¿Buscáis la fama? Cinco puertos ciclistas que os la darán

«Buscáis la fama, pero la fama cuesta y aquí es donde vais a empezar a pagar… ¡con sudor!». (Debbie Allen)

¿Qué cinco grandes puertos ciclistas consideráis que son indispensables para el cicloturista?

Ese puerto, esa marcha, ese reto que no debería faltar en el palmarés del ciclista turista que se precie de serlo.

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Esos sueños de oro ciclistas que deben figurar como nuestros más preciados trofeos que exhibimos en nuestras vitrinas, esos que lucimos y presumimos con orgullo delante de nuestros familiares y amigos.

La mayoría de ellos son lugares de renombre, afamados por la historia y la leyenda, la épica y el mito.

Tom Dumoulin Giro Italia Stelvio JoanSeguidor

Tanto que incluso para los más neófitos en términos ciclistas los reconocerán y, con cara de asombro y admiración, os dirán: ¡ah! ¿Sí? ¿Tú has subido hasta allá arriba?

Desafíos de todo tipo y para todos los gustos los que hemos conseguido (o estamos pendientes de ello) ahí afuera.

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Más o menos distinguidos, pero que sin duda el lograrlos bien valen una vida dedicada al cicloturismo.

Sitios que han hecho que levantemos el culo de nuestro sofá, nos han motivado y nos han hecho salir a entrenar con el objetivo único de conquistarlos, rendirlos a nuestros pedales para redondear una excelente temporada ciclista.

Y así año tras año, hasta coleccionar una buena cantidad de cimas que nos diferenciarán del resto de los mortales por haber asediado rincones inclinados que parecían imposibles de alcanzar.

Para intentar averiguar qué destinos son los imprescindibles hicimos un pequeño sondeo en nuestras redes sociales entre los amigos, esto es, entre vosotros mismos.

Vuestras respuestas fueron de lo más variopintas y no quisiéramos dejarnos ninguna en el tintero.

Tour Alpe d´ Huez JoanSeguidor

Fueron muchas, pero buscábamos sólo cinco.

Sí, lo sabemos, muy difícil elegir entre tanto bueno y bonito (que no barato).

Pero se trataba de eso, de localizar entre tantos duelos y combates a lomos de vuestras bicis a cinco ineludibles, aquellos que sabéis que os han dado fama entre los componentes de vuestra grupeta.

A pesar de tan complicado intento sí hemos podido comprobar que todas vuestras sugerencias han tenido varios máximos comunes divisores, en forma de hilos conductores, que empiezan en Asturias y acaban en Dolomitas, pasando por Pirineos y Alpes.

Estos puertos ciclistas son nuestro santuario.

 

Covadonga- Nairo Quintana JoanSeguidor

De esta forma, hemos conseguido reducir a cinco mínimos comunes denominadores a los que más se repetían y que en ellos sin duda, buscándolos, mereceréis la gloria:

Lagos de Covadonga, la cima de leyenda que descubrió la TV

Tourmalet, posiblemente, el puerto más famoso del mundo

Alpe d’Huez, el gran teatro del ciclismo

Mont Ventoux, fuego en el pecho

Stelvio, una de las mejores experiencias que un ciclista puede tener

¿Y los vuestros? ¿Cuáles son vuestros sueños de oro?

Los Lagos de Covadonga y el ciclismo: ayer y hoy

En los Lagos de Covadonga el ciclismo se vestía de gala

Aseguraban desde la moto, Emilio Tamargo en concreto, aquella tarde de abril de 1985, que algunos colombianos ponían una corona de 22 para subir a los Lagos de Covadonga.

Era el tramo más duro de aquella etapa con final en los Lagos, en la Vuelta del 85.

Robert Millar, de quien bromeaba Ángel María De Pablos, con música de fondo, que iba bien «especialmente por el whisky», hizo un derroche en aquella subida que llevaba primero a Ercina, luego a Enol.

Millar, que con el tiempo sería Philippa York, apuraba aquellas rampas imposibles de Covadonga, imposibles para la época.

Un 15% entonces era el 22% de ahora.

Aquella subida a los Lagos de Covadonga era silvestre, salvaje, con los primeros hervores de la primavera, un sol que no siempre fue tan generoso hacia la cima la asturiana, y de lana y acero.

