Cuando TVE entró en el Tour

Tour Francia TVE joanSeguidor

Hace 36 años TVE entró en la historia del Tour de Francia

Aquel Tour de 1983 fue memorable, y TVE pudo darlo… por primera vez.

El Tour de 1983 estaba yendo sorprendentemente bien para los ciclistas españoles. Ajenos a las primeras plazas prácticamente desde tiempos de Luis Ocaña, los debutantes azules, el equipo Reynolds, estaban en vanguardia e incluso sembrando de espectáculo una de las ediciones con más aristas y matices que se recuerdan. Dos ciclistas, Angel Arroyo y Pedro Delgado, abrigaron los motivos para que esa España, que Laurent Fignon, ganador a la postre de aquella edición, definió como miembro del “Tercer Mundo”, se decidiera a dar en directo la carrera por primera vez en la historia.

Fue en concreto el día 20 de julio de 1983 y El Mundo Deportivo lo recogía así aquella misma jornada:

 

“A última hora de la tarde de ayer pudo saberse que a partir de hoy Televisión Española va a retransmitir en directo los finales de las etapas que restan hasta la conclusión del Tour. Será por la primera cadena nacional y entre las cuatro y media y las cinco de la tarde  cada día.

La primera cita ante el televisor la tendrán los aficionados hoy alrededor de las 17 horas, hora prevista para que tos primeros corredores lleguen a la meta de Morzine. Seis puertos de montaña deberán superar desde la salida en Alpe d´ Huez. Esta medida de TVE nunca es tarde si la dicha es buena, viene un tanto a «replicar» a los medios de comunicación que se preguntaban por su ausencia en la ronda francesa, especialmente el colega parisino de L´Equipe”

 

A cuatro días del final de ese magnífico Tour, el ente nacional vio oportuno arrojar luz sobre las tremendas gestas que Perico, especialmente en aquel descenso del Peyresourde, y Arroyo, ganador en la cima del Puy de Dôme, estaban protagonizando. Aquel mismo año la Vuelta a España, la mejor de la historia según los expertos, tuvo por primera vez señal en directo, pudiéndose ver la gesta de Hinault en Avila o la conquista de los Lagos por parte de Marino.

 

Ahora era en los Alpes franceses, a miles de kilómetros, donde en una nube de confusión los periodistas de TVE tuvieron que sufrir lo suyo para dibujar con meridiana fidelidad la carrera. Allí estuvo Emilio Tamargo, dispuesto en Francia, apoyado por Angel María de Pablos y Rafael Recio desde los estudios. Pedro González trabajaba en ese momento para Radio Nacional.

Por cierto la jornada que marcó el hito fue agridulce pues Angel Arroyo desbordó coraje y madera por las cunetas del Joux Plane, ante la cicatería de Van Impe, y la baza más evidente, la principal amenaza de Fignon, Pedro Delgado, sufrió una de esas ventoleras que con el nombre de pájaras le haría casi tan mítico como sus ataques. “Delgado y la tele, incompatibles” tituló el deportivo del Grupo Godó al día siguiente en una nada premonitoria cabecera.

El eterno encanto de Laurent Fignon

Laurent Fignon JoanSeguidor

Imaginaros un vendaval como Laurent Fignon en este ciclismo que cabe en un excel

Laurent Fignon es un tema recurrente en este mal anillado cuaderno…

El 31 de agosto no es una fecha más. 

Es un símbolo, el final del verano, se acabaron las vacaciones, para una amplia mayoría, y se cruza la puerta de la rutina.

En ciclismo el 31 de agosto significa, desde hace nueve años, la efeméride de la muerte de Laurent Fignon.

Fignon, apellido contundente, fuerte, suena duro, áspero, pero por eso no engaña, se le ve venir.

 

Laurent Fignon era un peligro, un mal necesario, que cada año que pasa, miramos alrededor y entendemos los motivos de porqué lo extrañamos tanto.

Su ciclismo era duro, directo, no aguardaba, no iba con subterfugios.

DT-Swiss Junio-Agosto

 

Fue un niño prodigio, ganó esos dos Tours, tan fácil, tan rápido, que la época duró poco.

Pero su imagen fue, es icónica, de ese ciclismo en el que un director como el suyo, Guimard, conducía el coche sin camiseta, pelo en pecho y a grito pelado.

¿Qué sería de Laurent Fignon en este ciclismo?

 

 

Su ciencia era total, un ciclista con dotado físicamente, que no hacía las cosas de forma azarosa.

