«El Billete de ida» de Jonathan Vaughters

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Libros de Ruta vuelve tras el confinamiento con la versión de Jonathan Vaughters

Tras varias semanas de retraso debido al coronavirus, ya está disponible el primero de los libros correspondientes al catálogo 2020 de Libros de Ruta, hablamos de «Billete de ida», de la mano de Jonathan Vaughters.

Vamos a saber más sobre la obra…

SINOPSIS

Jonathan Vaughters se ha convertido en una de las personas más influyentes del ciclismo actual. Este exciclista, antiguo compañero de equipo de Lance Armstrong, llegó a batir el récord de la ascensión al Mont Ventoux cuando estaba en el equipo U.S. Postal. Actualmente dirige el equipo Education First de la categoría World Tour.

En su libro Billete de ida describe su viaje desde las categorías inferiores de su Estados Unidos natal, viajando por todo el país a bordo de la furgoneta de su padre, hasta cumplir su obsesivo sueño de llegar a lo más alto del ciclismo europeo, al precio que fuera, pasando por su debut en el profesionalismo en España. Nos cuenta en primera persona cómo pasó de ser ladrón a policía tras su dolorosa decisión de confesar sus prácticas dopantes y dar su testimonio y convencer a otros de que hicieran lo mismo ante la USADA (Agencia Antidopaje de los EEUU), lo cual supuso el fin del mito de Armstrong.

Escrito en colaboración con Jeremy Whittle, el que fuera corresponsal ciclista de The Times, ahora escribiendo para The Guardian, Vaughters revela el alivio que supuso para él abandonar el ciclismo profesional europeo cuando fueron desvaneciéndose sus ilusiones. Narra sus sufrimientos como corredor y los posteriores intentos de formar un equipo y dirigir a jóvenes talentos que le han llevado a conseguir grandes éxitos como mánager en pruebas como el Tour de Francia, Giro de Italia o la París-Roubaix.

Vaughters reflexiona en este libro sobre el ciclismo y ofrece una mirada única sobre este deporte que todavía lucha, tras años de escándalos, por recuperar su credibilidad. A lo largo de sus memorias, Vaughters destapa sus experiencias más personales sobre este deporte que ha odiado y amado a partes iguales; ha tenido contacto directo con grandes nombres como Lance Armstrong, Pat McQuaid, Johan Bruyneel, Bradley Wiggins y Dave Brailsford, con los que tuvo sus más y sus menos y nos explica los porqués.

AUTOR

Jonathan Vaughters comenzó su carrera como ciclista en su Colorado natal, aunque su salto al profesionalismo se produjo en España, para después llegar a competir durante dos temporadas junto a Lance Armstrong en el controvertido equipo U.S. Postal. Tras su retirada y en plena ola de escándalos, arrancó un nuevo equipo desde cero, que se ha convertido en el actual Education First de la máxima categoría World Tour y que sigue dirigiendo a día de hoy.

RESEÑAS

«En parte una historia personal, en parte una confesión Billete de ida es también una carta de amor a este hermoso, bestial, desesperanzadoramente corrupto, pero paradójicamente puro deporte. Es una crónica de su carrera deportiva, pero la historia tiene muchas más capas, y eso es lo que lo convierte en una lectura esencial para cualquier aficionado al ciclismo y a quienes hayan seguido el ascenso a la fama y posterior caída de Lance Armstrong. Cubre la historia del ciclismo en ruta americano de una manera nunca antes contada. Y es una honesta e inquebrantable mirada a la época más oscura del ciclismo por parte de alguien que lo vivió en primera persona. Outside Magazine

«Vaughters reescribe el libro sobre la era del dopaje en el ciclismo. Billete de ida aporta nuevos datos sobre la era dominada por la EPO en el ciclismo.'» VeloNews

«La información más completa sobre los retos de dirigir un equipo ciclista.» Road.cc

«Billete de ida ofrece una perspectiva entre bastidores de un hombre complejo que a pesar de haber sufrido en el ciclismo profesional, sigue volcado a dicho deporte.» Library Journal

Ciclistas y directores: El ciclismo necesita sangre nueva

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Con tantos ciclistas como directores  es complicado pensar en la regeneración

¿Cuántos directores de equipo, comentaristas y demás fueron ciclistas?

