Trek en Roubaix

Trek Roubaix Fabian Cancellara JoanSeguidor

Las tres bazas de Trek para ganar en Roubaix

Hay una película, «Un domingo en el infierno«, que narra los momentos cumbre de la rivalidad entre dos monstruos, entre Roger De Vlaeminck y Eddy Merckx. Por esas fechas dos hombres en Waterloo, año 1976, decidían llamar Trek a su empresa.

En «Un domingo en el infierno» se transmite la esencia de Roubaix, dos hombres, en la cumbre de su rivalidad, en medio del caos, sin reglas, sin leyes, sin nada a qué agarrarse.

Cuenta en Trek que para rodar mejor por el pavé hacia Roubaix es aconsejable tener a mano cinta antideslizante.

Para que el portabidón sea más efectivo.

Para que el manillar se ajuste perfectamente a la mano del corredor.

Para vendar la mano del ciclista, si fuere necesario, y evitarle estrés.

E incluso recomiendan una pata de conejo, por eso de la buena suerte.

"Un domingo en el infierno" Trek Paris-Roubaix JoanSeguidor

Roubaix es mucho de buena suerte

El Trek-Segafredo alinea este domingo tres ganadores de la París-Roubaix, tres.

Trek Segafredo Roubaix JoanSeguidor

Jasper Stuyven lo hizo en 2010 como sub 19, y se quedó a un paso del podio el año pasado. No es estridente, parece que no está, pero está y su presencia se percibe como una lección de pose y acople a la máquina.

«En el reconocimiento siempre hay más barro que en la propia carrera. En Flandes hemos estado delante en todos los puntos importantes, y no veo porqué no podemos repetir en Roubaix.

Jonh Degenkolb ganó de forma memorable la Roubaix absoluta hace tres años, sacando y rematando el córner, cerrando el corte de los mejores y luego batiéndolos al sprint.

El alemán sigue buscando sus mejores sensaciones tras el accidente del invierno siguiente a su doblete San Remo-Roubaix: «Ruedo por los adoquines y me veo bien, fluyo y eso eso bueno. No es un todo o nada a Roubaix, porque seguiremos compitiendo y al final de la campaña de clásicas -allá por el primero de mayo en Frankfurt- pasaremos cuentas».

Mads Pedersen es la tercera punta del triángulo. Llamó la atención el disgusto que mostró en la meta de Flandes, aún siendo segundo, aún y su juventud.

Pero es lo que hay en este danés que rueda como los ángeles y tuvo en tensión a Terpstra hasta el propio Paterberg.

«Soy aún joven y tengo cosas que aprender, tengo conmigo dos grandes compañeros que pueden ser líderes en cualquier otro lado. Aunque hiciera segundo en Flandes, sé que mi rol es ayudarles»

Mads Pedersen ganó Roubaix en 2013, categoría sub 19.

Ese año es sagrado para Trek, ese año Fabian Cancellara ganó su tercera Roubaix sobre una Trek, una semana después y un año antes de su segundo y tercer Flandes.

«He ido al límite como nunca antes» dijo Fabian en el velódromo de Roubaix.

Trek Roubaix Cancellara JoanSeguidor

Un esfuerzo ímprobo, más allá de lo humanamente admisible, que dejó a Cancellara solo ante Sep Vanmarcke para batirle en el sprint en la meta de Roubaix.

Ese día, un temprano domingo de abril, fue el más feliz de Trek en Roubaix.

 

Otro «annus horribilis» para Jonh Degenkolb

Cuando en abril del 2015, radiante y cálida primavera, Jonh Degenkolb cruzaba primero por la meta del velódromo de Roubaix, tras una exhibición portentosa, neutralizando la fuga e imponiéndose él solito a la misma, muchos pensamos que estábamos ante un corredor de época.

No habían pasado ni cinco semanas que había puesto San Remo en pie, con uno de esos sprints que maltratan la máquina, de esos que hace él, y aunó Roubaix a la Classissima, como hacía Sean Kelly en los buenos tiempos. Estamos ante una máquina de ganar, pensamos.