La gente del ciclismo somos curiosos: vemos hoy aquella subida, hace ya 35 años a los Lagos, y decimos aquello sí que era ciclismo.

Con una pléyade de nombres, Álvaro Pino, Raimund Dietzen, Fabio Parra, Peio Ruiz Cabestany, Perico Delgado, Pedro Muñoz… que eran mitos en vida, adorados en las llegadas y salidas de media España, aquel ciclismo posiblemente sería peor que el actual, pero sí que estaba más interiorizado entre la gente,

Bahamontes se lamentaba que hubieran tantos juntos, tan cerca de meta, él tan racial, tan de romperlo todo cuando se terciaba.

«Hay que hacer hueco en las rampas duras» repetía Bahamontes, con Jesús Álvarez desde el estudio.

Y sí, vemos aquellas imágenes y nos entra nostalgia, esa carretera que dudo no tuviera boñigas de vaca entre los socavones del frío y el invierno, esos maillots, esas retransmisiones sin conocer el recorrido, como las actuales, en las que el periodista de meta, Alberto Barcia se picaba por que había compañeros muy agresivos para conseguir las palabras del ganador.

Pero ya entonces recuerdo, lo mucho que nos gustaría saber sobre los ciclistas, su vida menos pública, sus entrenamientos, los lugares por donde competían, tener 24 horas de ciclismo, como puede suceder hoy en día.

Entonces queríamos lo de hoy, hoy queremos lo de entonces, somos así, inconformistas, nunca es suficiente, y si nos permitís viajaremos a la primera vez que los Lagos de Covadonga iluminaron la televisión y la historia de la Vuelta.

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Recuerdo perfectamente aquel día de primavera del año 1983.

Por primera vez la Vuelta se retransmitía en directo por TVE.

La expectación era enorme.

Nadie conocía aquella subida que iban a afrontar los corredores.

Decían que era muy dura.

Y muy bella.

No decepcionó a nadie.

Aquella tarde pegado a la pantalla de televisión asistí al nacimiento de una estrella en la montaña asturiana de los Picos de Europa: los Lagos de Covadonga, y también por extensión al ganador de aquella épica jornada: Marino Lejarreta, que dio toda una exhibición en sus espectaculares rampas batiendo en los porcentajes más duros al mismísimo Hinault.

Desde entonces la leyenda de los Lagos creció a pasos agigantados y ganar en su cima daba prestigio y se convirtió en toda una hazaña para todos los que alzaban sus brazos junto al lago Ercina.

Por recordar algunos pocos, y épicos nombres, me vienen a la memoria ciclistas como Perico, Millar, Lucho o Pino. Vencer allí arriba, a 1070 metros de altitud, no era fácil en los años 80 que tenían que mover desarrollos mucho más duros que los de hoy en día para superar muros como la Huesera o el Mirador de la Reina que por aquel entonces, muy lejos aún de los descubrimientos de Mortirolo, Angliru o Zoncolan, eran paradigmas de dureza extrema ya que no se conocían los exagerados porcentajes que actualmente sufren los corredores.

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Ascender los Lagos en aquella época era el sueño dorado de muchos iniciados al cicloturismo que, como yo, veíamos en fotos las imágenes de aquella espectacular ascensión. En mi caso fue una que debí ver en alguna de las muchas revistas que tenía por ahí amontonadas.

En la imagen tres cicloturistas, de espaldas y sobre las monturas de sus bicis, contemplando el hermoso lago de Enol.

El de en medio apoyado en sus dos compañeros, manteniendo el equilibrio.

No se les veían las caras, pero era fácil imaginarlas.

Una estampa preciosa.

Esta fue mi primera visión onírico-cicloturista que resumía a la perfección los valores que buscaba en este deporte: amistad, satisfacción, naturaleza y esfuerzo, el que suponía llegar en bici hasta la orilla de los lagos, y me dije: “yo quiero estar ahí”.

No tardé en cumplir aquel deseo junto a otros tres amigos y recuerdo, una vez superadas sus cuestas más duras, descender un corto pero duro repecho que nos mostraba, allá abajo a la derecha, en medio del verde asturiano, el anhelado lago.

¡Ya me encontraba allí! Pero para coronar la mítica montaña teníamos que llegar hasta arriba.

