¿Qué puede acabar con el ciclismo?

La imagen que ilustra esta entrada, la última cena ciclista, cuando yo le llamaría la penúltima merienda de negros sobre ruedas, es sencillamente reveladora y nos da la medida de cómo este deporte a pesar de todo es y seguirá siendo querido por una masa de aficionados cuya fe parece a prueba de bomba. Y si dudan de lo que decimos vean el dibujo, a Alberto Contador y sus doce apóstoles y valoren uno por uno su pasado, presente y futuro para explicar las complicaciones que surgen alrededor del ciclismo.

El dibujo demuestra cuánto cambian las cosas en tres años, pero sobretodo evidencia que en el ciclismo el panorama de estrellas nada tiene que ver en tan pequeño lapso de tiempo. Algunas de ellas, como veremos, están fuera de concurso por asuntos turbios y poco claros, por otro lado algunos convivieron con algún affaire y los menos son los que nada han tenido que declarar. A veces me pregunto cuántos deportes resistirían tantos cambios, y no precisamente para bien, en tan escaso tiempo.

A la izquierda de todo sale un discreto, y raramente fino, Cadel Evans con el maillot arco iris que meses antes conquistara en Medrisio. Acompañan a Evans dos ciclistas ya retirados y compañeros de generación, por mucho que el australiano alargue su carrera: Carlos Sastre y Denis Menchov.

Manoseando un saquito de dinero, y en el más genuino papel de Judas, Lance Armstrong, el auténtico demonio del cuadro inspirado en la obra suprema de Leonador Da Vinci. Le sostiene por detrás su compatriota Chris Horner, un ciclista tan desgraciado en las caídas como en las sombras que le merodean. Éste solicita la atención de un dopado confeso, Christian Vandevelde, a quienes muchos que echan pestes de las trampas siguen poniendo por las nubes.

Alberto Contador es el eje de la pieza, de amarillo, poseedor de la prenda más importante del ciclismo internacional, aunque como se demostraría más tarde desposeído de tal privilegio por el tema del solomillo. Le acompañan a su izquierda –derecha para el espectador- los hermanísimos, uno, Frank, suspendido por dopaje, el otro, Andy, no se encuentra.

Señalándose a sí mismo como solución a todos los males, de negro Sky, y fino como acostumbra, Bradley Wiggins quien da paso a un tridente del Liquigas. Sinceramente no reconozco al primero de ellos, a quien le sigue Vincenzo Nibali, el personaje de todo el cuadro a quien los años quizá mejor hayan tratado pues no se le ha involucrado nada raro, no se le ha desposeído de lo que ha logrado y se ha ganado el cariño del público. Al final, cierra Ivan Basso, ligeramente separado, pero no distante, en ese efecto que nos transmite de una persona que vive al margen de todo.

Ya lo ven, de lo que era noticia hace tres años, de los trece ciclistas más destacados de ese momento, sólo perviven de cara al Tour Alberto Contador y Cadel Evans. El ciclismo que tan rápido gira es también esto, un rodillo de consumir personajes y no todos de la mejor manera.

Imagen tomada de @amantes_cycling

Este Giro sale sin dorsal uno

Quiero irme unos años atrás. A 2009. El año del revuelo ante el retorno de Lance Armstrong al pelotón. La temporada que ubicó al estadounidense en el equipo de Alberto Contador en una relación que a pesar de lo que se comentó de inicio se planteaba imposible. Entre otras prerrogativas Armstrong valoraba su retorno en clave optimista. “Si en mi ausencia Carlos Sastre ha podido ganar un Tour…” llegó a insinuar.

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Luego llegó el Tour. Salía desde Mónaco y desde el primer momento la rivalidad de americano y español fue suficiente para ningunear de forma lacerante el vigente ganador. Luego, con la carrera lanzada, Sastre hizo la peor defensa del maillot amarillo que se recuerda. Fueron circunstancias de carrera, añadidas a que Sastre ya había quemado cartuchos en un fenomenal Giro que acabó en el podio por desaliño de Danilo Di Luca.

El ambiente que rodeó a Sastre en esa carrera fue óbice para que el resultado fuera el que fue. Poco menos que fue apartado de las portadas y titulares como en el presente Giro, el que arranca en tres días, se está haciendo con Ryder Hesjedal. Al canadiense nadie le sitúa en las quinielas y en caso de que aparezca se hace como cortesía al ganador saliente, que no por convencimiento.

Está claro que la victoria del ciclista del Garmin en el pasado Giro no invita a ponerle en primera línea, pero a un ganador de una gran vuelta se le suponen virtudes que al menos le sirvan para gozar de cierto respeto y aprecio por quienes realizan los pronósticos. Hesjedal es a Sastre lo que Wiggins y Nibali son a Contador y Armstrong.

