De Landa a Izagirre, los juveniles vascos de oro

Mikel Landa durante el Tour de Francia

Cuando Mikel Landa se queda a un solo segundo del podio en París, después de hacer el Giro de Italia, resulta que todo el mundo lo conoce, todo el mundo sabe y de él y, por supuesto, señores, esto es España, todo el mundo opina y sienta cátedra sobre él.

Al igual que Landa, muchos, muchísimos niños jugaban a ser ciclistas e incluso algunos soñaban con serlo. Personalmente conozco a bastantes corredores vascos que, allá por 2006 y 2007, eran juniors, unos juniors con una ilusión tremenda, con los que tuve la suerte de trabajar.

Algunos de ellos, muchos teniendo en cuenta los tiempos que corren, son ahora profesionales. Me dejaré alguno, seguro, pero recuerdo al citado Landa a Ion Izagirre, Peio Bilbao, Garikoitz Bravo, Igor Merino y Jon Aberasturi en ruta más Jonathan Lastra y Omar Fraile, como corredores de BTT.

Ya entonces tenían algo, se les veía calidad, pero, para sorpresa de muchos, no eran dominadores de la categoría ni mucho menos. Como ejemplo, Landa e Izagirre fueron los dos últimos corredores de la selección de Euskadi en el campeonato junior que se celebró en Onda y que ganó el navarro Enrique Sanz. Esto es sólo un detalle, pero da pistas sobre cómo son estos corredores actualmente, buenos compañeros, sacrificados y conocedores del oficio.

Recuerdo a Mikel Landa como lo veo ahora, un tío con una clase descomunal, no como el corredor más autodisciplinado, no era un chico al que le encantara entrenar, pero tenía un don. Un don, una chispa que a día de hoy ha pulido con trabajo.

Mikel Landa es lo que era, un tío al que no le importaba sacrificarse por sus compañeros pero, ojo, tirado para adelante como pocos y que le gustaba ser líder cuando se sentía bien. Un tío con carácter, un líder en el grupo con sus chistes, sus gracias, un crío que no se callaba ni debajo del agua, que a veces se pasaba de la raya, que resultaba irrespetuoso, pero que generalmente lo hacía con un sentido, con un fin. Un tío, que podrá equivocarse o no, pero que no da puntada sin hilo.

Ion Izagirre en la salida del Tour de Francia

Izagirre era otro talento natural, el del pedaleo fácil, al que le daba lo mismo una carrera de carretera que una de ciclocross, un chaval al que le veías pedalear y decías: “¡Qué clase tiene!”.

Al igual que Landa y que todos los corredores vascos, un junior de maduración lenta que todavía jugaba a ser ciclista era Peio Bilbao, un año más joven, el diamante, el niño flaco, desmadejado, con perfil de escalador y callado pero que lo mismo se te metía en una escapada por el llano y te la liaba.

Jon Aberasturi, un velocista que nació en el lugar equivocado, triunfando en Asia, ahora. Este ya era de los míos, como fui yo, un currante, un chaval con algo menos de talento natural pero con una capacidad de trabajo y sacrificio fuera de toda duda.

En este grupo metería a Jonathan Lastra, también a Omar Fraile, el niño que se hizo atleta remando en la ría de Bilbao, a Igor Merino…. Otros muchos, tan talentosos y trabajadores como estos, y hablo sólo de los nacidos en Euskadi, se quedaron por el camino, entre ellos Aitor Ocampos, medalla en aquel campeonato de España de Onda.

Por tanto, está claro que a la cumbre del ciclismo profesional se llega por varios caminos, pero, los dioses del Olimpo, los cracks, sólo son aquellos que tiene un brillo especial, un duende, un don….para hacer magia en bicicleta.

