Mi 4 + 1 para el Tour de Francia

Geraint Thomas featured

Indurain, Lemond, Contador, Evans y Bernal en nuestro 5 para el Tour

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Esta tarde de julio, con el calor avanzando, y las vacaciones acercándose tendríamos el paseo final del Tour de Francia, una ceremonia mil veces vista, sólo rota una vez, aquella que Lemond remontó a Fignon, de ida y vuelta por los Campos Elíseos, Arco del Trinfo arriba, la Defensa más allá, al otro lado la Concorde, antes de circundar el Louvre y tomar la vuelta por la arcada de la Rue Rivoli.

Una cita que este veinte-veinte nos ha privado, al menos en julio, veremos si entrados en septiembre podremos verla.

Una ceremonia cuyo recuero nos trae a la memoria los mejores «hombres Tour» que hemos visto en los más de treinta años que llevamos llenando nuestro julio de Tour, ciclismo y todo lo que más allá de los Pirineos sucede.

 

Una historia que queremos resumir en cuatro nombres, cuatro más uno, en la historia que tenemos fresca de la mejor carrera del planeta, en las tres semanas en las que el ciclismo se mide en importancia a las grandes competiciones, sea de lo que sea.

Cuatro nombres que queremos empezar con lo mejor que hemos visto en treinta años largos de Tour de Francia, la aventura de los cinco leoncitos de Miguel Indurain en las estanterías de su casa.

Nunca vimos nada igual que Miguel Indurain en el Tour, nunca a ese nivel, sin casi altibajos, ni disonancias, en cinco años seguidos

Su dominio del Tour de Francia fue a tal extremo que pensar en algo más que sus cinco años de dominio es complicado.

Su ciclo fue perfecto, con cronos demoledoras que marcaron época, con ataques complicadísimos de resolver que sacaron los colores al pelotón, con jornadas que quedan para la retina, perennes.

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Pero antes que Miguel Indurain, hubo un americano que hizo del Tour un arte extraño, malabarista y casi perfecto

Greg Lemond tuvo la suerte de romper contra Indurain, no sé si habría llegado mucho más allá, de lo que no cabe duda es que su legado es el de un artista del Tour, un corredor que era capaz de enterrar la cabeza bajo tierra semanas y meses y aparecer, espléndido, a su cita en el julio francés.

Él acabo el reinado de Hinault y evitó que Fignon prolongara el suyo, sacó provecho de un equipo paupérrimo, como aquel  ADR, donde lo único potable era un tal, y entonces semidesconocido, Johan Museeuw, que le acompañó en segundo Tour.

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Entre los Tours que vimos, lo cierto es que la victoria de Alberto Contador, año 2009, fue lo más redondo que recordamos

Un Tour de esos de los antaño, con la montaña justa para cumplir, el peligro del viento, unas cronos potables y un ciclista que esa vez tocó el techo, con no muchos años, los justos para no aspirar al blanco de mejor joven.

En ese Tour Contador volaba en la montaña, ganaba cronos a Cancellara y corría al margen, y marginado, de su equipo, completamente solo, soñando improbables conspiraciones, vistiendo de esa épica que el madrileño gustaba, y gusta tanto, de usar en sus hazañas.

El cuarto, nos permitiréis, es una opción muy especial, Cadel Evans, uno de los ciclistas más limitados del palmarés reciente del Tour que hizo virtud de su aparente inferioridad en una edición que ganó porque creyó más que nadie, muy por encima de los Schleck, auténticos inoperantes sobre la pizarra, que salieron colorados de la edición que luce en la vitrina del primer australiano en ganar el Tour.

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Pero caben ambages, y el «bonus track» que nos pedimos es Egan Bernal, el ganador vigente que será el primero en la historia en defender título en septiembre, en medio de un corrido que se deshilacha, el Ineos, para que él pueda seguir con el reinado que justo empieza.

Egan Bernal es un corredor renacentista, que todo lo hace, y bien, que progresa y aprende, que quiere seguir la senda de los más grandes, donde la edad no es problema, en todo caso acicate para hacer del suyo un legado irremplazable.

Quedan fuera de esta pequeña y particular lista varios nombres

Entre ellos Chris Froome, un ciclista que incluso con cuatro Tours en ristre, con todo lo que cuelga de su bagaje, creemos que ha basado tanto su éxito en el equipo y su poder que a veces pensamos qué habría sido de él, si las luces rojas se hubieran encendido sin una rueda amiga.