No pudimos ver bien el lago de la Ercina ya que una espesa niebla nos lo impedía.

Dimos media vuelta y la foto de rigor nos la hicimos donde años antes soñaba con estar.

Un paraje venerado por muchos asturianos que año tras año han puesto el nombre de Enol a sus hijos.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

Imagen tomada de www.eyeonspain.com

 

Cuando la Lagos de Covadonga era una marcha 100% cicloturista

Hace más de 20 años, la Huesera era la madre de todas las rampas y paradigma de dureza extrema

El haber leído las críticas vertidas sobre la célebre marcha de los Lagos de Covadonga, me ha hecho recordar que yo hace un tiempo los descubrí de manera muy diferente a cómo se vive la prueba hoy en día.

Mayo de 1996.

Han pasado 23 años.

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La verdad es que le teníamos muchas ganas a esta marcha y sus míticos Lagos de Covadonga

Llevábamos unos años con la idea de subirlos y aquella temporada finalmente lo logramos.

Aquel grupo inseparable de amigos que éramos Ramiro Olivera, Albert Formatger, Jordi Lombarte y yo mismo, fuimos los cuatro que, de los 10 ó 12 que en diciembre estaban muy animados, decidimos afrontar esta pequeña gran aventura.

Conocíamos la dureza de las rampas de los Lagos.

SQR – Cerdanya Cycle

 

Por eso, ya durante el mes de enero, empezamos a entrenar con el objetivo de llegar a finales de mayo en buena forma para intentar escalarlos dignamente.

Coll Formic, Turó de l’Home, Bracons, entre otros muchos puertos ascendidos, quedaron atrás, siempre pensando en los Lagos de Covadonga.

Mira la colección de Gobik 

El tiempo pasó deprisa y había llegado el momento de la verdad.

Salimos los cuatro colegas el viernes desde Barcelona con un largo viaje por delante.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

A las nueve de la noche de aquel día, llegamos a Cangas de Onís, después de pasarnos todo el día dentro del coche.

Una vez recogidos los dorsales y los regalos ofrecidos por los organizadores de la marcha, el Club Ciclista Nava 2000, nos dirigimos dirección a los Lagos.

Eso sí, en coche, sólo para comprobar con nuestros propios ojos lo que nos esperaba al día siguiente.

No hace falta decir que, motorizados, la subida parecía bastante asequible, pero cuando alcanzamos a ver la terrible Huesera fue como si, de repente, una gran pared se hubiera levantado delante de nosotros.

Y no quedaba ahí la cosa.

La dureza continuaba accediendo al Mirador de la Reina y hasta llegar a los Lagos.

 

En aquel momento, quedamos maravillados por la belleza de aquel paisaje.

Nos alojamos en el Hostal Adelina y, después de cenar, muy mal, por cierto, dimos una vuelta por el pueblo, a estirar piernas.

Se vivía un grandísimo ambiente ciclista.

Visitamos el “Puente Romano” y las sidrerías de la Plaza Mayor, donde conocimos más de un lugareño que nos enseñaba a escanciar la sidra.

¡Todo un arte!

Por fin llegó el sábado.

La salida se dio a las 10 de la mañana y participamos 3500 cicloturistas venidos de todas partes de España.

Una vez revisadas las bicicletas y, después de haber tomado un malísimo desayuno ofrecido por Adelina, con bastantes nervios, nos pusimos en marcha y comenzamos a dar pedales por aquella bella tierra asturiana.

 

Tuvimos suerte y disfrutamos de un día de sol espléndido.

De entrada, ascendimos el alto de Las Coronas y continuamos hacia Ribadesella, Playas de San Antolín –donde paramos todos a avituallar- siguiendo por el desfiladero del río Cabras, Nueva y, de aperitivo antes de los Lagos, el puerto de la Robellada, que lo habían puntuado como de 3ª categoría.

Después de un rápido descenso, llegamos al santuario de Covadonga y, por tanto, al inicio de la escalada final y decisiva.

SQR – GORE

 

De extraordinario se tendría que calificar el ambiente a pie de carretera, con mucha gente animando a los ciclistas.

La subida a los Lagos es muy dura y desde un buen inicio con rampas de hasta el 12%, una parte más dura al 15% seguida de un descanso entre el 8 y el 9%.

