Het Nieuwsblad + Kuurne: en las clásicas se premia los valientes

Las dos primeras clásicas, Het Nieuwsblad y Kuurne, dan barniz de grandeza a la temporada

Entre la Het Nieuwsblad y la Kuurne, del fin de semana de apertura, nos quedamos con esas sensaciones encontradas que el presente nos regala.

Un presente de carreras que son eso, carrerones, pasión y furia entregadas en el homenaje del deporte más bello en su tierra de origen, su nido mecido al temblor del adoquín, el kilómetro cero de la leyenda, y las gargantas de miles de flamencos que hacen, si cabe, más estrechas esas rutas que idolatran gentes venidas de medio mundo.

Hablamos de Flandes.

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Un presente incierto y efímero que, visto lo sucedido en el UAE Tour, la actualidad el coronavirus en el pelotón, la cancelación de otros eventos de la potencia de una media maratón en París.

Entre esos dos presentes, el disfrute del momento, a incertidumbre del qué será, han caminado las rutas de la Het Nieuwsblad y la Kuurne-Bruselas-Kuurne en un estética que al fin ha retomado el filtro de la leyenda.

Se dijo que llovería y fue cierto, hubo una ruta mojada, angulada y ratonera, lo que nos gusta vamos.

Un premio mal disimulado que acabó en manos de dos corredores que empiezan a recoger lo que prometían.

El ciclismo a veces es justo, y la Het Nieuwsblad y la Kuurne lo han sido.

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En la primera Jasper Stuyven fue el maestro de las encerronas, siempre certero, omnipresente, imperial sobre la bicicleta, una promesa que abre el contador como esperábamos como hace tiempo.

Remando y remando mil veces, pillado en los cortes, muriendo en la orilla, como aquella etapa del Tour, Stuyven tuvo la lucidez de abortar los cortes que le amenazaron, despegarse en el templo de Flandes, la capilla, y arrimar lo suficiente a Yves Lampaert en el sprint final.

La Het Nieuwsblad, a falta de las semanas que han de pasar para Flandes y Roubaix, nos descubre que esta temporada sí, puede ser la de nombres que esperábamos hace tiempo aquí, llamando a la puerta, pero no despuntaban.

Lo mismo decir del danés -están que se salen los nórdicos. Kragh Andersen, un cuchillo camino de Tours que nunca habría brillado así en la primavera.

Nos dolió ver derrotado en la Het Nieuwsblad un coco como Lampaert, pero en Kuurne los Deceuninck tiraron de libro, fichas y oficio para que la cosa no se les escapara.

Y no fue sencillo, porque la victoria de otro danés Kasper Asgreen se escribió en la zozobra hasta el mismo final, con un equipo imponiendo por detrás y un velocista, Fabio Jakobsen que dudo estuviera para disputarle el triunfo a Nizzolo y Kristoff.

Pero el ciclismo es también esto, arte y engaño y los de Lefevere son maestros en ganar por cualquier forma que les cuadre.

Ahora, crucemos los dedos y que el espectáculo siga…

Imagen: ©Tim De Waele / ©Getty Images

 

 

El rodillo es azul y se llama Deceunick

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Sénéchal prosigue la historia que Jungels dejó en suspensivos…

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Qué final más bonito de Le Samyn. 

Es primavera en esencia, carrera con cuatro World Tour, 200 kilómetros, adoquines, muros y en Valonia.

No en Flandes.

Pero poco importó, la primavera, en la ceja que limita Francia con Bélgica, sabe a gloria, su ciclismo es bonito, te quita el sueño y te entretiene como si fuera un monumento lo que está en juego.

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Lo habíamos dejado con Zdenek Stybar ganando la Het Nieuwsblad.

Retomamos la crónica en la Kuurne-Bruselas-Kuurne.

Una crónica que escribe de su puño y letra Bob Jungels, el misil que viste los colores de Lumxemburgo y que rodó como los ángeles en la primera gran exhibición de la primavera, manteniendo el pelotón a distancia durante kilómetros y más kilómetros.