Pasaron los meses, y el tanquecito siguió engrosando el palmarés. Aunque a Carlos de Andrés le pareciera lo contrario, pues no había ganado en el Tour, que lo es todo para este curioso narrador, su temporada había sido de ensueño. Aunar dos monumentos que justifican una trayectoria deportiva, eso lo había hecho Jonh.

Pero la suerte cambia, y a veces tan bruscamente que aún sigue uno preguntándose cómo fue posible. El accidente de Levante, esa imprudencia en la carretera que se llevó a varios ciclistas del Giant, hoy Sunweb, el equipo de moda, fue el punto de inflexión.

A la recuperación, dolorosa y muy costosa, en ocasiones vestida con optimismo y una sonrisa, cupo la vuelta a un mundo, el profesional, que es de todo menos amable. Fue una vuelta complicada, venciendo los miedos y ganando lo justo: una etapa en el Artic Race.

En el mundial del año pasado vimos al Degenkolb superado por la mala suerte cuando no cazó el grupo bueno, el formado por los belgas, y mostró su mal humor al frente del segundo corte, porque no le entraban al relevo como él quería.

Degenkolb buscó la inspiración en el Trek de Contador y las cosas no sirvieron, ni a uno ni al otro, porque el equipo americano dividió el bloque en las dos grandes de referencia, Tour y Vuelta, y no se pudo sacar nada en claro.

Si en la segunda el alemán se retiró en la primera semana, por bronquitis, en la primera rozó la victoria, fue segundo una vez y tercero otra, pero corredores tocados por la magia del ganador, Kittel, otrora compañero del alma en Argos, y su sustituto en el Sunweb, Matthews, ahondaron en su frustración, una frustración que, como en Qatar, no se esforzó en disimular aporreando el manillar más de una vez.

Ahora, con un mundial en ciernes, éste de Bergen, que tan bien le iba en apariencia, tiene que renunciar porque ha perdido el golpe de pedal de antes de la Vuelta, de antes de la bronquitis que le obligó a dejar la carrera.

Ahí lo tenéis, Degenkolb, un tío que un día lo ganaba todo y al por mayor, y ahora concluyendo un segundo año casi en blanco. Y es que muchas veces conviene aferrar se a lo que te da el presente sin esperar mucho más de lo que ha de venir.

Imagen tomada del FB de Trek-Segafredo

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#LeCahier Kittel lo quiere todo

Marcel Kittel gana cuatro etapas en el Tour

La vía recta de Kittel: Si Marcel Kittel se va a Katusha, no sé quién se necesitará más. Alpecin a Kittel o viceversa. El alemán luce y se luce. Luce al final de etapa, en la entrevista, en el podio, ese pelazo rubio, dorado, color oro, el púrpura del triunfo. Se luce en los sprints en los que toma parte. Lleva cuatro y lo que es peor, para sus rivales, con mayor solvencia que nunca, sin un apoyo explícito del equipo pero encontrando siempre la puerta.

Y es frustrante para rivales que trabajan más y mejor, al menos en los prolegómenos del sprint. Hay azules más allá del doce o el trece, no los necesitan más. Por delante los rivales ponen vatios, hombres y ganas, pero no les acompaña el áurea del rubio alemán. El único que ganó con él en liza, Arnaud Démare, no pudo con el trago del Jura.

Son velocistas entumecidos, como niños correteando por los pasillos del abuelo. André Greipel no tiene el punch, y eso que se rodea bien. Nacer Bohaunni corre empequeñecido, como disimulado entre tanto saco de músculos. Bouhanni no es capaz de asomar por la cabeza, es increíble el salto que hay entre el Tour y el resto de carreras, en las que el francés es el gallito. Y Kristoff, un ciclista muy alejado de ese que pisaba con brío no hace mucho tantos y tantos podios. Son los ciclos de la vida. Crece poco a poco Degenkolg, ojalá encuentre la recompensa que merece.

El guión habitual: la jornada fue por lo demás lo normal a este lado del Atlántico, una fuga lejana de dos corredores, obviamente del Wanty y Fortuneo, los equipos continentales que buscan la gloria que Cofidis confía sobre las espaldas de Bouhanni. Uno de los placeres ocultos del Tour es el rodar de Yoann Offredo, que quedará, desgraciadamente como anécdota.