Así hasta que alcanzamos la terrorífica Huesera: dura, muy dura, durísima, aunque no obstante, pudimos afrontarla muy bien.

Por la carretera se veía ascender todo un hormiguero humano, con escenas de todo tipo, algunas de ellas desagradables, como ver gente retorciéndose de dolor.

Llegamos, de esta manera, por fin a la cima, cansados pero muy contentos, una hora antes del cierre del control que estaba limitado a las 15,30 horas de la tarde.

Por la tarde, la organización ofreció una gran fiesta: una “merienda espicha” como allí la llaman, a base de queso de Cabrales, sidra y bocadillos.

Luego llegó la entrega de diplomas.

Todo salió a la perfección.

Ahora, escribiendo estas líneas, me vienen ganas de volver el año que viene, sobre todo con mis antiguos amigos y compañeros del Club.

Así que, Adelina… ¡ves calentando el café!

Lo que pasó en Covadonga no es digno de una cicloturista

“La otrora  preciosa marcha cicloturista Lagos de Covadonga se ha convertido en más de la misma mierda a precio de oro”

Este no es un titular cualquiera.

Ni siquiera es nuestro titular.

Pero sí es la frase del tuit que más está dando que hablar en estos momentos en nuestro pequeño pero gran mundo… ¿cicloturista?

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Esta afirmación rezuma por los poros de la piel de un cicloturista decepción, tristeza, enfado y nostalgia.

El Tweet ha provocado un pequeño terremoto en esta red social que, como ya sabemos, es el banco perfecto para desatar nuestras iras.

Un lugar donde vomitar lo que no nos gusta y quedarnos tan a gusto.

Es así ¿no?

Esta vez le ha tocado la china a la que hasta ahora parecía la intocable y prestigiosa marcha de los Lagos de Covadonga.

Este ciclista nos explica de manera amarga su experiencia del pasado sábado junto a su compañera, cicloturista como él.

Se quejaba, no sin razón, que después de pedalear tan sólo 10 kilómetros, un coche de la organización se les acercara y les dijeran que “estaban fuera”.

¿Fuera de qué? ¿De carrera?

Inverosímil.

SQR – Cerdanya Cycle

 

De acuerdo que para la chica era su primera vez en Lagos… pero querían ir los dos juntos, por supuesto.

Se apuntaron al recorrido corto y se colocaron detrás del todo, para ir tranquilos y disfrutar de un día de auténtico cicloturismo.

Al menos así se la prometían de felices, con muchas ganas e ilusión.

A pesar de este primer revés, los chicos se lo tomaron bien y entendieron que era una postura muy respetable porque un pelotón muy alargado es imposible de que esté bien cubierto para todos.

De esta forma, nuestros amigos protagonistas de hoy, quedaban fuera de la “cápsula de seguridad” y a expensas del tráfico abierto.

Esto, recordémoslo, con tan sólo 10 kilómetros de recorrido.

Pero nada había cambiado para ellos, y siguieron adelante, faltaría más.

Sin embargo, al llegar al avituallamiento programado, nueva bofetada al cicloturismo tranquilo: allí no quedaba nadie para dar de comer a los ciclistas que venían por detrás… ¡nadie!

Y no creáis que iban lentos, no, para nada.

Al avituallamiento, situado en el kilómetro 48, llegaron en menos de dos horas, lo que les suponía una media de casi 25, que está muy bien, todo sea dicho de paso.

Para su sorpresa, habían levantado el avituallamiento y “no fueron capaces de esperar a la gente que sí querían hacer cicloturismo»,  tal y como ellos mismos explicaban con un punto de amargura.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

¡Joder! Que estos chicos, como todo Dios, habían pagado sus 50 euros de inscripción religiosamente, y se quedaron sin nada: sin seguridad, sin control, sin comida… ¡nada!

No debe hacer ninguna gracia quedarse así, en pelotas, ante una marcha de 100 kilómetros y más de 1000 metros de desnivel.

Y eso que a estos cicloturistas no les importaba de modo alguno ni salir en las clasificaciones ni quedarse sin diploma.

Además, estuvieron 20 minutos para pasar por el arco de salida debido al gran número de participantes, algo que agravó el llegar tarde y se quedaran sin su avituallamiento.

