Las idas y venidas de Perico

Perico Delgado Tour

Fueron a verlas venir y casi se traen un Tour para casa. El Reynolds de esas caras imberbes vistiendo aquellos buzos azules debutó en Francia cuando nadie en España quería jugarse los cuartos en la mejor carrera del mundo. El ciclismo español venía de un paréntesis que iba camino de la década, desde la desaparición de Luis Ocaña en las posiciones de vanguardia, y pocos ciclistas nacidos en España habían brillado en los julios galos.

Pero ese equipo de raíz navarra se la jugó, hoy no sabemos si con certeza alguna de éxito, y forzaron un punto de inflexión en la suerte del ciclismo a este lado de los Pirineos. Con imágenes del Tour de 1983 Perico Delgado analizó en un tremendo documental de Teledeporte sus andanzas en la mejor de las competiciones en un in crescendo que rompe cinco años después cuando logró el éxito final en París.

Especialmente sugerente es el camino  que va desde el mentado 83 a la prueba que pierde a manos de Stephen Roche, cuatro años después. En 1983 se ganó ese apelativo “le fou des Pyrénées” cuando se jugó su bonito rostro en aquel descenso insensato por coger a Robert Millar camino de Luchon días antes de su pajarón en ruta a Morzine.

Un año después se descalabró en el Joux Plane y a los dos probó el éxito de etapa en medio de la niebla de Luz Ardiden con Emilio Tamargo esperando adivinar su figura en la confusión  y José Ramón de la Morena esperándole a pie de meta. Y si me lo permiten un inciso: siempre recordaré al apolillado locutor hablar de las “trampas de la época”, sin dar más detalle pero sembrando la duda que siempre rodeó la legendaria cabalgada de Perico y Pepe Recio  que le dio la Vuelta al español cuando Millar la tuvo en su mano. Ese prohombre es quien esperaba a Perico en las húmedas carreteras de Luz Ardiden.

En 1986 ganó otra etapa, esta vez en compañía de aquel campeón enajenado que fue Bernard Hinault en su flagrante incumplimiento en la promesa de ayudar a Greg Lemond. En los Alpes el repentino fallecimiento de su madre le obligó a dejar la carrera que sí tuvo a tiro en la siguiente edición. Luego el Tour de Roche, que analizado desde la distancia hasta pudo ser suyo si la tiritona no le entrara en la crono Dijon.

Para un servidor, el periodo comprendido entre 1983 y 1987 fue el más atrayente de este documental de dos horas conducido por Paco Grande –Sergio Sauca, mantente lejos- y las cuñitas del protagonista. Ahora sí debemos agradecer el trabajo de Teledeporte en la divulgación del ciclismo, si bien nos abre la puerta a la necesidad de más cosas así, pues en los archivos de TVE das una parada y te surge un material de valor incalculable para veinte documentales. Qué poco acostumbrados estamos a estas faenas de profundidad, por eso nos admiramos cuando Michael Robinson hace cualquier perlita.

Sea como fuere, y si no yerro en los cálculos, ésta es la segunda vez que el comentarista con legión de admiradores pareció fuera y vuelve a estar dentro. El año pasado la operación fue similar, y el desenlace idéntico. Todo muy a última hora, todo en tono de utimatum hasta que surgió una gran superficie para colmar un patrocinio en el ente público, que no tiene publicidad convencional pero picotea de aquí y allá. Todo muy de aquí.

Imagen tomada de Parlamento Ciclista

INFO

José Ramón de la Morena y su curiosa relación con el ciclismo

José Ramón de la Morena. Curioso personaje. «Herciano» desde su creación como figurín de lo social. Entremés de medianoche para “Supergarcía” durante años, se creció hasta el cielo cuando logró derrotarle con idénticos métodos que denunciaba del bajito locutor que vestía colores butano.

De la Morena con el ciclismo tiene una relación de altibajos. Cuando presentas un programa deportivo cuyo nombre acuña una de las partes de una portería de fútbol, el crédito es el que es, por lo simplista de la cabecera. Todo el deporte cabe en una portería. Así nos va. Sin embargo ello no le ha quitado prestar especial atención a este ciclismo, tan arrinconado, por el que dice tener pasión y devoción. Amor incondicional que plasma humanamente a pie de valla, esperando a los protagonistas alcachofa en mano para adquirir las temblorosas impresiones del quejoso protagonista.

No sé si lo dijo, pero así lo entendí una vez, cuando volvió a las cunetas dijo hacerlo por amor a este deporte que tanto amaba. Habrá que creerlo. No obstante dos detalles, al margen del morbo con el cual ha diseccionado cada uno de los escándalos, siempre admito del personaje. Aquellas pullas que le dedicó al minúsculo semanario ciclista que fue el Meta 2Mil como si el mismo demonio fuera o el apelativo que envío vía toda una cadena Ser a Fran Reyes, cuando éste ejercía de jefe de prensa del Team Geox. En ambos casos quedó probada la desproporción de sus palabras.

Ayer, pasada la medianoche, lo que empezó siendo una conversación sobre el devenir de Fernando Llorente en el Athlétic Club de Bilbao acabó dando pistas disimuladas para el gran público que le sigue en manada, pero significativas para quienes conocemos el intríngulis del negocio. Cómo no, pañuelo en mano, relató un recuerdo lacrimógeno sobre una de las ligas del equipo vasco frente al Real Madrid. Siempre el recuerdo, siempre “cualquier día pasado fue mejor”. Sólo le falta admitir que aquellos fueron tiempos donde su mirada brillaba con la intensidad de un crío de esos que juegan su torneo de Brunete.

Lo brillante llegó cuando aludió a Sabino Padilla. Recortamos algún extracto, aunque no de forma textual: “Lo conocía perfectamente de antes. Era amigo suyo, pero hay cosas que yo llevo a rajatabla, lo que te enteras como amigo no lo puedes utilizar como profesional. Todo lo que había visto de Sabino era como amigo. Cuando un día me llama y me dice que había sido nombrado médico del Athlétic”.

O sea, hay cosas que por amistad no cuenta por muy denunciables que sean. Son amigos. Como diría su “bien amado” García “si un amigo mío atropella a una vieja, pregunto qué ha hecho mal ésta”. ¿Qué no podía contar de Padilla que había visto años antes? ¿Por qué no recordó que en ese periodo estuvo en Banesto con Miguel Indurain?

Aunque no insinuó su pasado, cómo se ha de ver el ciclismo que los amigos de sus asalariados no le reconocen pasado en el mismo, le dijo: “Ten mucho cuidado Sabino que como te dé positivo un jugador te la vas a cargar y zas. Los experimentos los realiza con el equipo filial. En una semana se lesionan tres del primer equipo y hacen debutar a Gurpegui contra la Real Sociedad. Pasa control y positivo”. ¿Qué experimentos realizaba con el filial? No queremos saberlo. Valga un dato si lo normal para una persona de nandrolona es de uno y Gurpegui da trece. Esto también vino a decir el locutor.

Foto tomada de http://ecodiario.eleconomista.es