Permitidmos ponernos nostálgicos

Nos cuenta Oscar Cudeiro, autor del libro sobre “El Tarangu”, que la Vuelta a Asturias de 1975 tuvo excelente participación con José Manuel Fuente, el mentado “Tarangu”, Luis Ocaña, González Linares y Miguel María Lasa como ciclistas más destacados. Había expectación por apreciar la recuperación del «Tarangu» de cara al Tour de Francia, sobre todo después de su mala actuación en la Vuelta a España.

Había dado muestras de mejoría en la subida ciclista a Enol, donde había ganado el sector en línea de la subida, pero debía ratificarse ante rivales de mayor entidad. La tercera etapa con final en Brañillin, la sexta con final en el Naranco y la séptima con sus dos sectores, el primero con el Fito y el segundo en modalidad contrarreloj debían ser los jueces de la carrera.

En Brañillín se vio una fantástica etapa, con ataques en la subida al Pajares que rompieron el pelotón. El “Tarangu” de sus mejores días reventó la carrera en sucesivos ataques. En el penúltimo kilómetro descolgó a Ocaña y en el último, a 200 metros de la cima de Pajares, se deshizo de su único acompañante, Lasa, quien le daría caza en la bajada que une el final de Pajares con el inicio del Brañillín y acabaría por llevarse la etapa con un segundo sobre el ídolo astur y 1:05 sobre Gandarias , tercero. Ocaña llegó quinto a 1:21 de Lasa. La general quedaba de igual manera.

Lasa dejaba casi sentenciada la vuelta en la etapa del Naranco. Ese día el que falló en la última ascensión fue el “Tarangu” que se dejó 1:28 en la meta, quedando muy lejos de los otros favoritos. Ocaña fue segundo a siete segundos de Lasa y en el mismo tiempo que Jesús Manzaneque. En la general Lasa era primero con Fuente segundo a 1:29 y Ocaña 3º a 1:30 Ocaña pasó al ataque camino de la meta de Cangas de Onís. Primero Balagué puso un ritmo muy duro en el Fito y sorpresa, se queda Fuente.

El «Tarangu» sufrió uno de sus típicos hundimientos y se dejó en meta más de siete minutos, perdía todas sus opciones de victoria y de podio. Ocaña atacó a Lasa, pero este respondió muy bien a todas las embestidas. En Cangas de Onis ganó Lasa con Ocaña en el mismo tiempo y Manzaneque, sensacional, a 21 segundos. El segundo sector de esta etapa fue una crono entre Covadonga y Arriondas en la que se impuso González Linares. Lasa, sexto, aventajó a Ocaña en 25 segundos. Ocaña perdió su segundo puesto en la general debido a su retraso sobre Linares de 1:44, seguramente acusó el esfuerzo de los ataques de la mañana.

En la general final primero Lasa, segundo Linares a 1:06 y tercero Ocaña a 1:55 Una gran vuelta.

Este breve relato de Oscar es de aquella Vuelta de hace 42 años por Asturias, una carrera que en el presente ha dado a conocer su perfil para el puente del primero de mayo y que espera tener una buena participación. Nos llamó mucho el cartel que Oscar colgó en el grupo de “Asturias en el ciclismo” porque daba la medida de lo que el ciclismo podía mover y generar, incluso en el calendario de pequeñas vueltas.

La sola caricatura de dos rivales enconados como Fuente y Ocaña, el Ocaña del Super Ser, que no era el del Bic, ya anunciaba el espectáculo que al final se vio, demostrando eso que muchas veces nos invade en este mal anillado cuaderno, la nostalgia y eso de los tiempos pasados. El cartel es una pasada. Qué diferente cuando una carrera como Asturias era una guerra sin cuartel de los grandes nombres y ahora parece que se haga por el empeño de unos cuantos que sencillamente dejan años de salud en su empresa.

¿Qué cabría hacer para que el ciclismo vuelva a ser lo que llegó a ser?

Entre Fuente y Ocaña, sólo podía quedar uno

Las rivalidades que unieron y separaron España tuvieron varios episodios y uno que fue especialmente enfermizo. En la España de los setenta no había sitio para dos egos del tamaño de Luis Ocaña y José Manuel Fuente, dos ciclistas cuya voluntad doblegaba cualquier cosa y nunca supieron eso de economizar y guardar un as en la manga.