Hay en las Descalzas de Madrid una estancia que resume en retratos todos los Austrias que rigieron la suerte de España de los siglos XVI y XVII.

Es una línea cronológica se ven todos los monarcas de los Austrias en orden, uno tras otro, hasta llegar al último, una especie de persona hecha mendrugo, con la cabeza pequeña y deforme.

No recuerdo su nombre, pero muy posiblemente fuera Carlos II, un monarca enfermizo cuya sucesión acabó en una guerra.

Los Austrias se distinguieron por casarse entre ellos, familia con familia, procreando y empeorando la especie en cada bebé que nacía.

Era un problema de falta de renovación, de sangre nueva,… y así acabaron.

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La analogía parece repetirse en ciclismo.

Mirad estas declaraciones de Jonathan Vaughters a Marca:

«Este mundo es diferente, estoy orgullosos de ellos. En una generación mucho más comprometida. Ellos nacieron hace 22 años, a los 12 ó 14 ellos conocieron lo de Lance. Vieron eso y no quisieron repetirlo. No querían que les pasara en el futuro. Esto es bueno para el deporte porque el antidopaje, los análisis, la policía y demás están bien, pero la clave es el tema cultural. Todo tiene que salir de ellos. Son conscientes de que si uno se dopa, arruina la vida del otro porque el patrocinador se irá. Esta mentalidad en mi época no existía. Fuimos muy amigos, pero amigos criminales. Le pedías dopaje a tu compañero, otro gran criminal de mi época. En estos momentos, lo que veo con los Higuita y compañía es que saben que tienen una responsabilidad en el deporte y con el público»

A Vaughters sus ciclistas le recriminan en ocasiones ese pasado.

La generación presente del ciclismo dicen que es limpia, que cae mejor, que no tiene la trampa por norma, pero está conectada a aquella que hizo trizas este deporte.

Por dos lados…

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Por uno por la total vinculación que se sigue haciendo de este deporte como un nido de tramposos, es algo social, que caló en sus años y que cuesta desprenderse.

Por el otro, por la continua justificación que campeones de hoy deben estar haciendo, como Chris Froome, quien salió adelante de su no negativo de la Vuelta, pero que arrastra el estigma.

La sombra de Lance Armstrong es alargada y recurrente, cada poco vuelve, y todo lo que con él arrastró.

Y mientras el ciclismo sigue en manos de muchos de los que en su día pitaron o estuvieron cerca, incluso dieron que hablar.

Como Jonathan Vaughters, hay muchos, que conectan de forma directa el presente que quiere olvidar ese pasado.

Nadie dice que aquellos que corrieron en los ochenta y noventa, teniendo la trampa como parte de la rutina, estén haciendo fortuna de aquellos conocimientos, pero la imagen no es la mejor.

Cualquier coche que miremos tiene un excorredor a sus mandos, comentaristas de televisión, directivos de carreras…

¿Qué sentido tiene cambiar a Olano por Escartín en la dirección de la Vuelta?

¿Qué motivó sustituir a Petacchi por Garzelli en los comentarios del Giro y el calendario italiano?

Es que los segundos vieron un ciclismo muy diferente de los primeros, lo que en algunas ocasiones es pura estética, maquillaje superficial para disimular lo que todos vemos, en otras es un asentimiento generalizado.

Damos por bueno que los chavales que crecen hoy estén manos de los mismos que conocieron tanta porquería hace treinta y cuarenta años.

Falta sangre, sangre nueva ha entrado, pero quizá no la suficiente para que muchos pensemos que ese pasado tan tenebroso está olvidado. 

Imagen: https://www.wielerflits.be/

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Pierre Rolland y el viejo ciclismo

En la devolución del ciclismo francés al primer nivel, Pierre Rolland podría arrogarse cierta cuota del logro. Fino, casi un alambre, el elegante escalador galo ha puesto otra nación histórica en el palmarés de la 100 edición del Giro de Italia, y lo ha hecho siendo fiel a su estilo, oliendo la escapada del día y entrando en la acción cuando lo requería.

Lo merecía Rolland. Cuando un corredor viste las galas del trabajo y pone sus sentidos a ello merece suerte, y Rolland lo hizo, pero no sólo en este Giro, su figura emergente y aderezada por un estilo que ni siente ni padece, es habitual en cortes y fugas.