Sin embargo no hacemos bien desplazando el foco tan lejos del ganador del último Giro. Primero por que el triunfo del año pasado lo logró frente al primer ciclista de la UCI, Joaquim Rodriguez, y también por que lo obtuvo en buena lid, haciendo valer sus armas, que no son un dispendio de energía, pero en igualdad de condiciones al fin.

Con todo creemos que el canadiense que porte el uno a su espalda tiene sus bazas, y buenas, para intentar hacer una honrosa defensa de su título. Ya ven que yo tampoco estoy muy convenido de sus opciones, aunque sin embargo creo que en esta Italia de viradas carreteras y complejos itinerarios puede sacar partido a sus características de hombre siempre atento y bien situado, dos cualidades que suplen su evidente desventaja física respecto a los favoritos cinco estrellas.

A todo ello cabe sumarle un equipo que corre como eso, un equipo, que no lleva muchos triunfos este año, pero sí lo suficientemente simbólicos como para ser tenido en cuenta. Garmin es un bloque especialista en alargar sus opciones y ser protagonista en terrenos donde esperamos a otros. Además lo hacen con ciclistas no especialmente agraciados e inferiores en apariencia. Miren Daniel Martin y su endémico aspecto de fragilidad o el tortazo que Johan Van Summeren le dio a Fabian Cancellara en la Roubaix de hace dos años.

Con todo conviene no olvidar que este Giro tiene un dorsal uno, que se llama Ryder Hesjedal, y que corre con la vitola “100 x 100 clean”, algo que al menos debería granjearnos su simpatía.

Foto tomada de www.prensalibre.com

 

 

 

 

El gran premio de Miguelón

No le gustaba que le llamaran Miguelón. Iba con su ser sencillo y adusto. Escudriñado por las miradas de medio mundo, no dejaba indiferente a nadie. Miguel Indurain consiguió la unanimidad que otros lograron al revés. Todo el mundo le quiso.

Recuerdo sus accesos al podio del Tour de Francia. En el ensordecedor ambiente internacional de la más grande, accedía al lugar de los elegidos a recoger un día y otro ese premio en forma de prenda amarilla de manga larga porque su ínfimo corpachón no soltaba sudor ni con el calor más pegajoso. Se arrimaba a las autoridades, nunca daba la espalda a nadie, nunca de forma consciente, ni mucho menos ofensiva. Su ser era ubicuo. Acababa de firmar alguna página memorable, Luxemburgo, Lieja, La Pagne,… qué más da. Se dejaba abordar con la mejor de las sencilleces.

Crecimos con el ejemplo de Miguel Indurain. Con su perfil bajo pero noble y consistente. Navarro pero de sobriedad castellana y educación suiza. Luego lo que nos vino nos pareció hasta vulgar: Lance y sus desplantes, miren qué caros le han costado. Ganador de cinco Tour, sí. Alguien cuestiona si pudo hacerlo inmaculadamente pero nada más. Con el americano han ido a saco, al de Villaba le respetan –crucemos los dedos- de momento. Crió afinidad y eso le valió el respeto y consenso que hoy ningún campeón se atreven a soñar.

La semana grande del ciclismo vasco se abre en el Camino, en Estella, en el Gran Premio Miguel Indurain. Den plácet a estos siete días de competición del más alto nivel (Gran Premio Miguel Indurain, Vuelta al País Vasco y Clásica de Primavera) que además incluye el Memorial Valenciaga, esa carrera que quien la ganaba tenía segura su presencia en el profesionalismo hasta Eduard Prades, quien al menos encontró acomodo en Portugal como pista hacia lo que sin duda se merece.

Nosotros esperamos a Miguel en el alto del Puy laureando quien mejor homenaje le haga en la carretera.

Demasiado duró Radio Shack en el pelotón

Si en esta religión que es el ciclismo existiera un templo, el sr. Radio Shack debería tener un busto en la rotonda de entrada, pues pocas veces vimos mejor fidelidad ante peor maltrato de un deporte a uno de sus mecenas, como ha ocurrido con esta franquicia estadounidense embarcada en un mundillo que a la postre ha acabado por echarle a patadas.

Radio Schack fue el rimbombante nombre que el grupo de proscritos de Astana tomó como sponsor una vez la relación de Lance Armstrong y Alberto Contador hizo aguas, allá por el Tour de 2009. Desde entonces su logo rojo ha sido una constante de las conjeturas e intrigas con grandes gastos y pingües beneficios tanto en imagen como en resultados. No podía ser de otra manera. Sus patrocinados no fueron trigo limpio.