Tampoco ponemos a Lance Armstrong, por motivos obvios, aunque, según que mañanas, consideremos la suya una cabeza de turco, ni Jan Ullrich, la clase alemana, eterna, como su media sonrisa sobre el esfuerzo extremo…

Son nuestro 4 + 1 de los que vimos, seguro que alguno recuerda otros más…

Lance Armstrong y el mejor homenaje a Carlos Sastre

Tour de Francia - Carlos Sastre JoanSeguidor

El desprecio de Lance Armstrong a Carlos Sastre es gratuito e innecesario

Si Lance Armstrong quería poner en el mapa a Carlos Sastre lo ha logrado, no sé si queriendo, o si sólo con la simple intención de mofa.

 

El comentario, que no es la primera vez que lo hace, se enmarca en ese documental que el americano propicia para prodigar su verdad y se replica por cientos en las redes, y deja claro que si Carlos Sastre puede ganar el Tour, él podía volver perfectamente.

A pesar de vivir en un entorno global, ser uno de los primeros padrinos de twitter y todas esas cosas, el tejano nunca ha escondido su curiosidad por el carácter mesetario en más de una ocasión, obviamente el otro actor en esta ecuación es Alberto Contador.

Carlos Sastre no es un prodigio de popularidad, a un servidor, por ejemplo, no le entusiasmaba escucharle en la televisión, pero como ciclista y persona, lo cierto es que está a años luz de Lance Armstrong.

Cinco minutos con la voz calmada del abulense, hablando de sus cadetillos, de la fundación, dedicándote su tiempo, su mirada y atención, desentrañan un cariño por el ciclismo que dudo haya tenido nunca el americano que se pica hasta con su sombra.

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Y no sólo eso, es cuestión de clase y modales, también de humildad, Lance Armstrong no ha conocido todo eso, Carlos Sastre le podría dar lecciones.

Pero no creo que lo haga, ni siquiera creo que le ofenda lo que ha dicho, él será feliz con su gente, en su entorno, sacando rédito a una, entiendo, cómoda vida que se ha granjeado en la carretera y ganando un Tour con total merecimiento, porque de los que corrieron ese año, en ese momento, fue el mejor y punto.

Dicen que el hombre es la persona que tropieza dos veces con la misma piedra, Armstrong no ha sacado nada en claro de cuán cara le costó su altanería dejando enemigos por el camino.

Pensamos que el americano no hizo cosas muy diferentes a sus contemporáneos, pero él ha sido cabeza de turco, conejillo de indias, y pagó los platos rotos, quizá no le dé el coco para pensar por qué él y no otros..

Y sí, Sastre ha corrido con Manolo Saiz, con Riis y otros ¿ha pitado? ¿tenemos pruebas de su trampa? no, pues circulen…

Lance Armstrong le ha regalado una cuota de protagonismo a Carlos Sastre que el aludido no necesita para continuar como si tal cosa, el que ofende, sin embargo, necesita el foco como quien bebe el agua de los floreros.

¿Cuánto cuesta la verdad de Lance Armstrong?

La verdad de Lance Armstrong llena un nuevo documental

Sin dejar a nadie indiferente, lo cierto es que Lance Armstrong se ha vuelvo a hacer un hueco en un circo que, en teoría, le tenía vetado.

Vuelve a la palestra cada cierto tiempo, que si puteó a Contador, que si los ciclistas se tienen que unir en este contexto de crisis… todo eso está muy bien, pero lo que quedó, aquella vez que cantó ante Ophra, como una sanción de por vida y una posible ruina económica, es una rueda que no deja de girar… a favor del propio Lance Armstrong.

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Cualquier persona un poco avispada puede saber que esos siete Tours tachados del palmarés que ganó, por que los ganó, los consiguió en un entorno que no creo que fuera muy diferente al suyo propio.

Sí que es cierto que navegó viento a favor, con los mejores alrededor, los mejores en todo, como vimos, personajes de esos que ahora sacas una foto de entonces con ellos y debes esconder acto seguido.

Ahora las cosas se hacen son sigilo.

En todo caso es increíble lo que Lance Armstrong está alargando su «popularidad», también en lo económico, que me consta le da especial importancia.

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Hace un tiempo Nicole Cooke recuerdo que se quejó: ella dejándose la vida para un sueldecillo y un tipo como el tejano, tramposo confeso, que es lo más complicado de todo, con mover un dedo, desplazaba ingente cantidad de dinero.