Esto no lo tuvo en cuenta la organización.

Con estos comentarios, no  se pedía nada del otro mundo, sólo un poquito de cordura y sentido común, y unas buenas dosis de cicloturismo de verdad.

Esto no fue así. Para nada.

Hasta aquí todo correcto en lo expuesto.

Estos chicos expresaron  su malestar y se preguntaban lo de siempre:

¿Hacia dónde van las marchas cicloturistas?

Ha sido a raíz de esta pregunta cuando el mundo cicloturista de Twitter ha explotado en mil pedazos al leerse la respuesta que ha dado por buena Sergio Palomar, del que creemos no necesita presentación alguna.

 

A Sergio no se le ha ocurrido otra cosa que justificar lo injustificable como ha sido la gran velocidad de la prueba y que llegar, por ejemplo, a 40 de media, a pie de puerto,  “no es nada descabellado para cualquiera que monte simplemente los fines de semana, con terreno favorable y arropado por un pelotón de cuatro mil ciclistas”.

Después de semejante argumento, ha acabado de rematar el tuit sentenciando que además “iban de charleta”.

A partir de aquí, el acabose, y al buenazo de Sergio -que entendemos que no ha querido ofender ni molestar a nadie con sus declaraciones, faltaría más- le han empezado a llover palos por todos lados.

Lo más bonito que le han llamado ha sido “Casper”.

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No hace falta explicar por qué, ¿verdad?

Decir que 40 de media no es nada descabellado, y además yendo de charleta, ha molestado y mucho.

¿A quién?

Pues a todos los globeros que practican por afición la bicicleta y quisieron disfrutar -en este caso- de una bonita matinal ciclista por las bellas carreteras asturianas.

No iban para correr una etapa de La Vuelta.

No se trataba de eso.

 

Porque para hacer 40 de media hay que ir muy rápido y con mucha tensión.

40 de media sí es descabellado, porque un buen grupo de “súper pros” se pusieron a tirar delante del grupo como locos, dejando a los «ciclistas del montón», claro, más colgados que Numayos.

El clamor popular, el de siempre: las marchas cicloturistas son para disfrutarlas cada uno a su ritmo y para eso se pagan por unos sevicios.

Eso está claro.

Muchos han denunciado el hecho que desde que ha dejado de llamarse «clásica cicloturista internacional Lagos de Covadonga» para ser «Lagos de Covadonga ride», parece que hay que entrenar como un profesional y con potenciómetro.

Ahora ya es demasiado pro para los globeros del montón.

La gente se ha quejado de que se diga que una media de 40 es normal en una marcha.

Hay muchos que salen un poco más que los fines de semana y esa cifra no la alcanzan ni locos.

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Parece claro que somos muchos los ciclistas de fin de semana que sobramos ya en las marchas.

Que alguien justifique las organizaciones de marchas de este tipo es de lo más normal, porque no van a morder la mano que les da de comer.

Al fin y al cabo, esto es un negocio y no es cuestión de criticar lo que es parte de su trabajo, pero de ahí a decir que todo se hizo bien…

La resignación de muchos ha sido la de siempre.

Se habla de que hay que asimilar cuanto antes que son carreras encubiertas, que son competiciones puras y duras, y que empiezan a estar vetadas para muchos, incluidos los que ya somos algo mayores y ya no andamos tanto como antes.

Es la reivindicación de la que se lleva ya años hablando en el mundo del cicloturismo.

Lo de siempre.

Que se tendrían que acabar con los tiempos y los podios.

En las marchas el avituallamiento es sagrado y tan importante es el primero en cruzar en meta como el último.

Porque al último, no le hables ni de Strava ni de KOMs, ni de oros ni medallas, ni de watios ni potencia.

Es así.

Son muchos los que opinan que las marchas se están poniendo de esta forma inabordables y que es mejor participar en quedadas, stages, o hacer cicloturismo por su cuenta y con los amigos.

Al final, los que corran estas pruebas que no son ni competiciones ni marchas cicloturistas, serán gente extraña, unos ciclistas singulares para los cuales tendremos que inventarnos una definición.

