Jonh Degenkolb o la raza superior

El ciclismo es de ida y vuelta, a veces el triunfo te pilla lejos, otras al al lado, pero cuando te merodea y nunca fallas es por algo. En Roubaix hubo muchos favoritos, existió la posibilidad de ver ganar a varios, Alexander Kristoff tuvo opciones, toda vez se vio que el cotarro no se decidía, pero al final se dio a circunstancia de que por ahí había un alemán de fino bigote y generosa expresividad que al final se lo llevó todo.

Jonh Degenkolb ganó la París-Roubaix porque para ello corrió. Corrió con convicción en unas circunstancias que para cualquier velocista son un lastre. O encuentras un primo, como Krisoff con Terpstra, o ganar apellidándose Degenkolb es muy complicado cuando la victoria pulula entre tres o cuatro nombres.

La París-Roubaix de 2015 premió al mejor a diferencia de otras veces. El año pasado Tersptra ganó porque su equipo era mayoría. No fueron pocos los que llegaron con opciones al final, y hoy sí, hoy los Etixx corrieron con cierto sentido. Su problema es que cuando compites contra velocistas totales como Kristoff hace una semana o Degenkolb, ésta, estás jodido. Fue lo que ocurrió cuando estaban Boonen, Van Petegem o Museeuw, competían con el lastre de su fama y sin embargo nunca se amilanaron, nunca pusieron pie al freno. Como Sean Kelly hace 29 años: San Remo & Roubaix de una tacada.

Cuando el Carrefour de l´ Arbre, ultimamente el tramo verdaderamente decisivo, marcó sentencia, dejó delante a Van Avermaet -nuestro infortunado hombre de la primavera- y Lampaert, el Etixx de turno, parecía que la suerte pudo estar echada, pero sabedor de que no tenía compañeros y que aquello estaba en un pañuelo, Degenkolb no esperó a que nadie le solventara la papeleta y acabó por ser, él en persona, el intento de los dos de adelante.

Lo comentamos, y así quedó el twitter, en el momento que Degenkolb neutralizara a los de cabeza, la carrera se acababa. Cuando quiso capturar Stybar, y poco después Lars Boom, no había margen, el tramo artificial de adoquín en Roubaix y el velódromo, poco más. Y así fue, a Degenkolb le daba igual ganar con Van Avermaet, con Stybar, con Boom o con quién fuera. Era superior, muy superior -les sacó de rueda en el sprint- y así lo demostró.

Tercer monumento de 2015 y otras tantas victorias del mismo perfil, es decir ciclistas que son capaces de ganar un sprint en el Tour o Giro y hacer lo mismo en una clásica. Corredores de estos no hubo muchos, y Degenkolb y Kristoff son de esa madera: veloces, aguerridos y rápidos, tanto como para secar escapadas con su sola presencia y no temer que nadie llegue por detrás porque se saben más rápidos que el resto.

Foto tomada de www.skysports.com

San Remo, la crontracrónica

Se aguardaba con evidente interés el saber tal cómo se iba a desarrollar la clásica de apertura oficial de la temporada ciclista, la Milán-San Remo, una carrera que posee una cotizada y fructífera historia. Esta vez, las condiciones climatológicas fueron más que aceptables a pesar de los malos presagios que se habían ido formulando a la vigilia de su celebración.

En el último respiro, frente a un grupo de escogidos -eran una treintena de ciclistas- el germano John Degenkolb superó por escasísimo margen al noruego Alexander Kristoff (2º), vencedor de la pasada edición de la denominada “Clásica de la Primavera”, al australiano Michael Matthews (3º) y al eslovaco Peter Sagan (4º), que era considerado en buena ley y de buena tinta como el máximo favorito.

Destellos que animaron la carrera

Tras la puesta en marcha la carrera, se produjo una escaramuza iniciada en el kilómetro 10, que involucró a once animosos ciclistas deseosos de hacerse notar. Llegaron a poseer una ventaja máxima de poco más de siete minutos. Todos sabíamos que este botín de poco iba a servir, a pesar que más de uno se resistió a capitular frente a los acontecimientos y a la lógica imperante en esa clase de competiciones sin apenas obstáculos selectivos.

