Le Samyn y la curiosa realidad de Giacomo Nizzolo

Giacomo Nizzolo JoanSeguidor

Cuando todos mirábamos a Giacomo Nizzolo para el sprint, el italiano iba vacío

Qué bonito es Le Samyn, una de esas citas de primavera en las que pocos reparan cuando se hace un mapa a priori pero que rara vez decepciona porque tiene un recorrido silvestre y unas condiciones climáticas, rara vez no llueve o ha llovido, que la devuelven a la esencia de las grandes de un día.

En nuestro seguimiento de hoy marcamos el azul-negro de Nizzolo como la primera opción.

El otro día cruzó la meta de Kuurne frustrado, porque Asgreen se le fue por delante y en Le Samyn no pudo enhebrar el  triunfo.

?? #KBK20A superb ride from Giacomo Nizzolo saw him take ? Kuurne-Bruxelles-Kuurne!? Happy with the result but still plenty for the team to work on! ⤵️

Publicada por NTT Pro Cycling en Domingo, 1 de marzo de 2020

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Su final, en medio de corredores que andan como quieren, tipo Kirsch o Sénechal, hacía prever que estaría lo más alto posible, pero no.

Igual que marcamos la rueda de Matteo Trentin para el Mundial, hicimos lo propio con Giacomo Nizzolo aquí y erramos.

Así es el portabicicletas de techo Cruz Race Dark 

Los hombres rápidos tienen un handicap importante en estas carreras, todos les miran, todos les vigilan, quieren quedar bien, pasar desapercibidos y cuando llega el sprint final, están vacíos.

Giacomo Nizzolo no pudo entrar ni en el podio, en un grupo donde su nombre emergía como gran favorito.

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Es curioso este milanés, que ganó una etapa en el Down Under, poniendo fin a un periodo de ocho años sin ganar en el World Tour.

Se le ve mejor que nunca, atento, fino, fuerte… pero en los momentos clave se le escapan carreras que tienen su nombre en el trofeo, al menos a priori.

Sería por eso injusto centrar nuestro comentario de Le Samyn en Giacomo Nizzolo, cuando Hugo Hofstetter lloró chafado por la emoción en meta al verse ganador.

Su sprint fue imperial, sacó de rueda a Aimé De Gendt.

El Israel ya lleva en cinco semanas casi tantos triunfos como Katusha el año pasado.

El rodillo es azul y se llama Deceunick

Florian-Senechal-Le-Samyn-1---_Luc-Claeesen---Getty-Images JoanSeguidor

Sénéchal prosigue la historia que Jungels dejó en suspensivos…

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Qué final más bonito de Le Samyn. 

Es primavera en esencia, carrera con cuatro World Tour, 200 kilómetros, adoquines, muros y en Valonia.

No en Flandes.

Pero poco importó, la primavera, en la ceja que limita Francia con Bélgica, sabe a gloria, su ciclismo es bonito, te quita el sueño y te entretiene como si fuera un monumento lo que está en juego.

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Lo habíamos dejado con Zdenek Stybar ganando la Het Nieuwsblad.

Retomamos la crónica en la Kuurne-Bruselas-Kuurne.

Una crónica que escribe de su puño y letra Bob Jungels, el misil que viste los colores de Lumxemburgo y que rodó como los ángeles en la primera gran exhibición de la primavera, manteniendo el pelotón a distancia durante kilómetros y más kilómetros.

En una clásica de adoquín, triunfó el vigente ganador de Lieja.

Valonia, Flandes, Flandes, Valonia… tanto monta porque en Le Samyn el ganador fue francés.

Y fue un hombrecito de azul, un poderío en la pedalada, y en el control, un eslabón más en el Deceuninck.

Florian Sénéchal no ganó el año pasado pero su nombre asomaba en la segunda línea del wolfpack.

Como los nombres de Cavagna, de Jakobsen.

Es la segunda línea del entonces Quick Step, hoy Deceuninck, que cuando se la reclama sale y juega a ganar.

Porque Le Samyn fue una pizarra que los azules movieron a conveniencia ante una concurrencia nada sencilla.

Entre adoquines descarnados y cotas sin desnivel, Sénéchal se plantó como la carta de Lefevere frente al poderío neerlandés.

Lars Boom y Niki Terpstra se movieron tarde, pero con tiempo que coger la cabeza y hacer trizas lo que quedaba de vanguardia.

