Lance Armstrong y Nicole Cooke en la balanza

Revuelo y estruendo. Cuando algo relacionado con el ciclismo navega en el top ten de los TT de la jornada, no puede ser bueno. Nunca. Jamás. La megaentrevista a Lance Armstrong en el espacio de Oprah ya tiene poco de previsible y de los 120 minutos que dicen que duró el careo ya surgen filtraciones, la primera y más apetecible una: Lance admite que se chutó.

Bien, vale, de acuerdo. Cuando la entrevista en su extensión esté disponible y una buena y amplia grabación de la misma caiga en nuestras manos, emitiremos un juicio en toda su extensión, hasta entonces todo son conjeturas. Eso sí. Al margen de la confesión que realice frente a la diva de la televisión estadounidense, ojo con la forma que cómo se le vaya la mano pues la justicia va a por él, nos gustaría que en ese “tête à tête” figurasen algunas de las preguntas que se formulan desde el fraternal UK. Entre otras quisiéramos oír las respuestas a estas cuatro cuestiones:

  1. ¿Después de superar un cáncer, cómo es posible que ingieras drogas prohibidas?
  2. ¿Tienes alguna simpatía por esos rivales que han competido limpios?
  3. ¿Tienes intención de devolver los premios ganados entre septiembre de 1998 y julio de 2010?
  4. ¿Admites si lo peor de todo ha sido engañar a la comunidad de lucha contra el cáncer?

La primera es especialmente jugosa puedes retrata la falta escrúpulos de una persona.

Paralelamente The Guardian hizo eco de su entrevista a Nicole Cooke. La conocerán. No son muchas las chicas en el ciclismo femenino que emerjan como la británica. Once años de profesionalismo, buen palmarés e intachable conducta que le hacen valedora de todas y cada una de las premisas que todos los “estafados” del deporte debieran hacer: “¿Quién me devuelve a mí todas las carreras que he perdido por culpa de los tramposos?”.

A ver, y vayamos por partes. La situación de Cooke es dramática y triste. Al margen de las penurias que describe del ciclismo femenino, ojo que habla desde la precariedad de la elite, Cooke denuncia esto justo cuando está fuera del sistema, game over. Lo hace en un punto de no retorno. Eso lo sabe. Denuncia podredumbre en el mundo donde se ganó las habichuelas, y no mal, viendo  lo que le rodea, pero lo hace cuando su vida circula ajeno al mismo. Sin quitarle hierro a su declaración, las circunstancias que la rodean la descreditan en la forma…

… aunque no en el fondo, pues lo que dice Cooke es terriblemente cierto. La británica admite el mundo de locos que se ha creado en torno a los deportistas. Hedor insoportable en la continua sospecha, en las maquinaciones y las insinuaciones que seguro tuvo que responder tras cada etapa, cada carrera, cada viaje,… pero es que además Cooke se declara estafada describiendo lo más perverso del sistema.

El ejemplo del libro de Tyler Hamilton, donde describe las “hazañas” del US Postal, es abrumador. Se gana más dinero contando cómo te dopas, explicando cómo burlas los controles y detallando lo que se metían tus compañeros que compitiendo limpiamente. Eso, pese a quien pese, es así, y no hace más que explicar la raíz del problema, mucho más profundo e intenso de lo que nos imaginamos.

Si el dopaje se quiere combatir, la prevención hacia el personal no sea quizá lo único a tener en cuenta. Tan triste como la trampa es la coba que se le da. El sensacionalismo y amarillismo que la rodea implica que siempre haya uno, dos o tres descerebrados empeñados en desacreditar un colectivo si en ello les va un puñado de billetes.

Serie 12×12: Lance Armstrong, un hombre que jugó a ser Dios

La principal aportación de 2012 a la historia del ciclismo ha sido la profunda revisión de siete ediciones del Tour de Francia. En concreto las siete que adornaban el fastuoso salón de la casa de Lande Armstrong en forma de marco con el maillot jaune, acompañado de sus respectivos dorsales. Siete años que van de 1999 a 2005, ambos inclusive, donde asistimos a una película de dibujos con un enfermo de cáncer sanado que vuelve para ganar siete ediciones de la más grande carrera de la tierra. Un cuento.