Y así llegamos al documental que ESPN va a emitir en breve.

«No voy a mentir, sólo diré mi verdad» acuña Lance Armstrong. 

El amigo lo hace bien y lo vende mejor, su verdad, que nos la podemos imaginar -«es lo que había», «no tuvimos elección»…- cuesta un dinero y no poco.

Que la rueda no pare.

Y dicen que el mundo va a cambiar.

Johan Bruyneel entre dos «macho alfa»

Contador Armstrong JoanSeguidor

La gestión del Tour 2009, según Johan Bruyneel

El otro día dimos cuenta de las palabras de Alberto Contador que trajeron al presente sin competiciones ese Tour 20089 y su triángulo con Lance Armstrong y Johan Bruyneel.

Ya sabéis a falta de ciclismo en directo, el tema está bajo cualquier piedra.

Entonces opinamos que a falta de saber lo que pudiera decir Johan Bruyneel nunca sabríamos la verdad.

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Antes de entrar a valorar cualquier comentario de Bruyneel, tenemos que admitir que la única vez que hemos cruzado palabra con el técnico y exciclista belga fue a causa de Hein Verbruggen y su legado.

Nuestro juicio sobre el ya fallecido expresidente de la UCI nos valió una bronca con el mismo, una bronca que con los meses nos costaría cara, más de lo que hubiéramos pensado.

Nuestro comentario sobre Verbruggen ofendió, y aunque nunca lo pretendimos, lo cierto es que seguimos esperando saber los motivos por los que el belga fue un dirigente tan importante para el ciclismo.

Sea como fuere, que nos perdemos, admitimos que las palabras de Johan Bruyneel en este podcast, apadrinado por el famoso Mario Sabato, destilan solidez.

No juzgaremos si tiene razón Bruyneel, Contador o Armstrong, eso, para nosotros que no estuvimos ahí, es una ratonera

Sí que podemos hablar de las explicaciones de Bruyneel sobre aquellas jornadas, como se explica e incluso con el respeto que demuestra.

Johan Bruyneel no tiene la mejor prensa en España: su capítulo con Indurain, cumpliendo con el trabajo que se le encomendó, más este episodio con Alberto Contador en el Tour 2009.

Luego vino todo el «affaire de Armsntrong», el castigo que pesa sobre ambos y el hecho que esos siete Tours no computen en el casillero del americano…

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Pero centrándonos en lo que dice el belga, afincando y confinado en Madrid, en esa primera parte es una lección de lógica, casi aplastante.

Bruyneel justifica los movimientos y decisiones, da su versión, que resultará creíble o no, pero que suena coherente, en todo menos en lo de Benjamín Noval por Gregory Rast, decir que lo llevó por el carácter neutro de los suizos, chirría.

Por cierto que Noval fue a un Tour por Víctor Hugo Peña, años antes, incluso cuando el colombiano venía de ser líder en un Tour.

El resto (la etapa del corte, la llegada a Andorra, la previa en Montecarlo, la primera concentración) mejor lo escucháis, pero, repetimos, coherencia es la palabra que se nos ocurre.

Una cosa sí que cabe comentar, la gestión de dos egos enormes, infinitos, tremendos en colisión bajo el mismo techo.

Me hizo gracia lo de «alpha male» para referirse a sus dos chicos, y me gustó que admitiera que ambos son complicados hasta para ellos mismos, sobre todo reconociendo que con Lance Armstrong le une una amistad mantenida en el tiempo.

Ahora, más allá de conocer los hechos en primera persona, que cada uno se haga su historia…

¿Cómo se transforma un ciclista en un maratoniano?

ciclista maratoniano JoanSeguidor

La historia reciente se llena de ciclistas que han sido maratonianos

Esta historia va de un ciclista que se hizo maratoniano…

Una vez retirado del ciclismo de élite, sobre los 30 años empiezo a practicar running con el objetivo de seguir teniendo una rutina deportiva, que posteriormente acabó siendo una segunda fuente de ingresos, por lo que considero que fui un atleta semi profesional.

Mi rutina era realizar unos 60-70 kms de media semanales para poder compaginar el trabajo y la familia, y encontrar el equilibrio para no lesionarme.

