El amor de Lale Cubino por Luz Ardiden

Lale Cubino Luz Ardiden Joanseguidor

En el otro lado del teléfono, Lale Cubino hablando de la gloria que encontró en Luz Ardiden

En la historia de cada uno, hay sitios que se quedan para siempre en la leyenda de cada uno, a Lale Cubino le vale el nombre de Luz Ardiden.

Para la sobremesa de este lunes de pascua, Lale Cubino nos guarda un hueco para hablar de su triunfo en Luz Ardiden hace 32 años.

Lale, ¿qué tal llevas estos días?

«Lo llevo bien, me gusta la casa, y estoy a a gusto. preferiría poder salir, pero no lo llevo tan mal

Aprovechas para hacer esas cosillas que…

«Sí claro, he aderezado el jardín que lo tenía abandonado, chapuzillas, he cocinado alguna cosa como lasagna, arroz y bastante pan”

¿Eres cocinillas?

“Me queda lo justo para decir que se puede comer”

Estos días estamos cargados de ciclismo ochentero ¿te gusta verlo?

La verdad es que lo estoy viendo casi todo, como las clásicas de Eurosport, Roubaix del año pasado. También Flandes

Lale Cubino, tres veces ganador en Luz Ardiden, viendo Roubaix

Ni más ni menos

Pero es carrera estaba en tus antípodas

Roubaix era totalmente diferente a mis características, como corredor no quería ni verla, pero me gusta seguir ese tipo de carreras, me gustan mucho, es un ciclismo, para mis cualidades muy complicado, pero que tiene un gran mérito con gran dificultad. Estéticamente, el paisaje, el pelotón, las carreteras de adoquines me atraen mucho

Por eso lo digo

Yo era todo lo contrario a aquello, etapas de montaña y de calor

¿Cómo se vivían las clásicas en tu equipo?

No eran importantes. Yo hice un año la Lieja y Flecha, con mal tiempo, y no me gustaron

 

Vemos con ojos vidriosos aquel ciclismo de los ochenta…

En aquella época el ciclismo era muy seguido, era uno de los deportes más televisados, generando una gran afición. El aficionado medio, de la calle, nos conocía. Hoy el ciclismo compite con otros deportes, hay una gran variedad. El espectador es más diverso”

¿Tanto ha cambiado el ciclismo en este tiempo?

No tanto, quizá en lo que rodea a los equipos, los sueldos, los presupuestos, el material, pero en esencia es un deporte en el que el esfuerzo sigue prevaleciendo. Hoy hay mejores carreteras pero la velocidad es más alta. No teníamos el aficionado más cerca, nos movíamos entre ellos y los coches… esto no sucede hoy

 

¿Podemos decir que aquella fue la mejor época del ciclismo?

A mí me tocó una gran época de ciclismo, desde los ochenta hasta mediados de los noventa fueron grandes años. A partir de entonces, con escándalos de dopaje, la popularidad fue a menos. Ha costado recuperarse, la presión del doping y los castigos fueron muy altos, hubo gente que dejó de ser ciclista y este oficio es por amor y no por dinero. Todo este proceso ha dado sus frutos en cuanto a la limpieza del deporte, no quita que haya cosas como en otros muchos ámbitos

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Vamos a Luz Ardiden

Para mí tiene gran significado, no sólo gané en ese Tour, también en el Porvenir y en la Vuelta del 92

¿Qué estadística tiene Lale Cubino en Luz Ardiden?

Tengo que decir que acabé cinco veces en esa cima y gané tres

Menuda estadística, ni Mathieu Van der Poel

Son porcentajes importantes, aunque no deja de ser casualidad. Era una cima en la que me motivaba mucho. En el 87, por ejemplo, no estaba bien, pero al año siguiente salí con toda la idea. Era una etapa muy fuerte, con seis puertos, por eliminación

¿Cómo fue tu victoria en 1988?

