Una Roubaix de leyenda: ¿Quién tiene los huevos de Andrei Tchmil?

Andrei Tchmil JoanSeguidor

La Roubaix que ganó Tchmil entra en los anales de dureza

Hace casi 25 años los cocos de las grandes turbas de primavera y Roubaix respondían a los apellidos de Bugno, Museeuw, Baldato, Ballerini, Furlan, Capiot, Van Hooydonck, Ludwig, Duclos Lasalle, Yates, Willems,… y Tchmil, Andrei Tchmil, el ciclista con más nacionales del que nunca hemos sabido pues nació ruso, vivió en Moldavia, fue ciudadano ucranio e incluso juró los colores de Bélgica.

En 1994 Tchmil protagonizó el ataque más espectacular de cuantos se vieron en Roubaix, incluso hasta hoy.

A más de sesenta kilómetros, sesenta, un enlodado ciclista de rojo y negro, confundido por la vorágine de porquería que surcaba su estela surgió de en medio del pelotón cual alma que lleva el diablo.

 

De esa empresa loca pudo dar fe Johan Museeuw, el mejor especialista de ese tiempo, que se fue tras el alocado ciclista, entonces  moldavo, para mantenerlo cien metros durante un tramo, el suficiente para meterse en un nuevo tramo de pavé y reventar al león flamenco.

Tchimil, endiablado, tercero pocos días antes frente al majestuoso sprint de Bugno, subió y rebasó bordillos con la justificada fe de que en ello le iban segundos a la postre decisivos. Sesenta kilómetros después de tamaña apuesta, Tchimil sacudía el rostro, pecho y brazos sabiéndose ganador tras mantener una distancia bulímica de un minuto durante tan penoso tránsito ante el azote de Baldato y Ballerini.

Hace dos años Tom Boonen protagonizó su mejor Roubaix, asaltando el poder de su cuarto éxito a menos de sesenta para meta, pero con una generalizada sensación de incomparecencia por parte de los rivales que poco o nada pudieron hacer para enjuagar el poder del ciclista nato en las pedanías de Amberes.

De los grandes pasos a Roubaix sólo el Carrefour de l´ Arbre es realmente decisivo. En 2005 Juan Antonio Flecha reventó el grupo para irse con Boonen, ganador a la postre, y George Hincapie. Al año Fabian Cancellara cuajó aquí el triunfo y en 2011 lo cimentó Johan Van Summeren.

Ataques de largo radio son muy complicados en estos parajes de sabor napoleónico. A la confianza en uno mismo se le debe sumar un conocimiento casi introspectivo de los rivales y una capacidad para sufrir el dolor de piernas y el colapso de los pulmones fuera de norma.

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Por eso Franco Ballerini (1998), Cancellara (2010) y Museeuw (2002) son los únicos de tiempos cercanos que rompieron el grupo más allá de los cuarenta kilómetros.

Sin embargo, y a pesar de lo apuntado, sacar fuerzas cerca de Roubaix es sumamente complicado como lo demuestra el hecho de que sólo un super Peter Van Petegem en 2003 y Servais Knaven en 2001 hayan burlado el control cerca del velódromo.

Con Knaven se da la circunstancia de que la suya fue la victoria más legendaria de todas las que hemos contado, pues sólo un hilo de la gorra permitió leer el emblema de su equipo para reconocerle en medio de una mascarilla de barro que le impedía ser reconocido.

Veinte años pasaron de Tchmil. Veinte años de aventuras y peores desenlaces en el infierno. Veremos si alguien quieren emular a este ciclista único, garante de tres monumentos y que plasma a la perfección ese temple ruso, hecho de una pasta y resistencia que no acercamos a dimensionar.

Foto tomada de www.capovelo.com

 

Las sombras del paraíso flamenco

Desgraciadamente el telediario de esta mañana post Flandes abrió la información de la carrera con el accidente de la mujer atropellada por Johan Van Summeren en el desarrollo de la prueba. Se habla de ciclismo con la tragedia como inicio del discurso, lamentamos el accidente de esta señora y no entraremos si debía estar ahí o no. La opinión sobre este hecho se desprende de un desenlace que pone la piel de gallina. Sea como fuere no fue el único incidente entre el público y los ciclistas en la jornada flamenca. Yaroslav Popovich se fue al suelo al llevarse el bolso de otra señora.

Como dijimos el año pasado a raíz de la subida de Alpe d´Huez en el Tour de Francia, existe un punto, una línea invisible, que marca el límite de resistencia de un evento y creo que Flandes se está aproximando a él. Que una región que se cree país, por ser muy diferente además a su otra mitad, la francófona, se eche a las cunetas el día que se corre “la más hermosa del lugar” es bonito y entrañable, pero la pasión debe ir acompañada de sentido común en el seguimiento de carrera y pensar por un momento que, al margen de que es importante disfrutar del espectáculo, hay unos profesionales, ciclistas, haciendo lo que mejor saben hacer y merecen todo el respeto y cuidado porque en el fondo sin ellos, todas esas cunetas atestadas, esas vallas encogidas en banderas y esas carpas VIP carecen de sentido.

