¿Debemos creer en los milagros del Team Sky?

No sé si hay mucho de fe cristiana entre la cultura anglosajona, yo creo que más bien poco. Son pragmáticos hasta la médula, y hacen bien, ciertamente, porque el dogma les ha valido para mucho en esta desaforada carrera que es el mundo. Hubo un día que Lance Armstrong, en amarillo, pidió fe a la gente que le escuchaba mientras recogía el premio de su séptimo Tour de Francia.

Era 2005, años complicados para el ciclismo, años previos al desastre que dejó este deporte en el esqueleto. Al poco tiempo saltó todo por los aires con la OP y luego, con los años, Armstrong pasó a formar parte del armario de la infamia. Pedía fe, qué cachondo, pedía que se creyera, que los milagros existen. Qué caradura.

Sin embargo ese pasaporte de la fe que pedía Armstrong creo que se ha agotado o está cerca de estarlo. Once años después hemos visto caer torres de todos los tamaños y el precio que hemos pagado ha sido caro no, lo siguiente. Por eso cuando un aficionado al ciclismo “huele a humo sabe que hay un fuego cerca”.

Dicen que el ciclismo está más limpio que nunca, dicen que no tiene nada que ver con el de hace once años, cuando se apelaba a la fe para tirar adelante, dicen, dicen, dicen,… sin embargo esto es como lo de la mujer del César, que a veces no sólo hay que ser honrado, también es interesante parecerlo.

Uno de los principales actores de ese nuevo ciclismo es inglés, viste de negro limpio y responde al nombre del Team Sky. Proviene de la pista, donde no ganan, acaparan títulos y de esa sapiencia han sacado la fórmula para dominar el Tour. Tolerancia cero, lo llamaron, no admitieron en su estructura nadie que tuviera un atisbo, una mota de relación con el dopaje, se declararon en perfecto estado de revista, pero las palabras no siempre fueron acompañadas con hechos.

Y hete aquí que las cosas no son tan sencillas ni rápidas como ellos creían. En este artículo de Velonews se pone el dedo en la llaga como creo que nunca se haría con los nuestros en España. “¿Deberíamos creer en los milagros del Sky?” se titula una pieza que entra en la tripa de esa caja que un día Wiggins recibió y por la que tantas explicaciones se están pidiendo a Dave Brailsford y los suyos.

Fluimucil es la palabra clave en esta historia, la palabra de la controversia. Supongo que muchos de vosotros lo habréis tomado más de una vez, un medicamento que siempre echábamos en el vaso cuando el resfriado nos asaltaba. Pues bien, la caja de Wiggo llevaba eso, en un envase expresamente traído desde Manchester por un funcionario del British Cycling. ¿No se vende medicamento tan cotidiano en cualquier farmacia italiana o francesa? Venga ya, hombre por favor, la mera respuesta invita a disparar las intenciones de los malpensados.

Esto es la punta del iceberg, y en UK las cosas no suelen acabar como aquí. Si hay indicios habrá quien hurgue y dé que hablar, aunque en ello puedan cuestionar la mácula de un tipo como Wiggins, que en aquellas tierras es lo más similar a un Dios en la tierra. No sé si Wiggins, barruntando su retirada definitiva o no, estará tranquilo o no, pero quienes eran sus mentores entonces y proclaman “clean cycling” le están haciendo un flaco favor a él y al deporte que dicen amar tanto.

Imagen tomada de Team Sky

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#BonjourTour etapa 9

Este año los Pirineos vienen cargaditos y ahí está la muestra con esta etapa entre Viella y Andorra, más de 180 kilómetros que seguro quebrarán voluntades porque seguramente los favoritos no quieran dejar para mañana lo que pueden resolver hoy. La primera llegada en alto, en Arcalís, abre la parte dura de la carrera porque seguramente ninguno se guarde nada. Tras lo visto en la coronilla del Peyresourde, Nairo no puede vacilar su Froome le toma la delantera.

La jornada transcurre durante más de 120 kilómetros por Catalunya. Como hace diez años el Tour vuelve a pisar la Vall d´ Aran. La emblemática Bonaigua, el alto que tiene la clave para que la comarca que ve nacer el Garona sea tan singular, se sube casi de inicio, luego el Cantó para seguir con los preámbulos de lo que espera cuando se atraviese la frontera andorrana con concatenación de dureza y final conocido por su amplia carretera, descubiertos páramos y pendientes constantes.