#DiaD 11 de mayo de 1974

Fuente, el “Tarangu”, tenía la Vuelta medio ganada. A escasos días de que la carrera aterrizara en San Sebastian, el corredor y su equipo, el mítico Kas, se veían ganadores en la ciudad donostiarra. Ocaña, en cambio, iba cuarto y con escasas opciones de remontar la situación. Ello no fue óbice para que el consuenes intentara un último cartucho.

En descenso de Eibar Ocaña puso a prueba las leyes de la gravedad, como él le gustaba. Fuente, sin necesidad de tomar riesgos, aceptó el reto. Su vista en la general se nubló. El líder de la carrera no quería un sesgo de duda en su tremenda ventaja. Los riesgos, en cambio, fueron muchos. En una curva hacia la fabril ciudad guipuzcoana, Fuente se cae y Ocaña lo esquiva.

Alarma, nadie da crédito. El asturiano, vestido de amarillo, color furia, tenía su Vuelta pendida de un hilo, más cuando Tamames, Lasa, Agostinho y otros pululaban por el lugar. Ni corto ni perezoso, Ocaña frena en seco, desanda en trecho y recoge a Fuente del suelo. La etapa la gana Tamames. Ocaña quema su última baza no sin echar pestes de la afición del lugar, que a su juicio empujó, llevó en volandas, en la postrera subida a Arrate.

Poco después, Fuente ganaba la Vuelta, la segunda de su cuenta, con escaso margen, sólo once segundos antes que Agostinho, el durísimo ciclista luso. Del gesto de Ocaña hacia Eibar se habló mucho esa Vuelta y contrariamente a lo previsible, enfrío y alejó a los dos ases.

Imagen tomada de www.pedrodelgado.com

Formigal es José Manuel Fuente

Joan Plans fue una de las plumas más destacadas del ciclismo español en los años centrales del pasado siglo. Acuñó el ciclismo en el decano de la prensa deportiva, El Mundo Deportivo. Pero sus crónicas rebosantes de sapiencia tuvieron truco, antes fue ciclista, sí, de pista y carretera. No en vano fue ocho veces campeón de España de velocidad.

 

Su crónica del día 10 de mayo de 1972 se iniciaba así:

 

“Lo que no hacen los hombres por su propia voluntad, lo hacen las montañas. Hoy hemos visto una etapa casi entera de gran ciclismo, de aquel, ciclismo que sólo obedece a las propias fuerzas de cada hombre y a la voluntad que se pone en la lucha. Cridas a esto, tenemos un nuevo e Inesperado líder”

 

Ese día no hubo matices. Se hundieron todos los favoritos ¿todos? No, todos no. Hubo uno, raza, coraje y talento, que emergió. José Manuel Fuente, el Tarangu, el visceral escalador asturiano dio un nombre a Formigal. Ubicó el enclave aragonés en el mapa. La última cima pirenaica de esta Vuelta guarda una historia muy profunda,

Domingo Perurera dominaba la Vuelta de 1972. Llegaba la gran jornada pirenaica. En el Mon Repos se arma. Pepe Grande ataca, Fuente a su rueda. Colaboran juntos, mientras los compañeros del asturiano por detrás duermen la carrera en un sueño amarillo, por que todo es amarillo, el líder Perurena, pero también sus compañeros  Lasa, Pesarrodona y González Linares.

Pero el día tiene un tipo desenfrenado. Fuente vuela solo antes de coronar Mon Repos. Grande cede por la cima minuto y medio, más allá de los cinco minutos pasa el pelotón. La subida a Formigal asiste a la mejor jornada del Tarangu en la etapa que su ímpetu casó con la estrategia en un todo perfecto. Fuente no percibe el cansancio y en la cima sentencia la Vuelta a España de 1972 a cinco días de la conclusión en Donosti.

Al campeón le llueven los elogios, el calor popular, las rotativas y una buena cantidad de dinero. Se embolsa en una jornada 36.000 pesetas de las entonces desglosadas en 15.000 por ganar la etapa más 8.000 por cada puerto que corona en cabeza y migajas recogidas en metas volantes y demás.

