El triste final del Katusha

Giro Zakarin joanSeguidor

En diez años Katusha ha pasado por todos los estadios del ciclismo

Hay un lema en la gorra del Katusha de este año que provoca casi llanto: «Race to win».

Leemos, prende como la pólvora, el rumor que el Katusha deja el pelotón a finales del año.

No vamos a decir que es la crónica de una muerte anunciada, pero se veía venir.

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En la carrera invisible, pero latente, de los equipos del World Tour por ir sumando triunfos en el máximo nivel, siempre hemos visto dos equipos muy por debajo de la media.

Si el Dimension Data, que ya realizó una inversión importante, inversión tan vacua como el rendimiento de Michael Valgren, una de las decepciones de la campaña, sabe que va a continuar, todo apunta a que el Katusha no.

Recuerdo unas palabras de Purito, el corredor que ha dado los laureles más destacados a Katusha, y cuya ausencia ha pesado, cuando decía que «hubo un tiempo cuando Dani Moreno, Vicioso y Losada se ponían a tirar del pelotón, cuando Katusha tomaba el mando, todos ponían las orejas tiesas«.

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El Katusha que surgió alrededor del catalán fue el equipo que tocó el cielo, era temido por donde pisaba y caminaban con paso firme.

Pero desde la retirada del que fuera mejor ciclista del mundo tres años, en una salida que fue rara, triste y llena de equívocos que quizá algún día alguien podría contar, el equipo de matriz rusa, estos días alemán por el patrocinio saliente de Alpecin, es una sombra.

Una sombra que por cierto es el maillot más bonito del World Tour.

Purito y todo eso: Aquello fue historia, y la historia, historia es.

Katusha nació hace diez años con la intención de sacar adelante el talento ruso que quedaba en el camino por ausencia de un equipo eminentemente ruso.

Fue un proyecto que curiosamente nunca cumplió su función.

Porque capos rusos, el equipo ruso no ha tenido muchos.

 

Cuando Ilnur Zakarin, un ciclista que se hace querer a pesar de poner los pelos como escarpias a más de uno, se descuelga en los primeros puertos del Tour de Francia es la imagen propia de un equipo que no va, cuyo líder, y principal motivo de ser no camina y las cosas no salen.

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Y es que la vista atrás revela una realidad triste para este equipo en la recta final.

 

 

Salvo la etapa que gana el mentado Zakarin en Lago Serrú, durante el tramo alpino del Giro, el resultado más destacado del equipo fue esa plaza de plata en Roubaix del ahora mismo posiblemente el único ciclista cotizado del equipo, el alemán Niels Politt, quien cuando dice que las grandes clásicas entran en su radar.

Curioso, mientras Zakarin purgaba penas por detrás, Politt cerraba el grupo delantero camino de Colmar.

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Bagaje pobre, ¿el motivo?

Jose Azevedo sabrá, lo que está claro es que los errores emergen todos de golpe y en manada.

Tanto, que el triunfo esquiva un equipo que puede dejar el pelotón sin lograr su objetivo original -un ruso ganando grandes cosas- y dibujando un declive que no le hace justicia a su historia.

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La renovación alemana del Katusha

Katusha equipo ciclista joanseguidor

Katusha, proyecto ruso sin apenas rusos en vanguardia

Dice la Wikipedia que Katusha se presentó al mundo del ciclismo el día de nochebuena de 2008. Vamos camino de nueve años. Cuenta la misma fuente que el primer año dos corredores dieron positivo, Toni Colom y Christian Pfannberger. Ivanov, calvo como el que esto suscribe, ganó la Amstel Gold Race, el mejor premio del arranque de un equipo que tenía por objeto poner en valor el potencial del ciclismo ruso, con el mentado Ivanov, pero con Karpets y Botcharov.

Qué diferente aquel Katusha del actual. El presente se escribe en alemán, en alma, esencia y práctica. No sé si será por el co-patrocinio de Alpecin, por el anterior desembarco de ex ciclistas alemanes en el staff, no sabemos el motivo, pero el acento es claramente nibelungo.

Katusha, azul de inicio. Azul de hombros, con matices blanco. Katusha, hoy blanco con mitad roja, colores que hablan de un cambio, de una permuta, de los colores que marcan el ciclismo moderno.