Porque Rolland en su momento fue inteligente, desprovisto de las habilidades para optar a una gran vuelta, viendo que su tope estaba ya marcado, viró hacia objetivos más del día a día, etapas y aunque su palmarés no es grande, al menos sí que resulta jugoso, porque a la etapa de este Giro le suma sendas en el Tour, una de ellas en aquella famosa de Alpe d´ Huez que vio el ataque de Alberto Contador de salida.

Ganó su segunda etapa en el Tour hace cinco años y desde entonces, no ha cejado, siempre de verde, primero como Europcar y luego como Cannondale. En el primer equipo no ha podido competir en carisma con Thomas Voeckler, y en el segundo las cosas no han resultado sencillas.

Rolland se fue con Jonathan Vaughters hace menos de dos años bajo el mantra de que daría un salto cualitativo con su decisión de irse con los estadounidenses. Hace año y medio Vaughters era un tipo entusiasmado con la adquisición de su joya francesa, anunciando inminentes mejoras pues Rolland sencillamente no tenía ni idea de entrenar.

Y así fue como, aprovechando eso del Pisuerga por Valladolid, Vaughters habló de entrenamientos del siglo pasado, de arcaicos métodos y de lo triste que era ser francés, que con él, Rolland sería otro, un ciclista nuevo y matador bendecido por las facultades de la ciencia moderna aplicada al deporte y esas cosas que gusta tanto de vender en el universo anglosajón.

Pero meses después vemos que el resultado brilla por su ausencia, y que es Rolland con su aptitud quien suple las no vistas mejoras prometidas por Vaughters y es que volvemos a lo de siempre, el ciclismo viejo vs ciclismo nuevo, cuando quizá es todo más sencillo y hablar menos y trabajar mejor se impone como la norma siempre infalible.

Imagen tomada del FB del Giro de Italia

¿Dónde está la prometida mejora de Pierre Rolland?

Valiente repaso le ha pegado Oleg Tinkov al ciclismo, como nota de despedida, no deja palo por tocar, a este excéntrico ruso se le puede tachar de muchas cosas, pero no hilvana sentencias sin más, aunque a veces las adorne de tonterías, por esa boca salen impactantes verdades, que contadas de forma irreverente, parecen frivolidades.

Siempre me ha gustado la relación que tiene el magnate ruso con Jonathan Vaughters, un “entrepreneur” ciclista que también sembró de frases para la posteridad hasta llegar hasta donde llegó. Tinkov tilda su Cannondale como el “Mickey Mouse” del pelotón, rara vez escuché equivalente tan fino y bien llevado.

Recordaréis un post de hace tiempo en este mal anillado cuaderno en el que nos asombramos por las palabras de Vaughters cuando tomó la medida de quién era Pierre Rolland. Hablaba de un ciclista anclado en el pasado, que entrenaba como en los setenta. Un típico producto francés, “demodé”, que en sus manos daría los frutos deseados, porque él, adalid de lo que sea, le haría entrenar acorde a los tiempos.

Cuando empezó el Tour estuvimos atentos a Rolland, y lo metimos en la lista de los “a seguir” para ver si el equipo norteamericano sacaba de él el rendimiento que los del Europcar, menudo recadito para Bernaudeau, nunca atisbaron en tal ciclista.

Tres semanas después podemos decir que Rolland está dónde estaba, si no un poco peor, porque al menos cuando vistió de verde ganó un par de etapas en el Tour, una en Alpe d´ Huez, a Alberto Contador, nada menos, gentileza de Samuel Sánchez, que pareció gregario del francés más que otra cosa.

Volviendo sobre los pasos de Rolland, lo cierto es que no arrancó mal el Tour. Concentrado, seguro, su elegancia sobre la bici emergía en las primeras etapas decisivas, ahí entre los grandes nombres, hasta que el motor empezó a flaquear y acabó descolgado. Las caídas pusieron de su parte, pero creo que a Rolland es complicado sacarle del atolladero ya. A partir de ahí, con la lluvia salpimentando la situación, acabó como un nazareno para cumplir con su obsesión de llegar a París.

Rolland no ha hecho nada especial en el Tour por el mero hecho de pertenecer al Cannondale y trabajar con Vaughters, no es que nos alegre, pero prueba que esta mal llamada familia ciclista está poblada por todo tipo de miembros desde auténticos bocachanclas a cuñados en mesa de Navidad, y esta categoría quedó Vaughters.

