¿Por qué José María García fue muy bueno para el ciclismo?

Jose Maria Garcia JoanSeguidor

El ciclismo era un deporte de masas con José María García

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Para mí José María García era el líder indiscutible de la Vuelta. Con García, la carrera española vivió su época dorada. El seguimiento mediático era espectacular y las salas de prensa se quedaban pequeñas para albergar a tan alto número de profesionales de la comunicación. Primero en la modélica ANTENA3-RADIO y posteriormente en la CADENA COPE y en ONDA CERO, José María y su numeroso equipo se volcaban con la Vuelta. Nadie informaba tantas horas de la carrera, desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la madrugada. El esfuerzo era grande, pero la recompensa no tenía precio.  Tuve el privilegio de formar parte del equipo de García durante 11 ediciones de la Vuelta y debo reconocer que el ciclismo me lo ha dado casi todo.

Esto nos escribió nuestro amigo José Manuel Oliván hace unos años.

Él formó parte de la comitiva que José María García desembarcaba en cada edición de la Vuelta, él estuvo también en el Giro, con jugosas anécdotas con Luis Ocaña, y en los Tours de Miguel Indurain.

Leemos que José María García recibió el premio de honor, de manos de Miguel Indurain, en la gala de #MejorBici2019 que organiza Ciclismo a Fondo.

Se ha hecho justicia.

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Hoy es menos problemático decirlo abiertamente: José María García fue lo mejor que le pasó al ciclismo, en mucho tiempo.

No era el más entendido, ni de lejos, no era el más preciso, hemos estado viendo una etapa del primer Tour de Miguel Indurain, impagable con sus comentarios y los de Javier Ares desde Francia, y podemos dar fe de la cantidad de erratas que se detectan en su narración.

Claro que lo vemos ahora, casi treinta años después.

No era el más imparcial, a Perico lo puso a los pies de los caballos en la Vuelta que omitió para preparar el Tour que acabaría ganando.

No era el más ortodoxo.

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Pero metía el ciclismo en los hogares, con una cantinela única, con una omnipresencia perenne, desde primera hora de la mañana hasta la medianoche.

El ciclismo era importante con José María García

Negar eso sería negar la mayor, como el desembarco de gente que hacía de la Vuelta un lugar más cotizado que las bandas de muchos estadios de fútbol.

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Esa cantinela, esos «top» en las cronos, esas conversaciones del Rey con Indurain, hilo directo con el centro del universo.

El ciclismo nunca tuvo tan alta la autoestima, con todas las miserias, que visto ahora, seguro tenía y tiene.

Hacía de una contrarreloj un espectáculo radiofónico, una arquitectura de música, conexiones, invitados, gente esparcida por el recorrido e hilo directo con los directores.

Aquello ya no volverá.

Por eso creemos que el premio de Ciclismo a Fondo se justifica por el propio peso de los hechos, aunque llegue tarde.

Evocar a José María García es evocar esos tiempos en los que el ciclismo se veía por la tele, pero se escuchaba por la radio, porque entre otras cosas imagen y sonido iban al unísono.

Imagen de Eduardo Chozas

“Vive la Vuelta con José María García”

Todo listo. José María García y su equipo. Por delante del pelotón En Antena 3. En helicóptero para captar cada instante. Con coches de seguimiento, motos y un estudio móvil de 16 metros. Siga la Vuelta ciclista de 1989 al detalle”. Así rezaba la publicidad de la presencia de José María García en la Vuelta a España hace 25 años.

Para mí José María García era el líder indiscutible de la Vuelta. Con García, la carrera española vivió su época dorada. El seguimiento mediático era espectacular y las salas de prensa se quedaban pequeñas para albergar a tan alto número de profesionales de la comunicación. Primero en la modélica ANTENA3-RADIO y posteriormente en la CADENA COPE y en ONDA CERO, José María y su numeroso equipo se volcaban con la Vuelta. Nadie informaba tantas horas de la carrera, desde primera hora de la mañana hasta bien entrada la madrugada. El esfuerzo era grande, pero la recompensa no tenía precio.  Tuve el privilegio de formar parte del equipo de García durante 11 ediciones de la Vuelta y debo reconocer que el ciclismo me lo ha dado casi todo. Durante esos años conocí a gente maravillosa, como los que dan pedales, los directores, auxiliares, miembros de la organización y demás responsables.

Desconozco lo que ocurre ahora, pero aquel ciclismo era muy cercano, la relación resultaba muy fluida con los equipos, lo cual no impedía ser críticos e independientes siempre que la situación lo requería. Evidentemente, unos lo aceptaban con resignación y otros pedían explicaciones al día siguiente, casi siempre de forma educada y respetuosa. García es el mejor periodista deportivo que ha existido, un visionario que revolucionó y transformó el mundo de la radio, tanto a nivel informativo como técnico. Siempre era el primero en tirar del carro. Su capacidad de trabajo era inmensa. El primero en levantarse,  el último en acostarse. Su respeto por el ciclismo era total. De hecho, durante el resto de la temporada, jamás abandonaba los estudios de la emisora para dirigir la información de un evento deportivo.