Formó parte de una generación que seguro trascendió al ciclismo.

Laurent Fignon entre el americano que volvió de un accidente de caza que casi le cuesta la vida para ganar dos Tours, Greg Lemond, y Pedro Delgado, Perico, el ciclista que sacudió el ciclismo español al punto de hacer este deporte un asunto de estado, nunca mejor dicho.

Ven a disfrutar del ciclismo en familia a Cambrils… 

Los tres son la punta de lanza de historias increíbles, posiblemente el ciclismo que mamamos de ellos fue el último que conectó con los grandes clásicos.

Con Laurent Fignon, esa lagrimita nostálgica de cualquier tiempo pasado rebrota en la entraña, es lo que hay. 

Aquel ciclismo de Laurent Fignon también tuvo etapas infumables, días de tedio, pero fue el primer ciclismo, y Laurent Fignon, con su eterna antipatía fue un cicerone genial, de esos que cada 31 de agosto recuerdas hasta con cariño…

Cambrils Movil 300×100

 

SQR – GORE

 

Lo recuerdo ahí, en el asiento del copiloto, con la puerta entreabierta y los pies asomando por la ventanilla bajada.

Leía con atención un papelillo, no sé qué ponía.

Te ponías delante de él y no se inmutaba, no levantaba la mirada.

Pedías un foto y lo mismo.

El hombre de cera, vestido de esos colores tan característicos del Systeme U, los avispas les llamaron, en un diseño que el mismo trazó junto a su mentor, Cyrille Guimard para llamar la atención entre el pelotón.

Poco después se levanta. Cruza unas palabras con Charly Mottet y pone rumbo al control de firmas por entre las callejuelas del mercado de Sants.

A su lado, perenne, Sean Kelly, vestido de líder, mira a los ojos a la afición los atiende, firma y se deja querer por las cámaras. Dos mundos, dos personajes, dos leyendas.

Fue muy odiado por una parte notable de la afición. Era el vivo espejo del mal en el pelotón. Se vio atosigado por medio mundo. Su carácter altivo y distante fueron señas de identidad.

“Cuando gané mi primer Tour -en 1983- me convertí en tipo indeseable” admitió en su fenomenal libro.

Pero ahí residió su encanto.

Su laberíntica personalidad se plasmó en las situaciones más inverosímiles en carrera.

Su físico no le acompañó siempre, pero cuando estuvo de su lado, fue incontenible. Se le conoce por atacar en los avituallamientos, quienes le vimos en directo sabemos que eso fue la anécdota, atacó donde pudo y cuando pudo, convirtiendo la victoria de otros en un calvario, pues no había curva que trazar tranquilo con él al lado.

Fue Laurent Fignon, un ciclista de los que marca a fuego, de esos que en este pelotón arrancaría el jodido SRM de los Sky y lo tiraría cuneta abajo. Hoy hace seis años que falleció.

Una pérdida irreparable, un tipo irrepetible, sin duda, alguien del que hablar a nuestros nietos como el ciclista más singular que nos tocó ver en directo y por la televisión.

El corredor del escupitajo a la cámara de televisión, el corredor que ganó un Tour sin preverlo y perdió otro en la misma puerta de casa por ocho segundos, el corredor que fue estafado por los italianos en un Giro, el corredor que puso aire intelectual en el pelotón con esas gafitas y alargada coleta, el corredor que una vez retirado probó cómo se las gasta ASO, cuando engulló sin más la París-Niza que él organizaba, el corredor que siempre llevaremos en el alma porque nunca nos dejó indiferentes.

Imagen tomada de Stars Portraits

 

#BonjourTour etapa 3

El norte de Francia está poblado de muchos enclaves que vieron los primeros pasos de ciclistas anglosajones que dieron el salto al continente. Angers, el final de este primer lunes de Tour, fue por ejemplo el sitio donde aterrizó un día Greg Lemond, el tres veces ganador del Tour que Chris Froome busca igualar.

Tras el inicio normando, complicado por la orografía cambiante y los nervios de verse todos empatados a tiempo llega una jornada de kilometraje capicúa, 222 kilómetros, que pondrá en el objetivo los velocistas alemanes, necesitados de «vengar» el golpe maestro del siempre a tener en cuenta Mark Cavendish.

El lugar

El Tour toma ruta al sur. Normandía queda atrás y se adentra en Anjou, lugar de buen vino y cuna del Cointreau. En Angers los ganadores son de relumbrón y hablan de lo propicia que es para los velocistas. Esta ciudad de reyes fue anfitriona del primer prólogo en la historia del Tour, en 1967.

