Dumolin: Las virtudes superaron sus debilidades

Lo admitimos, lo pasamos por adelantando, no metimos a Tom Dumolin en el nueve del Giro, y eso nos pesó durante estas tres semanas, porque el holandés ha desmentido punto por punto todas las debilidades que le preveíamos.

La primera, estaba claro, era su mal día, esa tara que por los siglos de los siglos ha acompañado a muchos ciclistas hasta que llegó un día que no pasaron por esa fase. A Dumolin muchos le situaron en el margen cuando la carrera tenía que subir hasta los 2700 metros del Stelvio, esas cotas que algunos de sus rivales tenía por la mano y no sé hasta que punto que esas alturas influyeron en el estómago de Tom y la salida por la tangente que tuvo que hacer apurado en la base del Umbrail.

Sea como fuere, si no fue que le sentó mal algo, o la propia altitud, quizá también podrían ser los nervios, algo que Tom no pudo disimular en alguna ocasión. Que el estómago te apriete puede ser también por eso, la tensión de empuja todo hacia abajo hasta que tienes que ausentarte en el peor momento. El neerlandés, discreto él, no pudo contener su enfado el día que se quedó con Nibali y Nairo viendo la vida pasar, mientras Pinot se metía de nuevo en la carrera.

Ese día, el imperdutbable Tom demostró que la situación pesaba, como para no pesarle, se jugaba todo un Giro, una carrera en la que entró de forma irremediable el día que muchos pensamos que para Nairo esto podía ser un paseo, el Blockhaus. La reacción de Tom, dejando hacer a los de adelante y poniéndolo todo al final, fue la mejor tarjeta de presentación que puso sobre la mesa el ganador final del Giro.

Incluso mejor que en la propia crono, donde Tom demostró cuán necesarias con esas pruebas en este ciclismo moderno que se atiborra de montañas sin ton ni son, cuando en el equilibrio está, yo creo, la clave. En circunstancias normales esa crono era más que suficiente para ganar el Giro. Una exhibición así merecía el premio gordo, fue tan sobrado su triunfo que establecimos comparaciones obvias que en Oropa fueron corroboradas, es líder ancho y alto, pesado a la vista, que deja a hacer en las subidas hasta que pone el rodillo y va cogiendo todo aquel que se mueve.

Oropa fue otro salto, no sé si grande o pequeño, pero salto, porque el golpe se producía en terreno ajeno. Y es que en este ciclismo para que triunfe un tío como Dumollin necesita algo más que estirar hasta el infinito cada oportunidad que tiene pues se juega los cuartos en recorridos muy alejados a los que tuvo en su día Indurain. ¿Os imagináis que estropicio haría Dumolin con cronos de 60 kilómetros?

Sea como fuere Tom fue saliendo de todas y cada una de las pruebas que muchos pensábamos que no superaría. El tema del equipo por ejemplo, lo solventó con un poquito por aquí y otro poquito por allí. Tuvo siempre alguien al lado con la necesidad de ayudarle para beneficio suyo. Si un día era Trek, al siguiente FDJ e incluso Bob Jungels en la ruta hacia Asiago. No cupo duda que Dumolin en esto sacó el Lemond que tenía dentro, siempre aprovechando lo mejor de cada situación, leyendo la carrera en positivo, incluso cuando perdió a Kelderman en esa caída contra la moto.

Dumolin ha exhibido flema, en ocasiones excesiva, como en la etapa de Piancavallo donde como ese niño que nunca escarmienta de llevarse sustos, va y se pone en la retaguadia de grupo para facilitar el corte a favor de sus rivales, un corte que le llevó en el límite todo el día y le acabó costando el liderato.

Pero todo eso son lecciones, vivencias y encima con el premio de un Giro de Italia, un premio que mereció, como merecía su país, Holanda, que vive esto como un asunto de estado y no tenía la suerte de cara en las grandes citas, mirad el propio Dumolin hace un par de años en la Vuelta o Kruijswijk y Mollema en Giro y Tour pasados. Desde Joop Zoetemelk ha llovido mucho, viendo a este ciclista creo que no tendrán que esperar tanto tiempo.