En una clásica de adoquín, triunfó el vigente ganador de Lieja.

Valonia, Flandes, Flandes, Valonia… tanto monta porque en Le Samyn el ganador fue francés.

Y fue un hombrecito de azul, un poderío en la pedalada, y en el control, un eslabón más en el Deceuninck.

Florian Sénéchal no ganó el año pasado pero su nombre asomaba en la segunda línea del wolfpack.

Como los nombres de Cavagna, de Jakobsen.

Es la segunda línea del entonces Quick Step, hoy Deceuninck, que cuando se la reclama sale y juega a ganar.

Porque Le Samyn fue una pizarra que los azules movieron a conveniencia ante una concurrencia nada sencilla.

Entre adoquines descarnados y cotas sin desnivel, Sénéchal se plantó como la carta de Lefevere frente al poderío neerlandés.

Lars Boom y Niki Terpstra se movieron tarde, pero con tiempo que coger la cabeza y hacer trizas lo que quedaba de vanguardia.

En cada movimiento, en cada alarde, Sénéchal, se ponía paralelo, les miraba y desafiaba el poder establecido.

Teníamos expectación por ver a Terpstra fuera de la manada: ya sabe lo que es correr contra tres o cuatro del mismo equipo y no en el tuyo.

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El francés corrió de diez, manteniendo a raya el poder tulipán y guardando las espaldas de Tim Declerq, que nadó y nadó para acabar en la orilla.

Volvió a ganar el Deceuninck, el equipo de las maravillas y aún hay quien dice que no le conviene a Enric Mas.

Pero si es una máquina de ganar y de pertrechar estrategias exitosas, estar aquí es respirar ambición y poner el alma en cada momento.

Y mientras Enric crece y se hace, no puede estar en mejor grupo.

Un grupo que lleva trece victorias, el pleno en las clásicas y amenaza con nuevas conquistas.

Las carreteras blancas escribirán el nuevo párrafo.

Los ciclistas deberían decir basta

El año pasado el ciclismo del más alto nivel vio, asombrado, como accidentes de corredores causados por las motos de enlace, que en teoría están para ayudar, se sucedieron uno tras otro y en varias ocasiones. Y no ocurrió en carreras menores, ocurrió en Flandes, Tour de Francia y San Sebastián, sin obviar la penosa circunstancia de Peter Sagan en la caótica etapa murciana de la Vuelta a España.

1.jpgPues bien, no contentos con ellos, el fin de semana pasado, hemos visto otros dos accidentes, el La Drôle Classic, en Francia, y en la Kuurne-Bruselas-Kuurne. El acontecido en esta ultima se vio además en vivo y en directo, por tele y ante sus compañeros. El motorista no prevé el movimiento del ciclista del Lotto, Stug Broeck, en lo que me parece una triste negligencia, porque si hay ocasiones en las que el accidente es una desgracia, en este caso, no parece que haya disculpa aparente. Pero ¿quién reparte los carnets?

El manager del BMC, Jim Ochowicz, ha enviado una carta a la UCI pidiendo soluciones a esta escabechina. Recuerda la misma persona que culpó a los equipo continentales de las caídas que acontecen en algunas carreras, como si los del Caja Rural, Novo Nordisk o Cofidis, entre otros, fueran idiotas, que ya escribió una misiva con este problema meses atrás, pero nada ha cambiado.

A mí me gustaría saber si esas misivas van con veladas amenazas de parar una competición de una vez por todas, porque este gremio que ha aceptado muchas cosas y ha montado grandes protestas por temas menores, no puede permitir ver como las necesidades de las organizaciones sobrepasan sus derechos quedando en el olvido o en el programa de zaping estos auténticos atentados contra su dignidad.

Una vez más vemos que los payasos del circo, los que dan vida a todo esto pero que suponen el eslabón frágil de la cadena vuelven a bailar con la más fea.