A 30 kilómetros de San Remo, en el asalto al pequeño puerto de Cipressa, se esfumó todo como el humo que se lleva el viento. El sueño que habían albergado los italianos Pirazzi y Bono, el francés Bérard y el belga Pauwels, los últimos supervivientes que se resistían y no daban el brazo a torcer, se desvaneció como por arte de magia.

La emoción de los últimos kilómetros

En ese momento de transición, allí estaba la subida del Poggio, que consta de casi 4 kilómetros de ascensión y un porcentaje medio de pendiente del 3,7%, surgió un dúo integrado por el británico Thomas y el italiano Oss, que debieron claudicar a apenas 7 kilómetros de la línea de llegada, que debía disputarse en la tradicional vía Roma, emplazada en la ciudad de San Remo, la ciudad de las flores.

La carrera, en fin, que entraba en su fase más emotiva y decisiva, acogió a un bloque integrado por una treintena corredores dispuestos casi todos ellos a conquistar la corona de laurel, la máxima distinción de la jornada. Entre los asistentes en este primer plano de vanguardia, se encontraba el español Alejandro Valverde, nuestro hombre que siempre trae esperanza, una esperanza que desapareció en el esfuerzo final. Se apostaba por Peter Sagan, velocista nato por excelencia, que en esos inicios de temporada ha estado más bien gris. Pero el pronóstico como tantas otras veces acontece no se cumplió.

El alemán Degenkolb (26 años), nacido en la población de Gera, en el Estado de Turingia, pegado a la rueda de Kristoff, su antagonista más directo, desplegó en los últimos metros toda su potencia mágica y pudo rebasar por un escasísimo margen al corredor noruego, con ventaja suficiente para conquistar la gloria puesta en juego en ese día. El tercer lugar, repetimos, correspondió al australiano Matthews, oriundo de la tierra de los canguros.

Degenkolb rompió todos los moldes

Nuestro protagonista es considerado un buen velocista. Basta contemplar su historial deportivo que cuenta con significativas victorias de etapa. Es profesional desde el año 2008. Pertenece a la escuadra Team Giant-Alpecin, radicada en Holanda. De manera escueta recalquemos que posee bastantes victorias y se le considera básicamente un corredor de clásicas. Dejó un buen recuerdo en la Vuelta a España (2012), al vencer en cinco etapas, mientras que dos años más tarde en la misma ronda española, nos asombraba con otras cuatro victorias, aparte de ganar la clasificación general por puntos. Este año lleva de bagaje un triunfo de etapa en el Tour de Dubai, la nación de los petrodólares. Aunque la fría realidad es que ha estado hasta ahora pedaleando en la penumbra. Es un corredor de cierta envergadura, con una altura de un metro con 80 y un peso de 79 kilogramos.

Un pequeño apartado para mencionar que hubo participación española. Muy escasa si se quiere. Alineamos tan sólo a siete corredores. Por tanto había poco a cortar. Alejandro Valverde se dio a ver en la parte postrera de la prueba, espoleado de cerca por compañero Juan José Lobato. Pero con la concurrencia global de 184 ciclistas, nosotros no podíamos sobreponernos con siete mosqueteros en la palestra de la lucha. Jugábamos netamente en desventaja. Hay que decirlo.

Dando vueltas a la historia de esta clásica

En la historia de esta clásica de renombre internacional, debemos destacar el de que sea el belga Eddy Merckx el que ha alcanzado un mayor número de victorias en esta prueba tan sublimada. En siete ocasiones logró ser primero, siguiéndole el italiano Constante Girardengo, con seis, y el alemán Erik Zabel y el italiano Gino Bartali, con cuatro. Por Países, sigue afianzada la nación italiana, con 50 primeros puestos. Bélgica queda distante con 20; mientras en un escalón inferior se encuentra Francia, con 12. A continuación reseñamos a Alemania, con 7, al adicionar este triunfo actual de Degenkolb, y España, con 5, gracias a la contribución mostrada por Óscar Freire (2004-2007-2010) y Miguel Poblet (1957-1959), nuestros dos paladines que son historia en el pasado.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de Facebook de Milán-San Remo

El hijo de Erik Zabel

Es obvio que mentar ciertos nombres en ciclismo es casi pecado. Hoy traemos a un tipo que confesó pecados, no haber sido honesto con su deporte y sus colegas,… Erik Zabel, se le podrá considerar cualquier cosa, se le podrá decir cualquier cosa, todo menos que no fue, esos años que estuvo en el profesionalismo, un maestro en San Remo. Zabel ganó cuatro veces la carrera que dibuja el caprichoso perfil costero de la Ligura. No olvidamos que pudo ser una más, cuando perdió una edición frente Oscar Freire por celebrar con premura.