4 de julio de 1990

Laurent Fignon fue sin duda uno de los grandes iconos del ciclismo de los ochenta. Joven, intrépido e insolente ganó dos Tours consecutivos, cuestionando incluso el liderazgo de Bernard Hinault. Pero la salud no se sumó al talento y se sumió en un oscuro túner de resultados del que emergió en 1989. Segundo un año antes, Fignon estrenaba los originales colores del Castorama, empresa de bricolaje, en que debía ser el segundo episodio, el de la venganza, de su duelo con Greg Lemond. Pero el rubio parisino volvió a las andadas, en la quinta etapa, entre Avranches y Rouen, Fignon se apea de la bicicleta. Una caída dos días antes le había dejado tocado.

Siempre en cola de pelotón el líder del equipo de Guimard dejaba la carrera en el avituallammiento. «Para el Tour son necesarias muchas cosas, pero sobretodo que te acompañe la salud» dijo en remolino de fotógrafos que atestiguaban el abandono de Fignon, como un par de meses antes había hecho en el Giro donde defendía corona. Definitivamente el «profesor» no estaba de vuelta, nunca más volvería a estar en disposición de disputar un gran triunfo.

Foto tomada letour.fr

INFO

La camiseta de un mito
4

Óscar Freire está considerado un genio encima de la bicicleta. Su innata y astuta capacidad para conseguir victorias al sprint en los últimos metros ha sido alabada en todo el mundo. El diseño hace referencia al maillot arco iris, prenda que Freire consiguió en tres ocasionas igualando a los más grandes del ciclismo mundial.

El récord secreto de Enrique Aja

Hubo un día muy celebrado en la historia moderna del ciclismo español, fue esa jornada en la que se torció el destino del deporte de las dos ruedas a este lado de los Pirineos. Los mayores de este mal anillado cuaderno lo recordarán, casi con la misma lucidez que nuestro amigo Jorge Lastra.

Hablamos del loco Tour de Francia de 1983, aquella aventura en la que José Miguel Echávarri se embarcó contra pronóstico de agoreros, que le decían que el ciclismo español no tenía las tablas para estar en una carrera histórica. La edición, sin su dominador natural Bernard Hinault, tuvo un día D en la cronoescalada de Le Puy de Dome.

#DiaD 16 de julio de 1983

Una etapa que pasaría a los anales por el doblete de los dos corredores del Reynolds del “incauto” Echávarri, Angel Arroyo y Pedro Delgado, para entonces ya Perico. Primero y segundo, toma ya, nada menos, superando a todos los grandes, dejando al pujante Fignon fuera del top 3, pues en tercera plaza se metió el colombiano Patrocinio Jiménez, quien fue el más rápido en subir el volcán más famoso de la Auvernia.

Aquella etapa no obstante, tenía una subida anterior, un puerto inicial donde también hubo cronometraje para ese tramo concreto de subida. Ahí el más rápido fue Enrique Aja, compañero de Perico y Arroyo.

Fue la Còte du Parc Naturel, estaba en el octavo kilómetro de etapa, a mitad de recorrido más o menos, y como decimos el mejor fue Aja superando a Lucien Van y al propio Arroyo, siendo Peter Winnen, cuarto, y Perico, quinto en ese tramo, aunque líder en el cómputo global de la carrera. Aja por eso acabó lejos de los mejores en el volcán, a más de seis minutos.

Enrique Aja fue ciclista pro durante casi toda la década de los ochenta que ahora nos da tanto por recordar. Natural de Pontones, ese fue su primer Tour y lograría ganar una etapa de la Vuelta a España de 1987.

La trascendencia del día se explicó ampliamente en la prensa de la época que situó las anteriores gestas hispanas en el Tour casi diez años antes, eso es el ciclo de Luis Ocaña. Aquella etapa tuvo grandes singularidades con el líder Pascal Simon corriendo con el omoplato fracturado y la entrada que los 100.000 espectadores debieron abonar porque la coronilla del volcán era de propiedad privada. Se dijo que entre Levitan, el patrón de la burocracia del Tour, y el dueño se llevaron 20 millones de pesetas. El negocio siempre fue el negocio.

Imagen tomada de @olympia_vintage

Éramos tan jóvenes…

Como sabéis, Laurent Fignon, ciclista que en su momento silbaba en las cunetas de Montjuïc, pero que con el tiempo pareció como uno de los mejores competidores que he tenido la suerte de admirar, tiene una excepcional biografía, escrita en primera persona, llamada “Éramos tan jóvenes e inconscientes”. La obra fue traducida a varios idiomas y aquí en España, Cultura Ciclista la puso en el mercado hace más  de tres años.