El lugar


Si alguien tendrá vinculaciones emocionales con el paisaje será Purito Rodríguez, personaje que en cierto modo ha situado este paraíso ciclista en el mapa de las vacaciones de muchos aficionados a este deporte. Con menos de 80.000 habitantes, el Principado busca con el ciclismo la piedra angular de su apuesta por desestacionalizar el turismo, muy centrado en la nivel por esta zona. El Tour en Andorra ha sido un clásico y en sus valles se han escrito grandes páginas, como aquel atracón de Anquetil que le valió la salida en tromba de todos los favoritos al día siguiente.

10 de julio de 2000

Día de perros en los Pirineos. El Tour se apresta a entrar en su fase decisiva con alto en la cima de Hautacam. Javier Ochoa el fino escalador del Kelme obra el milagro y gana la etapa tras una escapada de leyenda. Aterido de frío, roto por el esfuerzo, el vasco consigue su gran día de gloria.

Pero no fue un día cualquiera, no. Por detrás los grandes empiezan a cocinar el triunfo. Un misil surgía del pelotón, a una cadencia imposible de 100 pealadas por minuto, Lance Armstrong deja sin respuesta de golpe a todos sus rivales. Ni Ullrich, ni Virenque, ni Pantani, ni Olano, todos ven partir solo al americano que va camino del segundo Tour del serial que nunca existió, porque todo aquello fue en balde, no pasó, ni pudimos verlo, como tampoco el regalo del Ventoux a Pantani días después. Visto todo aquello ahora, uno toma de locura que supuso.

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Las dos carreras de Ivan Basso

Ivan Basso es al ciclismo moderno lo que el carbono 14 a la historia. Una suerte en la sima de un tronco que explica la evolución de un deporte en el ojo del huracán desde que fue ciclista, prometedor en sus inicios, y completa estrella con los años.

Supimos de Ivan Basso desde inicios de la pasada década, incluso antes cuando ganó el mundial de Valkeburg, promesa lenta pero segura en el Fassa de Ferreti, ya asomó fuerte en la edición del Tour del centenario, siendo poseedor del maillot blanco, para hacerse sitio en el podio en la Grande Boucle de 2004. Estrella rutilante, Basso creció en todos los aspectos, era el ciclista de moda y se convirtió en el paladín natural de Lance Armstrong, quien dejaba a todos de rueda salvo al italiano de Varese, que en 2005 ya era segundo en Francia, superando incluso a Jan Ullrich en la carrera por suceder al tejano.

Basso tocó la cima en 2006, en mayo. Aquello fue un tsunami, subida brusca y bajada vertical: iba como los ángeles en aquel Giro, ni Simoni despotricando de él pudo medirsele en aquel Mortirolo donde había un tipo que con media sonrisa de esfuerzo dejaba a quien queria dónde se dispusiera. Pero ese ritmo tuvo coste, la Operacion Puerto, una bomba, una quimio, que se lo llevó todo o casi todo por delante. A Basso le identificaron por su perro, a otros, con psedónimos más obvios ni se les tocó, unos terceros, no ciclistas en su mayoría, salieron de rosetas. «Birilo» fue Basso. «Valv Piti» no se atribuyó a nadie.

Y Basso purgó para volver en 2009 con tres grados menos de potencia en sus piernas, suficientes sin embargo para ganar un Giro, el de 2010, que forma parte de la antología del ciclismo moderno por lo imprevisible de su desarrollo y resultado. Ganó Basso, sin abrumar, sin exhibir ni chafar grotescamente a sus rivales, en una edición que será recordada por la inquebrantable fidelidad de Vincenzo Nibali que le guió por el tortuoso descenso de Mortirolo como quien lleva a un crío de la mano. Pero qué mal baja Basso, Si Dumolin perdió la Vuelta por el puñado de metros que le impidieron  enlazar entre puertos por la sierra de Guadarrama, a David Arroyo le condenaron esos mismos metros camino de Aprica.