Considero que tengo una facilidad grande para correr, que me permitió dar una gran rentabilidad a unos entrenos nada específicos, adaptados del ciclismo, y que consistían en rodajes y muchas competiciones.

Y así nació un maratoniano que antes fue ciclista.

Los cambios fisiológicos que me pudieron permitir pasar de realizar medias maratones en 1h13’ a realizarlas en 1h06’-1h07’, o maratones en 2h21’-24’,fueron las que el entreno me fue marcando:

  • Pérdida de la masa muscular que había adquirido con la bicicleta a nivel de piernas y esqueleto superior, moviéndome en un peso parecido, pero con muy poca corpulencia.
  • Adaptación cardiovascular a un esfuerzo más violento y de menor duración.
  • El impacto del suelo con las piernas requirió un par de años para poder alcanzar una zancada ágil. No hablo de marcas, sino de la agilidad y dominio de la carrera.
  • La necesidad de usar un combustible más rápido y con menos depósitos en atletismo que en ciclismo, hizo que me costara mucho dosificar el esfuerzo, con bajadas notables de rendimiento en la parte final de las maratones.
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Mi opinión sobre las diferencias de los esfuerzos entre una maratón y una carrera por etapas de ciclismo, serían:

  • El atletismo para mí era un esfuerzo individual en el que no te podías salir de una horquilla media de ritmos. Una persona de 2h30’ no puede seguir a otro de 2h10’ desde el inicio y debe anclarse en su propio esfuerzo personal. En ciclismo, cambia la versión radicalmente. Siempre debes acoplarte a un ritmo de pelotón, que muchas veces es superior al tuyo propio, haciéndote llegar a cotas de agotamiento físicas y mentales que no he llegado a alcanzar en las maratones. Los 42 kms te llevan a estrujarte y poder alcanzar pájaras monumentales, pero siempre eres tú el que decides hasta donde llegar. En ciclismo profesional, siempre tenías que dar ese plus de sufrimiento extra para poder seguir a la manada, que te iba minando día tras día.
  • El esfuerzo tan brusco en atletismo, se me hacia muy duro y sabía que no habría esa bajada de pulsaciones para recuperar hasta el final. Era más agónico. Por contra, esa “recuperación” de algunos kilómetros en una etapa ciclista, era un arma de doble filo, pues te daba el aliento justo para el siguiente esfuerzo, con la sensación de acabar las etapas, habiendo traspasado tus propios límites.
  • Sobre otras diferencias que he visto en los dos deportes, es que en ciclismo somos más profesionales pues nos debemos a un equipo, aunque hemos aprendido a sacrificarnos por los demás, sin necesidad que nadie nos diga nada. En atletismo, no existe esta mentalidad, tanto por no tener una base profesional de equipo, como porque la mentalidad es más ególatra. Rara vez he visto un trabajo altruista en pos de un compañero, en una selección de maratón, excepto en los africanos.

Por Víctor Gonzalo, 2h21’55 en Berlin 2007 y exciclista profesional en los años noventa

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Lance Armstrong, cuando no era un villano

El nivel de fama de Lance Armstrong llegó a la portada de Sport Illustrated

Cuando el gran héroe llamado Armstrong americano fue portada de la revista Sports Illustrated (SI)

Diciembre de 2002.

Han pasado 17 años.

El entonces cuatro veces ganador del Tour era proclamado “Deportista del año” por la revista Sports Illustrated.

 

De esta manera, el ciclista de Texas, alcanzaba el estatus de celebridad.

Este galardón, para un americano, tiene el mismo valor que el Balón de Oro del fútbol, el Óscar del cine o el premio Nobel en la vida general. 

También sería su equivalente a cuando una modelo consigue ser portada de la revista Elle o Vogue: su reputación y su cotización aumentan considerablemente.

Han tocado el cielo de su profesión.

 

Como Armstrong en aquel momento.

Puede que entonces en Estados Unidos pesara más su historia de superación, de su sorprendente recuperación de un cáncer y posterior “vuelta a la vida” que la de su propia trayectoria deportiva.

El mero hecho de volverse a subir a una bicicleta, después de su enfermedad, ya era considerado un auténtico milagro.

Y ya no decimos si hablamos de volver a competir.

Y ganar.

Y ganar.

Y volver a ganar.

Y así, hasta 7 veces en el Tour de Francia.

 

“Por su coraje y entrega, por su cuarta victoria consecutiva en el Tour, Sports Ilustrated saluda al gran guerrero de la carretera”.