Sí, el día que la Vuelta vuelve a Forgmigal, no lo hace desde 1977 con la inverosímil victoria de Freddy Maertens, no nos cabía otro nombre que el de Fuente. Y esta ha sido nuestra muesca.

Aquí tenéis un bello vídeo de aquel día.

Las plazas españolas en la gran corsa rosa

El Giro es esa carrera de color de rosa para quien la gana que pasa por escenarios tan espectaculares como los canales de Venecia, que se introduce en el corazón del Vaticano, pero que se decide en los preciosos Dolomitas, un rincón alpino entre Italia, Austria y Eslovenia. Un gran acontecimiento ciclista que sólo tres  veces ha sido español. De la primera vez han pasado nada menos que 21 años, con una gesta firmada por Miguel Indurain que repitió al año y que hasta Alberto Contador hace cinco ediciones no se repitió. En más de 100 de existencia de la carrera Miguel y Alberto son los únicos baluartes hispanos en esta plaza italiana en la que tantas batallas libraron nuestros antepasados.

En un segundo escalón se sitúa un póquer de corredores formado por José Manuel Fuente, Francisco Galdós, Abraham Olano y José Enrique Gutiérrez más David Arroyo y Joaquim Rodríguez, a quienes omití involuntariamente. Ellos son los acreedores de una posición de plata. Sus actuaciones fueron importantes, pero el azar les hizo coincidir con algunos de los nombres más importantes de esta prueba. En 2006, por ejemplo, José Enrique Gutiérrez firmó su madurez deportiva en una carrera durísima aunque se le cruzó Ivan Basso. Fuente enganchó a la afición italiana, ávida de ciclistas que arrojaran valentía, pero no pudo con Eddy Merckx. Paco Galdós se quedó a 42 segundos de la maglia que vistió Fausto Bertoglio, a pesar del triunfo parcial del alavés en un epílogo con sede en el Stelvio. En 2001, el concienzudo Abraham Olano poco o nada pudo hacer ante Gilberto Simoni. Y como Galdós tras Fuente en 1972, Unai Osa acabó tercero tras Olano formando dos podios de mayoría hispana.

Cinco años antes el guipuzcoano ya había sido podio en el Giro, tras Tonkov y Zaina en una edición que corrió con el maillot arco-iris. Como el propio Olano, y también como Unai Osa, Antonio Suárez y Alberto Fernández también pisaron el tercer peldaño del cajón italiano. Anteriormente un catalán de Montcada i Reixac había logrado arrastrar masas en Italia con los colores del equipo de Girardengo, primero, y la Ignis a la postre. Miquel Poblet no ganó el Giro, ni quiera pisó el cajón, pero concluyó tres veces sexto y ganó veinte etapas que le sitúan entre los laureados, entre nombres como Olmo, Bitossi, Coppi y De Vlaeminck. Fue por eso Bernardo Ruiz en Frascati durante la edición de 1955 quien firmó el primer triunfo español.

Para la edición presente el ciclismo hispano confía en las sensaciones del impredecible Samuel Sánchez. El asturiano arroja un buen balance en grandes vueltas si bien su experiencia en el Giro es escasa. Las particularidades de la corsa rosa, añadidas al nivel de los rivales hacen pensar que si Samu gana una etapa podría ser un premio que colmara las aspiraciones de este ciclista. En ese mismo nivel de objetivo se sitúa Beñat Intxausti, quien el año pasado rodara ya cerca de la victoria. Entre el asturiano y vasco posiblemente copan las mejores opciones españolas para el Giro que arranca en menos de 48 horas.

Foto tomada de www.elmundo.es

Filias y fobias históricas del ciclismo español (I)

Finalizadas las clásicas, a puertas de la primera grande del año, el Giro de Italia, y con Romandía rodando, quería recuperar en dos entregas este artículo de los logros del ciclismo español y aquellos foros que se le resisten, como es el caso de las dos grandes clásicas adoquinadas. En este primer capítulo repasamos vueltas por etapas y campeonatos del mundo.