Pero cómo bien repite Ander Izaguirre, este ciclismo tiene una tara en su argumento: el dopaje, un elemento libidinoso e hiriente que descuadra el hilo. La bonita historia de Lance que se supo Dios, acabó en drama. Los malos hurgaron y hurgaron hasta dar en hueso y lo que la epidermis escondía no gustó nada.

La cosa acabó mal porque los dóciles y serviles ayudantes de Armstrong cantaron por misma boquita que tuvieron cerrada durante los años de plomo. Un hecho imprevisible aquellos años que el grupo aparecía compacto y leal al gran jefe. Una lealtad recompensada con buenos sueldos, mejores relojes y según parece el “más completo y sofisticado” programa de dopaje.

Paradójico.  “Completo y sofisticado”. Dos palabras que sinceramente no nos parecen las más adecuadas a la realidad del ciclismo, no en su dimensión de deporte pobre, muy al margen de las mareantes cifras de otras actividades. Hacernos creer con esa prerrogativa que lo más podrido está en esta casa es un atentado frente la razón. Aquí hay mucho de podrido, pero como en todas las casas, señores.

Pero el caso Lance tiene ramas y brotes. Hace poco uno de sus mejores gregarios, Roberto Heras, sonrió por que le devolvieron la Vuelta de 2005, cuando ni siquiera caminaba ya con el tejano. Una sonora decisión también. Quizá en un año tengamos nuevos rearbritajes, palmarés reconfigurados y ediciones en blanco, como las noches de museos en grandes ciudades. A pesar de ese defecto argumental que imponen en apariencia, no dejan de ser secuelas en esencia y como tales casi nunca satisfacen. Quién sabe si la entrada de Viatcheslav Ekimov a dirigir el Katusha ha podido influir en la degradación del mismo.

De cualquiera de las maneras los más coherentes en esta historia han sido los domésticos españoles de Armstrong. Se callaron entonces y lo hacen ahora, mutis. Y es que la historia no parece conclusa. Del principal afectado no hemos oído más que un vago lamento, “ha sido una semana complicada”, y una desafiante foto apreciando sus maillots amarillos. Continuará…

¿Puede Miguel Indurain dormir tranquilo?

Crecimos con él. Nos iniciamos en el cariño por el ciclismo con él. Nos asombramos y deleitamos con él. Miguel Indurain es el cicerone de muchos integrantes de mi generación en el ciclismo. Lo logró en esa década que muchos ahora tachan de maldita y sucia. Este uno de los post que con más dolor un servidor escribe, pero la cuestión es clara. A la luz de todo lo que acontece ¿puede Miguel Indurain dormir tranquilo?

“En mi época ya pasé cuentas con quién debía hacerlo y los responsables me dieron el OK. Yo competía para ganarme la vida, para disfrutar y para hacer disfrutar a la gente” afirmó en Barcelona el lunes mismo. Lo hizo en el alargado marco del caso Armstrong, quien por cierto en twitter se regodeó de que los siete maillots amarillos del Tour siguen siendo suyos, al menos físicamente. Que le dieran el OK en su momento, como comenta, no es garantía de nada, como bien se empeñó en subrayar la UCI y su presidente hace dos semanas.

En esta vida mis padres me enseñaron desde muy pequeñito que “más vale caer en gracia que ser gracioso”. Miguel cayó en gracia y en ello sigue. Pues al terrible ametrallamiento que la prensa le está dedicado a la aberrante década de los noventa, él sobrevive con pulcra inmunidad. Nadie le cuestiona y sí lo hacen de rivales que él mismo batió: Bjarne Rijs y los Gewiss en bloque, Piotr Ugrumov en persona, Marco Pantani, Richard Virenque,… incluso la retirada en masa de los PDM en el Tour de 1991 alimentó muchas teorías, que si EPO y demás. Como he leído de científicos varios: es materialmente imposible que un ciclista limpio sea capaz de calzarse un dopado. Ejem…