Ya conocemos la plantilla, e incluso maillot de los rusos de origen para el nuevo año. Tony Martin al frente, y sobretodo Kittel, Marcel Kittel, el tipo rubio, pelazo, al frente con un equipo pensado para él, porque el mejor velocista de la actualidad lo merece. Es, tras Mark Cavendish, el mejor llegador en activo del Tour, estadísticas en mano.

Ilnur Zakarin y su asidero, el podio en la Vuelta, mantienen la raíz rusa que movió todo el proyecto. Desde ahí cuesta adivinar, a ojos de los profanos, nombres de la gran madre patria.

Cambio aparente y no sé si también en esencia sobre los planes iniciales, aunque si repasamos la trayectoria de trasatlántico ruso veremos que no es inusual. Katusha es un equipo que ha vertido recursos en la promoción de otras figuras en detrimento de lo ruso, porque lo ruso, puramente dicho, en ciclismo, no sale tan fácilmente.

De hecho ahora Katusha suena alemán, es espíritu alemán, pero cuando Dimitri Konishev era punta de lanza hubo un grupo de españoles que hizo fortuna. Joaquim, Purito, es la cabeza visible de esa suerte. Fue tres años el mejor ciclista del mundo, pisó el podio de las tres grandes, ganó etapas en las tres e incluso se hizo con un monumento como Lombardía.

Con Purito convivió un grupo de españoles que empezó por el pionero, Joan Horrach, y siguió por los incondicionales Dani Moreno y los recién retirados Alberto Losada y Angel Vicioso. No fueron cualquier cosa, cuando ellos pasaban, es que iban a por algo, sabían lo que perseguían, infundían respeto. Que un tipo con la trayectoria y sapiencia de “el maño” se hiciera hueco en la vanguardia del grupo, era el anticipo a la tormenta.

Y no sólo eso, en Katusha creció el palmarés, bagaje y caché Alexander Kristoff, el noruego con aspecto de estibador que les dio un monumento y etapas en el Tour, y medio mundo.

Eso ha sido Katusha, y eso lo ha sido sin rusos en vanguardia, o con rusos contados con los dedos de la mano en vanguardia. Ahora quieren nuevos bríos en alemán, el idioma de velocidad, de todo rápido, de la efectividad.

Imagen tomada de FB de Team Katusha Alpecin 

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El aire que necesita Alexander Kristoff

Kristoff wins Prudential Ride London

Había estos meses un ciclista que necesitaba oxígeno, un corredor que era la bomba en las llegadas no hace tanto, que tiene grandes triunfos, hasta un San Remo y un Flandes,… un corredor que se llama Alexander Kristoff, un tipo que sprinta feo pero efectivo, desgarbado, de aire portuario, noruego, duro, rudo, que tuerce el gesto, hasta el casco cuando lo da todo.

Para Kristoff las cosas no ruedan bien este año. No hace tanto era asiduo a la victoria, recuerdo su semana santa de hace un par de años, ganaba por defecto. Tiempos buenos en Katusha, tiempos de Purito aún, y la explosión de Ilnur Zakarin. Tiempos, buenos tiempos, que bebían de la época de Konyshev y Tchimil.

De ellos nació el gran Katusha que fue un equipo temido y respetado durante varias temporadas. De ese Katusha que tuvo un buen puñado de españoles, del cual se descuelga ahora Angel Vicioso, que se retira.

Hoy Katusha es un proyecto a dos mares, ruso en esencia, alemán en gestión. Alpecin se sumó al carro y las cosas poco o nada tienen que ver a hace tres y cuatro años. Si hasta se dice que Marcel Kittel pondrá su pelazo a favor del champú que revitaliza el cabello.

Y claro Kristoff está en medio, con el casillero muy vacío e insinuaciones varias desde el staff del equipo. Insinuaciones que hacían referencia a su peso, pero que tengo claro que se fundamentan en el bagaje. Kristoff concluyó el Tour a cero, algo que ocurre en una amplia mayoría del pelotón, pero en su caso alarmantemente fuera del concurso de las victorias, un poco como Bouhanni. Ninguno de los dos estuvo realmente cerca, si no era Kittel, Démare, también Sagan mientas estuvo, incluso Matthews y Boasson Hagen.

