Ciclistas: Mis tres estrategas de cabecera

Laurent Jalabert 1995 JoanSeguidor

La línea Lemond-Jalabert-Nibali dibuja el triángulo de los mejores ciclistas estrategas que hemos visto

Entre los ciclistas hay muchas virtudes compartidas, pero también otras, como el juego de estrategas que no todos tienen por la mano.

En la historia del ciclismo que nos ha tocado ver, han habido corredores que se han distinguido por una fuerza y dominio, en su momento, que no han necesitado de la pátina de estrategia que otros sí precisan.

Corredores que han corrido a lo bruto y les ha salido bien, a veces, tipo Alberto Contador o Jan Ullrich, incluso si nos apuráis, diría que Chris Froome no siempre ha sido un buen «tramador», sus primeros triunfos fueron merced a un golpe certero de inicio que le permitía entrar en guerras de las que salía escalado.

Otros mostraron evolución, como Fabian Cancellara, que pasó de ganar Flandes y Roubaix siempre solo, a lo bruto, a gestionar escapadas con varios y batirse al sprint.

En clásicas, Tom Boonen, por eso, nos ha parecido el maestro en la anticipación, uno de los mejores ciclistas estrategas que acabó dando con el palmarés que le contempla, una auténtica leyenda.

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Hoy, Primoz Roglic juega ese rol de estrategia bien medida que maquilla en gran parte la igualdad con la que se mide ante sus rivales, sabe que si los lleva en el redil hasta cerca de meta, los tiene en su mano y con ello, los segundos de bonificación que construyen la ventaja.

A día de hoy, con casi 35 años de ciclismo degustado en directo, hay un ciclista que combina fuerza y pizarra casi a partes iguales: Miguel Indurain.

Huelga poner ejemplos.

En una línea imaginaria de ciclistas que hayan sido o sigan siendo buenos estrategas me gustaría echar mano de tres nombres más una bola extra, la de Moreno Argentin, un Maquiavelo sobre la bicicleta, cuya astucia llegó a poner en jaque al propio Indurain en el Giro de Italia.

Las andanzas de Argentin las contamos en su día juntándole con otros cuatro buenos ejemplares de sacar petróleo de donde no lo hay: Simon Gerrans, Pascal Richard, Wladimir Belli y Rui Costa.

Sin embargo, cuando uno crece y se enamora del ciclismo viendo la modernidad eterna de Greg Lemond, sabe que eso es especial.

Que el Tour de 1989 siga en los anales, y todos hablen de él tarde o temprano es por su exclusiva culpa: una carrera que fue una obra de arte entre los tres mejores de aquella generación, con la única ausencia de otro gran zorro llamado Stephen Roche, y que acabó en manos del americano cuando Laurent Fignon pintaba a ganador y Perico llegaba como el más fuerte.

La gestión de la carrera de Lemond aquel año es un manual sin fecha de caducidad de cómo saca provecho de cada acción y cada gesto del rival, solo, sin equipo, con la única certeza de que su clase intrínseca saldría cuando lo necesitara.

Greg Lemond JoanSeguidor

Como en el Mundial que le ganaría a Sen Kelly un par de meses después.

Lemond fue de los mejores y curtido con los mejores, que llegó de América con una mano delante y otra detrás, haciéndose un nombre y sacando la cabeza ante el propio Bernard Hinault.

Cayó con grandeza en el Tour de 1991, ante el dominio que iniciaba Indurain, pero su perfume de campeón sigue disfrutándose aún hoy.

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Laurent Jalabert fichó por la ONCE con la etiqueta de prometedor sprinter que, nada más aterrizar, sumó etapa y maillot verde en el Tour, un logro de gestión y estrategia que él mismo destaca cuando tienes la suerte de hablar con él de aquello que fue.

Ganó en los Lagos siendo un velocista, en medio de un mar de etapas en su palmarés, y firmó un año, 1995, que sublima las estadísticas.

Una campaña llena de intensidad, con carreras en las que salió escaldado, como la Lieja, pero otras que quedan para el recuerdo por sus movimientos certeros ante rivales enormes, tipo San Remo ante Fondriest.

Jalabert alargo su trayectoria lo suficiente como para seguir sumando y sumando grandes carreras en la conjunción de un ciclista irrepetible que aún hoy continua siendo objeto de estudio para muchos que consideran una buena pizarra como la primera piedra del éxito.

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De Jalabert y Lemond bebe Vincenzo Nibali…

El siciliano es el mejor de los estrategas entre los ciclistas contemporáneos, un corredor que, como a veces hemos dicho, ha ganado cuatro grandes vueltas en tiempos de Froome y Contador.

Y eso demuestra el tamaño de un competidor nato que ha sabido reunir un palmarés único firmando todo tipo de pasajes, por que Nibali nunca nos ha parecido el prodigio físico que sí han sido sus principales rivales.