Y ahí acabó todo. Todo lo reseñable, al menos. Basso circuló en la parte noble de los pelotones, sumó alguna posición de mérito en grandes vueltas, dejó la Vuelta de 2013 tiritando de frío en Andorra cuando mejor se le veía hasta que dijo que quería ser “aún más grande” ayudando a Contador en una temporada que no cuenta porque cuando quiso ayudarle, no pudo, dígase en el Giro, y cuando quizá pudo, la enfermedad no le dejó. Por cierto Contador, rey puesto a rey muerto en 2007, en el Discovery Channel que cometió la ridiculez de fichar un ciclista enfrascado en un proceso. Ay Bruyneel.

Basso lo deja, celebrando haber superado ese mazazo que siempre es un cáncer. No lo dudéis, este ciclista vale más por lo que calla, y si su experiencia se hiciera realmente pública, la catarsis que aun necesita este deporte sería realmente útil.

#RadioVuelta – Semana 11

#Trend Entre Milán y San Remo

Como siempre trepidante, la Milán San Remo nos dejó doloridos en el sofá tras ver rodar a ese nivel los mejores clasicómanos del mundo. Se abre la primavera con todas las de la ley con la victoria de un integrante de la llamada nueva generación. Tras ser protagonista en los adoquines hace un año, John Degenkolb se abrió a San Remo, una clásica que le va bien por definición batiendo al ganador saliente que tuvo que hacer frente al sprint demasiado lejos. La semana italiana se había abierto con el tramo final de Tirreno que se llevó Nairo Quintana y con el triunfo del siempre presente velocista italiano Giacomo Nizzolo en el GP Nobili.

#Click La marca del campeón

Los labios de la azafata del podio se clavaron en la mejilla de Degenkolb, la medalla más visible, pero efímera, de una victoria que para muchos justifica toda una trayectoria, sin embargo a este fornido ciclista se le auguran más momentos como éste.

#Profile El premio para John Degenkolb

Pocos ciclistas se muestran tanto como este alemán, joven, potente y muy corpulento. Digno producto del gran trabajo que despliega su equipo con los velocistas, nunca ha tenido problema en compartir galones, e incluso desde el segundo escalafón con Marcel Kittel. Aunque siendo rápido como es, Degenkolb atesora una polivalencia que le da más recorrido que su compañero pues se trata de un perfecto producto para pelear por monumentos tan dispares como San Remo, que ya ha ganado, o Roubaix.

#Clipping

Nervios en “chez Tinkov”. Poco tardó en saltar el propietario de equipo que también ejerce como director. Oleg Tinkov se quejó de que sus hombres no ganan. Tras el éxito de Sagan en la penúltima jornada de Tirreno, donde Contador anduvo por debajo de Nairo, el magnate le ha dado instrucciones claras a Bjarne Riis, sobre quien pende el veredicto de un informe sobre dopaje emitido desde su propio país. Le dijo claramente: “Son atletas, no princesas”. Convivir con el sugerente sonido de sables sobre tu cabeza. Entre el cambio del rublo y sus estrellas en plena sequía, al rubio se le hace cuesta arriba este inicio de temporada.

La última gilipollada de Lance Armstrong. La noticia merece eso, ser leída en diagonal. Un día antes de cada etapa el siete veces ganador del Tour, desposeído de tal honor varios años después, quiere correr al menos un par de etapas de la próxima edición con fines benéficos. Obviamente que Armstrong se preste a tal menester ayuda a la causa pues arrastra masas, la lucha contra la leucemia, pero quizá debería pensar que en el camino siga ahondando en la herida de muerte que ha abierto en el corazón del deporte que dice ser el de sus amores.

Ponferrada o la gestión imperfecta. Manda nuevos que un deporte que mueve tan poco y da tan pingües suelos a sus protagonistas como el ciclismo, sea también pasto de políticos manirrotos. El mundial de Ponferrada, meses después de su celebración sigue siendo protagonista por la tristísima gestión de sus mentores que arroja más y más números rojos con el paso de las semanas.