Francia, ese gran país. Aunque cueste entender en ciertos lugares, el Tour es un publirrpeotaje admitido y consentido por el consumidor, de Francia. Cada etapa es un espectáculo de producción, de color, de tiro de cámara, de monumentos,… no entran ganas de visitar Francia, por lo demás el primer país turístico del mundo, es que dan ganas de irse a vivir allí. Eso sí, tendremos a los de siempre haciendo coñas los “chateaux” y esas cosas.

#LaProchaine Decir Tour es decir Pau, una de las plazas fijas de la carrera, cuando ésta está en la antesala de los Pirineos. 200 kilómetros antes del doble menú montañoso totalmente llanos. Kittel se está relamiendo.

Imagen tomada del FB del Quick Step

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Cinco bazas en Roubaix

Es cursioso, la ultima vez que llovió camino de Roubaix fue durante el Tour, en 2014, el día que Nibali volaba entre torpes y confundidos rivales. Eso no fue el infierno en sí, pero dio la medida de lo que el líquido elemento puede influir sobre ese cristal aristado y duro que es la alfombra de adoquines.

Sea como fuere no habrá, parece lluvia, como en las ultimas ediciones, y sí polvo y suciedad aunadas en el obsesivo ambiente que se despierta al paso de un enfurecido pelotón en busca del trofeo, el único en el mundo, que es un pedrusco tallado y venerado como si fuera un diamante.

Nos volvemos a mojar, con cierta satisfacción, pues adivinamos los dos primeros en San Remo y Flandes. Aquí cabe la incertidumbre, Roubaix generalmente tiene un componente de imprevisibilidad que otras no tienen. ¿O alguien apostó en su día por Backsted, Van Summeren o Haymann? Es lo que hay, una moneda al aire, una suerte de cábala que no sabremos adivinar, no obstante, los nombres que arrojamos sonarán seguro.

Peter Sagan, como no, siempre fijo, perenne. Del Sagan de Roubaix guardamos dos acrobacias, la del año pasado cuando esquivo a Cancellara con una suerte de cabillito como los que Nys practicaba en los tablones y el de esta semana en las orillas del Escalada, cuando ocurrió una caída, cual explosion en la panza del grupo y la esquivó milagrosamente. A mí me parece el ciclista clave, encima de su arcoiris lleva una X, la que le clavan todos los rivales. Ganará, estará en el podio o llegará descolgado, pero su áurea flotará en el ambiente.

Greg Van Avermaet, otra vez en las puertas de un monumento, algo que parece mucho más sencillo de conseguir de lo que la historia, testaruda ella, nos demuestra. Lo tiene todo para ser protagonista, pero principalmente la moral de una campaña casi perfecta, con la única china de Flandes, donde yo creo que demostró ser el más fuerte en el cómputo general. Una cosa le falla, y se vio hace una semana, un equipo que, como a Sagan, no siempre le resuelve los muchos entuertos que te regalan estas carreras.

Jonh Degenkolb, hace dos años ganó a lo Vanderaerden, midiendo los tiempos, controlando la fuga, saliendo a por ella y remachando en meta. Es el más rápido de todos los favoritos, y si llega en grupo posiblemente lo demuestre, digo posiblemente porque no hay normas ni lógica en un monumento y llegan todos tan cascados, que el más veloz sobre el papel no tiene porqué imponerse. En la suma de la primavera, creo que ha demostrado estar a tope y aquí no hay muros para dejarle. Está además muy rodeado y seguramente acabe muy delante si la mecánica no le traiciona.

Ian Stannard, el Sky de turno en una campaña muy decepcionante en las piedras para los de negro, que viven de Kwiatko y su San Remo, pero que esa excelencia que divulgan no se ha visto por los tullidos parajes entre Bélgica y Francia. Es la parte visible del tridente, con Rowe, siempre presente, casi nunca en el podio, y Gianni Moscon, una de nuestras apuestas para primavera, que no ha tenido el viento de cola. Stannard, duro entre los duros, es el perfecto perfil de esta carrera. Tercero hace un año, no esperará al final y eso le convertirá en una rueda que podrás o no seguir, pero que seguro influirá.