Giro Italia Nibali JoanSeguidor

Jornadas como aquella de Tirreno en la que hizo saltar a Froome bajo el diluvio, los ataques certeros de Lombardía y San Remo, el Giro 2016, un monumento al acoso sin descanso al rival o la etapa del pavé del Tour que acaba ganando, una etapa en la que Astana fue un reloj alrededor suyo, sacando del mapa a Froome y dejando a Contador al límite.

Y es que el ciclismo, más allá del duelo directo, del mano a mano, es una suerte de matices y movimientos que bien ejecutados nos regala campeones que siempre quedan para los anales.

Aquí os he traído mis favoritos de siempre.

«Lo quería ganar todo» Laurent Jalabert

Laurent Jalabert 1995 JoanSeguidor

Revisamos con Laurent Jalabert su estratosférico año 1995

En la mente existen recovecos que se mechan de recuerdos que son perennes, en ciclismo por ejemplo, siempre decimos que hasta donde alcanza la memoria no recordamos una temporada como la que firmó Laurent Jalabert en 1995.

Un prodigio de año que haciendo uso de un copa & pega de Wikipedia, nos da eso…

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Y así tenemos a Laurent Jalabert en el lado de la línea, una conversación de esas que te reconcilian con esos años que el ciclismo nos tocó, para siempre.

Laurent, lo primero en estos tiempos ¿qué tal todo?

«Estamos bien, tanto la familia como los amigos. Acusamos el coste social de todo esto, es muy raro, no puedes salir a comer con los amigos, ver a los tuyos. La situación, desde luego, es complicada»

El Tour para agosto ¿cómo lo ves?

«Buah, no lo sé, la verdad, están haciendo todo lo posible para que se celebre, pero igual no tenemos certeza alguna hasta quince días antes, es así de fuerte»

Lo es…

«Es que puede haber un problema con un ciclista, sólo uno, para que se pare todo, y el resto de equipos se niegue a correr. Y ya no es sólo el Tour, es que el estado francés puede acabar cancelándolo»

¿Cómo te defines?

«En este caso como un optimista realista. Veo un 50% de posibilidades»

Si Laurent Jalabert se pone en la piel de los ciclistas de ahora…

«No me gustaría nada estar en su lugar. Somos personas que trabajamos con objetivos a la vista»

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¿Es todo muy complicado?

«¿Cómo te vas a preparar, a cuidar la comida, si no tienes nada claro qué va a pasar? Todo además en un panorama de cierta psicosis»

Entonces…

«Yo consideraría 2020 un año perdido para el ciclista, ni más ni menos. Por ejemplo, cada salida de la París-Niza se hacía sin saber si habría etapa mañana, imagina un Tour en el que se salga a tope porque cunde esa misma sensación. Es todo muy surrealista…» 

Vamos por eso al meollo de nuestra conversación, consideramos que la temporada 1995 de Laurent Jalabert ha sido la mejor firmada por un ciclista en los últimos 30 años…

«Suena fuerte eso»

Si miramos desde entonces quizá se te aproximó Philippe Gilbert en 2011 y Alejandro Valverde alguna campaña, por ejemplo la de 2008, pero poco más.

Tú afrontas ese año muy condicionado por dos hechos de la campaña anterior…

¿Cómo influyó a Laurent Jalabert aquella victoria en los Lagos de Covadonga?

«A ver, yo iba escapado con muchos minutos y sin gran presión. Sin embargo esos días rebosaba confianza. Los kilómetros iban pasando y la gente se iba quedando hasta que aguantamos Roberto Torres y yo. Me atacó muchas veces, pero aguanté y gané arriba. En ese momento fue como jugar a la lotería, pero me indicó que podía hacer otras cosas»

Hasta la fecha estabas etiquetado como gran sprinter…

«Sí, pero ese triunfo cambió mi forma de ver las cosas»

Y luego la caída en la primera etapa del Tour

«Fue brutal, tras esa caída el ciclismo pasó a un segundo plano, sólo me interesaba volver a ser persona. Tenía 24 años y pasé por momentos muy difíciles. No fue fácil volver a ilusionarme, a ser ciclista, a perder el miedo a esas circunstancias, de hecho empecé a pensar en competir de otra manera, a no meterme en esas llegadas tan masivas y peligrosas, a buscar el éxito en sprints de grupos más pequeños. Hasta la fecha había disfrutado de la vida fácil de sprinter, que está todo el día a rueda y la presión aparece sólo al final, cuando hay que disputar»

¿Qué cambio experimentas?

«Paso a ser más agresivo y completo»

Primera vuelta de tu carrera deportiva, toda una París-Niza

«Fue una victoria clave. Se fraguó en una escapada larga con Vladislav Bobrik. Recuerdo que pinchó a 40 de meta y conseguí mentalizarme para llegar solo hasta el final«

Un punto de inflexión

«A partir de ese día me vi capaz de cualquier cosa»

Temporada 1995, tras la caída del Tour y su recuperación, tras el pelotazo de los Lagos ¿qué objetivo tenía Laurent Jalabert de inicio?