Zabel ganó por ultima vez en San Remo en 2001. Nada menos que catorce años han pasado. Más jóvenes, menos calvos, más lívido, dicen. Sin embargo esta porción de la parte ancha de la bota itálica volvió a ser alemana, como hace dos años, cuando Gerald Ciolek, cabreadísimo por caerse en el Poggio con Stybar y Gilbert, mojó la oreja a Sagan bajo el diluvio.

San Remo ha hecho justicia con John Degenkolb. Esta carrera siempre ha sido proclive a ciclistas que saben manejar el tiempo como pocos. Degenkolb no apareció, no asomó, estuvo en la segunda línea, en tercera. Sky, Etixx, Katusha, Trek,… novatos. El Giant, o Alpecin, como gusten, amarrados, atrás, quietos, latentes, hasta que la carrera les dio la mínima opción. Sólo una vez pasaron a cabeza de carrera, fue al final. Mala suerte.

Admito que la Milán-San Remo es la gran clásica que siempre menos me ha gustado, que he tardado en encontrarle el atractivo. Sin embargo, desde hace un tiempo, me atrae, es increíble, estresante. Es una carrera en el alambre, corrida a mil por hora, donde la propia velocidad, la inercia, trae consigo los errores y los aciertos, servidos en partes desiguales. Uno acierta, el resto yerra. Mala suerte.

Y hoy fueron varios los que no encontraron su momento. Para romper en el Poggio o antes del mismo hay que ser Bugno, Fignon o Fondriest. Ciclistas de ese calado no los hay ahora mismo, o quizá no los hay en forma aún, porque como se vio el nivel del Poggio fue mucho hasta para Vincenzo Nibali. De entre los casi doscientos que salieron del Castillo Sfoscesco de Milán, sólo uno intentó algo en serio desde lejos. Fue Gerant Thomas y fueron tantos los cerrojos que pusieron atrás que encontrar el camino resultó imposible.

Ya en el Poggio Cancellara miró de hacerlo, también Sagan, lo mismo que Gilbert. Nada. Incluso más aldelante, Sagan tuvo un momento de impás en que se vio delante, solo, con un huequecillo que no quiso aprovechar. Craso error, más cuando hace un tiempo tiene un puñado de ciclistas que le derrota sistemáticamente en cada sprint. A ver cuánto tarda Tinkov en reprocharle el sueldazo. También estuvo ahí Van Avermaet, pero éste, en términos esotéricos tiene un áurea negativa, muy negativa, siempre pasa algo que le perjudica y le impide ganar. San Remo no fue excepción.

Capítulo aparte merece Alexander Kristoff, un ciclista con nombre que podría bautizar una marca de vodka, que hoy se vio desbordado. Kristoff las pasó canutas en la Cipressa, como Lobato, pero mientras el noruego se rehízo, el trebujeño se convirtió en pólvora mojada. El problema de Kristoff fue que así como el año pasado a Luca Paolini le sobraban fuerzas, esta vez se le exigió demasiado. Il Gerva tiró en el Poggio y en la Via Roma, recuperada para la ocasión. Fue demasiada exigencia y cuando Paolini dejó a Kristoff, ahí, tan lejos de meta, quedaba un mundo y al noruego el tema se le hizo largo, eterno, tanto que hubo un Degenkolb que le mojó la oreja.

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El lavado y revitalizado del ciclismo alemán

Bajo el título “German cycling: shampooer and revitalised?”, Cycle Sport realiza un interesante retrato del paisaje ciclista alemán cuyos perfiles en este mal anillado cuaderno ya nos habían llamado la atención.

En 2015 la televisión pública alemana volverá al Tour de Francia y al mismo tiempo la marca del “dopaje para el pelo”, Alpecin, acompañará a Giant en su travesía por el World Tour. Con estos dos inputs se inicia un recorrido que se retrotrae hasta 2011 cuando el ente público dejó la mejor carrera del mundo hastiado de tantos escándalos de dopaje en el ciclismo.