Tom Boonen en su momento final. Tom nació para esta carrera y lo ha dado todo por ella, incluso ediciones de Flandes en las que, como vimos, era netamente el más fuerte. Sin embargo aquí han estado sus ojos, desde el minuto uno que pisó esta carrera, cuando acompañó al maestro Museeuw en el podio. Tom se transforma cuando la carrera toma dirección a Roubaix, el año pasado lo demostró y se ha dado esta prórroga para ser “the special one”. Sus opciones pasarán por reventar esto cuando más lejos mejor, no le será sencillo, el factor sorpresa del año pasado lo reventó en el Muur hace una semana, pero seguro que algo tendrá pensado, y no será el juego de la lagrimita fácil cuando todo se haya acabado en la pelouse de la vieja pista de Roubaix.

Imagen tomada de FB de Paris-Roubaix

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Sigue el camino de tu bicicleta en cada momento…

El ejemplo de John Degenkolb

La metáfora que el ciclismo supone de la vida es tan radical que a veces roza la caricatura. Del cielo al suelo y viceversa, en cuestión de milésimas de segundo. La gloria y el infierno casi al unísono, tan cerca, tan trenzados que llegan a confundirse, a no poder distinguirse.

Así es el deporte en general y el ciclismo en particular. Dicen que hay historias que motivan, que inspiran, gusta decir: Mirad John Degenkolb, corredor por que el profesamos admiración en todos los sentidos. Como profesional, excelente, ciclista competitivo, ganador e instinto, como persona también chapeau, dando lección de dignidad y saber estar cuando requiere, y este año ha tenido mucho de eso.

Hace 365 días pasábamos revista a una temporada inolvidable para Degenkolb, con un doblete digno de Sean Kelly, ganando San Remo y Roubaix, entre otras muchas cosas. Ya veis 26 años, joven, fuerte, seguro, con margen. Todo pintaba excelente hasta que en una ruta por Calpe fue arrollado por un coche junto a sus compañeros Max Walscheld, Chad Haga, Fredik Ludvigsson, Ramon Sinkeldam y Barren Warguil.

Un atropello casi mortal que no cobró víctimas mortales pero sí dejó muy tocados a los afectados. El daño fue tal que estoy seguro que la campaña del Giant-Alpecin se vio gravemente comprometida en ese momento, pues Degenkolb era una baza que en circunstancias normales habría asegurado media docena de victorias y sobre todo una buena presencia en las mejores plazas.

El Degenkolb de ahora es un tipo cien veces más endurecido que el de hace un año. Entre otras lesiones le queda el importante tajo que se llevó su dedo índice. Degenkkolb ha tenido que aprender a frenar con cuatro dedos, entre otras muchas cosas que cuentan en esta entrevista en Cyclingnews.

Mentalmente ha sido duro, pero físicamente también. Por supuesto que tuve momentos que dije a la mierda todo, pero es importante no abandonar nunca, creer siempre que vas a volver. Ahora mismo ya puedo decir que lo peor quedó atrás

Lo peor es cuando estaba en el hospital y sabes del alcance de las heridas. No sabes si podrás volver o no algún día. Ese momento es crucial. Debes ser muy fuerte

Admite que no fue a psicólogo alguno, que hizo terapia con amigos y familia y que sale en bici en medio de coches sin miedo alguno. Que lo ha superado. Aunque se perdió todas las clásicas y no llegó al 100% al Tour, al menos pudo inaugurar el casillero en la singular Artic Race y una carrera en Alemania, algo es algo, aunque su frustración quedó patente a los ojos de todos cuando, cabreado por pinchar en el momento de realizarse el corte del Mundial, arrojó agua a Jens Debusschere, que andaba estorbando en los relevos por detrás. En esos momentos muchos criticaron a Degenkolb, y aunque no estuvo bien lo que hizo, llevaba el vaso a rebosar, y el pinchazo en el peor momento lo desbordó.

Esperemos que, sin Cancellara, con Boonen en la prórroga, Degenkolb sea de la partida de la próxima primavera, que ponga la pica a Sagan y dé el espectáculo que merecen esas carreras. Por cierto que todo eso será con el maillot del Trek, el mismo que Contador.