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Década de los 50. Años en los que la España de la época dura de la dictadura generaba su debate favorito entorno a dos de los grandes ciclistas de nuestra historia. Unos apostaban por Bahamontes, los otros querían a Loroño. Entre el toledano y vizcaíno, ese país recuperándose de las heridas de una tremenda guerra encontraba distracción ante males mayores e imponderables. En esa España, como en la de ahora, aunque no en la misma medida, interesaban principalmente las grandes vueltas. En el ocaso del citado decenio, el águila toledana ganó el primer Tour de Francia. Hablamos de la edición de 1959. Ese año el ciclismo español se graduaba entre las grandes potencias. Y lo hacía en el único foro donde las podía igualar, en el terreno de las tres semanas y 21 etapas.

Antes de la victoria de Bahamontes en Francia, ya se contaban algunos podios en la más grande de las carreras, e incluso se había probado el sabor de los laureles en la Vuelta a España, como buenos anfitriones. Sin embargo, en esos tiempos, un aislado halo de modernidad recorrió nuestro pelotón cuando en un par de ocasiones, Miquel Poblet hacía historia ganando la Milán- San Remo de los años 57 y 59. La causa del catalán respondía a cánones excepcionales para el ciclista español de la época. Enrolado en un equipo italiano, el sprinter de Montcada surcó de cierta originalidad la evolución del ciclismo español. A sus éxitos en San Remo, unía otros hitos, como ganar numerosas etapas en el Giro o pisar el podio de Roubaix. Antes de él nadie lo había hecho y pasarían muchos años para ver algo igual.

Pequeñas y grandes vueltas, territorio amigo

El ciclismo nacional no tardó en probar los laureles en la grande de casa. En la Vuelta, con tres de sus ediciones consumidas, llegó el primer éxito de los anfitriones por medio de Julián Berrendero en 1941. Luego vendrían los éxitos de los hermanos Rodríguez, Delio y Emilio, Langarica, Ruiz,…. En el Tour de Francia, Bahamontes ganó al medio siglo de historia. No ha ocurrido lo mismo en el Giro de Italia. A pesar de los memorables momentos ofrecidos por personajes casados con el espectáculo, como el caso de José Manuel Fuente, se tardó la friolera de 83 años en ganarlo. En la olímpica edición de 1992 Miguel Indurain puso cerco a tal maleficio. Un año después repetiría.

Realizando un repaso a las principales carreras por etapas, salvado el capítulo de grandes vueltas, una vez más Miguel Indurain marca puntos de inflexión. En la París- Niza de 1989, mismo año en el que ganó el Criterium Internacional, el navarro sería el primer español en hacerse con el triunfo toda vez se habían quemado unas 60 ediciones. No ocurrió lo mismo en la Tirreno que hasta 1991 no se la llevó para España Hermino Díaz Zabala, aunque con sólo 25 ediciones desde su inicio. En la tradicional previa del Giro, el Tour de Romandía, a pesar de un podio de Bahamontes, allá por el 63, la primera victoria española la lograría Francisco Galdós en 1975. Un par de años antes, José Manuel Fuente zanjó la sequía en la Vuelta a Suiza, mientras que en su gemela alpina, la Dauphiné, Valetín Uriona halló fortuna en 1964, a los 17 años de su creación.

Esta revista repaso incluye carreras modernas por mucho que ofrezcan no ofrecen la perspectiva histórica de otras. A las tres ediciones el Eneco Tour ya estuvo en manos de un cántabro, Iván Gutiérrez. El Tour Dowm Under vio el éxito de Mikel Astarloza en 2003 con cinco ediciones a sus espaldas. En la Vuelta a Alemania, una de las carreras más antiguas del calendario internacional, a pesar de ser pocos quienes lo saben, tuvo a David Plaza como ganador en 2000, es decir casi 90 años después de su inicio. No se contemplan ni éxitos ni podios españoles en la Vuelta a Polonia, ni en carreras de la representatividad de los Cuatro Días de Dunkerque y Tres Días de La Panne, pruebas que vistas sus afinidades con las clásicas adoquinadas, han sido tradicionalmente ajenas a los calendarios de los nuestros.

 

Extracto de un artículo publicado en Ciclismo en Ruta