En este periodo de ausencia, el ciclismo alemán se ha rehecho de sus cenizas sumando muchos triunfos en el Tour. Para que tomemos dimensión de este renacer conviene señalar que desde 2012 Alemania ha ganado 16 etapas, de ellas la mitad de Marcel Kittel, el mal sueño de  Mark Cavendish. Ganar 16 etapas en este periodo implica ser el país más laureado superando por cuatro al Reino Unido y sumando todas las que ganaron españoles, italianos y franceses juntos, ya saben ese viejo ciclismo.

Sea como fuere, la desaparición de T Mobile y Gerolsteiner –dos equipos asolados por los follones- fue suplida el año pasado por el regreso del NetApp-Endura, equipo que hoy es el Bora todo de negro y montando las carísima Argon 18.

Lo cierto, y ante lo que muchos pensarían “el escándalo de la confesión de Lance Armstrong no tuvo gran revuelo” en el principal país europeo, según un periodista de la revista Tour Magazin. “En Alemania, la imagen del ciclismo fue destruida por Eufemiano Fuentes”. Ya ven que las Canarias no sólo están en boga para lo turístico en aquel gran mercado.

Lo que es obvio es que la apuesta de la televisión pública abre las puertas al ciclismo al grandísimo estado con millones y millones de consumidores. Hasta la fecha quien quería ver el Tour en Alemania debía hacerlo por Eurosport, lo que no deja de ser una televisión de nicho, que conviene buscarla expresamente para disfrutar de su programación. Estar en el primer canal púbico multiplica las posibilidades de proyección del ciclismo, un deporte con el que este país enloqueció cuando Jan Ullrich se trajo el cetro del Tour, hace 18 años.

No lo tienen fácil Tony Martin, Marcel Kittel y Jonh Degenkolb, como punta de lanza. Compiten con la selección campeona del mundo de fútbol y el tetracampeón mundial de F1 Sebastian Vettel. Con todo cuatro de cada cinco alemanes pasan del ciclismo, que tiene en la vuelta de la principal televisión su gran valedor para interesar de nuevo a la masa. Alpecin lo ha visto, como vio en 2012 a Jan Ullrich su embajador ideal toda vez quedó saldado con sus casos de dopaje, eso sí, muchos años después de dejar el ciclismo.

Alpecin ve en el cuidado del ciclismo la forma de vender los cuidados del pelo para sus clientes. Su buque es Marcel Kittel, el selectivo velocista de tremendo tupé, rubio y siempre perfecto, toda vez se retira ese casco de pistard cada vez que gana. Kittel y sus no pocos triunfos son el ángulo de su apuesta. “No será como cuando Ullrich” advierte el periodista Kublik, pero se hace camino al andar.

Imagen tomada de www.colombia.com

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«Bicilovers» es la sección donde amantes de las dos ruedas nos enseñan su bicicleta

1.

#RadioVuelta – Semana 5

#Trend Gallopin, Jungels, Degenkolb,… nombres a tener en cuenta

La campaña entra en pleno febrero desde escenarios dispares. Sigue la corriente de ciclismo árabe con doble ración encadenada. La segunda edición del Dubai Tour nos dio un espectáculo digno para la altura de campaña y el lugar de su desarrollo. Ganó Mark Cavendish ante un elenco que no le apretó al máximo. En la Estrella de Bessèges la crono final coronó al buen croner luxemburgués, un país sin faro por el ocaso de los hermanísimos, Bob Jungels ante un ciclista que de seguir en esta tónica puede ser una de las caras de la primavera, el certero Tony Gallopin y su compañero en el Lotto Kris Boeckmans y es que el cuadro rojo y belga ha tenido un buen arranque europeo.

#Click La agonía de Jonh Degenkolb

La jornada reina del Dubai Tour moría en el contorno de una presa. En total un kilómetro escaso de subida con picos finales realmente duros pero muy cortos, tanto que Mark Cavendish salió vivo para disputar el triunfo final. Allí, en los confines del desierto Jonh Degenkolb arrastró un desarrollo bestial para imponerse a Valverde y Lobato y protagonizar una de las imágenes de la carrera: tirado en el suelo, roto por el subidón de todo que acababa de experimentar. 