El título de la obra del “profesor” nos viene perfecto para la historia que estamos leyendo hoy, la de Robert Sassone, ciclista pro con el Cofidis de inicios de los 2000 y campeón mundial de americana que ha muerto este 16 de enero por circunstancias no conocidas, según reza la web de L´ Equipe.

Sassone, nacido en Nueva Caledonia, es el tercer ciclista del Cofidis de hace tres años que fallece. Los otros dos nombres los conocéis, Frank Vandenbrocuke y Philippe Gaumont, nombres que L´ Equipe no cita, por cierto. Una desgracia, seguro, triste, sin duda, pero difícilmente podemos pensar que es casualidad. Si de Sassone no sabemos la causa de su muerte, de VDB fueron extrañas circunstancias y de Gaumont, un paro cardíaco.

Sassone ha dejado de vivir con 37 años y su currículo incluye una confesión de dopaje en toda regla, igual que la de sus compañeros anteriormente citados, dopaje con sustancias feas, muy feas, que hablan del nivel de inconsciencia que manejaron, exhibiéndola además entre fanfarronadas y chulerías, porque además se las dieron de saberlo todo, como cuenta David Millar en su libro. Por cierto, el arrepentidísmo Millar fue parte de esa colla y acabó en el cuartelillo de Biarritz.

Yo no soy forense, ni tengo elementos para saber las causas, pero como digo tres vidas rotas, tres vidas muy similares en esencia, cargadas de ambición mezclada con ignorancia, una pena la verdad, una situación que invita a pensar aquello de ¿merece la pena?. Yo lo tengo claro y me gustaría que estuviéramos ante el último episodio de una lacra que llegó para quedarse y que muy a nuestro pesar está más latente de lo que nos imaginamos.

El gran golpe de Greg Lemond

Hay días que por mucho tiempo que pase se marcan el recuerdo. Cada uno tiene uno, dos o tres días de esos. A mí en concreto me viene siempre uno a la mente cuando se habla de finales emocionantes. Me refiero a la crono final del Tour de Francia de 1989, una de esas jornadas que, vistas hoy, nos recuerdan que estamos ante el deporte más bello del mundo.

Porque fue un mundo en jaque, el juego del gato y el ratón entre dos ciclistas irrebatibles como Greg Lemond y Laurent Fignon. Ambos tuvieron muchas cosas en común, a pesar de haber nacido en puntos tan alejados como Lakewood, en California, y París. Los dos fueron compañeros de jóvenes y los dos fueron ciclistas que explotaron muy rápido, tanto que su sola irrupción fue clave para rebajar el ya de por sí tremendo bagaje de Bernard Hinault.

El año 1989 estaba siendo el de Laurent Fignon. El caballeresco ciclista de rubia melena había reeditado su triunfo en San Remo y le sumó el Giro –carrera que debió ganar cinco años antes-, su primera gran vuelta desde que ganara el segundo Tour en 1984. En ese Giro rosa de Fignon, Lemond volvía a ejercer ciclista, tras un año en blanco, 1988, por el accidente de caza que casi le cuesta la vida. El americano acabó a casi una hora del galo, anónimo y desganado, más allá del top 30.

Sin embargo, aunque en el Giro Lemond sondeó seriamente la idea de dejar el ciclismo, la ultima crono tuvo un resultado interesante, el entonces corredor del ADR belga fue segundo, un hito de esos que en medio del desánimo y la tormenta interior puede resultar balsámico.

#DiaD 23 de julio de 1989

A las pocas semanas el Tour arrancaba con el famoso prólogo de Perico y su despiste y una larga crono en la primera semana que pondría a Lemond en la pole de los favoritos a los mandos de una bici con manillar de triatleta, una novedad que dejó perplejos a no pocos. Se iniciaba así una lucha sin cuartel por la prenda amarilla entre Fignon y Lemond, una lucha que se alargaría hasta las mismísimas postrimerías del Tour.

La crono final del Tour es entre Versalles y París. 24,5 kilómetros de recorrido y cincuenta segundos entre Fignon y Lemond. “¿Es posible la remontada? claro, en la otra crono pude sacarle 56 segundos” alardeaba Lemond en la previa, jugando a pitonisa y no contando la verdad entera: esa primera crono tuvo más de 70 kilómetros, la otra era mucho más corta.