Imagen tomada de FB del Giro de Italia

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La inquebrantable fe holandesa en el ciclismo

El otro día Juan M. Clavijo me presentó el fenomenal trabajo que ha hecho la gente del Diario Marca en la guía que han dedicado al Giro de Italia. Una obra genial, sinceramente, me ha gustado mucho, porque da la medida de lo que pasa cuando se pone cariño y detalle y porque eleva al ciclismo a la categoría de algo más, no sé si como hacen con el futbol muchas veces, pero desde luego sí que le da ese qué que tantas veces extrañamos en nuestra prensa.

De entre la secciones, me llamó la atención la dedicada a los ciclistas neerlandeses y su apuesta por la carrera rosa. Son hasta cuatro los nombres que ven para brillar en este Giro 100. Distinguiendo entre ellos, y sabiendo cómo estará de cara la victoria este año, me parece buena la segunda oportunidad que Steven Kruijswijk le da al Giro, a sabiendas de que Bauke Mollema es una moneda al aire, habrá que ver cómo le merma Italia si quiere estar a tope en el julio junto a Contador. Otra cosa es Wilco Kelderman o Tom Dumolin, el primero camino de ser la eterna promesa del ciclismo holandés y el segundo un poco a vivir el día a día, como el “cholismo”, y ver qué da la carrera de sí.

Sea como fuere la fe inquebrantable de los holandeses por este deporte nos levanta el ánimo. El año pasado Kruijswijk tuvo en la mano la victoria, sin duda, pero un mal paso en el Agnelo dio con todo al traste. Sinceramente, no era nuestro preferido, con Chaves, Valverde y Nibali en liza, pero se hizo acreedor de mejor suerte, sobre todo porque creo que cayó con entereza, mucha, y eso hay que reconocérselo y mira que llegó perjudicado a la cima de Risoul, donde Nibali comenzó la reconquista del rosa.

Y es que si miramos hacia atrás, los Países Bajos nunca han ganado el Giro, lo más cerca que estuvieron fue con aquel lagunar ciclista, cargado de clase y fragilidad, Erik Breukink, que pisó dos veces el podio, una de ellas aquella famosa edicion del Gavia en medio de la tormenta de nieve, etapa que precisamente ganó, anticipando un porvenir que nunca cumplió al 100%.

Holanda como país que va en bicicleta, que siente la bicicleta y lee un montón sobre ciclismo, que se lo digan al “best seller” Pedro Horrillo, no gana el Tour desde tiempos de Joop Zoetemelk, el entrañable y eterno abuelo del ciclismo, que competía mucho porque no quería aguantar a su mujer en casa. En este periodo han optado a cosas, Rooks, el controvertido Theunisse, más adelante Gesink, también Mollema…. al final todo tiros al aire.

Humo o llamarlo como queráis, encima con un equipo bandera, el Rabobank, tocado por los escándalos de dopaje… y con todo eso, sigue al pie del cañón, viviendo este teatrillo sobre ruedas como un asunto de estado y esperando que un día, uno de los suyos se beba una cerveza del tirón como Gilbert en el podio de la Amstel. Si ese día llegara, los Países Bajos decretarían fiesta nacional.