#Profile Las cartas de Mark Cavendish 

Decía Antonio Banderas en su discurso de los Goya que empezaba la segunda parte del partido de su vida, no sé si podría decir algo similar Mark Cavendish tras Dubai, pero lo cierto es que a nadie se le esconde que el inglés está en el punto de mira de muchos. El año pasado no fue el mejor para este velocista que necesita zampar triunfos para seguir “on fire”. Ahora le quedan muchas asignaturas que reaprobar porque en Dubai no tuvo la mejor concurrencia pero sí el equipo más certero con un Mark Renshaw que empiezo a pensar sólo rinde cuando está a las órdenes de su querido Cav. 

#Clipping

Dennis sí pone la hora. No se puede hablar de reto sencillo, Jack Bobridge puede dar fe, pero la lógica de Rohan Dennis se impuso y el australiano se hizo con el récord de la hora. No pasó casi una vuelta sin que el joven del BMC rodara en tiempos de récord y ha establecido un registro que parece ser muy serio, casi al nivel de Brad Wiggins y quizá algún otro, a la espera de que Dowsett diga la suya.

Rojas dice que recoge los frutos. La primera etapa del Tour de Qatar vio la primera victoria, una excelente victoria por cierto, de José Joaquin Rojas desde la Vuelta a Castilla y León, hace nueve meses. Dice el murciano -a quien confunden en la narración francesa con Alejandro Valverde- que esto es recoger, y yo diría que con él han tenido una paciencia impropia con otros siendo sólo noticia en los últimos meses con una vinculación con Ferrari y la expulsión del Tour de Francia.

Campeones colombianos. El fin de semana sirvió para proclamar a los campeones colombianos. Si Robinson Chalapud fue el mejor en la línea, Rigoberto Uran, un ciclista en comunión con el mundo, fue campeón contra el crono dejándonos una imagen para el recuerdo por la cantidad de gente que envolvió su éxito.

#Hashtags by @LiveCiclismo

#TourofQatar  

Imagen tomada del Facebook de Dubai Tour

 

Seis “nombres Vuelta” a vigilar

Desde hace 19 años la Vuelta a España se celebra en septiembre haciéndose célebre una sentencia de José Miguel Echávarri que vaticinó entonces que quienes vinieran a la grande española serían aquellos que no habían cumplido en los exámenes regulares teniendo que ir a la repesca de después del verano para solucionar sus respectivas temporadas.

Podría parecer que los seis ciclistas que queremos traer a este mal anillado cuaderno  responden a ese perfil, pero si bien su presencia aquí tiene que ver con lo bueno y malo de sus respectivas temporadas, también son corredores sobre los que queremos poner un acento especial.

Daniel Martin: el irlandés fue una de las grandes estrellas del pasado año con un tridente de triunfos complicado de reunir (Volta, Lieja y etapa en el Tour). Si bien repetir tales logros nunca es sencillo, lo cierto es que el del Garmin puso empeño en igualar, cuanto menos, lo conseguido en su mejor campaña. Ajeno en la Volta, sendas caídas le dejaron seco en Lieja y Giro y le alejaron del Tour. Ahora la Vuelta le llega en el mejor punto de esta desafortunada temporada. Lidera un Garmin que trae otro ciclista con mal fario, Andrew Talanski, muy mal se les habría de dar para que ninguno de los dos lograra algo interesante.

Robert Gesink: desde tiempos inmemoriales el ciclismo holandés, y especialmente la cantera que surgió del Rabobank, amamanta estrellas que en categorías inferiores brillan y prometen, pero que llegados a un nivel se quedan en eternos aspirantes. Gesink entra en ese nivel y posiblemente por ello se cayó del pelotón aquejado de problemas cardíacos. En esta Vuelta le cabe la opción de reemprender una carrera hasta la fecha buena pero lejos de los objetivos que se le intuían.

Carlos Betancur: el corredor que maravilló en el Giro 2013 y ganó la última París- Niza, es el eslabón perdido de la brillante generación colombiana que marca el ritmo en las grandes carreras. Varias cuestiones confluyen para que esta Vuelta sea un todo o nada para este talentoso ciclista. Primero, el recorrido le va a las mil maravillas y segundo su equipo, el AG2R, puede estar en el umbral de la paciencia, más teniendo en cuenta las estrellas francesas que crecen en su seno.

