Los años de Indurain: 1985

El segundo año de Miguel Indurain en el profesionalismo fue el primero entero. Las progresivas mejoras que se introducen en el plan del gigante ciclista vecino de Pamplona empiezan a dar sus frutos, de forma paulatina, sin prisas, como a sabiendas de que en ese cuerpazo se escondía un campeón en ciernes que pedía tiempo, trayecto y margen.

Así otra vez, como llamado por el timbre del destino, Miguel triunfa en el Tour del Porvenir. Es curioso, Francia se le dio bien, casi desde el minuto cero y otra vez en los contrafuertes de los Pirineos, entre Tarbes y Pau, ganando una crono de 30 kilómetros con otros tantos segundos sobre Jeff Bernard. Si la historia es cíclica, este navarro estaba demostrando desde bien pronto que esta acepción era cierta. Antes por eso Miguel ya escribía renglones de historia que más treinta años después siguen vigentes en los libros.

Debutó en una grande, en la Vuelta a España del mes de abril y al segundo día vistió el maillot amarillo. Premonitorio cuanto menos, su apego al color, y paradójico porque no volvería a ser líder de la Vuelta en los doce años que le quedaban en el ciclismo. En el Obradoiro santiagués Miguel Indurain se convirtió con veinte años y medio en el líder más joven de la carrera. Lo fue cuatro días y cedió la prenda a Perico en Los Lagos de Covandoga. Aquella fue la famosa Vuelta de Perico, Millar y las nieblas de Navacerrada.

La temporada había empezado bien, como de forma premonitoria siendo segundo en el podio de la Ruta del Sol, sólo adelantado por el alemán Ron Golz. Miguel emergía en una plantilla que presentaba un plantel experimentado con Eduardo Chozas, Enrique Aja, Iñaki Gastón y José Luis Laguía.

Tambien estaba en ese Reynolds Julián Gorospe, el chaval que supo de primeras como se las gastaba un tal Hinault por las sierras de Ávila. Al tejón lo pudo ver en directo en el Tour, el Tour de su debut, el Tour que pasaría a ser el quinto en la vitrina del bretón. Indurain abandonó en la cuarta etapa, en la senda de Roubaix, pero ya había puesto el pie en la más grande, la carrera que prendaría sus deseos y motivaría sus desvelos. Un amor, invisible a todos, había nacido.

Por cierto, no os perdáis los vaticinios de Bahamontes sobre Indurain en la previa a la subida a Los Lagos…

Imagen tomada de Movistar Team

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Las ingenuidades del Euskaltel

“Yo creo que tenemos un gran equipo, pero tenemos que apretar” le dijo un día Miguel Madariaga a Igor González de Galdeano

 

Hace tres semanas corría la euforia por twitter, facebook, titulares, prensa, televisión y hasta en las cunetas de la Vuelta a España que por esos días frecuentaba rutas granadinas. Fernando Alonso confirmaba que estaba cerrando un acuerdo, repito cerrando que no cerrado, para comprar la licencia del Euskaltel. Se habló mucho, de relaciones personales entre piloto y ciclistas, de la nueva ubicación de la escuadra, de los patrocinadores, de los compromisos adquiridos por Euskaltel… se habló mucho sin saber de nada. Y mira por donde tres semanas después el acuerdo peligra en diferentes grados dependiendo que medio se consulte: los hay que lo dan por inexistente hasta quienes opinan que hay opciones de arreglar el desaguisado. Euskaltel ya ha lanzado un comunicado hablando de cierre ordenado del equipo. Sólo recordar que en agosto lanzó otro similar.

Sea como fuere anoche pude ver este programa de ETB que nuestra amiga Helena Dias movió por twitter. Son poco menos de sesenta minutos pero sinceramente creo que se narra bien la historia del equipo y mejor aún, se retrata cada uno de los personajes que intervienen en el relato y dan muchas pistas de porqué a Fernando Alonso se le han hinchado las pelotas de tratar en un mundo gestionado con los pies. Y ojo que no digo que el asturiano sea un santo, pero me da que las cosas no le han resultado sencillas a pesar de lo que se argumente.

De todos los protagonistas de este programa me quedo sin dudarlo con la afición, me encanta ese que dice “si quieren un equipo 100% vasco que vengan y pongan la pasta”, que al final evidencia que tiene el criterio más fino y certero sobre estos quehaceres.

El resto de partícipes hace gala de una ingenuidad infumable en personas talluditas con no pocos tiros dados. Por ejemplo Julián Gorospe y Miguel Madariaga que atribuyen sus noches de desvelo y defenestración a no sabemos qué fuerzas ocultas. Son nombres, no dicen cuáles, personas, no sabemos si físicas o imaginarias, que les mataron, laboralmente hablando. Quizá en una pitonisa adivinen esas fuerzas malévolas que un día truncaron su sueño y nos digan de una vez quiénes fueron.

Tanto para Gorospe como Madariaga sin Euskaltel no habrá un mañana en el ciclismo euskaldun y no escuchan esa afición que admite en el mismo reportaje querer seguir yendo a las carreras por les enloquece el ciclismo, vistan o no de naranja. Y como no hay más ciego que quien no quiere ver la candidez de Carlos de Andrés, admitiendo a sus colegas que “Euskaltel nunca puede desaparecer”, es de traca cuando la sanidad pública, sin ir más lejos, lleva tiempo cayendo en picado. También sonrojantes los ánimos que Samu Sánchez e Igor Anton le profieren a Madariaga por el micro. “Puedes ir con la cabeza bien alta” le dicen admitiendo con estoicismo la debacle de Euskaltel y lo que es más grave, la complicadísima situación de la Fundación Euskadi, el germen que debería sobrevivir a este tsunami por si un día esto se puede relanzar.

Luego están las razones de Igor González de Galdeano –quien ha tenido el terrible trago de perder un ciclista y auxiliar en menos de un año en un trance horrible-, que una vez desvinculado del proyecto le confieren de primera mano el mismo en un curioso movimiento circular. Igor lo deja bien claro en diferentes pasajes, esto está aquí, en Euskadi y prescindir del legado social y cariño de la afición sería un error. Aviso de navegantes a Fernando Alonso. Curioso, cuando él fue quien plasmó el desarraigo de la estructura y por ende la normalísima desinversión de las instituciones vascas.

Igor, quien admite haber machacado el código de circulación por seguir a sus chichos en un entrenamiento, pone en solfa los fichajes. Como no tenían manera de contratar a Purito Rodríguez, buscan un marroquí, un griego, un ruso, que al final da positivo,… parece que no hay punto medio, o te vas al rango alto o a otros continentes, donde, con todos los respetos, pocas certezas tienes que no te acaben dando un susto, como al final pasó.

Con todo este dibujo, un embrollo monumental, una sensación de provisionalidad terrible, luchas de poder intestinas y subterráneas que asustan y una cuenta de resultados de la que poco queremos saber, qué podría pasar, pues lo que está sucediendo, que el equipo puede pasar a la historia en cuestión de horas. Ellos sabrán, pero el caramelo se lo habían puesto al aficionado…