Este es el titular que encabezaba la entrevista a Lance Armstrong en la que se hablaba más de su vida social y mediática que la de ciclista.

Los estadounidenses son así.

Hace un tiempo, mi amigo y compañero de fatigas encima de la bici Joan Puig, me deleitó con unos excelentes comentarios en los que diseccionaba de manera exquisita esta foto de portada:

 

 “En ella vemos a Lance, sentado de lado sobre el tubo horizontal de su Trek OCLV 110 de carbono. Su brazo izquierdo apoyado sobre el sillín y su mano derecha sujeta la maneta del freno superior.

Su pie derecho cruzado sobre su izquierdo. Se le ve relajado, mirando fijamente el objetivo de la cámara que el fotógrafo ha situado a un metro escaso del suelo.

Armstrong con mirada fría, seria y seguro de sí mismo.

Su expresión es de determinación.

Nada de sonrisas estúpidas o haciendo gestos de victoria.

Él piensa en su futuro inmediato: el entrenamiento.

No lleva casco. Ni gafas ni guantes.

Su corte de pelo es casi militar. Bien afeitado.

Lleva calcetines blancos y maillot y culotte del US-Postal.

Una imagen muy sobria.

Está situado en una de las carreteras que rodean Austin (Texas), que aparece helada a estas primeras horas de la mañana invernal.

Si nos fijamos en los detalles de su bici vemos que lleva engranada la cadena en el plato pequeño y que usa ruedas Bontrager de 32/24 radios y unas cubiertas de 25.

Las manetas de freno de Dura-Ace son especiales: más largas y ergonómicas.

 

Sorprende la posición de los cierres de las ruedas: la de la rueda delantera señala las 12:00 y la de atrás las 7:00.

Cualquier mecánico nos diría que el cierre delantero tendría que marcar las 3:00 y el posterior las 10:30.

Otro detalle: el freno delantero está abierto y parece que acaban de montar la rueda para hacer la foto”.

En la entrevista Lance explicaba que cuando le llamaron para comunicarle que sería deportista del año estaba entrenando encima de la bicicleta.

Así es el Suunto 5, el hermano pequeño 

Evidentemente.

Decía que había que sufrir cada día para estar contento.

Contaba que durante su vida ha sido atropellado 6 veces y que lleva un par de tornillos en el cráneo.

Lucía muchas cicatrices producidas por sus caídas.

A sus 31 años Lance Armstrong rendía un 6% más que cuando tenía 21 años y pesaba también 6 kg menos.

Hablaba de su amigo Robin Williams que le llamaba UniBaller (sólo tiene un testículo) y que a menudo hacía chistes sobre ello con sus compañeros del US-Postal:

“Venga tíos, hoy tenéis que ganar por cojones. Si Lance lo puede hacer con un huevo, ¡vosotros mejor con dos!”.

Cuando hablaba de doping decía que durante 2002 había pasado unos 35 controles: todos negativos.

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 Su objetivo entonces era el 5ª Tour.

Cayó éste y dos más.

¿O no?

Cerraba la entrevista con la siguiente sentencia:

 “Un día decidí no perder ni un día más pensando en el futuro. El hoy es todo lo que tengo ahora”.

Lance Armstrong… ¿héroe o villano?

Es como si el ciclismo necesitara a Lance Armstrong

Lance Armstrong ciclismo JoanSeguidor

Cada palabra de Armstrong es un clavo en la credibilidad del ciclismo

A veces pensamos si el ciclismo no tuviera un Lance Armstrong, lo inventaría.

No sería quizá él, pero sí similar, provocador, irritante, atractivo, todo en uno, en una sola persona.

Y es que ahí estamos, cada poco, cada cierto tiempo, mordiendo el anzuelo, intentando saber de él, de lo que dice y piensa.

Hay que admitirle don de gentes a Lance Armstrong.

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Y es curioso porque la historia y lo oficial se conjuraron un día para que todo lo que él hizo en la carretera no existiera ni apareciera en los anales.

Pero hay otra historia, la personal de cada uno que cuando pone el pie en el suelo cada mañana sabe y recuerda que vio a Lance Amstrong tiranizar el ciclismo, en toda la expresión de la palabra, al menos durante siete años seguidos.

Eso sobre el papel, la teoría, la práctica es que el sol ciclista ha salido y puesto con el americano.

Y a veces creemos que sigue siendo así.