«Tenía la voluntad de demostrar que quería ser ciclista, tanto a mí mismo como al resto. No tenía tiempo que perder»

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¿Qué papel juega Manolo Saiz?

«Es clave, incluso siendo ciclista él me insistía que valía para otras muchas cosas. Recuerdo que siendo aún ciclista de Toshiba, se me acercó un día y me dijo que esas piernas veía una Vuelta a España«

Premonitorio

«Ya ves, creía más en mí que yo. En las primeras carreras, la ONCE trabajaba para mí y perdía su rueda, o quedaba en otra parte del grupo, Manolo me convenció que si trabajaban así era por que creían en mí, pero yo esquivaba la responsabilidad»

¿Qué papel juega la cabeza en todo esto?

«Es la clave. A veces el punto entre la derrota y la victoria reside en la cabeza. Recuerdo etapas en las que me llevaban al límite, pero sacaba un resquicio para acelerar y demostrarme que el otro iba peor que yo»

Siempre he pensado que la cabeza fue la gran baza de Laurent Jalabert

«Tuve momentos de todo, momentos en los que volaba y otros más complicados»

Tras París-Niza, apuntas a la Milán-San Remo…

«Iba con toda idea, siempre pensé que San Remo era mi clásica. Durante años, tras el final de la París-Niza me quedaba por la zona, preparando e inspeccionando el final, cuando entonces era más raro que se hiciera, planificando cada paso. Ese día Maurizio Fondriest me sacó los ojos en el Poggio, atacó justo veinte metros antes que yo lo tuviera planificado. Cuando arrancó, me pilló justo a su rueda»

¿Cómo son esos metros de Poggio y el descenso a San Remo?

«Fondriest iba nerviosísimo, mirando para atrás todo el rato. En el descenso me sentía confiado a su rueda y acabé ganando al sprint»

¿Por qué nunca te gustaron los adoquines?

«Los descubrí ya en Toshiba, siendo muy joven y fue duro, luego llego a la ONCE, un equipo en el que no había nada de cultura en esas carreras. Íbamos como obligación. Competí un año en Flandes y acabé reventado, nunca sabes dónde estás, qué te queda, es mareante y esa incertidumbre te quita fuerzas que luego necesitas»

La Flecha Valona es otra cosa…

«Era una carrera que me iba como un guante, ese final en Huy era perfecto. Llegué a la base escapado con Berzin y Fondriest»

¿Qué sucedió en aquella Lieja?

«Pequé de exceso de confianza, fui un poco prepotente. El equipo controló y controló pero a 100 kilómetros de meta estaba reventado, así que decidí jugármela yo solo. Cogí a los escapados y a ochenta de meta decidí atacar. Acabé muerto y los rivales no eran unos cualquiera, desde Armstrong, a Bugno y Bartoli hasta Gianetti que acabó ganando»

Descanso y Volta a Catalunya, otra más a la saca

«Melcior resultó clave para llevarme la carrera. Corríamos en su casa, lo conocía todo al dedillo» 

Y llega el Tour

«Curiosamente nunca se me había dado bien del todo. En 1992 conseguí el maillot verde pero siempre tenía la sensación era una carrera en la que fallaba, por lo que fuera, además estaba la caída del año anterior»

¿Para un francés el Tour no es sencillo?

«Hay una presión enorme de la prensa, no te lo puedes imaginar, y luego estaba mi confianza, que no siempre era la mejor»

Pero ese Tour del 95 salió tremendo

«Quería una etapa y el verde esos eran los objetivos»

¿Qué te pasó en la etapa de Lieja?

«Iba mal colocado. Estábamos en la una recta e Indurain hizo lo que nunca había hecho, atacar. Él no necesitaba eso, tenía un poder en las cronos que le permitía no atacar, pero aquel día lo hizo y me pilló atrás. Cuando pasé al frente del grupo ya se había ido por delante con Johan (Bruyneel)«

Sin embargo esos días volabas

«En ese Tour tenía unas piernas capaces de cualquier cosa, esa es la verdad»

Mende, dia D ¿qué te parece que llamen al lugar Montée Laurent Jalabert?