Imagen tomada de Youtube

Diez ciclistas para no perder de vista

Al margen de la lógica quiniela de favoritos, no hemos querido dejar de lado nombres que despiertan nuestra curiosidad y que seguramente darán que hablar estas tres semanas de movimiento contrario a las agujas del reloj por el hexágono francés. Ahí van esas diez perlas.

Bauke Mollema, la eterna promesa del eterno prometedor ciclismo holandés. Un ciclista de esos que aún no ha roto, y eso que ya camina por los 29 años. Su tacticismo, con actuaciones de traca defendiendo sextas o séptimas posiciones, creo que no debe ser el tope de un corredor que todo lo que generó de joven, en expectativas, quedó por el camino. Veremos si tuerce ese destino.

Jesús Herrada, el vivo ejemplo de la desgracia de un ciclismo, el español, que con sólo un WT es imposible que garantice las oportunidades que su talento tiene. Aunque esté superditado a Nairo, sabemos que una carrera así da tantas vueltas, son tres semanas nada menos, que se nos hace muy complicado pensar que un día no tenga su oportunidad. Su victoria en el Dauphiné es un arma de doble filo, le da confianza y le marca ante los rivales. Un lujo para el Movistar tenerle de doméstico.

Frank Schleck, aunque se nos olvide este garante de la estirpe más ciclista de los ultmos años fue podio en el Tour no hace tanto, hace sólo cinco años. Obviamente está muy lejos de hacer algo sonado en la general, pero atención a él en jornadas puntuales. Sin Mollema reclamando los servicios de otros líderes más sólidos, puede hasta pasárselo bien pillando escapadas e incluso ganando alguna etapa. En la Vuelta lo hizo y aunque siempre le hemos considerado un ciclista sobrevalorado, hasta nos gustó verle ahí arriba.

Pierre Rolland, el ciclista francés en el que casi nadie repara pero que casi siempre lo suele hacer bien en el Tour. Enrolado siempre en el Europcar, ardemos en deseos de ver si su eminente director, Jonathan Vaughters, es capaz de sacarle de los sistemas de entrenamiento de antes de la guerra y hace de él el portento ciclista que anunció durante su fichaje.

Greg Van Avermaet, aunque en su equipo se parta con dos bazas para la general, es obvio que un corredor de esta categoría tiene carta libre en las no pocas etapas que le van como anillo al dedo. Esperamos ansiosos nuevos episodios de su rivalidad con Peter Sagan en el lugar, el Tour, donde abrió el año pasado su historia de “bestia negra” del eslovaco.

Mark Cavendish, siempre disperso, con el sueño olimpico en el horizonte, no sé qué gracia les hará a los de su equipo, el hombre de la isla de Man es sin duda un manojo de dudas: ¿Se le habrá pasado el arroz?. Tiene varios velocistas por delante de él desde hace ya tres años, Kittel especialmente, pero sigue siendo uno de los grandes de siempre en la recolección de etapas en el Tour y sólo por eso tiene el beneficio de la duda.

John Degenkolb, la alegría de volver a verle en el máximo nivel compensa cualquier exigencia deportiva. Las personas se miden primero por su calidad humana y luego viene lo demás y en ese sentido a este extraordinario competidor se le reconoce una calidad fuera de duda, con una filosofía de vida, después de su accidente de invierno, que debería ser un libro de consulta obligada en las universidades de la vida. Ojalá, y digo ojalá, ganara una etapa.

Purito Rodríguez, un grande en todos los sentidos que llega descolocado al Tour, vacío de victorias y con cantos de sirena de fondo. No sé si optar a la general, aunque el recorrido le sea favorable, será una buena opción por cuanto el año pasado ya vio que en la tarea de etapas resuelve como los ángeles y engrandece su caché. Poco le queda por demostrar.

Adam Yates, para mí el gran favorito a ganar el maillot blanco. Mientras su hermano se desespera en la nevera, Adam tiene todo para seguir progresando, casi ninguna responsabilidad en su equipo y calidad a raudales. El recorrido ratonero le beneficia y creo que no estará lejos de los mejores, eso si no los aguanta y se solapa a ellos.