Entiendo que la entrada de dicha cadena de bazares respondió a una gestión personal y directa de Lance Armstrong. El tejano, años antes de confesarse como el mismísimo diablo, tuvo en su tiempo poder e influencia suficientes para atraer la inversión que por ejemplo en la vieja Europa nadie estaba dispuesto a desembolsar.

Lazando el patrocinio, su gran valedor decide retirarse harto de un Tour, el de 2010, donde nada le salió. No sabemos cómo debió sentarle aquello al señor norteamericano que firmó los compromisos de mecenazgo, pero creemos que la idea le debió sentar poco bien, más cuando al año escaso Johan Bruyneel culminó el engendro que les unió con los Leopard, ese grupo de indisciplinados ciclistas a la sombra de los Schleck y un multimillonario llamado Becca.

Desde entonces todo ha ido de mal en peor. Ni siquiera lo que tuvo visos de salir bien, surtió resultados satisfactorios. El costalazo de Fabian Cancellara fue todo un presagio y casi una broma frente a los problemas mayores de Johan Bruyneel, el positivo de Frank Schleck, el declive deportivo y personal de su hermano Andy y la paupérrima imagen colectiva en competición cuya principal víctima se llamó Haimar Zubeldia.

Sin embargo el tiro de gracia llegó en el otoño ciclista con las cada vez más certeras pesquisas sobre Lance Armstrong, a cuya persona se vincula de forma indisoluble la imagen de Radio Shack. Para Radio Shack todo esto ha resultado un pozo negro. Ahora, tres años después de entrar en liza, la firma anuncia que se va. Lo hace a nueve meses del final de temporada. Han sido respetuosos con lo pactado. El ciclismo, si fuera mínimamente agradecido, debería no sólo darle las gracias, sino que postrarse. Se va una empresa, otra, que ha dado mucho más de lo que ha recibido en  este deporte.

Las eternas desigualdades del ciclismo femenino

Un día en una librería de Barcelona nuestra amiga Olga Ábalos encontró un ejemplar de Ciclismo Deportivo, edición 1967, donde pudo leer esta indecente regla.

Sí, en la España casi tardofranquista las mujeres tuvieron vetado el nivel competitivo sobre una bicicleta salvo que su interés fuera meramente social, es decir, sin premios ni nada en metálico sobre la mesa. En esa época el ciclismo femenino no tenía escalón profesional, algo que no ocurrió hasta prácticamente hasta entrados los noventa por mucho que en los cincuenta los Mundiales de ciclismo ya incorporaran el arcoíris femenino.

Sin embargo, y  a pesar de tan controvertida norma desde nuestra óptica, el ciclismo femenino nació obviamente en paralelo al masculino pues la bicicleta supuso un primer indicio de igualdad de sexos. En los años veinte, en la España que cocía a fuego lento la Guerra Civil, las mujeres tenían sus pequeños esparcimientos competitivos en el parque de la Ciudadela de Barcelona, por ejemplo. Nada serio. También probaron cierto regusto en las llamadas carreras de elegancia e incluso de disfraces que acontecieron en aquella deliciosa época.

Sin embargo, entonces como ahora, la situación es tangiblemente desfavorable para el ciclismo de mujeres. A la consabida desigualdad en premios y sueldos, está también el menor seguimiento, curiosamente en carretera, donde al margen de un puñado de corredoras, “las grandes” como les gustaba decirme a Marta Vilajosana, el resto casi malvive.

Pero incluso entre esas siete grandes que antes citábamos había perplejas carencias. Recordemos el discurso de Nicole Cooke el día que dijo basta. Al margen del consabido desequilibrio en premios, algo que Dori Ruano no para de repetir, estaba la desacralización del esfuerzo individual y desprecio del sacrifico dándole más pábulo a las historias de miseria y trampa de Hamilton, Armstrong y cia que a sus propias gestas. Aquí en España posiblemente la corredora que más titulares arrojó, seguro, en estos últimos cinco años, fue Maribel Moreno por su positivo por EPO previo a los juegos pequineses.

Porque no hablemos de la situación del ciclismo femenino español, que ahora mismo está en cuotas alarmantemente bajas. Y no, no es siempre la economía quien causa estragos. También está la miopía de sus gestores, que ampliamente argumentó aquí una que fue ciclista y lo dejó por que aquello no daba: Anna Ramírez. Aquí están las impresiones de Anna.

