¿Quién no se enamoró del ciclismo por los escaladores?

Kenny Elissonde Escaladores JoanSeguidor

Los escaladores tienen la facultad de hacer arte sobre la bicicleta

Dice Kenny Elissonde de los escaladores…

«Me gustan los puertos y creo que un escalador puro es un artista. Somos diferentes, nos gusta sufrir en las subidas y pasar mucho tiempo en las montañas. Esperamos y esperamos para nuestro momento, el momento de atacar y si nos encontramos bien podemos hacer algo especial»

«No son tiempos sencillos para escalador en el ciclismo moderno, porque el ritmo a veces es muy alto y controlado por equipos como Ineos, pero intentarlo siempre es importante»

«Las cosas son muy diferentes para los que disputan una general, ellos tienen un equipo que les ayuda y que corre para ellos. Pueden tomar riesgos, pero el escalador puro va sin red»

 

El francés de Ineos, que ganara hace seis años en el Angliru con los colores de la FDJ, se distingue como admirador de Mikel Landa por que «no tiene miedo de reventar la carrera, es un escalador puro que va también a por las generales«.

Es curioso por que leemos que le gusta el término #FreeLanda y la religión del Landismo, incluso se lanza a la piscina hablando de un posible «Elissondeismo» para 2020.

Para entonces lo hará con los colores del Trek.

 

Sea como fuere y volviendo al inicio de la exposición, si que podemos convenir que no son malos tiempos para los escaladores, salvando las distancias podríamos decir que viven una primavera, sobre todo en las grandes vueltas, con tantas llegadas en alto y etapas de su gusto que les deja casi las mismas opciones de engordar el palmarés como los grandes velocistas hace treinta años.

A nosotros el arte de la escalada, podríamos decir, nos atrajo al «lado oscuro» del ciclismo, pero como todo, lo poco gusta, lo medio satisface y lo mucho empacha.

Corredores como Elissonde, perfectos escaladores, pequeños, livianos, de momentos, nos gustan, pero en la justa medida que podrían gustarnos los Hermans, Van P0ppel y Elliot de hace treinta años.

El Cruz Race es un portabicicletas de techo de diseño funcional 

Al final la escalada es la esencia pura del ciclismo: el ciclista contra la pendiente, la altitud, el puerto y a veces contra los elementos, otra cosa es que no por repetirlo te acabe gustando más.

Cuando el ciclismo nos inoculó este virus, la montaña era el motivo de admiración, el escalador el objeto de deseo: etapas míticas, nerviosismo previo, hormiguero por ver algo especial.

Cuando lo especial se hace casi diario, deja de ser eso, especial.

Imagen: BikeRace Info

Como Landa por su casa

Landa en la Vuelta a Burgos JoanSeguidor

Me ha encantado la etapa de Picón Blanco, por muchos motivos. Primero el paisaje, castellano al cien por cien, con un sol a plomo, un calor que parecía enganchar a los corredores al asfalto, un dibujo que me es familiar, incluso diría hasta tierno, como dije castellano, una tierra que amo como propia, de contrastes brutales, porque por aquí mismo en medio año no habrá quien pare de frío y esta tarde de agosto plomizo, la sensación térmica invitaba al ahogo.

Luego por el nudo y desenlace. De qué nivel podrá presumir hoy la Vuelta a Burgos. Ese grupo estirado por el ritmo del pequeño francés Kenny Elissonde, pequeño pero matón, dando el primer hervor a un pelotón que iba a congojado por dos motivos: la fama que precedía la cima final y el miedo escénico que imprime Mikel Landa.

Aunque no a todo el mundo coarta igual Landa. Enric Mas crece y lo hace en vanguardia del pelotón, entre los mejores, siguiendo con el camino que tomó un día y que apunta a algo importante. Mientras Gianni Moscon, otro que tal, daba sus últimas gotas, Mas aceleró una vez, y otra, le traía al pairo que fuera Landa el portador del maillot morado.

Segundo en la general Mas jugó a lo que daba el tiro y no le salió porque había gente mejor, pero que le quiten lo bailado, crece entre grandes nombres, y eso acelera el proceso. Mas quizá esté en el podio final de Burgos, la carrera que por cierto ya descubrió a Landa hace unos años.