La merienda belga

Tanto el Circuito Het Nieuwsblad como la Kuurne-Bruselas-Kuurne, dos competiciones de cierto renombre, cuya celebración ha tenido lugar en dos fechas consecutivas en territorio belga, habiendo encontrado premio por un lado al corredor belga Greg Van Avermaet y por el otro a su compatriota Jasper Stuyven.

Tiempo apacible

El Circuito Het Nieuwsblad es una prueba de gran dureza en cuyo recorrido se han debido salvar veinte cotas de cierta identidad, una pesadilla que los concurrentes se ven obligados a superar y, además, salvar en su itinerario sendos adoquinados que venían a representar un tormento adicional en esta prueba que transcurre básicamente por la región de Flandes Oriental.

Esta vez se cubrieron 201 kilómetros, en unas condiciones climatológicas más bien apacibles, hay que decirlo, todo un contraste con respecto a años anteriores. Cumplía su 71ª edición, una existencia fructífera que si inició en el año 1945, una fecha un tanto ya lejana.

Cabe recalcar, centrándonos en su historia, que hasta el año 2008, el citado evento ciclista se distinguía bajo las siglas de Het Volk, entidad patrocinadora que se vio obligada a desistir en su apoyo por el alto dispendio económico que los organizadores venían sufriendo. A partir de entonces la puesta en servicio corre a cargo del popular y asentado rotativo flamenco Het Nieuwsblad, siempre atraído por las vicisitudes del pedal.

La carrera de este año tuvo sus emociones en el transcurso de la primera parte con el fulgor constante de varios protagonistas, por lo general más bien desconocidos. Con todo y así, fue a partir de una treintena de kilómetros para la meta cuando los acontecimientos cobraron más trascendencia. Se formó en cabeza un pequeño grupo integrado por siete unidades ante un contundente ataque en la cuesta de Lange Munte. Hubo un trecho de trescientos metros de adoquinado que contribuyó a fraccionar todavía más al gran pelotón. A la postre, en vanguardia, quedaron en el alero y en definitiva cinco valientes, luchando con una ventaja que osciló  alrededor de algo menos al minuto de tiempo.

La astucia tiene un precio

Fue a la vista de la ciudad histórica de Gante, con la silueta inconfundible de su recortado castillo, en donde la situación acabó de hilvanarse de manera contundente. El belga Greg Van Avermaet (30 años), conocedor del oficio y que hará un par de temporadas fue segundo en esta competición, pudo zafarse o sorprender al hombre que poseía todas las opciones para vencer: el eslovaco Peter Sagan, que vio truncadas sus esperanzas en el último soplo de la carrera, debiéndose contentar con ser el gran perdedor, vistiendo la casaca de oro de arco iris, prenda que distingue al que ostenta el título mundial.

A continuación se clasificaron con el mismo tiempo el belga Benoot (3º), el británico Rowe (4º) y el animoso corredor galo Gougeart, muy belicoso en los últimos momentos. La victoria, muy disputada por cierto, fue, repetimos, para Van Avermaet, a pesar de que todo el mundo apostaba por Sagan, que con creces es un desenvuelto velocista y que cruzó la línea de llegada desesperado frente a la realidad de los hechos.

¿Quién es Van Avermaet?

Nació en la población de Lokeren, que cuenta con 40.000 habitantes y que posee, según recordamos, un carillón dotado de 49 campanas, que nos llamó poderosamente a la atención en una de nuestras visitas. Van Avermaet pasó a ser ciclista profesional en el año 2006. Sus aptitudes se amoldan con preferencia a las carreras llamadas clásicas, léase de una sola jornada. Ha destacado también en alcanzar victorias de etapa en pruebas de largo kilometraje. No es un corredor que reúna un amplio historial, aunque se ha hecho notar en repetidas ocasiones.