«Si te soy sincero me da bastante igual, quizá hubiera tenido sentido llamarle así al año siguiente pero…»

Tras el Tour, la Vuelta, menuda Vuelta…

«íbamos con una idea, que la ONCE ganara la Vuelta, daba igual con quién»

Dos etapas queremos comentar de una edición mil veces revisada, primero Ávila

«No fue planificado. En cierto momento dijimos a tope y nos salió bien. Fui escapado con Roberto Pistore hasta que me quedé solo, mientras el equipo vigilaba por detrás a Abraham Olano, el principal rival»

Y Sierra Nevada…

«Entonces ya llevaba varias etapas ganadas. La táctica era, llevar el grupo junto y si en los últimos mil metros me veía bien intentar sacar unos segundillos más para la general. Bert Dietz -escapado aquel día- nos llevaba tres minutos a dos de meta. Cuando arranqué al final, estaba convencido que no lo pillaba, pero…»

Lo pillaste ¿qué te hizo dejarle ganar la etapa?

«Cuando paso al coche del Telekom vi tal cara de decepción en el conductor que decidí ponerme tras él y animarle a sprintar, quedaban nada, cien metros»

Olano casi os pilla por detrás

«Sí fue de muy poco. La verdad es que no tuve tiempo de pensarlo, me salió así en ese momento»

¿Por qué no fuiste al Mundial de Colombia?

«Acabé la Vuelta fundido, nunca había mantenido ese nivel de estrés durante tres semanas. Además llevaba un dolor de rodilla desde la etapa de la Vuelta en Luz Ardiden que me había dejado muy tocado, llegué incluso a temer por perder la carrera»

¿Viste aquel Mundial?

«Sí, estaba de vacaciones y lo vi. En esos momentos llegué a la conclusión que mi sitio estaba ahí, en Colombia, compitiendo. Fue un error no haber ido, sin duda habría tenido mis opciones»

Han pasado ya 25 años de todo aquello…

«No soy mucho de mirar al pasado, más en días como hoy, que pienso en el futuro por delante de cualquier cosa. Cuando pienso en aquel año me vienen grandes recuerdos, fue una parte de muy emocionante de mi vida»

Ese año nadie lo ha conseguido igualar desde entonces

«Es que lo piensas y es muy difícil repetirlo. A mí me vinieron grandes temporadas tras aquella, pero ninguna a ese nivel»

Un titular para ese 1995 de Laurent Jalabert

«Lo quería ganar todo»

Mende siempre será la cima Jalabert

Jalabert Mende JoanSeguidor

Aquel día en Mende, Jalabert puso en jaque el quinto Tour de Indurain

Mende es un lugar insertado en el Macizo Central francés que para los siglos quedará como la cima Laurent Jalabert. La inequívoca figura del mejor ciclista galo de los últimos 20 años fue aquel día de julio del 95 el cuchillo que resquebrajó la resistencia de Miguel Indurain y los suyos en una de las jornadas que quedaron grabadas a fuego en nuestra conciencia.
La pizarra del entonces rosáceo equipo de la ONCE echó humo en aquella travesía por los montes de Lorèze ataviando el mejor ataque que jamás sufriría Miguel. Con la sapiencia de que cerca de meta era tarea imposible importunar al titular del maillot jaune, la cosa quedó en mover la carrera desde lejos, tanto que 200 kilómetros se hicieron cortos.
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La fuga que hizo temblar los cimientos del Tour la integraron tres ONCE más otros tantos italianos.

A Jalabert, aquel día hacia Mende, le secundaba el mejor Melchor Mauri jamás visto junto al australiano Neil Stephens.

Con ellos Massimo Podenzana, Dario Bottaro y Andre Peron. Los seis habrían de abrir un hueco más allá de los nueve minutos.

En Banesto no daban crédito.

Las piernas de los gregarios de Indurain al unísono no enjuagaban el desperfecto. Surgieron entonces varias tesis. A cola del pelotón se fraguaba la ayuda de otros equipos. El manejo de José Miguel Echávarri dio frutos apetecidos para mantener a raya la afrenta de Jalabert.

En la subida final Jaja se deshacía de todos sus rivales.
En la recta del aeródromo, un 14 de julio, al cielo, el de Mazamet sumaba una victoria antológica, algo no visto desde que Chiapucci se armara de valor hacia Sestriere.
A aquellos que nos empañaron la mirada aquel día.
Muchas gracias.
Imagen: Graham Watson

La Lieja-Bastgone-Lieja para enmarcar: Michele Bartoli

Lieja-Bastogne-Lieja de 1997: Michele Bartoli puede con Zulle y Jalabert a la vez

“Jalabert is losing his wheel” bramaban en Eurosport UK. “Bartoli, a fondo” espetaban  en la RAI.

De los muchos momentos ciclísticos que entraron por mi retina, pocos se grabaron a fuego como aquella Lieja-Bastogne-Lieja de 1997. Aquello fue el coco contra todos, Michele Bartoli frente al mundo.

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Nacido en Pista, Bartoli se dio a conocer joven, pero su primer éxito llegó en el Giro de 1994 cuando logró en la primera de las etapas dolomíticas una victoria que sirvió para “telonear” el terrible fin de semana que se marcaría Marco Pantani con aquella jornada de imborrable recuerdo entre Merano y Aprica.