De todo eso parte la importancia que tiene el triunfo de Kristoff en Londres, una clásica de recién creación que es fruto del empuje del emergente mercado británico. Ojo que la juventud de la cita no la despoja de su categoría de World Tour y de un escenario –Sant James Park, Admiral, The Mall y Trafalgar- que rivaliza con la grandeza parisina.

Kristoff ganó a Cort, que seguramente estará en la Vuelta, y a Matthews, aumentando su hilo de honor en una temporada aciagada, que él acertará a explicar qué pasó, aunque mucho me temo que sus complicidades no sean las mejores, ni tanto en el equipo, como en su círculo próximo.

Con todo mirad los últimos kilómetros de la Ride London, mirad el rodar de Stuyven y Trentin, lo que curra el grupo ara cogerles y el sprint en sentido contrario al que Vinokourov ganó un oro olímpico a Uran. Es la cuña del nuevo ciclismo, de los emergentes y UK, tras tener campeones y equipo, quiere ahora también calendario al máximo nivel.

Imagen tomada de FB Team Katusha Alpecin

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#Profile2017 El reto de Zakarin es mayúsculo

Nada es común en Ilnur Zakarin. Su tez pálida con ojos de niño asustado por lo que le rodea. Su irrupción en el ciclismo, en Romandía, en ese trecho francófono en el rectángulo suizo en el que un día un chaval ruso, desconocido, se hizo con una general de una carrera del World Tour, dejando rivales importantes en el camino. Era ruso, desconocido, y de repetente aparece como un obús. Como en el día de Imola, en el circuito de velocidad en el que ensayó sus dotes del triunfo. Se estrenaría en el Giro.

Zakarin, como decimos, es ruso y eso significa mucho, ahora mismo muchísimo. Es geopolítica por un lado, cuestiones vinculadas a esferas que no aspira a entender ni él mismo, cuestiones por las que le dejaron fuera de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro días después de ganar una etapa alpina en el Tour.

Zakarin, repetimos, es ruso y eso ahora mismo marca porque pertenece al equipo que un día nació como catalizador del talento de la gran madre patria y que casi nunca ha tenido un ruso entre sus arietes. Retirado Purito Rodríguez, ahora mismo el Katusha mira con lupa la evolución de su introvertida estrella, al fin una estrella de la gran Rusia, con todo lo que ello implica de satisfacción pero también presión, que no será poca, pues el lenguaje del equipo que viste de rojo no entiende de matices. Quieren resultados.

Hay otras bazas, el estibador Kristoff, el zancudo Tony Martin, pero en Katusha quieren que uno de los suyos triunfe, y ya, y en ese sorteo, Zakarin lleva muchas papeletas. No sé si habrá cultivado su gestión de las expectativas mejor que su paupérrimo inglés, pero el 2017 se antoja clave en la trayectoria de un corredor con estigma, sí, pero con una admirable forma de correr, siempre delante, dando la cara y supongo que conviviendo con suspicacias de todo tipo, incluso sin haber hecho pitar la máquina y quizá, crucemos los dedos nunca pite, no lo va a tener fácil.

Por el momento pasa página sobre el Tour y sigue la senda que su excompañero Purito marcó: Zakarin estará en la puja por la general de Giro y Vuelta, yo le veo verde, aún, pero no dudéis que no escatimará. Sus detractores tendrán mil argumentos contra él, pero uno de ellos no puede ser que no dé la cara y este año él es la punta de lanza.

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El nunca bien ponderado Zakarin

En Arrate, el año pasado, en la loma eibarresa, supimos de Ilnur Zakarin por primera vez. Un ruso del Katusha, un equipo que esas carreras de primavera tiene sus propios especialistas como Purito o el propio Spilak. Pero no, era Zakarin, apellido ruso, ruso, que suena a zar, si los bolcheviques hubieran dado con él, pedaleo anárquico, ciclista especial.

No nos engañemos, cada vez que le vemos por la televisión, rechinan los dientes de la mitad de la audiencia. Ruso, Katusha, surgido de forma imprevista. En un ciclismo conde la sospecha es la grasa del engranaje, Zakarin es un caramelo fácil.