O quizás, como otros dicen, volver a las marchas cuando la organización de estas pruebas regresen a manos del propio pueblo o grupo cicloturista que las organizaba.

Como antaño.

Que así sea.

Foto: R.Menéndez

La Vuelta: Covadonga exige grandeza

La Vuelta Covadonga JoanSeguidor

Los Lagos de Covadonga no deciden pero premian a quienes más lo merecen

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Tras lo visto por Covadonga, podemos concluir que en el pelotón hay dos tipos de ciclistas.

Entre los grandes nombres, me refiero.

Los corredores que lo dan todo, que se vacían, que levantan la gente, que dignifican la profesión: Miguel Angel López, Thibaut Pinot, Simon Yates…

Y hay otros que trepan, que buscan entre las rendijas, que piden relevo, que sacan los colores a sus rivales.

En este caso Nairo Quintana se lleva el premio.

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Los Lagos de Pinot y Yates

Para Thibaut Pinot la Vuelta era la reválida de su salida con el pie cambiado en el Giro.

No ha estado con los mejores en los momentos clave, pero sigue a flote y ha ganado en los Lagos, la cima que cambió la suerte de Laurent Jalabert.

Pinot es un corredor que sólo puedes querer, porque es humano, se vacía, se entrega y lo da todo.

Su triunfo, atacando de lejos, en plena lección de mezquindad de Nairo, tuvo el premio deseado.

Como la personalidad de Simon Yates, el maillot de rojo que corre con la espada de Damocles sobre su cabeza.

Todos le recordamos, le recuerdan que en el Giro explotó, y como entonces sale de líder del tercer domingo de carrera.

Sin embargo, a falta de un tío como Chris Froome, si Yates no flaquea tiene que estar delante, sí o sí.

 

 

Los Lagos de Miguel Ángel López

Covadonga está, dicho con todos los respetos, llena de nombres de escapadas, gente que buscó la gloria entre las ambiciones de los grandes.

La Vuelta ya ha comenzado entre los ciclistas de Bkool 

Esta vez no fue así.

Praeres dejó un buen sabor de boca a Miguel Ángel López y quiso a todos juntos en los Lagos.

Lo consiguió y no fue para nada.

Atacó a ocho de meta, a ocho, a algunos les entra vértigo con esa cifra, pero López tiene hechuras de ciclista grande, de ciclista que quiere lograrlo a base de su esfuerzo, no del de otros.

No distanció al resto, porque sencillamente están todos muy igualados, pero qué delicia ver al mejor joven de la carrera enfilarlos.

Los Lagos de Nairo y Valverde

Hubo un momento, a unos tres y pico de meta que Nairo tuvo a Yates delante, a punto para rematarle.

Fue más o menos en ese punto donde despegó a Contador hace un par de años.

No lo hizo.

La subida de los Lagos que ha protagonizado Nairo Quintana es a todas luces la más mediocre que hemos visto en un gran nombre durante mucho tiempo.

Es un ciclista perdido, como un pato mareado que no sabe por dónde le vienen los golpes.

«Con que tenga un día bueno, todo está a su alcance» dijo Arrieta en meta.

Conviene saber si Nairo tendrá un día bueno.

Nairo corre con dos ojos, uno pendiente de los rivales y el otro de Valverde, no corre por sí solo, está cohibido, empequeñecido.

Por mucho que le consideráramos el gran favorito, ahora mismo no sabríamos decir si Alejandro Valverde debería ser el líder del equipo telefónico.

Con una crono, y llegadas explosivas, no vemos dónde Nairo puede distanciar a Valverde, si éste no explota.

La progresión que vemos en Yates, que vemos en López, que incluso muestra Enric Mas, Nairo no la muestra.

Le queda una semana para revertir la situación, pero lo suyo no parece nada sencillo.

Imagen tomada del FB de La Vuelta

 

Lagos de Covadonga, el santuario colombiano de la Vuelta

Lagos de Covadonga- ciclismo colombiano JoanSeguidor

Oliverio, Lucho y Nairo ganaron en Covadonga cuando la Vuelta

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Vuelvo a esa imagen de Oliverio Rincón cuando cruzó la meta en Lagos de Covadonga en 1993.

Su pelo oscuro y liso, su piel cobriza de nativo americano, los ojos achinados, ese porte delgadísimo de escalador, el uniforme rojo del equipo Amaya y la sonrisa en los labios mientras pasa la raya.