 #Hashtags by @LiveCiclismo

   

Imagen tomada de Facebook de Milán-San Remo

Ivan Basso y su colección de medias verdades

Ivan Basso es al ciclismo moderno lo que el Carbono 14 a la historia de la prehistoria. Su camino es un auténtico descenso del Stelvio, revirado y tortuoso, tras pasar por todos los estadios del ciclismo y probar la convivencia con buena parte de los personajillos que pulularon, y aún pululan, por este deporte. Por ejemplo, en su colección de mentores hay un camino de ida y vuelta hacia Bjarne Rijs, con efímero paso por las huestes de Johan Bruyneel, huelgan comentarios. Hamilton describe lo mejor de cada casa…

Ivan Basso es un ciclista paradigmático del ciclismo del siglo XX. Sus colección de medias verdes, o mentiras según se mire, resulta larga, lo mismo que los tweets rosáceos donde describe una vida familiar por la que suspira cualquier suegra agradecida. Cartón piedra. Es tan de fachada que incluso cuando ataca, cuando más se exige, muestra una medio sonrisa, como si la tortura no fuera con él.

El italiano ha sido entrevistado estos días en Biciciclismo y sus respuestas no tienen desperdicio. Valora su rol de telonero con Alberto Contador. Anuncia su próximo calendario y será calcado al del madrileño: Volta, Tirreno y Giro. Deja en suspense su actuación en el Tour. En Andalucía ambos reventaron el pelotón en Haza Llanas. Al día siguiente el poderío del varesino se diluyó por los aguijonazos de los hombres de Chris Froome. Visto y no visto. Un sube y baja infinito.

Para Basso ponerse al servicio de Alberto Contador es “un acto de inteligencia y madurez. Toma. Olvida Basso que el madrileño fue el rey puesto cuando acorralado por la Operación Puerto, Johan Bruyneel le mostró la salida del Discovery. Rey muerto, rey puesto. No recuerdo lamentos de Contador. Como dicen en una afamada serie “para que uno sobreviva, otros han de morir”. Contador ese año vio cómo se cargaron a al líder de su equipo, que venía de ser segundo el Tour, y al líder de la Grande Boucle, Michael Rasmussen, dejándole limpio el camino.

Basso es frío y profesional. No entra a valorar el estatus del Astana, donde corren ciclistas de su confianza, al menos pasada, como por ejemplo Vincenzo Nibali, a quien ha de agradecerle fidelidad extrema en un Giro de Italia, el de 2010, cuando Basso protagonizó uno de los peores descensos que se le recuerdan a una estrella, el del Mortirolo. Si aquello dura un kilómetro más David Arroyo, el líder ese día, les caza y a la mierda el segundo Giro. Sin embargo ahí estuvo Nibali, cien veces mejor bajador, que incluso tentado de hacerle lo que le hizo Aitor González a Oscar Sevilla en una Vuelta se clavó al lado de su torpe jefe de filas. Memoria escurridiza.

El problema que vemos en Basso es que nunca ha admitido, ni admitirá, que tras la sanción siempre fue una versión a la baja de ese ciclista que maravilló en los Tours de 2004 y 2005, un corredor que no sólo subía muchas veces como Lance Armstrong sino que también desplazó a Jan Ullrich de su estela. Miren qué nombres manejamos. En la edición 200 del Procycling describe el Giro 2006 que ganó el italiano como algo «increíble». Y quizá, si se admitieran las cosas como son, podríamos pensar bien y aplaudir su anunciada generosidad. Eso sí que sería un signo de inteligencia y madurez.

Imagen tomada de http://www.vueltaandalucia.es/

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El castigo a Johan Bruyneel se queda pequeño

Le han caído diez años a Johan Bruyneel, me parecen pocos. Escaso castigo para uno de los grandes impostores de este deporte y diría que del deporte en general. A su vez, creo que el belga no fue muy diferente a lo mucho que le rodeó, pero mientras otras piezas caían, en serpentín, no le vi clamar, ahora que le crujen a él, chilla.

Cuando Bruyneel dirigía el mejor y más poderoso equipo del mundo la inmundicia rodeó a muchos de sus compañeros de profesión. La justicia cayó sobre rivales que su pupilo batía con gran superioridad. Acusaciones fundadas muchas de ellas, sin duda, pero con los mismos argumentos que al final han podido desalojarle de su pedestal aunque con un añadido que no es baladí.

Johan Bruyneel y su amigo Lance Armstrong han hecho gala de una prepotencia supina pues fueron tan lejos en su experimento que han dejado un socavón de siete años en el historial de la más importante carrera del mundo, un agujero que considerado en otros deportes los habría tragado como quien desagua su bidet, pero que, sorprendentemente no ha matado al ciclismo, el deporte, por otro lado, que les dio todo, incluso las comodidades presentes seguramente pagadas con los réditos de entonces. El sueldo por ser  un “pusilánime pocimero”.