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A los italianos siempre se les ha dado muy bien ese país que ellos llaman “il Belgio”.

Grandes se hicieron Fiorenzo Magni en Flandes y Moreno Argentin en la Lieja-Bastogne-Lieja.

 

 

Bartoli tiene ambas en su palmarés.

En 1996, cuando medio mundo miraba los Mapei, que a la semana habían temblar Roubaix, una centella saltó camino de la capilla. Bartoli aprovechaba el Muur como rampa de lanzamiento hacia su bautismo en “Fiandre”. Una victoria mayúscula que llegó en solitario fruto de una cabalgada tan larga como el trecho que separaba la capilla de Meerbeke.

Lieja Bastogne Lieja Bartoli

Lieja también fue de Michel Bartoli

Al año sin embargo, y como apuntó en el inicio de la entrada, arribó el mejor momento de Michelino.

 

El pisano corrió en medio de la nada frente al dúo que todos temían tener enfrente.

Atacó Alex Zulle, o Laurent Jalabert, o ambos al unísono, no recuerdo, en la Redoute, ese gran muro que criba la Lieja con una gran autopista al fondo.

Así rinde la eléctrica aero de Berria

Se soldó a su rueda Michele.

El camino de entonces a Lieja fue una tortura a toda velocidad. Uno y otro, otro y uno, Zulle y Jalabert, la pareja amarilla que todo lo dominó minaba a Bartoli hasta que… éste dijo basta: a un kilómetro de meta, en plena pendiente hacia Ans descolgó a Jalabert.

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Enorme, había fraguado un triunfo de los de entre en un millón.

Una de las mejores clásicas jamás vista.

Al año nuevo aldabonazo en Lieja. Esta vez en dominador absoluto.

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Primero en la Redoute, dorsal uno en la espalda, machacando la moral del personal para posteriormente irse solo. “Qué viene el coco” decían.

Bartoli fue un martillo aquel día, pero tan magno y sobrado éxito careció de la prestancia del año anterior.

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“Il Belgio” de Bartoli se zanjó en una jornada gélida, terrible, apocalíptica, como nos gusta llamar a lo que se sale fuera norma.

En la Flecha Valona de 1999, si atisbar Huy, ni sus porcentajes disuasorios, arrancó y firmó un éxito de leyenda, grande y dimensionada a su grandeza: Michele Bartoli, aquel que gustaba de atacar agarrado de la parte baja del manillar, aquel que no gustaba de mirar atrás.

Imagen: Bike Race Info

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Qué decepción, Laurent Jalabert

En la Vuelta de 1993 dos suizos se jugaban la victoria, Tony Rominger y Alex Zulle. La cosa estaba apretada y las últimas etapas tuvieron el veredicto, que fue a favor de primero. Aquella carrera se decidió en Asturias, y Rominger corría para el equipo de la Central Lechera Asturiana, el CLAS.

En la meta del Naranco, Manolo Saiz se quejó de la gente que en la cuneta insultaba y amenazaba a Alex Zulle, por ser el rival del equipo de la tierra. En ese equipo también corría Laurent Jalabert, quien apreció como lo extradeportivo puede espolear a las masas que dicen querer el ciclismo, llegando incluso a la agresión física…

Laurent Jalabert fue el típico ciclista que te ponía de pie en la silla. Era francés, cierto, y esa condición a este lado de los Pirineos, le servía de pretexto a muchos para ser odiado, más cuando fue feroz rival de Miguel Indurain en su quinto Tour. Sin embargo la sencillez que expresaba en su rutina, la forma de ganar y amasar un palmarés irrepetible y su correctísimo castellano le sirvieron para ganarse el populacho.

Con los años, muchos después de dejar el ciclismo, Jalabert admitió haber usado EPO. Como bien decía mi abuela el tiempo todo lo cura, y tantos años después, esta confesión, con las emociones del momento allí, lejos, pues nos dejó fríos. Ni lo uno ni lo otro. Para qué crucificar a alguien que en su época nos dio buenos instantes y ya está, porque aunque muchos quieran apedrear a esta gente no dejan de ser personas y esto un deporte, un hobby, un pasatiempo. Como quien va a un concierto.

Sin embargo, Jalabert en este Tour se está ganando a pulso entrar en la lista de odiosos que habiendo hecho lo que han hecho, siendo quienes fueron -no pocos padres lo pondrían de ejemplo a sus hijos, se permiten la frivolidad de verter acusaciones sobre el líder del Tour de Francia, que actuaciones “metafísicas” a parte, como si su pasado fuera eso, pasado, y nunca hubiera de volver.

Que Froome  vaya dopado hasta las trancas lo dirá quién lo tenga que decir. Igual dentro de unos años pasa como el amigo tejano y salta la banca, pero hasta entonces sin los indicios que apunten a ello, verter mierda es de impresentables, y me duele decirlo porque  Laurent Jalabert me cae muy bien.