El ciclismo y la Vuelta eran la única excepción. Vivía día y noche para la carrera. En pleno desayuno ya planificaba la jornada, los protagonistas más interesantes, hablaba con los directores,  con los ciclistas y distribuía el trabajo a su gente. La perfecta coordinación del numeroso equipo y tantos años juntos, nos hacía funcionar sin necesidad de demasiadas reuniones. Las justas y necesarias. Las previas a las cronos, que resultaban ser días muy complicados,  y poca cosa más.

Confiaba ciegamente en su gente y cada cual buscaba la información a través de sus fuentes, que luego se plasmaban en antena. Siempre he pensado que a García nadie le regaló nada. Era el mejor por una razón muy simple: trabajaba más horas que nadie. Se preocupaba mucho del equipo, quería los mejores hoteles, los mejores coches y motos y  una uniformidad perfecta. No regateaba esfuerzos y nos sentíamos muy  valorados en todos los sentidos. El grupo lo formábamos 23 personas, entre informadores, técnicos, productores, conductores y personal del espectacular helicóptero que servía como enlace para las conexiones en carrera. En aquellos años, la telefonía móvil acababa de nacer y la cobertura no tenía nada que ver con la actual. Recuerdo conexiones desde los lugares más recónditos, con niebla e incluso con nieve, en aquellas vueltas del mes de abril-mayo.

Luego, en septiembre, la climatología resultaba bastante más benigna. García te lo daba todo, pero luego exigía  perfección. Quería conexiones impecables, tanto a nivel técnico como informativo. No se podía escapar una noticia, vivías 18 horas para la carrera y apenas descansabas 4-5 horas diarias. Las conexiones eran todo un espectáculo, con dos unidades móviles en carrera, dos motos, un helicóptero de enlace, tres comentaristas de primer nivel, reporteros, narradores, técnicos, productores, chóferes, hasta completar un grupo de 23 personas.

Los directores seguían la carrera por la radio de García. Tenían toda la información que necesitaban y, además, intervenían en antena a través de equipos de transmisión conectados en sus propios coches. Era la “rueda de directores”. Cuando un ciclista importante abandonaba la carrera, al minuto estaba en antena. Recuerdo la caída de mi amigo Fernando Escartín en el descenso del Cordal, bajo una intensa lluvia, camino del Angliru. El ciclista de Biescas se casaba a los pocos días y, desde la camilla de la ambulancia, camino del hospital de Mieres,  con fractura de varias costillas y con un neumotórax, tuvo los arrestos de manifestar  en directo, con un hilo de voz que “la familia y todo el mundo esté tranquilo, que la boda no se aplaza…”

Miguel Indurain,- Don Miguel, para García-, Abraham Olano, El Chava Jiménez, Roberto Heras, Fernando Escartín, Jalabert, Manolo Sainz, Belda, Míngez, Peru, Echávarri, Unzúe, Juan Fernández, Rafita Carrasco… nadie tenía un no para García. Incluso  eran habituales las conexiones con el Rey Juan Carlos o con el presidente del gobierno, dialogando y felicitando a Miguel Indurain cuando el navarro iba acumulando Tours de Francia. Una vez acabada la etapa, mi teléfono móvil recibía la llamada de García: “Oli, esta noche no puede fallar Miguel. Le quiero a las 12 en punto. Le felicitará el Rey, en directo”  Y allí nos teníais,  en el restaurante parisino de turno, gateando en plena cena, camino de la mesa del ciclista navarro, adelantándonos a la dura competencia para que José María anunciara:  “Majestad, le escucha Don Miguel Indurain…” Había llegado el momento de respirar tranquilo y soltar la tensión después de tres intensas semanas de lucha diaria. A partir de entonces, la única meta era disfrutar de la glamurosa noche parisina. Tras el programa, el jefe volvía a llamar para felicitar por el buen trabajo.

José María profesaba auténtica devoción por los ciclistas, su profesionalidad y la dureza  con la que afrontaban aquellas carreras: a los líderes por su humildad  y cercanía, a los gregarios por su fidelidad.  Recuerdo aquella acertada expresión de  “jornaleros de la gloria”.  Trabajábamos con un extraordinario volumen de publicidad, todo estaba patrocinado. Una de las cuestiones que recuerdo del jefe es que escasamente comía, para el volumen de trabajo que desempeñaba. Y cuando comía o cenaba, no estaba más de cinco minutos sentado, puro nervio. Dos huevos fritos y cerveza con hielo. Tras la etapa, al llegar al hotel, nunca podía faltar la sesión de running, junto a Javier Moracho y otros amigos. Una horita para desconectar y practicar deporte. Claro que no siempre se podía. Porque en días de fútbol, lo de García era una maratón radiofónica.