Porque siempre he pensado que Alava es más Castilla que Euskadi, y antes que se me enfurisme alguno, lo razono: por paisje, morfología e incluso clima, Vitoria y su cuenta me recuerda mucho más a lo que veo por Burgos, que el paisaje verde y encajado de Vizcaya y Guipúzcoa.

Por eso para Landa, competir en Burgos, es como hacerlo en casa, en la puerta de la finca, en el campo de su infancia. Es un paisaje familiar e incluso agradable. Landa era el favorito para ganar la carrera y tiene todos los números para hacerlo. Le rodea un equipo, tiene un colchón de tiempo y el recorrido le favorece.

Un hecatombe o algo similar se necesitaría para quitarle de ahí. Landa no necesito arrancar, era una subida que marcaba los huecos a ritmo y eso hizo, eso y seguir a David de la Cruz que luce muy bien para la Vuelta. Es curioso, mientras Landa está en el añadido de su campaña, para De la Cruz llega ahora su gran momento.

El catalán creo por eso que se ha equivocado. Entró al relevo a Landa sin tener atada la victoria de etapa y encima alejó al líder de su compañero Mas. Al final ni lo uno, ni lo otro. Es posible que dos Quick Step acompañen a Landa en el podio final, pero lo harán, previsiblemente, sin la etapa que David podría haber ganado de haberle pasado la responsabilidad a Landa.

La jornada tiene otras dos buenas noticias: la celebración desde cabeza de Jaime Rosón de su fichaje por Movistar y la confirmación de que Miguel Angel López ha resurgido, por enésima vez, de sus cenizas y apunta estar fuerte en la Vuelta a España.

Imagen tomada del FB del Team Sky

INFO

La Cerdanya Cycle Tour es la única prueba en España del circuito internacional Gran Fondo WT…¿Te apuntas?

La “semana negra” para el Team Sky

Siempre me he preguntado por el sentido de espectáculo que tienen en el Team Sky, los hombres de negro que se caracterizan por bloquear las carreras que ganan y ser meros comparsas cuando no tienen el pez gordo al alcance.

Es sabido que en este Giro las cosas no han rodado bien para los británicos, que vieron caer de una tacada a sus dos lideres por un increíble enganchón con una moto en el pie del Blockhaus, acabándose las opciones de Mikel Landa y Geraint Thomas en un periquete.

Ahora las cosas vuelven a estar como años atrás, como en el Tour del 2011, cuando Wiggins se retiró tras una caída, y el de tres temporadas después, cuando Froome puso pie a tierra el día del pavés. Si en la primera ocasión, Boasson Hagen sacó provecho de su innata clase, con dos triunfos de etapa, en la segunda lo cierto es que Richie Porte, ante la opción de dar el paso a adelante, se diluyó sin su líder.

Me ha llamado la atención esta editorial de Rouleur al respecto de la tercera semana para el Team Sky, sin un objetivo claro en la general, Philip Deignan está a casi tres cuartos de hora de la maglia rosa. Y me ha llamado la atención por el sentido crítico de la misma, algo que en este lado de los Pirineos sería complicado encontrar con los plumillas plegándose ante el Movistar.

Para Rouleur esta crisis del Sky debe ser una oportunidad de hacer algo más, y ese algo más es romper con la imagen de equipo monótono y conservador, que cuadra todo como si alemanes fueran. Esa opción pasa además por nombres concretos, porque en una semana donde quedan kilómetros y kilómetros de subida, además los más exigentes de la carrera, se debería esperar algo importante de los Sky que quedan en liza.

Porque todos miramos a Landa, con razón, como la baza más evidente, pero ojo lo que tienen aún los ingleses en carrera, con el alavés como punta de lanza, vienen Diego Rosa, el primero en intentarlo en Oropa, Sergio Henao, el gran apoyo de Geraint en Blockhaus, y Kenny Elissonde, inédito en lo que llevamos de carrera. Incluso Vasil Kiryienka, a quien todos le recuerdan su increíble éxito en Sestriere hace seis años en una escapada increíble.