Las consecuencias de esas frivolidades al micro, como las que suelta también Cedric Vasseur desde la moto, es que a Froome le ha llamado dopado mientras le arrojaban un tarro de orina al jeto, sí, así, simple y llano. El acto es de una obscenidad terrible y dice muy poco de quien lo hizo, que por suerte es una rara excepción en la masa de aficionados que enloquece al paso de los ciclistas. Esa masa informe y alargada que anima a todos por igual. Eso dice la leyenda, pero hay excepciones.

Richie Porte fue golpeado en la subida a la Pierre de Saint Martin y el mismo Froome ha sido amenazado de cara a la jornada de Pra Loup. Le quieren romper las piernas. Como esto siga así, la paranoia se va a instalar en las carreteras y ningún ciclista se sentirá seguro por más y más gorilas y vallas que metan los organizadores. Al estrés de los rivales, de la carrera, de los medios, se le añade esto, incontrolable en toda regla.

Flaco favor al ciclismo y al ciclista. Si Jalabert y los voceros tienen pruebas fehacientes que las presenten y vayan contra el líder del Tour de Francia, en caso contrario que no hurguen donde no pueden demostrar nada.

¿Quién rompe San Remo?

Hace unos días Vincenzo Nibali, medio hastiado, se borró de San Remo. La clásica en la que más lució el año pasado, quizá la única, se cayó de entre los objetivos del vigente ganador del Tour porque acusa la falta de dureza. Ni Pompeiana, el puerto no subido más famoso del mundo, ni Manie, ni le leches. Se mantiene el perfil de siempre, el digno de un monumento que se distingue por quemar los años lozano y reconocible: tras los capos que Miquel Poblet simulaba en sus entrenamientos, vendrá La Cripessa y luego el Poggio. Subidas sencillas si se quiere, pero subidas a mil por hora y con 280 kilómetros en las piernas. Ahí reside en encanto de San Remo.

La piu facile, la piu difficile” repite Eduardo Chozas cada vez que habla de una carrera que conoce en primera persona, y a través del dolor de sus piernas. Es la más fácil de acabar, pero la más complicada de ganar. Parece sencillo, sobre el papel lo es, pero la historia demuestra lo contrario.

Tu primer recuerdo con Orbea, lo recuerdas???
Tu primer recuerdo con Orbea, lo recuerdas???

Hubo un tiempo por eso que había ciclistas capaces de romper la dinámica grupal que domina la primera gran carrera de la temporada. No hace tanto de estos nombres y ciertamente era un espectáculo verles reventar el pelotón, casi siempre antes o durante el Poggio, cuando no en el descenso. Imaginen las andanzas de Laurent Fignon, Gianni Bugno, Claudio Chiapucci, Maurizio Fontriest o Giorgio Furlan. Otros ganaron mano a mano como Laurent Jalabert a Fondriest, o Sean Kelly a Moreno Argentin, en un descenso que trasciende los tiempos. También quienes sembraron el caos para recoger su corona en el último suspiro: Paolo Bettini por ejemplo o Filippo Pozzato, en el primer y único gran triunfo que corona su tremenda clase, ese día que Pedro Horrillo lo tuvo a tiro de piedra cuando se debía a Oscar Freire.

Fabian Cancellara es otro que también rompió el sprint en San Remo y no sólo el año que ganó, también el que le ganó Simon Gerrans, ese desagradecido australiano que aprovechó el rebufo del expreso suizo, o en la de Gerald Ciolek, cuando la nieve obligó a recortar el Turchino.

No tengo nada contra los velocistas, pero un triunfo suyo es sinónimo de que el plan B falló en San Remo. No tengo nada contra el tricampeón Oscar Freire, ni Mark Cavendish, ni Alessandro Pettacchi o Mario Cipollini, sólo que su victoria implica el ahogo de aventureros. El año pasado Alexander Kristoff ganó por calidad y porque tenía un genio llamado Paolini merodeando.

Y para esta San Remo qué. Pues un dato clave, que la llegada vuelve a la Via Roma y ello implica un kilómetro menos para perseguir al que pueda ir escapado. Desde el final del descenso del Poggio hasta el arco de meta sólo habrán dos kilómetros y no tres. Parece baladí, pero no lo es cuando todo lo que pasa, pasa tan rápido.

Y en nuestra quiniela de “reventadores” del sprint queremos colocar a Michal Kwiatkowski y a su compi Zdenek Stybar (espero que ambos no se sometan al yugo del inglés que se desvela por ganar y ganar), metemos también a la pareja de Tinkoff Sagan & Kreuziger, que no me digan cómo o porqué pero vuelve a correr. Y a nuestro Van Avermaet, si Gilbert no le molesta, y a Rui Costa, y a Stannard & Geraint, y a Sylvain Chavanel –el auténtico artífice de romper el pelotón hace dos años-, y quizá a un Alejandro Valverde que en principio llega para proteger la baza más obvia: Juanjo Lobato, quien quizá debiera saber que la última vez que se llegó a la Vía Roma, hace ocho años el ganador fue un tal Oscar Freire.