Mencionemos su victoria en la París-Tours (2011), la Vuelta a Bélgica y una 9ª etapa en la Vuelta a España (2008), con final en Sabiñánigo, debiendo adicionar el de que ganara asimismo la clasificación por puntos. También venció en una etapa, que culminó en la localidad de Rodès, en el Tour de Francia (2015). Tiene una buena estatura: un metro con 81 y un peso de 75 kilos, es decir, las características idóneas de un rodador.

Algunos recuerdos para la historia

Nunca está de más el de que hagamos hincapié que el primer vencedor de del Circuito Het Nieuwsblad fue el belga Jean Bogaerts, en el año 1945. Sólo ha habido tres corredores que han logrado ser vencedores de la misma en tres ocasiones, cifra máxima. Fueron Ernest Sterckx, Josep Bruyère y Peter Van Petegem. No deja de ser un mérito para ellos.

No quisiéramos dejar en el tintero las prestaciones realizados por el argentino de origen pero nacionalizado español, Juan Antonio Flecha, que ganó en la edición del año 2010, sin olvidar sus dos segundos puestos en los años 2007 y 2011, y un tercero en el 2012. Es una página que no debemos dejar en el cajón de los olvidos y que vale la pena tomar en consideración, especialmente  a favor de los aficionados propensos en conocer los hábitos estadísticos.

La joven promesa Stuyven acaba de ser noticia

La otra segunda clásica denominada Kuurne-Bruselas-Kuurne, ha constituido otro evento importante en este fin de semana. El joven corredor belga Jasper Stuyven, que cuenta con tan sólo 23 años, situándose como noticia de actualidad tras su valioso triunfo en la citada competición  de carácter internacional. Con esta victoria conseguida en solitaria que ensalza a los valientes, se sitúa en buena línea y más tomando en consideración que lleva sumergido en el campo profesional desde hace tan sólo tres temporadas.

La prueba en sí no ofrecía muchas dificultades en cuanto a las alternativas que nos deparaba su recorrido. Era una prestación más a la par con las aptitudes que pudiera reunir cualquier ciclista amante de la velocidad y el riesgo. No hubo muchos hechos dignos de mención, salvo cuando se contabilizaban hasta la línea de meta un cómputo de 25 kilómetros. Cabe reseñar que la última dificultad se encontraba a 50 de la llegada, emplazada en la población de Kuurne.

En el tradicional forcejeo de última hora, cuando el grupo de cabeza constituía una masa bastante numerosa y cuando los hombres de la ruta imaginaban que la victoria se resolvería entre los puros velocistas, surgió de forma inesperada esta estrella de la nueva generación, apellidado Stuyven, que decidió fugarse en solitario y jugar su arriesgada carta con decidida convicción. Entre los contendientes y favorito número uno se encontraba su compatriota Tom Boonen, vistiendo la elástica del equipo Etixx-Quick Step. Era el hombre a batir. Pero el pronóstico a voces no se cumplió ante la poca motivación de varios componentes que confiaban que Boonen y su equipo les sacarían las castañas del fuego, como muestra este aserto popular.

El audaz Stuyven en un alarde de fuerzas apuró a lo alto defendiendo los pocos segundos de ventaja con los que contó, léase medio minuto apenas. Efectivamente, se asemejaba su vuelo hacia la meta una lucha individual y dramática de estas que se libran en las etapas contra las manecillas del reloj. Una esfuerzo despiadado contra un conglomerado de ciclistas más o menos conjuntados que no se fiaban unos de otros. Es aquello que se suele decir: “Si yo trabajo a tope otro vendrá y me arrebatará el fruto, la gloria”.

Jasper Suyven, nacido en la histórica ciudad de Lovaina, feudo universitario de indudable fama, redondeó la victoria, un premio bien merecido. Venció, aunque por escasísimo margen, sobre el noruego Alexander Kristoff, por  un escaso margen de 17 segundos, siguiéndole el francés Nacer Bouhanni (3º), el holandés Rylan Groenewegen (4º) y el polaco Lukanz Wisniowski (5º).