Antes de soltar las manos de la bicicleta para levantar los brazos Oliverio repite un gesto que también hemos visto hacer a Nairo en esta cima: con la mano derecha traza la figura de una cruz persignándose en el instante mismo de la victoria.

Rincón, el jovencito Rincón consagrándose en la cumbre de la montaña, como un Cristo que sufre por su redención.

Allá, en ese santuario y esas montañas donde la leyenda dice que se libró la batalla épica contra los musulmanes en España, se consagraron los grandes ciclistas de la Vuelta a España: Perico Delgado, Lale Cubinos, Raymond Dietzen…

Allá atacaban con furia los colombianos: vimos a Lucho casi sentenciar la Vuelta del 87 en esas cumbres y lo volvimos a ver coronándose rey de la montaña en el 91.

Vimos al jovencito Oliverio estrenándose en Europa, ese muchachito maravilla que había hecho parir a Fabio Parra en el Alto de la Línea, donde le arrebató una Vuelta a Colombia al veterano que acababa de ser segundo en España.

Como vimos a Nairo consiguiendo una de sus victorias más espectaculares hace un par de años.

Covadonga con su virgen y sus cuevas y sus lagos llenos de niebla y su leyenda épica es algo más que una montaña de desniveles atroces.

Covadonga es el santuario castellano de los grandes escaladores, “el Alpe d’Huez” al otro lado de los Pirineos, como dijo Hinault.

Cuesta creer que hubieran descubierto tan tarde, apenas en 1983, este maravilloso final para el sufrimiento y la gloria.

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Una vez más, esta montaña decidirá quiénes podrían perder la Vuelta a España.

 

Una vez más aquellos pequeños ciclistas de piel morena se dejarán sudor y sangre sobre la ruta, su propio calvario de redención en esas tierras tan lejanas, con el anhelo de ser ellos los que crucen los dedos al persignarse en la línea de llegada.

 

El milagro de la bicicleta

Rafa se bajó de su bici con lágrimas en los ojos, emocionado, después de haber coronado los míticos Lagos de Covadonga, llanto que nada tenía que ver al de cuatro años antes, cuando saliendo de la consulta del médico y acompañado de su mujer Bea, lloró al oír el diagnóstico del galeno: “si sigue así no vivirá más de dos años”.

Su salud, a la edad de 32 años, amenazaba ruina. Con 160 kilos de peso y 192 centímetros de estatura, este madrileño fumaba además tres paquetes diarios y no practicaba ningún deporte.

Director comercial en la Harinera Castellana, este “panadero”, profesión que adora, dobló su peso desde que se casó en sólo nueve meses, por su afición a la buena comida y a la falta de ejercicio.

Un análisis rutinario de sangre le alertó, con unos resultados muy anormales, extremadamente alterados; pero los datos no eran erróneos, Rafa estaba mal, no tenía ni un parámetro bueno, con lo que analítica en mano su médico no tuvo más remedio que avisarle muy seriamente.

En seguida piensa en sus hijos Mónica y Alberto, y ayudado por su mujer y su suegra Isabel, una hora después de la visita ya tenía cita en con un endocrino que lo pone a régimen de inmediato y le manda ejercicio diario, bajo riguroso control semanal. En 6 meses pierde nada menos que 40 kilos, pasando algo de hambre, pero lo sobrelleva con su buen humor y sus prácticas diarias de rodillo, recordando que de los 14 a los 18 años había corrido en cadetes y juveniles.

Animado, y cuando ya eran 60 los kilos perdidos, se compra una mountain bike y sigue saliendo solo cada día, empezando también a dejar de fumar, consiguiéndolo poco después.

Pero a Rafa le gusta la carretera y decide comprarse una flaca y empieza a salir con sus amigos de la Sierra, círculo que se ampliará cuando se federe con el club ciclista de su barrio, participando en salidas más exigentes que le siguen haciendo perder peso, lo que le alienta a apuntarse a lo que será su primera gran prueba en Asturias, todo un reto en forma de puertos que afronta con éxito, orgullo y emoción, ya que en la ascensión a los lagos logrará subir el coloso sin poner pie a tierra, algo impensable tan sólo hace cuatro años: “para una persona de 100 kg. no es fácil superar las rampas del 18%  de la Huesera”.