Por Unai Yus

Imagen tomada del FB del Team Sky y Team Baharain

INFO

Las gran fondo by Rose Bikes…

Hay ciclismo después de Euskaltel

Con un ERE, uno de los trámites administrativos más tristes y cotidianos de nuestros días, se cierran veinte años de peripecias en Euskaltel dentro del pelotón. Un ERE, una palabra mundana, manoseada que ahora forma parte de la vida de actores destacados de esa elite que es el deportista de alto nivel que con sus viajes, concentraciones y demás quehaceres vive muy al margen de lo mundano. Un ERE que afecta a Igor Antón, Egoi Martínez, Gorka Verdugo, Jon Aberasturi, Rubén Pérez y Miguel Mínguez. Sí Igor, Egoi, Gorka y Rubén, cuatro de los fijos cada año en las grandes carreras, con todo el respecto para Jon y Miquel. El membrete también incluye el nombre de Samuel Sánchez, que tenía firmado hasta 2015. Cómo hemos de vernos. 

Mientras en la acera de enfrente Miguel Madariaga trabaja para que a finales de mes tengamos un regalito de Papá Noel en forma de supervivencia de Euskadi. Está bien. Tras mucho ir y venir, el ciclismo vasco está cerca de cerrar un pacto de mínimos. Que lo celebren, otras regiones no tienen eso ni por asomo. No obstante la imagen que queda es de una desunión supina. El ciclismo vasco, el espejo de este deporte a nivel nacional, parece una lucha de bandas y corrientes.
Con todo es llamativa la retórica que ha rodeado todo lo ciclista en Euskadi desde que Euskaltel dijo que no seguía. Desde morder la mano que te ha mantenido, eso es hablar no muy bien de las administraciones públicas que poco o nada debieran pintar en estos proyectos, a lanzarse recados, bombas y puñales entre las partes implicadas.
En esa paradigmática desunión, el ciclismo en Euskadi es lo que es en el resto del mundo, se ha transmitido un completo desbarajuste y nula coordinación en la defensa de los intereses ciclistas de una zona que dicen vive esto como casi una religión. Dudo que fueran pocos los que no se alegraran por el tropiezo mortal de Igor, ni esbozaran satisfacción ante la soledad de Jon Odriozola, ni por la poesía que salió de la boca de Madariaga.
Sin embargo, como siempre hemos defendido, Euskadi es tierra de ciclismo, de Ciclismo, sí con mayúsculas. Y como tierra de Ciclismo dudo mucho que Euskaltel signifique el final de algo más que no sea la propia historia del equipo naranja. Esto es un capítulo aparte. Porque de ese color, o verde, o rojo, o del que gusten de citar, seguirán las cunetas tiñéndose de pasión, sabiduría y admiración. De gritos para éste, aquel y el otro. De empeños con nombre y apellido, porque conocen y admiran al corredor más que aquellos que se justifican en el casco y las gafas para sacar a pasear su desconocimiento.
En los años treinta del pasado siglo, el Tour de Francia era ya asiduo en los Pirineros. Despuntaba entonces un ciclista pequeño que apodaban “la pulga”. Era Vicente Trueba, cántabro y avispado en las subidas. Año 33, en la España de la segunda República, muchos cruzaban el umbral de Francia para animarle. Eran cántabros, astures y vascos, muchos vascos. Ni por asomo se esbozaba Euskaltel y esa región que se meció en los brazos de la bicicleta por la crisis de la industria armera ya respiraba ciclismo.
Siento decirle a los agoreros que, ochenta años después, esa pasión sigue intacta.

El ciclismo español necesita una dosis de autoestima

No va a ser sencillo, va a doler y echaremos de menos el periodo que muchos atisban próximo a su fin. Desde hace muchos años, quizá desde que Ángel Arroyo abriera el ciclo en aquel mágico Tour de 1983, nada menos que hace tres décadas, el ciclismo español ha mejorado sus registros aupándose a primera potencia, como bien reza una clasificación de la UCI World Tour que no es más que la consecuencia de la excelente cosecha de triunfos que los nuestros han cuajado en este periodo. España volverá a ser el mejor país del mundo ciclista, otra vez. 

