La canción de la Vuelta, esa trasnochada y desdibujada tradición

“Volar cometas por el cielo, como el sol, como el mar”. Así reza un estribillo de uno de los hits del grupo que pone la sintonía de la Vuelta a España 2012, La Oreja Van Gogh. Vincent Van Gogh fue un holandés universal cuyo talento se pone en cuestión cada vez que este  grupo de sentido comercial, vacuidad de contenido y fácil encaje lírico se sitúa en las ondas o pisa un escenario.

Que el ritmo no pare, no pare, no

Pero al margen de estilismos, cuyos límites ya marcamos desde el primer trazo, lo que viene a coalición es uno de los highlights de la grande hispana. La canción de la Vuelta es una de las marcas inherentes a la realización de la carrera que creo se mantiene por inercia. Más de treinta años lleva este ritmillo acompañando las entonces sempiternas reseñas nocturnas con todo lujo de detalles, despiezadas en análisis varios y enriquecidas con retrospectivas.

Quien no recuerda el estribillo “Me estoy volviendo loco, poco a poco, poco a poco” de Azul y Negro o el “Más y más” de La Unión. Dios, qué tiempos. Las vueltas de Pino, Millar, Kelly, Perico. Años ochenta, Madrid en movida. El ritmillo de la Vuelta golpeaba con fuerza. Arrasaba. Proyectaba la carrera, sus héroes, más allá del circulo estrecho y grueso de amantes de la bicicleta. Entonces a la canción de la Vuelta se le suponía un efecto divulgador que ahora, con todos los respetos, no detectamos.

Recuerdo a la insólita cantante de Nena Daconte, hace un par de años, hablar de la importancia de ser “canción de la Vuelta” su ininteligible “En qué estrella estará” que acompañó a Vinokourov. No creo que vendiera mucho más por estar acompañado la serpiente por toda España. Sinceramente, desde el éxito de Melendi en esa edición que salió de León, hace ocho años, las sintonías no me han acabado de enganchar. Antes la espectacular Patricia Manterola nos obsequió con un ondeante, y justificado “Que el ritmo no pare”. Yo le diría a ella que no pare, no. También hubo bandas sonoras con el tiempo premonitorias. Qué no dirían Jesús Manzano y Eufemiano del “Corazón congelado” de Pastora Soler. Hevia le dio toque galaico a las ediciones que tuvieron cierto color asturiano e incluso Tino Casal, Serafín Zubiri y Gloria Estefan le dieron recorrido a esta íntima pieza, tan arraigada como Naranjito a nuestro primer y único Mundial de fútbol. La próxima vez que vayan a su tienda de discos de confianza, digan quiero el de la canción de la Vuelta, a ver qué les dicen.