Ahora está en 95 kilos, y quiere bajar 5 más, con 45 pulsaciones en reposo y 182 de máxima, lo cual no está nada mal, siendo un gran ejemplo de sacrificio y superación, del milagro de la vida… del milagro de la bicicleta.

¿Qué es más duro seguir un régimen estricto o escalar los Lagos?
Sin duda, el régimen estricto.

Un consejo para otras personas que estén en tu situación…
Querer es poder, con voluntad y algo de sacrificio se puede conseguir todo en la vida. El caso de los regímenes que acudan a un médico-endocrino, con la salud no se juega.

Por Jordi Escrihuela

Imagen tomada de elpaisquenuncaseacaba.blogspot.com.es

INFO

El Cruz Race es un portabicicletas de techo con diseño funcional

Los Lagos de Nairo

Nairo Quintana- La Vuelta JoanSeguidor

Cuando esta mañana editaba el post de Jordi Escrihuela sobre los Lagos de Covadonga y miraba el vídeo de la primera vez que la Vuelta llegó a ellos, aquella mágica edición de 1983 en la que se impuso Marino, siempre Lejarreta, albergaba cierto resquemor sobre lo que veríamos hoy en la singular cima en cuya base un escarceo encabezado por Pelayo fue el inicio del capítulo de la Reconquista.

Reconozco que me equivoqué. Por fin una llegada a los Lagos que realmente ha sido grande, bonita y digna con la historia del lugar en la carrera. Nairo Quintana ha hecho leyenda, ha entroncado con Lucho Herrera y Oliverio Rincón, y como el jardinerito hace 29 años empieza el camino que sólo puede conducirle a su segunda gran vuelta, tras el Giro de hace dos años, la presente Vuelta a España.

Espectacular, sencillamente sublime, no hizo falta un cortafuegos recto por la montaña, hubo que recurrir a un puerto de los de siempre, de rompe y rasga, que sólo se puede subir por un sitio, por carreteras descarnadas, con rastros de boñiga del ganado del lugar. Sólo hizo falta eso para que todo se desmelenara.

Movistar trabajó como siempre. Tiró como el titán que es Jonathan Castroviejo, el gran compañero de Nairo, y el boyancense no podía fallar a un amigo. La subida no obstante tuvo un personaje clave, un tipo que no es un cualquiera, fue Chris Froome, el corredor con la forma más peculiar de correr y gestionar una ascensión.

Se quedó el inglés casi de inicio, llegó a tener casi un minuto de retraso pero se rehizo como siempre. Mientras Froome recuperaba el resuello, Nairo y Contador mantenían la cháchara a ver quizá tiraba un “poquito” más. Lo hizo Nairo por tres motivos: porque era el más fuerte, como se vio, porque estaba mejor clasificado, y porque a Contador no se le conoce generosidad con nadie, aunque esté en juego eliminar a un tercero como Froome. Hace dos años se las tuvo aquí mismo con Purito y Valverde por el mismo motivo, aunque en el lugar de Nairo y no dio su brazo a torcer.

Contador cedió cuando Froome venía por detrás. Podrá decir que es por las caídas. Que Froome estaba remontando se comentó en el grupo y por fin, por fin, ostia ya, Nairo se desproveyó tanto corsé y voló solo, solo como hace tiempo que debía hacer. Voló y se comió la etapa y la general. Cuando le veíamos por detrás, comprobamos que llevaba el maillot roto, no sé si por una caída, o porque se arrancó el pinganillo para no escuchar instrucciones que siempre hablaban de reservar y reservar.

Lo decimos y lo repetimos, si Nairo tuviera el apetito y ambición de Froome tendríamos un “Merckx tostado” criado en el altiplano que de pequeño hacía un Aspin diario para ir al colegio.

Decían varios cronistas que este día llega en un momento crucial para Colombia, en plena culminación de proceso de paz. No sé si será consciente Nairo, pero hubo un ciclista que en un día influyó en su país con su ciclismo, fue Gino Bartali, en la Italia de postguerra. Espero que el gran triunfo de Nairo contribuya como aquella del monje volador.

Imagen tomada de FB de Movistar

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