Miguel Indurain forma parte de la Fundación Laureus, algo así como la academia del cine pero en deporte. Que su época, su tiempo, sus rivales,… sean cuestionados no le impide ser recibido con los fastos de un grande. También estado por Can Barça e incluso opinando de Leo Messi. Su humildad y cercanía son sus mejores aliados, pero en un contexto que todo lo cuestiona, y no precisamente nosotros, resulta chocante tal tibieza. Pero como ocurre habitualmente, una cosa es la oficialidad y la prensa, y otra la vida aquí en la tierra. Si se entra en Google y escribes «Indurain», se te propone a continuación, en segunda opción, el display «Indurain dopaje».

Nosotros entretanto, como le dijimos a nuestro quiosquero ya jubilado, lo vemos como eso que se hace llamar magia: nos ilumina la sonrisa, nos emociona, nos alimenta la fantasía, pero tiene truco.

Foto tomada de http://es.eurosport.yahoo.com

Miguel Indurain también pisó mierda

Iba Alexandr Vinokourov con ligera ventaja. El pelotón no bajaba, volaba hacia Gap. En el gran grupo, el líder Lance Armstrong miraba con asombro su irreconocible rival de siempre, Joseba Beloki. Llega una curva no muy virada hacia la derecha. El asfalto es una suerte de caldo espeso. Las ruedas no fluyen, surcan. Horadan el pringoso elemento. El calor emprende el chorreo de alquitrán am ambos lados del tubular. Se rompe. Beloki traza con todo. Pierde el control. Golpe seco, dolor, crash. Armstrong no quiso ser el Agostinho de Ocaña y pudo esquivarlo. Se fue campo a través. El azar quiso que la ruta siguiera a sus pies metros abajo tras un viraje cerrado de izquierdas.

Quién lo diría nueve años después aquel supino ejercicio de suerte sería borrado en los despachos, pero la imagen subyace. Armstrong fue sonreído por la diosa fortuna muchas veces, hasta que un día dejó de alumbrarle. Ello sin embargo nos lleva a la vía de los campeones. Un indescifrable código genético donde el engarce se llama suerte.

Por ejemplo Miguel Indurain. Sumen el cúmulo de causalidades que se deben dar en cinco años consecutivos para conseguir aunar otras tantas victorias con todo el pelotón ansiando tu trono.

Miguel Indurain pasó por un pasaje realmente complicado que estuvo a punto de costarle carísimo. Fue en la edición de 1994. Descendía el pelotón de favoritos sobre la senda pisada por Eros Poli, aquel gigantón que besó el cielo en la cima del Ventoux camino de su etapa de Carpentras. Ascendiendo el monte pelado, Marco Pantani, entonces no despoblado de pelo por completo, probó el “jaune” de Indurain. Luc Leblanc intentó jugar a secante, pero no le fue suficiente para llegar a la cima con el mágico de Cesena.

Ya en el descenso, insertado en medio del enfilado grupo, Indurain tiene un problema. Medio pierde la verticalidad. El abismo le amenaza a su izquierda. Zarandea sobre la bicicleta. Pánico. El angelito que le cuida, restablece la verticalidad. Sí. Indurain nos dio la clave de eso que llamamos la suerte de los campeones, de aquello no palpable, pero que nos asoma a lo peor y a continuación nos retira. Miguel, como Lance nueve años después, pisó mierda.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

Alberto Contador en su mar de contradicciones

Alberto Contador es el mejor ciclista de su generación. Lo es por trabajo y talento. Ello lo hemos suscrito muchas veces. No se nos caen los anillos. Pero, habiéndonos justificado, hay cosas del ciclista de Pinto que crujen la moral. Cualquier avezado en su trayectoria verá que sus asesores no son precisamente los mejores. A ello se suma una lengua juguetona que malas pasadas le ha jugado varias.