Imagen tomada del Facebook de Milán-San Remo

INFO

Eurosport emitirá el domingo desde las 14:30 la Milán – San Remo, uno de los monumentos del ciclismo conocido con el sobrenombre de “La Clasiquísima”. Esta carrera se caracteriza por ser una de las más propensas a las sorpresas dentro de las pruebas de un día. Además la edición de este año será la gran oportunidad del español Juanjo Lobato (Movistar) de hacerse con su primera “Clásica”, tras estar a punto de subirse al podio el año pasado en su debut en esta prueba. El andaluz llega en un gran estado de forma, como ha dejado patente en el comienzo de la temporada, en el que ya ha logrado tres victorias de etapa. Otro de los grandes protagonistas de la jornada podría ser Peter Sagan. El eslovaco del Tinkoff-Saxo también luchará por hacerse con su primera victoria en un Monumento, después de ser segundo en dos ocasiones en esta misma prueba y otras dos en París-Roubaix.

Tridente de lujo en los comentarios

Juan Antonio Flecha se sumará a Antonio Alix y Eduardo Chozas en los comentarios, aportando toda su experiencia en la retransmisión para llevarle a la audiencia el mejor análisis.
En total, Eurosport y Eurosport 2 emitirán durante 2015 1.800 horas del mejor ciclismo, incluyendo 450 horas en directo, lo que sin duda pone de manifiesto que un año más Eurosport será “La Casa del Ciclismo”. Tras la emisión de la Milán-San Remo, llegarán a Eurosport en el mes de marzo la Volta a Catalunya, el GP E3 de Herelbeke, el Criterium International y los 3 días de la Panne.

Los “caballos verdes” del Tour

El imaginario deportivo tiene mucho de marcas. Emblemas que grabados en el pecho del campeón pasan de generación en generacion, como un tesoro legado, invisible, pero perenne, bien marcado en la percepción del incondicional. El ciclismo tiene sus grandes marcas históricas, hoy en la moda retro lo vemos con camisolas que figuran ser maillots de Molteni, Peugeot o Bic. Incluso ciertas obras literarias, cumbres como El Alpe d´ Huez, una novela basada en la imaginación del autor, pues Jabato surgió de sus pensamientos e insomnio, que no para cifrar los patrocinadores que dan vida y aliento económico al Tour que recorre Jabato a sus treinta y pico años de edad.

En estos últimos días ha tenido lugar una notica que ha pasado desapercibida entre tanta actualidad: el maillot verde pierde el que ha sido su patrocinador desde hace 23 años. Sí, hablo de PMU, una empresa de apuestas de caballos que como nos cuenta la Wikipedia se sitúa como el primer operador europeo y segundo mundial en su género. Los gestores de la marca orientan sus miras al fútbol. La apuesta, nunca mejor dicho, por el ciclismo ha sido larga y fructífera, y seguramente hayan probado como nadie lo mucho y bien que ubica este deporte la imagen y valores de un sponsor entre los aficionados.

PMU recogió el relevo de Panasonic, que en 1990 patrocinó de forma efímera esta prenda, cayendo en manos del alemán del este Olaf Ludwig. Antes hubieron mecenas como Castelli, BP o Michelin. El maillot verde fue posesión de ciclistas como Sean Kelly, dominador tradicional hasta Zabel, Jans Janssen, Eddy Meckx y Stan Ockers.

PMU aterrizó en 1991 y lo hizo de forma literal, pues esa edición su portador en los Campos Elíseos, el uzbeko Djamolidine Abdoujaparov, se estrelló a escasos metros del final teniendo que cruzar a pie la meta arrastrando su bicicleta. Abdou ganaría tres veces este entorchado y fue el primer “caballo verde” de este singular listado.

Por medio de las ediciones de Abdoujaparov, se intercaló Laurent Jalabert, dos veces ganador. En 1992 el Jaja que ganó el verde era ingenuo, poco escalador y excelente velocista. A los tres años puso en jaque el reinado de Miguel Indurain. Sigue el camino Erik Zabel, el coco de la lista pues lo ganó seis veces antes de admitir que no todo era trigo limpio en su mundo.

Si Adboujaparov fue recordado por sus artes en ciertas llegadas, no menos famoso fue Robbie Mc Ewen, el ciclista que la emprendió a cabezazos en algunas llegadas. Otro australiano de verde fue Baden Cooke, primero en la edición del centenario. Tom Boonen, Alessandro Petacchi, Thor Hushovd y Mark Cavendish fueron reyes puntuales, como Oscar Freire, único español en toda la historia en ganar esta prenda. Peter Sagan puso punto y final al patrocinio con tres victorias que se fraguaron por regularidad, sobretodo la última. Ya ven, regularidad, una palabra que odiará el eslovaco, pues implica no ganar todo lo que se quisiera.