Creo que las responsabilidades de Bruyneel fueron obvias, sobre todo desde el momento en que el matón que tuvo por ciclista, Lance Armstrong, cantó en prime time de una forma que nunca se imaginó, sin embargo pensar que todo está arreglado una vez extirpado el belga del sistema es una ingenuidad. El ciclismo dice haber pasado página y queremos creerlo pero siempre, cada época, tiene sus nuevos apóstoles y gente que ha bramado muy alto contra el dopaje ha sido posteriormente cazada y sin embargo siguen ejerciendo el oficio, desde dentro, como “apostolando” desde una suficiencia moral que no les corresponde.

Esperemos, deseemos que la máquina no pite, pero cosas raras están pasando, muchos están hablando más de la cuenta, mostrándose nerviosos y serviles, y ciertas actitudes no cuadran con la realidad que hace un año teníamos por normal. Corredores que firman una campaña extraordinaria pero que desaparecen del mapa, equipos que practican tolerancia cero con ciclistas arrepentidos en sus filas una vez el cerco se hizo insostenible, equipos que pontifican pero que se borran de los primeros puestos  de forma “nada” sospechosa,… son esas cosas que, a los que estamos escarmentados, nos hacen temer lo peor y creedme cuando digo que quisiera estar equivocado.

Imagen tomada de www.puntoencuentrocomplutense.es

Bradley Wiggins pierde los papeles

En el libro que cuenta la rebotica de creación y puesta en marcha del Team Sky se toman en consideración muchos preceptos que hoy se plasman a diario. La retórica de los chicos de negro y sus mentores, valiéndose de la limpieza como gran bandera, les propinó un recibimiento más bien frio por parte del pelotón. Un cierto halo de prepotencia frente a la tradición, el desprecio a formas de hacer –viciadas sin duda- de toda la vida, la imposición de metodología propia, la tecnología a la proa de sus argumentos,… todo colaboró a que este equipo no cayera precisamente de pie entre el gremio.

Un ciclista que es una caricatura

A esa entrada se unió esa citada retórica de limpieza que con los años se hace complicado creer pues Sky ha consumado actuaciones hegemónicas que han recordado a otras similares con final no precisamente feliz. Dígase Festina, ONCE, Saunier,… Aquí siempre hemos defendido la legitimidad de los controles que han ido superando –por difícil que resulte creer en ellos- pues nunca han pitado. Y eso nos debe valer hasta nueva orden. Incluso hemos lamentado que en ciertos ámbitos ciclistas se reza a diario para que un chico de Brailsford dé positivo, en lo que sería, a mi juicio, una hecatombe para este ya de por sí magullado deporte.

Con estos mimbres no es de extrañar que las declaraciones de Bradley Wiggins caigan como una patada en el estómago. Mientras deshoja la margarita sobre su futuro inmediato, Wiggo atesora con acento científico que “los ganadores limpios del Tour se cuentan con los dedos de la mano. En otras declaraciones le oí decir que “no son más de tres los que han competido ajenos al dopaje”. Tremendo. Cabe pensar que en esa trinidad entran él, su compañero Chris Froome –o igual no- y un tercero que va desde Maurice Garin a Cadel Evans. Que escrute en 98 ediciones y nos diga quién, eso sí, descartando a unos cuantos como Lance Armstrong, Laurent Fignon, Jacques Anquetil, Bernard Thévénet y algún otro en el que ahora no caigo y que dijo haber competido con mandanga. Sus declaraciones revisten resquicio de inteligencia, pues abriendo la lista al infito se evita demandas e historias.

Con estas desgraciadas declaraciones de fondo, Wiggins se arroga el papel de pontificador del ciclismo limpio. “Es una responsabilidad que me ha tocado” aduce. Esta empresa de tamaño divino nadie la había acogido con estoicismo tal desde que a “Josemari” Aznar recibió el mandato de salvar a España de las hordas rojas.

No sé si estas soflamas forman parte del ideario de Dave Brailsford o si son del perfil de ganancias marginales. Desde luego no parece lo más inteligente. Te ganas el desprecio de tus compañeros de profesión y escupes en la historia del deporte que dices amar y defender, como si todo por lo que has luchado o creído no haya sido más que un puñetero y nebuloso sueño.