Por suerte el mundo de las dos ruedas tuvo un día que se equiparó entre hombres y mujeres, y ahí hablamos del ciclismo en pista. Hace una semana vimos mujeres ciclistas que fueron heroínas nacionales y se ganaron, y se ganan, generosamente la vida no del ciclismo en pista, pero sí a partir de él. Ahora mismo al margen de Marianne Vos y varias pistards, casi ninguna  puede decir eso. Y es que aunque nos miremos el ombligo en el corrupto profesionalismo masculino, las cosas no resultan sencillas en otros lados, y de la perspectiva global quizá entendiéramos lo precario que muchas veces está todo. Sólo mirar el caché de las tenistas y atletas. No estamos para lujos de obviar la mitad del potencial del crecimiento de este deporte.

¿Dónde empezar el exorcismo del ciclismo?

Hubo un día que en este blog supusimos que el tema Lance Armstrong, si se llevaba hasta sus últimas consecuencias, como vamos camino de hacerlo, podría ser un arma de destrucción masiva. El compañero del Avui-Punt Diari Lluis Simon apuntaba vía pajarito: “Esto es la caja de Pandora”. Pues bien, pues sí. Ahí lo tienen. Va camino de serlo.

En Holanda han sacado a relucir las relaciones de Miguel Indurain con el profesor Conconi. La espiral aunque controlada asume cierta dimensión. No sabemos si irá más allá. Miguel Indurain es una figura reverenciada e idolatrada dentro y fuera del ciclismo, en el deporte y más allá. El navarro no se distinguió por dejar el reguero de enemigos que sí cosechó el tejano. Sin embargo es sintomático. Esto es un sin Dios.

No queremos vanaglorias, pero lo dijimos, y no hace mucho, se ha abierto la veda y en ciclismo se estila la caza mayor, no interesan Reales Sociedades ni menudencias. Aquí se ataca a lo ancho y largo. Se carga con precisión de cirujano, pues la estructura y mimbres que protegen este deporte son tan endebles que la certeza de acierto es muy alta. Si la gente del propio ciclismo es la primera en sembrar la duda y generar incertidumbre, qué no harán los ajenos a este mundillo.

Cuando las brasas del caso Armstrong dejaron de ser eso, brasas, y soltaron llamaradas, nos preguntamos a dónde llegaría la locura revisionista de este deporte obcecado en ser el “coño de la Bernarda”. Como Nico Van Looy dijo: dónde cortamos, a partir de qué año exorcizamos este deporte. Podemos quedarnos en los sucios noventa, el germen del mal al parecer, o quizá actuemos de raíz y queramos saber de los primeros adalides del EPO allá por los ochenta. No busquemos indagar si Merckx fue sólo talento o si Tom Simpson era el único colocado aquel día en aquel Tour.

En ciclismo nada prescribe. Un deporte más que centenario, con carreras y eventos más allá del siglo de vida, una actividad creada sobre una máquina que revolucionó su mundo, que emancipó personas. Esto es el ciclismo en esencia. Esto es lo que se quiere desmadejar. Si me permiten esto es destruir un pasado que alimentó sueños e hilvanó generaciones, como la de los Van Looy, según Nico escribe en su renovado blog.

 

Para que no se carguen el ciclismo o lo que queda de él…

Los vanos intentos de Lance Armstrong por seguir vivo

Hace una semana que todos los aficionados al ciclismo nos asomamos a un canal de televisión que ni conocíamos para ver a Lance Armstrong confesar que se había dopado. La sorpresa no fue mayúscula, pero había expectación. Era un momento de impotencia, la parte de la realidad que no nos gusta, pero que existe y no se pude obviar.

Conocimos a Armstrong mucho mejor en una entrevista con Oprah Winfrey que en siete años de Tour de Francia. Aquel corredor insaciable e impasible que subía al podio con sus niños y parecía un padre modélico, el marido perfecto, el ejemplo a seguir, se nos reveló como un tirano.

No tenía remordimientos, no se sentía mal –aunque lo dijo muy de pasada, porque todos hacían lo mismo que él– y no fue allí a acusar a otros. Algunos ingenuos esperábamos que la UCI saliera un poco mojada de todo este embrollo, y ni siquiera una gota le salpicó.

Al contario. Lance alabó su sistema antidopaje implantado desde 2008, el pasaporte biológico. No hubo luz y taquígrafos. En aquel rancho de Texas, en aquel Col de Ramaz, no brilló el mejor desinfectante, no hubo rayos de sol, como decía Louis Brandeis; sólo iluminación artificial.

Cuando la USADA publicó el informe que inculpaba a Armstrong, la UCI aparecía por medio. Habrían ocultado casos de dopaje del tejano y recibieron dinero de él, para luchar contra el dopaje.