Hasta el más crítico sobre el papel, Brad Wiggins, le admira.

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En este Tour están a la greña con la NBC y su elección de tenerle comentando la carrera.

Sea como fuere, no sería el primero que comenta con un pasado vinculado al dopaje.

Y decir que está castigado de por vida para denunciar su presencia y omitir la de otros sería hipócrita.

 

Sea como fuere el americano siempre jugó fuerte -si la mitad de lo que cuenta Tyler Hamilton en su libro es cierto, ya valdría para pensar así-.

Lo curioso es que, tras todo lo que pasó, tras esa lacrimógena entrevista a Oprah, Lance Armstrong sigue echando fichas al tapete como si la ruleta le fuera favorable seguro.

Sí o sí.

 

Porque lo de la NBC bueno, pase, es una presencia que a ellos les va bien, les da audiencia y les debe resultar, pero que el americano tenga bemoles de decir ciertas cosas es como hacer equilibrios sin red, a sabiendas de que, siempre, acaba encontrando una.

Pues no dice Lance Armstrong que en un ciclismo limpio y perfecto, él habría ganado igualmente, que lo tuvo todo, medios, director, equipos, dinero, tecnología y dedicación para que eso fuera así.

No creemos, por eso, que vaya desencaminado, pero este rizar el rizo que se impone no creo que le reporte nada más allá que gasolina a su ego.

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Lance Armstrong domina la escena con maestría y cada vez que quiere y le viene en gana.

Medios le escuchan, rinconcitos como éste le leen.

Es terrible para el ciclismo que siga ahí, poniendo la diana en este deporte, pero es como si el ciclismo necesitase a Lance Armstrong.

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Bien fuera para mirarse en el espejo de lo que un día fue, bien fuera para saber cuán bajo puede caer, Lance Armstrong viene cada cierto tiempo para dejar su poso y trascender.

La pena de por vida no es lo mediático, será en los bolos que quiera correr en lo sucesivo, como si el panorama estuviera impecable. sólo mirar la Gran Fondo de Nueva York no hace tanto da la medida de la corruptela que existe en estos eventos.

Pero él purga por todos las penas, porque como siempre pasa, eso de la cabeza de turco funciona y limpia conciencias, cuando la voz de Armstrong siempre tendrá un micro, un renglón o alguien que la escuche.

Porque mal que les pese a muchos, es como si el ciclismo necesitara a Lance Armstrong. 

Donde Beloki casi pierde el nombre en aquella curva del Tour de Francia

TODO EL MUNDO OPINA DE BELOKI

«Yo estaba justo en la parte de abajo del campo, al otro lado de la carretera, cuando lo vi venir. No sé por dónde apareció, pero el corredor salía montado en su bici del campo que acababa de recortar. Nadie había hecho nada semejante hasta aquel entonces» dijo Rose-Marie Jousselme, alcaldesa de La Rochette en los Altos Alpes.

Un campo de alfalfa. No muy grande. Apenas una hectárea. Pero aquel 14 de julio de 2003 se dio a conocer al mundo del ciclismo con el espectacular y recordado campo a través de un americano con maillot amarillo llamado Lance Armstrong.

LANCE ARMSTRONG SE SALIÓ DE LA CARRETERA

En un ejercicio de equilibrio, como pocas veces antes se había visto, Lance regresó a la carretera sano y salvo, con esa buena estrella que siempre le acompañó al menos en sus siete participaciones «victoriosas» en el Tour.

EL COL DE LA ROCHETTE, ERA EL CULPABLE

El cultivo, ya segado en aquella época -lo que facilitó la pericia de Armstrong-, era apenas un suspiro en el recorrido de aquel día. Ubicado en la parte final de la carrera, en la penúltima curva descendiendo del col de la Rochette, estaba delimitado por una fromagerie en la parte de arriba y una aldea en la de abajo.

Ni siquiera, lógicamente, estaba indicado en la hoja de ruta de aquella 9ª etapa de la edición del centenario.

 

No estaba llamado a ser protagonista, pero una placa de asfalto fundido por el sol de justicia del julio francés fue decisiva. Lance que, cómo no, iba líder, se había lanzado en la persecución de Vinokourov -ganador finalmente en Gap-, siguiendo la estela de un gran Beloki, segundo clasificado en la general.