El contexto en el que ha crecido profesionalmente el madrileño es tétrico. Marcado de por vida por el estigma de Manolo Saiz, sólo soslayar someramente su trayectoria en el Tour de Francia le infringe un duro correctivo. Desde que debutara en 2005 no ha tenido edición tranquila, si exceptuamos la de su segundo triunfo en 2009. Cuenten. En 2006 su equipo fue expulsado de la salida de Estrasburgo, en 2008 Astaná estuvo vetado, en 2010 fue desposeído del triunfo, en 2011 no tuvo que haber tomado parte, y como tal figura invisible en los libros de historia, y en 2012 cumplía sanción lejos de la carrera. Omitimos 2007 voluntariamente, pues esta edición cayó en sus manos tras el escandalazo de Rasmussen.

Con tal expediente, la prudencia sería un excelente aliado en momento de endeblez mental. Pero no. Para qué. Alberto Contador se ciñe al guion no sé por quién establecido y, situándose en el círculo de nuestros políticos, dice, se contradice y se rectifica tantas veces como le dé de sí el ratio de cobertura que los medios le dispensan.

Las últimas perlas del pinteño se alojan en el proceso contra Lance Armstrong. Olvidadizo, asegura que el sistema funciona y que según está no convendría tocarlo. Obviamente tales reflexiones retrotraen al momento en que recién sancionado se declaraba decepcionado por el mismo.

Siguiendo con Armstrong, el cambio de criterio en una semana ha sido brutal. En la presentación del Tour vino a decir algo así como que el linchamiento al americano no era de recibo, pues éste había dado mucho por el ciclismo. Curioso. En una entrevista datada del 31 de octubre en el diario Marca, a través de Josu Garay,  afirma que si te juzgan y te sancionan, a joderse toca.

Contundente. Recuerden la Semana Santa de dolor que se armó cuando el TAS sopló sobre su fallo desfavorable. Aquello estaba también juzgado y ejecutado, pero claro no valió. El doble rasero, te implique o no el problema es lacerante.

Veremos. Alberto Contador y sus colaboradores acaban de crear una estructura para ciclismo juvenil. Les conviene a los chavales saber cómo no se han de hacer las cosas. Un ciclista es un círculo, un cúmulo. Dar pedales es una parte, cavilar es otra tanto o más importante.

Foto tomada de http://www.20minutos.es

Bradley McGee y los hijos de la omertá

Al estruendo le acompaña el eco. La trampa de Lance Armstrong y su penalización han dado lugar a varias cartas abiertas y declaraciones que suceden el desaguisado. Entre otras han destacado la de Greg Lemong y Gianni Bugno, pero la más valiosa por extensión y detalle es la que firma Bradley McGee, el fenomenal ciclista australiano que fue líder de Tour, campeón olímpico y ganador de etapas en la Vuelta.

Como siempre la verdad tiene aristas y la opción de creer o no al firmante es personal y muy cercana a las convicciones propias. El ciclista que dedicó sus años “fértiles” al siempre mediocre cuadro de la Française des Jeux, se despacha con aquéllos que considera ladrones de sus mejores pedaladas. Lo hace en plena vorágine, aupado por la ruptura de esa omertá que le tuvo a recaudo cuando debiera haberlo dicho. Lo siento pero no me vale.

Curiosamente a raíz de la cartita una especie de empatía se demuestra entre el exciclista y David Millar. Digo curiosamente por que el escocés se puede considerar a él mismo uno de esos ladrones que cifra Mc Gee. Recuerda éste, el episodio del Tour del centenario, en el prólogo parisino. Ganó Mc Gee por que Millar sufrió varias averías con la cadena de su bicicleta. La admisión explícita de Millar respecto al merecimiento de McGee en el momento de abordar la jornada dio pie al aussie para pensar que Millar admitía encubiertamente su dopaje. Poco después Dave fue detenido.

Asimilamos la historia y pensamos ¿por qué no le denunciaste entonces? Yo tengo una teoría, absurda o simple, digamos. McGee no denunció por que en el fondo compartía algo con Millar: la omertá. Sin entrar si el australiano ganó aquel prólogo o no chutado, él dice que fue limpio, pero otros muchos también lo dicen, supo en ese momento que si tiraba de la manta se jodía la carrera de Millar y sembraba mierda en la suya propia. Y es en ese punto de egoísmo en el que no comparto ni el momento ni las formas para firmar esta carta.