 

Salí con intención de hacerlo bien, no sé si ganar. Según pasaban los puertos, la confianza iba a más. A partir del tercero, del Pereysourde, muy bien y en el Aspin, iba fácil campándome con la mayoría. Ataqué antes del Tourmalet, en el llano tras el Aspin

¿Cuándo dices que ibas fácil a qué te refieres?

A ver, fácil nunca se va, hablamos comparado con los demás, cuando vas a 180 pulsaciones y la gente se queda, es perfecto…” 

¿Cómo fue aquel Tourmalet?

Con mucho calor, lo habían parcheado semanas antes con esa brea que se deshacía con el calor y se pegaba la bicicleta. No sólo era luchar contra la subida, también esquivar el parche de brea porque te frenaba un montón

¿Y la subida final a Luz Ardiden?

En Luz Ardiden, tras seis puertos, iba tocado, Mínguez me apretada, no sabía lo que sacaba. La moto daba referencias al segundo, Duclos Lasalle, respecto al resto. Yo miraba para atrás en las curvas y no veía a nadie. Cuando llegué a meta tuve que esperar seis minutos

Escuchando aquellas narraciones nos impresiona la cantidad de críticas a los franceses ¿había complejo de inferioridad?

Más que complejo de inferioridad nuestra, era de superioridad de ellos. Veníamos de Hinault y Fignon, estaban crecidos se notaba en las carreras y en las retransmisiones. Por ejemplo se dirigían a nosotros con desdén

Tu última victoria en la Vuelta fue bajo un frío tremendo

“La Vuelta 92 fue en con un frío que no me iba bien, pero era Luz Ardiden y me motivaba. En Tourmalet había nieve en las cunetas, en la bajada hizo mucho frío pero…”

… Lale Cubino volvió a ganar en Luz Ardiden su cima fetiche, un lugar que traemos al recuerdo este lluvioso lunes tras la Semana Santa más atípica, gracias David por el cable 😉

Vivir de los sueños de los demás

Madre mía, leo la historia que Fernando Ferrari cuenta en este artículo sobre el equipo de Bolivia y no acierto a añadir o quitar nada de lo que explica. Es una película de terror, como una precuela de algo que has visto y leído mil veces, que incluso has vivido en tus carnes, o en gente cercana, una forma de tomar el pelo, de tomar por gilipollas a las personas que te rodean. Una forma de vivir de los sueños de los demás.

Leed la pieza, es larga pero no tiene desperdicio, lo peor es que la historia del ciclismo está trufada de cosas así, llena de sinvergüenzas que llaman pros a quienes no lo son, que les hacen creer que esto sigue adelante, que hay dinero, que existe el calendario, que se tienen los medios y luego qué, el vacío y un grupo de jóvenes talentos desperdiciados en no sé qué, que seguro echarán pestes de ciclismo cada vez que tercien una palabra con alguien.

Hortelano es el vértice de toda la historia, un apellido del que ya recuerdo de mis primeros años en el Meta 2Mil, el ciclismo, el deporte en general, todo aquello que vive en parte de la buena fe y el altruismo de muchas personas, pasa mucho en el periodismo, que confían a ciegas en lo que sea, es un nido de auténticas víboras, vividores que saben aprovecharse de la candidez de algunos, aunque ello saque lo peor de sí mismos. Barra libre.

El proyecto boliviano ya tenía gente ducha en la materia, Lale Cubino, el ciclista de las pocas pero buenísimas victorias, de hace un cuarto de siglo, un tipo que sabía a lo que venía y ha acabado de vuelta en su Béjar natal. Egoitz García, en muchas tardes de primavera el mejor español en las clásicas, ya se lo olió y dijo basta.

Si pillan a estos, gente con tablas y mimbres en el gremio, qué no han de hacer con los chavales. Como en esa historia para no dormir que fue el Pino Road, la ensoñación de un chileno caradura cuya catadura nos contó aquí mismo una de las personas damnificadas.