Jonh Degenkolb: en una carrera que discrimina a los velocistas como nunca se vio, es loable que el excepcional ciclista alemán se atreva con la Vuelta. Ganador de varias etapas en ediciones pasadas, mucho me temo que aquí tenemos la rueda a vigilar en las llegadas masivas que se prevén desde San Fernando.

Alejandro Valverde: diez años liderando de forma limpia e indiscutible el Movistar, ahora, e Illes Balears antes, para el murciano esta Vuelta es novedosa en cuanto a concepción. Valverde llega a la carrera, por primera vez, con una bicefalia en el liderato del equipo. Cabrá vez cómo se manejarán Nairo y él con el colombiano encabezando las apuestas por el triunfo. Valverde no ha tenido reparo en colaborar a favor de otros compañeros en otras situaciones, pero tenerle con opciones y vivo hasta el final puede serle muy útil a su equipo.

Cadel Evans: los años son un rodillo y para el australiano no hay excepción. Campeón del mundo y ganador de un Tour de Francia, es una de las estrellas de mayor caché de esta carrera que ya tuvo a tiro hace cinco años. Pero la luz de Evans no brilla como antaño y en el Giro se le vio fuera de concurso ante corredores en teoría a su alcance. Esta Vuelta puede ser el umbral para el canguro, si de aquí no saca nada positivo quizá ya estemos ante ese momento en que Evans está llegando a destino.

INFO

La Vuelta a España aterriza en Eurosport

La 69º edición de La Vuelta se disputará del 23 de agosto al 14 de septiembre y contará con 21 etapas, cubriendo un total de 3185,5 km. La ruta, que dará comienzo en Jerez de la Frontera y finalizará en Santiago de Compostela, será perfecta para los escaladores, ya que habrá hasta 13 etapas de montaña. En cuanto a las contra-relojes, se disputarán 3, una por equipos y 2 individuales.

Entre los favoritos para la victoria destacan nombres como los de Nairo Quintana, Chris Froome, Alejandro Valverde o Joaquim Rodríguez. Por su parte Alberto Contador estará presente en la prueba tras recuperarse de la lesión que sufrió en el Tour de Francia. El estado físico del madrileño es una incógnita ya que no ha podido entrenarse con normalidad y reconoce que se tendrá que plantear la carrera de una manera muy diferente a como tenía pensado.

Antonio Alix y Eduardo Chozas, las voces del ciclismo en Eurosport, estarán una vez más al frente de los comentarios. Además la leyenda del ciclismo y experto del canal Greg LeMond repasará todo lo que ocurra en la Vuelta en “LeMond of Cycling”, programa que será emitido el 17 de septiembre.

La participación de la Vuelta no es la gallina de los huevos de oro

Hay euforia por la participación de la Vuelta a España. No es para menos. En la salida de Jerez, estarán, entre muchos otros, Carlos Betancur, Fabio Aru, Robert Gesink, Cadel Evans, Samuel Sánchez, Philippe Gilbert, Peter Sagan, Thibaut Pinot, Daniel Martin, Jonh Degenkolb, Joaquim Rodríguez, Chris Horner, Damiano Cunego, Jurgen Van den Broeck, Alejandro Valverde, Nairo Quintana, Gerald Ciolek, Rigoberto Uran, Tom Boonen, Tony Martin, Alberto Contador, Fabian Cancellara y Chris Froome.

Traducido al cristiano, vemos palmareses acumulados que reflejan cuatro Tours de Francia, tres Giros de Italia y otras tantas Vueltas a España, cinco Campeonatos del Mundo, unos veinte monumentos y unos Juegos Olímpicos, si bien, siendo exactos, deberíamos añadir el título de Brett Lancaster en la persecución colectiva de Atenas de hace diez años y el de Peter Kennaugh en la misma prueba de Londres 2012.

La nómina es excelente, por calidad de nombres y la cantidad de los mismos. Además muhos llegan necesitados de buenos resultados. Creo, siendo sinceros, que el Tour difícilmente habría igualado este listado y el Giro no opta al mismo desde hace años. Pero sin embargo, a  diferencia de las otras dos grandes, la Vuelta, con este plantel sigue teniéndolo complicado en un país de escasa cultura deportiva y de esfuerzo como España.