Imagen tomada del FB de Giro de Italia

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El chubasquero del Superconflex

Leí una vez, no recuerdo a quién, que Joop Zoetemelk alargó su trayectoria deportiva para, con la excusa de viajar, no aguantar a su mujer. Aunque curioso, el dato no deja de tener su sentido, por lo mucho que escuchamos sobre el viejo Joop muchos años después. Sin duda cuando hablamos del holandés, no olvidemos, el último de esa nación en ganar el Tour, lo hacemos de una de las trayectorias más singulares, que se alargó unas dieciocho temporadas, conviviendo con dos monstruos como Merckx e Hinault, al margen de una de las generaciones de clasicómanos que trascendió al tiempo: Raas, Kuiper, Moser, De Vlaeminck,…

Precisamente con Jan Raas de director, Joop Zoetemelk vivió sus últimos días de ciclista en activo. Fue en 1987, en el Superconflex neerlandés, un conjunto que si trazamos su línea veremos que fue luego Buckler, con el tiempo Wordperfect, luego Rabobank y hoy Lotto-Jumbo. Más de treinta años pues de tradicion ciclista en un país que respira con este deporte.

Sea como fuere aquel último año del viejo Joop no fue de paseo, como cupiera pensar en un primer momento. Zoetemelk hizo suya la carrera nacional, la Amstel, la prueba que se corre entre las únicas colinas en el país más bajo del mundo. Aquel no obstante era un equipazo de nombres consagrados y otros que estaban el imparable progresión.

Uno de ellos era el velocista Jean Paul Van Poppel, uno de los ciclistas más apreciados de Jaime Mir, y mira que pasaron nombres por sus manos. Van Poppel fue uno de los sprinters más certeros de su generación, y al contrario que su gran rival, el uzbeco Abdoujaparov, siempre exhibió elegancia en la victoria y derrota, aunque en el primer término se vio muchas veces: aquel año por ejemplo ganaría dos etapas en el Tour más el maillot verde, muesca de su control.

Aquel equipo tuvo un hito muy singular, el éxito del excelente prologuista holandés, Jelle Nidjam en la crono de Berlín, el prólogo del Tour, en tiempos en los que el muro ya empezaba a verse como un objeto de anticuario, obsoleto y triste recuerdo de un pasado no tan lejano. Al día siguiente de ganar Nidjam, repetiría éxito Nico Verhoeven y a unos cuantos dias el alemán Ron Golz, que a inicio de campaña ya habia ganado la Vuelta a Andalucia.

Aquel Superconflex dejon un legado que visto hoy es toda una innovacion que entonces pasó algo inadvertida. Entre la indumentaria que utilizaron tenían un chubasquero naranja hecho del material que hoy Gore Bike Wear divulga entre muchos ciclistas, un material cómodo y auténticamente pionero, que da al ciclista la mejor protección sin que ello le implique agobios ni malos ratos, que la bici ya hace sufrir bastante…

#BonjourTour etapa 11

Jornada sobre el papel intrascendente, aunque en el Tour hablar de ello en terrenos que pueden ser condicionados al viento es arriesgado. 164 kilómetros que si los equipos de los velocistas son capaces de contener podrían acabar en un bello sprint, en una edición que durante la primera semana nos ha dejado extraordinarios ejemplos de esta espectacular disciplina. Por lo demás, seguro que algún favorito correrá con la mente un poco más allá, en las despobladas carreteras que conducen al Ventoux.

El lugar

El Tour circulará paralelo a una de sus grandes atracciones turísticas, en Canal de Midi, el ejemplo más obvio de cuán desarrollado está el turismo fluvial en Francia. La carrera sale desde las emblemáticas murallas de Carcasone y recorrerá el Langedoc para llegar a Montpellier, una ciudad de pequeño entramado medieval que acomoda una de las universidades más antiguas del mundo, en sus aulas estudio un tal Petrarca, una de las personas que describió las singularidades del Mont Ventoux.

13 de julio de 1980

El mejor ciclista holandés de la historia Joop Zoetemelk fue uno de los competidores más singulares de la historia cuyos problemas personales, que rara vez han transcendido, le empujaron a que el ciclismo fuera su válvula de escape, quizá por ello fuera tan longevo.