Perdonadme, pero no veo la ganancia en todo esto, no veo qué tiene de margen tomarle el pelo a un puñado de críos, más allá de intentar estafar a quien ponga el dinero. Llamadme timorato, pero yo tengo otra noción de los negocios, aquel acuerdo en el que las dos partes deben salir satisfechas. Aquí lo que sale es una persona que tendrá que ir mirando por las esquinas con miedo a que se lo pelen.

En este ciclismo de Nibali, Nairo y Contador, también hay miserias, hay pies de barro, auténticos sumideros de mierda, de gentuza que vive y no deja vivir y lo peor es que la historia se repite, cíclicamente, cada cierto tiempo. En el Colombia acabaron hasta los cojones de sus gestores europeos, otros más o menos igual, y ahora la experiencia boliviana. ¿De verdad que nadie lo ve venir?

Imagen tomada de Ciclo21

INFO

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Con Moncho Moliner se fue el último romántico

Sinceramente, no tenía idea alguna de quién fue, ni qué hizo Moncho Moliner. Entiendo que a algunos os parecerá inconcebible, pero uno tiene la edad que tiene y hay épocas que se nos escurren. Por eso, ni corto ni perezoso, quise saber más sobre esta persona que nos dejó hace unos días y sobre la cual el mundo del ciclismo, la plana mayor, no ha omitido elogios.

Y llamé a Perico, que pasó por sus manos hace ya cuarenta años y me contó cosas, algunas realmente interesantes: “No recuerdo cuándo fue o cómo supe exactamente de Moncho Moliner. Sí que recuerdo un campeonato provincial en Segovia. Corría el mes de octubre de 1975. Estaba en categoría junior, mis primeros años de ciclista. Recuerdo que vino el equipo de Moliner, muy temido por todos esos años, y que atacaban de forma tan coordinada que acabaron por reventarme. Con el tiempo supe que el entonces profesional segoviano del Kas, Carlos Melero, le habló de mí a Moncho. Éste se acercó a verme competir y me fichó al momento. Entré así en el Moliner, su equipo, el equipo con fama que iba más allá de Castilla, de él sabían en Asturias, Cantabria y Galicia”.

Aquel equipo era temido más allá de la vieja Castilla, para Moncho existía una táctica sobre las otras: “Atacar de salida, no había otra. Recuerdo que le decía que corriendo así entendía porque cuando era juvenil siempre llegaba apajarado a meta” me explica el segoviano.

Siempre había estado vinculado a categoría inferiores, principalmente juvenil –prosigue-. Pero su equipo creció y recibió ofertas de montar algo grande, algo que llegara a profesionales al calor de boom de equipos que se vivía en España. Y así montó el Moliner de pros, una estructura que también tenía equipo cadete, junior y amateur”.

Pero aquella inversión fue muy fuerte para un empresario de su tamaño y acabó literalmente arruinado. Sí, arruinado por el ciclismo ¿puede haber algo más romántico? Tuvo que trabajar de operario en una gasolinera, dicho sea con todo los respetos por su nueva situación económica.

Siempre soltero y un poco desorganizado, su pasión era la buena mesa y el ciclismo Un “bon vivant” ciclista. Le gustaba el cante jondo. “¿Cuántas veces nos quitó las cintas de Leds Zeppelin o Pink Floyd por las suyas cuando íbamos en el coche?” me cuenta Perico con una sonrisa de cortina.

Con los años vemos que pasaron por sus manos el propio Javier Mínguez, Angel Arroyo, Faustino Rupérez, Lale Cubino, Santi Blanco,… incluso “un ciclista muy malo” llamado Manolo Saiz, durante esos treinta años que estuvo tuvo lo mejor de Castilla en sus manos y nos enseñó el oficio. Hace unos años Perico le homenajeó en su marcha. Hoy todos, los que supieron y no supimos de él, le decimos adiós.

DEP maestro.

Imagen tomada de www.pedrodelgado.com/