Rui Costa, creo que hace tiempo que se percató que el Tour a nivel de general es una utopía de la que se debería desprender. Sea como fuere parece que insiste, no sé si con el convencimiento de antaño. En la presentación asustó lo delgado que se le veía, su cabeza era la perfecta forma del esquelto, como si la carne entre el hueso y la piel se hubiera desvanecido. A pesar de su olfato le cuesta horrores ganar y es posible que, como una vez me dijo una persona, en Movistar sabes lo que hay, debes obedecer la jerarquía y acatar, porque fuera de los azules la vida es mucho más complicada.

Imagen tomada de FB de Giant-Alpecin

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#TOP2015 – “Tanquecito” Degenkolb

El año que languidece tiene muchos nombres que han brillado, que pueden sacar punta la lápiz y romper números a su favor, esgrimir palmares, dar el golpe encima de la mesa, sin embargo, entre otros de los que también hablaremos, tenemos especial cariño por un alemán con sugerente bitotito, ojos inquisidores y pegada en los monumentos, carreras dificilísimas, como Peter Sagan demuestra año tras años. Hablamos del tren inferior más impresionante del pelotón, hablamos de Jonh Degenkolb.

En un segundo plano muchas veces por su “alter ego”, Marcel Kittel, este año Degenkolb ha sido punta de lanza en ese equipo que cultiva la velocidad y los jóvenes como nadie. En el Giant-Alpecin la irrupción de Dumolin o Barguil, aunque llamativa, no es la norma, lo habitual son “Degenkolbs”,  “Mezgecs” y “Kittels”.

2Pero en el caso que nos ocupa, siempre tuvimos la sensación de que aquí no había velocidad, pura y simplemente, aunque su casillero anotador nunca haya  dejado de crecer, ahí está la ultima etapa de la Vuelta a España, con nocturinidad en Madrid mientras Purito se cabreaba porque Valverde no deja nada para los demás.

Días antes de arrancar la temporada regular en Europa, la única llegada en alto de Dubai se resolvía a favor del alemán ante dos “matadores” como Valverde y Lobato, quien siempre empieza inspirado sus campañas. Retorcido, dando la sensación de mover un desarrollo absolutamente rompedor, el veloz teutón cargó contra el dúo del Movistar y con éxito.

Sin embargo el objetivo era otro, era estrenarse en los monumentos, como si el invisible testigo de los Cancellara, Boonen y cía debiera pasar a otras manos. A donde Sagan nunca ha llegado Degenkolb lo ha hecho dos veces y de formas muy diferentes.

A saber, en San Remo estudió, mimetizó los manuales de Freire & Zabel, eso es, escondido todo el día y dar el último relevo para desespero de Kristoff, quien en esos momentos iba enchufado. Triunfo agónico, empleando una violencia total sobre el eje pedalier, sólo verle un calambre recorre las piernas,  pero victoria al fin y al cabo.

Tres semanas depsués, el despliegue de Roubaix fue total. Dos ciclistas en uno. Viéndose solo no dudó en neutralizar los muchos cortes que se estaban desarrollando en el tramo decisivo para compactar el grupo y batirlos en el velódromo. Velocidad, estategia, fondo y dureza, ¿les suena? a mí me recuerda muy directamente a Johan Museeuw, otro grande en estas lides. Es pronto para adivinar su techo, pero desde luego su pinta es inmejorable, en unos meses veremos si le da continuidad.

Imagen tomada del FB de París-Roubaix

Roubaix, la contracrónica

Bella estampa la que nos ha mostrado el germano John Degenkolb ante la exhibición desenvuelta que nos ha mostrado, todo un recital de potencia, en la fase final de una emotiva París-Roubaix, que acaba de cumplir su 113ª edición, producto de un largo y recargado historial deportivo. Cabe convenir que la citada competición ha acaparado una emoción sin límites especialmente en la última decena de kilómetros que aparecían del todo indecisos ante la incógnita de saber quién podría ser el inminente vencedor. La última parte de la carrera, repetimos, fue un espectáculo digno de contemplarse por la movilidad constante de los diversos protagonistas frente al esfuerzo final.