Yerra McGee hablando del Tour 2005. Ahora con el tiempo habla de cómo andaban los Discovery y la forma de ganar de Vinokourov en París. Ahora, cuando todo está en el aire, cuando el viento sopla a favor. La omertá, una vez más.

Alude a sus cuatro años en Saxo Bank, equipo que apoyó y alineó el año pasado a un ciclista como Alberto Contador que corrió en la más absoluta provisionalidad como el TAS bien se encargó de demostrar. McGee, al volante del coche de equipo, fue coautor de aquella tropelía, en convivencia con un danés llamado Bjiarne Rijs, de pasado muy recurrente últimamente. Es más se evidencia en su discurso un “tono Sky”, “sólo los exdopados son invitados a la mesa”, y él compartió galones con uno de ellos.

“Nunca he tomado o usado drogas para mejorar el rendimiento, pero sé que los ciclistas son y seguirán siendo puestos en duda, por desgracia, con buena razón” afirma. Tiene razón, con actitudes como la suya esa duda persistirá. Y un colofón “El problema no está «allá afuera», está justo aquí, delante de todos nosotros”. Eso lo llamo yo perogrullo.

¿Quién sentencia a Armstrong la UCI o el Tour?

Leí un día que la cuna de la democracia, Grecia, ya vio los primeros síntomas de corruptela desde su nacimiento. Nos remontamos tan lejos por que, señores, no nos engañemos, el juego de malabares de la UCI ha salido rana. La mega sanción colmada sobre Lance Armstrong ha sido sin duda el error histórico más grande que el organismo transnacional ha perpetrado desde su creación, incluso cuando éste se llamaba FICP.

Porque veamos, ¿realmente la UCI utilizó su reglamento en el ostión propinado al americano? En mi opinión se han pasado los principios que la rigen por el arco del triunfo, muy adecuado para lo que estamos hablando, hablando por boca de otros quizá más interesados en que Lance fuera hundido y borrado de la historia.

Si vemos el acontecer de eventos en Francia asistimos a que la sentencia sobre Armstrong estaba dictada hace mucho tiempo. Desde que L´ Equipe, vocero oficial del Tour, dijera que si habían trazas de EPO en las muestras congeladas del americano, esta bola no ha parado de crecer hasta hacerse incontrolable. El colmo vino con la USADA y su informe exhaustivo  para que el Tour no quisiera ver al americano en su palmarés. En este tema han realizado una revolución a la francesa, y la cabeza del americano es la que ha rodado. No estoy seguro de que sea la última.

Borrado Armstrong, queda por saber si la UCI realizará introspecciones sobre otros triunfos también tambaleantes. Por ejemplo el de Bjiarne Rijs, pero también los dos de Bernard Thévénet, el verdugo de Merckx , o incluso en alguno de los de Jacques Anquetil. El primero dijo con claridad que se dopó, el otro que ya era mayorcito para hacer lo que le viniera en gana con su cuerpo. ¿Seguimos más atrás o es que entonces la ley no daba abasto? Con Tom Simpson llegó el escándalo.

Sin embargo hoy sí que hay medios y cuantiosos. Dinerariamente hablando enormes. Cada licencia, cada organizador –ayer la Vuelta a Andalucía se quejaba en twitter sobre el uso de los 8000 euros que paga en este concepto-, cada equipo suelta una pasta para que la lucha antidopaje evolucione y cerque a los tramposos. ¿Resultado? Que la UCI en un calentón se ha cargado todos los progresos de estos años. Todo ese dinero invertido, entre otras cosas en el inútil pasaporte biológico, no ha servido para nada bueno salvo engrosar emolumentos de los beneficiados por esta huida hacia delante. Señores de la UCI esta vez la han cagado bien.

Foto tomada de http://www.insidethegames.biz