Ecos históricos

La Kuurne-Bruselas-Kuurne se instauró en el año 1945, con un primer vencedor llamado Valère Ollivier, que procedía de una familia más bien acomodada de un alto poder económico en la región flamenca que le vio nacer. El citado protagonista no alcanzó mucha fama dándole a los pedales, pero su nombre figura en la cabeza de la tabla que honra a los ciclistas ilustres que han pasado a ser historia. Al cabo de cinco años volvió a repetir la gesta gracias a su constancia.

Por otra parte, vale la pena poner sobre el tapete de los recuerdos el de que el belga Tom Boonen, la frustración en esa 68ª edición, sigue ostentando la honrosa distinción que le acredita ser el único corredor que ha logrado alcanzar tres coronas de laurel en el palmarés de esta prueba.

Así se escribe la historia.

Por Gerardo  Fuster

Imagen tomada de Het Niuewsblad

Kuurne, la contracrónica

Otra clásica de cierto renombre acaba de celebrarse en los confines de Bélgica. Es la denominada Kuurne-Bruselas-Kuurne, que tiene lugar en los contornos de la provincia de Flandes occidental bajo la responsabilidad de la ciudad de Courtrai. La victoria, esta vez, ha correspondido al casi invulnerable corredor británico Mark Cavendish, en una turbulenta llegada con el concurso de nada menos 74 corredores, lanzados al unísono en pos del triunfo. Los velocistas, pues, marcaron la pauta y el favorito entre los favoritos, Cavendish se impuso en apretada lid frente al noruego Alexander Kristoff y al italiano Elia Viviani, otros puntales de la velocidad.

Un alto promedio marcó la pauta de la carrera

Quizá la nota más destacada del día fue que Cavendish con todas las armas a su favor registrara una media horaria de 41,269 kilómetros, una cifra que de por sí delata la velocidad impuesta a lo largo de todo el recorrido a pesar de los ingredientes un tanto incómodos como fueron los célebres muros -subidas muy empinadas- y también el tener que salvar algunos trazos de adoquinados. Son dos obstáculos a la par que atormentan a cualquier ciclista. Como nota complementaria quisiéramos exponer que el récord lo logró precisamente el mismo Cavendish en la edición del año 2012, al marcar una media de 44,410 kilómetros a la hora, lo cual no deja de ser un mérito digno de elogio.
Cabe consignar también los numerosos abandonos que apuntó la carrera de referencia. La cifra a primera vista nos parece de un cariz casi inverosímil. Se apearon a lo largo de su difícil e intrincado recorrido nada menos que noventa ciclistas, que se vieron impotentes, sin fuelle, para mantenerse hasta el final, situado en la localidad de Kuurne, una pesadilla inacabada.

Quién quiere triunfar debe arriesgar

Lo fundamental de esta clásica se dirimió en los postreros kilómetros que restaban para la meta. El gran pelotón, lleno de autoridad, zanjó la cuestión sin piedad, neutralizando a los belicosos que animaron la carrera con vivacidad. Siempre hay voluntarios para este ingrato cometido que no tiene un fin glorioso y sí heroico si se quiere. El belga Philippe Gilbert, lanzó un furibundo ataque cuando faltaban 5 kilómetros para cruzar la línea de llegada. A 600 metros de su conclusión, su intentó se esfumó ante la voracidad impuesta por el pelotón, que no estaba dispuesto a librar concesiones de ninguna clase. El británico Mark Cavendish, el hombre más veloz del momento, hizo gala de sus facultades innatas en estos menesteres que requieren a la vez mucho riesgo y mucha atención. Ganó sin discursión. Tras él puntuaron el noruego Kristoff y el italiano Viviani, que no constituyeron ninguna novedad ante el vértigo de la velocidad.
Mark Cavendish alcanza su sexta victoria en la presente temporada, destacando sus dos triunfos de etapa en el reciente Tour de Dubai y, a la vez, su victoria absoluta. También tuvo la virtud de adjudicarse la Clásica de Almería, otro eco reciente que suena en nuestros oídos. Cabe consignar que esta prueba del calendario europeo lleva cubiertas la friolera de sesenta y ocho ediciones. Nunca está de más el mencionar que esta clásica se instauró en el año 1945, con el triunfo de un corredor flamenco llamado Valère Ollivier.
Por lo demás, sí quisiéramos afirmar que esta carrera jamás ha sido propicia a los ciclistas españoles. Nunca nuestros representantes tuvieron la oportunidad de subir siquiera al podio, un honor que los aficionados al deporte de las dos ruedas suelen admirar. Es bueno y halagador el poder recordar esa clase de efemérides destacadas inscritas en el pasado.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de http://www.etixx-quickstep.com/