2

Confiado, por la mañana reconoció el recorrido con su compañero Jaanus Kuum y se presentó en la salida del complejo palaciego con su bici equipada de un manillar de triatleta. Pertrechado con un casco, acoplado al 100%, Lemond estaba resplandeciente. Al otro lado de la caseta de lanzamiento Fignon, tocado físicamente, sin casco, con su melena al aire, parecía oxidado, sin la confianza necesaria de afrontar lo que se le venía encima.

Y los tiempos fueron inmisericordes. En el cuatro Lemond le había rebañado diez segundos, en el trece consiguió 21 y en la entrada de los Campos Elíseos, a tres de meta, la ventaja estaba en 45 segundos, a sólo cinco del objetivo. Los que manejaban aquellos tiempos estaban a siendo testigos de la remontada más emocionante de la historia. Mientras Lemond esperaba en meta, Fignon vio, a menos de cien metros de la llegada, cómo se le escapa un Tour de Francia.

Ocho segundos, nada más que ocho, una distancia inferior a los hectómetro acabó con el sueño amarillo de Fignon, un hecho que visto ahora, en perspectiva, cobra relevancia, pues el ciclismo francés no volvería a ganar un Tour y son ya más de treinta años sin hacerlo, el periodo de sequía más largo en el país que anida buena parte de los orígenes del ciclismo que conocemos.

Imagen tomada de cyclehistory.wordpress.com

INFO

Conoce Benidorm y Peñiscola sobre ruedas

¿Qué será de los avituallamientos?

El Tour se conmocionó en la primera jornada de descanso con el obligado abandono de Ivan Basso, que dejó la caravana diagnosticado un cáncer testicular, que en este deporte tiene célebres, y por suerte exitosos, antecedentes. De las pocas imágenes que nos queda del compañero de Alberto Contador, está ésta en la que sube al pelotón con el famoso chaleco porta bidones cargado hasta los topes.

La estampa de Basso es síntoma de otro de los grandes cambios del ciclismo, uno que muchos no perciben, pero que en sus días también influyeron. Hablo de los avituallamientos y de su importancia, cada vez menor, porque el ciclista que no coja la bolsa en el punto puede hacerlo desde el coche cuando le plazca, aunque siempre respetando un tramo de la etapa.

6

La foto de Basso contrasta con la de estos ciclistas de hace mucho, mucho, mucho tiempo arrimados a un pilón, bebiendo generosamente, en lo que era habitual en esas fechas, buscarse literalmente la vida para llenar bidones o ingerir un vaso de leche caliente en caso de tempestad de nieve.

El avituallamiento fue punto importante de algunas situaciones verdaderamente increíbles, como los ataques, mil veces recordados por Perico, de Laurent Fignon, un ciclista que exprimió su talento natural más allá, siempre escrutando el flanco débil de los rivales y buscando las cosquillas en cualquier momento.

Esas imágenes de auténtico “perro” nos la perderemos y no digo que sea mejor o peor, pero al final vemos que imperceptiblemente, este deporte pierde eso, cositas que lo hicieron diferente, épico y legendario. Espero que “amputando” tantas facetas no nos quedemos en el hueso.

INFO

Mira cómo trabaja Endura

7

#ChampsElysées El increíble Lemond

No son pocas las voces que dicen que el Tour de Francia de 1989 fue el mejor de la historia reciente. Yo no sabría decirlo, pues hemos tenido carreras bonitas, instantes mágicos, sin embargo con perspectiva sí que vemos que aquella edición fue especial, sobretodo porque fue la última que disputaron íntegramente ciclistas de los que entroncaron con grandes mitos de los 70 y 80.

Hablo de Fignon, de Lemond, de Marino, de Perico,… pero es que además la dosis de emoción sostenida hasta la última etapa, el intercambio de golpes de Lemond y Fignon y el desenlace, el más increíble visto nunca, hacen de aquellos días algo ciertamente irrepetible.

#DiaD 23 de julio de 1989

La crono final del Tour se corría entre Versalles y la avenida más parisina del mundo. Con Pedro Delgado descartado y Laurent Fignon instalado en una cómoda ventaja de 50 segundos parecía improbable el vuelco. Sin embargo, Greg Lemond desempolvó su inédito manillar de triatleta –autorizado pero no homologado- para sacar lo mejor de sí y ganarle el Tour por ocho jodidos segundos a Fignon. Tras 3300 kilómetros, unos ochenta metros decidieron el ganador.

Imagen tomada de janheine.wordpress.com