Por cierto que hablando del Cannondale, mirad las declaraciones de los ciclistas del equipo verde al llegar a París, un bonito documento con excelentes fotos.

Imagen tomada de www.sbs.com.au

INFO

Disfruta de una etapa de la Vuelta por los parajes de Somiedo

El nuevo ciclismo de Jonathan Vaughters

El otro día Fran Reyes movió en twitter una entrevista a Jonathan Vaughters que realmente no tiene desperdicio. Al estadounidense se le puede reconocer muchas cosas, como la de sacar petróleo de sus ciclistas, con estrategias que más de una vez hemos alabado. Sin ir más lejos ganar un Giro con Hesjedal o acumular el palmarés que tiene Dan Martin, con rivales que sobre el papel parecen más fuertes, o una Roubaix con Vansumeren tiene su mérito y así lo hemos reconocido.

También en su día tuvo su interés la estructura que montó con el nombre de Slipstream que varios años después pervive en el tiempo, con diferentes sponsors, principalmente Garmin, empresa muy interesada en el sector ciclista, y otros que son ajenos al ciclismo, pero que sacaron su rédito de este bendito deporte.

Ultimamente a Vaughters se le conoce la habilidad de cabrear a Oleg Tinkov. El ruso está de retirada en el ciclismo y señala a su homólogo americano como uno de los culpables en lo que no dejan de ser excusas de mal pagador, porque aunque el ruso tengo su cuota de razón -el conflicto UCI vs ASO se la da- nadie puede obligar al de al lado a comulgar con su pensamiento porque sí.

2Dicho todo esto, y volviendo a la entrevista que comentábamos al principio, las declaraciones de Vaughters sobre Pierre Rolland son una curiosa forma de dar la bienvenida a un ciclista que en su país es apreciado y considerado una estrella. Sencillamente dice que tiene más margen que un ciclista de categoría continental pues entrena como en los años 70 y su trabajo en la aerodinámica ha sido simplemente pésimo.

No deja cabeza sin cortar en el Europcar, equipo emblema en Francia estos años, su amigo Bernaudeau estará encantado, y asegura que con un poco de ayuda en el llano, mejor protegido, y mejoras en las cronos aquí tenemos un ciclista para dar el campanazo en el nuevo año. En el horizonte lo de siempre: viejo ciclismo contra nuevo ciclismo. Veremos, estamos ansiosos por ver esas mejoras y los milagros del amigo Vaughters que camina huérfano de símbolos sin Martin y Hesjedal.

No obstante, y aunque Rolland sea uno de los ciclistas más elegantes sobre una máquina, intrigante este fichaje, pues al francés se le conocen esos trapos sucios de los que estadounidense siempre ha dicho huir. Las excusas de Rolland por sus valores anormales hace tres años fueron de traca, casi tanto como el doble rasero de este peculiar exciclista.

imagen tomada de www.hln.be

Daniel Martin deja el nido

Hay ciclistas dotados de un extraño talento, de una curiosa  manera de fijar las miradas sobre ellos aunque sus formas no sean las más elegantes y su figura la más apolínea. Daniel Martin, ciclista irlandés, de estirpe de ciclistas, de los pocos que hay por aquellas latitudes, es uno de esos ciclistas. No es el más elegante, ni el más sutil, hace bien muchas cosas, pero no es el mejor en nada, al menos en apariencia, y sin embargo encandila, cae bien y la gente le aprecia.

Este corredor, de corto pero exquisito palmarés, protagoniza unos de los traspasos del año, aunque eclipsado por otros. En su proceso de renovación el Garmin de Jonathan Vaughters pierde algún estandarte. Al margen de Ryder Hesjedal, Martin se une a la normal renovación de las plantillas. Ambos han sido santo y seña en su casa, auténticos faros para este equipo que ha hecho de “Girona i  rodalies” su centro de operaciones.

El destino de Daniel Martin será el Etixx, donde se le exigirá ser dos en uno. Por un lado Martin espera ser el nuevo Michal Kwiatkowski, estar delante en las Ardenas -en comunión con Alaphilipe- y cazar etapas al vuelo. Sin tener como objetivo la omnipresencia del polaco, Martin tiene el listón alto. Kwiatko pasa a engrosar la tremenda nómina del Team Sky.