Hace cinco años por estas fechas Samuel Sánchez era el hombre del momento. Saboreaba y alargaba las mieles de su recién conseguida corona olímpica. En todo este maremágnum de grandes momentos que ha firmado el ciclismo español –que malos también ha protagonizado, incluso hasta muy malos- el oro olímpico del risueño asturiano parece la guinda, como aquel último reducto que le quedaba por derribar a la –vamos a ser efectistas- “armada española”.

Pero Samuel ahora está en una circunstancia muy diferente. Barrunta su retirada si el mercado no es capaz de asumir una ficha como la suya. Con la desaparición de Euskaltel, donde tenía contrato más allá de este año, sumada a la caída del mundial, le ha quedado la opción de la retirada como una plausible baza.

No sabemos qué pasará por la cabeza del ciclista ovetense, y cuán grande es esa alternativa de colgar su bicicleta. Pero si se retira estaríamos ante una muestra tangible de ese cambio de ciclo para el ciclismo español en un momento además no parece el más dulce para el mismo.

Y es que el deporte del pedal en suelo patrio está falto de autoestima y cariño. Miremos y veremos qué malandanzas le rodean. Por ejemplo la certeza de que Movistar y Caja Rural serán los únicos equipos españoles es un argumento que cae a plomo y sitúa muchos y buenos corredores, casi todos los que deberían prolongar los éxitos presentes, sin maillot para 2014.

Pero es que además está el Mundial de Ponferrada y las imperecederas dudas sobre su viabilidad y celebración. La capital berciana no sólo tiene encima de la mesa la necesidad de cubrir un presupuesto que parece de ciencia ficción sino convencer a la UCI sobre sus circuitos, en una reprobación de los trazados que nunca había conocido anteriormente.

Luego está la complicada situación económica de la RFEC que lleva un seleccionador a la carrera más importante del año sin nómina. No hablemos de la ausencia de seleccionados en muchas convocatorias y la inédita experiencia de David Muntaner, como paradigma, que sufragó un subcampeonato mundial por un patrocinador privado.

Recuerdo cuando hace veinte años todos miraban a España en materia de retransmisiones ciclistas. Incluso en los días que el mal tiempo condicionaba, TVE era capaz de mantener la señal ahí donde la RAI naufragaba. La Vuelta era santo y seña de retransmisiones, lo mismo que ahora, vamos.

A todo esto le añadimos dos últimas perlas: el desenlace del Mundial , donde España siendo mejor numéricamente no sacó las dos mejores medallas, y la no culminación del equipo de Fernando Alonso al menos en el corto plazo, que es cuando más se le necesita. Todo contribuye y empuja a afirmar que el ciclismo español necesita un chute de autoestima y cariño que permita ver que el futuro aunque complejo existe y no tiene por qué ser tan negro. Y es que como bien relatan en Zona Matxin hay un buen puñado de razones por los que seguir creyendo. Esas razones se llaman David De La Cruz, Ion Izaguirre, Jesús Herrada, Angel Madrazo, Juan José Lobato, Mikel Landa, Enrique Sanz, Carlos Barbero, Lluis Mas, Garikoitz Bravo, Peio Bilbao, Omar Fraile, Jesús Ezquerra, Haritz Orbe, Mikel Iturria, Carlos Verona, Jon Aberasturi, Rubén Martínez, Jordi Simón, Mario González, Fernando Grijalba, Miguel Angel Benito, Ibai Salas, Antonio Angulo, Pablo Lechuga, Airán Fernández, Ivan García Cortina, Alex Aramburu, Enric Mas, Cristian Rodriguez, Cristian Torres, Juan Camacho, Xavier Pastalle y Iosu Angoitia. Y no se ofendan, no los hemos dicho todos porque seguro que hay más.

Foto tomada de planetaciclista.blogspot.com