Si hay gente del cine tras el patrocinio de los británicos, quizá sea el momento de hacerse un Klilian Jornet y protagonizar un “Summits of my life” coleccionando victorias de prestigio en entornos de la leyenda de Stelvio, Sella y Mortirolo. Que demuestren que Brailsford está equivocado cuando piensa que las relaciones públicas son inútiles, porque “la victoria es el mejor acto de relaciones públicas que existe”. Y está muy bien esa comparación con el Cannondale, equipo que no ha ganado una grande en los últimos años, pero que se ha granjeado el cariño de los aficionados entrando al trapo cada vez que se colocan un dorsal en la espalda.

Porque como un día dije a Toni, «las victorias sin sentimiento no trascienden«.

Imagen tomada del FB de Team Sky

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El “savoir faire” francés

Hace casi dos años cuando a Alberto Contador le caía la sanción por su positivo de hace tres temporadas, el fervor patriótico hervía por los comentarios y parodias que un mal llamado periodismo francés hacía de los mejores deportistas españoles. “Nos tienen una envidia terrible” afirmábamos, al tiempo que mediamos el tamaño de la injusticia que considerábamos se había hecho con Alberto Contador. Un ejercicio de patriotismo, de defensa de lo nuestro en estos tiempos de grave crisis se imponía. Era imperioso salir a defender lo nuestro, pero ¿qué es lo nuestro? Aunque la defensa fuera enconada y los argumentos rudos, esa tela de humo no podía disimular un esqueleto deportivo, el español, que en lo que a ciclismo se refiere es pero que muy mejorable. Dos años después lo vemos en su crudeza, el ciclismo español pasa época complicada no, complicadísima. Ausencia de equipos, carreras en peligro de todo, el peregrinaje internacional de figuras, ciclistas muy apetecibles sin contrato,… esta realidad no se plasma con suficiencia ni siquiera se quiere poner negro sobre blanco frente a la situación del ciclismo francés, que sigue siendo pero muy alejada de la nuestra porque a pesar de los pesares, mantienen una cultura deportiva cien veces más madura y democrática y aunque hayan sido más papistas que el Papá en lo relativo al dopaje, sigue teniendo buena salud y perspectivas. Hacen unos días la lotería gala, la Française des Jeux, renovó su patrocinio con el equipo que dirige Marc Madiot. La FDJ, pues así responden sus siglas, es la casa de Thibaut Pinot, Arnaud Démare, Kenny Elissonde y Alexandre Geniez, incluso hasta la de un ciclocrossman como Francisc Mourey, quien ganó el encantador Tro Bro Leon. Son corredores jóvenes, con mimbres de ser algo interesante y reciben un patrocinio que se alarga hasta 2016. Al lado el Europcar acaba de entrar en el máximo circuito donde se mantiene el AG2R. En un panorama donde se caen proyectos al tiempo que entrar en el World Tour es una quimera para muchos, Francia tendrá tres conjuntos desde los que canalizar el ciclismo que viene, y que no es otro que en categorías inferiores funciona bien. Y todo esto ocurre en un país que va camino de los treinta años sin ganar el Tour. En un país que no viste de arco iris desde Laurent Brochard en San Sebastián, allá por 1997, mismo año en que Laurent Jalabert logró en Lombardía el último monumento. El ciclismo francés lejos de ser perfecto sí es un espejo donde mirarse los problemas propios. Al amparo del Tour y su maquinaria aledaña, crece un deporte que aquí sí es rentable y que atrae interesantes inversores. Tienen la mejor carrera, clásicas centenarias e incluso exportan “savoire faire” a lares sin tradición pero con dinero para innovar. Hasta son dueños de la Vuelta a España, esa carrera que el día menos pensado dejan en dos semanas capando así la esencia de una gran vuelta. Conviene mirarlos más, saber qué hacen, cómo lo hacen y no sólo envidiar y malmeter. Si el ciclismo en España, en sus mejores años de siempre, no tuvo la cuota que mereció, qué habrá de pasar si se nos viene encima un desierto como el francés.