El máximo organismo que regula el ciclismo –con ideas que hacen daño al mismo, como los puntos UCI Pro Tour– se lavó las manos y sancionó a Lance de por vida, dejándole desposeído de su mayor tesoro aparte de la vida, los Tours de Francia. Un lavado de imagen de cara a la galería y tira tú que a mí me da la risa. En la época de los Tours de Lance, en la UCI estaba Verbrughen. Ahora está en el COI. Como ya he dicho antes, uno pensó que quizá la confesión de Lance aportaría datos reveladores y que él no se hundiría solo. Cada día que pasa me cuesta más creerlo. Parece que la UCI saldrá airosa de todo esto, y más teniendo en cuenta que el COI es el único organismo que podría llamarle la atención.

Travis Tygart, director de la USADA, ha sido entrevistado por la cadena americana CBS. Le ha pedido a Armstrong que vuelva a contar todo lo que sabe y colabore “plena y sinceramente”. Le ha puesto fecha límite el 6 de febrero. Los abogados de Lance han respondido que tienen la agenda muy apretada y que prefieren hacerlo con la UCI y la AMA, la Agencia Mundial Antidopaje.

Tygart dice que Lance mintió en la entrevista con Oprah en varios aspectos. Según el director de la USADA, que ha investigado al ex ciclista del US Postal durante años, Armstrong sí se dopó en 2009 y 2010, sí que intimidaba a sus compañeros y sí que usaba grandes cantidades de EPO. Dice que sus muestras del Tour del 99 dan los niveles más altos de EPO en sangre que han visto.

Lo único claro que podemos sacar de todo esto es que el tejano busca la indulgencia plenaria para poder volver a competir, y que sigue callando muchísimas cosas. No han querido revelar todo los trucos de los magos. Sólo nos han dicho que no era magia, que había truco. Nadie hace nada, nadie se mueve. Todo sigue igual.

Por Iñaki Pardo- @inakipardot

El jugoso negocio de vilipendiar Lance Armstrong

Quizá hubiera alguien, qué se yo, una persona, dos o tres, ideando cómo hacerse notar mientras escuchaban a Lance Armstrong desahogarse con Oprah. Ante la crisis surge a oportunidad dicen los chinos, y algunos han sabido ver que esto como buena crisis también ilumina ventanas de hacerse notar en la forma y ruido que otros mecanismos no conceden además.

Pasada una semana de la vergonzante media verdad que Lance contó, medio mundo se pronuncia sobre la estafa ejercida por el tejano. Aquí también le criticamos, por que ha ido demasiado lejos, ha tensado mucho y estresado el entorno para acabar allí donde estaba claro que iba a acabar sus días. Lance estaba “perimetrado” y cercado por sus propias mentiras quizá por que fuera un autómata que de tanto repetirlas piensa que son verdades vitales.

Ello no esconde la mucha inmundicia que en torno al americano ha crecido. Reacciones de profesionales en activo o licenciados del tenis por ejemplo. Novac Djokovic o André Agassi han pedido algo cercano a la pena capital para el tramposo. Convendrían miraran de puertas hacia adentro. En las circunstancias actuales cualquier escupitajo se hace casi siempre con el viento en contra. Muchos deportistas deberían saber que boca callada es una precaución de primer nivel. Aún recuerdo aquellas palabras de Paco Mancebo cuando cazaron a Roberto Heras, “quién la hace la paga”. Miren dónde acabo Kiko poco después. Luego está Wiggins: «Pensé, mientes bastardo».

Sin embargo al margen de virulencias declarativas, la suciedad mental de este deporte y muchos de sus actores lleva a decisiones irrisorias. Por ejemplo. Sport Cycle, la única revista por la que un servidor dedica parte de su paga, pone en oferta todos los DVD´s de aquellos Tours que ganó el americano. “Sale!” rezan hasta siete piezas de su bazar de grabaciones, mientras cobran a pelo las ediciones de Alberto Contador, Evans, Wiggins e incluso Bjiarne Rijs.

En Estados Unidos alguna librería empieza a cambiar de estantería los libros de Armstrong. Los estantes de deporte quedan vacíos para ocupar espacio en los de entretenimiento o ciencia ficción. Buen movimiento. Aseguran el tiro, reclaman la importancia que un Armstong limpio y cabal nos le habría garantizado y además evitan ser responsables subsidiarios en caso de que un lector malhumorado decida interponer una demanda por que en los libros de Armstrong se relata una sarta de mentiras. Y es que es así. En el país de la democracia plena ya se han dado esas denuncias. Menos mal que al de Cultura Ciclista no le dio por traducir pieza alguna hasta la fecha. No podemos dejar de decirlo: “Cuánto tiempo libre”.