La edición de 1980 del Tour le estaba siendo, después de muchos puestos de honor, por fin proclive. Lideraba la general antes de la primera jornada alpina que aterrizaba en Pra Loup, el sitio que se había hecho famoso por la caída de Eddy Merckx en manos de Thévenet, años antes. Sin Hinault y sin italianos, las cosas rodaban bien para Zoetemelk, quien en Pra Loup sufre un accidente al caerse tirado por su compañero Van de Velde, dando alas a los detractores del ciclista neerlandés.

Nunca ganará el Tour” sondeaban los medios, cuando Zoetemelk, como embebido, empieza a remontar los rivales que quedaron por delante. Kuiper cede y Agostinho, curiosamente, también se cae. El viejo Joop salvaba su peor escollo hacia el Tour que acabaría ganando a las puertas de los 34 años.

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Somiedo- Ventana- San Lorenzo- La Farrapona

#ChampsElysées Hinault, “le patron”

En su libro de Etape, Richard Moore describe, en un pasaje, muy fidedignamente quién fue y cómo fue Bernard Hinault. El tipo educado que veis a la izquierda del podio, presentado las autoridades del lugar a los ciclistas, fue, en su época de ciclista, Stalin, Hitler y Julio César en la misma persona”, un tipo con un carácter indómito, que ya desde tierna infancia buscó su suerte y acabó siendo, treinta años después, el único ciclista que se puede medir con Eddy Merckx en cantidad y calidad de palmarés.

#DiaD 22 de julio de 1979

Bernard Hinault, en amarillo, por París, todo hecho, la carrera ganada, el Tour en el bolsillo, pero no había suficiente. Presto a entrar en la historia el bretón atacó en el corazón de la ciudad de la luz. A su rueda, a duras penas, el segundo en la general, Joop Zoetemelk, le siguió para llegar ambos con dos minuticos sobre un pelotón conducido por la impotencia de Dietrich Thurau y Lucien Van Impe.

El viejo Joop solicitó ganar la etapa e Hinault lo miró incrédulo: “En los Campos Elíseos no hay regalos.  A los tres años, el tejón volvió a ganar, esta vez por delante de velocistas como Adri Van der Poel y Rudy Pevenage. Quiso demostrar quién era “le patrón”.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

El eterno idilio holandés con el ciclismo

Los Países Bajos, de un tiempo a esta parte, es una nación que se ha puesto de moda en la esfera del pedal. Así, las pruebas más representativas  de de nuestro ciclismo, concretamente a las carreras por etapas de largo kilometraje como son el Giro, la Vuelta y el Tour, han iniciado sus rondas ciclistas en la fructífera tierra de los tulipanes, en donde, dicho sea de paso, existe una floreciente afición por el ciclismo. Se da la circunstancia de que siempre me he sentido muy vinculado a este país en el que imperan las llanuras y que tuve oportunidad de conocer muy a fondo, especialmente en lo que concierne a la industria petroquímica.

Los números cantan

Podemos leer en cualquier compendio estadístico que en los Países Bajos, en donde  viven 16,5 millones de habitantes, diseminados en una superficie ni mucho menos extensa, que gira en torno a una amplitud de 32.470 kilómetros cuadrados, lo cual supone una densidad de población del orden de 508 habitantes por kilómetro cuadrado. Se puede afirmar que la bicicleta es la que acapara todo el empuje de la nación. Es un reino que reúne más o menos 18 millones de bicicletas repartidas por doquier. Se calcula que un 84% de su población, de sus habitantes, posee bicicleta para su utilidad y usos casi necesarios.

Aprovechamos la proximidad, para hablaros de la celeste belga, el modelo de Bioracer que triunfa cada año y sobretodo en invierno

El valerse de las dos ruedas, en fin, constituye el medio de locomoción  más común e indispensable para desplazarse de un lugar a otro, sea para trasladarse directamente a su lugar de trabajo o bien a la estación de ferrocarril más cercana que le permita a continuación desplazarse a la fábrica o empresa en donde presta sus servicios, tanto de ida como de retorno a su domicilio. A todo lo dicho este vehículo mecánico sirve también para pasearse y practicar activamente el deporte tradicional y favorito de los holandeses. Las gentes en su mayoría se valen de este artilugio para circular abiertamente con evidente facilidad siempre bajo el amparo fructífero de la  red amplia de calzadas o carriles con que cuenta. Se cruzan ciudades, pequeños pueblos  y extensos campos o planicies colindantes sin causar distorsión alguna. La citada red cubre en más o en menos cerca de quince mil kilómetros habilitados para este fin.

