Collfred… ¡qué salvajada!

Si os van los puertos duros, con desniveles imposibles, id a Collfred

No lo puedo evitar. Soy incorregible, miro Collfred…

Me siguen atrayendo los retos en forma de montañas y desniveles.

Cuanto más duros, mejor.

El otro día hablando con un amigo llegamos a la conclusión de que “el llano nos aburría”, que a nosotros lo que nos gusta son los puertos y que babeamos en cuanto vemos una rampa exigente, ni que sea la de salida del parking.

 

Somos así. No lo podemos evitar.

Y encima ahora con el reto CIMA, se ha abierto la veda: ¡que se preparen los puertos! ¡Vamos a por ellos!

Así, en mi caso, he iniciado una pequeña colección de “cromos” que me faltaban, nuevos colosos que han surgido aquí mismo, muy cerca de mi casa, como si de gigantes bolets se trataran.

Ya no tengo que ir a Asturias, Pirineos o Alpes a buscar belleza y dureza. Las tengo aquí mismo.

Hace unos días fue Pradell, ahora le ha tocado a Collfred.

¿Pradell o Collfred?

Si antes la discusión estaba entre Turó de l’Home o Mont Caro, ahora está entre ellos, pues parece que lo que está claro es que ambos los superan en dureza.

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Yo, sin lugar a dudas, os puedo decir que Collfred, siempre hablando bajo mi modesta opinión y valorando todas mis ascensiones, es uno de los puertos más duros que he subido nunca, o al menos de los que se me han hecho más duros.

Como podréis leer por ahí, Collfred es terrible, o “és dur de collons”, el auténtico monstruo de la Garrotxa.

Yo lo tengo muy claro.

Para que no digan que “sólo” hago ascensiones, esta vez me lo curro un poco más, y mi aproximación es hasta Sant Pere de Torelló.

En esta localidad es donde agarro la bici, ansioso de nuevos descubrimientos, y me adentro en la carretera que asciende al collado de Bracons.

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Bracons, por este lado, es la cara “fácil”, aunque de esto no tiene nada.

Si bien es un puerto muy irregular no deja de ser por eso dificultoso.

Es destacable a partir de la población de La Vola, donde dará inicio la parte más dura, con rampas de hasta el 14% en alguna que otra curva.

Regulando mucho, sabiendo lo que me esperaba después, corono sin problemas el puerto, llegando a la preciosa comarca de la Garrotxa, ya en la provincia de Girona.

Foto de rigor junto al cartel y me dejo caer dirección Joanetes, con la cabeza ya puesta en Collfred.

 

El monstruo de la Garrotxa

Tengo unas ganas locas de llegar, pero aún me da tiempo de contemplar la belleza de la Vall d’en Bas, disfrutando de un buen paseo de unos 6 kilómetros rodeado de unos campos verdes, agraciados por las benditas últimas lluvias, antes de llegar a Sant Privat d’en Bas.

Andaros con ojo, antes de entrar en el núcleo antiguo del pueblo, de coger bien el desvío hacia Collfred, ya que no está indicado por el nombre del puerto.

Tenéis que seguir dirección Vidrà y es aquí cuando ya lo tendréis en el punto de mira, llaneando un rato junto a un campo de fútbol que dejaréis a la izquierda, antes de enfrentaros a la primera rampa seria del monstruo.

No os puedo negar que sentía admiración y respeto, miedo pero curiosidad, por ver, por fin, todo lo que había leído sobre él.

Por supuesto que aquí echo mano de todo lo que llevo (34 por 27) y que no quitaré hasta el final, aún sabiendo que hay descansillos.

No voy a bajar piñones. Prefiero ir ligero y poder afrontar las siguientes rampas, siempre entre el 18 y el 20%, en forma de curvas hormigonadas.

 

Toda esta primera parte del puerto es así, lo que yo esperaba: 4 kilómetros encadenados que, a modo de escalones, con pequeñísimos rellanos donde recupero un poco la respiración, voy subiendo como una escalera con peldaños gigantes y sin barandilla donde agarrarme.

La carretera es estrecha y arbolada, aunque poco a poco, a medida que voy ascendiendo, se va abriendo, no sin afrontar duras rampas y oteando lo que parece ser un primer alto.

Desde ese punto se puede contemplar parte de la subida realizada, antes de que una nueva rampa al 20% me vuelva a poner a prueba.

El desnivel se sigue acusando, justo en el momento en que cruzo la primera de las tres barreras canadienses.

Atención porque son muy peligrosas, ya que la distancia entre barrotes es bastante considerable.

¿Os he dicho que durante toda la ascensión he estado acompañado por unas espectadoras muy especiales?

Sí, todos estos campos están llenos de grandes y hermosas vacas, que contemplan con bucólica visión mi cansino paso.

La salida del paso canadiense esconde otro tremendo muro.

Este puerto se sube a base de sustos.

Echando la vista atrás se contempla el paisaje… y las puñeteras rampas.

El firme de la calzada no ayuda nada, además de curvas y más curvas hormigonadas, gravilla, mal pavimento… y la maldita pendiente, claro…

Sigo enlazando muros. Parece que el final está cerca.

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En este punto encuentro algunos descensos, seguidos de tremendas rampas.

Esto ya será así durante los últimos kilómetros, más llevaderos pero muy tocado por el tremendo esfuerzo que ha supuesto salvar estos terribles desniveles.

En el descenso hacia Vidrà, hice amistad con un vecino al que le pregunté cuánto faltaba para llegar al pueblo.

Se trata de Hugo, francés, que lleva 20 años viviendo aquí, en la primera casa que encontréis a mano izquierda en el descenso.

Me estuvo explicando que este puerto lo asfaltaron un poco antes de que él llegara, y que por aquí viene muy poca gente.

Se sorprendió mucho de que hubiera llegado hasta allí en bici y se ofreció a llevarme de vuelta a Sant Pere de Torelló, a lo que accedí gustosamente.

SQR – GORE

 

Si vais por allí, podéis ir a su casa -seguro que os invita a almorzar-, y le podéis dar recuerdos de parte de Jordi.

Es buena gente.

Foto: Jordi Escrihuela

Altimetria: www.ramacabici.com