El otro día Nico Van Looy escribió esta pieza para Ciclo21 sobre el gigantismo que adquiere la carrera. La profusión de las carpas VIP, los millares de aficionados, los colapsos en los accesos, todo en un lugar vecinal, estrecho y angosto hacen casi irrespirable el ambiente los días previos a la carrera.

Pero a su vez Flandes se convierte en un nido de fanáticos, gentuza que con el motivo del ciclismo, como en otro momento podría ser un concierto o un partido de futbol, desahogan sus penas atentando contra los propios ciclistas, profiriendo insultos o pasando a la propia y genuina agresión, algo que en ciclocross es muy usual y que en Flandes parece que ha ocurrido.

La normativa de no acceder al circuito con botellas de cristal cae por su propio peso, pero se impone algo más, como por ejemplo una especie de mandato explícito para no convertir Oudenaarde y sus alrededores en un enorme vertedero de mierda, plásticos y desechos de algo que poco tiene que ver con el deporte y sí con una bacanal discotequera. El año pasado las brigadas de limpieza del Angliru se hacían cruces ante la cantidad de basura que dejaban esos que se llaman amantes de la bicicleta y seguidores del ciclismo, los mismos que ponen la ecología como emblema de sus vidas.

Pues Flandes es lo mismo, exactamente lo mismo, un crisol de porquería que supera con creces la propia dimensión del evento y que muy poco dice del auténtico aficionado que al margen de disfrutar del evento debe tener cuidado para que el lugar quede con las ganas de volver a tenerlo el año próximo.

Serie 12×12: Una leyenda en activo llamada Tom Boonen

Cuando sacudida de tu pedalada resulta poderosa, alcanzas el cielo a los pocos años de tu debut. Grandes equipos se sortean tus prestaciones, te ves dueño de todo aquello que muchos necesitan una vida para conseguir, es complicado que, al menor bajón, vuelvas a ser lo que fuiste e incluso mejorar lo logrado.

Por esas tres fases pasó Tom Bonnen. Un deportista que en Bélgica fue aupado en calidad de semidiós, posteriormente pasó por un paréntesis deportivo y emocional achacable a la propia inercia irregular que se atribuyen los grandes talentos, para finalmente volver por donde solía, incluso más fuerte aún. Hace menos de un año comentábamos esto de Tom Boonen. Año X momento Y. No se le ponían muchos condicionantes por delante, sólo saber si el suyo sería un camino de ida y vuelta al estrellato.

Las temporadas 2010 y 2011 fueron complejas para el astro y musa de Quick Step. Ajeno a las grandes citas, su figura se diluía. Fabian Cancellara le eclipsó en el duelo de 2010 mientras que un año después otros dos belgas, Van Summeren y Nuyens, se llevaron los cetros que mueven sus ambiciones. Lo peor fue lo alejado que pareció de plazas otrora indiscutibles. Clase, categoría, poder nunca dejó de tener, pero cómo plasmar estos tres elementos se había convertido en un caos.

La campaña de 2012 fue a priori una moneda al aire que al final resultó tener dos caras iguales: éxito seguro. Tom Boonen ha alcanzado a sus 31 años la temporada perfecta en el pavés. La mejor de las que recordamos, estadísticamente y en ejecución. Llevado por los demonios, el principal afectado por la gesta de Boonen, el siempre eterno Roger De Vlaeminck emprendió contra el ahora astro. No digirió que los registros están para batirlos, que no son sempiternos.

De Vlaeminck emprendió contra sus rivales. Ciertamente Boonen pareció muy superior, pero en su debe también se esconden méritos y notables. Redondear una campaña que incluye cuatro de los cinco grandes eventos de pavés no es atribuible exclusivamente a la endeblez de unos rivales entre los que no se contó Fabian Cancellara. También hay trabajo de Boonen y los suyos.

En la Het Nieuwsblad nunca un segundo puesto fue tan significativo pues le sirvió de píldora de aquello volvía a chutar, y vaya si chutó. El mes de abril de 2012 ha sido para Tom Boonen la obra cumbre en una trayectoria ya mayúscula de por sí. Empalmó la cuatro grandes del adoquín en dos series, la cara A con Flandes y Roubaix y la B con E3 y Wewelgem. Ganó en todos los estadios posibles, al sprint, en fuga acompañado y en solitario con un ataque de leyenda como el que le empujó hasta el velódromo de la fabril ciudad del norte francés.

Poseedor de registros de excepción, el pelotón mundial contemporáneo podrá decir en 2013: “Yo fui leyenda, yo corrí con Tom Boonen”.

“El masaje está pensado para que el deportista recupere mejor del esfuerzo que ha realizado y esté preparado para el esfuerzo posterior que tiene que hacer”  Jordi Solano Masaje Deportivo 

Foto tomada de http://www.sbs.com.au