El Tour es el Tour, como dicen los gabachos “Le Tour c´ est le Tour”, y es cierto, este año con una criba bestial entre los grandes nombres en las primeras diez etapas, la carrera no perdió ápice de interés y seguimiento a nivel planetario. Es con diferencia el gran evento ciclista, con mayúsculas, con la grandilocuencia de los franceses. El Tour es el acontecimiento deportivo anual más grande del mundo, incluso tras todos los varapalos que le han llovido al ciclismo.

Luego el Giro está en otra división. Italia es ciclismo cuando el Giro rueda, incluso cuando coincide con los grandes partidos del Calcio. El Giro es una carrera de enormes pasiones, de personas entendidas en las cunetas y un seguimiento mediático que ha sido ejemplar en medio mundo. Ahí está ese programa llamado “Processo della Tapa”, un vivo ejemplo de lo mucho que genera esta carrera.

En España la realidad es más complicada y mucho me temo que la cosa se convertida en un entremés de tercer orden, desplazado por el arranque de la Liga de fútbol y otras menudencias del deporte rey. Es así pero real, y hasta que las tornas no cambien no tendremos una carrera que se mida a las otras dos grandes. Una carrera bella, que se singularizó por correrse en primavera y con grandes nombres de este nuestro ciclismo.

La Vuelta basa sus atractivos en dos grandes activos que a mi juicio son efímeros. Por un lado la participación, algo que no suele fallar pero que no garantiza grandes titulares en los medios más importantes ni se puede asegurar que vaya a ser buena. El otro es el recorrido, algo que enorgullece a la organización pero que no es otra cosa que el resultado de una carrera cuyo carácter no está definido. La Vuelta se ha convertido un asalto a la caza de grandes cuestas sin importar el ciclismo de pizarra y táctico pues en ello se cree que va la audiencia, cuando ésta es caprichosa y muy posiblemente se acabe cansando.

El Giant-Shimano debe hacer valer sus resultados

Hace unos meses Jorge Quintana habló en este mal anillado cuaderno sobre las virtudes del entonces Argos-Shimano, hoy Giant- Shimano. Resumiendo fijó varios en varios puntos las virtudes de este equipo, virtudes que le valen para trabajar con cierta antelación temporal respecto a sus competidores y que día tras día, vemos plasmadas en los resultados de las carreras. Resultados que hablan de buenos y grandes triunfos, pero que ofrecen matices, muchos, como la cantidad de velocistas que surgen de sus entrañas, el trabajo que envuelve cada uno de ellos y la mecánica interna del equipo para llegar a esta excelencia.

Para nuestro colaborador el éxito de Giant se basa en mejor y mayor convivencia entre los componentes del equipo, una visión a largo plazo, inversión en ciclistas sub 25, sacrificio de masa salarial en pos de inversión en investigación,… todos estos puntos tienen frutos si se siguen ciegamente y no se dejan embelesar por cantos de sirena.

Por ejemplo, cuando Katusha estuvo en un tris de quedarse fuera del World Tour, se rumoreó que Purito, con tal de salvar un calendario digno, podría fichar por este equipo. Aunque no pasó de ser rumorología, no cabe duda de que aquella información careció de sentido por cuanto el catalán es lo más alejado al perfil que busca este grupo. Aquí se prima un tipo de ciclista y en él se invierte. Y ello no es demérito de Purito, pero su perfil dista mucho de este proyecto.

Y el mejor ejemplo lo tenemos en el propio Warren Barguil, la estrella en ciernes del ciclismo francés tentada por el Team Sky, un corredor cuyas características invitan a pensar que podría ser el sucesor de Hinault, tres décadas después, en el trono del Tour. Ni cortos ni perezosos, los holandeses dejan a su joven estrella fuera de la carrera que vertebra la temporada porque su apuesta es nítida: John Degenkolb y Marcel Kittel. Amasar etapas en el máximo escaparate es clave pues no olvidemos la viabilidad del proyecto es complicada y Giant, a pesar de sus estratosféricas ventas, necesita compañeros de viaje.

Y es que el idílico ciclismo holandés tiene cuestiones acuciantes que resolver. Al anuncio del cese de patrocinio del Belkin, se unió la desaparición del Vacansoleil y las dudas sobre el futuro de Giant, un equipo que, como tal, nunca debería desaparecer, por lo mucho que en este tiempo ha demostrado saber hacer en favor de este deporte.