Estaba en directo desde las diez de la mañana, con  los boletines informativos. Luego, el  final de etapa, que acostumbraba a ir de tres a seis de la tarde. Tras las entrevistas en la zona de meta, una moto aguardaba para trasladarle al hotel, rápida ducha y nuevamente ante el micro para dirigir el “Tiempo de Juego”, hasta las once de la noche. Luego, rápido tentempié y a arrancar la edición diaria de  “SUPERGARCIA”, con las señales horarias de la medianoche y hasta las 2 de la madrugada en antena.

Su ritmo de trabajo era brutal, con una privilegiada agilidad mental. Todo un número uno en el trabajo, el mejor periodista que he conocido y un genio de la radio. En el capítulo deportivo lo inventó casi todo. En el fútbol,  las entrevistas a pie de campo. En ciclismo, las conexiones en directo desde coches, motos, el poder escuchar a los ciclistas hablando a través de los famosos “pinganillos”. Un espectáculo.  La Vuelta tenía un ciclista líder en la  carretera y otro en la información. El ciclismo español  y La Vuelta le deben mucho a José María. Desde su adiós, el ciclismo ha perdido fuerza e influencia mediática.

Por José Manuel Oliván, RadioMarca

Foto tomada de forodeciclismo.mforos.com

José Ramón de la Morena y su curiosa relación con el ciclismo

José Ramón de la Morena. Curioso personaje. «Herciano» desde su creación como figurín de lo social. Entremés de medianoche para “Supergarcía” durante años, se creció hasta el cielo cuando logró derrotarle con idénticos métodos que denunciaba del bajito locutor que vestía colores butano.

De la Morena con el ciclismo tiene una relación de altibajos. Cuando presentas un programa deportivo cuyo nombre acuña una de las partes de una portería de fútbol, el crédito es el que es, por lo simplista de la cabecera. Todo el deporte cabe en una portería. Así nos va. Sin embargo ello no le ha quitado prestar especial atención a este ciclismo, tan arrinconado, por el que dice tener pasión y devoción. Amor incondicional que plasma humanamente a pie de valla, esperando a los protagonistas alcachofa en mano para adquirir las temblorosas impresiones del quejoso protagonista.

No sé si lo dijo, pero así lo entendí una vez, cuando volvió a las cunetas dijo hacerlo por amor a este deporte que tanto amaba. Habrá que creerlo. No obstante dos detalles, al margen del morbo con el cual ha diseccionado cada uno de los escándalos, siempre admito del personaje. Aquellas pullas que le dedicó al minúsculo semanario ciclista que fue el Meta 2Mil como si el mismo demonio fuera o el apelativo que envío vía toda una cadena Ser a Fran Reyes, cuando éste ejercía de jefe de prensa del Team Geox. En ambos casos quedó probada la desproporción de sus palabras.

Ayer, pasada la medianoche, lo que empezó siendo una conversación sobre el devenir de Fernando Llorente en el Athlétic Club de Bilbao acabó dando pistas disimuladas para el gran público que le sigue en manada, pero significativas para quienes conocemos el intríngulis del negocio. Cómo no, pañuelo en mano, relató un recuerdo lacrimógeno sobre una de las ligas del equipo vasco frente al Real Madrid. Siempre el recuerdo, siempre “cualquier día pasado fue mejor”. Sólo le falta admitir que aquellos fueron tiempos donde su mirada brillaba con la intensidad de un crío de esos que juegan su torneo de Brunete.

Lo brillante llegó cuando aludió a Sabino Padilla. Recortamos algún extracto, aunque no de forma textual: “Lo conocía perfectamente de antes. Era amigo suyo, pero hay cosas que yo llevo a rajatabla, lo que te enteras como amigo no lo puedes utilizar como profesional. Todo lo que había visto de Sabino era como amigo. Cuando un día me llama y me dice que había sido nombrado médico del Athlétic”.

O sea, hay cosas que por amistad no cuenta por muy denunciables que sean. Son amigos. Como diría su “bien amado” García “si un amigo mío atropella a una vieja, pregunto qué ha hecho mal ésta”. ¿Qué no podía contar de Padilla que había visto años antes? ¿Por qué no recordó que en ese periodo estuvo en Banesto con Miguel Indurain?

Aunque no insinuó su pasado, cómo se ha de ver el ciclismo que los amigos de sus asalariados no le reconocen pasado en el mismo, le dijo: “Ten mucho cuidado Sabino que como te dé positivo un jugador te la vas a cargar y zas. Los experimentos los realiza con el equipo filial. En una semana se lesionan tres del primer equipo y hacen debutar a Gurpegui contra la Real Sociedad. Pasa control y positivo”. ¿Qué experimentos realizaba con el filial? No queremos saberlo. Valga un dato si lo normal para una persona de nandrolona es de uno y Gurpegui da trece. Esto también vino a decir el locutor.

Foto tomada de http://ecodiario.eleconomista.es