Y sin embargo el chaval se esfuerza por quitarse el estigma. Un estigma por cierto que viene justificado por un positivo de joven, como Fran Reyes explica en este fantástico perfil. Tras aquella inclusión en Arrate, Zakarin siguió creciendo y ganó Romandía, primero, y una etapa en el Giro, en Imola, nada menos, feudo de velocistas y de la velocidad.

Este años el ruso es habitual entre los cabeza de cartel. Estuvo con los mejores en la París-Niza, también en Romandía, donde la tropelía arbitral le quitó un triunfo de etapa que hasta Nairo Quitana admitió que estaba fuera de su radio. Otra vez vimos a un ruso haciendo fortuna en Suiza, en la Suiza francófona. Curioso.

El desenlace de aquella etapa fue sintomático de lo que es este ciclista, yo creo que para muchos imponderable, era más fuerte, era más rápido pero hizo un escorzo tan raro con la bici que Nairo se quejó y le dieron el triunfo. Paradójico.

A este Giro Zakarin ha ido como jefe del Katusha en una experiencia inédita para él, afrontar con total responsabilidad el reto de atacar una grande. No lo está haciendo mal, y en la jornada estelar de Alejandro Valverde ha rodado como los ángeles, tanto que igual ese corredor que muchos descartamos el día de la crono, aciaga a todas luces, puede incluso acabar pisando el podio de Turín.

Entonces, como afirma Fran en su artículo, el Katusha tendrá lo que buscaba y que le ha llegado de forma inesperada, el ruso que comande un equipo que nació para dar talentos de ese país al ciclismo y que ha vivido de los éxitos de no rusos, algo que en la madre patria siempre pica.

Imagen tomada de FB de Giro de Italia

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La campana salva a Katusha

Lo siento, pero el tema Katusha vuelve a dejar al ciclismo malparado. No seré yo quien diga que merecían más o menos castigo, porque la verdad no tengo ni idea de cuáles son los castigos ni la medida para los mismos, quizá Gianni Savio sepa decírmelo mejor. Ni siquiera compararé la vara que se aplicó con el Androni respecto a los rusos.

Cookson, la UCI, los que dirigen el cotarro se pasan el día, las horas, cantando las bondades del sistema, nos venden que lo hacen por el bien del deporte, por la igualdad entre todos, pero después, casi siempre hacen todo lo contrario.

Un positivo por cocaína, asómbrense, ha sido el argumento para que el Katusha no se quemara en serio en su diabólico juego con los límites del juego. El mismo día que Alexander Kristoff daba cuenta de Mark Cavendish en Qatar, el equipo vio como la máxima autoridad pasaba la página del positivo de uno de sus ciclistas, Eduard Vorganov.

Y digo que la cocaína fue el argumento porque su fin no es el rendimiento deportivo y sí la diversión. Curioso, porque Paolini, el hombre del positivo, fue expulsado del Tour por ello.

¿En qué quedamos? Si no hay objetivo deportivo ¿por qué se le expulsó? contradictorio en esencia y apariencia, con una vaga explicación y muchas sospechas de mamoneo en la mesa, por eso de que uno de los dirigentes de la UCI esté en la junta sea el presidente de la federación rusa, un país que por cierto no está para más sanciones.

Una vez más nos queda el sabor de fraude, a que al final del camino las cosas se deciden por cuestiones que se nos escapan. ¿Quién decide qué? ¿quién tiene la potestad de matar ilusiones, de finiquitar carreras? Sólo espero porque al final somos personas, que Luca Paolini haya dejado la esclavitud por la que dijo sentirse aplastado.

El Katusha juega con fuego

No hay vuelta de hoja, ni historias para no dormir, la colección de estúpidos en el ciclismo crece a diario. Este viernes, la Vuelta a Valencia fue de traca. Mientras a carrera se desarrolla con normalidad y reluce tras años de no celebrarse, dos ciclistas han dado que hablar.

Uno un ciclista con palmarés paralímpico, Eduard Novak que se descuelga del pelotón en el puerto, se sube al coche de su equipo y aparece nuevamente rodando en el gran grupo. La historia aunque increíble es cierta, y el corredor ya ha hecho las maletas. Lo penoso del tema es que quizá haya realizado esto con la normalidad de haberlo practicado otras veces, en otros sitios, en otras carreras, en circuitos a los que ciertos equipos fueron en búsqueda de corredores para tener puntos UCI que les mantuvieran en el máximo escaparate.