En cada movimiento, en cada alarde, Sénéchal, se ponía paralelo, les miraba y desafiaba el poder establecido.

Teníamos expectación por ver a Terpstra fuera de la manada: ya sabe lo que es correr contra tres o cuatro del mismo equipo y no en el tuyo.

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El francés corrió de diez, manteniendo a raya el poder tulipán y guardando las espaldas de Tim Declerq, que nadó y nadó para acabar en la orilla.

Volvió a ganar el Deceuninck, el equipo de las maravillas y aún hay quien dice que no le conviene a Enric Mas.

Pero si es una máquina de ganar y de pertrechar estrategias exitosas, estar aquí es respirar ambición y poner el alma en cada momento.

Y mientras Enric crece y se hace, no puede estar en mejor grupo.

Un grupo que lleva trece victorias, el pleno en las clásicas y amenaza con nuevas conquistas.

Las carreteras blancas escribirán el nuevo párrafo.

Le Samyn y esas pequeñas perlas

Le Samyn JoanSeguidor

Le Samyn abre el ciclo del ciclismo más pequeño y cercando

Mirad las caras de Philippe Gilbert y Niki Terpstra esta tarde de martes de gélido frío sobre nuestras cabezas. Están en el podio de Le Samyn.

Parece que les han caído varios años de vida encima. Un cansancio que ahonda las órbitas de los ojos, enrojece las mejillas, estira la piel, marca el hueso. Un cansancio que propinado por el frío extremo.

Carrera pequeña, francófona, de sabor flamenco, paisaje valón, una rara mezcla que funciona, que sabe bien, marida con la vista, los elementos y la estética.

Le Samyn no es ni de lejos la carrera más prestigiosa.

Es una carrera disputada en el sur valón, no lejos de Francia. Al otro lado de la frontera Valenciennes.

Viendo Le Samyn nos acordamos de esas películas francesas del norte, de lo gris que es, del tedio, del plomo que tienen por cielo.

Y esta vez no ha sido una excepción.

Martes por la tarde, ciclismo en la intimidad, algun equipo World Tour jugándose la suerte en medio de un magma de equipos pros y continentales.

Los Quick Step probaron y ganaron.

Pero lo que sobre el papel parecería un paseo militar ha sido una fenomenal carrera.

Le Samyn se decidió en ataques, grupos rotos, carreteras estrechas, pavés que ni los exquisitos de Roubaix aceptarían, curvas a traición, pueblos semidesiertos.

Le Samyn ha sido una carrera competida en una nevera

En ese caldo, un grupo de tres, varios persiguiendo por detrás, una milagrosa recuperación de Philippe Gilbert con su bici preparada para Roubaix dando problemas y Terpstra y el propio Gilbert con un clásico en este tipo de carreras, el desgarbado Damien Gaudin.

Los Quick Step no quisieron un Stannard, segunda parte, y ganaron por la mano, de la mano de Terpstra.

Están como motos los chicos de Lefevere.

Le Sanym por eso se sitúa en el pequeño ciclismo, de orfebre, proximidad y amateurismo.

De orfebre porque son carreras que exigen oficio y ciencia, aunque parezca que son sencillas, tienen su qué. Te llueven las hostias.

De proximidad, porque el aficionado toca el ciclista, padece con el ciclista. Un privilegio vetado en el gran circuito.

De amateurismo porque se corre como si no hubiera un mañana y como esos partidos de futbol que, por inesperados, dan la medida de la belleza del juego, Le Samyn entra en ese rango, pero en ciclismo.

No son las carreras más prestigiosas, pero te sientan frente el televisor y te atrapan a ochenta kilómetros de meta.

Le Samyn, no os perdáis el origen de su nombre, es la primera carrera de los Napoleon Games, una suerte de Copa de Bélgica que incluye algunas carreras realmente adorables, como una que devuelve el sabor de la primavera, los paisajes de la primavera en pleno mes de agosto.

Carreras que no están en el Napoleon, ni tampoco en el máximo circuito, pero que son monumentos del ciclismo como Dunkerque, Giro de Emilia, Tro Bro Léon,… carreras que en definitiva que devuelve esencia al ciclismo, los desposee del manierismo de las grandes estrellas y nos recuerda que este deporte, a pesar de todo, siempre fue humilde.

Imagen: © Quick-Step Floors Cycling Team – © Luc Claessen / Getty Images

INFO

En estos días de frío gélido, apetece hacer unos velódromos con el Bkool