Paralelamente querrá ocupar el hueco de Rigoberto Uran, con quien cruza camino, pues el colombiano se va a la que ha sido casa del irlandés. El objetivo de sustituir a Uran es quizá más asumible, por cuanto las grandes vueltas nunca han sido una prioridad en la bitácora de Lefevere, obsesionado con las carreras del adoquin, primero, y luego las Adernas.

El irlandés es el típico corredor del que nos preguntamos cuál habría sido su suerte si las caídas, enfermedades y cosas varias no le hubieran afectado como le han afectado. Su trompazo, un año después de ganarla, en la recta final de la Lieja-Bastogne-Lieja del año pasado, es perfecto ejemplo de la mala suerte que ha perseguido a este corredor de agradecida sonrisa.

Desde entonces han sido varios los momentos en que Martin ha besado el suelo, algunas veces dejando carreras que tenía bien encaradas, como esta ultima Vuelta a España o esa Lieja que tenía a tiro.

Etapas en Tour y Vuelta, Lieja, Lombardía y Volta a Catalunya, para desgracia de Purito. Calidad sobre cantidad, carreras viejísimas en su palmarés, a sus 29 años espera añadirle más chicha, no en vano va a un equipo anotador por excelencia…

Imagen tomada de www.revistagradas.es

INFO

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El inexplicable encanto de Daniel Martin

La familia ciclista irlandesa es pequeña, como la de otros países, dígase Luxemburgo o Noruega, pero buena, muy buena. Cualquier referencia al ciclismo de ese hermoso país pasa inevitablemente por las manos y la suerte de unos de los grandes iconos de este deporte a nivel planetario, sí es Sean Kelly y su oficio y permanencia entre los más grandes nos dan la medida de lo que un ciclista puede dar de sí. Con Kelly abordamos historia pura y dura de este deporte, con registros que difícilmente se igualarán, como las siete París-Niza que ganó del tirón y que Miguel Indurain puso fin o todas las grandes clásicas que adornan sus vitrinas, todos los monumentos a excepción de Flandes, cuyo podio pisó tres veces como segundo, pero nunca como primero, y algunas tardes memorables de ciclismo como esa San Remo que le quitó a Moreno Argentin en un descenso suicida del Poggio.

Paralelamente a Kelly, hubo otro mito irlandés de recorrido breve, pero muy intenso. El año 1987 que firmó Stephen Roche fue tan grande que nadie desde entonces ha sido capaz de repetirlo, y vamos camino de los treinta años. Giro-Tour-Mundial en una secuencia infernal, tanto que ese irlandés de prolífica sonrisa que mandó callar a los tifossi de Roberto Visentini desde el podio no brilló nunca a tan alto grado como entonces. Roche tuvo un buen palmarés, lejos del de Kelly, pero interesante incluso más allá de su año mágico. Su frágil físico fue un lastre que no se pudo permitir en tiempos de Lemond, Perico y posteriormente Indurain, Chiapucci y Bugno.

La hermana de Stephen Roche, Maria, tuvo una criaturilla allá por 1986, en los años que su hermano brillaba con más esplendor llamado Daniel. Nacido en Birmingham, aunque irlandés en el pasaporte, no acertada a balbucear cuatro sonidos y gatear cuando su tío ganaba el Tour a Perico con escenas del impacto de La Plagne, toda vez tuvo que ser retirado y entubado de meta por el sobreesfuerzo. Martin creció entre ciclistas y con ciclistas. Su tío fue el faro. Su primo Nicolas, un excelente y risueño ciclista que ahora entra en el círculo del Team Sky, ha crecido con él y ambos han logrado el sueño de ser profesional.

Sus primeros pasos fueron por el popular equipo marsellés de La Pomme y desde ahí entró en el círculo del Garmin, el equipo de Jonathan Vaughters al que siempre ha pertenecido y de quien se ha empapado de las mejores estrategias del pelotón. Sin estrellas rutilantes, pero con una excelente clase media y un sentido de equipo como pocos vemos, los dardos azules con sede espiritual en Girona han sido certeros en los objetivos que se han planteado.

Rara vez un éxito del Garmin acontece sin un trabajo medido y clavado por parte del grueso de sus ciclistas. Así ganaron una Roubaix, así ganaron un Giro, así han ganado etapas en las tres grandes y así Daniel Martin lleva dos monumentos en su casillero.