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El Team Sky no mete miedo sobre los adoquines

Con Juan Antonio Flecha, en su primera temporada en el pelotón, empieza y acaba lo mejor de Team Sky en las grandes clásicas de primavera. El catalán firmaba en 2010 el primer éxito del entonces recién creado equipo inglés, siendo el mejor en la rebautizada Het Nieuwsblad, la Het Volk de toda la vida. Desde entonces el vacío más absoluto puebla el palmarés del mejor equipo del mundo en las grandes citas de un día.

De hecho, si tomamos las estadísticas comprendidas en estos mes de marzo y abril, sólo Flecha implicó al Sky en las grandes carreras con su tercera plaza, por ejemplo, en la París-Roubaix y en el E3 de Harelbeke en 2010. Fuera de estos resultados emergen las victorias en la Kuurne –clásica de segundo orden- de Mark Cavendish y Chris Sutton y podios concretos, tales como el de Geraint Thomas en A Través de Flandes (segundo en 2011) y el de Thomas Lofkvist en la Strade (segundo en 2010). Fuera de estos resultados un solo podio más en un monumento: Rigoberto Uran tercero en el Giro de Lombardía ganado por Purito por delante de Samuel Sánchez.

Curiosamente pues, el ciclista más errático en lo táctico, Juan Antonio Flecha, ha sido el gran, por no decir que el único, valedor del perfeccionista equipo negro en este teatro. Y eso que en el seno del equipo de Dave Brailsford no han corrido unos cualquiera por mucho que no hayan hecho honor a sus respectivos cachés.

En el caso más evidente tenemos a Edvald Boasson Hagen, ese ciclista casi anónimo e inestable en las grandes citas del adoquín. Un corredor que prometía no mucho, muchísimo, pero que quema años sin explotar el mínimo que se le supone. Incluso el noruego cuajó actuaciones para el análisis como la del año pasado cuando ante la arremetida de Tom Boonen ni tiró ni ayudó ni siquiera buscó salir a por el belga. Simplemente fluyó sin pena ni gloria hasta el velódromo.

En la presente campaña dos ciclistas negros vestidos de la tela de la glamurosa Rapha han afinado pero no sabemos si lo suficiente. El leal Mathew Hayman que Flecha se trajo de Rabobank fue tercero en A Través de Flandes, en ese sprint imposible que ganó Oscar Gatto, mientras que Ian Stannard ha merodeado sin suerte la vanguardia aunque transmitiendo un poder terrible, a tal punto, que nos es descabellado pensar que hasta podría ser de la terna de cuatro o tres estrellas en un baremo de favoritos que vaya de uno a cinco.

Y luego está la perla del ciclismo británico, aunque galés en este caso: Geraint Thomas, el elegante “velodromista” de Cardiff que ganó la París-Roubaix juvenil y que debe dar el salto. El año pasado tuvo la bula olímpica para desinhibirse del tétrico papel de su equipo camino de Roubaix pero en esta ocasión debe asumir galones más cuando su gélido partenaire, EBH, no atisba mejora evidente.

Veamos pues a los Sky ante el binomio del pavés por antonomasia. Y es que, a pesar de del enorme dominio en pruebas por capítulos, a los Brailsford aún les quedan terrenos por conquistar en esto que le llaman ciclismo.