Otro deporte rey

Por otra parte, en los Países Bajos predomina el terreno más bien plano como la palma de la mano, lo cual supone una facilidad más para pedalear sin tener que realizar contundentes esfuerzos. Las condiciones climatológicas, sin embargo y en algunas ocasiones, no son las más idóneas. Algunas veces predomina el mal tiempos y en otras sopla un viento un tanto acuciante y hasta comprometedor que aunque molesto sus habitantes soportan con  naturalidad casi por  costumbre. Cabe recalcar que la única especialidad que le puede hacer sombra es el patinaje sobre hielo, aliciente maravilloso en la época invernal cuando los canales suelen helarse y las gentes acuden a ellos para patinar con no poco entusiasmo.

El holandés Joop Zoetemelk, vencedor de la clásica holandesa Amstel Gold Race (1987) entre otras varias clásicas, y que con anterioridad, hay que mencionarlo, cuenta en su historial el haberse adjudicado el Tour de Francia (1980) y la Vuelta a España (1979), y haber sido campeón del mundo de fondo en carretera (1985), celebrado en tierras italianas, región del Veneto, en la localidad de Giavera del Martello, nos manifestaba dada nuestra amistad en cierta ocasión: “En nuestro país, todo el mundo, nuestra gente, tiene una bicicleta y un carril-bici delante de la puerta de su casa. Más facilidades no caben”.

Relación con el Tour de Francia

Quisiéramos recordar que fue en el año 1954, cuando el Tour de Francia se puso en marcha por vez primera en Holanda, el país de los tulipanes, lo que significó un apoteósico acontecimiento que se vivió concretamente en la ciudad de Amsterdam. Hubo, aquel día, final de etapa en territorio belga, concretamente en localidad de Brasschaat, tras recorrer 216 kilómetros, imponiéndose el holandés Wout Wagtmans, un ciclista que fue muy popular en su tiempo. No pocos de los que nos leen se preguntarán si hubo otras veces en la cual la ronda francesa iniciara su primer capítulo en este país que hoy nos ocupa.

Efectivamente, en el año 1973, la caravana multicolor ciclista inició su periplo de nuevo en la ciudad costera de Scheveningen, un punto veraniego de la alta sociedad, lindante a la costa del mar del Norte, con una individual de contrarreloj, que fue a manos del holandés Joop Zoetemelk ante el entusiasmo desbordado de su público. Siguieron las ciudades de Leiden (1978), centro universitario, con triunfo del ciclista regional Jan Raas; Hertogenbosch  (1996), con victoria del suizo Alex Zulle, y finalmente en Róterdam (2010), que posee el puerto internacional más importante de Europa, con victoria de otro suizo: Fabian Cancellara.

La conclusión final, simple anécdota, es que el Tour de Francia ha registrado cinco comienzos en tierras holandesas, lo cual no deja de ser un dato de interés para los que se sienten atraídos por los datos estadísticos. Hacer hincapié que en la próxima edición del Tour, la ronda francesa volverá a ponerse en marcha por sexta vez en tierras de Holanda, concretamente en la ciudad polifacética de Utrecht, que luce de su Universidad con Observatorio y de la monumental Catedral gótica de San Martín.

Por  Gerardo Fuster

P.D.-En el documento gráfico que acompaña el presente reportaje, figura el autor Gerardo Fuster, con su inseparable bicicleta “Coppi”, en la localidad holandesa de Volendam. La fotografía data de otros tiempos.