Espectáculo acompañado en justa medida por el clamor constante de los miles y miles de aficionados apostados al borde de la carretera con no poco y sí desbordado entusiasmo. Quedaron a fin de cuentas en plan selectivo siete ciclistas aspirantes a la victoria, que era lo que en verdad dilucidar ante nuestros ojos.

La París-Roubaix es la madre de todas las clásicas e indudablemente la más cotizada de las carreras de un solo día. El triunfar en Roubaix constituye una página incomparable, dejando aparte lo que significa, por ejemplo, un Tour de Francia o un Giro de Italia, que pertenecen a otro ámbito por su largo kilometraje y por sus etapas.

La incertidumbre de un resultado

Disfrutamos vislumbrando el pedaleo firme que imprimieron el trío que se formó en cabeza, a 6 kilómetros de la meta, integrado por los belgas Lampaert y Van Avermaet, que pusieron mucho tesón en aquella fuga hilvanada a última hora, a los que se le unió pronto el germano Degenkolb, un hombre peligroso que tenía en sus manos las de ganar. Faltaba ya muy poco para pisar la línea de llegada emplazada en el velódromo de Roubaix. Al trío de cabeza formado casi en el último respiro, golpe inesperado, se unieron a continuación otros cuatro mosqueteros más que no daban por vencida la partida.

Se trataba del checo Stybar, el holandés Boom, el suizo Elmiger y el belga Keukeleire. Si en aquel momento nos hubieran preguntado quién merecía más el triunfo, habríamos apostado por Degenkolb, declarado vencedor, vencedor en una gran jornada dedicada a la bicicleta. No había vuelta de hoja. Nuestro juicio se basaba en lo que habíamos contemplado en este último capítulo que pudimos vivir y disfrutar muy de cerca.

Los antecedentes preclaros de Degenkolb

El corredor alemán, nacido en la ciudad de Gera, que se localiza en el estado de Turingia, lleva sobre sus espaldas 26 años, que no son muchos. Es profesional desde el año 2008. Mide un metro con 80 de estatura y pesa 79 kilos, es decir, posee un cuerpo de evidente envergadura. Es un corredor específicamente de carreras de un solo día, con dotes fehacientes como velocista. Aparte de dedicarse al ciclismo, ejerce en sus ratos libres como policía municipal. Actualmente pertenece al equipo con sede en Holanda, el Team Giant-Alpecin. Siempre es loable el recordar sus victorias precisamente en la Vuelta Ciclista a España. En el 2012, se llevó de carrera cinco etapas, mientras que en el año 2014, venció en otras cuatro, logrando, además, inscribir su nombre en el primer lugar de la clasificación por puntos, galardón final.

La París-Roubaix, en fin, es una clásica de dureza atroz, atroz si tomamos en consideración que cuenta con 52,7 kilómetros de piso adoquinado o denominado comúnmente “pavés”, que se reparte con intermitencia en veintisiete trazos, un tormento constante para los ciclistas que van asidos fuertemente a los manillares de sus bicicletas, con voluntad férrea y soportando la vibración impuesta por los citados adoquines, la pesadilla agobiante del día que hay que soportar quieras o no.

Un triunfo digno y una clasificación

Nos alegra el haber podido presenciar la victoria justa y bien cincelada por el ciclista alemán John Degenkolb, que lleva una temporada realmente llamativa. No hace mucho, a principios de temporada, se adjudicó la Milán-San Remo, la clásica de la primavera, y, ahora, acaba de redondear su apoteosis al triunfar en la actual París-Roubaix. No se puede pedir más. Tras él, también subieron al podio el ciclista de la República Checa, Zdenek Stybar (2º), bien conocido por sus habilidades en la especialidad de ciclocross, y el belga Greg Van Avermaet (3º). A continuación puntuaron el holandés Lars Boom (4º), el suizo Martin Elmiger (5º) y los belgas Jeus Keukeleire (6º) e Yves Lampaert (7º). El resto del gran grupo, muy desperdigado, fue llegando con el consabido sufrimiento en su cuerpo a la meta, atenazado por los mil esfuerzos derrochados.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de www.letour.fr