En Lombardía el irlandés tiró de manual para sorpresa de la concurrencia. Salió de atrás, fuerte e inapelable. Nada que contradecir. En su descargo, unos rivales gélidos. ¿Por qué Valverde nunca intenta algo así si se sabe vigilado y alguien se la va a líar? Martin lo hizo, lo hizo el año pasado en Lieja, en la subida final a Ans, para desespero de Purito, a quien ya había la oreja en la Volta, en otra jornada “Garmin”. Así es este ciclista de sonrisa agradecida y estilo discutible, encandila, gana poco pero muy bueno –a ser posible centenario- y encima demuestra saber rehacerse, recuerden su tortazo en Belfast cuando el Giro ni había roto a sudar. Un grande sin duda.

Foto tomada del Facebook de Il Lombardia

INFO

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La Inquisición cayó sobre Luis León Sánchez

El tribunal de la Inquisición fue un organismo creado en tiempos de los Reyes Católicos que cayó en desuso en la época napoleónica. En total fueron más de tres siglos sembrando fe y fervor en las conciencias de la plebe a través del miedo, la amenaza y la muerte. Una obra que contribuyó a esa leyenda negra que otros granjearon para derroque moral del Imperio Español y de paso hundió más este país en esas raíces cristianas que a día de hoy mucho siguen dando que hablar.

En el ciclismo moderno hay también un Tribunal de la Inquisición. Responde a las siglas MPCC que vienen a significar “Movimiento por un ciclismo creíble”. Es una especie de sanedrín creado en los días que el ciclismo convulsionó ante el positivo de Alexander Vinkourov en el Tour de 2007. Integra varios equipos de las dos primeras categorías. Su epicentro es francés, pero su idioma es inglés y su plan de acción universal.

Entre sus valedores encontramos a gente de muy dudosa doctrina. Jean-René Bernaudeau, director del Europcar, es uno de los más beligerantes del movimiento. No esconde quina contra los que han hecho trampas pero en su equipo ofrece sendos escándalos, ambos antes de los últimos Tours de Francia, con Pierre Rolland en el ojo del huracán y ofreciendo patéticas explicaciones por Facebook sobre sus affaires.

Tenemos también a Marc Madiot, mentor de la Française des Jeux, que hoya sus conocimientos profesionales en la época pre EPO y chilla a sus ciclistas hasta la humillación si una victoria de postín está a tiro. Madiot, coetáneo de Fignon, fue joven e inocente, como bien explica el parisino en su libro. Con eso está todo dicho.

En el ángulo anglosajón destaca el omnipresente Jonathan Vaughters, el pastor de exdopados que los reúne en el Garmin para hacer de ellos chicos de provecho. Ryder Hesjedal, empujado por el libro de Rasmussen, fue el último en admitir las culpas que de una manera u otra admitieron David Millar, Christian Vandevelde y Tom Danielson. Menuda colección Jonathan, menudo ramillete, justo lo  perfecto para adoctrinar en el ciclismo limpio.

Con este tipo de personas y su doble moral se ha construido el MPCC que ahora mismo tiene a Luis León Sánchez en el punto de mira. Hastiado en su equipo, el Belkin, hasta la extinción de su contrato, Luisle inició conversaciones que no llegaron a buen  puerto con Movistar. El jueves mismo se publicó que Caja Rural lo tenía caso hecho. Sin embargo los guardianes de la ética ponen trabas. No ven claro que Luisle prosiga su trayectoria pero sí ven plausible que sus no pocos marrones sigan en el armario.

Luis León Sánchez aparece en muchas listas, su nombre se barrunta con asiduidad en los mentideros de la Operación Puerto, pero hasta la fecha a Luisle nadie le ha metido mano. Nosotros podemos tener nuestra opinión, creer más o menos en su culpabilidad, gustarnos su forma de correr, pero de lo que no cabe duda es que se trata de una víctima de misma ambigüedad que ya se llevó muchos ciclistas por delante y que posiblemente acabe con su trayectoria. Es muy complicado entender como siete años  y medio después de explosionar la Operación Puerto, esto siga coleando en los límites de la duda. Esto es el ciclismo, esta es la OP de la que se vanaglorió un tipo que optó a alcalde de Madrid. Certezas pocas, incertidumbre, toda. Y por el camino siguen cayendo cadáveres.

Foto tomada de www.diez.hn