Un libro sobre Contador, sin Contador

Al calor del Giro de Italia y en vísperas del Tour, en medio de la gran vuelta de tres meses que se ha planteado Alberto Contador, nos llega al cuaderno el momento para hablar del libro que nuestro amigo Juanma Muraday acaba de sacar sobre el “astro” madrileño.

En “Alberto Contador, tres sueños cumplidos”, Juanma hace un ejercicio de prestidigitación, es decir escribe un libro sobre una persona sin contar para nada con la persona citada, porque o por ésta, o por su entorno, o por ambos, o por la conjunción del planetas, no hubo manera de contar con una mínima presencia directa del aludido.

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Por eso el trabajo de Muraday tiene valor y mérito, porque lo hace ajeno al círculo íntimo, él que accedió a lo más profundo de Oscar Freire y los suyos en su obra primigenia. Discutible o no, las formas, otra vez, delatan al biografiado, todo lo demás está en el libro.

Sin entrar en la típica línea cronológica, Juanma aborda la vida del ciclista en diferentes perfiles y líneas. Habla de sus Tours, de las Vueltas y Giros, de la vueltas menores, de su fundación, de su caso de dopaje. No juzga, no opina, sólo relata, en tono benévolo, en tono fan. Quien le guste Contador aquí tiene su “fan book», un relato de hechos vestidos con declaraciones a terceros, a medios, revistas y radios. No hubo otra forma.

Fue a principios de año que Juanma nos comentó este proyecto. Lo ha escrito con solvencia en tiempo récord. Fue un encargo en toda regla de la editorial “Al poste” que nutre su catálogo de retratos futbolísticos. Contador es el primer ciclista que entra en la relación de títulos, obvio, es el más futbolero de nuestros ciclistas, no porque le guste o no el balompié, lo desconozco y sí porque emociona ese perfil forofo de “deportista de sofá”, avituallado de pizza y cerveza, adorador de la pelota.

Quienes busquen un complemento para su Tour, aquí tienen un buen elemento para las tardes de julio. La atribulada biografía del mejor ciclista de su generación «prêt-à-porter».

No conocen a Oscar Freire y se la pela

Dejadme que os cuente una anécdota. El pasado sábado asistí, con retraso, a la presentación de la biografía de Oscar Freire acompañado de un buen amigo y su sobrino de trece años. Ambos no eran del compadreo ciclista, pero sí que demuestran cariño y atención por este deporte, por todo lo que tenga que ver con el deporte en definitiva. Mi amigo adquirió el ejemplar de Juanma Muraday y se situó en la cola para que Oscar Freire se lo dedicara.

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Entretanto le pregunté a su sobrino cuándo había nacido. “En junio de 1999” me respondió. Le dije mirando la portada, “mira cuando se produjo esta imagen –Freire ganando el Mundial de Verona de 1999- tú eras un cagoncete de cuatro meses de vida”. Proseguí preguntándole “¿cuántos compañeros de clase saben de la existencia de Oscar Freire?”. “Nadie” me espetó. “Son unos incultos” concluyó.

Ciertamente lo son, y no por que sepan quién es o no un deportista que ha sido tres veces, tres, campeón del mundo, que manda huevos, sino por que ven la vida parcialmente, crecen sumidos en clichés y se postulan a alimentar la mucha incultura que existe en este país respecto al deporte.

Hoy es día de Sant Jordi en Catalunya. En otros lugares es el día del libro, me consta que festivo en Castilla y León, no sé si en otras partes también. La oferta de libros ciclistas es sencillamente abrumadora respecto a la que teníamos hace sólo un año. parece que la crisis haya hecho surgir las propuestas de entre las entretelas de castigado sector editorial.

En este renacer han tenido que ver mucho dos libros de excelente acogida como “Plomo en los bolsillos” de Ander Izaguirre y la biografía interesada de David Millar, “Pedaleando en la oscuridad”. Es tremendo como ésta última ha servido de pretexto para muchas columnas de opinión. Luego llegó Cultura Ciclista con varios títulos en cartelera y ahora la obra sobre Oscar Freire.

El autor de ésta última firma en Sant Jordi rodeado de personajes variopintos como Jorge Javier Vázquez. Me gustaría saber qué tal le fue al bueno de Juanma la firma de libros y cuántos calcula habrá firmado. Un día como el de hoy premia más el ruido y el estruendo que otra cosa. Por ejemplo el autor de Victus, Albert Sánchez Piñol, no quiere firmar por que recuerda que hubo un Sant Jordi donde una eminencia literaria casi no firmaba mientras un actor porno de prominente miembro sexual no daba abasto con una cola que doblaba la esquina.

Pero volviendo al principio, la cultura deportiva de un país se mide con ejemplos como el de Oscar Freire, una persona que siempre luchó contra molinos cuando intentó despertar cierta admiración en su país. Si cualquier chaval valora a Freire, como a Messi, Cristiano o cualquier otro admirable ser que se vista de corto para competir, entenderá cuál es la esencia de deporte en su extensión. Todo lo demás son visiones parciales e interesadas, una forma más de cincelar conciencias y mantener junto el rebaño.

Había ganas de Freire

Con el ritmo de vida que llevamos hoy, arrastrados por la dinámica diaria de las prisas, relojes y siempre mirando dos pasos más allá porque el siguiente ya no es urgente, pedir un momento de reflexión pausada es difícil. Traslademos eso al deporte y pensemos en un deportista retirado… Ex deportista… Candidato al olvido fulgurante.

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No. Todos tenemos nuestro rinconcito de memoria para negar tal afirmación. «Yo sí me acuerdo de tal», «aquello es inolvidable»… Pero en general, el ayer cuenta poco. Particularmente, y en lo que nos ocupa aquí -el ciclismo-, el pasar página, sin más, en la carrera de un corredor como Óscar Freire me rebelaba. ¿De verdad va a dejar la bici y en dos años iba a ser sólo recuerdos de sus fieles seguidores, sólo?

La Milán-San Remo de 2010 fue el ‘click’ definitivo. Tiene que haber un libro que recopile para siempre las gestas de este fenómeno. Dos primeros contactos, con Arribas y López-Egea, me acabaron de convencer. Antonio Freire me dio, con su apoyo, el empujón definitivo. Y la primera charla con Óscar me responsabilizó a llevar el proyecto hasta el final. Esa sensación fue en aumento con el tiempo. La respuesta de la gente del ciclismo a cada petición para entrevistas, información, colaboración ha sido fenomenal… ¡Han sido decenas de contactos! No dejaba opción. La bio de Freire tenía que ser una realidad sí o sí.

Estos días, aquella responsabilidad se está convirtiendo en orgullo. Afortunadamente, no era el único que pensaba así. Titano Ediciones apostó rápidamente por publicar el libro, los lectores se mostraban encantados con la idea y, hoy, ya con el libro en las librerías, la acogida es espectacular. Las presentaciones han demostrado que había ganas de Freire y si mi modesta aportación ayuda de alguna manera a que este genio no acabe de volver nunca del todo a su lámpara, estos tres años de trabajo habrán valido la pena.

 

Por Juanma Muraday, autor de “Oscar Freire, el genio del arco iris”