Porque en el fondo Wiggo debería ser consciente de su propia trayectoria. Unos orígenes de pistard culminados como ganador del Tour no son precisamente la concatenación de acontecimientos que inviten a prescindir de la sospecha y que conste que nos duele hablar así porque si en un sitio hemos demostrado respecto por Wiggins ha sido aquí.  De cualquiera de las maneras el ciclismo demuestra una vez más que poco hace falta desde fuera para destrozarlo cuando el enemigo sigue campando dentro.

Imagen tomada de mjmhome.blogspot.com

Insultos a la inteligencia a cuenta de Lance Armstrong

Esta noche de miércoles en canal deportivo de la televisión catalana, Esport 3, retransmitió un documental de poco más de cincuenta minutos sobre el encumbramiento y derrumbe de Lance Armstrong. Poco antes, en el Telenoticias del canal catalán daban cuenta de la preocupación creciente ante las mafias de apuestas ilegales en el fútbol. Ya saben, grupos discretos y bien organizados que amañan resultados para beneficio propio. Citaron un partido entre el Nàstic de Tarragona y un equipo de nombre Constancia, que admito no conocer. Creo que ambos juegan en la segunda división B, pero no me hagan caso.

La noticia del amaño de ese partido, como la sucesión de noticias al respecto en otros enfrentamientos no pudo menos que despertarme una tímida sonrisa. Es del género estúpido pensar que las apuestas ilegales centren miras en el fútbol de tercer nivel cuando el dinero, la pasta, el cotarro se mueven en la Liga y Champions League. Por no sé qué truculento mecanismo, seguro que se puede sacar beneficio de un partido así, del Nástic me refiero, pero no puedo creerme que un clásico europeo o un grande de la liga española no depare más dinero. No me cabe en la cabeza, y eso que pequeña no la tengo.

De la misma guisa me sitúo ante el televisor cuando oigo afirmar a Travis Tygart, director de la USADA, la agencia americana antidopaje, que la de Lance Armstrong fue la trama más sofisticada y metódica de dopaje de la historia. Es que sencillamente no me lo puedo creer, porque es imposible, a no ser que finalice su frase excluyendo casos flagrantes y a la luz de taquígrafos como la NBA u otros deportes donde el consentimiento ralla por otros niveles.

Está claro que Lance Armstrong merece el mayor de nuestros desprecios, se burló de la gente que le creyó grande una, dos y hasta mil veces. El “no” que surgió de su boca cada vez que fue inquirido sobre lo que hacía en la trastienda de la competición es un sapo muy doloroso de tragar, pero dimensionar su causa con técnicas nunca vistas, cuando en el propio documental se admite que algunas bolsas de sangre se suministraban colgadas de las alcayatas de los cuatros de cualquier hotel suena ofensivo.

No obstante, y en defensa del ciclista y todo lo que movió, no sería justo atribuirle en exclusiva la frustración de millones de personas, pues mientras su truco de magia duró seguro que el ejemplo alimentó muchos casos médicamente perdidos para que salieran adelante. No creo que porque hoy me muestren que los amigos de Maná se metieran aquello o lo otro en el camerino, dejé de vibrar cuando recuerde sus conciertos. Por tanto, tristeza sí, decepción también, pero hablar de lo otro son palabras mayores. Al menos el engaño de Armstrong, mientras medios, compañeros y dirigentes afines lo sostuvieron, sirvió para algo.

De todo el documental, de todos sus testimonios cobra importancia la figura de Tyler Hamilton, un idealista –como lo describió David Millar en su libro, gracias Marc Pallarés- que aún piensa que si Armstrong hubiera admitido su culpa desde un principio habría recibido el perdón general, cuando si una cosa se aprecia en estos casos es la total y subyacente lapidación a la que todo tramposo se expone cuando quiere admitir ciertos actos. Del amor al odio en tiempo récord.

No obstante, y en honor a la verdad, es digno de elogio que desde las autoridades estadounidenses se trabajara sin descanso para desenmascarar este fraude. Las diferentes investigaciones, las manos por las que pasa el expediente y el resultado final nos confieren envidia, sana, pero envidia al fin, desde un país, España, que no pone el mismo empeño en cazar al estafador. En esto, sí, nos llevan muchos años de ventaja.