Imagen tomada de edition.cnn.com

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Lleva tu smartphone bien fijo al manillar de tu bicicleta

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El nuevo pack de Tigra de Ksix es un excelente elemento para llevar fijadísimo tu Smartphone al manillar de tu bicicleta. Con un recubrimiento fuerte y robusto te evitas que un golpe perjudique tu móvil y con una fina capa puedes interactuar con el mismo sin problema. Este pack existe también para correr a pie. Te ajustas el brazalete –tema que no resulta conflictivo ni siquiera en invierno cuando salimos con más capas- a través de un sistema de rosca que te permite desenganchar tu móvil sin problema y comprobar el ritmo y los kilómetros al momento. Incluso para los que más en forma estén, responder al teléfono si se diera el caso.

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San Remo salva su esencia

Imperia es una de las ciudades que la Milán- San Remo atraviesa inmisericorde en su recorrido por las quebradas costas de la Liguria. Una ciudad que dura lo que dura un silbido, atravesada a toda hostia, sin tiempo a admirar su excelente avenida porticada, clásica como todo en Italia, que atraviesa una  plaza también porticada de medio punto. Ya saben Italia me confunde, como al cubano ese las noches.

El camino hacia esta Milán- San Remo ha tenido curvas y desprendimientos. Pompeiana es el nombre de la discordia. Una subida que sin llegar a la dureza de la Lieja sí se asemeja bastante a lo que tenemos en la decana. Pompeiana se sitúa cerca de Imperia, en su región. RCS anunció su inclusión, pero las inestables condiciones del terreno invitaron a no subirla. A ver, creer les tenemos que creer, pero esta gente de RCS  mete tantos cambios en sus perfiles que sinceramente, no sabemos qué pensar.

Pero más allá de los motivos objetivos que desaconsejan su tránsito tenemos las consecuencias deportivas. Chris Froome y Alejandro Valverde han sido dos de los que se borraron de correr la grande de primavera a la vista de su ausencia.

Sinceramente, celebro que no se ascienda tal dificultad. Y lo hago porque la esencia, la gracia de San Remo es ser capaz de romper el sprint a mil por hora. Es complicado, resulta obvio, casi nunca se logra, también, pero hay que probarlo.

En Cycle Sport publican un gráfico sobre la cantidad de ciclistas que disputaron el triunfo en los últimos 25 años y ocurre algo sorprendente. Hasta 1997, San Remo corrió entre un o dos ciclistas. Fueron los tiempos de Sean Kelly, Laurent Fignon, Gianni Bugno, Maurizio Fondriest, Laurent Jalabert y Giorgio Furlan. No olvidemos a Gabriele Colombo. Luego la carrera tuvo un dominio de los velocistas, Erik Zabel, Mario Cipollini, Oscar Freire y Alessandro Petacchi, principalmente, hasta llegar a la inconcebible victoria de Mark Cavendish y la posterior de Matt Goss en lo único reseñable de su carrera deportiva. Sólo Paolo Bettini, Filippo Pozzato y Fabian Cancellara, éste por partida doble pues hace dos años le sirvió en bandeja el triunfo a Simon Gerrans, quebraron la disciplina del grupo. No contamos la edición del año pasado porque las circunstancias, acabó siendo una “mini carrera” en medio del diluvio, influyeron decisivamente.

Con todo venimos a decir que el reto, aunque mayúsculo, es posible, y la presencia o no de la Pompeiana no debe ser argumento en una u otra dirección. Es eso lo que valoramos de los monumentos, su esencia y tradición, por encima de las costumbres y usos. Supongo que la cumbre de la discordia entrará en 2015, pero entonces ya no será una San Remo como las de siempre.

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Eurosport presentó este viernes en BCN su programación para el ciclismo. Entre otras novedades se visten de gala para recibir los comentarios de uno de los más grandes de siempre, Greg Lemond, y de un clasicómano recién retirado, Juan Antonio Flecha, quien encontrará entre ola y ola, un rato para acompañar una pareja que he tenido ocasión de conocer en persona, la formada por Antonio Alix y Eduardo Chozas, dos tipos con los que te podrías pasar horas conversando sin repetir tema.

Una vez conocimos la programación de Eurosport, que se hace llamar con razón “la casa del ciclismo”, y llenados generosamente nuestros estómagos, el autor de este mal anillado cuaderno participó del en el programa Planeta Eurosport. En este enlace podéis acceder a los cuatro audios. Como bien le dije a Fernando Ruiz, fue un placer.

Imagen tomada sicycle.wordpress.com