Ponte un reto y pedalea

El próximo domingo Jordi volverá a Montserrat. El próximo domingo es la Diada de la Montserratina, un acto de abolengo dentro del ciclismo catalán que significa el momento de bendición de la “Moreneta” al grueso de aficionados al deporte más bello del mundo.

Este domingo Jordi volverá a Montserrat con un regusto especial. Acaba de concluir su singular aventura de 100 subidas a la montaña serrada en el periodo de unos cuatro meses. Parece una locura, algunos dirán que carece de sentido, pero hablando con Jordi, sí, mi amigo Jordi Escursell, te das cuenta de cuán bien puede hacer la bicicleta a una persona, como le puede mejorar en todos los aspectos e incluso “afilar” otros más visibles.

Desde tiempos inmemoriales, Jordi siempre me decía que quería coger cadencia sobre la bicicleta, que se veía pesado, que quería ser aquel danzarín que años a subía entre los mejores del pelotón amateur catalán. Agobiado por el trabajo, es el mejor operador de cámara que conozco, mirad todas, el 100% de las imágenes de la Titan Desert, entre otras, y lo comprobaréis, con un pesimismo casi intrínseco, Jordi era una persona que se hacía querer al final de todo.

Un día sin hacer mucho ruido se puso un reto. Ir cien veces a Montserrat. En un principio quería que fuera de forma seguida, sin interrupción, casi lo logra, pero menesteres laborales y familiales incluyeron algún paréntesis en la singladura, pero déjate, que lo ha hecho en un dignísimo periodo de tiempo, con una moral a prueba de bomba y una progresión que no muchos seríamos capaces de sostener.

Cada mañana, con los primeros rayos de sol, arriba, y ruta desde su Terrassa natal hacia Montserrat por la ruta menos frecuentada por los coches. Llegaba al pie de la basílica en el momento que abrían las ferias del lugar y decidió homenajearse con un “mel i mató”, un postre de queso fresco con miel que resucita el cuerpo más castigado.

Colgó un día su travesía en su muro de facebook y anunció su objetivo. Empezó a amasar “likes”, su popularidad creció y raro era el día que no le contactaba alguien para apretarse un “mel i mató” con él en la montaña más emblemática de Catalunya. Con mejores días, con sensaciones siempre en mejora, nunca con lluvia, y casi siempre a primerísima hora de la mañana, evitándose los colapsos de autocares hacia la basílica, Jordi fue haciendo camino.

Hoy cuenta su hazaña. Se le ve, se le escucha, y lo digo de corazón, mucho más fresco, optimista y sonriente. Narra su experiencia con una mezcla de orgullo y sorpresa, y luce un tipín dieciséis kilos más ligero. Jordi se puso un reto y pedaleó. Ahora saborea el resultado…