La otra historia es sangrante y apunta a un equipo que sinceramente empieza a atufar como en su día nos atufó el Astana. Hablamos del Katusha, todo rojo este año, y con tres positivos en menos de ocho meses. Ahora ha sido un corredor que lleva casi desde los inicios en este equipo. Es Eduard Vorganov quien ahora hace pitar la máquina como en anteriores ocasiones la hicieron sonar Luca Paolini, quien se declaró preso de las drogas, y luego Giampaolo Caruso, por un asunto que venía del 2012 y que tenía que ver con EPO.

El de Vorganov es un nuevo argumento para quienes quieren ver al equipo ruso fuera del máximo circuito, y la verdad es que se están cargando de razones. Katusha ya caminó por la cuerda floja hace unos años, al punto que con la temporada a punto de iniciarse Purito, que esa temporada pisaría el podio del Tour, estuvo a punto de irse a otro equipo que le diera garantías de estar en las mejores carreras.

La historia ya es sabida, el cicista da positivo, la UCI lo comunica y el equipo se declara sorprendido, dice no saber nada, fulmina al ciclista y airea su tolerancia cerco. «Caso aislado» lo llaman, como la corrupción en el PP, lo mismo. A otro con esas historias.

La noticia llega además con Vitcheslav Ekimov soplando las velas de su tarta de cumpleaños. Es como el Ave Fénix. Resulta increíble que una persona que bebió de las fuentes mismas del deporte en época de la URSS y pasó largos años, los mejores, junto a Lance Armstrong siga ejerciendo. Su gestión queda patente, hasta ahora han sido peces pequeños y no tan pequeños los que han caído pero extiende la sospecha a TODOS sus corredores. Quizá su ejemplo nos sirva para explicarnos las razones por las que Rusia como país esta en la picota y con sus atletas con pie y medio fuera de los juegos de Río. Al final todo encaja.

Imagen tomada de www.teamkatusha.com

Purito, todo al rojo

En Calpe se ha presentado el Katusha, todo de rojo, en un uniforme homogéneo que hará muy complicado distinguirles del Cofidis cuando coincidan en carrera. En medio de la algarabía, Purito ya se enfundó el nuevo buzo de los rusos que en breve serán la única punta de lanza en ciclismo de ese país, toda vez que Tinkov dice que se va.

En la presentación se dieron las claves de Purito para el nuevo año, y ojo porque sus primaveras caminan ya por la cifra de 37, es decir cada vez son menos las opciones que le quedan. Tres grandes bloques: Ardenas, Tour y Juegos Olímpicos. La Vuelta queda como opción si las circunstancias invitan a correrla y disputarla.

No nos engañemos cualquiera de los tres objetivos sería un broche de oro para este catalán, que sinceramente creo que ha llegado mucho más allá de lo que su pequeño cuerpo podía imaginar. Sin embargo, nadie llega a brillar como Purito si no se tiene una ambición casi infinita y en ese sentido el de Parets quiere más, es que debe quede más.

Su palmarés es enorme, sin embargo en ese anhelo que siempre le recorre la cabeza falta, y lo sabe, esa Lieja, esa grande, ese mundial que una vez tuvo a tocar y no pudo llevarse. El plan de Purito es inteligente, como casi siempre, aunque no sé si la opción de un podio en el Tour le compensa hipotecar la Vuelta, carrera en la que tiene muchas más opciones que en Francia por afinidad, recorrido y desgaste de rivales que habitualmente llegan del Tour.

A excepción de Dani Moreno, Purito tendrá su guardia tradicional, el callado y tenaz Alberto Losada y el eterno Angel Vicioso, a quien sólo una pasión desmedida por su oficio le sirve como argumento para seguir en liza después de tantos y tantos accidentes, roturas, clavos, operaciones,… Un ejemplo de supervivencia, desde luego, como Purito, un ciclista que ha demostrado que se puede ser grande siendo sincero consigo mismo tanto como con los demás.

Imagen tomada de www.ciclo21.com