EL CORREDOR DE LA ONCE LLAMADO BELOKI

El corredor de la ONCE tocó un poco el freno y su rueda trasera hizo un extraño, reventando el tubular y cayendo violentamente al suelo. Una caída brutal, espeluznante.

A todos se nos encogió el alma a ver a nuestro corredor allí tendido, gritando de dolor, en brazos de Manolo Saiz, desconsolado, que no podía hacer nada para que Joseba pudiera levantarse y echara a correr de nuevo con su bici. Eso era lo que todos queríamos. No pudo ser y el bravo corredor vasco se dejó en aquella maldita curva todas sus opciones de ganar su Tour con una triple fractura de fémur, cúbito y radio.

Porque aquel año era el suyo. Un día en el que el texano parecía humano.

Armstrong, que lo había esquivado por los pelos, daría después su versión de los hechos: «Viéndome allí, la única salida era intentar hacer un campo a través con la bici, embarcándome en una suerte de ciclocross cuando en unos pocos metros vi que lo mejor era continuar recto abriendo una brecha en el campo. Luego me desmonté y salté de nuevo a la carretera. Acababa de pasar como un hilo por el ojo de una aguja para evitar chocar con el pobre Beloki«.

Los detractores del americano, en aquella época, hasta le echaron en cara que tuviera tanta suerte y se encontrara de frente de nuevo con la carretera y el grupo perseguidor. Sin embargo a nadie se le ocurrió hablar de trampas porque recorriera 600 metros menos que el resto de corredores.

EL CAMPO MAS FAMOSO DE LOS ALPES, DONDE ESTUVO BELOKI

Lejos de allí, Danielle Giacomello y su marido Alain, ajenos a este desenlace, no pudieron oír llorar a Beloki. Una pareja a la que no les apasionaba especialmente el ciclismo. Un poco raro sí, siendo los dos franceses, vecinos de la población de Gap, una de las puertas de entrada a los Alpes. Pero ellos ni se enteraron. Aquel día no estaban en sus tierras y tuvo que ser gracias a unos amigos, que leyeron la noticia en los periódicos, los que les hicieron saber que aquella parcela que salía fotografiada en todos los medios deportivos, atravesada por un ciclista de amarillo, era la suya.

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Así supieron que aquel campo de su propiedad había saltado a la fama y se unía a otros lugares míticos de peregrinación para los cicloturistas. Pero para ellos este hecho, la verdad sea dicha, no les supuso ningún cambio sustancial ni tuvo consecuencia alguna en sus vidas, exceptuando el hecho de que, sobre todo al principio, eran visitados año tras año por miles de cicloturistas que se acercaban para eludir también la carretera y atravesar el campo.

EL CARTEL QUE RECUERDA LA SALIDA DE CARRETERA DE BELOKI Y ARMSTRONG

Una tradición, un monumento, un paso obligado para todo aquél que se quisiera acercar hasta allí y echarse unas fotos junto al grueso tablero de madera pintado, instalado en 2005 a iniciativa de Jean-Marc Passeron, fundador del canal local de tv y radio, que recordaba la caída de Beloki y el «pasaje» de Armstrong, que quiso inmortalizar este episodio como se hizo con Fausto Coppi y su estela en el Izoard.

Poco más tarde el cartel fue robado, hasta que el llamado souvenir Passage Armstrong/Chute Beloki fue replantado de nuevo el 14 de julio de 2010 coincidiendo con el retorno a este lugar de la caravana de la Grand Boucle francesa, esa que llamamos TOUR DE FRANCIA y que nos tiene a todos en vilo en el mes de julio.

HOY EL LUGAR ES ZONA DE PEREGRINAJE

Una ceremonia de inauguración que contó con la presencia de Bernard Hinault, Bernard Thèvenet y Christian Prudhomme, y a la que asistieron un centenar de ciclistas que franquearon el famoso campo de Armstrong trazando la pintura amarilla marcada siguiendo los pasos del texano.

Ritual al que estaban invitados tanto Lance como Joseba, pero ni uno ni otro vinieron. Según la organización el americano ni se dignó a contestar, evidenciando una falta total de cortesía. Beloki tampoco pudo asistir pero al menos sí que contestó, argumentando que el lugar del accidente le traía malos recuerdos y aún le hacía sufrir. No era para menos. Completamente lógico. Fue la víctima más joven de la canícula del 2003.

Por Jordi Escrihuela desde Ziklo

Imágenes del Dauphiné- Libéré