectores un hecho histórico insólito cuyo significado se escapó de toda la normalidad cotidiana. Este escrito refleja una noticia histórica que en su época causó un verdadero impacto deportivo. Se puede encuadrar como un hecho más bien chocante.  Es una estampa del pasado que siempre he recordado con especial agrado y hasta nostalgia en mis años de adolescencia, y singularizo al decirlo. Fue en aquel entonces cuando empecé a interesarme por el deporte de las dos ruedas, sus grandezas y sus decepciones.

Aquel Tour de 1947 que volvió a ser noticia

El de que en el Tour de Francia, en el último día de carrera, no acontecieran eventos de importancia era una tradición que los aficionados bien asimilaban. Era una jornada de tono festivo y nada más; un día de asueto casi. La clasificación general se solía mantener inamovible. Es algo que se ha cumplido por lo general sin reparos. Basta repasar un poco por encima la historia del Tour. La excepción, sin embargo, alguna que otra se produjo; se rompió el molde de lo establecido.

Hoy, en este cuaderno que me brinda Joan Seguidor, queremos hacer referencia al Tour de Francia del año 1947, que volvió a ponerse en activo tras la finalización definitiva de la Segunda Guerra Mundial que asoló el territorio francés y el resto de Europa. Los organizadores galos, luchando contra viento y marea, no cesaron en su empeño de poner de nuevo en órbita la histórica e importante competición por etapas, el máximo acontecimiento ciclista de siempre. Había la necesidad de  hacer olvidar las ingratitudes que nos deparó una guerra bélica cruenta y sin concesiones, llena de muertes en ambos contendientes enfrentados sin piedad.

El golpe de teatro protagonizado por Robic

Quedaba pendiente la última etapa Caen-París, la vigésimo primera. Figuraba como líder el italiano Pierre Brambilla, afincado de tiempo en Francia, que se ganaba la vida ejerciendo de albañil. Era un ciclista fornido con una voluntad de hierro que no se rendía así como así a los acontecimientos adversos. En la citada jornada el bretón Jean Robic, así se llamaba, con su diminuta e inconfundible figura, atacó de firme en la cuesta denominada Bon-secours, situada a 140 kilómetros de la capital francesa.  Le secundó en la escaramuza y en el esfuerzo otro compatriota suyo, su  compañero de fatigas apellidado Edouard Fachleitner. El pelotón quedó en consecuencia totalmente diseminado en varios grupos. Cada cual trató de salvarse como pudo ante el naufragio general vivido con particular rudeza.  La etapa al final la ganó el belga Alberic Schotte. Pero el gran triunfador fue el pequeño Robic, que gracias a su inesperado ataque pudo enfundarse con todas las de la ley la casaca amarilla de líder en la misma París, en el famoso Parque de los Príncipes, sin haber tenido el honor de haberla lucido en el transcurso de todas las anteriores etapas de que constaba el Tour. Toda la gloria fue para él ante la mirada atónita de miles y miles de aficionados que aplaudieron su improvisado cometido y su apurada decisión fraguada a última hora.

Caso inédito el vivido en aquel Tour. Jean Robic, curiosidad aparte, fue considerado como regional bretón, cuando en realidad  había nacido en la localidad de Condé-lès-Vouziers, colindante a las Ardenas, no lejos de la frontera con Bélgica. Se le apodaba comúnmente “Biquet” o “Tête de cuir” (Cabeza de cuero), dado que fue el primer ciclista que usó la consabida protección, cosa que llamaba poderosamente la atención en las pruebas  en donde él participaba. Se entiende en carretera abierta, dado que en los velódromos ya se usaba una defensa similar a la que usó Robic, siempre situándonos en una época ya lejana.

La fatalidad de un destino

Aquella protección vino como consecuencia de una grave caída acaecida contra unos malditos   adoquinados en la conocida clásica París-Roubaix, en el año 1944, con fractura de cráneo. Estuvo a dos pasos de la muerte. Con todo nunca está de más el airear este hecho protagonizado por Jean Robic, que sufrió ¡qué fatalidad! otras seis fracturas en diversas partes del cuerpo a lo largo de su carrera deportiva como ciclista, quizá atenazado por su manera peculiar de correr guiada por su temperamento un tanto marcadamente impetuoso.  

Hombre polémico pero de gran corazón, al que tuve la oportunidad de conocerle personalmente y entablar una buena amistad. Recuerdo cuando participó en el Campeonato del Mundo de ciclocross del año 1953, que tuvo lugar en nuestro país, en Oñate (Guipúzcoa), en el que venció su compatriota Roger Rondeaux. Nunca está de más decir en torno al polifacético Robic, que en el año 1950 conquistó el título mundial en esta durísima especialidad.

En 1980, retirado del deporte activo, un aparatoso accidente de automóvil le segó la vida a los 59 años, dejando un recuerdo imborrable entre los entusiastas aficionados de la bicicleta que habían seguido al dedillo sus pasos y su historial. Poseía mucho tesón y admirable coraje frente a las adversidades que tuvo a lo largo de su carrera. Todos nosotros, sumergidos en nuestra edad juvenil, sentimos muy de veras su muerte, que llegó un tanto prematura por la incógnita del destino.

Por Gerardo  Fuster

INFO

U51 Pro y Workcycling en la QH

Ya se está acercando el verano y con él, una de las mejores pruebas de gran fondo del territorio; La Quebrantahuesos. Y como no podía ser de otro modo, nosotros  estaremos allí presentes.

 U51 Pro contará con un Stand de 5×5 metros en la zona QH Expo en el que exhibiré las últimas novedades de las mejores marcas como Q36.5 o X-BionicEndura  oakley Todo aquel interesado en adquirir cualquier producto, podrá  hacerlo in-situ o bien tras la prueba en los soportes web (www.mikelkolino.com) y en la tienda física situada en la Avenida de la Libertad número 1 de San SebastiánMadrid.

Además en esta ocasión tan especial daremos a conocer algunos de los pilares en los que se sustentarán nuestros proyectos futuros, entre los que se incluyen diferentes eventos de la mano de Workcycling.  En el Stand estaremos presentes Mikel Kolino (www.mikelkolino.com) y Mikel Azparren (www.workcycling.com) que además participará en la prueba el día 21 vistiendo ropa de primera calidad ofrecida por Q36.5.

Los horarios de la Expo en la que habrá más de cincuenta expositores, serán de 11.00 a 22.00 horas el viernes 20 de Junio y de 10:00 a 20:00 el sábado 21 día de la prueba.  Os esperamos a todos con los brazos abiertos para que podáis disfrutar del ciclismo con la misma pasión con la que nosotros lo hacemos. En breves anunciaremos el número exacto de expositor donde nos situaremos.

U51pro, Mikelkolino, u51problog, mikelkolinoblog y workcycling son marcas registradas para que todos los futuros clientes encuentren calidad máxima y asesoramiento personalizado.

¡Ven y disfruta de la esencia de la vida!

El ciclocross, entre bikers y ruteros

No cabe duda de que el ciclocross en España ha dado un salto cualitativo en la última década. No sabemos si las circunstancias, si el gusto por la bicicleta y todo lo que implica, no sabemos si por una conjunción astral. Lo que sí es seguro es que el ciclocross ahora interesa mucho más que hace diez años, pero mucho más. Ha pasado de ser testimonial y anodino enlace invernal, sobretodo en la década de los noventa, a convertirse en modalidad con personalidad propia y una parroquia fiel y entendida que ahora mismo se plasma en un completo calendario a nivel regional, un Open de España y lo que es más importante un Campeonato de España que figura en la agenda de buenos profesionales y fieles seguidores.

Como muestra de este fenómeno vemos la cantidad y calidad de gente procedente de otras modalidades que ha probado fortuna sobre el barro. En España por ejemplo tenemos un perfil cambiante. Hemos tenido campeones de España como José Antonio Hermida, Ismael Esteban o Rubén Ruzafa que siendo buenos bikers lo han hecho bien en estos terrenos.

Sin embargo la práctica totalidad de dominadores del presente vienen de las ruedas finas y el asfalto. El podio del domingo pasado en Segorbe por ejemplo formado por Javier Ruiz de Larrinaga, Aitor Hernández y Aketza Peña. Es un podio de tres ciclistas de carretera. Es más, en el plano internacional aún se recuerdan las gestas de los hermanos De Vlaeminck, y antes habían triunfado Jean Robic, ganador de todo un Tour, y Rolf Wolfshohl, el primer alemán que ganó la Vuelta. En tiempos más recientes tenemos los casos de Adri Van der Poel, Dominique Arnould y Mario De Clerq. En el ámbito doméstico tuvimos a Iban Mayo, Mikel Artetxe, Oscar Pereiro e Igor Astarloa pero también a José Antonio Garrido, Tino Zaballa, Julen Zubero y Unai Yus, brillantísimo campeón hace nueve años en Busturia.

 

Con todo nos preguntamos: ciclocross, sí pero ¿para bikers o ruteros?

 

En opinión del gran dominador del ciclocross español de los últimos veinte años, David Seco, seis veces campeón nacional, los bikers son coyunturales en el ciclocross. Los orígenes del vizcaíno, recordemos, se asientan en la carretera, sin embargo alrededor suyo le han crecido rivales venidos de diferentes especialidades. “Que otros corredores vengan a hacer ciclocross es muy positivo por que crece la competitividad y la expectación” afirma. Para Seco no se puede hablar de un dominio de cierto tipo de corredores: En algunos nacionales ha coincidido que han triunfado bikers pero no hay que darle mayor importancia.

El de Busturia no ve inconvenientes en alternar las temporadas de BTT y carretera con la de ciclocross, sin embargo, en lo que hace referencia al terreno afirma apreciar mayores afinidades con la bicicleta de ruedas gordas aunque “en esencia son diferentes porque en BTT las distancias son más largas con velocidades más lentas y mayor dureza. A la carretera se asemeja más por la velocidad de las pruebas”.

Como contrapunto el sucesor de Seco en los Campeonatos de España: José Antonio Hermida. El biker ve mayores afinidades con el BTT: “En la bicicleta no hay muchas similitudes, pero los bikers nos encontramos a gusto porque en nuestro entrenamiento usamos las bicicletas de carretera para hacer series. Las máquinas de ciclocross no dejan de ser un híbrido entre carretera y montaña. Los frenos, desarrollos y neumáticos son como los de BTT pero el cuadro es de carretera. Los bikers nos sentimos cómodos y la preparación que significa es muy buena. A mi entender para un biker siempre es mucho más fácil probar en ciclocross que no para un corredor de carretera, siempre teniendo en cuenta el circuito”. Para Hermida vale el ejemplo de Nys, quien al margen de dominar en invierno tomó parte hasta en unos Juegos Olímpicos como biker belga.

Con todo queda claro que la línea entre disciplinas parece cada vez más delgada. Quizá esas voces que hablan de fusión de especialidades tomen mayor fuerza con los años. Ahora por eso suenan a utopía.

Imagen tomada de www.rfec.com